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sábado, 30 de septiembre de 2017

«CANCIONES DE IDA Y VUELTA». UN CAMBIO DE RUMBO EN MI VIDA ENTRE CANCIONES.

Hay dos principios que considero esenciales en relación con la identidad de la «canción de autor».

• El primero es que la «canción de autor» en su conjunto, al margen del significado literal de la expresión, nos ofrece la fotografía sonora del paisaje de un tiempo; paisaje sonoro en el que podemos percibir y sentir las huellas y los suspiros de los seres humanos que lo habitaron.

• El segundo principio, relacionado con el anterior, es que cualquier persona que quiera investigar y conocer el paisaje real de nuestros últimos cincuenta años de historia, irremediablemente (yo al menos se lo recomiendo), necesita acudir a ella.

Retomo estos principios en este momento porque fueron las coordenadas sobre las que decidí trabajar en 1988 cuando el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, dirigido entonces por Manuel Chávez, me encargó que estudiara la posibilidad de «narrar con canciones» la historia de lo que fue y significó la emigración española durante la dictadura franquista y los primeros años de la transición.

Apasionante proyecto que se enmarcaba, como posibilidad, en un homenaje que el ministerio quería rendir a las personas de nuestro país que se habían visto obligadas a emigrar, y que se concretaría en la creación de una gran exposición itinerante llamada "España fuera de España (150 años de la emigración española)" que viajaría por varios países americanos y europeos.


Cartel de la exposición creado por Rafael Alberti.

Aquel proyecto fue uno de los retos más importantes a los me he enfrentado en «mi vida entre canciones», posiblemente al que le dediqué más horas de reflexión y de trabajo. 

Enfrentarme a él conllevaba una enorme responsabilidad por dos motivos:

• En primer lugar porque la experiencia (y en la mayoría de los casos, el desgarro) que supone la emigración es un tema de gran complejidad social y de una tremenda profundidad humana. Una experiencia en la que el sentimiento de la esperanza se entrecruza y se siente alterado por otros sentimientos contrarios como la indignación, el desarraigo, el dolor, la soledad, la nostalgia y, en particular, la rebeldía ante la profunda injusticia que siempre supone tener que abandonar el lugar donde vives (con todo lo tuyo y lo que amas) para buscarle nuevos horizontes, desconocidos, alejados e inciertos, a la vida.

• Por otra parte, era consciente de que aquella posible historia o narración de la emigración con canciones que se me había solicitado, iba a llegar e iba a ser escuchada por muchos miles de personas, entre ellas, los miles de emigrantes de los más de treinta países de América y Europa por los que viajaría la exposición «España fuera de España»

Asumida esta responsabilidad, empecé a pensar en el proyecto recurriendo a varias fuentes: a los cuatro programas de radio sobre la emigración que había realizado dos años antes en Radio Popular; a mi fonoteca, en la que tenía recogidas y actualizadas más de 150 canciones que hacían referencia al tema desde muy diversas perspectivas; y al tercer volumen de mi libro Veinte años de canción en España, en el que ya había publicado una primera aproximación al tema.

A partir de ahí realicé un posible índice o secuencia de capítulos que luego debería desarrollar (en este caso con canciones) para narrar o describir el fenómeno de la emigración de una forma global y lo más completa posible. Aquel índice fue el siguiente:

1. Circunstancias y causas motivadoras de la emigración.
2. La salida del emigrante hacia tierras extrañas.
3. El dolor de lo que se abandona.
4. La experiencia del emigrante alejado de su realidad.
5. La vuelta al país natal, no siempre hecha realidad.


El siguiente paso fue dedicar horas y horas a volver a escuchar todas y cada una de aquellas canciones e irlas clasificando con la referencia del índice anterior.

Realizando la escucha de las canciones me reencontré con una que, de repente, produjo un cambio de rumbo respecto al desarrollo musical del proyecto tal y como me lo había planteado. Fue la canción «Emigrante» de Pablo Guerrero, que concluye con estos versos: «Pero bueno, dejémonos de melancolías / y si no hay vino, con cerveza brindamos / y porque lo pediste, solo por eso / una canción de Manolo Escobar tarareamos».

La referencia que hace Pablo Guerrero a Manolo Escobar me hizo pensar en las verdaderas canciones que los emigrantes escucharían y cantarían lejos de España cuando, por ejemplo, se reunieran para compartir sus ratos de ocio y su añoranza. Puede ser que escuchasen y cantasen alguna de las canciones que yo tenía recogidas en mi base de datos; pero seguro que habría muchas más de las que yo no había valorado y seleccionado como «canción de autor», verdaderos suspiros y latidos (paisaje sonoro de un tiempo) de buena parte de aquellos emigrantes. 

