Habíamos iniciado ya la década de los noventa y éramos muchos los que andábamos con los pensamientos y los sentimientos de acá para allá, intentando adivinar, de una vez por todas, qué estaba pasando en éste nuestro "viejo país ineficiente" –como llamó a España Gil de Biedma, en su poema "De vita beata"–... La desmoralización seguía extendiéndose, como si fuera un fantasma del desengaño que intentaba atraparnos, a todos, en su maraña gris de insatisfacción y del fracaso de la utopía democrática...; la tentación en aquel momento, al menos para mi, estaba precisamente en aquello que Gil de Biedma añadía a su poema: «En un pueblo junto al mar, poseer una casa y poca hacienda y memoria ninguna. No leer, no sufrir, no escribir, no pagar cuentas y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia».
Viviendo inmerso en esa situación, un buen día de aquellos, me llamó y vino a verme a casa un joven canario al que había conocido, pocos años atrás, como uno de los componentes del grupo Taller. Hablamos un buen rato de la música y de la canción, y recuerdo que, de entrada, me impresionaron su sinceridad y su entusiasmo; había decidido dejar las islas y venirse a Madrid para dedicarse a cantar y a seguir creando la música y los textos que le gustaban y en los que él creía –yo tentado de dejar de leer y de escribir "arruinada entre las ruinas de mi inteligencia», y él, ¡tan descaradamente joven!, creyendo en lo mismo que yo creía, pero plantándole cara a la vida de una forma descarada–. Aquella entrevista y su presencia –a él nunca se lo he comentado– actuó en mi interior como el salvavidas que andaba buscando; él vino a reencarnar en el presente, y en mi propia casa, toda mi memoria y, en ella, todo lo que fui y todo lo que llegué a creer a través de la música y de las canciones.
Me dejó una cinta, con algunas de sus canciones, y se marchó. Nada más cerrarse la puerta escuché aquella grabación; en todas y en cada una de sus creaciones fui encontrándome con algo que me sobrecogía y me hacía cada vez más atrayente la figura de aquel muchacho: PEDRO GUERRA, con una tremenda fidelidad a la tradición –asumiendo poética y musicalmente toda la herencia ética, estética y cultural en la que había crecido–, respiraba frescura y aire limpio; en todas sus canciones se desvelaban un sentido profundo y, a la vez, directo de la realidad; un tono íntimamente esperanzador, y una ternura suave y envolvente.
Me hablaba de palotes y de polos de limón, de adoquines de tiza y del creyón, de un sol de plastilina y de las gafas de Lennon... –«tengo en un baúl, me decía, dos mil recuerdos que quedaron de aquel tiempo donde guardo la ilusión»–... La ilusión, palabra mágica que, en aquel momento, las circunstancias políticas y sociales estaban sometiendo a un "tercer grado" de impotencia... De repente, el buen Pedro va y me canta: «No es bueno quedarse colgados de un sueño, habrá que empujarlo llegado el momento»...
Aquellas mismas canciones se las volví a escuchar pocos meses después, ya en directo, en Libertad 8 –buen nombre para uno de los cafés madrileños donde están naciéndole a este país nuestro una canción y unos planteamientos culturales alternativos–; allí estaba él, con su guitarra, con su voz, con su tímida sencillez y «empujando su sueño»; empujando, en realidad, todos nuestros sueños...; ¡de ruinas nada!... PEDRO GUERRA se estaba encargando de reconstruir sobre los cimientos de sólidas y ancestrales esperanzas, una nueva forma de cantarles a la ilusión y a la vida.
Después, caminando por la vereda de lo auténtico, con esa hermosa sencillez que le caracteriza, y a la que sé que no va a estar dispuesto a renunciar, Pedro se ha convertido felizmente en uno de nuestros músicos y poetas populares más queridos, más admirados y más escuchados... Pedro, a corazón abierto, le está abriendo caminos nuevos a nuestro futuro.
Hoy nos ha asaltado la triste noticia de la muerte, en Ciudad de México, del poeta argentino JUAN GELMAN; y, de repente, he sentido la necesidad de dedicarle este "cuelgue" haciendo una referencia explícita a algunos de sus poemas que fueron musicalizados y cantados. No podía ser de otra forma aquí donde CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA y donde LA PALABRA SE HACE MÚSICA.
Juan Gelman.
En principio pensaba limitarme a rendirle mi homenaje recuperando y compartiendo algunas de esas canciones creadas sobre sus textos, pero el caso es que no puedo evitar, ni reprimir, la necesidad de formular dos reflexiones que me han surgido con motivo de la noticia de su muerte.
La primera de esas reflexiones está teñida de "indignación". Una indignación que se repetía hace unos días con motivo de la muerte de GERMÁN COPPINI. Es curioso, cuando un "gran ser humano se muere" todo el mundo se apunta a su entierro y... "BLA, BLA, BLA"... "¡QUE BUENO ERA!"... ¡ERA GENIAL! ¡CUANTO LE ADMIRABA!... Palabrería habitualmente bastante hipócrita y olvidadiza.
Cuando después de la muerte de German leía los largos artículos que aparecieron en los diarios importantes de este país, más que indignación sentí vergüenza, porque sé perfectamente que los firmantes de algunos de esos artículos –poderosos en esos medios informativos– no le hicieron "ni puto caso" en la última etapa de su vida en la que Germán decidió comprometerse políticamente musicalizando y cantando a Miguel Hernández –por ejemplo–; cantando por la "liberación de los cinco presos cubanos" en los Estados Unidos; o grabando su disco "América Herida" dedicado a sus verdaderos grandes ídolos Víctor Jara, Violeta Parra, Viglietti, Carlos Puebla, Malvina Reynolds o Atahualpa Yupanqui.Os puedo asegurar, porque lo viví junto a Germán, que ni le cogían el teléfono, ni respondían a sus llamadas.
