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viernes, 6 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA I - «COMO UNA ESTRELLA QUE JAMÁS SE APAGA».

Hoy inicio una nueva serie de "cuelgues" dedicados
a otra de «MIS GRANDES AMADAS CANTORAS DEL ALMA»,
se llama VIOLETA PARRA y es una de las felices culpables
de que lleve muchos años –y los que me queden– 
dando las GRACIAS A LA VIDA

Violeta Parra.

VIOLETA PARRA ha sido sin duda, una de las más grandes mujeres del siglo XX; mujer que supo afrontar la vida con coraje, con sensibilidad y, sobre todo, que ejerció, desde muy pequeña, sus irrenunciables derechos a la igualdad y a la libertad.

Mujer fuerte, rebelde, contestataria y luchadora, que, sin renunciar en ningún momento a la sensibilidad y a la ternura –que fueron, sin duda, unas de las manifestaciones más hermosas de su identidad y de su obra–, supo hacerle frente al machismo de su época y, más aún, a la hipocresía y a la injusticia de que eran culpables en aquel momento –tanto en Chile como en la mayoría de los pueblo latinoamericanos– los sectores sociales y políticos más conservadores y poderosos. Cualidad por la que Nicanor Parra, hermano mayor de Violeta, llegó a definirla, en su poema "Defensa de Violeta Parra", como "un corderillo disfrazado de lobo".

Creadora sin límites, Violeta vivió siempre inmersa en una nada fácil experiencia personal entretejida de luchas y de contradicciones. Navegó de la esperanza a la insatisfacción, del amor a la soledad, de su profunda sensibilidad religiosa a su desprecio hacia la burguesía –descaradamente hipócrita– que alardeaba de su catolicismo, y hacia la incoherencia de muchas de las instituciones eclesiales. Violeta transitó desde la tristeza y el dolor frente a la injusticia a su desbordante gratitud por el inmenso don de la vida.


Artesana y folklorista admirable, consiguió darle vuelo libertad y altura a la tradición y al canto popular que ella misma rescató de la entraña del pueblo chileno. Cantora "chilensis" –y a la vez universal– cuyo canto fue, y sigue siendo "como azadón que le abre surcos al vivir y a la justicia en su raiz".

« [...]. Y su conciencia dijo al fin:
"Cántale al hombre en su dolor,
en su miseria y su sudor
y en su motivo de existir".
Cuando del fondo de su ser
entendimiento así le habló,
un vino nuevo le endulzó
las amarguras de su hiel.
Hoy es su canto un azadón
que le abre surcos al vivir,
a la justicia en su raíz
y a los raudales de su voz.
luces brotaron de cantor».
(Violeta Parra. "Cantores que reflexionan")


Víctor Jara, al referirse a ella y a su obra, hizo la siguientes declaraciones publicadas en la revista "El Caiman Barbudo" –nº 54, marzo de 1972, Cuba–: «Su presencia es como una estrella que jamás se apaga. Violeta que desgraciadamente no vive para ver este fruto de su trabajo, nos marcó el camino, nosotros no hacemos más que continuarlo y darle, claro, la vivencia del proceso actual».

Un camino que, trascendiendo la propia realidad chilena, se convirtió, durante los años cincuenta y sesenta, en punto de referencia para un gran número de cantantes latinoameticanos y europeos; entre ellos en España, por ejemplo, Mikel Laboa –creador vasco–, que la admiraba profundamente a través de sus discos, comprados en Bayona o en Biarritz, o Carlos Cano, que siempre la reconoció como una de sus grandes maestras.

Es importante también recordar, en este momento, a la gran Mercedes Sosa recitando en Brasil –a corazón abierto– un fragmento de la "Defensa de Violeta Parra" escrita por Nicanor:


Violeta nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, pequeño pueblo, cercano a Chillán, situado en Bío-Bío, región centro sureña de Chile.

Su padre, Nicanor Parra, profesor rural, impartía clases de música en la escuela primaria; su madre, Clarisa Sandoval, era campesina, bordadora y una magnífica guitarrera a la que le entusiasmaba cantar. Violeta tuvo diez hermanos; ocho hijos de Nicanor y de Clarisa, y dos nacidos del primer matrimonio de su madre.

La propia Violeta al hablar de su pueblo y de su infancia decía: «Era un pueblecito situado por Chillán hacia el interior de la cordillera. Era un pueblo perdido en el campo a las faldas de las tierras altas; era un pueblo incomunicado con el resto de Chile; un solo camino real lo unía con Chillán y había media hora a caballo, yendo al galope tendido, y más de dos horas si se iba al paso. Mi padre no quería que los hijos cantáramos, y, cuando salía escondía la guitarra bajo llave. Yo descubrí la llave en el cajón de la máquina de coser de mi madre, donde la guardaba, y se la robé. Tenía siete años. Me había fijado cómo él hacía las posturas y aunque la guitarra era demasiado grande para mi y tenía que apoyarla en el suelo, comencé a cantar despacito las canciones que escuchaba a los grandes».

