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sábado, 15 de junio de 2024

MIS MEMORIAS BIBLIOGRÁFICAS (8): "VEINTE AÑOS DE CANCIÓN EN ESPAÑA". PRIMER VOLUMEN: "DE LA ESPERANZA/APÉNDICES" (1984)

El primer volumen de Veinte años de canción en España (1963-1983), editado en septiembre de 1984, lo dediqué al tema de la esperanza, sin duda uno de los valores que más se han cantado en nuestro país. Incluye también varios apéndices, entre ellos, una aproximación global al nacimiento y a los contenidos básicos desarrollados por la «canción de autor» en esos años; así como una enumeración clasificada de las más de tres mil canciones aparecidas a lo largo de la obra.



Las ilustraciones de la cubierta y de la contra fueron creadas por Luis Eduardo Aute, y el prólogo me lo escribió Antonio Gala.

Decía en el "cuelgue" anterior que cada volumen de Veinte años de canción en España tiene su propia historia, y es cierto. Son cuatro historias relacionadas con sus prólogos que creo que merece la pena compartir.


Yo nunca me pude imaginar, por ejemplo, que Antonio Gala acabaría escribiendo un texto dedicado a mi trabajo en 1984. Aquel mismo año había publicado su Trilogía de la libertad, libro en que recogió tres de sus más reconocidas obras teatrales: Petra regalada, La vieja señorita del paraíso y El cementerio de los pájaros; y ya había editado Charlas con Troylo donde recopilaba sus artículos publicados en el El País Dominical con ese mismo título.



Tonona y yo admirábamos profundamente a Antonio. Habíamos visto y disfrutado sus obras de teatro y éramos fieles seguidores de sus artículos en el El País Dominical. A mí lo que más me sedujo siempre de él fue su permanente clamor a la esperanza, aun en los momentos más dolorosos de sus escritos siempre aparecía un destello de luz y un horizonte.


Aquel año, 1984, en la planta baja de mi casa (vivíamos en la calle Doctor Gómez Ulla de Madrid) tenía su sede el Instituto Cultural Andaluz al que yo pertenecía y del que, además, era miembro de la junta directiva. Sede que, en realidad, se componía de un salón no muy amplio, un despacho y un cuarto de baño que bien podríamos llamar «mini-wáter». 


El 28 de febrero de 1984, a última hora de la tarde, organizamos una fiesta en el Instituto para celebrar el Día de Andalucía. Entre los invitados estaba Antonio Gala, al que no conocía en persona.


A aquella celebración del Día de Andalucía acudieron muchas más personas de las que habíamos previsto, incluido Antonio. El piso se llenó por completo. En un momento determinado de la fiesta, pasadas las doce de la noche, Pedro Martínez Montávez (presidente del Instituto) me dijo que Antonio Gala tenía necesidad de ir al baño y que, como yo vivía en la quinta planta, si no me importaba que subiera un momento al de mi casa. El del local del Instituto, después de pasar tanta gente por allí a lo largo de la tarde, estaba bastante asqueroso.


Por supuesto, le dije que sin problemas. Se lo sugerimos a él y aceptó encantado. Y allí me tenéis subiendo con Antonio Gala en el ascensor. Antes no había podido intercambiar ni una palabra con él. Cuando llegamos al quinto piso, tocamos al timbre (no me había bajado la llave) y, de repente, Tonona abrió la puerta con cara de sueño para encontrarse de golpe y porrazo con Antonio Gala en carne y hueso, con bastón incluido. ¿Era un sueño o una realidad? Pues sí, una realidad. 


Antonio entró en nuestro baño y cuando salió de hacer sus necesidades nos comentó que le habían gustado mucho unas cerámicas de Sargadelos que teníamos justo en la pared, encima de la taza del retrete. Creo recordar que nos contó que estaba escribiendo precisamente la biografía del marqués. Estuvimos charlando un rato y luego Antonio y yo volvimos a la fiesta. 

Al bajar en el ascensor no pude resistir la tentación y le conté que estaba a punto de publicar un libro sobre el valor de la esperanza tal y como se había planteado en la «canción de autor» a lo largo de los últimos veinte años. Inmediatamente después, antes de que el ascensor parara, le dije que me haría inmensamente feliz si pudiera leer mi original y, si le gustaba y le parecía oportuno, escribirme un prólogo. Os aseguro que las piernas me temblaron por mi juvenil atrevimiento. 


Sorprendentemente, me dijo que le mandara el original al día siguiente, que lo leería y que ya me contaría. ¡Me quedé mudo! Volvimos a la fiesta y cuando finalizó, antes de salir, Antonio me dio una tarjeta con su dirección y me dijo: «¡Mañana lo espero!». Y claro, ¡desde luego que se lo llevé! No pude dormir en toda la noche de los nervios.


A la semana de dejarle el original en su casa, me llamó por teléfono su secretario para decirme que a Antonio le había gustado muchísimo el libro y que pasara a recoger el prólogo que me había escrito. Me fui para allá corriendo. Cuando llegué, la persona que me abrió la puerta me dijo que Antonio estaba fuera, pero que había dejado un sobre a mi nombre. (¡Y mi corazón a tope!). Ya en la calle no me pude resistir, abrí el sobre y me encontré una preciosa carta manuscrita y el siguiente texto mecanografiado y firmado:


«Uno de los dos rieles por donde circula toda mi obra –sin el cual descarrilaría– es la esperanza. (El otro es la búsqueda de la justicia. Entre ambos, aparte de mi obra, sostienen algo mucho más importante: La libertad). Pero cuando hablo de esperanza no me refiero a una actitud sedente, paralizada, alucinógena. No la confundo jamás con la vana ilusión, que es una esperanza acariciada sin fundamento, la sitúo cerca de la "ilusión real", esa hermosa contradicción humana de la que, como de otras muchas contradicciones, alimenta sus verdes cánticos la vida. Para mí, la esperanza –a menudo lo he dicho– es una virtud bajita e inquieta, una virtud con las piernas muy cortas que, no se sabe cómo, arrastra tras de sí y con la lengua fuera a sus hermanas, más altas e importantes, la fe, la caridad, la prudencia, la fortaleza, todas.