Y me vinieron a la memoria coplas como «Suspiros de España», interpretada por Lolita Sevilla; «Adiós a España», cantada por Antonio Molina; «En tierra extraña», de Penella y Concha Piquer; o «El emigrante» y «De polizón», de Juanito Valderrama. Localicé las canciones, las escuché e, inmerso en aquel contexto, me emocionaron. A partir de ahí, tomé la decisión de incorporarlas al proyecto y seguir investigando el universo de la copla; lo que significó para mí una apertura a un sentido mucho más amplio y diversificado del concepto de «canción de autor».

Realizada la investigación y una vez que pude comprobar que el proyecto era viable, le propuse al Ministerio del Trabajo (concretamente a la Dirección General del Instituto Español de Emigración, dirigida en aquel momento por Raimundo Aragón), la edición de una caja con tres LP's, o tres casetes, con treinta canciones y su correspondiente libreto.


El proyecto fue aprobado y se publicó con el título genérico de "Canciones de ida y vuelta. Antología de canciones de la emigración". Preciosa edición a la que a los tres discos, o casetes, se adjuntaron un libreto con las letras de las canciones y una colección de postales y diapositivas con imágenes históricas relacionadas con la experiencia y el drama de la emigración.


Fue una edición limitada y no comercializada. Viajó con la exposición por América y Europa y se obsequió a los departamentos de cultura y a los responsables de los diferentes medios de comunicación de los países visitados.

La exposición España fuera de España (150 años de la emigración española) se inauguró en Madrid en el Centro Cultural de la Villa y pudo ser visitada del 14 de octubre al 13 de noviembre de 1988.

Por su parte, presentamos la antología «Canciones de Ida y Vuelta» en la Sociedad General de Autores el 11 de noviembre de 1988. Preciosa, entrañable e inolvidable presentación en la que, entre otros creadores e intérpretes, participaron Juanito Valderrama, Dolores Abril, José Menese, Elfidio Alonso, Antonio Molina, Lolita Sevilla, El Fari, Luis Cobos, Marina Rossell, Carlos Cano y Pablo Guerrero.


Paco Clavel, Elfidio Alonso, Juanito Valderrama, Lolita Sevilla,
Dolores Abril, El Fari, Antonio Molina, Encarnita Polo, Luis Cobos,
Menese, Fernando G. Lucini, Marina Rossell y Pablo Guerrero
,
en el acto de presentación del libro-disco CANCIONES DE IDA Y VUELTA.
SOBRE LA EMIGRACIÓN EN ESPAÑA
.
editado en 1988.
En aquel acto tuve el grandísimo honor de conocer en persona a Antonio Molina, Dolores Abril, Lolita Sevilla y Juanito Valderrama; personas absolutamente maravillosas con las que a partir de aquel día mantuve una linda relación.

NOTA: Uno de los ejemplares de esta histórica publicación voy a ofrecerlo próximamente como "recompensa muy especial" dentro de la campaña de "verkami" que he lanzado recientemente para hacer posible el libro-disco "EN LA RAÍZ DEL SILENCIO. CON ANTONIO MATA. Ver la campaña en el siguiente enlace:


sábado, 15 de septiembre de 2012

SOBRE LA EMIGRACIÓN. «CANCIONES DE IDA Y VUELTA». VI - LA VUELTA AL PAÍS NATAL



Termino el recorrido que he venido realizando, de la mano de los cantores y poetas, en torno al drama social que supone siempre la emigración, presentando una última experiencia sin duda fundamental en la vida del emigrante y a veces llena de contradicciones; me refiero a su regreso –cuando es posible– a la tierra natal, y a su reencuentro con el paisaje y con los seres queridos que en su día fueron abandonados.

Este regreso, en cualquier caso –por la emigración o por el exilio– siempre aparece teñido de una emoción desbordante; emoción incontenible y alegre que, en ocasiones, es truncada cuando el emigrante se hace consciente del irremediable daño que el tiempo y la distancia llegaron a ocasionar en sus relaciones con las personas a las que tanto amaba: «El invierno de la emigración nos robó la primavera. ¡Quién era yo, ya no soy! ¡Y tú no eres lo que eras!».

