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viernes, 13 de marzo de 2020

LA "CANCIÓN DE AUTOR" Y SU NUEVO VUELO. (CINCO CÓMIC DE LOS QUE MERECE LA PENA DISFRUTAR)


Me encanta poder realizar descubrimientos –de los que merecen la pena– relacionados con la "canción de autor" y el universo de los "cantautores". Entre esos descubrimientos tengo "entre manos" CINCO CÓMIC que me tienen "enganchao" porque son realmente buenos, y porque son cinco nuevas posibilidades de que se cumpla aquello que tanto deseaba Rafael Alberti, y yo con él: «¡VOLAD, CANCIONES, VOLAD!». Os los presento seguidamente, y comparto algunos comentarios que se han publicado sobre ellos,

El primero de estos cómic está dedicado a JOSÉ ANTONIO LABORDETA, ha sido editado por la Fundación José Antonio Labordeta y GB Ediciones y lo han creado Daniel Viñuales, Carmen Azagra y Encarna Revuelta.



«"T.B.O, Labordeta" recopila, a lo largo de sus 126 páginas los 75 años de la vida de “el abuelo”, desde aquella infancia de posguerra en Zaragoza y veranos en Canfranc, pasando por sus años como maestro en Teruel y Zaragoza hasta ese homenaje que supusieron las más de cincuenta mil personas que le despidieron en el Palacio de la Aljafería cuando falleció [...] Todo hábilmente sintetizado por el guion de Daniel Viñuales, que consigue narrarnos una vida en particular y retratarnos tanto a las personas y los hechos de un tiempo y un lugar concreto, pero llevando el relato hacia lo universal, de forma que cualquier lector joven que desconozca la figura del cantautor pueda mantener el interés cuando se adentre en este cómic biográfico. 

Tanto por los elementos y hechos que ha seleccionado Viñuales de la vida de Labordeta, como por el cómo se presentan y se cuentan esos hechos, el cómic mantiene el interés desde un primer momento. Además, esta historia aquí plasmada nos sirve para adentrarnos en la evolución social y política de una región y un país [...].

En cuanto al apartado gráfico, Azagra luce su lado más caricaturesco sin dejar de resultar fresco en este relato biográfico, con páginas llenas de la vitalidad. Como siempre, indisoluble al dibujo de Azagra, se hallan los pinceles de Encarna Revuelta en perfecta combinación.» (Antonio Santaliestra / "Heraldos de Galactus").

El segundo cómic del que estoy disfrutando se titula "SISA. LOS AÑOS GALÁCTICOS", editado por Norma y firmado por Josep María Polls y Manu Ripoll


«Sorpresa inesperada el encontrarse con “Sisa. Los años galácticos”, un cómic protagonizado por el mismísimo Jaume Sisa (Barcelona, 1948) y firmado por dos artistas de generaciones muy distintas: por un lado el veterano guionista Josep María Polls, y el dibujante Manu Ripoll [...]. Juntos dan forma a este cómic breve (unas setenta páginas) y que, al margen de atender a detalles biográficos del artista, busca divertir al lector con humor y frescura.

El resultado es un historia divertida y tan galáctica como todo lo que gira alrededor de Sisa. Y eso es algo que, con total seguridad, tenían en mente Polls y Ripoll a la hora de enfrascarse en una aventura de este tipo y características.» (Ernesto Bruno / “Mundo sonoro”).

El tercer cómic está dedicado a la grande -¡muy grande!– VIOLETA PARRA. Se titula «Violeta corazón maldito» y ha sido creado por Virginia Tonfoni y Alessia Spataro.



«En el centenario de su nacimiento, 4 de octubre de 2017, Virginia Tonfoni y Alessio Spataro cuentan la convincente historia de Violeta Parra: compositora, poeta y artista chilena que marcó el siglo XX y enamoró a América y Europa.

Violeta Parra, artista total, alma de la tradición popular chilena, en cincuenta años de vida ha cruzado toda América y Europa trayendo la voz del folklore auténtico, mucho antes de la reanudación de su país después de la dictadura.

En el año del centenario del nacimiento Virginia Tonfoni y Alessio Spataro cuentan su vida al enmarcarla en primer plano, articulándola en capítulos con un contrapunto perfectamente musical, en un espléndido duotono negro / naranja . Una vida de intensidad dolorosa, dedicada al arte y al amor, contada con pasión emanaba de cada página».

En cuarto lugar un cómic entrañablemente especial para mi por la amistad que me unió con el cantautor uruguayo ALFREDO ZITARROSA. Un precios cómic creado por Rodolfo Santullo y Max Aguirre y editado porEstuario Editora y Grupo Belerofonte (Uruguay) y Loco Rabia Editora (Argentina).




«Existe bastante bibliografía sobre la vida y la obra del cantautor Alfredo Zitarrosa, ese “ser mitológico de la música uruguaya”, como lo define acertadamente su coterráneo Juan Campodónico, uno de los fundadores, junto al argentino Gustavo Santaolalla, de la orquesta Bajofondo Tango Club. Pero este volumen es seguramente el más original. Tal vez porque sus autores -el guionista uruguayo Rodolfo Santullo y el dibujante argentino Max Aguirre- optaron por un formato inusual para llevar a cabo una evocación del autor de “Doña Soledad” y otros clásicos de la música popular latinoamericana: el cómic.

Publicado originalmente en el Uruguay por Estuario Editora y Grupo Belerofonte y recientemente en la Argentina por Loco Rabia Editora, Zitarrosa no es exactamente una biografía, ni una ficción, ni tampoco un homenaje. Es un poco de todo eso al mismo tiempo. Pero sobre todo, es una evocación sentida y afectuosa del artista, que pone el acento en el hombre antes que en la figura pública.