Años después, fue su propio padre quien le enseñó a tocar la guitarra, tanto a ella, como a sus hermanos.

Violeta Parra.

En 1927, con tan sólo diez años, Violeta tuvo que vivir un acontecimiento político que afectó profundamente  a su familia y, en particular a su padre; fue el golpe militar que se produjo en Chile dirigido por el coronel  Carlos Ibáñez; golpe que, con el pretexto de la llamada "despolitización del país", supuso una persecución masiva de obreros y empleados, en especial de profesores, que de la noche a la mañana, se vieron obligados a la cesantía, es decir a perder sus puestos de trabajo; entre ellos se encontraba Nicanor, padre de Violeta.

Acontecimiento y experiencia que, años más tarde, la propia Violeta Parra narró en su obra "Décimas. Autobiografía en versos chilenos".


«Por ese tiempo, el destino
se descargó sobre Chile:
cayeron miles y miles
por causa de un hombre indino.
Explica el zorro ladino
que busca la economía,
y siembra la cesantía,
según él lo considera,
manchando nuestra bandera
con sangre y alevosía.

Fue tanta la dictadura
que practicó este malvado,
que sufr’ el profesorado
la más feroz quebradura.
Hay multa por la basura,
multa si salen de noche,
multa por calma o por boche,
cambió de nombre a los pacos;
prenden a gordos y a flacos,
así no vayan en coche. [...]

Así creció la maleza
en casa del profesor;
por causa del dictador
entramos en la pobreza.
Juro por Santa Teresa
que lo que digo es verdad:
le quitan su actividad,
y en un rincón del baúl
brillando está el sobre azul
con el anuncio fatal.

Le dieron, por mucha cosa,
desahucio muy miserable,
si no le gusta, hay un sable
y un panteonero en la fosa.
Mi mama muy p, conesarosa,
malicia qu’este es el fin
y, ¡con tanto querubín
que dar alimentación!
Mejor tirarse al zanjón,
que d’hambre verlos morir».
("Décimas 26 y 27". Violeta Parra).

Efectivamente, ante la crisis económica que provocó la situación de paro forzoso vivido por Nicanor –que murió dos años mas tarde–, Clarisa, madre de Violeta, tuvo que empezar a trabajar duramente como costurera para poder alimentar a sus hijos.

Violeta Parra junto a su madre. (1959)

Por su parte Violeta, finalizada la enseñanza primaria, dejó de estudiar para ayudar a su madre en las tareas domesticas; y, en 1929, tras el fallecimiento de su padre, decidió crear un grupo musical junto con sus hermanos Lalo, Hilda y Roberto; grupo que se dedicó a recorrer los pueblos cercanos a Chillón,  cantando en las calles, en los mercados, en las plazas, en el tren o donde fuese necesario con el fin de obtener algunos ingresos que, en aquel momento, resultaban imprescindibles para poder mantener, con un mínimo de dignidad, la economía familiar.

Y ahí, con el recuerdo de aquel joven y ambulante cuarteto de los Parra concluyo este "cuelgue" que proseguirá –el próximo lunes– situando a Violeta, en 1932 –con quince años– y residiendo en Santiago.

sábado, 22 de junio de 2013

CANCIONES CON HISTORIA: "CAJITAS"; DE GERMÁN COPPINI A ADOLFO CELDRÁN, PASANDO POR MALVINA REYNOLDS, PETE SEEGER Y VÍCTOR JARA.

Como ya he informado anteriormente en el "buenos días" cotidiano de mi muro de facebook, y seguiré haciéndolo en próximos "cuelgues", GERMÁN COPPINI acaba de grabar y publicar un disco que considero mágnífico e imprescindible en los tiempos que corren –en particular para la "canción de autor"– en el que con el título genérico de «AMÉRICA HERIDA» interpreta canciones de Violeta Parra, Amparo Ochoa, Víctor Jara, Daniel Viglietti, Mario Benedettim Atahualpa Yupanqui, Carlos Puebla, Carlos Mejía Godoy, Chico Buarque o Pablo Milanés.


Entre las canciones que integran el nuevo disco de German hay una, en concreto, que me gustaría incorporar a esta sección del blog titulada "Canciones con historia"; me refiero a la canción "Cajitas".

Vamos a escuchar esta canción y seguidamente comentamos algunos detalles y curiosidades de su historia:


«Cajitas en la colina
cajitas de tiki-tak
son cajitas pequeñitas,
las cajitas hechas igual.

Las hay blancas, las hay rojas,
también las hay de color marrón.
Todas son de tiki -taka
igualitas todas son.

La gente que vive en ellas
fueron a la Universidad.
Los metieron en cajitas,
salieron todos igual.

Empresarios, abogados,
médicos y economistas hay.
Todos son de tiki-taka
igualitas todos son.