»Si hay algo que distinga tajantemente al ser humano de todos lo demás –incluidos Dios y los ángeles– es su capacidad de esperanza. De una esperanza activa y consoladora, esa certeza de que los momentos más negros de la noche son los que preceden precisamente al alba. Cuando el contenido copioso y abigarrado de la caja de Pándora se desvanecía, quedó en su fondo un último rehén: el brillo de la esperanza, un patrimonio que el hombre usa en exclusiva mientras su vida dura. Porque cuando concluye la esperanza, sobreviene la muerte verdadera. Mientras hay vida hay esperanza, decimos. Y es verdad. Y también es verdad lo contrario. Lo que empuja a la muerte, lo que mata, no es la desesperación –cuyo oscuro ímpetu es todavía cosa de la vida, su desmelenamiento, su alarido–, sino la desesperanza, cotidiana vanguardia de la muerte.


»¿Qué sería del mundo si no hubiera esperanza? ¿A santo de qué se movería, en qué dirección, con cuál  motivo? Se ha pretendido, a veces, que la esperanza es la minadora del presente, el aplazamiento que –por mirar al futuro– deja escapar la flor de hoy. En ese sentido de frágil remisión "sine die", de vergonzante delegación, no uso yo la palabra. Más aún, la detesto. Sin embargo, creo que apenas el presente existe sin su proyección hacia el futuro –un futuro más grande, más abierto, más noble, más alegre– en que cada instante comienza a convertirse.


»Este libro, para el que escribo con tanto amor las líneas iniciales, es una prueba de cuanto venero. No se trata en él de recoger unas esperanzas acobardadas, reacias, contentadizas. Se trata de ofrecernos un ramo de esperanzas sonoras, vociferantes, contestatarias. Se trata de una esperanza en marcha, que se echó a cantar por las caminos apasionadamente. Porque si ella es el sabor de la vida, también es cierto que la vida en ocasiones –largas, largas a veces– no amarga. Y es preciso sacarnos su amargura, a gritos, de la boca. Eso hicieron los hombres y mujeres cuyas canciones recopila y ordena este libro, contagiarnos desesperadamente su esperanza.


»Prologarlo, por tal causa, era un deber para mi conciencia y una feliz necesidad para mi corazón. Es difícil que un libro de sociología equivalga, en una época coronada de espinas, al libro que el lector tiene en sus manos. Para dar las gracias a quienes lo protagonizan y al enamorado coleccionador de tanta humanidad, estampo aquí mi firma. No tiene más mérito que ser esperanzada y solidaria como lo que es esta obra».


Como habréis podido comprobar, la generosidad manifestada por Antonio Gala hacia mi persona fue inmensa. Nunca sabré cómo agradecérsela. Lo que sí hice fue encargarle a unos amigos gallegos que me mandaran unas cerámicas de Sargadelos iguales a las que tenía en mi baño y regalárselas… A partir de aquel día mantuvimos una bonita amistad. 


Verdaderamente, la vida, cuando menos te lo esperas, te sorprende, y cuando así ocurre a uno no le queda más remedio que acordarse de Violeta Parra y cantar con ella su "Gracias a la vida".


lunes, 7 de enero de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "QUALSEVOL NIT POT SORTIR EL SOL" (4ª Parte)








En este "cuelgue" continuo el primer capítulo
de mi libro "Crónica cantad de lo silencios rotos".
Hoy prosigo el apartado titulado
"QUALSEVOL NIT POT SORTIR EL SOL" (3).



España 1963 a 1975. La uniformidad, oficial y forzosamente impuesta en el ámbito de las ideologías y de las creencias, fue también, como es lógico, una de las características que definieron las manifestaciones culturales de la época y, más concretamente, la música y la canción.

Controlar y dirigir la cultura del pueblo y, a través de ella, su educación sentimental, ha sido y será siempre una de las armas fundamentales utilizadas por el poder totalitario para imponer su ideología sin fisuras y para asegurarse su permanencia.

Es evidente, y los que ejercen el poder bien lo saben, que uno de los factores esenciales que mueven el pensamiento y la conducta humana, y, en general, la configuración global de nuestra personalidad, es la afectividad, es decir, el conjunto de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de nuestras pasiones. Como bien dice José Antonio Marina, la afectividad, entendida como el mundo de los sentimientos, «es en alguna medida, pero con enormes diferencias, el lugar en el que se vive» o «el envolvente de la vida», y es precisamente ahí, en los sentimientos que nacen de la interioridad y del silencio –que nacen de lo que Manuel Vicent llama «las cavernas submarinas de la carne»–, donde se descubren, se fortalecen y estallan los grandes valores, los valores que nos humanizan, que le dan sentido a nuestra existencia y que, cuando los estimamos, somos capaces de convertirlos en convicciones radicales, por las que merece la pena viviv, y en aspiraciones, o razones utópicas, que necesitamos alcanzar, cueste lo que cueste, aunque para ello sea necesario el riesgo, el atrevimiento, el sacrificio, la constancia e incluso la acción revolucionaria.

Lluís Llach. (Fotografía de Juan Miguel Morales)-
I
«Quan surts per fer el viatge cap a Itaca,
has de pregar que el camí sigui llarg,
ple d'aventures, ple de coneixences.
Has de pregar que el camí sigui llarg,
que siguin moltes les matinades
que entraràs en un port que els teus ulls ignoraven,
i vagis a ciutats per aprendre dels que saben.
Tingues sempre al cor la idea d'Itaca.
Has d'arribar-hi, és el teu destí,
però no forcis gens la travessia.
És preferible que duri molts anys,
que siguis vell quan fondegis l'illa,
ric de tot el que hauràs guanyat fent el camí,
sense esperar que et doni més riqueses.
Itaca t'ha donat el bell viatge,
sense ella no hauries sortit.
I si la trobes pobra, no és que Itaca
t'hagi enganyat. Savi, com bé t'has fet,
sabràs el que volen dir les Itaques».

