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miércoles, 6 de marzo de 2013

EL «PLANETA CASA» DE PABLO SCIUTO: ¡ENTREN, RELÁJENSE Y SIENTAN!

Hay un texto escrito por Bertolt Brecht que me encanta, pero que suelo utilizar muy pocas veces poniéndolo en relación con las personas a las que conozco; y no lo hago, entre otras razones, porque por nada del mundo me gustaría que esas palabras –¡tan hermosas!– pudieran perder sentido de tanto usarlas. Son las siguientes:

«Hay hombres que luchan un día y son buenos,
hay otros que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos,
pero hay los que luchan toda la vida,
esos son los imprescindibles».

Es verdad que no hago demasiadas alusiones a ese texto, porque le tengo mucho respeto; pero hoy, excepcionalmente, sí voy a hacerlo y voy a referirlas a un compositor uruguayo, nacido en Montevideo, y actualmente residente en España, llamado PABLO SCIUTO.

Pablo Sciuto.

Pues sí, Pablo Sciuto es uno de esos hombres "imprescindibles" que llevan toda su vida luchando por hacer –y hacerlo con dignidad– lo que más le gusta y más ama: componer e interpretar sus propias canciones; tarea –u oficio– que realiza enfrentándose –con ilusión y con esperanza– a las múltiples dificultades que hoy presenta el mercado "cultural" y, más concretamente "musical" y "discográfico", y consiguiendo crear e interpretar todo un amplio repertorio de canciones de gran calidad. 

Pablo, por otra parte, cierra el círculo de sus creaciones asumiendo, con riesgo, al reto que supone la autoproducción y el autolanzamiento de una discografía coherente y continuada. Concretamente la siguiente:


A lo dicho anteriormente he de añadir –porque me parece, hoy por hoy, muy importante, y es menos común– que Pablo Sciuto es una persona humilde. («La "humildad" –dice Miguel de Cervanteses la base y el fundamento de todas las virtudes»). Humildad que nutre, efectivamente, con otras virtudes como la ilusión, la responsabilidad o la "incansabilidad" en su trabajo... Pocas veces –no recuerdo ninguna– me he encontrado personalmente con Pablo sin que haya conseguido contagiarme su esperanza, sin mostrarme su afecto –sé que sincero y desinteresado–, y sin conseguir implicarme en sus proyectos.

Pues bien, su último proyecto se llama "Planeta casa" y se concreta en un nuevo CD compuesto de 13 canciones interpretadas con su grupo "Astrónomos urbanos".



En "Planeta casa", Sciuto se reafirma en sus raíces "multimusicales", o sea, en la gran variedad de formas y de géneros musicales de los que ha bebido aprehendiendo y fundiendo sus esencias: jazz, bossa nova, candombe, folk, funk, rock, pop, canción de autor, música electrónica... ¡y qué se yo!... En ese mismo contexto hay que resaltar –entre paréntesis– la pasión que siente, en particular, hacia el recientemente fallecido Luis Alberto Spinetta, a quien le rindió su homenaje en Madrid –en marzo del año pasado–, y a quien le dedica precisamente su "Planeta casa".

Respecto a los textos de sus canciones Pablo Sciuto es un poeta que permanentemente mantiene un posicionamiento de búsqueda; búsqueda de si mismo, del sentido de la realidad y del amor como forma de vida: «Bajo el mismo sol / sobre el mismo latido / en la misma prisión / todos buscamos un sentido» ("Bajo el mismo sol"); una búsqueda entretejida de disconformidades y de sueños; viaje de exploraciones íntimas, reservadas, misteriosas..., siempre hasta el fondo de sí mismo –«viaje distante al fondo de mi»–; o explorando el cosmos «sin la gravedad que todo sostiene».

