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jueves, 9 de julio de 2020

TESTIMONIOS MUSICALES: AUTE (Y 31)


Hace unos meses me propuse escribir una biografía, la biografía de un cantor, o la de un pintor, o la de un poeta…; ahora releo lo que he escrito y yo mismo me sorprendo; las fechas se me nublan y el tiempo no ha pasado, las anécdotas que pude escribir las he olvidado y solo me queda el armónico compás de unos latidos:

«Dónde está el hombre,
dónde la tierra,
dónde la vida,
dónde, dónde, dónde.»



Eduardo, cantor, pintor, poeta…, en ti queda el hombre, en ti, y siguiendo precisamente tus huellas, yo mismo lo he encontrado, el hombre gigante y poderoso abatido por sus dudas y engrandecido por sus pasiones; y el hombre pequeño y acobardado refugiado en sus pequeños instantes de ternura. Tú Luis Eduardo Aute has sido y eres ese hombre de carne y hueso que no muere, el que nace, sufre y vive –como diría Unamuno– dejándose desgarrar en el laberinto de sus propias contradicciones.



Eduardo, tuvo vida la tierra y naciste tú de ella, y yo mismo también, escribiendo de ti y bebiendo con sed de tus sentimientos, tan generosamente compartidos en tus lienzos y en tus canciones, he sabido encontrarla…. Yo lo he sabido y lo sabemos porque tú, con la misma tierra de la que se engendraron tus latidos, nos has hecho volver hacia ella. En ti la tierra se ha hecho carne: canto y pintura que prenden firmes en la «rocosa entraña de lo eterno».



Eduardo y en ti, tierra humanizada, he hallado también dónde está la vida; tú has sabido mostrármela con elocuencia rompiendo todas las puertas –como Lorca– y viendo por tus ojos «que la ley es un muro que se disuelve en la más pequeña gota de sangre»... Tú Eduardo que has sabido sacralizar la humana pasión hasta en las cloacas más infectar de exilio, nos has enseñado que la vida ea "rito", "sarcófago" y "espuma"; que la vida es "Albanta", "alma" y "latido"; que la vida es "fuga", "cuerpo a cuerpo" y "nudo"..., y por eso me acerco en esta noche, como un fatigado peregrino, al pórtico de tu "templo" y camino,,,, camino insaciable hacia el altar de tu poesía humanizada, donde bebo tu sangre y como tu cuerpo, practicando contigo "en un éxtasis de ángeles caídos", la comunicación total: He aquí el hombre, he aquí la tierra, he aquí la vida, algo que en realidad va mucho más allá que mis miles de palabras intentando escribir tu biografía,