Los domingos ven al fútbol
y beben Martini-dry
Tienen niños estupendos
que muy alto han de llegar.

Viajarán al extranjero
con el dinero de papá,
donde los pondrán en cajas
y saldrán todos igual.

Los chicos van al negocio,
se casan, tienen bebés,
en cajas, pequeñas cajas,
cajitas todas igual.

Las hay blancas, las hay rojas,
también hay de color marrón.
Todas son de tiki-taka
igualitas todas son».

La canción "Cajitas" –ya cantada, en 1969, por Adolfo Celdrán (luego lo comentaré); y ahora interpretada por Germán Coppini en su nuevo disco– es una versión al castellano de la titulada “Littles boxes” compuesta por la cantautora norteamericana Malvina Reynolds

Malvina Reynolds.

Malvina Reynolds (1900-1978), defensora de lo derechos humanos, y, en particular, de los derechos de la mujer, compuso su canción “Littles boxes” en 1962.

Cuenta su hija que esta canción surgió en un viaje que realizó con sus padres hacia el sur de San Francisco, a través de Daly City. En aquel viaje a Malvina –su madre–, justo al pasar por Daly City, le llamó la atención un típico barrio residencial formado por casas elegantes y unifamiliares que aparentaban total tranquilidad y placidez, pero que en realidad ocultaban la presencia de una burguesía norteamericana totalmente clasista e insolidaria. Ante aquel panorama y las sensaciones que le produjo –relata su hija– Malvina Reynolds tomó su guitarra y compuso “Littles boxes”:


«Little boxes on the hillside,
Little boxes made of ticky-tacky,
Little boxes, little boxes,
Little boxes, all the same.
There's a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same.

And the people in the houses
All go to the university,
And they all get put in boxes,
Little boxes, all the same.
And there's doctors and there's lawyers
And business executives,
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same.

And they all play on the golf-course,
And drink their Martini dry,
And they all have pretty children,
And the children go to school.
And the children go to summer camp
And then to the university,
And they all get put in boxes
And they all come out the same.

And the boys go into business,
And marry, and raise a family,
And they all get put in boxes,
Little boxes, all the same.
There's a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same».

La canción  “Littles boxes” en muy poco tiempo se hizo muy popular hasta el punto que el propio PETE SEEGER la incorporó a su repertorio. ¡Vamos a escucharle!


La primera versión al castellano que se hizo de "Little boxes" la realizó VICTOR JARA en 1971, canción a la que tituló "Las casitas del barrio alto" y que incorporó a su disco "El derecho de vivir en paz".



«Las casitas del barrio alto
con rejas y antejardín,
una preciosa entrada de autos
esperando un Peugeot.

Hay rosadas, verdecitas,
blanquitas y celestitas,
las casitas del barrio alto
todas hechas con recipol.

Y las gentes de las casitas
se sonríen y se visitan.
Van juntitos al supermarket
y todos tienen un televisor.

Hay dentistas, comerciantes,
latifundistas y traficantes,
abogados y rentistas
y todos visten polycron.
(y todos triunfan con prolén)

Juegan bridge, toman martini-dry
y los niños son rubiecitos
y con otros rubiecitos
van juntitos al colegio high.

Y el hijito de su papi
luego va a la universidad
comenzando su problemática
y la intríngulis social.

Fuma pitillos en Austin mini,
juega con bombas y con política,
asesina generales,
y es un gángster de la sedición».

En España fue ADOLFO CELDRAN, miembro del colectivo "Canción del Pueblo" que se formó en Madrid, en 1967, quien primero versionó el tema de Malvina Reynolds. En su caso le llamó "Cajitas" y lo incorporó en su primer single grabado en 1969.



«Cajitas en la colina
cajitas de tiki - tak
son cajitas, pequeñitas,
cajitas todas igual.

Las hay blancas, las hay verdes,
y una de color azul.
Todas son de tiki -taka
igualitas todas son.

La gente que vive en ellas
fue toda a la Universidad.
Los metieron en cajitas,
salieron todos igual.

Empresarios, abogados,
médicos y economistas hay.
Todos son de tiki - taka
igualitos todos son.

Los domingos van al fútbol
y beben Martini-dry
Tienen hijos que son majos
y también estudiarán.

Cuando el PREU hayan pasado
irán a la Universidad,
donde los pondrán en cajas
y saldrán todos igual.

Los chicos van al negocio,
se casan, tienen bebes,
en cajas, pequeñas cajas,
cajitas todas igual.

Las hay blancas, las hay verdes,
y una de color azul.
Todas son de tiki - taka
igualitas todas son».

viernes, 19 de octubre de 2012

VÍCTOR JARA VI - «.. Y AQUÍ SEGUIMOS, COMO ÉL NOS ENSEÑÓ: "AFIRMANDO BIEN LA ESPERANZA"»

Víctor Jara. Foto tomada del LP "Canciones póstumas" (1973)

El 11 de septiembre de 1973, como recordábamos en el "cuelgue" anterior dedicado a VÍCTOR JARA, se produjo en Chile el cruento golpe militar que impuso en el poder al asesino Augusto Pinochet como comandante en jefe del ejército y como presidente del país. 