II
«Més lluny, heu d'anar més lluny
dels arbres caiguts que ara us empresonen,
i quan els haureu guanyat
tingueu ben present no aturar-vos.
Més lluny, sempre aneu més lluny,
més lluny de l'avui que ara us encadena.
I quan sereu deslliurats
torneu a començar els nous passos.
Més lluny, sempre molt més lluny,
més lluny del demà que ara ja s'acosta.
I quan creieu que arribeu, sapigueu trobar noves sendes».

III
«Bon viatge per als guerrers
que al seu poble són fidels,
afavoreixi el Déu dels vents
el velam del seu vaixell,
i malgrat llur vell combat
tinguin plaer dels cossos més amants.
Omplin xarxes de volguts estels
plens de ventures, plens de coneixences.
Bon viatge per als guerrers
si al seu poble són fidels,
el velam del seu vaixell
afavoreixi el Déu dels vents,
i malgrat llur vell combat
l'amor ompli el seu cos generós,
trobin els camins dels vells anhels,
plens de ventures, plens de coneixences».
("Viatge a Itaca". Kavafis, Carles Riba, Lluís Llach.
LP: "Viatge a Itaca", 1975)


I - «Cuando salgas para hacer el viaje hacia Itaca / has de rogar que sea largo el camino, / lleno de aventuras, lleno de conocimiento. / Has de rogar que sea largo el camino, / que sean muchas las madrugadas / que entrarás en un puerto que tus ojos ignoraban / que vayas a ciudades a aprender de los que saben. / Ten siempre en el corazón la idea de Itaca. / Has de llegar a ella, es tu destino / pero no fuerces nada la travesía. / Es preferible que dure muchos años / que seas viejo cuando fondees en la isla / rico de todo lo que habrás ganado haciendo el camino / sin esperar a que dé más riquezas / Itaca te ha dado el bello viaje / sin ella no habrías salido. / Y si la encuentras pobre, no es que Itaca / te haya engañado. Sabio como muy bien te has hecho / sabrás lo que significan las Itacas».

II - «Más lejos, tenéis que ir más lejos / de los árboles caídos que os aprisionan. / Y cuando los hayáis ganado / tened bien presente no deteneros. / Más lejos, siempre id más lejos, / más lejos del presente que ahora os encadena. / Y cuando estaréis liberados / volved a empezar nuevos pasos. / Más lejos, siempre mucho más lejos, / más lejos, del mañana que ya se acerca. / Y cuando creáis que habéis llegado, sabed encontrar nuevas sendas».

III - «Buen viaje para los guerreros / que a su pueblo son fieles / favorezca el Dios de los vientos / el velamen de su barco / y a pesar de su viejo combate / tengan placer de los cuerpos más amantes. / Llenen redes de queridos luceros / llenos de aventuras, llenos de conocimiento. / Buen viaje para los guerreros / si a su pueblo son fieles / favorezca el Dios de los vientos / el velamen de su barco/ y a pesar de su viejo combate / el amor llene su cuerpo generoso / encuentren los caminos de viejos anhelos / llenos de aventuras, llenos de conocimiento». ("Viatge a Ítaca". Kavafis, Carles Riba, Lluís Llach).

En este sentido, siempre me impresionó aquella frase que una buena mañana apareció escrita en las paredes del Mayo Francés: «Olvida lo que sabes y aprende a sentir»; frase que conecta con uno de los contenidos claves presentes en e pensamiento y en las canciones de Luis Eduardo Aute, canciones siempre preñadas de una extraordinaria lucidez.


«Dicen que todo se explica,
que el azar oculta un orden.
Nada se escapa a la regla
de la cordura del hombre.
Bajo la luz de la ciencia
ninguna sombra se esconde;
música y magia son mitos
que a la materia responden.
Tiene que existir,
aún tiene que latir,
amordazado por la razón,
un corazón.

Nada obedece al misterio
que configura a la noche.
No tiene peso el vacío
puesto que no tiene doble;
el sentimiento es un lujo
que agujera el soporte
de las respuestas cabales
a lo que no se conoce.

Ser un verbo sin sangre
de pensamientos conformes,
una cabeza en la masa
con apellidos y nombre.
Triste deber de la Historia
el de encontrar soluciones
acribillando latidos
para que suenen relojes».
("Un corazón". Luis Eduardo Aute.
LP: "De par en par". 1979).

Negarle al pueblo su derecho a interiorizar y sentir en libertad, o, como dice Aute, «acribillarle sus latidos», ha sido, y será siempre, una de las formas más eficaces utilizadas por las dictaduras para despersonalizarlo, para masificarlo y para dejar así campo abierto a la acción dominadora; y con ese fin la primera medida a adoptar siempre se repite: amordazar la voz del corazón y deshumanizar el arte y la cutura.

Y, ¡claro! puestos a amordazar y silenciar la voz del corazón y a negarle al pueblo su derecho a sentir en libertad, uno de los primeros objetivos a plantearse, desde el sistema, non podía ser otro más que el de la manipulación y el control sobre la música y la canción, reconocidas, en su conjunto, como el arte y el lenguaje de los sentimientos. Como decía Platón en "La República", «nada hay más apto que el ritmo y la melodía para introducirse en lo más recóndito del alma y aferrarse tenazmente a ella».


Y hablando de Platón, nos encontramos, también en "La República", con un magnífico diálogo que aclara y pone el dedo en la llaga respecto a las motivaciones de la intervención del poder totalitario sobre la música:

«–Por tanto, es en el ámbito de la música –dije– donde, según parece, han de establecer su cuerpo de guardia los guardianes.

