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sábado, 15 de junio de 2024

MIS MEMORIAS BIBLIOGRÁFICAS (8): "VEINTE AÑOS DE CANCIÓN EN ESPAÑA". PRIMER VOLUMEN: "DE LA ESPERANZA/APÉNDICES" (1984)

El primer volumen de Veinte años de canción en España (1963-1983), editado en septiembre de 1984, lo dediqué al tema de la esperanza, sin duda uno de los valores que más se han cantado en nuestro país. Incluye también varios apéndices, entre ellos, una aproximación global al nacimiento y a los contenidos básicos desarrollados por la «canción de autor» en esos años; así como una enumeración clasificada de las más de tres mil canciones aparecidas a lo largo de la obra.



Las ilustraciones de la cubierta y de la contra fueron creadas por Luis Eduardo Aute, y el prólogo me lo escribió Antonio Gala.

Decía en el "cuelgue" anterior que cada volumen de Veinte años de canción en España tiene su propia historia, y es cierto. Son cuatro historias relacionadas con sus prólogos que creo que merece la pena compartir.


Yo nunca me pude imaginar, por ejemplo, que Antonio Gala acabaría escribiendo un texto dedicado a mi trabajo en 1984. Aquel mismo año había publicado su Trilogía de la libertad, libro en que recogió tres de sus más reconocidas obras teatrales: Petra regalada, La vieja señorita del paraíso y El cementerio de los pájaros; y ya había editado Charlas con Troylo donde recopilaba sus artículos publicados en el El País Dominical con ese mismo título.



Tonona y yo admirábamos profundamente a Antonio. Habíamos visto y disfrutado sus obras de teatro y éramos fieles seguidores de sus artículos en el El País Dominical. A mí lo que más me sedujo siempre de él fue su permanente clamor a la esperanza, aun en los momentos más dolorosos de sus escritos siempre aparecía un destello de luz y un horizonte.


Aquel año, 1984, en la planta baja de mi casa (vivíamos en la calle Doctor Gómez Ulla de Madrid) tenía su sede el Instituto Cultural Andaluz al que yo pertenecía y del que, además, era miembro de la junta directiva. Sede que, en realidad, se componía de un salón no muy amplio, un despacho y un cuarto de baño que bien podríamos llamar «mini-wáter». 


El 28 de febrero de 1984, a última hora de la tarde, organizamos una fiesta en el Instituto para celebrar el Día de Andalucía. Entre los invitados estaba Antonio Gala, al que no conocía en persona.


A aquella celebración del Día de Andalucía acudieron muchas más personas de las que habíamos previsto, incluido Antonio. El piso se llenó por completo. En un momento determinado de la fiesta, pasadas las doce de la noche, Pedro Martínez Montávez (presidente del Instituto) me dijo que Antonio Gala tenía necesidad de ir al baño y que, como yo vivía en la quinta planta, si no me importaba que subiera un momento al de mi casa. El del local del Instituto, después de pasar tanta gente por allí a lo largo de la tarde, estaba bastante asqueroso.


Por supuesto, le dije que sin problemas. Se lo sugerimos a él y aceptó encantado. Y allí me tenéis subiendo con Antonio Gala en el ascensor. Antes no había podido intercambiar ni una palabra con él. Cuando llegamos al quinto piso, tocamos al timbre (no me había bajado la llave) y, de repente, Tonona abrió la puerta con cara de sueño para encontrarse de golpe y porrazo con Antonio Gala en carne y hueso, con bastón incluido. ¿Era un sueño o una realidad? Pues sí, una realidad. 


Antonio entró en nuestro baño y cuando salió de hacer sus necesidades nos comentó que le habían gustado mucho unas cerámicas de Sargadelos que teníamos justo en la pared, encima de la taza del retrete. Creo recordar que nos contó que estaba escribiendo precisamente la biografía del marqués. Estuvimos charlando un rato y luego Antonio y yo volvimos a la fiesta. 

Al bajar en el ascensor no pude resistir la tentación y le conté que estaba a punto de publicar un libro sobre el valor de la esperanza tal y como se había planteado en la «canción de autor» a lo largo de los últimos veinte años. Inmediatamente después, antes de que el ascensor parara, le dije que me haría inmensamente feliz si pudiera leer mi original y, si le gustaba y le parecía oportuno, escribirme un prólogo. Os aseguro que las piernas me temblaron por mi juvenil atrevimiento. 


Sorprendentemente, me dijo que le mandara el original al día siguiente, que lo leería y que ya me contaría. ¡Me quedé mudo! Volvimos a la fiesta y cuando finalizó, antes de salir, Antonio me dio una tarjeta con su dirección y me dijo: «¡Mañana lo espero!». Y claro, ¡desde luego que se lo llevé! No pude dormir en toda la noche de los nervios.