El formidable grupo gallego Fuxan os Ventos nos expresa esa experiencia en una de las más bellas y apasionadas canciones grabadas en nuestro país a lo largo de la historia de la "canción de autor", me refiero a ésta creada sobre un poema de Marica Campo:


«Ah, gaitero mío
aún me acuerdo
cuando bajabas por el monte abajo
y me venías diciendo:
“Echa carne en el pote, Marianiña
echa carne en el pote, Marianá
una bolla entera enservilletada
una bota con vino ¡chupaená!”.
Mujer, hartazgo de lucha
¿Qué te voy a decir a ti, mujer?
Si tú eres como nuestra tierra
y la tierra es como tú.
Os dejé a ambas solas
aunque me quedé con vosotras.
Vacía quedó la tierra
tú, sembrada, ciertamente.
Y el viento decía
!Pronto volveré”
para quitar el hambre, para poder comer.
Ay mujer, cuántas noches
te acostaste con la tristeza
y el viento frío traía
noticias de los que murmuraban.
Y el viento decía
“¡Pronto volveré!
para quitar el hambre, para poder comer”.
Ah mujer, cuántas noches
te acostaste con la tristeza
y el viento frío traía
noticias de los que murmuraban
Tú eres el milagro de la tierra
y la tierra es un milagro tuyo,
mezcla de miel y cerna(corazón)
de fiera y de ángel del cielo.
Pariste de pié a tu hijo
como lo hacen en el monte las bestias
y hoy que vuelvo vencido,
para que yo venza tú te acuestas.
Y al volver ¿qué te diré?
¡Maldito el día y la hora
en que os dejé aquí
para buscar vida fuera!
El invierno de la emigración
nos robó la primavera.
Quien yo era, ya no soy
y tú no eres la que eras.
Ya pueden los campos dar
cosechas bien abundantes,
ya pueden en Madrid hablar
con palabras bien hermosas,
que nunca nos pagarán
nuestra hambre de otro tiempo».
("Mujer". Fuxan os Ventos / Xosé Luis Rivas / Marica Campo)

«Ai, meu gaiteiriño, / aínda me acorda, / cando baixabas polo monte abaixo, / e víñasme ti dicindo: / “Bota carne no pote, Marianiña, / bota carne no pote, Marianá, / un molete enteiro enservelletado, / unha bota de viño, chupaená!” / Muller, fartura de loita / que che hei dicir eu, muller? / Se ti es coma a terra nosa, / e a terra coma ti é! / Deixeivos a entrambas soias / anque convosco quedei. / Baleira quedou a terra / ti sementada, abofé. / E o vento dicía / pronto hei de volver, /pra tirar a fame, / pra poder comer. / Ai, muller, cantas noitiñas, / te deitaches coa tristura?, / e o vento frío traía, / as novas dos que murmuran. / Ti es o milagre da terra / e a terra é un milagre teu, / mestura de mel e cerna / de fera e de anxo do ceo. / Pariches de pé ao fillo, / como fan no monte as bestas. / E hoxe que eu volto vencido, / para que eu venza ti te deitas. / E ao voltar, que che hei dicir?! / Maldito o día e a hora / en que vos deixei aquí / para procurar vida fóra! / O inverno da emigración / roubounos a primavera, / quen eu era, xa non son, e ti non es a que eras. /Xa poden os leiros dar / colleitas ben abondosas, / poden en Madrid falar / con palabras ben fermosas, / que nunca, nunca / nos han de pagar / a nosa fame de outrora!». ("Muller". Marica Campo)

(Creo que merece realmente la pena volver a escuchar la canción "Muller" en este otro video. En él podemos gozar de la impresionante presencia y voz de Mercedes Peón)



El regreso de los emigrantes, al que estoy dedicando el "cuelgue" de hoy a veces fue, y es, voluntario, pero no siempre ocurrió así; a veces es un regreso forzado por determinadas circunstancias como las que puso de manifiesto José Antonio Labordeta en su canción titulada precisamente: "Crónica del regreso":



«Nada,
ni un pedazo de voz
me han dejado,
ni una lágrima rota
en la niebla,
que soporté allí.

Nada,
ni un pedazo de voz
me han dejado,
ni la tumba
donde está María
traérmela aquí.

Me han cerrado la casa en silencio,
me han mandado otra vez para aquí,
a la piedra terrible, al secano,
cuando yo me he dejado los años
donde uno trabaja por mil.

Mira,
ni siquiera me han dado
la mano
y decirme muy agradecidos
por lo que hizo
aquí.

Mira,
yo no entiendo
tampoco a los míos,
que los veo lejanos y ausentes,
ajenos a mí.

Y de golpe me encuentro en mi casa,
forastero en donde nací,
forastero también
en el tajo
donde yo levanté con mis manos
lo que uno trabaja por mil.

Paco,
me murmuran ahora
las gentes,
no te ofendas por nuestra pobreza,
seguimos así.

Y golpeo la casa con rabia,
y entiendo por qué estoy aquí,
acosado por todos,
vencido,
con las manos marchitas de miedo
donde uno trabaja por mil.