Ni Santullo ni Aguirre conocieron personalmente al personaje, pero se las ingeniaron para trazar un retrato de su multifacética personalidad recopilando e ilustrando ocho anécdotas de Alfredo Zitarrosa relatadas por personas que sí lo conocieron y trataron. Con todas las inexactitudes y fantasías que pueden albergar los relatos personales que, paradójicamente, terminan siendo una de las mayores virtudes de esta obra: Zitarrosa aparece en el libro tal como ha quedado en los recuerdos de la gente, que es, en definitiva, quien ha construido su leyenda.

Del puñado de testimonios que al final del libro complementan las ocho historias dibujadas, rescatamos el del escritor argentino Juan Sasturain, en forma de soneto.» (DiarioFolk.)

Por último me llena alegría presentar el cómic "MEMORIA DE UNA GUITARRA" que ha creado ROMAN LÓPEZ CABRERA y que publicará el sello "Evolución Cómic de Panini" a final de este mes de marzo. He tenido la suerte y el placer de escribir el prólogo de esta gran obra de Román, y .con su permiso, seguidamente lo voy a compartir y anticipar.



«La guitarra, "voz de profunda madera" –como la calificaba Nicolás Guillén– ha sido desde siempre un instrumento musical vinculado al “canto popular”, y de forma especialmente vital y entrañable a la historia de nuestra “canción de autor” desde sus orígenes.

Ya Carlos Gardel en 1935 lo cantaba: "Guitarra, guitarra mía, / por los caminos y el viento / vuelan en tus armonías / coraje, amor y lamento». Voz a la que se une el canto de Víctor Jara en su “Manifiesto” fundido con el de Violeta: «Guitarra trabajadora con olor a primavera…; tiene corazón de tierra y alas de palomita». O la voz de Silvio Rodríguez cuando afirma que «la guitarra del joven soldado es su mejor fusil». O la conclusión a la que llega y formula Jorge Drexler en una de sus canciones: «Hay tantas cosas, yo sólo preciso dos: mi guitarra y vos».

Todas estas evocaciones poéticas, y muchas más, se han agolpado en mi pensamiento y en mi sensibilidad al encontrarme un buen día, gracias a Román López Cabrera, con su cómic “Memoria de una guitarra”. En ese clima de evocaciones y de sonoridades he visualizado, he leído y me ha atrapado la historia y el testimonio de Pepe Soler, cantautor que la protagoniza.

Durante ese primer acercamiento, al que le han seguido varios, no he dejado de imaginarme a Pepe Soler frente a su guitarra diciéndole algo muy similar a lo que Zitarrosa le susurraba a la suya –“guitarra negra”–: «Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra… Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía…».

Román López Cabrera –o sea Pepe Soler– lo ha logrado plenamente recurriendo, por una parte, a una minuciosa investigación sobre la historia real de nuestra “canción de autor”, y, por otra, quizá la más importante, a través de la recuperación de la memoria contra el olvido, posición ante la que me siento plenamente identificado –es una de mis irrenunciables obsesiones–… 

“Memoria de una guitarra” narrada y cantada por Pepe Soler a corazón abierto, en pie sobre un escenario y con la desnudez de su guitarra; ¡y ”pa” que más! «Coraje, amor y lamento».

El resultado final de todo ese proceso creativo es una magnífica obra desarrollada utilizando el lenguaje del cómic: lenguaje en el que se funden la imagen, la palabra y, particularmente en este caso, la intuición del vuelo de las armonías y de los latidos que se originan cuando la palabra se hace música. 

No sé como explicarlo, contemplando y leyendo esta “Memoria de una guitarra” mi casa, el rinconcillo en el que trabajo y mis silencios se han sentido inundados de canciones.

Por último hay algo en la obra de Ramón López Cabrera que me gustaría subrayar: Por mi parte, hace ya más de cuarenta años que vengo escribiendo sobre la “canción de autor” –sobre su identidad, su actualidad y su historia–; más de cuarenta años narrando lo que considero “una crónica de los silencios rotos” y un testimonio personal de “mi vida entre canciones”. Ahora, disfrutando de esta “Memoria de una guitarra”, me he sentido feliz –feliz y esperanzado–; creo que esta obra se engarza armónicamente con mi trabajo, ¡lo enriquece y lo supera!. Tanto que la considero y la recomiendo como necesaria para conocer y comprender mejor la historia “de un tiempo y de un país” y, a la vez, como un testimonio apasionado capaz de centrar y de apasionar a las nuevas generaciones de cantautores y cantautora, a las que felizmente vendrán, a quienes amamos la “canción de autor” y por supuesto –¡ojalá!– a quienes, quizá por desconocimiento o desinformación, aún no la han descubierto ni la aman». (Fernando González Lucini. Prólogo del cómic “Memoria de una guitarra”.)

lunes, 11 de noviembre de 2013

... Y VIOLETA PARRA VII - «A VIOLETA YA NO LE CABÍAN EN LA CABEZA LOS PÁJAROS AZULES, ASÍ QUE UN MEDIO DÍA –DE EXTRAÑA LUMINOSIDAD– LES ABRIÓ UN TRÁGICO ORIFICIO DE ESCAPADA» (ATAHUALPA YUPANQUI).


Violeta Parra en la Carpa de La Reina, 1965.
Retomamos en este séptimo "cuelgue", dedicado a VIOLETA PARRA, su trayectoria personal y creativa a partir de 1965, año en el que, tras viajar a Ginebra para grabar un documental con la televisión suiza, titulado "Violeta Parra, bordadora chilena", decidió dejar Europa para establecerse, definitivamente en Santiago de Chile.