–Ahí es, en efecto –replicó Adimanto–, donde, al insinuarse, la ilegalidad pasa más fácilmente inadvertida.

–Sí –dije–, como cosa de juego y que no ha de producir daño alguno.

–Ni lo produce –observó– sino introduciéndose poco a poco y deslizándose calladamente en las costumbres y modos de vivir; de ellos sale, ya crecida, a los tratos entre ciudadanos y tras éstos invade las leyes y las constituciones, ¡oh, Sócrates!, con la mayor impudencia hasta que al fui lo trastorna todo en la vida privada y en la pública». (Platón. "La República").

Desde esa perspectiva, los guardianes del franquismo, conscientes y atemorizados, sin duda, por la influencia transformadora que puede llegar a tener la cultura popular y, en particular, la música y la canción, ejercieron sobre ellas, una implacable acción represora, Andrés Sorel, en el texto de presentación del primer LP de Elisa Serna grabado en Francia: "Quejido" (1972), expresaba así los rasgos de esa acción:


«En 1939, la música, y más concretamente la canción, fueron también derrotadas. Como las otras creaciones artísticas y culturales, ella también conoció la muerte, el exilio y el silencio. Viejos cantares de plazas y de ferias, heredados quizá del más remoto mester de juglaría; crónicas cotidianas en coplas de ciego y en romances; o ambiciosas tentativas entroncadas con las experiencias del teatro popular –como la Barraca, fundada por Federico García Lorca, o el Búho– en las que los poetas y los músicos rescataban la esencia del folklore popular y buscaban el reflejo del pueblo en el pueblo mismo, fueron paralizadas. Censura, desvinculación con el pasado y fin de la tradición. Eran tiempos de silencio. [...] Toda la actividad artística: música, pintura, cine, literatura, entraron en un trágico contexto cuyo resultado fue una auténtica esclerosis y paralización cultural».


«Jo vinc d'un silenci
antic i molt llarg
de gent que va alçant-se
des del fons dels segles
de gent que anomenen
classes subalternes,
jo vinc d'un silenci
antic i molt llarg.

Jo vinc de les places
i dels carrers plens
de xiquets que juguen
i de vells que esperen,
mentre homes i dones
estan treballant
als petits tallers,
a casa o al camp.

Jo vinc d'un silenci
que no és resignat,
d'on comença l'horta
i acaba el secà,
d'esforç i blasfèmia
perquè tot va mal:
qui perd els orígens
perd identitat.

Jo vinc d'un silenci
antic i molt llarg,
de gent sense místics
ni grans capitans,
que viuen i moren
en l'anonimat,
que en frases solemnes
no han cregut mai.

Jo vinc d'una lluita
que és sorda i constant,
jo vinc d'un silenci
que romprà la gent
que ara vol ser lliure
i estima la vida,
que exigeix les coses
que li han negat.

Jo vinc d'un silenci
antic i molt llarg,
jo vinc d'un silenci
que no és resignat,
jo vinc d'un silenci
que la gent romprà,
jo vinc d'una lluita
que és sorda i constant.».
("Jo vinc d'un silenci". Raimon. LP: "Recital en Madrid", 1976)


«Yo vengo de un silencio / antiguo y muy largo / de gente que va alzándose / desde el fondo de los siglos, / de gente que llaman / clases subalternas, / yo vengo de un silencio / antiguo y muy largo. / Yo vengo de las plazas / y de las calles llenas / de niños que juegan / y de viejos que esperan, / mientras hombres y mujeres / están trabajando / en los pequeños talleres, / en casa o en el campo. / Yo vengo de un silencio / que no es resignado, / de donde empieza la huerta / y acaba el secano, / de esfuerzo y blasfemia / porque todo anda mal: / quien pierde los orígenes / pierde identidad. / Yo vengo de un silencio / antiguo y muy largo, / de gente sin místicos / ni grancapitanes, / que viven y mueren / en anonimato, / que en frases solemnes / no han creído nunca. / Yo vengo de una lucha / que es sorda y constante, / yo vengo de un silencio / que romperá la gente / que ahora quiere ser libre / y que ama la vida, / que exige las cosas / que le han negado. / Yo vengo de un silencio / antiguo y muy largo, / yo vengo de un silencio / que no es resignado, / yo vengo de un silencio / que la gente romperá, / yo vengo de una lucha / que es sorda y constante». ("Jo vinc d'un silenci". Raimon).

Pero este silencio hondo también había que acallarlo, porque es en el silencio donde se puede escuchar el cantar del alma, «cuya voz es apenas un murmullo». Como dice Antonio Gala.

«El silencio es el único camino hacia el máximo encuentro. Sólo en él se halla la respuesta a las primeras preguntas verdaderas: ¿quién soy? ¿quién eres? [...]. El espíritu crece con la insonoridad igual que en un celda a la que sólo entra lo indecible: el enigma de mundos, la ligera y alegre esencia de las cosas, el agradecimiento por la vida... Sólo el silencio provoca los encuentros más nobles. Sólo el silencio es grande». (Antonio Gala. "La música callada". Artículo publicado en El País Dominical. Junio, 1997).

Había pues, que "silenciar el silencio" y llenarlo de las voces y de los cantos de legalidad; cantos que alegraran al personal, y que le distrajeran su conciencia con sentimentales dramas de la irrealidad, o con idílicos amores, normalmente imposibles, en maravillosas playas, que muchos no podíamos llegar a contemplar hasta bastantes años después; y, sobre todo,  coplas y canciones que no produjeran ningún daño al sistema. Así fue como, en concreto durante los años setenta, España se puso  cantar y a bailar al ritmo de «du-du-ás» y "porompomperos" intrascendentes, o al grito moderno y desenfadado de «auambabuluba-balambambú» (¡aquí no pasa nada!), por supuesto, ¡eso sí!, en versión «Typical Spanish Sound».