«Quiero vibrar 
y cambiar las leyes 
sin la gravedad 
que todo sostiene
y perderme en ti.
Instalé un cometa, 
en mis pies dormidos, 
para recorrer, cada paso perdido...
y todo lo que viene
lo mueve este universo»
("Alas")

¡Me encanta viajar musical y poéticamente con las canciones de Sciuto!; canciones y músicas inclasificables –son sencillamente las suyas–; canciones que me "enganchan", sobre todo, porque están preñadas de libertad; me refiero a la libertad que genera el uso que Pablo hace en ellas de la música y de un lenguaje cargado de simbologías y metáforas... Prueba de ello, es, por ejemplo, el tema "Casa", que abre su nuevo disco:


«La casa llevo a cuestas
cuando estoy con vos
el alma son las puertas
las ventanas el corazón

La piel son los manteles
el pelo las cortinas
tus manos y las mías
la llave y la alegría

Somos casa los dos
nos mudamos con el corazón
y siempre nos protege del frío
nuestro amor

Los ojos chimeneas 
que miran dentro y fuera
las mantas los abrazos
los fundas nuestros brazos

Los pechos las almohadas
el beso la fachada
las piernas las columnas
soportan el peso juntas».
("Casa")

Por todo lo que he escrito a lo largo de este "cuelgue", y por mucho más que me reservo, relacionado con su responsabilidad personal, con su generosidad y con su ternura, vuelvo al principio: Pablo Sciuto es uno de esos hombres que llevan luchando toda la vida –y luchando bien– y por eso, al menos para mí, es uno de esos creadores que resultan "imprescindibles" dentro del universo de nuestra música popular.

miércoles, 28 de marzo de 2012

MANUEL CUESTA, ¡GRACIAS!

Hoy voy a hacer un paréntesis en los "cuelgues" que vengo dedicándole a Martirio –estoy seguro de que ella va a comprenderme– para dedicarle uno muy especial a MANUEL CUESTA, a su banda, y a todo lo que aconteció anoche en el concierto que nos ofreció en la sala Galileo de Madrid; concierto de despedida momentánea porque con él Manuel pone fin a la etapa de su aventura artística vivida al abrazo de su disco "La vida secreta de Peter Parker", e inicia un periodo de creación del que surgirá un nuevo disco todavía imprevisible.

A este cuelgue quiero darle un tono muy especial de "agradecimiento" por los motivos que seguidamente explicaré y que, en realidad, se resumen en uno: anoche, una vez más, la música me salvó de un nuevo "naufragio" personal; anoche Manuel Cuesta y su banda –y todo lo que nos ofreció y me permitió vivir en su concierto– retroalimentaron mi esperanza que a lo largo de estos últimos días la he tenido un poquito "tocada".

¡Gracias por tanto, en primer lugar, a Manuel Cuesta, a Jordi Pinyol, a Albert Anguela, a Carlos Expósito y a Adán Latonda!

Manuel Cuesta.

Hay días en los que te tienta la rendición; en que te dan ganas de abandonar los sueños, las utopías y las pasiones, y dedicarte, como diría mi buen amigo Carlos Cano, a sentarte tranquilamente en la orilla, y a "ver los barcos pasar". Son días en los que te acosa la soledad, el cansancio y la desesperanza, y en los que, si no hay alguien, o algo, que te salve, es muy probable que se te vayan muchos y muy hermosos proyectos al "carajo".

Uno de esos días especialmente raros –arrastrado de días anteriores– lo tuve yo ayer. No voy a entrar en detalles...; lo cierto es que como consecuencia de ello ayer tuve la tentación de abandonar, entre otros, el proyecto de un nuevo libro que me he propuesto escribir –lo sueño como un "libro-concierto"– y que se encuentra en plena fase iniciática.

Pues bien, el final del día de ayer –día raro, raro– lo pasé en la Sala Galileo participando como espectador del concierto de Manuel Cuesta, y, como antes decía, ¡menos mal!, porque lo que allí pude vivir y experimentar –a fin de cuentas, música, canción y amistad en estado puro– me salvo del "naufragio"...; bueno..., música y generosidad, porque como anoche mismo comentamos Rodolfo Serrano y yo, en varios momentos, Manuel es un ser humano que desborda generosidad.