A su llegada a Santiago, actuó en varias peñas; entre ellas, en la conocida "Peña de los Parra", ubicada en un local, propiedad de sus hijos Ángel e Isabel, situado en una antigua casona. Aquel local, de ambiente puramente criollo, en el que se bebía buen vino, se comían sabrosas empanadas y se escuchaba auténtica música popular, llegó a convertirse en punto de encuentro de todos los jóvenes artistas que en aquel momento participaban del movimiento de la "nueva canción chilena"; entre ellos, Ángel, Isabel, Roberto y Eduardo Parra, Rolando Alarcón, Patricio Mans, Víctor Jara, Osvaldo Rodriguez o Tito Fernández.

Edificio en el que se encontraba la Peña de los Parra.
Calle Carmen 340, Santiago de Chile

Pocos meses después, ya a finales de 1965, con motivo de la celebración de la Feria Internacional de Agricultura (FISA), en Santiago, Violeta montó  una carpa móvil dentro del recinto ferial, en la que puso en marcha su propia peña folclórica.

Acabada la feria, con la idea y la ilusión de crear un "Centro de Arte Popular" en el que se pudiera trabajar de forma integrada la autentica cultura popular chilena en sus diferentes y complementarias manifestaciones –pintura, tapicería, cerámica, música, canto, danza, gastronomía, etc.–, Violeta decidió trasladar su carpa al barrio de la Reina, situado en la periferia de Santiago, decisión que ella misma explicaba con estas palabras: «Yo creo que todo artista debe aspirar a tener como meta el fundirse, el fundir su trabajo en el contacto directo con el público. Estoy muy contenta de haber llegado a un punto de mi trabajo en que ya no quiero ni siquiera hacer tapicería ni pintura, ni poesía, así, suelta. Me conformo con mantener la carpa y trabajar esta vez con elementos vivos, con el público cerquita de mí, al cual yo puedo sentir, tocar, hablar e incorporar a mi alma».

Violeta Parra en La Carpa de la Reina, en 1965,
junto con el grupo boliviano "Los Choclos".

La realización y el mantenimiento de aquella iniciativa –necesaria y apasionante como proyecto– no fueron nada fáciles:

«Una noche estuve con Violeta Parra en su "Carpa de La Reina" –escribía Pastor Aucapán en el semanario "El Siglo" (septiembre de 1966)–, y no acudían espectadores a pesar que la carpa era una variada caja de maravillas. Me contó cuánto le había costado construir todo esto. La Municipalidad le había cedido un terreno. Era un solar abandonado que en invierno se transformaba en un barrizal. entonces ella se dijo: “Aquí levantaré un Centro de Arte Popular. Aquí se escucharán las canciones desconocidas, las que brotan de las mujeres campesinas, las quejas y alegrías de los mineros, las danzas y la poesía de los isleños de Chiloé”. Los planes de Violeta, sin embargo, se estrellaban contra la dura roca de la indiferencia. Pocos eran los que le tendían la mano. Para su espectáculo no había avisos en los diarios, no tuvo reportajes en la revista dominical de "El Mercurio", no funcionó ninguno de esos aparatos publicitarios que a menudo se montan para orquestar el mito de algunos falsos artistas extranjeros … Allí estaba Violeta, sola y a ratos desesperada, con mucha gloria pero a veces sin un centavo».

Su hijo Ángel, incidiendo en esa misma situación, comentaba: «Mamá se sentía cada día peor, se quejaba de su soledad. Pero era brava y orgullosa. Cuantas veces no la dijimos que viniera a vivir con nosotros. Chabela (Isabel) y yo íbamos los domingos a la carpa a cantar con ella. La notábamos amargada: la gente ya no venía. "hasta aquí se anima a llegar solamente la gente con auto", nos decía, y eso, a ella que era tan del pueblo, le dolía».


Violeta Parra y Gilbert Favre.

A aquella difícil situación se unió la decisión adoptada por Gilbert Favre, de trasladarse a Bolivia y separase definitivamente de Violeta; esta decisión fue dolorosísima para ella, y a partir de ahí se sintió inmersa en una profunda depresión.

Pese a que sus hijos y sus buenos amigos Héctor Pávez y Alberto Zapicán –músico y escitor uruguayo– procuraron ayudarla, Violeta no fue capaz de afrontar su dolor y su soledad, y el domingo 5 de febrero de 1967, con un disparo de pistola, puso fin a su vida. Decisión que Atahualpa Yupanqui interpretó de forma simbólica en "Los pájaros azules. Homenaje a Violeta"; poema que el propio Atahualpa recitó en su último concierto celebrado en Zurich junto con Ángel Parra, y que podemos escuchar en el enlace de "goear" que indico tras el texto del poema.


«Ya no le cabían en la cabeza
los pájaros azules a Violeta
así fue que un mediodía
de extraña luminosidad
les abrió un trágico orificio
de escapada
y los pájaros azules se fueron
pero le llevaron la vida».

http://www.goear.com/listen/008c417/los-pajaros-azules-homenaje-violeta-atahualpa-yupanqui

Para concluir este "cuelgue" y, en general, la aproximación que he venido realizando en "cuelgues" anteriores sobre la vida y la obra de Violeta Parra –una de "mis grandes amadas cantoras del alma"–, es importante destacar su amplia discografía, editada, sobre todo, como obra póstuma.

Entre los discos publicados antes de su muerte, además de los ya citados en en "cuelgues" anteriores, figuran los siguientes: "Recordando a Chile (Una chilena en París)" (1965), "Canta las últimas composiciones" (1966) y "Carpa de la Reina" (1966), disco en el que intervinieron –además de Violeta–, Lautaro y Roberto Parra, Héctor Pavez, y los grupos Quelentaro y Chagual.