A la semana de dejarle el original en su casa, me llamó por teléfono su secretario para decirme que a Antonio le había gustado muchísimo el libro y que pasara a recoger el prólogo que me había escrito. Me fui para allá corriendo. Cuando llegué, la persona que me abrió la puerta me dijo que Antonio estaba fuera, pero que había dejado un sobre a mi nombre. (¡Y mi corazón a tope!). Ya en la calle no me pude resistir, abrí el sobre y me encontré una preciosa carta manuscrita y el siguiente texto mecanografiado y firmado:


«Uno de los dos rieles por donde circula toda mi obra –sin el cual descarrilaría– es la esperanza. (El otro es la búsqueda de la justicia. Entre ambos, aparte de mi obra, sostienen algo mucho más importante: La libertad). Pero cuando hablo de esperanza no me refiero a una actitud sedente, paralizada, alucinógena. No la confundo jamás con la vana ilusión, que es una esperanza acariciada sin fundamento, la sitúo cerca de la "ilusión real", esa hermosa contradicción humana de la que, como de otras muchas contradicciones, alimenta sus verdes cánticos la vida. Para mí, la esperanza –a menudo lo he dicho– es una virtud bajita e inquieta, una virtud con las piernas muy cortas que, no se sabe cómo, arrastra tras de sí y con la lengua fuera a sus hermanas, más altas e importantes, la fe, la caridad, la prudencia, la fortaleza, todas.


»Si hay algo que distinga tajantemente al ser humano de todos lo demás –incluidos Dios y los ángeles– es su capacidad de esperanza. De una esperanza activa y consoladora, esa certeza de que los momentos más negros de la noche son los que preceden precisamente al alba. Cuando el contenido copioso y abigarrado de la caja de Pándora se desvanecía, quedó en su fondo un último rehén: el brillo de la esperanza, un patrimonio que el hombre usa en exclusiva mientras su vida dura. Porque cuando concluye la esperanza, sobreviene la muerte verdadera. Mientras hay vida hay esperanza, decimos. Y es verdad. Y también es verdad lo contrario. Lo que empuja a la muerte, lo que mata, no es la desesperación –cuyo oscuro ímpetu es todavía cosa de la vida, su desmelenamiento, su alarido–, sino la desesperanza, cotidiana vanguardia de la muerte.


»¿Qué sería del mundo si no hubiera esperanza? ¿A santo de qué se movería, en qué dirección, con cuál  motivo? Se ha pretendido, a veces, que la esperanza es la minadora del presente, el aplazamiento que –por mirar al futuro– deja escapar la flor de hoy. En ese sentido de frágil remisión "sine die", de vergonzante delegación, no uso yo la palabra. Más aún, la detesto. Sin embargo, creo que apenas el presente existe sin su proyección hacia el futuro –un futuro más grande, más abierto, más noble, más alegre– en que cada instante comienza a convertirse.


»Este libro, para el que escribo con tanto amor las líneas iniciales, es una prueba de cuanto venero. No se trata en él de recoger unas esperanzas acobardadas, reacias, contentadizas. Se trata de ofrecernos un ramo de esperanzas sonoras, vociferantes, contestatarias. Se trata de una esperanza en marcha, que se echó a cantar por las caminos apasionadamente. Porque si ella es el sabor de la vida, también es cierto que la vida en ocasiones –largas, largas a veces– no amarga. Y es preciso sacarnos su amargura, a gritos, de la boca. Eso hicieron los hombres y mujeres cuyas canciones recopila y ordena este libro, contagiarnos desesperadamente su esperanza.


»Prologarlo, por tal causa, era un deber para mi conciencia y una feliz necesidad para mi corazón. Es difícil que un libro de sociología equivalga, en una época coronada de espinas, al libro que el lector tiene en sus manos. Para dar las gracias a quienes lo protagonizan y al enamorado coleccionador de tanta humanidad, estampo aquí mi firma. No tiene más mérito que ser esperanzada y solidaria como lo que es esta obra».


Como habréis podido comprobar, la generosidad manifestada por Antonio Gala hacia mi persona fue inmensa. Nunca sabré cómo agradecérsela. Lo que sí hice fue encargarle a unos amigos gallegos que me mandaran unas cerámicas de Sargadelos iguales a las que tenía en mi baño y regalárselas… A partir de aquel día mantuvimos una bonita amistad. 


Verdaderamente, la vida, cuando menos te lo esperas, te sorprende, y cuando así ocurre a uno no le queda más remedio que acordarse de Violeta Parra y cantar con ella su "Gracias a la vida".


sábado, 8 de junio de 2024

DE CUANDO ALGUIEN ESCRIBE Y PUBLICA UNA CRÓNICA DE TU TRABAJO Y CONSIGUE EMOCIONARTE

Ayer, 7 de Junio, el Diario Digital de Música de Autor (Cancioneros.com) publicó una extensa crónica sobre mi libro "VOLAD CANCIONES, VOLAD".