En cualquier caso, siempre en la experiencia profunda del emigrante, a pesar de los problemas y ante lo duro que pueda llegar a ser, en muchos casos, el regreso, siempre anidó en su alma el deseo de volver a la tierra entrañable, un deseo planteado no exclusivamente como una aspiración, pasiva y resignada, sino convertido en causa y motivo de una lucha solidaria. El emigrante, consciente y harto de su situación, se revela contra ella abriéndole caminos a la esperanza: «no está lejos el mañana en que todos nos volvamos a juntar y rompamos nuestras cadenas con la fuerza de la unidad»

«Regresaremos 
a nuestro hogar,
regresaremos,
hemos de luchar
para que nadie
tenga que salir
a tierra extraña
para malvivir»
("Regresaremos", Jarcha)

jueves, 6 de septiembre de 2012

SOBRE LA EMIGRACIÓN. «CANCIONES DE IDA Y VUELTA». II - LA SALIDA DEL EMIGRANTE HACIA TIERRAS EXTRAÑAS

Oleo de Amalia Avia creado para la cubierta
del volumen 3 de mi libro "Veinte años de canción en España
(1963-1983) Los problemas sociales y la solidaridad"

En todos los "cuelgues" dedicados a la "emigración",
voy a incorporar canciones que han sido escritas y cantadas en gallego, 
en catalán y en euskera. Primero copiaré el texto de la canción 
en castellano y seguidamente en la lengua que corresponda.


«En una cartera la foto de ella,
la duda y la pena son sus compañeras
y el agrio silbido de aquel tren tan viejo
que rompe la calma y araña el silencio,
en él se marchó
dejando su tierra bañada en sudor,
en el tren antiguo que araña el silencio,
que pasa y que lleva los hombres del pueblo»
("Ya nun tien quien'l cante". Víctor Manuel San José).

Hoy, en este segundo "cuelgue" dedicado a la "emigración" vamos a enfocar unos primeros planos en los que se puede contemplar el momento tan doloroso que supone el abandono de la tierra y del pueblo natal para dirigirse, con tristeza y con inseguridad, hacia tierras extrañas.

Salida de una situación familiar, a la que le vinculan normalmente unos profundos lazos afectivos, para aventurarse a situaciones y realidades que les son ajenas y que les sumergen en un clima total de desconcierto. Salida, por tanto dolorosa que en cualquier caso supone una ruptura con aquello a lo que se ama.

• Ruptura con la tierra que le vio nacer, con su paisaje, con los elementos naturales que integran su habitat: su aldea, su hogar, el camposanto donde yacen sus antepasados..., el riachuelo, el molino, la higuera, la casa, el campanario..., los viejos y entrañables recuerdos de la infancia.


«Adiós ríos, adiós fuentes;
Adiós, arroyos pequeños;
Adiós, vista de mis ojos;
No se cuando nos veremos.
Tierra mía, tierra mía,
tierra donde me crié,
huertiña que quiero tanto,
higueriñas que planté,
prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
pajaritos piadores,
casita de mi contento,
molino de los castañares,
noches de clara luna,
campaniñas timbradoras,
de la iglesiña del lugar,
morriñas de aquellos bosques
que yo le daba a mi amor,
caminiños entre el trigo,
¡adiós, para siempre adiós!.
¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!
¡Dejo la casa en que nací,
dejo la aldea que conozco
por un mundo que no vi!
Dejo amigos por extraños,
dejo la vega por el mar,
dejo todo cuanto quiero...
¡Quién pudiera no dejar...!
Mas soy pobre y, ¡Ay pecado!
esta mi tierra no es mía,
que hasta le dan de prestado
el sendero que camina,
a quien nació desdichado.
Os tengo que dejar,
huertiña que tanto amé,
hogueritas de mi lar,
arbolitos que planté,
fuentiña del cabañar.
Adiós, adiós que me voy,
herbiñas del camposanto
donde enterré a mi padre,
herbiñas que besé tanto,
tierriña que os crió.
Adiós, Virgen de la Asunción,
blanca como un serafín:
te llevo en el corazón;
pídele a Dios por mí,
mi Virgen de la Asunción.
Ya se oyen lejos, lejos,
las campanas de Pomar;
para mi, ¡Ay desdichado!,
nunca más han de tocar.
Ya se oyen lejos, lejos...
Cada toque es un dolor;
me voy solo, sin consuelo...
Tierra mía, ¡adiós, adiós!
¡Adiós también, queridiña...!
¡Adiós por siempre quizás...!
Te digo adiós llorando
desde la orilla del mar:
No me olvides, queridiña,
si muero de soledad...
Tantas leguas mar adentro...
¡Mi casiña!, ¡mi hogar!».
("Adiós ríos, adiós fuentes" Rosalía de Castro / Amancio Prada).