Tras su muerte las reediciones y los nuevos recopilatorios, o antologías, se multiplicaron: por ejemplo, cabe destacar "Décimas de Violeta Parra" (1968), "Violeta Parra y sus canciones encontradas en París" (1971), "Le Chili de Violeta Parra" (1974), "Un río de sangre" (1975), "Presente/Ausente" (1975), "El hombre con su razón" (1992), "Décimas y centésimas" (1993), "El folclore y la pasión" (1994), "Haciendo historia: La jardiera y su canto" (1997), "Composiciones para guitarra" (1999), "En Ginebra, en vivo" (1999), "Cantos campesinos" (1999), "Antología" (1999) o "Universo latino 9" (2001).

Para concluir mi recuerdo, mi pasión y mi homenaje a VIOLETA voy a ofreceros el siguiente vídeo en el que, si os apetece, podréis visualizar completa la película "Violeta se fue a los cielos" dirigida por Andrés Wood y estrenada el 11 de agosto de 2011.

lunes, 28 de octubre de 2013

VIOLETA PARRA VI - «SEMILLA FÉRTIL Y POPULAR DE UNA NACIENTE Y CRÍTICA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN EN AMÉRICA LATINA»


Recapitulación de los "cuelgues" anteriores":

VIOLETA PARRA I - «COMO UNA ESTRELLA 
QUE JAMÁS SE APAGA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-i-como-una-estrella-que.html

VIOLETA PARRA II - «DE LA TRADICIÓN A LA INNOVACIÓN
PARA CANTARLE A LA VIDA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-ii-de-la-tradicion-la.html

VIOLETA PARRA III - «GUITARRA CON HOJAS QUE
RELUCEN AL BRILLO DE LA LUNA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-iii-guitarra-con-hojas.html

VIOLETA PARRA IV - «¡VIOLA ADMIRABLE! ¡VIOLA CHILENSIS!...
MANANTIAL INAGOTABLE DE VIDA HUMANA»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/09/violeta-parra-iv-viola-admirable-viola.html

VIOLETA PARRA V - «CANCIONES, REALIDAD HUMANA
Y COTIDIANIDAD»
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2013/10/violeta-parra-v-canciones-realidad.html


En el pasado "cuelgue" sobre VIOLETA PARRA –publicado el 6 de octubre pasado– decía que sus canciones se podían clasificar en tres grupos desde el punto  de vista temático o de contenido, y desarrollaba los dos primeros grupos, a saber:

1. Canciones que hacen referencia a realidades sociales del pueblo chileno, en las que incide, especialmente, en la denuncia de las situaciones de pobreza, de injusticia o de maltrato a la naturaleza; y en las que manifiesta, en todo momento, la reivindicación y la defensa de los derechos humanos.

2. Canciones que nos ofrecen aproximaciones concretas a la condición y a la realidad humana; es decir, a las experiencias mas trascendentales vividas por las personas y a sus sentimientos más íntimos. Canciones en las que Violeta verbaliza con claridad, y en un lenguaje sencillo y directo, la intensidad y la riqueza de un pensamiento profundamente humanista.

Prosigo ahora con aquella clasificación:

3. Un tercer grupo de canciones compuestas por Violeta Parra lo integran aquellas que se caracterizan por su contenido cercano a la religiosidad popular entendida como una actitud trascendente alimentada en la esperanza de que valores tan esenciales como la justicia y la igualdad puedan llegar a hacerse realidad en este mundo, o en otra vida posible más allá de la muerte; actitud sentida y vivida, en particular, por los sectores sociales más pobres y desamparados.

Para Violeta, esa religiosidad, o, si se quiere, ese hecho religioso, tiene unas claras y evidentes raíces o motivaciones que ella misma expresa en su canción "Porque los pobres no tienen"; canción que os propongo escuchar seguidamente en la voz de Isabel Parra:


«Porque los pobres no tienen
adonde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que a su hermano
en este mundo le quitan.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión,
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanza,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza.
Por eso las procesiones,
las velas y las alabanzas.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Y pa’ seguir la mentira,
lo llama su confesor.
Le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliego ni sindicato,
que ofende su corazón.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Del corazón de una iglesia
salió el cantor Alejandro.
En vez de las letanías
yo lo escucho profanando.
Yo creo que a tal cantor
habría que excomulgarlo.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Como al revés está el mundo
me mandarán a prisión
y al cantor de la sotana
le darán premio de honor,
pero prisión ni gendarme
habrán de acallar mi voz.
Palomita, ¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita».

En ese contexto religioso, o mejor, de sensibilidad religiosa, Violeta compuso canciones como los villancicos "Doña María, le ruego" y "Décimas para el nacimiento", que Víctor Jara y el Conjunto Cuncumen grabaron a finales de los años cincuenta. Os invito a escuchar en el siguiente vídeo el segundo de esos villancicos: "Décimas por el nacimiento":


«El niño Jesús nació
en el portal de Belén;
la estrella de sumo bien
a los Magos le’alumbró.
El mundo resplandeció
con pitos y panderetas.
Bajaron siete cometas
a ver este nacimiento
los altos del firmamento
se abrieron para la fiesta.

Los fieles del Redentor
acuden muy presurosos
a presencial el hermoso
regalo del gran Señor.
Adiós a nuestro dolor,
válganos la penitencia,
hagamos la reverencia
en este humilde portal,
porque, envuelto en un pañal,
vino Dios a l’existencia.

Gloriosa la noche aquella
cuando la Virgen sufrió
y al mundo un hijo le dio
más claro que una centella.
Bajáronse las estrellas,
cantaron los pajaritos,
sabiendo que Jesucristo,
venido a cristianizarlos
y por amor a salvarlos
con su dolor infinito.

