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jueves, 18 de abril de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (4ª Parte)









Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" (1998);
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (4)


En 1969 el colectivo catalán Els Setze Jutges se disuelve. Éste fue un acontecimiento sobre el que me gustaría detenerme un momento dado que, en torno a él, y a las causas que lo motivaron, se ha hablado y se ha escrito mucho y, con frecuencia, con una carga expresiva clara y maliciosamente demagógica. (Por una parte, las reflexiones que seguidamente voy a hacer podrán servirnos también para aclarar, o al menos para centrar situaciones similares que se produjeron alrededor de esos años en otros lugares del Estado).

Antes de entrar en los detalles creo importante partir de un principio que, de olvidarse, invalidaría, por lo menos para mí, cualquier reflexión o cualquier crítica que pueda hacerse sobre los acontecimiento vividos en un tiempo pasado, me refiero, en concreto, a la necesidad de juzgar y valorar esos acontecimientos situándolos siempre en su contexto, es decir, en lo que los hombres y las mujeres de ese tiempo, y en ese espacio, estaban viviendo y experimentando. (Pienso que es fácil, y también muy cómodo, juzgar y ser crítico; lo difícil, y eso es lo justo, es saber valorar los acontecimientos intentando conocerlos a fondo y sumergiéndonos en ellos con el corazón limpio, es decir, con la honradez imprescindible que se requiere para intentar buscar siempre la verdad, conscientes de aquello que nos decía Aute en una de sus primeras canciones breves: «Como una llama que aparta tinieblas [...], así es la verdad»).


«Como una llama que aparta tinieblas
quemando las dudas en los pensamientos,
como ese río que nunca se seca,
que sigue su cauce arrastrando a las piedras,
como esa sangre que cae sin miedo,
sangre que limpia paisajes y penas,
así es la verdad.

Como esa vida que decimos nuestra
y que nos reconoce por su único dueño,
como esa vida que es causa primera
y que lucha por serlo a golpes de fuerza,
como esa vida que no quiere muertos,
como esa vida que no quiere esperas,
así es la verdad».

Intentaré pues apartar las tinieblas en la medida de lo que sé y de lo que pueda, sobre aquella histórica disolución del colectivo Els Setze Jutges en 1969.

En primer lugar fue un hecho natural que surgió como consecuencia de la propia dinámica y evolución que experimentó el grupo, con el paso de los años, respecto a sus objetivos o metas fundacionales. Cuando nació, no lo olvidemos, el pueblo, en este caso, el pueblo catalán había perdido su voz; –y no me estoy refiriendo sólo a los intelectuales y a la burguesía, sino sobre todo, al «home del carrer» (al "hombre de la calle" al que tan genialmente le cantó Quico Pi de la Serra–.


«A este hombrecillo que todo lo hace bien,
que siempre camina, que siempre camina,
a este hombrecillo que nada puede hacer,
lo llamaré desde ahora el hombre de la calle.

Nunca se levanta tarde, se afeita muy bien
–la patilla izquierda, la patilla izquierda–,
desayuna una pizca, porque no tiene más;
mirad si lo hace bien el hombre de la calle.

Saca un cigarrillo, ¡ay no!, que no tiene,
cuando fuma es de gorra, cuando fuma es de gorra:
los amigos, si lo ven, se hacen los distraídos...
¡qué poco fumarás, hombre de la calle.

Baja en ascensor, ¡ay no!, que no tiene,
camina deprisa, camina deprisa,
en el rellano de abajo, encuentra a Roser,
te pones colorado, hombre de la calle.

La mujer no lo sabe, ¡ay no!, que no tiene,
¡qué mal pienso!, ¡qué mal pienso!,
se le murió, ya ni sabe de qué;
eso es un pecado, hombre de la calle.

Abre su cochecito, ¡ay no!, que no tiene;
no tiene una peseta, no tiene una peseta,
no quiere cambiar el último billete...
¡ya ves qué papel, hombre de la calle.

A pie va al trabajo, de eso sí que tiene;
mucho menos querría, mucho menos querría,
si no hay dinero, tampoco hay Roser...
¡lo tienes muy crudo, hombre de la calle.

