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lunes, 11 de noviembre de 2013

... Y VIOLETA PARRA VII - «A VIOLETA YA NO LE CABÍAN EN LA CABEZA LOS PÁJAROS AZULES, ASÍ QUE UN MEDIO DÍA –DE EXTRAÑA LUMINOSIDAD– LES ABRIÓ UN TRÁGICO ORIFICIO DE ESCAPADA» (ATAHUALPA YUPANQUI).


Violeta Parra en la Carpa de La Reina, 1965.
Retomamos en este séptimo "cuelgue", dedicado a VIOLETA PARRA, su trayectoria personal y creativa a partir de 1965, año en el que, tras viajar a Ginebra para grabar un documental con la televisión suiza, titulado "Violeta Parra, bordadora chilena", decidió dejar Europa para establecerse, definitivamente en Santiago de Chile.

A su llegada a Santiago, actuó en varias peñas; entre ellas, en la conocida "Peña de los Parra", ubicada en un local, propiedad de sus hijos Ángel e Isabel, situado en una antigua casona. Aquel local, de ambiente puramente criollo, en el que se bebía buen vino, se comían sabrosas empanadas y se escuchaba auténtica música popular, llegó a convertirse en punto de encuentro de todos los jóvenes artistas que en aquel momento participaban del movimiento de la "nueva canción chilena"; entre ellos, Ángel, Isabel, Roberto y Eduardo Parra, Rolando Alarcón, Patricio Mans, Víctor Jara, Osvaldo Rodriguez o Tito Fernández.

Edificio en el que se encontraba la Peña de los Parra.
Calle Carmen 340, Santiago de Chile

Pocos meses después, ya a finales de 1965, con motivo de la celebración de la Feria Internacional de Agricultura (FISA), en Santiago, Violeta montó  una carpa móvil dentro del recinto ferial, en la que puso en marcha su propia peña folclórica.

Acabada la feria, con la idea y la ilusión de crear un "Centro de Arte Popular" en el que se pudiera trabajar de forma integrada la autentica cultura popular chilena en sus diferentes y complementarias manifestaciones –pintura, tapicería, cerámica, música, canto, danza, gastronomía, etc.–, Violeta decidió trasladar su carpa al barrio de la Reina, situado en la periferia de Santiago, decisión que ella misma explicaba con estas palabras: «Yo creo que todo artista debe aspirar a tener como meta el fundirse, el fundir su trabajo en el contacto directo con el público. Estoy muy contenta de haber llegado a un punto de mi trabajo en que ya no quiero ni siquiera hacer tapicería ni pintura, ni poesía, así, suelta. Me conformo con mantener la carpa y trabajar esta vez con elementos vivos, con el público cerquita de mí, al cual yo puedo sentir, tocar, hablar e incorporar a mi alma».

Violeta Parra en La Carpa de la Reina, en 1965,
junto con el grupo boliviano "Los Choclos".

La realización y el mantenimiento de aquella iniciativa –necesaria y apasionante como proyecto– no fueron nada fáciles:

«Una noche estuve con Violeta Parra en su "Carpa de La Reina" –escribía Pastor Aucapán en el semanario "El Siglo" (septiembre de 1966)–, y no acudían espectadores a pesar que la carpa era una variada caja de maravillas. Me contó cuánto le había costado construir todo esto. La Municipalidad le había cedido un terreno. Era un solar abandonado que en invierno se transformaba en un barrizal. entonces ella se dijo: “Aquí levantaré un Centro de Arte Popular. Aquí se escucharán las canciones desconocidas, las que brotan de las mujeres campesinas, las quejas y alegrías de los mineros, las danzas y la poesía de los isleños de Chiloé”. Los planes de Violeta, sin embargo, se estrellaban contra la dura roca de la indiferencia. Pocos eran los que le tendían la mano. Para su espectáculo no había avisos en los diarios, no tuvo reportajes en la revista dominical de "El Mercurio", no funcionó ninguno de esos aparatos publicitarios que a menudo se montan para orquestar el mito de algunos falsos artistas extranjeros … Allí estaba Violeta, sola y a ratos desesperada, con mucha gloria pero a veces sin un centavo».

Su hijo Ángel, incidiendo en esa misma situación, comentaba: «Mamá se sentía cada día peor, se quejaba de su soledad. Pero era brava y orgullosa. Cuantas veces no la dijimos que viniera a vivir con nosotros. Chabela (Isabel) y yo íbamos los domingos a la carpa a cantar con ella. La notábamos amargada: la gente ya no venía. "hasta aquí se anima a llegar solamente la gente con auto", nos decía, y eso, a ella que era tan del pueblo, le dolía».


Violeta Parra y Gilbert Favre.

A aquella difícil situación se unió la decisión adoptada por Gilbert Favre, de trasladarse a Bolivia y separase definitivamente de Violeta; esta decisión fue dolorosísima para ella, y a partir de ahí se sintió inmersa en una profunda depresión.

Pese a que sus hijos y sus buenos amigos Héctor Pávez y Alberto Zapicán –músico y escitor uruguayo– procuraron ayudarla, Violeta no fue capaz de afrontar su dolor y su soledad, y el domingo 5 de febrero de 1967, con un disparo de pistola, puso fin a su vida. Decisión que Atahualpa Yupanqui interpretó de forma simbólica en "Los pájaros azules. Homenaje a Violeta"; poema que el propio Atahualpa recitó en su último concierto celebrado en Zurich junto con Ángel Parra, y que podemos escuchar en el enlace de "goear" que indico tras el texto del poema.


«Ya no le cabían en la cabeza
los pájaros azules a Violeta
así fue que un mediodía
de extraña luminosidad
les abrió un trágico orificio
de escapada
y los pájaros azules se fueron
pero le llevaron la vida».

http://www.goear.com/listen/008c417/los-pajaros-azules-homenaje-violeta-atahualpa-yupanqui

Para concluir este "cuelgue" y, en general, la aproximación que he venido realizando en "cuelgues" anteriores sobre la vida y la obra de Violeta Parra –una de "mis grandes amadas cantoras del alma"–, es importante destacar su amplia discografía, editada, sobre todo, como obra póstuma.