Ahí está la Virgen pura
al lado de San José,
con el niñito son tres,
se miran con gran ternura.
No ha habío ni habrá dulzura
más grande en intensidad
que la de la Navidad
cuando bajó de los cielos
a darnos su gran consuelo
el Dios de la cristiandad».


Violeta Parra.
En oposición a los sentimientos y a los nobles y sensibles sentimientos religiosos presentes en canciones de Violeta Parra como las anteriores, surge también en su obra una clara y directa toma de postura, duramente crítica, frente a la Iglesia entendida como institución poco coherente y comprometida; frente a la hipocresía de muchos creyentes acomodados e insensibles al dolor humano, y, sobre todo, frente a las alianzas que con frecuencia se establecen entre la Iglesia y las estructuras del poder para afianzar sus mutuos plivilegios, ignorando, e incluso despreciando, la realidad y las necesidades de la población más pobre y marginada. Oposición expresada, como denuncia en numerosas canciones como "Yo canto a la diferencia", "Miren como sonríen", o "La carta".


«Ahí pasa el señor vicario
con su palabra bendita.
¿Podría su santidad
oírme una palabrita?
Los niños andan con hambre,
les dan una medallita
o bien una banderita».
(“Yo canto la diferencia”)

«Miren cómo sonríen
los presidentes
cuando le hacen promesas
al inocente. [...]
Miren cómo profanan
las sacristías
con pieles y sombreros
de hipocresía.
Miren cómo blanquearon
mes de María,
y al pobre negreguearon
la luz del día».
(“Miren como sonríen”)

«De esta manera pomposa
quieren conservar su asiento
los de abanico y de frac,
sin tener merecimiento.
Van y vienen de la iglesia
y olvidan los mandamientos, sí».
(“La carta”).

Y estos "cuelgues" sobre VIOLETA PARRA continuarán dentro de unos días... ¡claro que si!... ¡ES TAN GRANDE!... Ya lo he dicho repetidamente, es una de MIS GRANDES AMADAS CANTORAS DEL ALMA.

domingo, 6 de octubre de 2013

VIOLETA PARRA V - CANCIONES, REALIDAD HUMANA Y COTIDIANIDAD.

Ilustración de Paloma Valdivia; ilustradora del libro
"La niña violeta" de Francisco Jiménez.

VIOLETA PARRA, desde el punto de vista musical y poético, a partir de 1962, sintiendo cada vez más, en la distancia, la pasión por su tierra chilena y sus gentes –sobre todo, por los sectores de la población más pobres y más injustamente tratados–, maduró y elaboró un nuevo tipo de "canción popular" basado en dos principios fundamentales: por una parte, en una nueva forma de entender la relación o la comunicación entre el creador y su público; y, por otra, en el contenido, o en la visión del mundo y de la realidad, expresado en lo textos de sus canciones.

En ese sentido, ella creyó, cada vez más, en la necesidad de acortar todo tipo de distanciamientos entre su obra y su público. «Yo creo que todo artista –decía en 1966– debe aspirar a tener como meta el fundirse, el fundir su trabajo en el contacto directo con el público»; fusión no sólo física o espacial, sino y sobre todo, de sentimientos, de experiencias e, incluso, de formas de decir y de comunicarse.

En consecuencia, la canción, para Violeta, se convirtió, sin sacrificar en ningún momento el sentido de la belleza y de la fidelidad a las raíces musicales del pueblo chileno, en un instrumento de comunicación vivo, comprometido con la realidad, esclarecedor y, a fin de cuentas, radicalmente humano. «La obligación de cada artista –afirmaba con rotundidad– es la de poner su poder creador al servicio de los hombres. Ya está añejo el cantar a los arroyitos y a las florecillas. Hoy la vida es más dura y el sufrimiento del pueblo no puede quedar desatendido por el artista».


Violeta Parra. 
Actuación en la "Peña de los Parra", en Santiago.

Como respuesta a los principios anteriores, podríamos clasificar las canciones compuestas por Violeta Parra a partir de 1962, desde el punto de vista temático o de contenido, en tres grupos:

1. Canciones que hacen referencia a realidades sociales del pueblo chileno, en las que incide, especialmente, en la denuncia de las situaciones de pobreza, de injusticia o de maltrato a la naturaleza; y en las que manifiesta, en todo momento, la reivindicación y la defensa de los derechos humanos. Canciones como "El  centro de la injusticia", "Arauco tiene una pena", "La carta", "Y arriba quemando el sol", "Miren como sonríen los presidentes", o "Santiago penando estás"

A continuación, os propongo escuchar dos de esas canciones: "Santiago penando está", interpretada por Violeta; y una magnífica versión de "Y arriba quemando el sol", interpretada del grupo Los Jaivas:


«Mi pecho se halla de luto
por la muerte del amor.
En los jardines cultivan
las flores de la traición.
Oro cobra l’hortelano
que va sembrando rencor,
por eso llorando estoy.

Los pajarillos no cantan,
no tienen dónde anidar;
ya les cortaron las ramas
donde solían cantar.
Después cortarán el tronco
y pondrán en su lugar
una letrina y un bar.

El niño me causa espanto,
ya no es aquel querubí:
ayer jugaba a la ronda,
hoy juega con un fusil.
No hay ninguna diferencia *
entre niño y alguacil,
soldados y polvorín.

¿Adónde está la alegría
del Calicanto de ayer?
Se dice que un presidente
lo recorría de a pie.
No había ningún abismo
entre el pueblo y su merced;
el de hoy, no sé quién es.

Santiago del ochocientos,
para poderte mirar
tendré que ver los apuntes
del Archivo Nacional.
Te derrumbaron el cuerpo
y tu alma salió a rodar.
Santiago, penando estás».