A la hora de entonar mis gratitudes por lo de anoche voy a limitarme a dar unas cuantas pinceladas de aquellos momentos del concierto que me resultaron más hermosos e impactantes:

Quizá el primero, el homenaje que le rindió Manuel Cuesta al grandísimo Pablo Guerrero, que ahora cumple el cuarenta aniversario de su canción "A cántaros"; Manuel, acompañado al piano con apasionamiento por Adán Latonda, nos ofreció una increíble y enternecedora versión de la canción "Hoy que te amo". (Fue un momento en que me fue imposible contener las lágrimas).


Otros momentos que me impactaron anoche en el concierto de Manuel, fueron las colaboraciones de amigos como Pablo Sciuto –músico y trabajador incansanble al que quiero mucho–, Garrett Wall –como siempre formidable y delirante– y Manu Clavijo que recién llegado de Galicia con su violín se nos ha "colao" en el corazón con una calidad extraordinaria. (Por cierto, Manu tiene grabado un disco sobre poemas de Lois Pereiro que pronto comentaré).

Momentazo bellísimo y liberador también la interpretación de la canción "Tu risa en la Alameda"Manuel sabe que es mi preferida... ¡como me pone afectiva e ideológicamente esta canción!–. En esta ocasión la interpretó a dúo con el cantautor argentino EMILIANO DEL RIO, que fue la gran sorpresa de la noche.

Emiliano del Río.

Emiliano del Rio, es un cantautor argentino, recién llegado a nuestro país para pasar un mes entre nosotros y presentarnos su trabajo; de él voy a hablar mucho en los próximos días, ¡os lo aseguro!... Cuando anoche le escuché cantar sentí como se me revolucionaban hasta las entrañas....; Emiliano es un "cantautor" puro, aunténtico, comprometido, muy buen músico e intérprete con mucha fuerza y convicción... Escuchándole pensaba: «Pero Fernando, ¿estás loco? ¿como vas a dejar de seguir escribiendo sobre la "canción de autor" si ahora sigue en todo el mundo más viva que nunca?».


Por último, y para concluir este "cuelgue", deseo enumerar otros encuentros muy gratificantes vividos anoche en Galileo; encuentros con Rodolfo Serrano –al que antes ya citaba–, con Joaquín Pérez Azaústre, con Daniel Montes (Danieme) –que al final subió al escenario para cantar con Manuel– y con Alberto Ballesteros, a quien no conocía y que hoy ya me tiene "colgao" a su «Teatro Chino».

En fin, por todo eso, y por mucho más, hoy quiero darle las gracias a todas las personas mencionadas y, en particular, a MANUEL CUESTA... ¡Gracias Manuel!... aparte de admirarte mucho, sabes que te quiero más.

Y después de todo esto... ¡de naufragio nada, de nada!... Por mi parte ya pueden irse preparando, voy a seguir, dale que dale, con la "canción de autor", con el Centro de Documentación soñado, y ahora con ese nuevo "libro-concierto" que ya tengo entre manos.

jueves, 28 de abril de 2011

CRÓNICA FOTOGRÁFICA DE UNA FIESTA-CONCIERTO INOLVIDABLE. Segunda parte.

La primera parte de la crónica del homenaje a Gabriel Celaya –que celebramos el pasado día 25 en la Sala Galileo Galilei, de Madrid–, la finalizábamos ayer con la actuación de Tabaré Picón que, acompañado de Gonzalo Castro a la guitarra, cantó la canción "Vino turbio", tema compuesto por Manuel Picón, su padre, al que personalmente llevaré siempre atrapado en mi recuerdo; ¡amigo del alma!.

Tabaré Picón y Gonzalo Castro, a la guitarra

Con anterioridad –como también recordábamos en el "cuelgue" de ayer– había cantado Olga Manzano, con el acompañamiento de Aníbal Aveiro.