Entre los discos publicados antes de su muerte, además de los ya citados en en "cuelgues" anteriores, figuran los siguientes: "Recordando a Chile (Una chilena en París)" (1965), "Canta las últimas composiciones" (1966) y "Carpa de la Reina" (1966), disco en el que intervinieron –además de Violeta–, Lautaro y Roberto Parra, Héctor Pavez, y los grupos Quelentaro y Chagual.



Tras su muerte las reediciones y los nuevos recopilatorios, o antologías, se multiplicaron: por ejemplo, cabe destacar "Décimas de Violeta Parra" (1968), "Violeta Parra y sus canciones encontradas en París" (1971), "Le Chili de Violeta Parra" (1974), "Un río de sangre" (1975), "Presente/Ausente" (1975), "El hombre con su razón" (1992), "Décimas y centésimas" (1993), "El folclore y la pasión" (1994), "Haciendo historia: La jardiera y su canto" (1997), "Composiciones para guitarra" (1999), "En Ginebra, en vivo" (1999), "Cantos campesinos" (1999), "Antología" (1999) o "Universo latino 9" (2001).

Para concluir mi recuerdo, mi pasión y mi homenaje a VIOLETA voy a ofreceros el siguiente vídeo en el que, si os apetece, podréis visualizar completa la película "Violeta se fue a los cielos" dirigida por Andrés Wood y estrenada el 11 de agosto de 2011.

lunes, 28 de octubre de 2013

VIOLETA PARRA VI - «SEMILLA FÉRTIL Y POPULAR DE UNA NACIENTE Y CRÍTICA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN EN AMÉRICA LATINA»


Recapitulación de los "cuelgues" anteriores":

VIOLETA PARRA I - «COMO UNA ESTRELLA 
QUE JAMÁS SE APAGA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-i-como-una-estrella-que.html

VIOLETA PARRA II - «DE LA TRADICIÓN A LA INNOVACIÓN
PARA CANTARLE A LA VIDA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-ii-de-la-tradicion-la.html

VIOLETA PARRA III - «GUITARRA CON HOJAS QUE
RELUCEN AL BRILLO DE LA LUNA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-iii-guitarra-con-hojas.html

VIOLETA PARRA IV - «¡VIOLA ADMIRABLE! ¡VIOLA CHILENSIS!...
MANANTIAL INAGOTABLE DE VIDA HUMANA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-iv-viola-admirable-viola.html

VIOLETA PARRA V - «CANCIONES, REALIDAD HUMANA
Y COTIDIANIDAD»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/10/violeta-parra-v-canciones-realidad.html


En el pasado "cuelgue" sobre VIOLETA PARRA –publicado el 6 de octubre pasado– decía que sus canciones se podían clasificar en tres grupos desde el punto  de vista temático o de contenido, y desarrollaba los dos primeros grupos, a saber:

1. Canciones que hacen referencia a realidades sociales del pueblo chileno, en las que incide, especialmente, en la denuncia de las situaciones de pobreza, de injusticia o de maltrato a la naturaleza; y en las que manifiesta, en todo momento, la reivindicación y la defensa de los derechos humanos.

2. Canciones que nos ofrecen aproximaciones concretas a la condición y a la realidad humana; es decir, a las experiencias mas trascendentales vividas por las personas y a sus sentimientos más íntimos. Canciones en las que Violeta verbaliza con claridad, y en un lenguaje sencillo y directo, la intensidad y la riqueza de un pensamiento profundamente humanista.

Prosigo ahora con aquella clasificación:

3. Un tercer grupo de canciones compuestas por Violeta Parra lo integran aquellas que se caracterizan por su contenido cercano a la religiosidad popular entendida como una actitud trascendente alimentada en la esperanza de que valores tan esenciales como la justicia y la igualdad puedan llegar a hacerse realidad en este mundo, o en otra vida posible más allá de la muerte; actitud sentida y vivida, en particular, por los sectores sociales más pobres y desamparados.

Para Violeta, esa religiosidad, o, si se quiere, ese hecho religioso, tiene unas claras y evidentes raíces o motivaciones que ella misma expresa en su canción "Porque los pobres no tienen"; canción que os propongo escuchar seguidamente en la voz de Isabel Parra:


«Porque los pobres no tienen
adonde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que a su hermano
en este mundo le quitan.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión,
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanza,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza.
Por eso las procesiones,
las velas y las alabanzas.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Y pa’ seguir la mentira,
lo llama su confesor.
Le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliego ni sindicato,
que ofende su corazón.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Del corazón de una iglesia
salió el cantor Alejandro.
En vez de las letanías
yo lo escucho profanando.
Yo creo que a tal cantor
habría que excomulgarlo.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Como al revés está el mundo
me mandarán a prisión
y al cantor de la sotana
le darán premio de honor,
pero prisión ni gendarme
habrán de acallar mi voz.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita».

En ese contexto religioso, o mejor, de sensibilidad religiosa, Violeta compuso canciones como los villancicos "Doña María, le ruego" y "Décimas para el nacimiento", que Víctor Jara y el Conjunto Cuncumen grabaron a finales de los años cincuenta. Os invito a escuchar en el siguiente vídeo el segundo de esos villancicos: "Décimas por el nacimiento":


«El niño Jesús nació
en el portal de Belén;
la estrella de sumo bien
a los Magos le’alumbró.
El mundo resplandeció
con pitos y panderetas.
Bajaron siete cometas
a ver este nacimiento
los altos del firmamento
se abrieron para la fiesta.

Los fieles del Redentor
acuden muy presurosos
a presencial el hermoso
regalo del gran Señor.
Adiós a nuestro dolor,
válganos la penitencia,
hagamos la reverencia
en este humilde portal,
porque, envuelto en un pañal,
vino Dios a l’existencia.