La crónica, firmada por XAVIER PINTANEL, director del diario, me supuso una muy emocionante bocanada de alegría, y es que, cuando uno ya está próximo a cumplir los ochenta, y sesenta de esos años vividos los ha dedicado apasionadamente a la "canción de autor", resulta muy gratificante que alguien como Xavier, y en un medio como Cancioneros.com, reconozca y valore tu trabajo. Tras leer este artículo mi principal pensamiento fue: "Me ha merecido la pena mi trabajo y mis pasiones y ojalá la vida me regale unos cuantos años más para poder seguir haciéndolo˝. 

Os invito a leer este artículo del que, con toda sencillez, pero con mucha satisfacción y orgullo, reproduzco cuatro fragmentos y la foto que le acompaña:

«El último libro del maestro y cronista fundamental de la canción de autor Fernando González Lucini, Volad canciones, volad, nos invita a un viaje profundo y emotivo por la poesía hecha canción. Un libro, resultado de un esfuerzo monumental en investigación y documentación que reúne a los trece poetas más musicados en español, con sus trece poemas más versionados.


»Volad canciones, volad demuestra de manera contundente que no puede entenderse la historia canción de autor sin la poesía escrita. Los trece poemas seleccionados ilustran cómo la música puede ser un vehículo poderoso para la difusión de la poesía. La canción de autor, con su capacidad de llegar a amplias audiencias, se convierte en un medio eficaz para dar a conocer la poesía y mantenerla viva en la memoria colectiva, mostrando cómo la música puede actuar como prescriptora de la poesía, llevándola a nuevas generaciones y contextos.

 


»Para entender la magnitud de Volad canciones, volad, es crucial conocer a su autor. Fernando González Lucini es una figura central en el estudio y la difusión de la canción de autor en el ámbito hispanohablante. Con una trayectoria que abarca varias décadas, Lucini ha dedicado su vida a investigar, documentar y divulgar este género, contribuyendo de manera significativa a su apreciación y conservación. Su obra se caracteriza por una rigurosidad documental y una pasión evidente por la materia, cualidades que se reflejan en cada página de este libro.

 

»Volad canciones, volad es, en definitiva, un tributo a la poesía y la música, y a la relación simbiótica que existe entre ambas. A través de los trece poemas y sus versiones musicales, Fernando González Lucini nos ofrece una obra que es al mismo tiempo un documento histórico, una pieza literaria y una experiencia estética. Este libro no solo celebra a los poetas y sus poemas, sino también el arte de convertir palabras en melodías y es un testimonio del poder transformador de la canción de autor.»

Comparto, seguidamente, el enlace para entrar en Cancioneros.com:

https://www.cancioneros.com/co/12471/2/volad-canciones-volad-un-viaje-por-la-poesia-hecha-cancion-del-maestro-lucini-por-xavier-pintanel?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR3UF6HSaaVX21mohCbwGRdBsaT9zR3mtqnUb0BPjsyX8p8hDYH5s91M2aM_aem_Adv69btRUog5ZU6OPBaQLODFo-FrgzAT7B-b-9m-EFzqVQFRGbdA77yJC0wO5FlH0c9kMhs9UakyUcy-IH3wbylO

martes, 4 de junio de 2024

MIS MEMORIAS BIBLIOGRÁFICAS (7): "VEINTE AÑOS DE CANCIÓN EN ESPAÑA" (1984).

En el año 1983, mientras publicaba la biografía de Carlos Cano y poníamos en marcha la Asociación de la Música Popular, inicié también una aventura apasionante. Quizá de las más apasionantes que he vivido en «mi vida entre canciones». Me refiero a los tres años que dediqué a la creación y posterior publicación de los cuatro volúmenes de Veinte años de canción en España (1963-1983).


En aquel momento, mientras mi casa se iba llenando de vinilos (todos relacionados, directa o indirectamente, con la «canción de autor»), en mi sensibilidad y mi memoria auditiva se acumulaban miles de canciones que revoloteaban alborotadas. Era como si aquel universo sonoro, musical y poético, me hubiera invadido definitivamente. Canciones que se entremezclaban y se fundían entre sí, aportando cada una, desde su individualidad, nuevos matices y perspectivas a las otras. Y todo ello introduciéndome en el conocimiento sensitivo de la realidad, o sea, de la vida, sin racionalismos; a golpe de sentimientos y latidos. 


Aquel acercamiento activo que mantuve con nuestra «canción de autor» fue tan intenso y tan plural, que llegué al convencimiento (que hoy sigo manteniendo) de que, con el paso de los años, nada relacionado con la vida y la existencia humana le había sido ajeno. O lo que es lo mismo, que toda la realidad humana, en todas sus vertientes y manifestaciones, había sido cantada.


Frente a ese convencimiento, que en realidad era una intuición sentí la necesidad de comprobarlo objetivamente y pensé que la mejor forma de hacerlo era a través del análisis y la clasificación temática de esas miles de canciones para, luego, relacionarlas entre sí, buscar sus posibles complementariedades y, a partir de ahí, elaborar un pensamiento global referido a cada uno de los temas seleccionados. De hecho, en 1975, en el libro Nueva canción: disco fórum y otras técnicas, ya había iniciado algo similar, aunque con menos discos y menos canciones.