Un once de septiembre trágico y sangriento, en el que Salvador Allende, nunca dispuesto a rendirse, murió en el palacio de La Moneda, defendiendo la legalidad democrática.

Aquel mismo día, el Estadio Nacional –el mismo en que pocos meses antes se había celebrado el homenaje a Pablo Neruda– se convirtió en una inmensa prisión a la que fue conducido Víctor Jara, que en aquel momento se encontraba en la sede de la Universidad Técnica del Estado, en Santiago.

Pablo Neruda durante el homenaje que se le brindó
en el Estadio Nacional el 5 de diciembre de 1972.
El mismo Estadio Nacional pocos meses después
convertido en una inmensa prisión bajo las ordenes criminales
de Augusto Pinochet.

Cinco días después, el 16 de septiembre, lo asesinaron cruelmente. La noticia del asesinato la recogió la revista "Crisis", editada en Buenos Aires, con las siguientes palabras: «Víctor Jara, una de las principales voces de la canción popular chilena, fue asesinado en los camarines del Estadio de Chile. Los militares le habían destrozado las manos a golpes de culata, porque Víctor Jara encendía el ánimo de los presos cantando y batiendo palmas. Lo tirotearon en las piernas y lo dejaron desangrarse: "Canta ahora... –le decían–, a ver si ahora cantas, huevon...». (Y permitirme que yo diga, entre paréntesis, menuda partida de "cabrones").

Fue un trágico, injusto y despiadado asesinato frente al que, como lamentó León Gieco en su canción "Chacarreros de dragones" –dedicada a Víctor– «hasta el cóndor lloró».





Cuando pasados los años se me pidió que escribiera un texto para presentar la antología "Te recuerdo, Víctor" (2000), las palabras desgarradoras de aquella noticia publicado en la revista "Crisis" estuvieron muy presentes en mi mente y en mi corazón e, inevitablemente, decidí retomarlas para desahogar, por fin, el dolor, la impotencia y la "mala leche que en su día me produjeron.

Con un fragmento de aquel mismo texto concluyo los "cuelgues" que he venido dedicando al inolvidable Víctor Jara:

«Un día más "me levanto y miro la montaña"; "abro la ventana y el sol sigue alumbrando por todos los rincones de mi casa"; "vuelan mariposas, cantan grillos"; "mis ojos se llenan de luz" y "esta verde otra vez la primavera"... y aquí sigo –como Víctor me enseñó– "creyendo que la vida no ha sido hecha para rodearla de sombras y de tristezas", defendiendo como puedo nuestro "derecho compartido de vivir en paz", y "afirmando bien mi esperanza" en la certeza radical de que "hoy sigue siendo el tiempo que puede ser mañana".

Han pasado ya bastantes años desde aquel sangriento y despiadado septiembre de 1973. Cuentan que los cobardes fascistas que le destrozaron las manos a golpe de culeta y que finalmente le asesinaron –porque no podían soportar la limpieza y la fuerza de su canto y de su libertad– le gritaron mientras moría: "Canta ahora...;  a ver si ahora cantas, huevón..."... ¡Qué ignorancia la de los que sólo conocen y sólo cultivan la cultura de las armas y de la violencia!... Nada, ni nadie, ha podido silenciar su guitarra trabajadora; nada, ni nadie –ni el más traidor de los disparo– pudo acallar su canto libre y transoceánico; aquel canto de paloma que se echó a volar y que supo habitarnos sin fronteras..., voz clavada contra el alba dormida, levantándose izada, como un toro que surge en una tarde clara».

Antes de finalizar deseo recomendar dos libros fundamentales dedicados a la personalidad y a la obra de VÍCTOR JARA. Son los siguientes:

"Victor Jara. Te recuerda Chile"
de Omar Jurado y Juan Miguel Morales.
Txalaparta, Tafalla, 2003.
"Víctor Jara", de Galvarino Plaza
Ed. Júcar, 1986-
Otros libros recomendados:

"La guitarra y el poncho de Víctor Jara", de Leonard Kósichev, Editorial Progreso, Moscú, 1990.
"Víctor Jara: hombre de teatro", de Gabriel Sepúlveda Corradini. Editorial Sudamericana, Chile, 2001.
"Víctor Jara: Reventando los silencios", de Jordi Sierra i Fabra. Ediciones SM, Madrid, 1999.
"Víctor Jara: Un canto truncado", de Joan Turner. Ediciones B. Barcelona, 1999.
"Victor Jara. Obra musical completa", varios autores. Fundación Víctor Jara. Santiago de Chile, 1998.

lunes, 15 de octubre de 2012

VÍCTOR JARA V - «NO CREO EN NADA -CANTÓ– SINO EN EL AMOR DE LOS SERES HUMANOS».