Hoy con la muerte de Juan Gelman, ha ocurrido algo que es muy diferente, pero que está relacionado en cierto sentido con lo anterior: Salta la noticia y aparece un titular en el que se nos informa de que antes de morir Gelman le entregó a Sabina su último poema –cosa que me parece muy bien ¡estupenda!–; pero, a la vez, por mucho que lo he buscado en internet, no he encontrado, no un titular, sino ninguna nota de prensa diciendo, por ejemplo, que, en 1988 y 1989 –cuando poco o nada se hablaba del poeta argentino entre nosotros–, el grupo canario TALLER –integrado por Pedro Guerra, Rogelio Botanz y Andrés Molina– cantó a Gelman –; o que a principios de los años setenta le musicalizaron y le cantaron magistralmente en París los componentes del CUARTETO CEDRÓN con la colaboración de PACO IBÁÑEZ. (Evidentemente eso está olvidado y no es noticia. Es algo relacionado con el "mundillo" marginal de la "cantautoría").
Disco "Identidad" (1988) del grupo Taller Canario en
el que aparece grabada la canción "Poderes" compuesta sobre
un poema de Juan Gelman.
Disco "Cantata: Le Chant de coq" del Cuarteto Cedrón.
Cantata basada en textos musicalizados de Juan Gelman.
La segunda reflexión que me he hecho esta mañana, relacionada con la anterior, es que no estoy equivocado –ni debo rendirme– respecto a la necesidad de crear un CENTRO DE DOCUMENTACIÓN SOBRE LA CANCIÓN DE AUTOR para que no queden en el olvido iniciativas y creaciones –por ejemplo– como las del grupo TALLER o el CUARTETO CEDRÓN sobre la obra de Juan Gelman. Iniciativas y creaciones que deben ser protegidas y conservadas como una memoria viva y hermosa a la que siempre pueda acudirse, y de la que siempre se pueda gozar y disfrutar.
Y eso es, precisamente, lo que hoy voy a hacer, rescatar de mi archivo personal algunas de esas canciones para compartirlas con todas las personas que puedan estar interesadas en escucharlas. Me limito a "colgarlas" y a rendirle, a través de ellas, mi sencillo homenaje al gran poeta que se nos fue.
Empiezo con el grupo canario TALLER y con dos de sus canciones. La primera pertenece a su disco "Identidad" (1988) y se titula "Poderes" (letra inspirada en un poema de Juan Gelman y música de Pedro Guerra). Podemos escucharla en el siguiente enlace:
La segunda canción que os invito a escuchar es también del grupo TALLER, se titula "Proposiciones" (letra inspirada en un poema de Juan Gelman y música Pedro Guerra) y fue grabada en el disco "A por todas" (1989).
«Yo digo: mejor no llorar
mejor hacer otro mundo»
Juan Gelman
«Por qué camino se fue
la mujer de trabajo y palabra
por qué grieta hacia nada y oscuro
hacia hueco sin luz.
Por qué camino se fue
esa obrera tan siempre constante
quien dejó tan sin voz su silencio
su sin tregua canción.
No llorar mejor,
yo digo: no llorar
mejor hacer otro mundo mejor
y que se quede
que ya se quede.
Por qué camino se fue
la mujer de trabajo y palabra
por los días de tan desespero
sin trabajo y no ser.
Por qué camino se fue
esa obrera tan siempre constante
quien dejó tan sin voz su silencio
su sin tregua canción».
Del disco "Le chant du coq" ("Cantata del gallo cantor"), cantata escrita por Juan Gelman, que, a principios de los años setenta, fue musicalizada y cantada por el CUARTETO CEDRÓN, con la colaboración de PACO IBÁÑEZ, quiero compartir con todos vosotros y vosotras el tema titulado "Cambios"
Es un texto largo, intenso y amargo en el que se recupera para la memoria, contra el olvido, lo que fue el dolor, el miedo, la injusticia, el desgarro interior, y, también, la lucha y la esperanza de un "pueblo herido", en este caso, el pueblo argentino, víctima de la crueldad que a lo largo de la historia siempre generan las dictaduras de cualquier signo, y, en particular, la dictaduras militares.
«No olviden lo orgullosos
que cuando a la tumba vayan
allí lo mismo se rayan
humildes y poderosos"
pero nosotros no solamente queremos la igualdad en la muerte
también queremos la igualdad en la vida
queremos la justicia en vida
¿por qué estaba triste ese peón de ferrocarril en la mañana apoyado contra la verja de la estación?
¿por qué se le perdía la mirada sin ver a nadie de los que pasaban junto a él?
¿por qué estaba triste ese hombre?
¿por qué hay tantos hombres y tantas mujeres tristes en el país?
¿por qué a cierta hora del día parece que un oleaje de tristeza fuera a arrasar la ciudad?
¿por qué tanta gente sale por sus ojos así o saca por sus ojos tristeza?
¿por qué esa tristeza golpea de noche las ventanas?
estas reflexiones suben en mí
metido en la litera alta de la celda 4 en el pabellón de castigo de la cárcel Villa Devoto
Eugenio abajo oye su radio a transistores
un rayo de sol pasea lento por la celda
¿por qué se pasea ese rayo de sol por acá?