El trabajo a realizar estaba claro y era una investigación realmente provocadora. Tenía muy claros sus objetivos y disponía de una gran parte del material discográfico que necesitaba para iniciarlo. El problema que se me planteaba era cómo llevarlo a la práctica. Era un trabajo muy intenso y, teniendo en cuenta los medios de que disponía en aquel momento, resultaba una auténtica locura, sobre todo teniendo en cuenta que, por ejemplo, en aquel momento no podía disponer de un ordenador y no me quedaba otra alternativa que acudir a la más pura artesanía. Menos mal que ahí estuvo Tonona, que se entregó al proyecto en cuerpo y alma.

Diseñamos una ficha que incluiría la letra de cada canción, su autor, el disco al que pertenecía y la referencia temática. Si la canción estaba compuesta en catalán, en euskera o en gallego, la ficha se duplicaba, una en castellano y otra en la lengua correspondiente. Imprimimos varios miles. Nos compramos unos ficheros metálicos donde poder ir guardándolas debidamente clasificadas y... ¡a trabajar! 


Lo primero que hice fue un listado de temas relacionados con la identidad humana (sobre todo desde la perspectiva de los valores básicos) y con la realidad social vivida en aquel momento en nuestro país. Temas que, a lo largo del proceso de investigación, se fueron concretando y ampliando. Entre ellos, la libertad, la igualdad, el amor, la solidaridad, la amistad, el miedo, la vida y la muerte; o temas relacionados con problemas concretos como la pobreza, la represión, la guerra, la violencia, la emigración y la destrucción de la naturaleza.


En el curso de la investigación fueron surgiendo problemas que tuvimos que afrontar con mucha imaginación e invirtiendo todos nuestros ahorros. Tuvimos que buscar y pagar a traductores para los textos catalanes, vascos y gallegos que en los discos no venían en versión castellana; tuvimos que transcribir canciones escuchándolas varias veces porque las letras no se incluían en las carpetas de los discos; realizamos varios viajes para ampliar la información y comprar algunos discos importantes que nos faltaban y que eran difíciles de conseguir en Madrid. En fin, un trabajo duro y de muchas horas que en realidad nos resultó muy gratificante. Tonona y yo éramos muy conscientes de que merecía la pena lo que estábamos haciendo.


Pasados varios meses, cuando tuvimos hechas y clasificadas la mayoría de las fichas, me puse a trabajar en cada uno de los temas seleccionados. Primero analizaba el contenido poético de cada canción y anotaba el aspecto o la dimensión temática que abordaba; después establecía las relaciones temáticas que me iba encontrando entre ellas y, por último, redactaba un ensayo sobre el tema propiamente dicho que incluía los textos poéticos que lo fundamentaban. Redacción escrita a máquina, corregida y vuelta a escribir. Ese fue realmente el momento en que sentí la necesidad de darle las gracias a la vida por haberme permitido aprender mecanografía durante el tiempo que estudié para perito mercantil. Como ya conté anteriormente, esa fue la única asignatura que me interesó en mi paso por la Escuela de Comercio.


Mientras realizaba todo ese trabajo, primero me preocupó y luego llegó a obsesionarme qué hacer con los resultados de aquella investigación para que no se quedara en casa o, en otras palabras, qué hacer para darla a conocer y compartirla. En aquel momento empezaba a tener muy claro que el resultado que iba obteniendo era de tal magnitud que superaba con creces la posibilidad de publicarlo en un solo libro. Pensaba que, en caso de editarse, habría que hacerlo, al menos, en cuatro volúmenes.


Inmerso en aquella preocupación y rodeado en casa de fichas, discos y canciones, tuve la suerte de conocer a otro maravilloso personaje que compartía muchas de mis locuras, Javier Aisa. Javier era el coordinador del consejo de redacción de la Editorial ZERO de Madrid (Grupo Cultural Zero), una editorial que había surgido durante la transición y que era heredera ideológica de la mítica editorial ZYX que había sido clausurada a la fuerza por el gobierno en 1969. Le conté a Javier la investigación que estaba haciendo y él, que también amaba la «canción de autor», me propuso publicar el proyecto en su editorial aunque teniendo en cuenta que era una empresa pequeña, prácticamente familiar, y con muy pocos medios. No obstante, le pareció bien lo de publicarlo en cuatro volúmenes. El trabajo realizado, según él, lo merecía. Como os podréis imaginar, sin dudarlo ni un segundo y sintiéndome un ser de lo más afortunado, le dije que sí y firmamos el contrato.


Y así fue. A la investigación la llamamos Veinte años de canción en España (1963-1983) y la publicó el Grupo Cultural Zero en cuatro volúmenes que fueron saliendo anualmente entre 1984 y 1987. 

Dos años después, Javier Aisa, por desgracia, tuvo que cerrar la empresa y los libros pasaron a formar parte del catálogo de Ediciones de la Torre. Jose María Gutiérrez de la Torre, su fundador y director, reeditó los cuatro volúmenes en 1989. La vida ha sido buena y tierna conmigo, jamas podré agradecerle su generosidad tanto como se merece.