Víctor Jara.

En el "cuelgue" de ayer reflexionábamos sobre la capacidad que VICTOR JARA poseía para vivir y para proyectar una profunda esperanza respecto a la posibilidad de crear un mundo mejor, más justo y solidario; hoy, en el pórtico de este nuevo "cuelgue", vamos a centrarnos en la relación inseparable que Víctor siempre estableció entre el amor y la esperanza: «El hombre –afirmó en su canción "Pepe Mendigo (Cuento de Navidad)"es mucho más hombre cuando quiere a los demás». «No creo en nada –afirmaba con rotundidad en la canción "La luna siempre es muy linda"sino en el calor de tu mano con mi mano; no creo en nada sino en el amor de los seres humanos». (En el siguiente video podemos escuchar la canción "La luna siempre es muy linda").




Fe y absoluta confianza en el poder esperanzador y revolucionario del amor, que le llevó a componer un numeroso conjunto de canciones sobre ese tema; canciones de amor tan bellas como "Paloma quiero contarte", "Deja la vida volar", "Cuando voy al trabajo", "El amor es un camino que de repente aparece", "El encuentro", "Te recuerdo Amanda" o "Anduve", una de sus canciones menos conocidas –compuesta en 1968–, pero, sin duda, una de las más hermosas y mejor construidas desde el punto de vista poético.
«Anduve sur y norte por encontrarte
amé para vivir lo que es querer;
la puerta estaba abierta
esperando que entrara
y comencé a entender la primavera,
el rito de la noche y la mañana.
Ay, amor...

La noche caminé una y mil veces
sin sentir que también tú caminabas
y un grito aquella noche
nos juntó la mirada
y sin saber tu nombre te llamaba,
y sin saber mi nombre me llamabas.
Ay, amor...

Aunque parezca absurda la inocencia
en el barro la nieve es siempre blanca;
de qué sirve plantar
la flor para cortarla,
la rosa se defiende con la espina
y nuestro porvenir con la esperanza.
Ay, amor...».


Víctor  Jara con Joan, su compañera

Víctor Jara también incorporó a su repertorio canciones compuestas sobre textos de otros poetas; entre elllos, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Violeta Parra, Alejandro Sieveking, Cristina Miranda, Atahualpa Yupanqui, Daniel Viglietti, Fernán Silva Valdés, Rubén Ortiz, Jorge Saldaña, Ernesto Grener, Malvina Reynolds, Pete Seeger,  Chicho Sánchez Ferlosio o Miguel Hernández.

Concretamente, de Miguel Hernández podemos escuchar, en el siguiente video, su versión del poema "El niño yuntero".


En realidad, Víctor, con el bagaje de sus canciones debatiéndose permanentemente entre el dolor frente a la injusticia y la fuerza de la esperanza,  no hizo nada más que "reventar los silencios" que reprimían y acallaban la voz de los sectores más empobrecidos y marginados del pueblo chileno.

De esa forma, y en aquel contexto, el canto de Víctor se convirtió en un canto rebelde y comprometido; compromiso que expresó, de forma concreta, apoyando a Salvador Allende como candidato socialista a la presidencia de la República, primero en las elecciones de 1964 –en las que no pudo alcanzar la mayoría–, y, posteriormente, en las celebradas en 1970. Ese año, Allende,  con el respaldo de la Unión Popular, consiguió ganar las elecciones y ser nombrado presidente de la República. Momento trascendental en la historia de Chile, puesto que con la victoria de Allende se puso en marcha el primer gobierno de izquierdas que accedía al poder a través de unas elecciones democráticas.



En 1971, Víctor, en calidad de Embajador Cultural del gobierno de la Unidad Popular, realizó una importante gira de conciertos y de actuaciones televisivas por México, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Perú y Argentina. A esta gira la siguió, en 1972, su visita a Cuba, invitado por el Consejo Nacional  de Cultura y la Unión de Jóvenes Comunistas; en Cuba dio numerosos recitales entre los que habría que destacar el de la Casa de las Américas de La Habana, recital que fue grabado en directo y posteriormente editado en un disco titulado "Víctor Jara habla y canta en vivo".




En aquel disco se puede escuchar la voz de Víctor presentando su concierto con estas palabras: «Yo agradezco la presencia de ustedes y la oportunidad que la Casa de América me brinda para decirles –compañeros, hermanos de la tierra maravillosa de Cuba– algo de nuestras canciones, de nuestra música; algo de mi pueblo, de ese pueblo que hace que nosotros  cantemos, de ese pueblo que nos da la vida, que nos nutre con su sabiduría, que nos da todos los temas, todas las notas, toda la poesía para que cantemos".

Por aquellos años, entre 1972 y 1973, Víctor Jara también viajó a la Unión Soviética y a Inglaterra –invitado por el Centro Latinoamericano de la Universidad de Londres–; participó en el Congreso de Música Latinoamericana, organizado en Cuba por la Casa de Américas y asumió la dirección y la organización del homenaje a Pablo Neruda que se celebró en el Estadio Nacional de Chile tras conocerse que había sido galardonado por el Premio Nobel de Literatura.