Como su fotografía –realizada, como todas las de esta crónica, por Juan Miguel Morales– ayer todavía no me había llegado, la cuelgo ahora evocando su brillante participación en la Fiesta.

Aníbal Aveiro.

Tras el canto de Tabaré, Víctor Alfaro presentó a los que llamó "los dos Pablos": Pablo Guerrero y Pablo Sciuto.

Pablo Gerrero, el gran maestro: siempre solidario, siempre amigo, siempre humilde, siempre grande, siempre poeta..., salió al escenario, se acercó al micrófono, y tomando la palabra y los sentimientos de Celaya nos dijo:

«Cuando hay en la tierra tantos hombres que sufren 
ser feliz da vergüenza.
Pero yo lo soy, casi sin querer.
¡Soy tan feliz, perdón!
Por el aire, por el mar, por la brisa, 
por mi amor, por ¿qué sé yo?,
porque la vida se ensancha y es siempre diferente».

Pablo Guerrero.

El aplauso fue rotundo..., ¡BRAVO!..., Pablo... ¡El maestro!... 

Y, a continuación, el otro Pablo: Pablo Sciuto –uruguayo entrañable–, nos ofreció su canción titulada "Casa", tema que pertenece a su último disco al que ha llamado genéricamente "Planeta casa". (Ver "cuelgue" del día 15 de enero pasado: "Pablo Sciuto. Ficciones y realidades compartidas").

Pablo Sciuto.

¡Sigue la fiesta!... y Victor Alfaro presentó a Laura Granados, a Juan Antonio Muriel y a Antonio Higuero

El primero en cantar fue Antonio Higuero, que, acompañado al piano por Laura, interpretó el poema de Celaya titulado "Las madres"; poema musicalizado por Santiago Gómez Valverde e integrado en el disco "La palabra y el tiempo". (Ver "cuelgue" del 7 de marzo: "Santiago Gómez Valverde. Dos magníficos discos imprescindibles para los amantes de la canción y la literatura").

Antonio Higuero.

Después cantó Laura Granados –que es una creadora y una pianista excepcional– interpretó, acompañándose al piano, la canción "La frivolidad"... ¡tremenda canción que posee una vigencia absoluta!... Yo la escuché, por primera vez, en el disco colectivo "Café Libertad 8" (2005), y después en el CD "Laura Granados" (2006); desde entonces estoy "enganchao" a esa canción; Laura, en broma, me dice que de ese tema debería darme la mitad de sus derechos de autor...; yo sólo le reclamo, en serio, su amistad, porque es una de esas mujeres "grandes, grandes, grandes"...

«Nadie dice, todos callan 
como un lobo que nos traga
nos devora y nos engulle lentamente
La frivolidad, la frivolidad
Tienes tu coche, tu casa, tu tele, tu empleo, tu móvil, 
tu nombre, tu descanso, tu recreo, tu código de barras
y tu fecha de caducidad... para no pensar».

Laura Granados.

Y le tocó el turno a Juan Antonio Muriel, malagueño que vive en Madrid desde 1975; autor de cientos de canciones, entre ellas, por ejemplo, "Princesa" –creada en colaboración con Joaquín Sabina–, "Poder andaluz", "Guadalorce", "La luna vigila", o "Plaza del Atril". En esta ocasión interpretó el tema "A la orilla" que formará parte de su próximo disco "Caminar" . (Ver "cuelgue" del 17 de febrero: "Juan Antonio Muriel o la canción del artesano").

«Pude ser un vagabundo
inspector de papeleras,
fugitivo del invierno
sentado frente a una hoguera.
Pude ser un suicida
que persigue el arcos iris,
exiliado de la vida
que aparece en las estrellas.

Un pianista mal herido
por las teclas del silencio,
un pintor que anda buscando
el color del universo.
Un mecánico enamorado
de una dulce camarera,
apretando las bujías
sueña con ella, siempre sueña.
Un oficinista tomando café
entre las nueve y las nueve y diez;
un electricista arreglando la luna,
un marinero borracho de espuma.