«Cuando jui para la Pampa
llevaba mi corazón
contento como un chirigüe,
pero allá se me murió.
Primero perdí las plumas
y luego perdí la voz.
Y arriba quemando el sol.

Cuando vide los mineros
dentro de su habitación,
me dije: "mejor habita
en su concha el caracol,
o a la sombra de las leyes
el refinado ladrón".
Y arriba quemando el sol.

Las hileras de casuchas
frente a frente, sí, señor;
las hileras de mujeres
frente al único pilón,
cada una con su balde
y con su cara de aflicción. *
Y arriba quemando el sol.

Fuimos a la pulpería
para comprar la ración,
veinte artículos no cuentan
la rebaja de rigor.
Con la canasta vacía
volvimos a la pensión.
Y arriba quemando el sol.

"Zona seca de la Pampa",
yo leo en un cartelón. **
Sin embargo, van y vienen
las botellas de licor.
Claro que no son del pobre,
contrabando, o qué sé yo.
Y arriba quemando el sol.

Paso por un pueblo muerto,
se me nubla el corazón,
aunque donde habita gente
la muerte es mucho mayor.
Enterraron la justicia
enterraron la razón.
Y arriba quemando el sol.

Si alguien dice que yo sueño
cuentos de ponderación,
digo que esto pasa en Chuqui,
pero en Santa Juana es peor.
El minero ya no sabe
lo que vale su dolor.
Y arriba quemando el sol.

Me volví para Santiago
sin comprender el color
con que pintan la noticia
cuando el pobre dice "no".
Abajo, la noche oscura,
oro, salitre y carbón.
Y arriba quemando el sol».

2. Canciones que nos ofrecen aproximaciones concretas a la condición y a la realidad humana; es decir, a las experiencias mas trascendentales vividas por las personas y a sus sentimientos más íntimos. Canciones en las que Violeta verbaliza con claridad, y en un lenguaje sencillo y directo, la intensidad y la riqueza de un pensamiento profundamente humanista.

Son canciones en las que la poetisa chilena desarrolla, por ejemplo, una visión global e integradora de la persona tan completa –y a la vez tan apasionante y tan positiva– como la que aparece expresada en sus temas "De cuerpo entero" y "En una barca de amores". Os propongo escuchar "De cuerpo entero", ¡impresionante!.



«El humano está formado
de un espíritu y un cuerpo,
de un corazón que palpita
al son de los sentimientos.

No entiendo los amores
del alma sola
cuando el cuerpo es un río
de bellas olas.
De bellas olas, sí,
que le dan vida;
si falta un elemento,
negra es la herida.

Comprende que te quiero
de cuerpo entero».

Canciones –las pertenecientes a este segundo grupo– que, en el marco de ese profundo humanismo al que antes hacía referencia, giran en torno a interrrogantes básicos sobre el sentido de la vida y sobre el misterio de la muerte; sobre las razones del hermanamiento o de amistad del ser humano y la naturaleza –como en "Amigos tengo por cientos"– y, en especial, sobre el amor, valor nuclear constantemente presente en su obra y de forma particular y muy bella, en su conocido tema "Volver a los diecisiete".


«Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente.
Volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra,
ay, sí sí sí.

Mi paso retrocedido,
cuando el de ustedes avanza;
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido
con todo su colorido,
se ha paseado por mis venas
y hasta las duras cadenas
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder
ni el más ancho pensamiento.
Todo lo cambia el momento
cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente
de rencores y violencia:
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino
de pureza original;
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros;
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño
y al malo solo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana
se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto
como una tibia mañana;
al son de su bella diana
hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín,
al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete
los convirtió el querubín».

Por último, dentro de este apartado dedicado a las canciones de Violeta Parra que expresan o que reflejan, su pensamiento más profundamente humano, cabe destacar "Gracias a la vida", canción de la que se han realizado muchísimas versiones entre las que hoy vamos a recordar la interpretada por Joan Baez:


«Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado,
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios,
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano,
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto
y el canto de ustedes que es el mismo canto,
y el canto de todos, que es mi propio canto.
Gracias a la vida que me ha dado tanto».

Con este apasionado canto a la vida concluyo este quinto cuelgue dedicado a VIOLETA PARRA. Dejo para el siguiente el "tercer grupo temático de sus canciones".

miércoles, 25 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA IV - ¡VIOLA ADMIRABLE! ¡VIOLA CHILENSIS!... MANANTIAL INAGOTABLE DE VIDA HUMANA.

Continúo, un día más, acercándome, e invitándoos a que os acerquéis, a vida –apasionante– y a la obra –plural y diversificada– de VIOLETA PARRA, una de "mis grandes amadas catoras del alma". Y como punto de partida os recuerdo y os remito a los tres cuelgues anteriores, que escribí sobre ella:

VIOLETA PARRA I - «COMO UNA ESTRELLA QUE JAMÁS SE APAGA»

VIOLETA PARRA II - DE LA TRADICIÓN A LA INNOVACIÓN 
PARA CANTARLE A LA VIDA

VIOLETA PARRA III - «GUITARRA CON HOJAS QUE RELUCEN 
AL BRILLO DE LA LUNA»

En 1960, como consecuencia de una enfermedad, Violeta Parra se vio obligada a permanecer ocho meses en cama, tiempo en que, incapaz de paralizar su desbordante creatividad, inició su afición a pintar ya realizar tapices y arpilleras. A partir de entonces siempre compartió estas actividades artísticas con la composición y la interpretación de sus canciones.