Eugenio quedó encorvado por las torturas pero no sacaron una sola palabra de él
Eugenio es un obrero tierno delicado
no le sacaron una sola palabra
la mujer de Eugenio a veces llora sin saber por qué
interminablemente sin saber por qué llora y deja la casa una semana o dos
lo deja a Eugenio una semana o dos
un rayo de sol pasea por la celda ahora
¿y yo? ¿por qué estoy oyendo crepitar la tristeza de Eugenio
si sé que hay pocos tan puros como él?
¿entonces su pureza no lo defiende del dolor?
¿a veces se le pierde la mirada sin ver a nadie de los que pasan junto a él entonces?
en las celdas de enfrente del pabellón de castigo
los comunes no tienen litera ni colchón
a medianoche les dan un colchón para dormir
tienen que ir a buscarlo desnudos
los guardiacárceles obligan a los comunes desnudos a correr
tirarse al suelo arrastrarse para buscar el colchón
el invierno no puede calentar las baldosas heladas del pabellón de castigo
Eugenio se encorva más todavía cuando el jadeo de los comunes choca contra la puerta de la celda 4
¿esos ruidos tapan las crepitaciones de la tristeza de Eugenio?
¿Eugenio crepita de furor ahora?
¿la tristeza se le congela en pajaritos que arden de furor?
¿en furor va a dar la tristeza de los pobres del mundo?
¿la tristeza de ese peón de ferrocarril dará en furor?
¿un oleaje de furor arrasará la ciudad?
¿arrasará las literas del pabellón de castigo y los comunes y nosotros?
nosotros no solamente queremos la igualdad en la muerte
En estos días, felizmente, PEDRO GUERRA acaba de publicar su nuevos triple CD titulado "30 AÑOS"; disco en el que se cumple el 30 aniversario de su dedicación a la música y a la canción. Un disco con 54 temas en el que han colaborado, acompañándole, las voces de Bumbury, Ana Belén, Lenine, Javier Álvarez, Luis Eduardo Aute, Andrés Suárez, Javier Ruibal, Silvio Rodríguez, Pedro Aznar, Chico César, Estrella Morente, Josemi Carmona, Andrés Molina, Rogelio Botanz y el poeta Ángel Álvarez.
Con motivo de la grabación y edición de este extraordinario disco de aniversario –que celebro, y que creo que somos muchos los que lo celebramos– Pedro me solicitó que le acompañara con un breve texto referido a su trabajo y a su obra. Para mí recibir esa invitación fue un motivo de gozo y un honor por el que me siento muy agradecido.
Durante un tiempo he guardado el texto que escribí a la espera de la edición del disco. Aprovechando que el propio Pedro ya ha hecho público en internet su nueva "criatura", me apetece reproducir –aquí donde CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA– aquel texto que redacté con un inmenso cariño, pero, sobre todo, destacando la gran importancia que tuvieron para la "canción de autor", y para la "música popular", en general, sus primeras canciones y su primer disco titulado "GOLOSINAS"; disco que, insisto, marcó, de alguna forma, un antes y un después, de la "canción de autor" en España.
Este es el texto;
«1993… No eran demasiado “buenos tiempos” para la “canción de autor”… Había quien achacaba aquella situación a los “enterradores” que querían silenciarla por lo incómoda que podía llegar a resultar su existencia; otros culpabilizaban a la “industria discográfica” que ya no apostaba por ella…; yo, por mi parte, en aquel momento, pensaba que la “canción de autor” estaba de alguna manera estancada –como buscándose a si misma, para reencontrar su propia identidad– y que en esa situación necesitaba “un respiro”.
Fue aquel año, y en aquellas circunstancias, cuando Pedro Guerra decidió trasladarse de Tenerife a Madrid con un puñado de canciones en el alma y con la inmensa ilusión de iniciar su nueva andadura musical en solitario. Recuerdo perfectamente el día que me dio un casete con aquellas primeras canciones y el momento en que me senté tranquilamente a escucharlas y a reescucharlas –no recuerdo cuántas veces lo hice–. Fue un momento inolvidable; del más puro disfrute y de una intensa esperanza…
Aquel muchacho canario –creo que no demasiado consciente de ello– venía a aportarle a la “canción de autor” el aire fresco y el “respiro” que estaba necesitando… Y así fue: su “Golosinas” –poco tiempo después– se echó a volar…; consiguió –de alguna forma– darle un aire limpio y renovado a la canción popular…; y Pedro se convirtió en un cantor de referencia para muchos de los “jóvenes cantautores” que le sucedieron –y yo diría que también para algunos de los que en aquel momento estaban “estancados”–.
Y así fue como aquellas primeras canciones de Pedro, y él mismo –con su humildad y con su grandeza– marcaron, sin duda, un hito fundamental y esperanzador en la historia de nuestra música popular. Él supo alumbrar –con su propio alumbramiento musical y poético– el futuro de la “canción de autor”.
Yo, personalmente, admiro mucho a Pedro Guerra, sobre todo porque en un momento determinado de su vida modeló un sueño; decidió “empujarlo” con ilusión y con mucho esfuerzo; y ahí sigue, y aquí le tenemos: “cantando –y cantándolo muy bien– como quien respira”». (Fernando González Lucini).
Junto con mis palabras, hubo otras, de entrañables amigos y compañeros, que también se unieron a la celebración de este 30 cumpleaños: Daniel Rabinovich (Les Luthiers), Iñaki Gabilondo, Andreu Buenafuente, Enrique Vila-Matas, Carlos García Gual, Juan Diego Botto, Ismael Serrano, Benjamín Prado, Juan Luis Arsuaga, Juan Cruz Ruiz, Lluís Llach, Soledad Gallego-Díaz, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel. Palabras todas ellas justas, cariñosas y agradecidas que pueden encontrarse –junto con una información más detallada del disco– en el siguiente enlace:
Concluyo felicitando a PEDRO GUERRA por el 30 aniversario de su dedicación a la música, por su nuevo y extraordinario recopilatorio y, en general, por su presencia incuestionablemente necesaria en el pasado, en el presente y estoy convencido de que también en el futuro de la historia de nuestra música y de nuestra canción contemporáneas.