Publicado el primer volumen, centrado fundamentalmente en el valor de la esperanza, decidimos presentarlo el 24 de octubre de 1984 en el Palacio de Longoria, sede de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Fue un acto inesperadamente hermoso y muy emocionante. En él participaron, entre otros amigos y cómplices, Teddy Bautista, María Asquerino (que leyó el prólogo de Antonio Gala), Gabriel Celaya y Amparo Gastón, Antonio Buero Vallejo, Ana Diosdado, Basilio Martín Patino, Genovés, Alcorlo, Paco Ibáñez, Joaquín Sabina, Pi de la Serra, Antonio Resines, Luis Euardo Aute, Javier Krahe, Benedicto, Carlos Cano, Chicho Sánchez Ferlosio, Lole y Manuel, Pablo Guerrero, Vainica Doble (Carmen y Gloria), Amancio Prada, José Antonio Labordeta, Elisa Serna, Víctor Claudín, Antonio Gómez, Marina Rossell, Raul Alcover, Adolfo Celdrán, Claudina y Alberto, Caco Senante, Elfidio Alonso y Joan Baptista Humet.

Al día siguiente de la presentación, Ana Diosdado escribió en el periódico Diario 16 una preciosa crónica titulada «De los cantautores y otros amigos del alba»; texto del que quisiera compartir el siguiente fragmento:


«Desde luego, no es un juego de palabras. Sí que pueden ser calificados de "amigos del alma" los cantautores, claro que sí, y por muchas razones, pero como efectivamente es a la hora del alba cuando solemos los seres humanos ser más vulnerables al desaliento, a la angustia, al miedo, es también a esa hora cuando la voz de un amigo entrañable, al que conocemos, o no, puede desde un disco puesto al mínimo volumen, escuchado con recogimiento y comunión, sernos más preciada, acompañarnos más, darnos más ánimo.


»Bálsamo, fuerza y moral, los cantautores.


»Hace pocos días, el palacio de Longoria abría sus puertas para una celebración. Los autores festejaban en su sede la presentación de un libro, bellamente prologado por Antonio Gala. Veinte años de canción en España, de Fernando González Lucini.


»Y allí estaban todos, bien pocos faltarían, aunque algunos habían tenido que viajar para acudir a la celebración (Pi de la Serra llegaba directamente desde el aeropuerto, Paco Ibáñez había volado desde Francia, Luis Eduardo Aute apresuraba un regreso que había previsto para más tarde), pero allí estaban, abarrotando salones, escalera y pasillos, "departiendo amigablemente", como dice esa frase oficial que quiere decir charlando; allí estaban encontrándose, cambiando abrazos, sorpresa y comentarios, atrapando canapés y una copa, y entre frase y frase, entre recuerdo y recuerdo, entre proyecto y proyecto, allí estaban con sus miradas brillantes, alegres, con sus risas. Allí estaban heterogéneos, alborotadores, hermanos y libres. Allí estaban, libres... Dios mío, libres».


Por último, he de decir que la gran cantidad de críticas y reseñas que se publicaron en la prensa sobre el libro me resultaron tremendamente gratificantes y compensaron con creces el trabajo y el esfuerzo realizados. Me apetece evocar y compartir, pasado el tiempo, algunas de ellas.


«Es el estudio más serio, riguroso y documentado que se ha escrito sobre la canción española de autor». (Antonio Gómez. El País. 28 de octubre de 1984)


«Esta obra quedará como punto de partida inevitable para historiadores, estudiosos y pedagogos de una cierta literatura musical en este país». (Álvaro Feito. Guía del Ocio. 15 de octubre de 1984)


«Hay obras que por estricta justicia se hacen merecedoras de los más entrañables parabienes. González Lucini ha realizado un enorme esfuerzo cuyos resultados pueden ser calificados de perfectos. Creo que no había otra forma de hacerlo distinta a como él lo ha hecho, y es que detrás del trabajo lento y minucioso de ordenación y catalogación de los materiales, existe algo que no quiero pasar por alto: su entusiasmo. La seducción que sobre él ejerce la canción, la poesía de los textos, es evidente. Se diría que entre ellos hay una convivencia de largos años y de ahí ha surgido una verdadera pasión». (Santiago Alonso. Reseña. Mayo de 1986)


«Fernando González Lucini pertenece a esa extraña raza de gente que, de puro generosa y apasionada, debe estar a punto de extinción...; es uno de esos locos rara avis que decide empeñarse en un proyecto titánico que no tiene por objeto ni el poder, ni la fama, ni la gloria, ni el éxito económico, sino el hedonismo exacerbado y algo masoquista de trabajar sobre un material que le resulta esencialmente grato: la canción de autor». (Luis Eduardo Aute. Dominical del diario Ya. 8 de junio de 1986)


Teniendo en cuenta que los cuatro volúmenes de Veinte años de canción en España (1963-1983) tienen su propia historia particular y entrañable proximamente dedicaré un cuelgue dedicado a cada uno de ellos.