Sobre ese panorama musical de los años setenta, creo que es importante, desde el punto de vista sociológico, hacer algunas observaciones que nos pueden servir para entender mejor el irreversible y lógico estallido, que se produjo por todos los rincones del Estado, de una música y de un canción alternativas.

(Esas observaciones las plantearé en el siguiente cuelgue... ¡Continuará!)

jueves, 3 de enero de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "QUALSEVOL NIT POT SORTIR EL SOL" (3ª Parte)





Hoy prosigo recuperando el primer capítulo
de mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos"
y, dentro de él, continúo el apartado que titulé
"QUALSEVOL NIT POT SORTIR EL SOL"
ya iniciado en el pasado "cuelgue del 
30 de diciembre de 2012. Así pues estamos en
"QUALSEVOL NIT POT SORTIR EL SOL" (2).



España; años sesenta. Para poder entender el origen y la importancia que ha tenido la canción en el desarrollo de nuestra historia reciente, y, sobre todo, para poder interpretar y juzgar con equidad, y desde el conocimiento, sus manifestaciones durante los doce últimos años de la dictadura franquista –origen que supuso, sin duda, una nueva forma de hacer canciones de la que hoy somos herederos–, resulta imprescindible perfilar unas notas iniciales, que aun a riesgo de su simplicidad y de su esquematismo, nos permitan situarnos en la escena social, cultural y política que en aquel momento se vivía en España y en la que vivimos y crecimos aquella "tribu" que un buen día,  convocados por el verso de Rafael Alberti, creímos y soñamos limpiamente con la posibilidad de crear, en nosotros mismos y para el futuro, «un hombre y una mujer nuevos cantando».


«Creemos el hombre nuevo cantando,
el hombre nuevo de España cantando,
el hombre nuevo del mundo cantando.
Canto esta noche de estrellas en que estoy solo y desterrado.
Pero en la tierra no hay nadie que esté solo si está cantando.

Al árbol lo acompañan las hojas
y si está seco ya no es árbol;
al pájaro, el viento, las nubes,
y si está mudo ya no es pájaro.
Al mar lo acompañan las olas
y su canto alegres los barcos,
al fuego, las llamas, las chispas
y hasta las sombras cuando es alto.

Nada hay solitario en la tierra
creemos el hombre nuevo cantando».
("Creemos al hombre nuevo")

En aquel momento nos encontrábamos en una España en la que, superados ya los dos decenios de dictadura, el fascismo seguía siendo la palabra clave que podía definir la filosofía y la práctica del Estado; un fascismo duro engañosamente disfrazado ahora de grandilocuentes palabras como "desarrollismo" o "consumismo"; palabras que, traducidas al lenguaje más llanamente popular se convirtieron en aquella expresión tan común y tan generalizada de «no te metas en política y ya verás como cada día vivirás mejor. Lo importante es el bienestar material y la "paz", y eso, si ere dócil y bueno, lo puedes tener asegurado». Asegurada una paz, por supuesto, que como nos cantaba Raimon, «no era más que miedo; como un desierto sin voces ni árboles; una paz que nos cerraba las bocas, que nos ataba las manos, y que sólo nos dejaba las piernas para huir». (Fue precisamente por aquella época cuando, mientras mi madre me alargaba las perneras y me remendaba las entrepiernas de mis pantalones largos –ya en su tercera temporada–, mi padre me compraba aquel primer "pick-up" a plazos que casi nos vimos obligados a devolver por falta de pago).


«Rezan las leyes básicas
de una curiosa ética
que el hombre es una máquina,
consumidora intrépida.
Compre electrodomésticos,
dicen los nuevos místicos,
es el gran signo de éxito
del "homo sapientísimo".

Producto, consumo,
éste es el triste tema de esta canción,
canción, canción... consumo,
éste es el triste tema de esta canción.

Queda un último término
lo del salario mínimo
con el Madrid-Atlético
y el juego quinielístico.
La corrida benéfica
hoy televisan íntegra,
es la moderna técnica
de crear alienígenas.

Este mensaje estúpido
tan saturado en tópicos,
hay que venderlo al público
como un jabón biológico,
así dispone el código
mafioso-discográfico
y así se explota al prójimo,
prójimo y primo práctico».
("Canción consumo". Luis Eduardo Aute, 1976)

Eran momentos en los que los muchachos y las muchachas, al tiempo que nuestros cuerpos y nuestros sentimientos se nos abrían íntima y apasionadamente a la vida, estudiábamos y aprendíamos, sin entenderlo, aquello de "la unidad del espíritu nacional».

Ramón Muntaner.
«Sabien que les paral.leles convergeixen
a la tarda lenta del dissabte,
que el dia no plega
a cops de campana,
que les flors no perden pètals
a les plane de'un llibre,
que teniem milja hora de pati
per oblidar una guerra perduda,
que un milió de mort en convidaven al seny,
que erem una unidad del destí en el no-res».
("Taula del 2". Ramón Muntaner)

«Sabíamos que las paralelas convergen / en la tarde lenta del sábado, / que el día no termina a golpes de campana, / que las flores no pierden los pétalos / entre las páginas de un libro, / que teníamos media hora de patio / para olvidar una guerra perdida, / que un millón de muertos nos invitaban a ser razonables, / que éramos una unidad del destino en la nada». ("Tabla del 2". Ramón Muntaner. LP: "Veus de lluna i celobert", 1978).

Aquella unidad del espíritu nacional no era otra cosa mas que una uniformidad centralista, absoluta y demagógica en lo político, en lo cultural y en lo religioso; uniformidad mantenida a base de una represión total y despiadada hacia todo lo que se sospechara que pudiera generar divergencias ideológicas o culturales que ocasionaran cualquier tipo de fisura al régimen establecido.