Le duele la cabeza, ¡ay no!, que no tiene;
antes la tenía, antes la tenía;
un día la perdió y no la encontró más...
no tienes nada de nada, hombre de la calle».

«Aquest homenet que tot ho fa bé, / que sempre camina, que sempre camina, / aquest homenet que res no pot fer, / des d'ara en direm l'home del carrer. / No es lleva mai tard, s'afaita molt bé/ –la patilla esquerra, la patilla esquerra–, / esmorza poquet, perquè no en té més; / mireu si ho fa bé, l'home del carrer. / Treu un cigarret, ai no, que no en té; / quan fuma és de gorra, quan fuma és de gorra: / els amics, si el veuen, fan tots el distret... / que poc fumaràs, home del carrer. / Baixa amb ascensor, ai no, que no en té, / camina de pressa, camina de pressa, / al replà de sota, troba la Roser, / et poses vermell, home del carrer. / La dona no ho sap, ai no, que no en té, / malament que penso, malament que penso, / se li va morir, ja ni sap de què; / això és un pecat, home del carrer. / Obre el seu cotxet, ai no, que no en té; / no té una pesseta, no té una pesseta, / no vol descanviar el seu bitllet darrer... / ja veus quin paper, home del carrer. / A peu va al treball, d'això sí que en té; / molt menys en voldria, mol menys en voldria, / si no hi ha calés, tampoc no hi ha Roser... / ho tens molt pelut, home del carrer. / El cap li fa mal, ai no, que no en té; / abans en tenia, abans en tenia; / un dia el va perdre i no el trobà més... / no tens res de res, home del carrer».


De repente tres personas, ¡tres!, se plantean, nada más y nada menos, que poner toda su capacidad, toda su ilusión y todo su empeño en que esa voz castrada o silenciada pudiera recuperarse; gesto que en aquellos momentos no sólo era atrevido, sino arriesgado y revolucionario. (Me estoy refiriendo a los tres fundadores del colectivo  Els Setze Jutges: Josep M. Espinàs, Remei Margarit y Miquel Portel).

Lógicamente, en un principio aquel empeño exigía unidad y solidaridad en los criterios y en las actuaciones personales y de grupo, aquello no fue una plataforma cómoda para suscitar "estrellas" o clubs de "fans", tan típicos de la época; aquello suponía un auténtico posicionamiento cultural que implicaba tanto una opción política comprometida, como unas actitudes personales nada fáciles de mantener. Fue, creo yo, lo que Cataluña necesitaba en aquel momento.


Con el paso de lo años –aproximadamente ocho años– el objetivo propuesto se fue cumpliendo; es más, como veremos después, y como yo mismo pude advertir en mi propia experiencia, aquella iniciativa logró traspasar las fronteras de Cataluña, sirviendo de revulsivo para que otros pueblos de España iniciaran su propia revolución cultural y política a partir de la creación de una forma alternativa de comunicación, como fue, y sigue siendo, la genéricamente identificada como "nueva canción", o "canción de autor".

Por otra parte, como resultado lógico de la evolución y del paso del tiempo los componentes de Els Setze Jutges también evolucionaron individualmente y, algunos de ellos, vivieron la experiencia –adquirida en el trabajo cotidiano– de pasar de ser voluntariosos músicos y poetas, a convertirse en músicos y poetas "de verdad", pero además empeñados en hacer un tipo de canciones que fueran a la vez populares, comprometidas, de gran calidad estética y con sabor a vida cotidiana; y hacerlo, además, cada uno desde sus peculiaridades, es decir, desde su particular manera de entender la creación artítica, y desde sus propias formas expresivas o de lenguaje. A partir de ahí y de sus actuaciones en público, que cada vez fueron más abundantes dentro y fuera de Cataluña, aquello de que la idea del "yo" era indisoluble de la idea del "nosotros" resultaba imposible, no tanto por ellos mismos, sino porque el público, la gente del pueblo, desde su sensibilidad, así lo había decidido. (Ese fue claramente el caso, por ejemplo, de Lluís Llach, de María del Mar Bonet, o de Joan Manuel Serrat).