Pero a la orilla de una guitarra me quedé,
porque a la orilla de una guitarra me siento bien.
A la orilla de una guitarra, me quedé».


Juan Antonio Muriel.

Mientras tanto JAVIER RODRÍGUEZ DEL BARRIO, trabajando "codo a codo" conmigo en la sala, para que la Fiesta fuera eso: Una fiesta alegre, relajada y solidaria de amigos unidos en torno a Celaya.

Sigue el concierto. Y aparece en el escenario Jesús Garriga que acababa de llegar de las Islas Canarias. Jesús cantó, en primer lugar, su canción "Miradas de horizonte", y, a continuación, el tema "Te quiero", creado a partir del conocido poema de Mario Benedetti. (Este tema Jesús lo tiene grabado en su disco "Hijo de sol". Ver cuelgue del 8 de diciembre de 2010: "Jesús Garriga. Uno siempre vuelve a los sitios donde amó la vida").

Jesús interpretó el tema de Benedetti, respondiendo a una petición mía, porque la canción "Te quiero" era otra de las favoritas de Gabriel Celaya –solia escucharla en el disco "¿De qué se ríe?" (1976), de Quintín Cabrera–. En la voz y con la música de Jesús –después de más de treinta y cinco años– el poema de Benedetti adquiere nuevas dimensiones: un aire más fresco, e incluso un compromiso social mucho más dinámico y actualizado...; una bella canción de amor imprescindible en los tiempos que corren... Estoy completamente seguro de que si Celaya pudiera escuchar la versión de Jesús Garriga se emocionaría mucho y nos regalaría una de sus miradas azules de mar en calma.

Jesús Garriga.

«Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía».

Y mañana seguimos con la tercera parte de esta crónica...; fue en concierto que, como podéis estar comprobando, me ha dado mucho que escribir, o, lo que es lo mismo, mucho que recordar y homenajear al Gabriel y a Amparo...; a fin de cuentas, ese es el objetivo

viernes, 11 de febrero de 2011

PABLO SCIUTO. ¡GRACIAS!

Anoche, el Libertad 8, cantó Pablo Sciuto; me invitó a su concierto y asistí encantado –me gusta mucho lo que compone y además es una persona extraordinaria–... Lo que no me esperaba es que iba a dedicarme su concierto porque justo anoche a las doce empezaba a ser mi cumpleaños.


La verdad es que fue un hermoso regalo; un regalo de buena música en directo... ¿Qué más se puede pedir?... Cuando uno llega a los sesenta y cinco año –edad en la que, al menos hasta ahora, pasabas a la condición de jubilado– y te sientes tan vivo como yo me sentí anoche, no te queda mas remedio que repartir "gracias" a diestro y siniestro... ¡Gracias, sobre todo, porque por culpa de buenas gentes como Pablo, o como Carlos Maeso, a mi no hay nadie que me jubile de mi pasión por la música y la canción de autor!

En el recital de anoche Pablo Sciuto presentó algunas de las canciones del nuevo disco que está a punto de grabar y al que titulará "Planeta casa" y, como adelanto, nos regaló, a todos los participantes del concierto, un CD –con vocación de convertirse en un LP de vinilo– con cuatro de sus nuevas canciones; "Huella sin fin", "7 AM", "Alas" y "Vidrio roto".


Sobre el nuevo disco ya hablaremos, decir tan solo, que hubo, en particular, un tema que me gustó especialmente, el que ha titulado "Alas".

Otra cosita de anoche, ¡como disfruté escuchando a Carlos Maeso tocando el bajo!... ¡Qué buena generación de músicos está surgiendo en este país nuestro!... Carlos me comentó que está preparando algo en solitario haciendo la música que le gusta... ¡No lo dejes!... ¡Y que sea "pa" pronto!