Esta represión, manifestada en todos los órdenes, se agudizaba de una forma muy particular respecto a las divergencias históricas y a los signos de identidad que caracterizaban a nuestros pueblos, especialmente en el ámbito de la lengua y de la cultura; causa, sin duda, como más adelante analizaré, del carácter organizado y radicalmente nacionalista con el que surgieron los primero movimientos contestatarios y reivindicativos de lo que en aquel momento se reconoció como "nueva canción", "canción del pueblo" o "canción protesta".

"Represión", era en consecuencia, una de las palabras y de las consignas claves de la acción ejercida por el poder, y una de las realidades más corrosivas y demoledoras del elemental derecho a la libertad. Y estrechamente unido a la represión, para los enamorados de la libertad, el "miedo"; un miedo físico y real al que románticamente podemos adornar y trascender como nos de la gana, pero que era sencilla y llanamente eso: "¡miedo!"; miedo en el cerebro, en el estómago, en la voz y hasta en el bolígrafo. En este sentido, creo que es importante evocar el texto de una canción que nos cantó Rosa León, ya en 1978,  y que pertenece a Basilio Martín Patino, a quien durante tanto tiempo tuvieron secuestrada una de las más grandes y más bellas y entrañables obras de nuestra producción cinematográfica: "Canciones para después de una guerra».
«Porque nací con el miedo
y miedo era,
de tanto
miedo me libro
¡de tanto!
es como empezar a ser mujer,
al fin y al cabo
sobre la tierra sin miedo
recién nacido y desnudo.
Porque nací con el miedo
y miedo era
miedo sobre miedo miedo
que es como nacer esclavo:
Cuántos miedos a la sombra cara al sol
y la camisa bordada
de terror,
que con miedo me parieron
y con miedo me amasaron
y en el miedo me hice vieja,
llena de miedo y de años,
amedrentada con el miedo
de quienes del miedo alzaron
la bandera,
ciegos de miedo viviendo
ellos también amiedados.
¡Cuánto años en el miedo, amortajado!
Quiero comerme el miedo de una vez,
todo el miedo del mundo,
todo el miedo...
¡y vomitarlo!
Porque en el miedo viví
y con miedo me callaron
la vergüenza de enmiedarme
y desangrarme en el miedo,
desde el miedo me levanto
lleno de miedo el crebro
y mi estómago
y mi voz y mi bolígrafo.
Cuánto
poco a poco puede ser
miedo a miedo hasta agotarlo.
Experta de tantos miedos
sin miedo ya lo proclamo
sólo al miedo tengo miedo,
sólo al miedo, nada más
miedo al miedo
por si acaso...»
("Miedo". Basilio Martín Patino.
Rosa León - Teddy Bautista. LP: "Tiempo al tiempo". 1978).

Estos hechos y estas experiencias de la represión cultural e ideológica y del miedo, en concreto durante los años sesenta y hasta el final de la dictadura, creo que son unas realidades que necesariamente debemos reanalizar en profundidad con la perspectiva que puede darnos el distanciamiento de los treinta años pasados y la nueva situación política en la que, desde la transición, venimos viviendo.

La represión en el ámbito de la cultura, y del pensamiento en general, se traducía permanentemente, por ejemplo, en el absoluto control y en la manipulación ejercida desde el poder hacia los medios de comunicación, y en la censura entendida como un implacable "agente de orden" que castraba y cercenaba de raíz cualquier tipo de libertad expresiva o cualquier iniciativa crítica o liberadora, por simple o por elemental que pudiera resultar. (Recuerdo, y es sólo una pequeña anécdota, la requisa que, en 1972, hizo la policía de los discos que teníamos en un centro de formación de profesores y profesoras, con motivo de que alguien denunció que en uno de mis cursos de verano, sobre la técnica del disco-fórum, había utilizado las canciones del disco "Quejido" grabado en Francia por Elisa Serna y que en nuestro país estaba totalmente prohibido. Disco que me secuestraron –luego volví a hacerme con él en Biarritz– y que, por cierto, se editó en España dos año después, pero teniendo que sustituir dos canciones que ni entonces lograron superar la guadaña de la censura).


Decía antes –y permítaseme este paréntesis– que considero imprescindible volver serenamente la mirada sobre las duras experiencias de la represión y de la censura vividas en los años pasados, no tanto para regodearnos en ellas y seguirnos lamentando –muchos ya las hemos vomitado definitivamente– , sino para encontrar en esas experiencias un referente que nos pueda dar luz a la hora de construir y de interpretar el presente.

En ese sentido, y desde esa perspectiva, siento la necesidad de hacer dos consideraciones:

En primer lugar, denunciar –y no puedo dejar de hacerlo de forma reiterativa y con apasionamiento– a toda esa "panda" de mediocres ex izquierdistas, que eran los primeros que encendía sus mecheros y sus cerillas en los recitales de los sesenta y de los setenta, y que ahora nos vienen con el "cuento" de que los "cantautores" eran tristes, aburridos y panfletarios. Esto, en general, ni es verdad, ni es justo –es cierto que en algunos casos, los menos, pudo ocurrir así; pero también lo es que esos, desde el punto de vista cultural e histórico, ni tuvieron, ni tienen ninguna trascendencia–.

Aquellas canciones, en general, fueron lo que tuvieron que ser; lo que necesitábamos que fueran: cantos a la libertad y a lo humano; trabajosos y amenazados cantos artesanalmente tejidos, no desde a tristeza, sino desde la ilusión y desde la esperanza. Antonio Gala, en 1984, lo escribía en el prólogo de uno de mis libros dedicados a la canción de la que venimos hablando:

«Este libro, para el que escribo con tanto amor las líneas iniciales, es un prueba de cuanto venero. No se trata en él de recoger unas esperanzas acobardadas, reacias, contentadizas. Se trata de ofrecernos un ramo de esperanzas sonoras, vociferantes, contestatarias. Se trata de una esperanza en marcha, que se echó a cantar por las caminos apasionadamente. Por que si ella es el sabor de la vida, también es cierto que la vida en ocasiones –largas, largas a veces– no amarga. Y es preciso sacarnos su amargura, a gritos, de la boca. Eso hicieron los hombres y mujeres cuyas canciones recopila y ordena este libro, contagiarnos desesperadamente su esperanza». (Antonio Gala. "Veinte años de canción en España. Vol. 1", 1984)

En el fondo la actitud y los comportamientos de todos esos olvidadizos de la historia –y hasta de su propia historia personal–, convertidos ahora en nuevos y sibilinos censores, desde la industria discográfica o desde los medios de comunicación, confirman la verdad rotunda y permanente de aquellos versos de León Felipe a los que puso música y voz el grupo Aguaviva.