Retomo esta sección del blog en la que voy a ir haciendo un recorrido por las canciones que nuestros "cantautores" han creado y han dedicado a personajes importantes y/o entrañables con los que han mantenido algún tipo de relación de amistad, de cariño, o, simplemente, de admiración. Hoy vamos a recordar la canción titulada "Novembre" ("Noviembre") que LLUÍS LLACH escribió y dedicó a PEDRO GUERRA.
En 1997, PEDRO GUERRA ofreció un concierto en el Palau de la Música, de Barcelona, en el que le acompañó LLUÍS LLACH. En aquel concierto Pedro y Lluís interpretaron juntos dos canciones: "Que tinguem sort" ("Que tengas suerte"), de Llach; y "Siete puertas", canción que Pedro había grabado en su disco titulado "Tan cerca de mi" (1997).
En el siguiente vídeo podemos ver, escuchar y disfrutar de ambos, interpretando juntos la canción "Siete puertas"; Pedro Guerra la canta en castellano y Lluís en catalán. Este vídeo corresponde al programa "El 7º de Caballería" que Miguel Bosé grabó para Televisión Española.
«Mi casa está en el mar con siete puertas,
yo ya no vivo allí pero me esperan
el viejo que no entiende mis canciones,
la plaza, los fantasmas, los rincones,
el tiempo de llorar, las ganas de cantar
y un niño que se llena de razones.
La meva casa al mar obre set portes,
no visc allà fa temps però m'hi esperen
els estris de pescar, la bici antiga,
voler i no saber com poder dir-te,
la mare i la llar, els peus, el trull d'atzars,
i un lloc on poder escriure't.
(Mi casa está en el mar con siete puertas
yo ya no vivo allí pero me esperan
el cubo de pescar, la bici antigua,
querer y no saber cómo decirte,
la madre y el hogar, los pies en el lagar
la lluvia y un lugar donde escribirte).
Mi casa está en el mar con siete puertas,
yo ya no vivo allí pero me esperan
la calle, el futbolín, las emociones,
la línea que divide las naciones,
los días de taller, mujer que no tendré
y el barro que manchó mis pantalones.
La meva casa al mar obre set portes
no visc allà fa temps però m'hi esperen
(Mi casa está en el mar con siete puertas,
yo ya no vivo allí pero me esperan)
la estrecha inmensidad de las ciudades,
la marca que nos dejan las verdades,
la fe de transformar la casa i un demà,
(la fe de transformar, mi casa y mi lugar)
el vino que alegró mis amistades».
(“Siete puertas”. Pedro Guerra).
Al año siguiente, 1998, Lluís Llach, en su disco "Nou", recordando su encuentro con Pedro Guerra y manifiestándole su admiración y su amistad, le escribió y dedicó la siguiente canción titulada "Novembre" ("Noviembre"):
«Porque era noviembre
y un día de gracia
viniste a aprender y acabaste enseñándome,
Delgado como un hilo cosiste el Atlántico y mi pequeño Mar,
porque era noviembre...
Aquella noche tú oficiabas de viejo sacerdote
tejiendo y destejiendo palabras entre tus acordes,
tú eras luz, eras miedo, eras paz y oscuridad,
ahora dulce o bien amargo, ahora un frágil diamante.
Luego fui junto a ti
y percibimos en un momento
que compartíamos un tesoro.
Es tan sencillo unir las voces
cuando el mismo latido conmueve
ritmos y fibras de canciones...
Porque era noviembre...
Porque la guitarra...
Porque hay que entender cuando se está en el centro de un milagro
Porque el tiempo no ha alejado las voces dejamos al viento un canto de futuro
Porque era noviembre...
Sólo los ojos te brillan más que los dientes
y cantas muy adentro pues así vuelas más alto,
tienes el fuego, dices el verso, eres un tierno perverso,
viento y lluvia, amargor, ardiente piel del amante,
yo te dejaré, estoy de paso,
pero me hace tan feliz verte aquí
llenando el espacio con tus canciones...
Miraré hacia atrás cuando esté lejos
rogando a los dioses que ningún escollo
detenga el rumbo de tu corazón...
¡Porque era noviembre!».
(“Noviembre”. Lluís Lach).
«Perquè era novembre. / Un dia de gràcia. / Vingueres a aprendre i al final vas ensenyar-me, / Prim com un fil cosires l'Atlàntic amb el meu Mar petit, / Perquè era novembre... / Aquella nit tu eres el gran sacerdot / fent i desfent paraules amb els teus acords / tu eres llum, eres por, eres pau i foscor / ara dolç o amargant, ara fràgil diamant. / Després vaig venir vora teu, / vàrem percebre en un moment / que compartíem un tresor. / És tan senzill ajuntar les veus / quan un mateix batec commou / ritmes i fibres de cançons... / Perquè era novembre... / Perquè la guitarra... / Perquè cal entendre quan s'està enmig d'un miracle / Perquè el temps no ha allunyat les nostres veus podem cantar junts / Perquè era novembre... / només els ulls et brillen més que les dents / i cantes molt endins perquè així voles més lluny / tens el foc, dius el vers, ets un tendre pervers / vent i pluja, amargant, pell ardent de l'amant. / Jo et deixaré, faig un camí, / però em fa feliç veure't aquí... / omplint l'espai amb les cançons... / Giraré el cap quan sigui lluny / pregant als déus que cap escul /deturi el rumb que du el teu cor... / Perquè era novembre!». (“Novembre”. Lluís Llach).