Poco tiempo después, el 11 de septiembre de 1973, se produjo en Chile el cruento golpe militar que impuso en el poder al asesino Augusto Pinochet, como comandante en jefe del ejercito y como presidente del país... Lamentable y sangriento incidente del que hablaré en el próximo "cuelgue" dedicado a Víctor Jara.

sábado, 13 de octubre de 2012

VÍCTOR JARA V - UN CANTO ESPERANZADO

Víctor Jara.

Junto a las canciones de denuncia, como las que comentábamos ayer en el IV "cuelgue", VÍCTOR JARA, en un gesto solidario y, a la vez, revolucionario, alzó también su voz para proclamar su derecho a la esperanza, derecho que todos los seres humanos compartimos y al que nunca, y por nada, deberíamos renunciar.


«No puedes volver atrás,
no tienes más que seguir.
Que no te aturda el engaño
sigue, sigue hasta el final».
(“No puedes volver atrás”. Fragmento).


«María, abre la ventana
y deja que el sol alumbre
por todos los rincones
de tu casa.
María, mira hacia afuera
nuestra vida no ha sido hecha
para rodearla de sombras
y tristezas».
(“Abre la ventana”. Fragmento).


«Ya fueron miles y miles
los que entregaron su sangre
y en caudales generosos
multiplicaron los panes.
Ahora quiero vivir
junto a mi hijo y mi hermano
la primavera que todos
vamos construyendo a diario.
No me asusta la amenaza,
patrones de la miseria,
la estrella de la esperanza
continuará siendo nuestra.
Vientos del pueblo me llaman,
vientos del pueblo me llevan,
me esparcen el corazón 
y me aventan la garganta».
(“Vientos del pueblo”.  Fragmento)

Para Víctor Jara, el derecho a la esperanza y la fuerza que ese derecho implica en el corazón humano no son, en ningún caso, una postura pasiva o simplemente expectante, sino todo lo contrario: el cree que el hombre como creador y, en consecuencia, afirma con rotundidad en sus canciones que la esperanza se fundamenta, sobre todo y en primer lugar, en es esfuerzo y en el trabajo cotidiano.


«Aprieto firme mi mano
y hundo el arado en la tierra
hace años que llevo en ella
¿cómo no estar agotado?

Vuelan mariposas, cantan grillos,
la piel se me pone negra
y el sol brilla, brilla, brilla.
El sudor me hace surcos,
yo hago surcos a la tierra
sin parar.

Afirmo bien la esperanza
cuando pienso en la otra estrella;
nunca es tarde me dice ella
la paloma volará.

Vuelan mariposas, cantan grillos,
la piel se me pone negra
y el sol brilla, brilla, brilla.
Y en la tarde cuando vuelvo
en el cielo apareciendo
una estrella.

Nunca es tarde, me dice ella,
la paloma volará, volará, volará,
como el yugo de apretado
tengo el puño esperanzado
porque todo
cambiará».
(“El arado”)

Por otra parte, para Víctor, la esperanza es un valor y una actitud frente a la vida que se redimensiona cuando se alimenta de la fuerza de la solidaridad, es decir, de la unión de las personas que tienen unas mismas necesidades y aspiraciones, o, mejor, que se encuentran y se identifican en la búsqueda de horizontes y en la realización de sueños compartidos.


«Venían del desierto,
de los cerros y del mar,
el corazón se desató
y largó a caminar.

Sabían de la muerte
lo duro que es el pan,
venían del desierto,
de los cerros y del mar.

El camarada les habló
de nuestra humanidad,
la historia de la mina,
del campo y la ciudad,

Vibró en el alma
tanta humillación
y toda aquella multitud
comprendió la hermandad.

Volvieron al trabajo
minero y pescador,
cantando la esperanza
labrando la unión,
con cañas y tambores
y flautas de metal,
sembrando las semillas
que todos gozarán».
(“Venían del desierto”)


«Una espiga hay en el campo,
una espiga colorada,
si juntos la cosechamos
grande será nuestro pan».
(“Qué saco rogar al cielo”. Fragmento)


«Ven, ven, conmigo ven,
ven, ven, conmigo ven.
Vamos por ancho camino,
nacerá un nuevo destino, ven.
Ven, ven, conmigo ven,
ven, ven, conmigo ven.
al corazón de la tierra
germinaremos con ella, ven».
(“Vamos por ancho camino”. Fragmento.
Múscia de Celso Garrido Lecca)

jueves, 11 de octubre de 2012

VICTOR JARA IV - DENUNCIA Y SOLIDARIDAD

Víctor Jara.

En este cuarto "cuelgue" dedicado a VÍCTOR JARA, voy realizar una aproximación global al contenido temático de su obra.