Gloriosa la noche aquella
cuando la Virgen sufrió
y al mundo un hijo le dio
más claro que una centella.
Bajáronse las estrellas,
cantaron los pajaritos,
sabiendo que Jesucristo,
venido a cristianizarlos
y por amor a salvarlos
con su dolor infinito.

Ahí está la Virgen pura
al lado de San José,
con el niñito son tres,
se miran con gran ternura.
No ha habío ni habrá dulzura
más grande en intensidad
que la de la Navidad
cuando bajó de los cielos
a darnos su gran consuelo
el Dios de la cristiandad».


Violeta Parra.
En oposición a los sentimientos y a los nobles y sensibles sentimientos religiosos presentes en canciones de Violeta Parra como las anteriores, surge también en su obra una clara y directa toma de postura, duramente crítica, frente a la Iglesia entendida como institución poco coherente y comprometida; frente a la hipocresía de muchos creyentes acomodados e insensibles al dolor humano, y, sobre todo, frente a las alianzas que con frecuencia se establecen entre la Iglesia y las estructuras del poder para afianzar sus mutuos plivilegios, ignorando, e incluso despreciando, la realidad y las necesidades de la población más pobre y marginada. Oposición expresada, como denuncia en numerosas canciones como "Yo canto a la diferencia", "Miren como sonríen", o "La carta".


«Ahí pasa el señor vicario
con su palabra bendita.
¿Podría su santidad
oírme una palabrita?
Los niños andan con hambre,
les dan una medallita
o bien una banderita».
(“Yo canto la diferencia”)

«Miren cómo sonríen
los presidentes
cuando le hacen promesas
al inocente. [...]
Miren cómo profanan
las sacristías
con pieles y sombreros
de hipocresía.
Miren cómo blanquearon
mes de María,
y al pobre negreguearon
la luz del día».
(“Miren como sonríen”)

«De esta manera pomposa
quieren conservar su asiento
los de abanico y de frac,
sin tener merecimiento.
Van y vienen de la iglesia
y olvidan los mandamientos, sí».
(“La carta”).

Y estos "cuelgues" sobre VIOLETA PARRA continuarán dentro de unos días... ¡claro que si!... ¡ES TAN GRANDE!... Ya lo he dicho repetidamente, es una de MIS GRANDES AMADAS CANTORAS DEL ALMA.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA IV - ¡VIOLA ADMIRABLE! ¡VIOLA CHILENSIS!... MANANTIAL INAGOTABLE DE VIDA HUMANA.

Continúo, un día más, acercándome, e invitándoos a que os acerquéis, a vida –apasionante– y a la obra –plural y diversificada– de VIOLETA PARRA, una de "mis grandes amadas catoras del alma". Y como punto de partida os recuerdo y os remito a los tres cuelgues anteriores, que escribí sobre ella:

VIOLETA PARRA I - «COMO UNA ESTRELLA QUE JAMÁS SE APAGA»

VIOLETA PARRA II - DE LA TRADICIÓN A LA INNOVACIÓN 
PARA CANTARLE A LA VIDA

VIOLETA PARRA III - «GUITARRA CON HOJAS QUE RELUCEN 
AL BRILLO DE LA LUNA»

En 1960, como consecuencia de una enfermedad, Violeta Parra se vio obligada a permanecer ocho meses en cama, tiempo en que, incapaz de paralizar su desbordante creatividad, inició su afición a pintar ya realizar tapices y arpilleras. A partir de entonces siempre compartió estas actividades artísticas con la composición y la interpretación de sus canciones.

«Tanto tiempo no podía quedarme sin hacer nada –comentaba Violeta. Un día vi lana y un pedazo de tela y me puse a hacer cualquier cosa. Nada surgió. Nada sabía, y era porque, en el fondo, no tenía claro qué quería hacer. Volví a tomar el pedazo de tela y deshice todo y quise copiar una flor, pero, cuando terminé no era una flor, sino una botella. Quise ponerle una tapa a la botella y surgió una cabeza, entonces, le puse ojos, nariz y boca: era una dama, como esas que van todos los días a la iglesia a rezar".
Obra de Violeta Parra.

Y así fue como aquella mujer, guiada básicamente por su sensibilidad –puesto que no poseía una formación específica en el ámbito de la creación plástica–, empezó a desarrollar una obra artesanal extraordinaria, de gran belleza y sencillez, plenamente identificada con la identidad, con la tradición y con los problemas sociales del pueblo chileno.

«Las cosas son simples –solía confesar–. No sé diseñar, yo invento todo, y todo el mundo puede hacerlo. No sé dibujar y no hago dibujo alguno antes de comenzar mis tapices, sino que voy viendo, poco a poco, lo que debe ponerse.Voy llenando espacios en mis tapices... Y con mis pinturas: ellas están todas en mi cabeza, como mis canciones. Cuando siento que hay una persona sensible o que le nace un sentimiento al ver lo que hago, me quedo tranquila. Sólo hago algo en lo que pueda poner la emoción. Cada trabajo es para mi único. En mis telas tengo treinta personajes, y cada expresión de ellos es única, ellos hacen cosas distintas, pero yo tomo un solo color y viajo por todos los cuadros para conservar lo que siento cuando quiero dar una expresión, así sea el mismo personaje. Yo misma a veces tengo el color de mi nombre o el color verde que es de la alegría y que me cuesta más que ninguno, o el rojo si estoy enojada y denuncio... Siempre uso como base los colores araucanos: amarillo, negro, violeta, rojo y rosado de copihue".