Adiós, ríos; adiós, fontes; / adios, regatos pequenos; / adiós, vista dos meus ollos, / non sei canto nos veremos. / Miña terra, miña terra, / terra donde me eu criei, / hortiña que quero tanto / figueiriñas que prantei, / prados, ríos, arboredas, / pinares que move o vento, / paxariños piadores, / casiña do meu contento, / muíño dos castañares, / noites craras de luar, / campaniñas timbradoras / da igrexiña do lugar, / amoriñas das silveiras / que eu lle daba ao meu amor, / caminiños antre o millo, / ¡adiós, para sempre adiós! / ¡Adiós, groria! ¡Adiós, contento! / ¡Deixo a casa onde nacín, / deixo a aldea que conoso / por un mundo que non vín! / Deixo amigos por estraños, / deixo a veiga polo mar, / deixo, en fin, canto ben quero / ¡Quen pudera no o deixar! / Adiós, adiós, que me vou, / herbiñas do camposanto / donde meu pai se enterrou, / herbiña que biquei tanto, / terriña que vos criou. / Xa se oien lonxe, moi lonxe, / as campanas do Pomar; / para min, ¡ai!, coitadito, / nunca máis han de tocar. / Xa se oien lonxe, máis lonxe / Cada balada é un delor; / voume soio, sin arrimo? / Miña Terra, ¡adiós, adiós! / ¡Adiós tamén, queridiña! / ¡Adiós por sempre quizais! /Dígoche este adiós chorando / desde a beiriña do mar. / Non me olvides, queridiña, /si morro de soidás / tantas légoas mar adentro / ¡Miña casiña!, ¡meu lar! ("Adios rios, adios fontes". Rosalía de Castro).

• Ruptura con la madre símbolo del cálido cobijo, de la seguridad y de la confianza.


«Es muy doloroso abandonar la tierra querida,
dejando atrás país, madre y pueblo.
Y aunque surcando mares voy a descubrir el nuevo mundo
es ahora cuando me siento más miserable y digno de compasión.
Madre querida, corazón mío, adiós...
Pronto regresaré para consolarte.
Pero ahora, si Dios ha decidido que me aleje por los mares,
madre, ¿para qué llorar?».
("Adiós al País Vasco". Antton Valverde / José Agustín Iparraguirre)

«Lur maitea uztea da negargarria, / hemen gelditzen dira ama ta herria. / Urez noa ikustera, bai, mundu berria; / oraintxe bai naizela errukigarria. / Agur ene bihotzeko amatxo maitea. / Laster etorriko naiz, kontsola zaitea. / Jaungoikoak nahi badu ni urez joatea, / ama, zertarako da negar egitea?» (“Gazte gaztetatikan”. Jose Agustín Iparraguirre)

• Ruptura con la amada o con el amado, compañeros en la alegría y en el dolor; germen y esperanza de una familia y de un futuro que se proyectaba lleno de felicidad y de armonía.


«¡Este es, amor
mi último baile contigo...
Quisiera que tú
vinieras conmigo.
pero nuestro deseo
no puede ser satisfecho!
¡Yo también soy consciente
de que mañana partiré solo!
¡Asumamos tranquilos esta pena!
Porqué yo volveré, ¡sí!
al País Vasco.
¡Aguantemos un año!
Y entonces retornaré
para siempre a tu lado.
Este último baile
no es definitivo..
¡Yo he jurado,
y me reafirmo.
que he de vivir aquí,
en nuestra tierra
y si eso no puede realizarse,
prefiero morir una vez por todas!».
("Mi último baile". Peio Ospital eta Pantxoa Carrere / M. Pagola

«Azken dantza hau / maitia zurekin / nahi zinduzket / eraman nerekin. / Baina gaurko xedia / ezin daike betia / badakit nik ere / bihar dela joaitia / Bego pena hau / itzuliren naiz / bai berriz Euskal Herrira. / Bego urte hau / etorriko naiz / betikotz zure ondora. / Azken dantza hau / ez da sekulako. / Zin egina dut / zin egin betiko / hemen gure lurrean / Bizi behar dudala. / Eta hori ez bada / hil hotz jar nadila». (“Asken dantza”. Peio Ospital eta Pantxoa Carrere / M. Pagola).

• Ruptura con los hijos, que se desvelan y lloran ante la marcha del padre o de la madre incapaces de comprender los motivos de la partida.


«Mi hija está despierta
¿Por qué no se quiere dormir?
–Porque sé que mañana
tu hablar no voy a sentir.
Mi hija no tiene sueño.
¿Por qué no puede dormir?
–Porque sé que tu vivir, mi padre,
tu vivir no es vivir.
Mi hija está llorando.
¿Qué es lo que la hace tanto sufrir?
–El saber que en mi sueño
tú parecerás huir».
(“Nana para la víspera de emigrar”. Benedicto).

«Miña filla está desperta / ¿Por qué non quere dormir? / –Porque sei que de mañán /o teu falar non vou sentir. / Miña filla non ten sono / ¿Por qué non pode dormir? / –Porque o teu vivir, meu pai, / o teu vivir non é vivir. / Miña filla está chorando / ¿Qué é o que a fai tánto sofrir? / –O saber que no meu soño / tí parecerás fuxir». (Benedicto. “Cantar de bercé pro vispera de emigra”).