«Yo no sé muchas cosas, es verdad. 
Digo tan sólo lo que he visto. 
Y he visto: 
que la cuna del hombre la mecen con cuentos, 
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, 
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, 
que los huesos del hombre los entierran con cuentos, 
y que el miedo del hombre... 
ha inventado todos los cuentos. 
Yo no sé muchas cosas, es verdad, 
pero me han dormido con todos los cuentos... 
y sé todos los cuentos».
("Los cuentos". León Felipe - Aguaviva.
LP: "Cada vez más cerca". 1970).

En segundo lugar, considero que es imprescindible volver la mirada sobre nuestro pasado reciente –reciente sobre todo porque todavía somos muchos los que lo hemos tenido que vivir en directo– para alertarnos sobre el sentido profundo de lo que es la manipulación, y sobre las estrategias de acción, siempre represoras, ejercidas por las dictaduras como formas de concentración y de ejercicio absoluto de todos los poderes.

Y planteo esta reflexión porque ahora, en el tan "cacareado" tiempo de las libertades y de la democracia, el pasado puede enseñarnos a desentrañar –o mejor a desenmascarar– las estrategias de una nueva forma de dictadura, que pienso que estamos viviendo, ejercida bajo el gran poder del Rey Midas; estrategias que se concentran en lo que ahora llaman el "mercado" –a mi me sigue enamorando más la palabra "pueblo"– a través de consignas y eslóganes como el "compro luego existo", que un buen día me encontré integrado en una bolsa de la compra que regalaban en una tienda, o "el pienso luego estorbo", que con tanto acierto nos ofrecía recientemente Forges en una de sus viñetas.


Una nueva forma de dictadura ejercida de forma operativa por un grupo de ciegos adoradores del Rey Midas, en el que ponen todas sus complacencias, y, curiosamente, siempre justificada por las exigencias del "mercado", es decir, del pueblo. (Si hay que hacer televisión basura..., ¡es lo que el mercado nos demanda!. Si no puedo grabarle a usted su disco aunque reconozco que está muy bien, o si no puedo dedicarme a promocionárselo desde mi radio..., ¡es que al mercado eso no le gusta! ¡no se vende!. Si me niego a contratarle a usted para cantar en las fiestas que vamos a organizar en el ayuntamiento..., ¡es que el mercado quiere cosas con mucha más marcha!... Y así podríamos seguir enumerando, y, al final, siempre la misma historia, siempre el mismo cuento: «¡viva el beat, el rock, el soul, el pop y el capital!»).

En este sentido –y cierro ya este paréntesis–, yo personalmente me apunto a lo que Luis Eduardo Aute nos canta en su última «alevosía»:


«A riesgo de que digan que estoy loco
por no buscar el oro en lo que toco,
no pienso rebelarme contra mi enajenación.
Cansado de vivir sin salvavidas,
sé bien que no es la mano del Rey Midas
la que vendrá a salvar mi naufragado corazón.

Y no me romperán los huesos ni quemarán mis alas,
les basta y sobra con dar besos,
besos como balas...

Me advierten "mira, no juegues con fuego,
respeta al menos las reglas del juego
o hazte a la idea de tener a mano un extintor".
Declaro que me bato en retirada,
no sé jugar con las cartas marcadas,
será que nunca tuve vocación de ganador

Me recomiendan que no escupa al cielo
si mi propósito es pisar el suelo
y no cruzar una tormenta en vuelo sin motor.
Aunque me expulsen de sus paraísos
no pienso doblegarme a sus avisos
y menos si quien viene a darme aviso es un traidor».
("Besos como balas". Luis Eduardo Aute.
CD: "Alevosia". 1975).

martes, 1 de enero de 2013

DISCOS RECUPERADOS: "DIEZ SONETOS DE AMOR DE ANTONIO GALA" y "ÓYEME!", DE VÍCTOR MARIÑAS - I

Hay una expresión popular que puede que sirva y sea útil para las cuestiones económicas y otros asuntos de la vida cotidiana, pero que a mi no me vale en absoluto con referencia a las manifestaciones culturales de calidad, y, más en concreto, con referencia la "canción de autor"; me refiero a aquella expresión tan común de "borrón y cuanta nueva". (Que además suele aplicarse especialmente en un día como hoy, es decir, al inicio de un año nuevo).

No, de "borrón y cuenta nueva" ¡nada de nada!... Hay momentos y creaciones de nuestra música y de nuestro canto popular que no se pueden borrar, sino todo lo contrario, que es preciso avivar para que no se olviden e incluso para que sirvan de referentes en el presente y para el futuro. 

En ese línea inicio este 2013 con dos proyectos, entre otros, que voy a poner en marcha como sea. El primero organizar en Madrid unos encuentros con la "canción gallega" –que en este momento es tremendamente desconocida fuera de su territorio–; y el segundo, recuperar y afianzar el "canto a los poetas", es decir, ese hermanamiento fértil entre la palabra de los grandes poetas, y la música y la interpretación de nuestros jóvenes compositores.