Vamos a contemplar algunas de sus obras:

Árbol de la vida. 1963. 135 x 97,5 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía.
 La cantante calva. 1960. 138 x 173 cm. Yute bordado con lanigrafía.
El circo. 1961. 122 x 211 cm. Tela artificial y bordados en lanigrafía.
Prisionero inocente. 1964. 31,7 x 45,5 cm. Óleo sobre madera prensada.
La cueca. 1962. 119,5 x 94,5cm. Lino y bordados en lanigrafía.
Fresia y Caupolicán. 1964-1965. 142 x 196 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía. 
Mujer con guitarra. Oleo.
Esta obra de Violeta Parra es la que ilustra la cubierta
de mi libro "... Y la palabra se hizo música. Vol. 3. El canto emigrado
de América Latina" y la que me identifica en la cabecera
de mi página de facebook.
Contra la guerra. Arpillera.

Seguidamente os sugiero ver y escuchar los dos vídeos siguientes en los que Violeta Parra habla de sus arpilleras y, en general, de su obra plástica.

En el segundo vídeo, es de una gran belleza, y muy significativo de su personalidad, lo que Violeta responde cuando se le pregunta con cuál de sus medios de expresión se quedaría –poesía, música o creación plástica–; ella responde que «se quedaría con la gente porque es la gente la que le motiva a hacer todas las cosas»... ¡Así era Violeta!





El mismo año al que antes hacia referencia –1960– en la fiesta de su cuarenta y tres cumpleaños, Violeta conoció a Gilbert Favre, músico suizo –dieciocho años más joven que ella– que había llegado a Chile para realizar una investigación sobre el folclore sudamericano; inesperado encuentro del que surgió una apasionada relación amorosa entretejida de numerosas separaciones y reencuentros.

Gilbert –a quien Violeta llamaba cariñosamente "Chinito"– fue, en realidad, el gran amor de su vida hasta 1965, cuando él planteó la separación definitiva.

En 1961, superada la enfermedad, Violeta viajó a Buenos Aires, donde dio varios recitales, actuó en diversos programas de televisión, , expuso sus pinturas y tapices, y grabó un nuevo LP, "El folclore de Chile según Violeta Parra".



Al año siguiente Violeta Parra regresó a Europa –junto a Gilbert y s sus hijos Ángel e Isabel- para participar como invitada en el Festival de la Juventud de Helsinki ¡por la paz y por la amistad!.

Aprovechando su estancia en el continente europeo, viajó a la Unión Soviética, a Italia y a Alemania, y decidió permanecer tres años en París; años que fueron esenciales para ella, tanto desde el punto de vista plástico, o artesanal, como desde el de su actividad como compositora.

En abril de 1964, realizó una exposición individual en el Museo de Artes decorativas del Louvre, en la que presentó veintiséis pinturas, veintidós tapices, pequeñas esculturas de alambre y varias máscaras. En aquella ocasión, ella misma confeccionó el cartel que anunciaba la exposición utilizando una arpillera negra, sobre la que bordó un gran ojo y el texto del anuncio.



En el catálogo de aquela exposición, la investigadora Ivonne Brunner presentaba a Violeta y su obra plástica diciendo: «Violeta no es una desconocida en Francia. Utiliza un lenguaje poético y simbólico, dando un significado a cada tema, a cada color, sin por eso descuidar el lado plástico de su obra. Cada una de sus arpilleras es una historia, un recuerdo o una protesta en imágenes».

lunes, 9 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA II - DE LA TRADICIÓN A LA INNOVACIÓN PARA CANTARLE A LA VIDA

Violeta Parra.
En 1932, cumplidos los quince años, Violeta Parra se trasladó a Santiago. donde inicialmente vivió con su hermano Nicanor.

Nada más llegar a Santiago, se matriculó en la Ecuela Normal y obtuvo el título de profesora, actividad profesional que no ejerció porque, en realidad, lo que ella deseaba era dedicarse plenamente a la música.

Por aquellos años, en Santiago, Violeta formó un dúo con su hermana Hilda, al que llamaron Las Hermanas Parra, y juntas empezaron a cantar por diferentes boliches santiagueños como El Popular o El Tordo Azul. Su repertorio lo integraban canciones populares españolas, chilenas y latinoamericanas en general, que estaban de moda en aquel momento.

Una de esas canciones fue el vals popular chileno titulado "Ven", que podemos escuchar en el siguiente vídeo:


En 1938, Violeta conoció a Luis Cereceda, trabajador ferroviario, con el que contrajo matrimonio. De aquella relación nacieron dos de sus hijos: Isabel (1939) y Ángel (1943), de quienes hablaremos más adelante.

Nada más nacer Ángel, por razones laborales del padre, la familia tuvo que trasladarse, primero, a Valparaíso, y, posteriormente, a Llay-Llay, comuna perteneciente a la provincia de San Felipe de Aconcagua, en la región de Valparaíso.

Violeta Parra con su hijo Ángel.
Durante esos años –entre 1943 y 1948–, Violeta continuó cantando con su hermana Hilda, con la que grabó varios discos, en la compañía RCA-Víctor, que contenían sobre todo valses –como el escuchado anteriormene–, cuecas y corridos del folklore chileno; formó parte también de la compañía de teatro dirigida por Doroteo Martín –con el nombre artístico de Violeta de Mayo–; ganó un concurso de canto español en el teatro Baquedano, de Santiago; y montó un espectáculo basado en cantos y bailes españoles en el que, aunque muy niños, participaron con ella sus hijos Ángel e Isabel.

En 1948, Violeta se divorció de Luis Cerceda, y dos años después volvió a casarse con Luis Arce –maestro mueblista y tenor de ópera y de zarzuela–, con el que tuvo otros dos hijos: Carmen Luisa y Rosita Clara.

Tras aquel segundo matrimonio, el dúo Las Hermanas Parra se disolvió, y Violeta decidió darle un giro total a su actividad artística  como investigadora, como creadora y como intérprete. Este giro se produjo a partir de 1953, y en él influyó decisivamente su hermano Nicanor.

Nicanor Parra.