Lo decía en la introducción y es una de las convicciones que, con el paso de los años, sigue siendo para mi incuestionable: Los latidos más hondos de nuestra historia reciente se entretejieron al ritmo de canciones y al compás de palabras y de músicas del alma; latidos de canciones "al alba" sobrevolando los ríos de "Albanta"; latidos "a la luz de los cantares" en "campos de amores" –"brasa viva" en "áspera meseta"–; latidos de valientes y apasionados "gallos rojos" cantores y de imprudentes "palomas de la paz" a "contratiempo" –"galopar" de "proverbios y cantares", a la "flor del viento"–; latidos de esperadas lluvias "a cántaros" entre "amapolas y espigas" –"aguas de abril", "flores de jara" y la "rosa azul de Alejandría"–; "baladas de otoño", "conversando con la noche y con el viento" –"cantares", "pequeñas cosas, "palabras de amor" y un "pueblo blanco"–; latidos de "barredores de tristezas", de "unicornios azules" y "reparadores de sueños" –"claros sentimientos" en "cuerpos de ola"–; latidos sabios del viejo "Siset", "canciones de amor a la libertad" y "campanadas a muerte" –"¡no empobrezcas los sueños!"–; "tonadas de siega", "danzas de la primavera", "estrofas al viento" y "la primera nota de una marcha"; latidos como "una fuente que mana", "a toda vela", "poco a poco", "una tarde cualquiera" –"cantares de tierra adentro", una "petenera de la mar" y una "rosa de fuego"–; latidos de "una vida llena desde una vida vacía" en "interminables noches de impotencia"; y "toda la añoranza del mañana"–"¿quién me ha robado el mes de abril?"–; latidos "navegando la noche" "de la mano del aire"..., y "mientras llega la hora", "el corazón tendido al sol": "siempre hay tiempo para la ternura" y "tenemos mil razones para soñar despiertos"». (1)
Todos estos latidos son realidades que viven en nuestra memoria colectiva aunque en el tiempo, duramente acumulado, alguien pretenda olvidarlas.
«El tiempo, duramente acumulado,
olvido hacia el cantor, no lo aniquila;
siempre joven su voz, late y oscila,
al mundo de los hombres va cantando».
(Luis Cernuda).
«¿Quién dice que se olvida? No hay olvido», y si en el tiempo alguien intentara o lograra robarnos la memoria, nuestro deber sería recuperarla, no para alimentar nostalgias, sino para seguir avanzando; recuperarla, como dice Antonio Gala, porque «si no se avanza recordando, se tropieza; y ningún proyecto se puede construir desde el olvido».
Con esa intención me propongo, seguidamente, hacer una evocación y un recorrido sobre esa especie de hermanamiento fértil y liberador entre nuestra historia y nuestra canción; y hacerlo, como también he declarado desde el principio, en especial para las nuevas generaciones en un tiempo como en el que les ha tocado crecer, y en el que, como nos canta Serrat, «se echó al monte la utopía perseguida por lebreles que se criaron a sus rodillas».
Quiero hacer, por tanto, esta evocación y este recorrido histórico –que en el fondo no pretende ser otra cosa más que una apasionada proclamación de la esperanza– en particular para aquellos muchachos y muchachas a los que el joven poeta-cantor Pedro Guerra dedica una de sus canciones:
«A los catorce compró aquel morral con la foto del Che
y fue aprendiendo que la libertad es un bien por hacer.
El Che murió transparente y total como un rayo de luz
y la esperanza llenó su morral con canciones del sur.
Hay un muchacho que mira hacia atrás y recuerda que fue
con su papel a ejercer el derecho que tiene a creer
y ese muchacho ahora piensa que al fin lo que fue se acabó,
la transparencia no fue en el país donde el chico creció.
Y tiene mi edad y el color de mi voz,
tan cerca de mí que podría ser yo.
Aquel muchacho creció sin saber que en su estrecho país
no se podía cantar, pero alguno cantó porque sí.
Porque la vida es un bien que no debe causarnos dolor,
un bien de todas y todos los sexos y tribus del sol.
Y se pregunta si ya no es posible encontrar la verdad,
si en la impureza perdimos el rastro de la honestidad,
la transparencia, las buenas ideas que un día pensó
eran la causa de todo discurso y de toda canción.
Y tiene mi edad y el color de mi voz,
tan cerca de mí que podría ser yo».
("Un muchacho de mi edad").
Pero, ¿cómo hacerlo?; ¿cómo podría presentar esta crónica cantada de los silencios rotos? No quisiera que esta historia fuese percibida como una "batallita" más de las que nos cuenta el abuelo –aunque ¡cuanta falta nos harían abuelos, sabios como aquel viejo Siset del que nos hablaba Lluís Llach en su canción "L'estaca"!–; y pensando en esto, de repente, me viene a la memoria una bellísima canción de Jaume Sisa, aquella en la que, en una noche clara y tranquila de 1975, se decide a abrir de par en par la puerta de su casa para celebrar una fiesta a la que invita, y en la que participan, todos los más entrañables y fascinantes personajes del mundo de la ilusión y de la fantasía: desde Blancanieves hasta el mismísimo Guillermo Tell. Una fantástica fiesta en la que se promete que no va a contar ni el tiempo, ni el espacio, y a la que todos quedamos invitados. Jaume nos recibe a la puerta: «¡Bienvenidos! Pasad, pasad. Aquí hay sitio para todos»; y así, en la alegría por el gozoso encuentro, la casa se va llenando de colores y de perfumes. De repente el descorchar sonoro de un botella de cava nos hace imaginar un brindis que anuncia y proclama una de las propuestas más lúcidas y más simbólicamente esperanzadoras que jamás he escuchado: «De la tristeza haremos humo porque cualquier noche puede salir el sol».