Dejando a un lado el tema de la canción gallega, de la que hablaremos en otro momento; hoy voy a centrarme sobre el de la "poesía cantada" y para ello, como punto de partida –y a la vez como referente– voy a recuperar uno de los primeros disco-libros que se hicieron en nuestro país dedicados de forma monográfica a la obra de un poeta contemporáneo. Me refiero al disco-libro del cantautor extremeño VÍCTOR MARIÑAS titulado "DIEZ SONETOS DE AMOR DE ANTONIO GALA", obra editada en 1997, con la colaboración del sello discográfico de la Fundación Autor –de la SGAE– y la Editorial Planeta. 


En este disco Víctor Mariñas musicalizó los siguientes poemas de Gala:

• Quien te dijo que sí.
• Tú me abandonarás en primavera.
• Viene y se va.
• Desembocará junio.
• Si te vas lejos.
• La voz serena.
• Tu promesa llevo.
• La luna nos buscó.
• Entre el amor y el desamor.
• Levantar el vuelo.

Decía antes que este fue el primer libro-disco –que yo recuerde– publicado como libro y dedicado de forma monográfica a la obra de un poeta. A él le sucedieron "Canalla pa'bien" (1998), de Clara Montes –también dedicado a la obra poética de Antonio Gala–; los preciosísimos disco-libros editados por Inés Fonseca dedicados a José Hierro (2002), la Generación del 27 (2007), Miguel Hernández (2010) y recientemente a Ernesto Cardenal (2012); el magnífico disco-libro de Pedro Guerra "La palabra en el aire" (2003), dedicado a Ángel González; el de Alejandro Martínez cantando a Jaime Gil de Biedma (2011); y, como no, los magníficos disco-libros que están grabando y editando Moncho Otero y Rafa Mora dentro del proyecto "Versos sobre el pentagrama", en concreto "Viento de octubre" (2007) sobre la obra poética de Jesús Hilario Tundidor, y "El rio de los ojos", dedicado a Manuel López Azorín (2011). 

Hay también que reseñar, aunque no con el planteamiento editorial del disco-libro, otros CD sencillos como "Rogelio Botán canta a Alfonso Sastre" (2006); "Huelva canta a Juan Ramón Jimenez" (2009); "Mayte Martín al cantar a Manuel Alcántara" (2009) el reciente CD de la colombiana Marta Gómez "El corazón y el sombrero", dedicado a Federico García Lorca; y los diversos discos que se editaron sobre Miguel Hernández con motivo de su centenario.

Y tras la anterior enumeración volvamos sobre el disco-libro de VÍCTOR MARIÑAS.

Víctor Mariñas.

El libro-disco "Diez Sonetos de Amor de Antonio Gala" fue apadrinado por todo un conjunto de personalidades del mundo de la poesía y de la música entre las que figuraban: Pere Gimferrer –que escribió el prólogo– Ana Belén, Carlos Cano, Luis Eduardo Aute, Rosa León, Pablo Guerrero, María Dolores Pradera y José Infante.

Carlos Cano, en concreto escribió: «Hay color, musicalidad y emoción en Víctor Mariñas». Y, seguidamente a corazón abierto –como él solía hacerlo– le brindó su deseo: «Víctor que la soledad y la arena fortalezcan tu alma por el desierto que tendrás que atravesar para llegar, con suerte un día, a oasis de tu propio corazón: la mejor escuela del canto popular».

Por su parte José Infante realizó los siguientes comentarios:

«Cuando conocí a Víctor Mariñas con su juventud recién estrenada y su inseparable guitarra, ya cantaba al amor con su voz llena de melancolía y de nostalgia. Lo cantaba con sus propias palabras y ya era un lamento hermoso y pleno de soledosos ecos que anhelaban la comunicación y el encuentro. Algunos años más tarde, en el Rincón del Arte Nuevo –de Madrid– volví a oír su música,  con versos de Cernuda que también hablaban de la impotencia del amor y de su abandono. Ahora nos ofrece ya una obra cuajada y madura que ha sabido construir con sus ritmos distintos en la búsqueda siempre de la eterna y única música fugitiva de la emoción.

Estos sonetos de amor tiene a partir de hoy no sólo la hermosa melodía callada de los sonoros versos de Antonio Gala, sino esa otra melodía que los convierte en canción que acompaña y embelesa. Hay, pues, en ellos una triple emoción, la de la poesía, la de la música y la de la voz de Víctor Mariñas».

Para poder conocer y disfrutar de esa triple emoción de la que habla José Infante –con la que me siento totalmente identificado–, os propongo escuchar dos vídios en los que Víctor interpreta dos de aquellos sonetos: "Entre el amor y el desamor" y "Quien te dijo que sí"... (Mañana seguiré hablando de él y comentaré su siguiente disco –lo que Carlos Cano le insinuaba como "el oasis de su propio corazón"–, titulado "Óyeme", editado en 2006.




«Cuando te vas me duelen la mañana,
el ramo de la acacia, el pensamiento.
De tu recuerdo sólo me alimento
y mi memoria sin error se ufana.

Cuando vuelves, la vida se me aplana,
se achica en ti, ya cotidiano y lento.
Pierdo, sin entusiasmo y sin tormento,
la gana de alagarte la desgana.

Qué puedo hacer con este vaivén triste
que sólo brilla cuando no apareces
y a la razón y al hierro se resiste.

Entre el amor y el desamor se mece:
un amor que marchita y malexiste, 
un desamor que vibra y enaltece».



«¿Quien te dijo que sí? ¿Que filo frío,
corazón, te ha segado la cimera?
¿En qué pozo de lodo sin ribera
encantaron el agua de tu río?

Con palabras de burla y desafío
al alba te arriaron la bandera:
la soledad será tu compañera
por la noche cerrada del desvío.

¿Para qué el hondo cielo, los azahares,
la verde trama de los olivares
si no sabes qué hacer con su alegría?

Si te quieres morir y no te mueres,
y mientras vino el dia sólo quieres
a quien dijo sí que te quería».

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...