José Antonio Eppe –profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Oregón–, cuando se refiere a esa influencia, formula estas reflexiones:

«Nicanor intuyó que una de las posibilidades de recuperar el equilibrio entre la tradición de la vida arraigada al espacio agrario de la provincia y la sociedad moderna era rescatar las vivencias sociales y culturales del campo, no para propiciar un regreso a un pueblo arcádico, mitificado, sino como una opción de rearticulación de propuestas humanas a salvo de la alienación de la modernidad urbana. Junto con ello, se dio cuenta de que quien tenía la mejor opción de acometer esta empresa, por su sensibilidad casi ingenua y, sobre todo, por su talento natural, era su hermana Violeta, que había llegado del campo a la gran ciudad en busca de una profesión. Es, por tanto, Nicanor Parra quien alienta a la cantante popular en ese paso decisivo, no sólo convenciéndola para que regrese al campo a investigar en las fuentes folclóricas para reformular su repertorio, sino estimulándola a leer algunos textos fundados en la cultura popular».

Y así fue como Violeta Parra, siguiendo las indicaciones de su hermano, inició todo un interesantísimo trabajo de investigación sobre el folclore chileno desarrollado en dos fases complementarias:

Primero, viajó por todo Chile para rescatar en vivo, de la memoria y de la voz del campesinado, cientos de cantos populares que estaban a punto de perderse o de ser olvidados, cantos que sometió a un proceso de actualización y de divulgación reinterpretándolos, es decir, devolviéndoselos al pueblo chileno en su propia voz y con su especial sensibilidad.



«Son tus ojos los que busco,
no los encuentro;
son tus labios los que quiero
ver sonreír,
pero ellos me son tan ingratos,
pero ellos se burlan de mí, es así.

Solo quiero decirte un secreto,
solo quiero mi dicha expresar,
solo quiero cantar los cantares
que repiten las olas del mar.

Un amor que tú me diste,
yo lo conservo,
grabado en mi memoria
siempre estará.
Un recuerdo del alma te pi’o:
no me olvides, no te olvidaré, es así».
(Popular chilena)

Fruto de aquella primera fase de su investigación, Violeta tomó conciencia, a la vez, de que la cultura rural del pueblo chileno abarcaba mucho más que el puro folclore musical; era una cultura en la que se integraban –de forma globalizada– otras actividades y manifestaciones como la artesanía, la cerámica, la narrativa –en forma de leyendas o cuentos populares–, la danza, la cultura culinaria o, en general, el sentido de la "fiesta" (actividades a las que como analizaremos en próximos "cuelgues", Violeta dedicó también mucho tiempo y las integró en su gran proyecto cultural).

"Los conquistadores" (1964). Arpillera creada por Violeta Parra.

Junto a aquella primera fase, básicamente investigadora, Violeta emprendió también una importantísima labor creadora, de la que surgieron sus propias canciones, trabajo que su hijo Ángel describe con estas palabras: «Ella no quería que lo que estaba rescatado como folclore se entendiera como cosa de museo. El folclore, para ella, era parte de la cultura viva, actual, de un pueblo», y fue desde ahí desde donde descubrió «que toda la tradición formal del folclore, todas esas herramientas que se habían ido coleccionando a través de los años (la cuarteta, la décima, el chapecao, etc.) se podrían utilizar para cantar las realidades del presente, para cantarles al amor, a la vida política, a las situaciones sociales del mundo contemporáneo, etc. Yo creo que es ahí –sigue diciendo Ángeldonde se produce la transición fundamental, y Violeta queda como una gran folclorista, alguien que rescató la identidad nacional, y a la vez como la mujer contemporánea que utilizó esa tradición para cantarle a su tiempo histórico. Para cantarle a la vida, finalmente».

Es curiosa e interesante la forma en que la propia Violeta Parra, cuenta en sus "décimas autobiográficas", cómo surgió su actividad como compositora de nuevas canciones.


«Muda, triste y pensativa
ayer me dejó mi hermano
cuando me habló de un fulano
muy famoso en poesía.
Fue grande sorpresa mía
cuando me dijo: Violeta,
ya que conocís la treta
de la versá’ popular,
princípiame a relatar
tus penurias ”a lo pueta”.

Válgame Dios, Nicanor,
si tengo tanto trabajo,
que ando de arriba p’abajo
desentierrando folklor.
No sabís cuánto dolor,
miseria y padecimiento
me dan los versos qu’encuentro;
muy pobre está mi bolsillo
y tengo cuatro chiquillos
a quienes darl’ el sustento».

En ratitos que me quedan
entre campo y grabación,
agarro mi guitarrón,
o bien, mi cogot’e yegua.
Con ellos me siento en tregua
pa’ reposarme los nervios,
ya que este mundo soberbio
me ha destinado este oficio,
y, malhaya el beneficio,
como lo dice el proverbio. [...]

Pero pensándolo bien,
y haciendo juicio a mi hermano,
tomé la pluma en la mano
y fui llenando papel.
luego vine a comprender
que la escritura da calma
a los tormentos del alma».
("Décimas". Violeta Parra.)

viernes, 6 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA I - «COMO UNA ESTRELLA QUE JAMÁS SE APAGA».

Hoy inicio una nueva serie de "cuelgues" dedicados
a otra de «MIS GRANDES AMADAS CANTORAS DEL ALMA»,
se llama VIOLETA PARRA y es una de las felices culpables
de que lleve muchos años –y los que me queden– 
dando las GRACIAS A LA VIDA

Violeta Parra.

VIOLETA PARRA ha sido sin duda, una de las más grandes mujeres del siglo XX; mujer que supo afrontar la vida con coraje, con sensibilidad y, sobre todo, que ejerció, desde muy pequeña, sus irrenunciables derechos a la igualdad y a la libertad.

Mujer fuerte, rebelde, contestataria y luchadora, que, sin renunciar en ningún momento a la sensibilidad y a la ternura –que fueron, sin duda, unas de las manifestaciones más hermosas de su identidad y de su obra–, supo hacerle frente al machismo de su época y, más aún, a la hipocresía y a la injusticia de que eran culpables en aquel momento –tanto en Chile como en la mayoría de los pueblo latinoamericanos– los sectores sociales y políticos más conservadores y poderosos. Cualidad por la que Nicanor Parra, hermano mayor de Violeta, llegó a definirla, en su poema "Defensa de Violeta Parra", como "un corderillo disfrazado de lobo".