 

lunes, 27 de mayo de 2024

MIS MEMORIAS BIBLIOGRÁFICAS (6): "PUEBLO QUE CANTA" (OBRA COLECTIVA) (1984).

En 1983, se creó la "Asociación de la Música Popular" en la que tuve el placer de colaborar como vicepresidente apoyando incondicionalmente a ELISA SERNA como auténtica creadora de aquel gran proyecto que felizmente, por un tiempo, se hizo realidad.
Una de las primeras iniciativas que realizamos en la Asociación fue la edición de un libro en el que participaran el máximo de cantautores, cantautoras y amantes de la "música popular"; libro al que decidimos titular "PUEBLO QUE CANTA", obra publicada por la mítica Editorial Grupo Cultural Zero Zix y, hoy por hoy, joya atesorada por coleccionistas.

El amigo VÍCTOR CLAUDÍN dirigió aquel libro y realizó un magnífico trabajo que se publico  en 1984. En aquel histórico libro colaboramos Francisco Almazán, Elfideo Alonso, Moncho Alpuente, Luis Eduardo Aute, Benedicto, Carlos Cano, Adolfo Celdrán, Víctor Claudín, Joaquín Díaz, Álvaro Feito, Manuel Gerena, Antonio Gómez, Pablo Guerrero, José Antonio Labordeta, Julia León, Fernando G. Lucini, Luis Pastor, Raimon, Marina Rossell, Joaquín Sabina, Elisa Serna y Jorge Morgan. 


Concretamente el índice temático de aquel libro fue el siguiente:

• Introducción por Víctor Claudín.
• Dibujo de Luis Eduardo Aute.
• Música popular consciente; Defensa del poasado, aliento del futuro. De Álvaro Feito.
• Escribe Elfidio Alonso (Director de los Sabandeños).
• Campo magnético. Escribe Elisa Serna.
• Escribe Carlos Cano.
• ¿Es posible hoy el folklore?. De Antonio Gómez.
• Escribe Marina Rossell.
• Escribe Juaquín Díaz.
• Escribe Benedicto.
• Nuestros más hermosos sueños a la luz de la esperanza. De Fernando González Lucini.
• Escribe Raimon.
• Escribe Pablo Guerrero,
• Escribe Julia León.
• Escribe Luis Pastor.
• De profetas y náufragos. De Moncho Alpuente.
• Escribe Manuel Gerena.
• Escribe Adolfo Celdrán.
• Escribe Joaquín Sabina.
• Escribe José Antonio Labordeta.
• Folklore y sociedad. De Francisco Almazán.

Recuerdo perfectamente el día que le pedimos a LUIS EDUARDO AUTE –que fue uno de los primeros socios– que participara en el libro. Enseguida tuvo clara su colaboración y a los pocos días nos trajo personalmente este dibujo "dilemático" que donó a la Asociación y que se reproduce en la página 8 del libro.


Por su parte JORGE MORGAN creó la portada e ilustró el libro con hermosos dibujos como estos:





sábado, 18 de mayo de 2024

MIS MEMORIAS BIBLIOGRÁFICAS (5): BIOGRAFÍA DE “CARLOS CANO” (1983).

La primera vez que supe de la existencia de CARLOS CANO, y que le escuche cantar, fue a través de su primer LP A duras penas. Fue tanto lo que me prendió aquel primer disco que, en 1977, cuando tuve la oportunidad de empezar a publicar mis primeros artículos periodísticos sobre la  "canción de autor", le dediqué uno al que titulé Carlos Cano y la Nueva Canción Andaluza

En aquel momento, Carlos estaba en Madrid grabando su segundo LP: A la luz de los cantares y tuve el placer de conocerle personalmente. Recuerdo que le hice una entrevista e iniciamos una entrañable amistad.

Tras A la luz de los cantaresCarlos grabó sus Crónicas granadinas (1978), De la luna y el sol (1980) y El gallo de Morón (1981); tres hermosísimos discos que lamentablemente no llegaron a tener, al menos fuera de Andalucía, la valoración que en justicia merecían.

Ante esta situación, cuando Carlos empezó a pensar en su siguiente disco, que se tituló Si estuvieran abiertas todas las puertas, decidimos pasar unos días en una casa que yo tenía alquilada en la sierra de Madrid para charlar tranquilamente y pensar qué podríamos hacer con el fin de promocionar el nuevo disco, por todo el país, con mejores resultados que los anteriores.

Una de las posible acciones que se me ocurrieron, y que le propuse a Carlos, fue escribir un libro con su biografía que podríamos publicarlo haciéndolo coincidir con la salida al mercado del nuevo disco, prevista para finales de 1983. A Carlos le pareció bien. El problema que se nos planteaba no era escribirlo, ya le conocía bien y además tenía suficiente tiempo para hacerlo; el problema era quién podría editarlo.