«Tanto tiempo no podía quedarme sin hacer nada –comentaba Violeta. Un día vi lana y un pedazo de tela y me puse a hacer cualquier cosa. Nada surgió. Nada sabía, y era porque, en el fondo, no tenía claro qué quería hacer. Volví a tomar el pedazo de tela y deshice todo y quise copiar una flor, pero, cuando terminé no era una flor, sino una botella. Quise ponerle una tapa a la botella y surgió una cabeza, entonces, le puse ojos, nariz y boca: era una dama, como esas que van todos los días a la iglesia a rezar".
Obra de Violeta Parra.

Y así fue como aquella mujer, guiada básicamente por su sensibilidad –puesto que no poseía una formación específica en el ámbito de la creación plástica–, empezó a desarrollar una obra artesanal extraordinaria, de gran belleza y sencillez, plenamente identificada con la identidad, con la tradición y con los problemas sociales del pueblo chileno.

«Las cosas son simples –solía confesar–. No sé diseñar, yo invento todo, y todo el mundo puede hacerlo. No sé dibujar y no hago dibujo alguno antes de comenzar mis tapices, sino que voy viendo, poco a poco, lo que debe ponerse.Voy llenando espacios en mis tapices... Y con mis pinturas: ellas están todas en mi cabeza, como mis canciones. Cuando siento que hay una persona sensible o que le nace un sentimiento al ver lo que hago, me quedo tranquila. Sólo hago algo en lo que pueda poner la emoción. Cada trabajo es para mi único. En mis telas tengo treinta personajes, y cada expresión de ellos es única, ellos hacen cosas distintas, pero yo tomo un solo color y viajo por todos los cuadros para conservar lo que siento cuando quiero dar una expresión, así sea el mismo personaje. Yo misma a veces tengo el color de mi nombre o el color verde que es de la alegría y que me cuesta más que ninguno, o el rojo si estoy enojada y denuncio... Siempre uso como base los colores araucanos: amarillo, negro, violeta, rojo y rosado de copihue".

Vamos a contemplar algunas de sus obras:

Árbol de la vida. 1963. 135 x 97,5 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía.
 La cantante calva. 1960. 138 x 173 cm. Yute bordado con lanigrafía.
El circo. 1961. 122 x 211 cm. Tela artificial y bordados en lanigrafía.
Prisionero inocente. 1964. 31,7 x 45,5 cm. Óleo sobre madera prensada.
La cueca. 1962. 119,5 x 94,5cm. Lino y bordados en lanigrafía.
Fresia y Caupolicán. 1964-1965. 142 x 196 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía. 
Mujer con guitarra. Oleo.
Esta obra de Violeta Parra es la que ilustra la cubierta
de mi libro "... Y la palabra se hizo música. Vol. 3. El canto emigrado
de América Latina" y la que me identifica en la cabecera
de mi página de facebook.
Contra la guerra. Arpillera.

Seguidamente os sugiero ver y escuchar los dos vídeos siguientes en los que Violeta Parra habla de sus arpilleras y, en general, de su obra plástica.

En el segundo vídeo, es de una gran belleza, y muy significativo de su personalidad, lo que Violeta responde cuando se le pregunta con cuál de sus medios de expresión se quedaría –poesía, música o creación plástica–; ella responde que «se quedaría con la gente porque es la gente la que le motiva a hacer todas las cosas»... ¡Así era Violeta!





El mismo año al que antes hacia referencia –1960– en la fiesta de su cuarenta y tres cumpleaños, Violeta conoció a Gilbert Favre, músico suizo –dieciocho años más joven que ella– que había llegado a Chile para realizar una investigación sobre el folclore sudamericano; inesperado encuentro del que surgió una apasionada relación amorosa entretejida de numerosas separaciones y reencuentros.

Gilbert –a quien Violeta llamaba cariñosamente "Chinito"– fue, en realidad, el gran amor de su vida hasta 1965, cuando él planteó la separación definitiva.

En 1961, superada la enfermedad, Violeta viajó a Buenos Aires, donde dio varios recitales, actuó en diversos programas de televisión, , expuso sus pinturas y tapices, y grabó un nuevo LP, "El folclore de Chile según Violeta Parra".



Al año siguiente Violeta Parra regresó a Europa –junto a Gilbert y s sus hijos Ángel e Isabel- para participar como invitada en el Festival de la Juventud de Helsinki ¡por la paz y por la amistad!.

Aprovechando su estancia en el continente europeo, viajó a la Unión Soviética, a Italia y a Alemania, y decidió permanecer tres años en París; años que fueron esenciales para ella, tanto desde el punto de vista plástico, o artesanal, como desde el de su actividad como compositora.

En abril de 1964, realizó una exposición individual en el Museo de Artes decorativas del Louvre, en la que presentó veintiséis pinturas, veintidós tapices, pequeñas esculturas de alambre y varias máscaras. En aquella ocasión, ella misma confeccionó el cartel que anunciaba la exposición utilizando una arpillera negra, sobre la que bordó un gran ojo y el texto del anuncio.



En el catálogo de aquela exposición, la investigadora Ivonne Brunner presentaba a Violeta y su obra plástica diciendo: «Violeta no es una desconocida en Francia. Utiliza un lenguaje poético y simbólico, dando un significado a cada tema, a cada color, sin por eso descuidar el lado plástico de su obra. Cada una de sus arpilleras es una historia, un recuerdo o una protesta en imágenes».

domingo, 15 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA III - «GUITARRA CON HOJAS QUE RELUCEN AL BRILLO DE LA LUNA».