El análisis de los contenidos poéticos desarrollados por Víctor Jara en sus canciones nos revela, con toda claridad, dos perspectivas de su personalidad y de su pensamiento bien diferenciadas y, a la vez, complementarias.

Por una parte, su extraordinaria sensibilidad ante los problemas sociales, y, en particular, frente a la violencia, la injusticia y la pobreza; realidades que siempre le quebraron el alma, que le provocaron una profunda indignación, y que sintió la necesidad de expresar y de denunciar con un lenguaje claro y directo.

Por otra parte, en todo su cancionero se respira también un profundo humanismo, fundamentado sobre cuatro valores básicos en los que él siempre creyó y por los que arriesgó su vida: el amor, la libertad, la solidaridad y, sobre todo, la esperanza.

Respecto al reflejo y a la denuncia de los problemas sociales vividos por el pueblo chileno, en la obra de Víctor encontramos un numeroso grupo de canciones que podrían agruparse en los siguientes interrogantes y afirmaciones expresadas en su canción "Somos pájaros libres" y en el último poema que escribió antes de ser asesinado la tarde del 15 de septiembre de 1973; poema titulado "Somos cinco mil". (La canción mencionada podemos escucharla interpretada por el grupo Quilapayún en el siguiente video; y, a continación, en el segundo video, podemos escuchar igualmente el poema de Víctor "Somos cinco mil"). 




«¿Cuántos caminos recorre
el hombre sin descansar?
Y se muere en el camino
sin hallar la libertad.

¿Cuántas veces en la noche
el soldado llorará?
Debe cumplir el mandato,
le enseñaron a matar.

¿Hasta cuándo la pobreza
se tiene que soportar?
El hambre es un pozo oscuro,
tan profundo como el mar.

Yo no soy aquel que soy,
yo soy aquel que será.
Si tengo las manos sucias
el viento las limpiará».

«¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! 
Llevan a cabo sus planes con precisión artera 
Sin importarles nada. 
La sangre para ellos son medallas. 
La matanza es acto de heroismo 
¿ Es este el mundo que creaste, dios mío?». 

En ese sentido crítico y sensible frente a los problemas sociales que afectan dura y dolorosamente a los seres humanos cabría mencionar canciones como "Luchín", "Pepe Mendigo", "Canción del minero", "Canción del soldado", "La bala", "Vientos del pueblo", o "Quién mató a Carmencita"; canción, esta última, compuesta por Víctor en 1969 abordando una realidad que sigue estando de plena actualidad.


«Con su mejor vestido bien planchado, iba
temblando de ansiedad sus lágrimas corrían
a los lejos gemidos de perros y de bocinas
el parque estaba oscuro y la ciudad dormía.

Apenas quince años y su vida marchita
el hogar la aplastaba y el colegio aburría
en pasillos de radios su corazón latía
deslumbrando sus ojos los ídolos del día.

Los fríos traficantes de sueños en revistas
que de la juventud engordan y profitan
torcieron sus anhelos y le dieron mentiras
la dicha embotellada, amor y fantasía.

Apenas quince años y su vida marchita...
Huyó, Carmencita murió
en sus sienes la rosa sangró
partió a encontrar su ultima ilusión.

La muchacha ignoraba que la envenenarían
que toda aquella fábula no le pertenecía,
conocer ese mundo de marihuana y piscina
con Braniff International viajar a la alegría.

Su mundo era aquél, aquél del barrio Pila
de calles aplastadas, llenas de griterías
su casa estrecha y baja, ayudar la cocina
mientras agonizaba otros se enriquecían.

Los diarios comentaron: causa desconocida...».


Víctor Jara.
Frente a canciones de denuncia, como las anteriores, que proyectan la realidad cruel y dolorosa de la violencia y de la injusticia, Víctor, en un gesto solidario y, a la vez, revolucionario, alzó también su voz para proclamar su derecho a la esperanza; derecho que todos los seres humanos compartimos y al que nunca, y por nada, deberíamos renunciar.

En torno a esta visión y actitud profundamente esperanzada que Víctor poseía, girará el "cuelgue" de mañana.

VICTOR JARA III - EL VUELO DE UN CANTO QUE FUE –Y SIGUE SIENDO– PURA LIBERTAD Y SENSIBILIDAD.



A mediados de 1963, Víctor Jara decidió separarse del Conjunto Cuncumún para empezar a cantar en solitario.

Dejando a un lado su intensa actividad como director teatral –actividad que siempre compaginó con la música–, a partir de 1963 Víctor desarrolló una rápida y exitosa carrera como compositor y como intérprete en solitario, al tiempo que colaboraba, por ejemplo, con los grupos Quilapayún –del que fue director artístico de 1966 a 1969– o Inti-Illimani.

Ese mismo año, 1963, fundó y dirigió la Academia de Folclore de la Casa de la Cultura de Nuñoa, en la que, con la ayuda de un grupo de alumnos, recopiló y recreó danzas y cantos tradicionales de todo el país; actividad similar a la que ya había emprendido antes su gran maestra Violeta Parra.