«Fa una nit clara i tranquil·la, hi ha una lluna que fa llum.
Els convidats van arribant i van omplint tota la casa
de color i de perfums.
Heus ací a Blancaneus, en Pulgarcito, als tres porquets,
al gos Snoopy i el seu secretari l’Emili i en Simbad,
l’Ali Babà i Gulliver.
Oh! Benvinguts, passeu, passeu, de les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra, si és que hi ha casa d’algú.
Hola Jaimito! Donya Urraca! En Carpanta i Barba-azul,
Frankestein i l’home llop, el compte Dràcula i Tarzan,
la mona Xita i Peter Pan.
La senyoreta Marieta de l’ull viu ve amb un soldat.
Els Reis d’Orient, Papà Noël, el Pato Donald i Pascual.
La Pepa maca i Superman.
Bona nit senyor King Kong, senyor Astèrix i Taxi Key,
Roberto Alcázar i Pedrín, l’Home del sac i en Patufet,
senyor Charlot i Obèlix.
En Pinotxo ve amb la Monyos, agafada de bracet,
hi ha la dona que ven globus, la família Ulises
i el capitán Trueno amb patinet.
A les dotze han arribat la fada bona i Ventafocs
en Tom i Jerry, la Bruixa Calitxa, Bambi i Mobby Dick,
i l’emperadriu Sissí.
Mortadelo i Filemó i Guillem Brown i Guillem Tell
la caputxeta vermelleta el llop ferotge,
el caganer, Cocoliso i Popeie.
Oh! Benvinguts, passeu, passeu. Ara ja no hi falta ningú,
o potser sí, ja me n'adono que tan sols hi faltes tu...
També pots venir si vols. T'esperem, hi ha lloc per tots.
El temps no compta ni l'espai...
Qualsevol nit pot sortir el sol».
«Hace una noche clara y tranquila, está la Luna que ilumina. / Los invitados van llegando y van llenando toda la casa / de colores y de perfumes. / He aquí a Blancanieves, a Pulgarcito, los Tres Cerditos, / el perro Snoopy, y su secretario Emilio, / y Simbad, / Ali Babá y Gulliver. / ¡Oh, bienvenidos, pasad, pasad! / de las tristezas haremos humo. / Mi casa es vuestra casa / si es que hay ... casa de alguien. / Hola Jaimito y doña Urraca, y Carpanta y Barba Azul, / y Frankenstein y el Hombre Lobo, y el conde Drácula y Tarzán, / la mona Chita y Peter Pan. / La señorita Marieta del ojo vivo viene con un soldado, / los Reyes de Oriente, Papá Noel, el pato Donald y Pascual, / la Pepa Maca y Superman. / Buenas noches señor King Kong, / señor Asterix y Taxi Key, Roberto Alcázar y Pedrín, / el Hombre del Saco y Patufet, / señor Charlot, señor Obélix. / Pinocho viene con la Moños agarrada del brazo, / está la mujer que vende globos, / la familia Ulises, / y el Capitán Trueno con patinete. / Y a las doce han llegado el Hada Buena y Cenicienta, / Tom y Jerry, la Bruja Calixta, Bambi y Moby Dick, / y la Emperatriz Sissi. / Y Mortadelo y Filemón, y Guillermo Brown, y Guillermo Tell, / Caperucita Roja, el Lobo Feroz y el ‘Caganer’, / Cocoliso y Popeye. / ¡Oh, bienvenidos, pasad, pasad! /Ahora ya no falta nadie, o quizás sí... / ya me doy cuenta que tan sólo ... faltas tú. / También puedes venir si quieres, / te esparamos, hay sitio para todos. / El tiempo no cuenta, ni el espacio. /Cualquier noche puede salir el sol».
Esta canción, tantas veces escuchada y disfrutada, me viene a proporcionar ahora las claves, tanto respecto a la forma en que me gustaría que fuesen leídas y sentidas las páginas siguientes como a lo que en ellas quisiera ser capaz de expresar como síntesis:
Presentación del libro "Crónica cantada de los silencios rotos"
en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (26 de febrero de 1998).
De izquierda a derecha: Marina Rossell, César Antonio Molina, Fernando G. Lucini. Luis Pastor y Víctor Freixanes.
Al fondo varios cuadros de la exposición "Arte y cancion".
«¡Bienvenidos! Pasad, pasad. Aquí hay sitio para todos los que sean capaces de aventurarse a la lectura con la transparencia y la honestidad de la ilusión limpia; aquí es posible el encuentro de todos aquellos que procuramos vivir saltando por encima de las barreras y de los lindes tramposos que a veces nos tiende el tiempo y el espacio. Esta es la crónica de un tiempo y de un país tal y como fueron capaces de cantarla –y hoy lo siguen haciendo– hombres y mujeres que supieron, con su canto, hacer de la tristeza humo; hombres y mujeres que fueron –y aun somos muchos los que lo seguimos siendo– esclavos de la esperanza; hombres y mujeres que quisieron –y aún somos muchos los que lo seguimos queriendo– "lo imposible para llegar a lo posible y, a la vez, lo posible para llegar a lo imposible" (Lluís Llach); hombres y mujeres que creemos que "cualquier noche puede salir el sol". Ese es nuestro rabioso derecho y, más aún, nuestro deber».