Este tercer "cuelgue" monográfico dedicado a VIOLETA PARRA voy a iniciarlo evocando la elegía que le dedicó Pablo Neruda:


I
¡Ay, qué manera de caer hacia arriba
y de ser sempiterna, esta mujer!
De cielo en cielo corre o nada o canta
la violeta terrestre:
la que fue, sigue siendo,
pero esta mujer sola
en su ascensión no sube solitaria:
la acompaña la luz del toronjil,
del oro ensortijado de la cebolla frita,
la acompañan los pájaros mejores,
la acompaña Chillán en movimiento.
¡Santa de greda pura!
Te alabo, amiga mía, compañera:
de cuerda en cuerda llegas
al firme firmamento,
y, nocturna, en el cielo, tu fulgor
es la constelación de una guitarra.
De cantar a lo humano y lo divino,
voluntariosa, hiciste tu silencio
sin otra enfermedad que la tristeza.

II
Pero antes, antes, antes,
ay, señora, qué amor a manos llenas
recogías por los caminos:
sacabas cantos de las humaredas,
fuego de los velorios,
participabas en la misma tierra,
eras rural como los pajaritos
y a veces atacabas con relámpagos.
Cuando naciste fuiste bautizada
como Violeta Parra
el sacerdote levantó las uvas
sobre tu vida y dijo
"Parra eres y en vino triste te convertirás".
En vino alegre, en pícara alegría,
en barro popular, en canto llano,
Santa Violeta, tú te convertiste,
en guitarra con hojas que relucen
al brillo de la luna,
en ciruela salvaje
transformada,
en pueblo verdadero,
en paloma del campo, en alcancía.

III
Bueno, Violeta Parra, me despido,
me voy a mis deberes.
¿Y qué hora es? La hora de cantar.
Cantas.
       Canto.
                        Cantemos.
("Elegía para cantar". Pablo Neruda).

La primera manifestación sonora de las primeras canciones de Violeta Parra, a las que ella llama «gritos de alarma» en sus décimas, la encontramos en un single grabado en solitario para la compañía EMI-Odeón, en 1953; disco compuesto por dos temas; "Qué pena siente el alma" y "Casamiento de negros".



En 1954, tras un recital ofrecido por Violeta en la casa de Pablo Neruda, Raúl Aicardi le propuso realizar una serie de programas de radio que se titularon "Así canta Violeta", en los que dio a conocer sus trabajos de investigación y sus propias composiciones.

Aquel mismo año, a partir de la difusión que tuvieron sus emisiones radiofónicas, Violeta recibió el premio Caupolicán, que la reconocía como la mejor folclorista del año.

En 1955, Violeta fue invitada a participar, como miembro de la delegación chilena, en el Festival Internacional de la Juventud que iba a celebrarse en Varsovia. Esta participación supuso su primer viaje al continente europeo.

Tras su participación en aquel festival residió durante algo más de año y medio en París, viajó a Italia, a Inglaterra y a otros países europeos; grabó dos LPs en la compañía discográfica Le Chant du Monde, titulado "Violeta Parra, guitarre et chant. Chant et danses de Chili" (1956), y actuó en l'Escale, local nocturno del barrio latino.



Durante su estancia en Europa, concretamente en Varsovia, recibió la noticia de la muerte de su hija Rosita Clara, a la que había dejado en Chile con  nueve meses. Esta situación tan profundamente dolorosa le impulsó a escribir, entre otras, dos hermosas y melancólicas canciones: "Versos por la niña muerta" –dedicada a su hija fallecida– y "Violeta ausente" –en la que se cuestiona su salida de Chile hacia Europa y expresa, al tiempo, su profunda añoranza hacia la patria chilena–. (De esa hermosa canción os propongo escuchar la siguiente versión interpretada por el grupo Los Jaivas; ¡es una auténtica maravilla!).


«¡Por qué me vine de Chile
tan bien que yo estaba allá!
Ahora ando en tierras extrañas,
ay, cantando pero apená’.

Tengo en mi pecho una espina
que me clava sin cesar
en mi corazón que sufre,
ay, por su tierra chilena.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al Merca’o
y comprarme un pequén,
ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo, mi bien.

Antes de salir de Chile
yo no supe comprender
lo que vale ser chilena,
¡ay, ahora sí que lo sé!

Igual que lloran mis ojos
al cantar esta canción,
así llora mi guitarra
ay, penosamente el bordón.

Qué lejos está mi Chile,
lejos mi media mitad,
qué lejos mis ocho hermanos,
ay, mi comaire y mi mamá.

Parece que hiciera un siglo
que de Chile no sé na’,
por eso escribo esta carta,
ay, la mando de aquí pa’llá».
("Violeta ausente". Violeta Parra).

En noviembre de 1956, Violeta tomó la decisión de volver a Chile. A su regreso rompió su relación matrimonial con Luis Arce, e inició una fecunda tarea de grabación de todo el material folclórico que había acumulado a través de sus investigaciones; grabación que se concretó en cuatro discos editados en EMI-Odeón con el título genérico de "El folclore de Chile". Estos discos fueron los siguientes: "Violeta Parra, canto y guitarra" (1956), "Violeta Parra, acompañada a la guitarra" (1956), "La cueca presentada por Violeta Parra" (1957), y "Violeta Parra. Tonadas" (1957).


A final de 1957, la invitaron a formar parte del Departamento de Investigación Folclórica de la Universidad de Concepción, institución en la que, durante un año, organizó y dirigió el Museo de Arte Popular.

Al año siguiente, Violeta regresó a Santiago e inicio la redacción de dos de sus libros: "Cantos folclóricos chilenos" –en el que llegó a recopilar más de tres mil canciones– y "Décimas autobiográficas en versos chilenos".

¡ALEGRÍA DE PODER COMPARTIR UN GRAN ACONTECIMIENTO!...

ALEGRÍA DE PODER COMPARTIR ESTE GRAN ACONTECIMIENTO: A partir del próximo 25 de septiembre va a reponerse en cines la película CHICHO o MIEN...