Ruptura, en síntesis, rabiosamente amarga, que José Antonio Labordeta nos transmite con una rotunda fuerza expresiva en su canción "Todos repiten lo mismo":



«Todos repiten lo mismo
cuando dicen que se marchan.
Con cuatro granos de trigo
se alimentaban.
Vivía él y la vieja
y el resto de la compaña
y al sol de los mediodías
se calentaban.

Para Navidad la oliva,
para el verano la siega,
para el otoño la siembra,
para la primavera nada.

Mula pardera y monte,
cielo, tristeza y casona,
el día que el tren se marcha
todo abandona.
Tenía viento y carreta
y recuerdos de la guerra,
barro, sol, piedra y paisaje
y un regancho de agua muerta.

Si en algún camino encuentras
gente con la casa a cuestas
no les hables de su tierra
que te mirarán con rabia.
Con rabia en la voz y el viento,
con rabia en sus palabras,
con la rabia que produce
abandonar lo que se ama».

«Abandonar lo que se ama», dolorosa e irremediable partida vivida en ocasiones con el aliento de una joven esperanza: poder llegar a encontrar un puesto de trabajo, ahorrar lo suficiente durante pocos, pero largos años, y regresar al reencuentro de lo que un día se dejó pero que permanece anhelante a la espera de ese retorno soñado.

Esperanza de regreso en ocasiones truncada ante la evidencia de un retorno imposible, evidencia que con tremenda amargura podemos encontrar reflejada en aquel poema de Fernando Brasó cantado por Adolfo Celdrán:


«Se van
ya no volverán jamás
tras la oscura niebla
que deja el pasado.
Se van
como pájaros que cambian de lugar
a buscar un nuevo nido.
Un nuevo nido.
Se van
ya no volverán jamás.
Lucharán desde afuera.
Lucharán hacia adentro.
El hombre de tierra adentro 
vive en un hoyo metido
muerto sin haber nacido,
el hombre de tierra adentro.
Se van
ya no volverán jamás
tras la oscura niebla
que deja el presente.
Se van
con el alma rota
el corazón tranquilo
y la patria muerta».

Una salida del emigrante, en cualquier caso, quebrada de dolor y de añoranza. Salida evocadora de todas aquellas grandes y pequeñas cosas que, al margen de la economía, un día dieron sentido a su existencia: experiencias, recuerdos, presencias, paisajes, ternuras... Salida en la que confluyen y se agolpan en la memoria las realidades vividas y que en un momento parecen desdibujarse en la distancia. Estallido de amor hacia una tierra que se abandona y a la que llega a necesitarse entrañablemente en la ausencia.

Carlos Cano, emigrante obligado a abandonar Granada y a las puertas ya de los montes de Francia, revienta en un canto de amor a Andalucía lleno de apasionamiento y de ternura; canto simbolizado en una carta que sintetiza y expresa todo cuanto hasta aquí he escrito en este segundo "cuelgue" sobre la "emigración":


«Amor mío, 
cuánto esfuerzo me cuesta escribir 
estas palabras.
El destino, 
el destino de un tiempo ya viejo 
nos separa.
El destino es la inercia 
de la soga que ahoga, 
la piedra que entierra y que aplasta,
de la mano que apaga la aurora 
y nunca se cansa, 
de la voz que te llama en l'a noche,
detrás de una puerta 
y te clava un momento en la duda 
de quién es uno.
Cuando falta tu luz, 
no es igual que la luz de la luna, 
el sol o la estrella,
me falto yo 
y me falta en la boca saliva, corazón 
y dientes.
Agoto la esperanza 
y la vida me lleva hacia la frontera.
Y es aquí que me veo cruzando 
los montes de Francia,
mientras lejos se queda mi tierra, 
mi gente, mi casa.
Y mis ojos con tanta amargura, 
que me avergüenzo.

No es odio esta carta, 
que es de amor que se escribe con todos, 
se vive con todos.
Yo entiendo 
este amor como un puño sensible 
que mueve montañas.
Compañera, 
que por él los de abajo sufrieron 
el papel amargo 
del que enciende la luz en la sombra
y se ve tan solo, 
cara al viento, 
al rayo y al trueno de la gran tormenta,
cara al tiempo, al cerrojo, 
al silencio y a lo que caiga.
Ahora sé que eres tú 
lo que mueve la vida del árbol en la primavera
lo que mueve la voz de los hombres 
cuando los hombres luchan y mueren.
No quiero acabar con tristeza ni hielo esta carta amarga.
Ahora sé que las nubes 
se alzan y canto este canto:
«Por mi boca ya asoman las flores 
que regó con llanto en tu vientre amoroso 
este pueblo te ha embarazado». 