Inmediatamente pensé en la magnífica Colección Los Juglares, que publicaba la Editorial Júcar. En aquel momento ya habían aparecido en ella, entre otras, las biografías de Dylam, Jacques Brel, Brassens, Serrat, Pi de la Serra, Víctor Manuel, Labordeta, Vainica Doble, Raimon o Aute.

Nada más regresar de la sierra solicité una entrevista a María de Calonje y a Silverio Cañada, que en aquel momento dirigían lo colección, y les conté el proyecto.

En un principio parecía que aquello no iba a prosperar. Carlos aún no era lo suficientemente conocido como para que su biografía despertara demasiado interés editorial y pudiera venderse (era una "inversión arriesgada", me dijeron). Entonces se me ocurrió plantear la posibilidad, para reducir los gastos, de que yo mismo, además de escribir el libro, podría hacerme cargo de su maquinación y de su diseño, sin cobrarles nada. Por otra parte también les propuse (por supuesto habiéndoselo consultado previamente a Carlos) que estábamos dispuestos a percibir los derechos de autor no en dinero, sino en libros. A Maria y a Silverio aquellos planteamientos les parecieron aceptables (¡como no!), y el libro pudimos llegar a hacerlo realidad. 

Lo publicamos en los primeros días de octubre de 1983 coincidiendo, como habíamos revisto, con la edición del disco Si estuvieran abiertas todas las puertas. (Obra en la que Carlos incluyó canciones verdaderamente referenciales de su repertorio como "Tango de las madres locas", "La metamorfosis", "Elisa", "Hijos de la calle", o "La estrella perdida".)

Recuerdo, como anécdota, que, cuando firmamos el contrato, pensamos que parte de aquellos libros que nos tenían que entregar (llegaron a ser más de trescientos) podríamos utilizarlos para la promoción del próximo disco, cosa que no tuvimos más remedio que hacer con la totalidad, puesto que la editorial, al entregárnoslos, ya se encargó de estampar, en todos y en cada uno de ellos, un sello bien visible que ponía: «Ejemplar NO VENAL».

La redacción de aquel libro fue una aventura apasionante. Me planteé como objetivo penetrar en lo que llamé «el umbral del silencio» de Carlos, con el fin de ir mucho más allá de sus datos biográficos y llegar, en lo posible, al descubrimiento de su humanidad y de su mundo interior, del que, sin duda, nacían sus canciones.

Compartimos y hablamos relajadamente muchas horas, lo que me permitió conocer bien su humanidad y su pensamiento, y, al mismo tiempo, que fuéramos afianzando entre nosotros una más sólida relación de amistad y de cariño.

A finales del verano de 1983 montamos una pequeña oficina en Madrid desde donde pusimos en marcha la estrategia, o plan de promoción, que habíamos diseñado durante meses; plan que consistía básicamente en la presentación del libro y del disco.

Fue un trabajo duro y pasamos bastantes nervios: pero, en realidad, nos reímos mucho y compartimos muchas satisfacciones. 

La presentación del libro la realizamos en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid, el 18 de octubre y corrió a cargo de Fernando Savater, de Maria de Calonge y de un servidor. Fue todo un éxito. Carlos, con su acostumbrada timidez, en un momento determinado desapareció. Menos mal que al final pudimos rescatarle para que firmara algunos libros conmigo.

A los cinco días de la presentación del libro, es decir, el 21 de octubre, presentamos el disco Si estuvieran abiertas todas las puertas, con un concierto de Carlos celebrado en el teatro Salamanca, de Madrid. Precioso concierto en el que felizmente tuvimos que utilizar el deseado cartel de «Agotadas las localidades.»

Con motivo de ambas presentaciones se me ocurrió, y así lo hicimos, crear un grabado, o aguafuerte, de corta tirada que pudiera ser un recuerdo testimonial de aquel momento en la vida profesional de Carlos, y a la vez una invitación "muy especial" para la participación, de las personas más amigas, en los dos encuentros que habíamos organizado. Para ello hablé con el escultor Amadeo Gabino, con el que mantenía una muy buena amistad. Le encantó la idea y nos pusimos a trabajar en ella. Una vez creada la plancha por Amadeo, la estampación la realizamos en el taller de otro gran pintor amigo: Fernando Bellver.

La imagen del aguafuerte representaba una puerta que se abre a la posibilidad de la luz y de la utopía, y se acompañaba de dos fragmentos poéticos manuscritos: El de la parte superior tomado de un texto que le escribí a Carlos para incluir en la carpeta de su disco; y el de la parte inferior un fragmento tomado de la canción "La estrella perdida" de Carlos Cano..

«Por encima del tiempo y el espacio surge el SILENCIO, y en el silencio hoy de nuevo, la ESPERANZA, y el sueño, y la fe, y la UTOPÍA. Y en el silencio la visión conmovedorade una puerta, una sólida y desafiante puerta, cerrada desde siglos, que cobra ligereza en su apertura». (Fernando González Lucini.)