Y para iniciar esta crónica, me voy a permitir sustituir el sonoro descorchar de una botella de cava, por la sonoridad honda de una "toná" en la voz firme y profunda de Pepe Menese, en el verbo sabio y sensible de Francisco Moreno Galván y en la música de las guitarras de Enrique de Melchor y Manolo Brenes. (Como dice Manuel Tuñón de Lara, «Hay canciones y hay podemas que valen por miles de libros»; para mí, esta es una de ellas.)
«España Plaza Mayor
de tus pueblos y regiones
brotan por tus cuatro esquinas
la esperanza a surtidores».
("España Plaza Mayor". LP: "Andalucía 40 años").
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(1) Todos los latidos expresados en el primer párrafo de este "cuelgue", representan una pequeña muestra de nuestros cantares; cada uno de ellos está extraído del nombre o del contenido de algunas de las canciones que durante estos últimos años nos han acompañado. Son latidos de Luis Eduardo Aute, Carlos Cano, Elisa Serna, Paco Ibáñez, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Javier Ruibal, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Hilario Camacho, Lluís Llach, Maria del Mar Bonet, Bibiano, Pi de la Serra, José Antonio Labordeta, Marina Rossell, Ovidi Montllor, Joaquín Sabina, Amancio Prada, Víctor Manuel, Ana Belén y Mikel Laboa.
Miguel Minaya presentando el que yo llamaría "MOMENTO TARTA"-
(Fotografía de Juan Miguel Morales).
Finalizada la actuación de Javier Krahe, se inició el que podríamos llamar "momento tarta".
Los presentadores de la fiesta-concierto –Isabel Baeza y Miguel Minaya– aparecieron en el escenario con una tarta, sobre la que lucía una vela con el número 2. Anunciaron una sorpresa, e inmediatamente reclamaron la presencia de JUAN GIMENO –rector de la UNED– y la de "un servidor" padre de este blog que está a punto de cumplir su segundo aniversario... Y esto fue lo que pasó:
Isabel Baeza, Miguel Minaya, Juan Gimeno y Fernando G. Lucini.
(Fotografías de Juan Miguel Morales).
Apagado de vela, abrazos, agradecimientos y sigue la fiesta... Y la fiesta continuó correspondiéndome presentar a un amigo al que quiero mucho y que en una noche, tan especial para mí, no podía faltar. Me refiero a PEDRO GUERRA.
Pedro Guerra.
(Fotografías de Juan Manuel Morales).
Tras disfrutar de Pedro interpretando su canción "Mar de Mármara", salió al escenario MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ, cantautora aragonesa que acaba de publicar un precioso CD titulado "Señales de humo"; magnífico trabajo que comenté, en este mismo blog, hace unos meses, y que puede encontrarse y leerse en los dos siguientes "cuelgues":
María José Hernández.
(Fotografías de Juan Miguel Morales).
Y seguidamente cantó un amigo al que me unen muchas cosas desde hace muchos años, y al que quiero con toda mi alma: JOAN ISAAC, cantautor catalán que recientemente nos ha regalado la oportunidad de escuchar una selección de 20 de sus mejores canciones acompañado por diez grandes pianistas; obra desarrollada en dos CD's a los que ha titulado "Piano, piano...". La noche del 16 Joan, acompañado a la guitarra por LUIS MENDO, interpretó "Que tramposa es la vida", bellísima canción cuyo texto añado, a continuación, en castellano y en catalán:
«Qué tramposa es la vida,
que no quiere honorarios,
cuando nos regala el amor
como néctar de los Dioses.
y después, si nos la roba,
le pagamos su precio.
Qué tramposa es la vida,
qué tramposa es la vida,
qué tramposa es.
Qué tramposa es la vida,
cuna de la alquimia,
diosa del agua
jardín del Edén.
amarga travesía,
de inhóspitos desiertos,
Qué tramposa es la vida,
alimento de los poetas,
dulcísimo presagio,
inmenso horizonte.
Qué frío el silencio,
cuando baja el telón.
Qué tramposa es la vida,
que con el tiempo nos hace sabios.
A mí la sabiduría,
me provoca lo contrario,
cuando me siento más sabio,
y más viejo, menos la entiendo
Qué tramposa es la vida,
¡Qué preciosa es!».
«Que tramposa és la vida, / que no vol honoraris, / quan l'amor ens regala / com nèctar dels Déus. / I desprès, si ens el roba, / li paguem el seu preu. / Que tramposa és la vida, / que tramposa és la vida, / que tramposa que és. / Que tramposa és la vida, / bressol de l'alquímia, / deessa de l'aigua / jardí de l'Edèn, / amarga travessa, / d'inhòspits deserts. / Que tramposa és la vida, / aliment dels poetes, / dolcíssim presagi, / immens horitzó. / Que fred el silenci, / quan abaixa el teló. / Que tramposa és la vida, / que amb el temps ens fa savis / A mi la saviesa, / em provoca el contrari, / quan em sento més savi, / i més vell, menys l'entenc. / Que tramposa és la vida. / ¡Que preciosa que és!».
Luis Mendo y Joan Isaac. (Fotografía de Juan Miguel Morales).
Y por hoy, y con ello, finalizo esta tercera crónica. En la fiesta-concierto organizada por la UNED, actuaron otras dos personas con las que he realizado un largo recorrido de sueños posibles, de proyectos compartidos y de disfrute con sus canciones: LUIS MENDO y BERNARDO FUSTER, o sea, SUBURBANO.
Bernardo recordó un programa de radio que iniciamos juntos en Antena 3...; ¡que bien lo pasamos!... Yo, por mi parte, recuerdo, en este momento, una genial canción que Luis y Bernardo compusieron para un proyecto de "Educación en los Valores Democráticos" que yo dirigía, en España y en Latinoamérica, al que le dimos el nombre de "APRENDER A VIVIR"...; canción que aprendieron y cantaron los muchos miles de niños españoles y latinoamericanos que participaron en aquel proyecto.