Esta es la canción: 
¡un, dos! 
Ustedes tienen sol, 
grasia pa vivir, 
vino, playas y flamenco... 
... sí, mucha grasia 
pa derramarla 
por las vendimias del Roselló. 
¡Viva la grasia de Andalucía 
con pasaporte de emigración!».
("Viva la grasia". Carlos Cano)


miércoles, 5 de septiembre de 2012

SOBRE LA EMIGRACIÓN. «CANCIONES DE IDA Y VUELTA». I - PAISAJES, HUELLAS Y SUSPIROS


Hoy inicio una serie de "cuelgues" dedicados a la EMIGRACIÓN en cualquiera de sus manifestaciones, sean cuales sean los motivos que la provocan, y el lugar en que pueda producirse... No sé cuántos "cuelgues" serán; serán los que resulten necesarios para poder acercarnos desde la sensibilidad, y en profundidad, a este drama humano tan cruel y doloroso.

Dos son los motivos por los que me he decidido a abordar este tema:

El primero, y el más importante, manifestar mi radical solidaridad con los emigrantes –sean quienes sean, y procedan de donde procedan–; una solidaridad que deseo que se traduzca en la posibilidad de introducirnos en sus corazones, en sus almas, para percibir sus sentimientos y vincularnos afectiva y generosamente a ellos.

Pensemos que la "emigración" no es un hecho histórico del pasado ¡no!; lo fue ciertamente, pero se sigue repitiendo; sigue habiendo personas de los más diversos rincones del mundo que llegan a nuestro país buscando entre nosotros el pan, la solidaridad y la justicia; y, al mismo tiempo, sigue habiendo cada vez más ciudadanos españoles que tienen que emigrar para poder sobrevivir; ciudadanos que fotografía, por ejemplo, Alfonso del Valle"cantautor" sevillano– en la canción que seguidamente vamos a poder escuchar; canción titulada "Suspiráis de España" que está intencionadamente  relacionada con un conocido pasodoble compuesto en 1902 con el nombre de "Suspiros de España"



«Sus-pirais porque no hay nada
y por desesperación,
con la esperanza gastada
de que ya empiece a ir mejor.
La historia cuenta que antaño
tu abuelo se hubo de ir.
Quizá no hace tantos años
y se vuelve a repetir...
...y a exilios en tierra extraña
sus-pirais de España.
De esa que gana mundiales
y da a Lorcas y a Dalís
y que desde los arrabales
de Europa está a verlas venir.
La de presiones fiscales,
políticos de postín,
de vehículos oficiales
y de mucho Urdanmanguín.

A exilios en tierra extraña
sus-pirais de España.
De la del salto la rana,
el Lalalá y Eurovisión.
La del "vuelva Vd. mañana"
y la cabra de la legión.
Y de esa la del plan Marshall,
bata de cola y tambor.
Esa de siempre "a dios gracias"
y "haz de tripas corazón".
A exilios en tierra extraña
SUS-PIRAIS de España».



El segundo motivo por el que voy a escribir y publicar estos "cuelgues" sobre la "emigración" es ofrecer un testimonio práctico y directo de lo que ha sido, es y debería de ser la auténtica "canción de autor, a la que no se le puede, ni se le debe, atribuir, bajo ningún concepto, el "tópico generalizado" del "aburrimiento" y de la "politización". ¡Ojalá hubiera, en la actualidad, más expresiones artísticas y musicales de la sensibilidad, de la ternura, y con tanta sed de justicia y de solidaridad como las que vamos a poder escuchar y leer hoy, y durante los próximos días!.

El contenido de estos cuelgues voy a plantearlo tomando como referencia básica un extenso libreto que escribí y publiqué en 1988 con motivo de la edición de un triple LP titulado "España fuera de España. Canciones de Ida y Vuelta. Antología de Canciones sobre la Emigración", y una serie de programas radiofónicos que me solicitó Eduardo Sotillos siendo director de Radio Exterior.


Cubierta del libreto adjunto al triple LP
"España fuera de España. Canciones de Ida y Vuelta".


INTRODUCCIÓN

«Las canciones –dice Vázquez Montalbánson a la vez paisaje de un tiempo, huella de quienes las cantaron y fotografía de los suspiros tolerados y prohibidos de una sociedad».

Paisajes, huellas y suspiros. Esto es y esto han sido siempre el auténtico canto popular y la "canción de autor"; una expresión incontenible del alma que se vuelca y que se comunica en desahogos, desgarros, esperanzas y denuncias. Expresión del gozo y de la fiesta a veces, y expresión también de la injusticia y del dolor...; y siempre, "bajo los acordes de suspiros".