Y por último destacar dos presencias en el concierto que hicieron más hermoso mi entrada al cumpleaños: Vanesa derrochando belleza a borbotones (¡Niña, ¿sabes que tienes una sonrisa "sin fin"? No me extraña que a Pablo le salgan "alas" "por tos laos"); y Pilar Mauri, que expondrá próximamente sus fotografías en Libertad, y a la que cada día me unen más cosas... la que más: su sensibilidad.

sábado, 15 de enero de 2011

PABLO SCIUTO. "ON": Ficciones y realidades compartidas

De Uruguay ha venido un barco cargado de... música: candombe, bossa nova, fado, punk-rock, jazz, folk, sonidos acústicos y electrónicos hermanados, resonancias de maestros "trovadores" y "cantautores", ritmos y melodías "multidireccionales" y silencios.

... Se sabe que este barco partió de Montevideo –por Río de la Plata–, que se internó en la inmensidad del Atlántico, y que tras una escala –mi, fa, mi, re, do, re, mi, fa– en Brasil, llegó a Madrid hace diez años.

... Se desconoce si aquel barco hizo su entrada en Madrid por el Manzanares, o emergiendo al anochecer de las aguas del Estanque del Retiro...; dos opciones posibles –como podría ser cualquier otra: incluso que el barco se echara a volar– porque el único carburante que podía activar sus motores era la imaginación y su timón no ponía rumbo más que a la fantasía.

Pablo Sciuto.
(Foto: Pilar Mauri)
... Se cuenta que el capitán de aquel misterioso navío uruguayo, llamado PABLO SCIUTO, a lo largo de su travesía acunaba "sueños de candombe" y le cantaba con nostalgia a su ciudad natal: «Montevideo tiene la culpa de mis amores. Montevideo tiene la culpa de mi existir. Montevideo se despierta con mi latir...».

... También se cuenta que en las noches lunares –apasionado por la astronomía y la ciencia ficción– se pasaba las horas contemplando estrellas y constelaciones; y que, en cualquier momento del día, componía sus canciones –en "la soledad de un vino tinto"– "entreabrazando" cuerpo y alma; corazón e ilusiones; amores, pasiones y fragancias; un beso y una flor; sueños y torbellinos de furia; rabias y huellas de carmín... «Quiero volar, quiero reír... Quiero sentir, quiero soñar, quiero vivir... las cosas que nunca hice..., las cosas que no te dije..., los besos que nunca yo te di».

... Lo cierto fue que una vez atracado el barco en la gran ciudad, Pablo Sciuto –con su cuerpo y su alma que desbordan música y canciones– dejó las nostalgias en el desamparo de su camarote, e inició la tarea de escudriñar nuevos horizontes..., de encontrar nuevos caminos. 

Fue entonces cuando, de repente, Pablo se sintió inmerso en una gran confusión: "lunas carcomidas y naves sin alas"...; "hombres esperando respuestas y guardando en su alma la desolación"...; "utopías fuera de momento porque este tiempo perdió su reloj"...; "sentimientos y mensajes abiertos codificados"...; "caminos hacia la desertización";  y un "extraño método de amar":




«Tiene una cabeza de antena
que no comunica nada
ondas de radio en el pelo
que no sintonizan la banda
y así se perdió
y así se apagó
sus manos son dos enchufes
que no transmiten las cargas
el corazón de acero
para proteger su alma
y así no besó
y así no durmió
extraño método de amar...».


Ante aquella realidad, confusa, desconcertante y nueva, Pablo –lo repito: con su cuerpo y su alma que desbordan música y canciones– sobrevoló rompiendo con la soledad... Todavía allá arriba, entre cables y antenas, quedaban las estrellas y las constelaciones... Todavía seguían teniendo vigencia las consoladoras palabras de Alexis Carrel –Premio Nobel de Medicina–: «El tiempo físico nos es extraño, mientras el tiempo interior es nosotros mismos»... 