Creadora sin límites, Violeta vivió siempre inmersa en una nada fácil experiencia personal entretejida de luchas y de contradicciones. Navegó de la esperanza a la insatisfacción, del amor a la soledad, de su profunda sensibilidad religiosa a su desprecio hacia la burguesía –descaradamente hipócrita– que alardeaba de su catolicismo, y hacia la incoherencia de muchas de las instituciones eclesiales. Violeta transitó desde la tristeza y el dolor frente a la injusticia a su desbordante gratitud por el inmenso don de la vida.


Artesana y folklorista admirable, consiguió darle vuelo libertad y altura a la tradición y al canto popular que ella misma rescató de la entraña del pueblo chileno. Cantora "chilensis" –y a la vez universal– cuyo canto fue, y sigue siendo "como azadón que le abre surcos al vivir y a la justicia en su raiz".

« [...]. Y su conciencia dijo al fin:
"Cántale al hombre en su dolor,
en su miseria y su sudor
y en su motivo de existir".
Cuando del fondo de su ser
entendimiento así le habló,
un vino nuevo le endulzó
las amarguras de su hiel.
Hoy es su canto un azadón
que le abre surcos al vivir,
a la justicia en su raíz
y a los raudales de su voz.
luces brotaron de cantor».
(Violeta Parra. "Cantores que reflexionan")


Víctor Jara, al referirse a ella y a su obra, hizo la siguientes declaraciones publicadas en la revista "El Caiman Barbudo" –nº 54, marzo de 1972, Cuba–: «Su presencia es como una estrella que jamás se apaga. Violeta que desgraciadamente no vive para ver este fruto de su trabajo, nos marcó el camino, nosotros no hacemos más que continuarlo y darle, claro, la vivencia del proceso actual».

Un camino que, trascendiendo la propia realidad chilena, se convirtió, durante los años cincuenta y sesenta, en punto de referencia para un gran número de cantantes latinoameticanos y europeos; entre ellos en España, por ejemplo, Mikel Laboa –creador vasco–, que la admiraba profundamente a través de sus discos, comprados en Bayona o en Biarritz, o Carlos Cano, que siempre la reconoció como una de sus grandes maestras.

Es importante también recordar, en este momento, a la gran Mercedes Sosa recitando en Brasil –a corazón abierto– un fragmento de la "Defensa de Violeta Parra" escrita por Nicanor:


Violeta nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, pequeño pueblo, cercano a Chillán, situado en Bío-Bío, región centro sureña de Chile.

Su padre, Nicanor Parra, profesor rural, impartía clases de música en la escuela primaria; su madre, Clarisa Sandoval, era campesina, bordadora y una magnífica guitarrera a la que le entusiasmaba cantar. Violeta tuvo diez hermanos; ocho hijos de Nicanor y de Clarisa, y dos nacidos del primer matrimonio de su madre.

La propia Violeta al hablar de su pueblo y de su infancia decía: «Era un pueblecito situado por Chillán hacia el interior de la cordillera. Era un pueblo perdido en el campo a las faldas de las tierras altas; era un pueblo incomunicado con el resto de Chile; un solo camino real lo unía con Chillán y había media hora a caballo, yendo al galope tendido, y más de dos horas si se iba al paso. Mi padre no quería que los hijos cantáramos, y, cuando salía escondía la guitarra bajo llave. Yo descubrí la llave en el cajón de la máquina de coser de mi madre, donde la guardaba, y se la robé. Tenía siete años. Me había fijado cómo él hacía las posturas y aunque la guitarra era demasiado grande para mi y tenía que apoyarla en el suelo, comencé a cantar despacito las canciones que escuchaba a los grandes».

Años después, fue su propio padre quien le enseñó a tocar la guitarra, tanto a ella, como a sus hermanos.

Violeta Parra.

En 1927, con tan sólo diez años, Violeta tuvo que vivir un acontecimiento político que afectó profundamente  a su familia y, en particular a su padre; fue el golpe militar que se produjo en Chile dirigido por el coronel  Carlos Ibáñez; golpe que, con el pretexto de la llamada "despolitización del país", supuso una persecución masiva de obreros y empleados, en especial de profesores, que de la noche a la mañana, se vieron obligados a la cesantía, es decir a perder sus puestos de trabajo; entre ellos se encontraba Nicanor, padre de Violeta.

Acontecimiento y experiencia que, años más tarde, la propia Violeta Parra narró en su obra "Décimas. Autobiografía en versos chilenos".


«Por ese tiempo, el destino
se descargó sobre Chile:
cayeron miles y miles
por causa de un hombre indino.
Explica el zorro ladino
que busca la economía,
y siembra la cesantía,
según él lo considera,
manchando nuestra bandera
con sangre y alevosía.

Fue tanta la dictadura
que practicó este malvado,
que sufr’ el profesorado
la más feroz quebradura.
Hay multa por la basura,
multa si salen de noche,
multa por calma o por boche,
cambió de nombre a los pacos;
prenden a gordos y a flacos,
así no vayan en coche. [...]

Así creció la maleza
en casa del profesor;
por causa del dictador
entramos en la pobreza.
Juro por Santa Teresa
que lo que digo es verdad:
le quitan su actividad,
y en un rincón del baúl
brillando está el sobre azul
con el anuncio fatal.

Le dieron, por mucha cosa,
desahucio muy miserable,
si no le gusta, hay un sable
y un panteonero en la fosa.
Mi mama muy p, conesarosa,
malicia qu’este es el fin
y, ¡con tanto querubín
que dar alimentación!
Mejor tirarse al zanjón,
que d’hambre verlos morir».
("Décimas 26 y 27". Violeta Parra).