Hablar, por tanto, del canto popular y de la "canción de autor" es hablar de los latidos de pueblo, es perseguir sus huellas, y es dejarse seducir, encantar y perder en sus paisajes; es, en el fondo, aproximarse a su acontecer histórico, y a su presente, desde la verdad más auténtica, más cotidiana y más profunda, o sea, desde esa verdad que se proyecta y se traduce en el lenguaje de los sentimientos.

Hoy, cuando por las razones anteriormente expuestas, me propongo fotografiar el hecho histórico y latente de la emigración me resulta imposible hacerlo sin referirme a las canciones que fueron y que son desahogo sensitivo y, en cierta medida, consuelo para los emigrantes. Canciones como la "Zamba del emigrante", escrita por Ismael y Rodolfo Serrano, e interpretada por Ismael, con Mercedes Sosa, en su disco "Sueños de un hombre despierto" (2007).



«Tengo que partir, mi corazón, 
antes que yo otros se fueron. 
Todos saben que las aves migratorias 
siempre encuentran el camino de regreso. 
Todos saben que las aves migratorias 
siempre encuentran el camino de regreso.
No llores más, mi corazón, 
que yo no busco el olvido. 
Sólo busco futuro y horizonte, 
el faro que orienta al naufrago perdido. 
Sólo busco futuro y horizonte, 
el faro que orienta al naufrago perdido.
Sube al ómnibus de Zitarrosa 
una mañana de domingo, 
aquel que nos llevaba al cerro. 
Buscarás en la ciudad dormida 
el sueño que tuvimos siendo niños. 
Buscarás en la ciudad dormida 
el sueño que tuvimos siendo niños.
Regarás bien, mi corazón, 
nuestro jardín y los recuerdos. 
Y cuando pasees por el mercado 
brindarás a mi salud con medio y medio
Y cuando pasees por el mercado 
brindarás a mi salud con medio y medio.
Volveré muy pronto, mi corazón, 
y sanará el barrio enfermo. 
Todos saben que las aves migratorias 
siempre encuentran el camino de regreso. 
Todos saben que las aves migratorias 
siempre encuentran el camino de regreso».


Canciones que han sido muy diversas y en ocasiones hasta contrapuestas. Unas que fueron toleradas y otras prohibidas. Unas escuchadas cientos de veces en las radios de la dictadura; otras coreadas –entre cerillas y mecheros encendidos– en recitales subversivos; y, felizmente, otras nacidas en libertad ya en plena democracia, como las que hemos escuchado de Alfonso del Valle o Ismael Serrano... Canciones algunas de lenguaje primario y cargadas de tópicos; y otras de alta calidad musical y poética y cargadas de rabia y de impotencia...

Pero, a fin de cuentas, todas canciones del pueblo, y en el pueblo "suspiros" –cuando las hace suyas– Suspiros que se hacen voz y sentimiento de un mismo drama que encuentra su origen en la miseria y en la impotencia de muchas personas incapaces de subsistir en su tierra natal, y abocadas de forma irremediable hacia un exilio forzado a la búsqueda, en lugares extraños, del pan, del trabajo y de la justicia que en su propia tierra les niega.





«Hasta un pueblo d'Alemania 
ha llegao el Salustiano
con más de cuarenta años 
y de profesión el campo,
pa buscarse l´habichuela 
y ahorrar algunos marcos
y que pueda la parienta 
comprar algunos marranos.

Yo no creo que el sombrero
les toque en la tómbola
a esos gachós trajeados 
que viven de na.
Que lo roban, lo roban, 
con cuatro palabritas finas lo roban.

En principio se hace dura 
sobre to la soleá,
esa gente chamullando 
no se le entiende ni atá.
Menos mal que algunas veces 
la embajada cultural
les manda al Julio iglesias 
y a un tal Manolo Escobar.

Yo no creo que el sombrero 
les toque en la tómbola
a esos gachós trajeados 
que viven de na.
Que lo roban, lo roban, 
con cuatro palabritas finas lo roban.

Y así s'acaba la historia 
del güeno del Salustiano
de tanto apencar los güesos 
otro gallo l'ha cantao.
Gallo dice que l'obrero 
de cachondeo está jarto,
si no hubiera ido a Alemania, 
no hubiera aprendido tanto.

Yo no creo que el sombrero 
les toque en la tómbola
a esos gachós trajeados 
que viven de na.
Que lo roban, lo roban, 
con cuatro palabritas finas lo roban»
("El Salustiano", de Carlos Cano.
Canción grabada en su primer LP: "A duras penas" (1975)

III - Y AHORA ¡A DISFRUTAR CON "PABLO.CANO" ESCUCHANDO LAS CANCIONES DE SU "FLOR DE HABANERA" !... Y ALGO MÁS.

Después de los dos "cuelgues" que publiqué hace unos días dedicados al disco "FLOR DE HABANERA" – opera prima del cantau...