«La utopía abrirá las fronteras que al mundo separan de la inmensidad». (Carlos Cano.)

A partir de 1983 se inició una nueva etapa en la carrera artística y discográfica de Carlos que se concretó en 1985, con la aparición del álbum Cuaderno de coplas publicado por Ariola.

Finalmente, para concluir este capítulo, voy a reproducir un texto de Carlos Cano, tomado de la biografía que publiqué en Júcar; texto que retrata muy bien su personalidad y lo que fueron las raíces vinculantes de nuestra amistad. Recordemos que justo, por entonces, yo estaba reivindicando el "silencio" y la "interiorización" en la Sinfonía pedagógica en tres tiempos desarrollada en mi libro "Música, canción y pddagogía"

«Reivindico el silencio, reivindico la soledad, digo que no es mala, digo que el silencio es un tiempo que tenemos que recuperar, que hay que empezar a escuchar y a comprender la realidad desde el silencio para llegar a encontrarnos de verdad con nosotros mismos. Reivindico el derecho a decir: "Me encuentro tierno y sensible", sin que me dé la más mínima vergüenza. Reivindica la sensibilidad como fortaleza.»

martes, 14 de mayo de 2024

INFORMACIONES ACLARATORIAS Y COMPLEMENTARIAS

Creo que es importante que una vez publicado el libro “VOLAD CANCIONES, VOLAD” comparta algunas INFORMACIONES ACLARATORIAS Y COMPLEMENTARIAS sobre él:

• Se trata un libro que surge de la investigación que desde hace cinco años vengo realizando sobre la obra musicalizada de nuestros grandes poetas.

• En este libro trato solamente de 13 poetas, de 13 poemas musicalizados y de 13 canciones en sus múltiples versiones.

• Es, por tanto, un libro que ofrece tan solo “una pincelada” del trabajo que llevo realizado durante estos cinco últimos años. Trabajo de investigación que numéricamente queda reflejado en el CUADRO que seguidamente voy a adjuntar. En resumen, en este momento mi investigación –centrándome solo en los 13 poetas que aparecen en el nuevo libro– se compone de 2.515 poemas, 11.330 canciones y 4,449 discos.


• Todas esas canciones (11,330) son parte de las más de 25.000 que he ido localizando y comprando para crear una BASE DE DATOS SONORA y poder escucharlas, analizarlas y clasificarlas. Lo que me ha supuesto una inversión importante que me temo no voy a poder amortizar dado el desinterés institucional y en gran medida social que estoy percibiendo y viviendo día a día respecto a la poesía musicalizada.

• Pese a ello, sigo investigando y luchando por este hermoso y creo que importante proyecto, ahora ya sabéis que estoy trabajando sobre la obra musicalizada de la gran poeta mexicana Juana Inés de la Cruz, de la que ya tengo clasificadas más de 150 canciones. 


miércoles, 8 de mayo de 2024

PIROPILLOS Y AGRADECIMIENTOS.


«El libro “VOLAD CANCIONES VOLAD” es una obra maestra. Como él, D. Fernando Gonzalez Lucini , la máxima autoridad sobre la Canción de Autor. Llevo tres días disfrutando de su contenido. Y lo que me queda! De recomendabilísima lectura para todo ser que ame la Literatura, la Canción de Autor y la Cultura Segura! ¡Gracias,Maestro!». (PACO DE BORJA.)

«Fernando viene en este libro a acercarnos a 13 canciones "imprescindibles" de las que todos llegamos un día a comer, a beber, a respirar y finalmente a volar... Nunca agradeceremos suficientemente el caminar de Fernando de la mano de la canción de autor y su crónica, durante tantas décadas ya... ¡un abrazo agradecido! Eskerrik asko!». (ROGELIO BOTAN.)

«Fernando lo vuelve a hacer: una obra "a-LUCINI-ante" con trece poetas y trece canciones de altos vuelos, canciones para planear por las nubes de la poesía, canciones mimadas por la excelencia que mi admirable tocayo pone en todo lo que hace. Obra indispensable, no puede faltar en tu rincón.» (CIBER CANCION DE AUTOR. FERNANDO BÓDALO.)

«Un libro cuidadísimo en el que analiza 13 poemas de 13 autores diferentes que han conseguido "escapar" de los libros y las estanterías para vivir en los corazones y las gargantas de la gente. Fernando ha hecho un trabajo de investigación digno de una película, no hay duda. Todos los que amamos la canción de autor y la poesía debemos tener en nuestras estanterías este excelente trabajo de Fernando.» (VÍCTOR AFARO.) 

MIS MEMORIAS BIBLIOGRÁFICAS (8): "VEINTE AÑOS DE CANCIÓN EN ESPAÑA". PRIMER VOLUMEN: "DE LA ESPERANZA/APÉNDICES" (1984)

El primer volumen de Veinte años de canción en España (1963-1983) , editado en septiembre de 1984, lo dediqué al tema de la esperanza , sin ...