Y fue entonces cuando Pablo Sciuto decidió pulsar, una vez más, el "ON" de su tiempo por vivir –tiempo físico e interior a los que no estaba dispuesto a renunciar– y tomando su guitarra –¡como no!– volvió a cantar, ahora un texto de Pippo Spera magníficamente musicalizado:



«... Todo está ahí
falta que vayas
y lo hagas revivir
basta dar un paso
hacia la vida
que la vida dará 
noventa y nueve pasos
hacia ti».




Todo esto, y mucho más. es lo que me ha sugerido el último disco de Pablo Sciuto: "On" (2009); son ficciones y realidades compartidas; disco –altamente recomendado– que ha sido grabado entre  Madrid y Buenos Aires, contado con la producción de Santiago Montoro y con la colaboración de Fabián Miodownik, Alberto Almonacid, Mäuss, Waldemar Carrasco, Bruno CarrascoTatina Márquez y Leo Minax de quien Pablo versiona la canción "Las piernas".

Finalmente recordar que Pablo Sciuto además de "On" ha grabado "Citylandia"(1998), "La llave del cielo" (2000) y "Tres corazones" (2004) y "On edición especial" (2010).

Y mientras tanto su barco sigue ahí, secretamente atracado en algún lugar de Madrid... esperando...; porque Pablo es de esas personas que saben defender la memoria contra el olvido, y porque su sensibilidad le surge a flor de piel, como sus canciones... «Montevideo guarda en sus calles todo mi andar... Montevideo tiene la culpa de mi existir».

sábado, 11 de diciembre de 2010

PABLO SCIUTO como en casa..., es decir, en "Salitre 23"

Normalmente asisto a muy pocos conciertos nocturnos, entre otras razones porque la salud ya empieza a ponerle unos ciertos límites a mi vida; sin embargo, de vez en cuanto, me permito el lujo de regalarle a mi cuerpo tomarse un baño de música en directo para realimentar mi sensibilidad.... Eso hice anoche, 10 de septiembre, estuve en una pequeña sala de Madrid conocida como "Salitre 23"; una sala entrañable en donde se escucha la música como si estuvieras en el salón de tu casa pero con la ventaja de que tienes muy cerca a los músicos a los que admiras, y de que puedes sentir todas las palpitaciones y las situaciones inesperadas que –en el escenario, o entre el público– siempre proporciona el "directo".

Sala de conciertos de "Salitre 23".
Decidí ir a "Salitre 23" porque anoche cantó allí PABLO SCIUTO, compositor y cantante que nació en Uruguay y que lleva ya varios años en España. A Pablo le conocía a través de sus discos, y siempre que los he oido me he hecho una misma reflexión: "Hay que escucharle tocar y cantar en directo"... Pues bien, anoche tuve la oportunidad.

Pablo Sciuto en "Salitre 23".
Pablo Sciuto en "Salitre 23".
En el concierto de anoche Pablo se acompañó de CARLOS MAESO, músico valenciano que toca el bajo de forma impecable.

Carlos Maeso en "Salitre 23."
En resumen, ayer puede disfrutar de una borrachera de buena música –el alcohol no me los dejan tomar– de la mano de un "bajo", de una "guitarra" y de una voz fuerte, armónica y convincente... ¡Qué más se puede pedir!

Estos son los responsables de mi borrachera
Como dentro de unos días voy a comentar en el blog la discografía de Pablo Sciuto, hoy no digo más... O mejor sí, una cosita: hace unos días me escribía Rogelio Botanz un cariñoso correo y hablándome del blog me preguntaba: "¿Que coño sacas de tanta batalla, que parecer irte la vida en ello más que a nosotros mismos?"... Pues está muy claro, Rogelio,  entre otras cosas, defender y hacer justicia al trabajo y a las ilusiones de creadores como Pablo Sciuto, como Carlos Maeso, o como tú mismo.

(No cito al fotógrafo de este reportaje porque las fotos las hice yo mismo).

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...