Luis Mendo y Bernardo Fuster: Suburbano. (Fotografías de Juan Miguel Morales).
Con motivo de la exposición «...Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA» he recatado un doble LP que ha sido histórico y esencial para la llamada "Nueva Canción Canaria" surgida en la década de los ochenta.
En este disco –editado por el Parlamento de Canarias y el Centro de la Cultura Popular Canaria, en 1985; e ilustrado por Maxi Benítez– participaron los cantautores Pedro Manuel Guerra, Rogelio Botanz, Andrés Molina, Marisa, Alberto Cañete y José Luis Calcines.
En la parte interior del doble LP, aparece –con el título de "Veinticinco años después"– el siguiente texto firmado por Carmelo Martín:
«La historia se ha repetido un cuarto de siglo después. Con un paréntesis de 25 años, la Universidad de la Laguna, en Tenerife, ha sido silenciosa protagonista de un movimiento alejado de acontecimientos y pletórico de vocación popular. La canción de autor que naciera en la década de los 60 al amparo de las paredes universitarias, que decidiera romper enclaustramientos y salir al encuentro del pueblo llano y sencillo, ha elegido ahora nuevamente el primer centro docente de las islas para presentar con absoluta autoridad su acreditado bagaje de entrega y compromiso con las más profundas esencias sociales canarias.
Aquella y esta canción popular de ahora guardan ciertas diferencias, es cierto. Pero en ambas late un firme deseo de olfatear cuáles son esas arcanas claves que definen lo que por encima del paso de los años ha sido una cuestión de capital importancia a la hora de bautizar la creación de los canarios que cantan. Habría que preguntarse cuál es la verdadera razón que mueve a estos intérpretes del disco a componer y a cantar, salvada la motivación política del franquismo que marco principalmente el trabajo de sus antecesores, de aquellos "padres musicales", trashumantes solitarios de guitarra y voz.
Probablemente, nunca podremos desvelar ese apasionante misterio. Pero nadie negará a esta "nueva canción canaria" que en su haber figura el mérito de subir el listón de la calidad, de haber recompuesto el envoltorio de una canción que por propia naturaleza fue y sigue siendo conciencia a voz en alto de una realidad con porvenir incierto».
José Luis Calcines.
En aquel disco, JOSÉ LUIS CALCINES, musicalizó y cantó dos textos del poeta Francisco Tarajano –"Identidad" y "Canario sube a la palma"– y el poema "La patria", de Nicolás Estévanez; poema que, ya en 1978, había musicalizado y cantado Juan Carlos Senante con el título de "Canarias", en su LP «¿Qué te pasa tierra mía?».
Alberto Cañete.
ALBERTO CAÑETE, por su parte, grabó las canciones "Aulas azules" –sobre un texto de Argelio Hernández–, "Palabras con Miguel Hernández" –poema escrito por Manuel Castañeda– y "A mi aire", de Agustín Millares.
Alberto había pertenecido al grupo Tajinaste hasta 1979, año en que inició su andadura musical en solitario. «Al echar la vista atrás –comentaba– me reconozco inmerso desde siempre en la música -reconoce-. Mi padre tocaba el piano, la guitarra, el acordeón, el violín... Con once años y durante tres formé parte de la Coral de Voces Blancas de la Caja de Ahorros, y gracias a un director joven y con ideas revolucionarias –Alberto Delgado– conocí los versos de Bertold Bretch, Miguel Hernández, García Lorca y Machado..., aprendiendo a escuchar también las composiciones de Víctor Jara, Viglietti o Paco Ibáñez, entre otros. Comencé entonces a rasguear las seis cuerdas y hacer mis pinitos en la musicalización de poemas».
Marisa.
MARISA DELGADO, aportó al disco tres canciones basadas en poemas de Isabel Medina –escritora nacida en Hermigua, La Gomera–. Aquellos poemas musicalizados y cantados por Marisa fueron los tituldos "Poema libertario", "Canción para Marisa" y "Quien pudiera".
En el disco "Nueva Canción Canaria" participaron también ANDRÉS MOLINA, PEDRO MANUEL GUERRA y ROGELIO BOTANZ, tres jóvenes artistas que, a partir del Encuentro de Nueva Canción celebrado en la Universidad de La Laguna, en 1984, decidieron formar –inicialmente junto con Marisa– un colectivo al que llamaro "Taller Canario de Canción".
En aquel disco cantaron juntos el tema "Endecha" –primero que grabaron como colectivo– y las siguientes canciones grabadas en solitario:
Andrés Molina.
ANDRÉS MOLINA cantó la titulada "Ese rubor" –sobre un poema de José Ignacio García Armendáriz–, "A voz en cuello" –con texto de Pedro García Cabrera– y "¿Qué hacer?", compuesta, música y letra por el mismo.
Pedro Guerra.
PEDRO MANUEL GUERRA incorporó dos canciones dos canciones propias tituladas "Acuérdate de mi" y "Entre nieblas", y el tema "Cathaysa", basado en un texto escrito por su padre, el poeta Pedro Guerra Cabrera.
Rogelio Botanz.
Y ROGELIO BOTANZ –vasco encarnado y enraizado en Canarias–, "Noticias para viajeros" –canción compuesta sobre un texto de Julio Cortázar–, "Destilando unidad" –construida con versos entresacados del libro "La destiladora", de Félix Casanova de Ayala– y "La maleta" basada en un hermoso poema de Pedro Lezcano magistralmente musicalizado e interpretado.