Efectivamente, ante la crisis económica que provocó la situación de paro forzoso vivido por Nicanor –que murió dos años mas tarde–, Clarisa, madre de Violeta, tuvo que empezar a trabajar duramente como costurera para poder alimentar a sus hijos.

Violeta Parra junto a su madre. (1959)

Por su parte Violeta, finalizada la enseñanza primaria, dejó de estudiar para ayudar a su madre en las tareas domesticas; y, en 1929, tras el fallecimiento de su padre, decidió crear un grupo musical junto con sus hermanos Lalo, Hilda y Roberto; grupo que se dedicó a recorrer los pueblos cercanos a Chillón,  cantando en las calles, en los mercados, en las plazas, en el tren o donde fuese necesario con el fin de obtener algunos ingresos que, en aquel momento, resultaban imprescindibles para poder mantener, con un mínimo de dignidad, la economía familiar.

Y ahí, con el recuerdo de aquel joven y ambulante cuarteto de los Parra concluyo este "cuelgue" que proseguirá –el próximo lunes– situando a Violeta, en 1932 –con quince años– y residiendo en Santiago.

jueves, 29 de agosto de 2013

MERCEDES SOSA V - «NO MIENTO SI TE DIGO QUE TE QUIERO».

Hoy concluyo la serie de "cuelgues" que he venido escribiendo sobre la gran cantora MERCEDES SOSA –mujer a la que admiraré siempre– evocando, y dedicándole –en primer lugar– el estribillo de unas de las canciones más bellas de Pablo Guerrero: «Mercedes, no miento si te digo que te quiero y que te quiero». Sentimiento que tuve la gran suerte de expresárselo personalmente en una tarde inolvidable, compartiendo un café junto a otra de mis "grandes amadas cantoras del alma"María Dolores Pradera.



Y sigo con su "viviografía". En diciembre de 2003 –después de la intensa escalada discográfica a la que hice referencia en el "cuelgue" anterior, Mercedes Sosa decidió unirse a Víctor Heredia y a León Gieco para montar un espectáculo al que llamaron "¡Argentina quiere cantar!". Su estreno fue en el teatro Ópera, de Buenos Aires, y dio origen a la grabación de un disco editado con ese mismo título.


De aquel disco os propongo escuchar la canción "Yo vengo a ofrecer mi corazón" de la que es autor Fito Páez.


Dos años más tarde, en 2005, Mercedes grabó un nuevo CD hacia el que siento especial cariño por la relación entrañable y agradecida que en él se establecía entre ella y el buen amigo Rafael Amor; relación expresada y simbolizada no solamente en la inclusión de la canción "Corazón libre", de Rafael, en el disco, sino incluso en el hecho de titularlo con ese mismo nombre. Por este disco Mercedes recibió un Premio Grammy Latino y el Premio Gardel en la Argentina.




Ya anteriormente, en 1989, Mercedes había interpretado y grabado  la canción "Corazón libre" acompañado a Rafael Amor en su disco también titulado así y contando con la extraordinaria colaboración de Alberto Cortez.

Seguidamente os sugiero escuchar las dos versiones de "Corazón libre"; en primer lugar la interpretada por Mercedes acompañada de Rafael, y, en segundo lugar –a través de un enlace de "goear"– la grabada en 1989 en la que también participó Alberto Cortez.



«Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia,
los únicos vencidos corazón, son los que no luchan.
No te entregues corazón, libre, no te entregues.

No los dejes corazón que maten la alegría,
remienda con un sueño corazón, tus alas malheridas.
No te entregues corazón, libre, no te entregues.

Y recuerda corazón, la infancia sin fronteras,
el tacto de la vida corazón, carne de primaveras,
No te entregues corazón, libre, no te entregues.

Se equivocan corazón, con frágiles cadenas,
más viento que raíces, corazón, destrózalas y vuela
No te entregues corazón libre, no te entregues.

No los oigas corazón, que sus voces no te aturdan,
serás cómplice y esclavo corazón, si es que los escuchas
No te entregues corazón, libre, no te entregues.

Adelante corazón, sin miedo a la derrota,
durar, no es estar vivo corazón, vivir es otra cosa.
No te entregues corazón, libre, no te entregues».

Finalmente, encontrándose ya enferma y con la salud muy quebradiza, Mercedes grabo un doble álbum –ultimo de su discografia en vivo– con el título de "Cantora" (2009); álbum en el que interpretó 34 canciones a dúo con destacados cantantes iberoamericanos como Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Luis Alberto Spinetta, Soledad Pastorutti, Julieta Venegas, León Gieco, Victor Heredia, Shakira, Pedro Aznar, Charly García, Joaquín Sabina, Vicentico, Jorge Drexler, Pedro Guerra, o Los Folkloristas, con los que cantó el "Himno Nacional Argentino".


Lamentablemente, el mismo año de la publicación de "Cantora", Mercedes falleció y tuvo que abandonarnos físicamente –aunque nunca en el corazón y en el recuerdo–. Fue a las 5:15 de la mañana (hora argentina) del 4 de octubre de 2009.

sábado, 24 de agosto de 2013

MERCEDES SOSA IV - UN PARÉNTESIS NECESARIO Y UNA "MUSICALMA SABATINA" IMPRESCINDIBLE.

Antes de continuar los "cuelgues" biográficos que he iniciado en el blog sobre MERCEDES SOSA, voy a hacer un paréntesis necesario para presentar un disco maravilloso y fundamental, publicado en el año 2011, con el título de "Mercedes Sosa 1976-1982. "Y seguí cantando". Canciones censuradas e inéditas». Disco que reconstruye una parte esencial de su carrera artística reuniendo, por primera vez, las canciones que le fueron censuradas de las ediciones nacionales de sus discos publicados durante la última dictadura militar argentina, junto a aquellas que solo integraron singles o EPs y no formaron parte de sus LPs originales.