En 1965, Víctor grabó y publicó su primer disco en solitario, un single con dos canciones. "La cocinerita" y "El cigarrito", al que le sucedió un segundo single, publicado en 1966, con los temas "La beata" y "Paloma quiero contarte", canción de la que ya hablamos en el cuelgue anterior. 

En el siguiente video podemos escuchar dos versiones de la canción "La beata", rescatada del folclore popular. La primera versión está tomada del single grabado en 1966, y la segunda del LP "Canto por travesura" editado en 1973.


«Estaba la beata un día
enferma del mar de amor
el que tenía la culpa,
era el fraile confesor.

Chiribiribiribiri,
chiribiribiribón
a la beata le gustaba
con el fraile la cuestión.

No quería que le pusieran
zapato ni zapatón,
sino las sandalias viejas
del fraile confesor.

No quería que le pusieran
mortaja ni mortajón,
sino la sotana vieja
del fraile confesor.

No quería que la velaran
con vela ni con velón
sino con la vela corta
del fraile confesor».

Al año siguiente apareció su primer LP, titulado, sencillamente, "Víctor Jara" (Demon-Arena, 1967), disco que se reeditó más tarde con el nombre de "Canto a lo humano".

LP: "Víctor Jara" (1967)

A aquel primer LP lo sucedieron los siguientes: "Víctor Jara" (EMI-Odeón, 1967) –con la colaboración de Sergio Ortega y el grupo Quilapayún–, "Canciones folclóricas de América" (EMI-Odeón, 1968) y "Pongo en tus manos abiertas" (DICAP, 1969) –ambos con el acompañamiento de Quilapayún–. "Canto libre" (EMI-Odeón, 1970) –con Patricio Castillo e Inti-Illimani–, "El derecho de vivir en paz" (DICAP, 1971), "La población" (DICAP, 1972) y "Canto por travesura" (DICAP, 1973).


En España, la discografía de Víctor Jara pudo empezar a editarse un año después de su muerte; lo hizo la compañía discográfica Movieplay, dentro del sello GONG, adaptando la edición de cada disco a las posibilidades que permitía la censura ejercida durante los últimos años de la dictadura e, incluso, en los primeros años de la transición democrática.

El primer LP de Víctor editado por Movieplay se publicó en 1974 con el título de "Te recuerdo Amanda"; disco que correspondía al que apareció en Chile con el nombre de "Pongo en tus manos abiertas", pero en el que se habían suprimido algunas canciones que estaban prohibidas, y se había cambiado la cubierta por la que se utilizó en Chile para el disco "El derecho de vivir en paz".

Cubierta del primer disco de Víctor Jara editado
en España: "Te recuerdo Amanda" (1974).

A continuación, vieron la luz "La población" (1976), "El derecho de vivir en paz" (1977), "Canto libre" (1978), "Canto por travesura" (1978) –editado con una divertida cubierta dedicada a la canción "La beata"–, "Canto a lo humano" (1979) –reedición del primer disco grabado por Víctor en 1966–, y "Desde Lonquén hasta siempre" (1980), disco que correspondía al titulado "Víctor Jara" grabado por EMI-Odeón en 1967.

Edición española del LP: "Canto por travesura" (1978)

Tras la muerte de Víctor, apareció un disco que recogía algunas de sus últimas canciones que no habían sido editadas. Este disco en Gran Bretaña se tituló "Manifiesto" (1974); en Francia, "Presente" (1974); y en España, "Canciones póstumas" (1975).

La discografía de Víctor Jara se completa con dos grandes obras grabadas en directo: "En México" –publicada en 1996– y "Víctor Jara habla y canta en vivo en La Habana. Cuba" –grabado en 1972.

En el disco grabado en México podemos encontrar una hermosa curiosidad, Víctor canta una canción que es de Chicho Sánchez Ferlosio, pero que en aquel momento se consideraba como una canción anónima surgida durante la Guerra Civil Española; se trata de la canción "Que la tortilla se vuelva" (o "La hierba de los caminos"). Esa canción podemos escucharla en el siguiente video:


«La hierba de los caminos
la pisan los caminantes
y a la mujer del obrero
la pisan cuatro tunantes
de esos que tienen dinero.

Qué culpa tiene el tomate
que está tranquilo en la mata
y viene un hijo de puta
y lo mete en una lata
y lo manda pa’ Caracas.

Los señores de la mina
han comprado una romana
para pesar el dinero
que toditas las semanas
le roban al pobre obrero.

(Qué culpa que tiene el cobre
que está tranquilo en la mina
si viene un yanqui ladrón
y lo mete en un vagón
y lo manda a Nueva York.)*

Cuándo querrá el Dios del cielo
que la tortilla se vuelva
que los pobres coman pan
y los ricos mierda, mierda».

* Estrofa añadida por Rolando Alarcón

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...