La cubierta del disco es la siguiente:


Estas son las canciones que lo integran:
1. Te recuerdo Amanda (Víctor Jara) 
2. Adiós a Belgrano (Félix Luna - Ariel Ramírez) 
3. Canción de lejos (Armando Tejada Gómez - César Isella)
4. Corazón (Saúl Quiroga) 
5. Niño de mañana (Félix Luna - Graciela Yuste)
6. Duerme mi tripón (Otilio Galíndez)
7. La niñez (Chacho Muller)
8. O cio da terra o [Cio da terra] (Milton Nascimento - Chico Buarque)
9. San Vicente (Milton Nascimento - Fernando Brant)
10. Como la cigarra (María Elena Walsh) 
11. Como un pájaro libre (Adela Gleijer - Diana Reches) 
12. Canción de las simples cosas (Armando Tejada Gómez - César Isella)
13. Sueño con serpientes (Silvio Rodríguez)
14. Fuego en Anymaná (Armando Tejada Gómez - César Isella)
15. Gente humilde (Vinícius de Moraes - Garoto - Chico Buarque) 

Para presentar este disco, y, con él, una de las dimensiones biográficas menos conocidas de Mercedes, me voy a limitar a reproducir el texto que aparece en la carpeta del CD, escrito por Diego Fischerman, periodista y crítico musical nacido en Buenos Aires, en 1955.

«Mercedes Sosa –escribe Diego– fue, sin duda, la voz argentina. Durante más de cuatro décadas, ese sonido significó una síntesis. Allí estaban presentes no solo una manera de interpretar la tradición más reciente de la canción popular fundada en el folklore rural sino la historia inmediata. Sosa, además de cantar al país lo creó, a imagen y semejanza de su repertorio. Sus discos instalaban canciones en el imaginario popular pero, también, temas de discusión; señalaban caminos, artísticos y políticos. El ideal de "artista comprometido", que no solo era capaz de reflejar la realidad en su obra sino que con ella podía influir en la sociedad, pocas veces tuvo una encarnación tan clara como en el caso de Mercedes Sosa. Esa relación de cercanía, sin embargo, también la colocó en el lugar de blanco preferencial de la última dictadura militar argentina y de una concepción según la cual hasta los gustos y afinidades estéticas era  territorios de batalla. A la "conjura del marxismo internacional" se le debía combatir en todos los frentes y el de la cultura fue uno de ellos. Mercedes Sosa fue, entonces, una víctima emblemática de esa guerra ideológica. No sólo debió exiliarse y sus discos de esa época debieron ser grabados en otros países sino que las ediciones nacionales de esos registros sufrieron importantes alteraciones con respecto a cómo habían sido concebidos originalmente.

En particular, en dos de esos discos, "Serenata para la tierra de uno", de 1979, y "A quién doy", publicado en 1980, las ediciones argentinas no incluían una serie de temas que, lejos de ser descartes eran, más bien, parte del núcleo estético de esas obras. En el primero de esos álbumes fueron cercenados "O cio da terra", de Chico Buarque y Milton Nascimento (grabado y publicado en Brasil, en 1977, en un disco single junto a "San Vicente", de Milton Nascimento) y tres temas registrados, como el resto del LP, en 1979 y en México: "Como la cigarra", de Maria Elena Walsh, "Como un pájaro libre", de Glejer y Reches, y "Canción de las simples cosas", de Tejada Gómez e Isella, todos con arreglos de Nicolás  Brizuela y Roberto Prais. "Como un pájaro libre" volvería a ser grabado más adelante, con un arreglo levemente distinto (un solo de Brizuela en guitarra) aunque con diferencias interpretativas y esa nueva versión sería incluida en el disco de ese nombre, lanzado en 1983, También "Canción de las simples cosas" volvió a ser registrado, en este caso con el mismo arreglo pero también, con sustanciales diferencias en la interpretación, y la nueva grabación (realizada en Buenos Aires en lugar de México) fue parte de "A quién doy", de 1980.


"A quién doy", sin embargo, no corrió con una suerte mejor; de su edición argentina fueron omitidos los temas que pertenecían a autores prohibidos por la dictadura: "Sueño con serpientes", de Silvio Rodríguez; "Fuego de Anymaná", de Tejada Gómez e Isella; y "Gente humilde", de Chico Buarque, Garoto y Vinicius de Moraes.


Esta edición agrupa, por primera vez estas canciones censuradas y, además parte de las canciones que Mercedes Sosa editó en discos singles con dos temas (en Argentina reciben el nombre de "simples") o EPs, con cuatro canciones (conocidos localmente como "dobles"), que no formaron parte de sus LPs originales.

"Te recuerdo Amanda", de Víctor Jara, fue publicado en un single, en 1969, dedicado a autores chilenos y que incluía también "Gracias a la vida", de Violeta Parra, que luego fue parte de "Homenaje a Violeta Parra", de 1971. "Adios a Belgrado" de Féliz Luna y Ariel Ramírez, era parte de la banda de sonido de la película "El santo de la espada", de Leopoldo Torre Nilsson y había sido publicado en un single de 1970, junto a "Gringa chaqueña", también de Luna y Ramírez.


"Canción de lejos", de Isella y Tejada Gómez; y "Corazón", de Saúl Quiroga, fueron publicados en un single de 1974 mientras que "Niño de mañana", de Felix Luna y Graciela Yuste; "Duerme tripón", de Otilio Galíndez; y "La niñez", de Chacho Muller, formaban parte de un EPs de 1975 que se completaba con "Drume negrita", de Eliseo Grenet, posteriormente incluido en "Mercedes Sosa 76". "San Vicente" por su parte, se había publicado en el single brasileño de 1977, ya mencionado».

"SE PIERDE SI NO SE DA", NUEVO LIBRO Y NUEVAS CANCIONES DE "DANIEL MATA EN EL CALLEJÓN DEL GATO". PRÓLOGO.

Viendo y escuchando este nuevo libro/disco de “Daniel Mata en El Callejón del Gato”, al que ha titulado, sabia y oportunamente, “Se pierde ...