Con todo esto, los integrantes del grupo, en 1969, tomaron conciencia de que sus objetivos, como colectivo, se habían cumplido, y de que la libertad de creación, precisamente gracias a lo que habían conseguido colectivamente, era ya lo que en la época se llamaba "un nuevo signo de los tiempos". A partir de ahí, sabiamente, decidieron la disolución como tal de Els Setze Jutges. (Ojalá actuaran hoy así otros grupos y colectivos culturales y políticos que se empeñan en mantener "tinglados" insostenibles; pienso que, en el fondo, porque llevan en la sangre aquello que Erich Fromm llama "El miedo a la libertad").

También se suele asociar a la disolución del grupo la crisis que provocó la actitud de Serrat cuando decidió empezar a cantar en castellano, sin dejar por ello de seguir haciéndolo también en catalán. Ciertamente aquella crisis existió y debió ser tensa. En el fondo Joan Manuel venía a cuestionar y, de hecho, a romper un axioma que hasta entonces no se ponía en discusión y que constituía una de las bases de la identidad del colectivo: la utilización del catalán como forma radical e incuestionable de enfrentamiento contra el sistema centralista, en particular, por sus actitudes represoras y culturalmente colonialistas.

Joan Manuel Serrar,  Josep Maria Espinàs y Quico Pi de la Serra
en la Plaça del Sol en Gràcia (1965) (Fotografía de Josep Puvill).

Aquella posición decidida y consciente de Serrat, fue un acto de libertad personal difícilmente enjuiciable sin haber vivido la experiencia desde dentro y en su contexto. No obstante, poco tiempo después, en 1972, el propio Joan Manuel, tomando un poema de Miguel Hernandez, nos diría algo que, al menos a mí, me hizo pensar mucho.


«Para la libertad sangro, lucho y pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho. Dan espumas mis venas
y entro en los hospitales y entro en los algodones
como en las azucenas.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida».

No seré yo quien se dedique a analizar los actos de su libertad –no me interesa–, lo que sí me atrevo a afirmar, porque es claro, objetivo y evidente, es que su decisión, aunque sin duda dolorosa en aquel momento para un sector de la cultura catalana, en ningún caso supuso la más mínima debilidad respecto a su posicionamiento y a su compromiso ideológico y cultural en defensa de la democracia y los derechos humanos. Y digo esto, para salir al paso –no sé si todavía es necesario; en aquel momento lo fue– de la asociación que se hizo de su actitud con la búsqueda de planteamientos más comerciales, con todo lo que de "mala leche" implica esa observación. Yo solo diré que su ingente obra posterior está ahí, en catalán y en castellano; coherente y radicalmente comprometida siempre con la grandeza de los humano. Y también, que culturalmente este país no tendrá nunca suficientes palabras para agradecerle a Serrat la capacidad y la sensibilidad que tuvo para saber devolverle al pueblo, por ejemplo, la palabra y el alma de dos de sus más grandes poetas: Antonio Machado y Miguel Hernández.


Entre la grabación del disco dedicado a Machado (1969) y el dedicado
a Miguel Hernández (1972), Joan Manuel grabó, por ejemplo,
un LP llamado Serrat 4 (1970), con canciones todas ellas en catalán.

Por supuesto a las razones que acabo de enumerar respecto a la crisis y a la disolución del colectivo catalán, habría que añadir aquellas otras comunes a las de cualquier otro colectivo humano que emprende una tarea en la que se tienen que conjugar los planteamientos soñadores y utópicos compartidos con la realidad que implica la personalidad, la vida y las necesidades de cada uno de sus miembros, normalmente irrepetibles. Me estoy refiriendo, en concreto, a las tensiones que, sin duda, surgieron desde el principio, en función del mayor o menor tiempo de dedicación de cada uno de los jutges al grupo, de sus medios o posibilidades económicas individuales, o de la conflictividad que siempre surge en un proyecto como aquel entre la teoría y la práxis. (Concretamente, y como pura anécdota, recuerdo algo que contaba Quico Pi de la Serra medio en serio y medio en broma: «Los más jóvenes, como Guillermina, Barbat o yo, pasábamos bastante y no íbamos ni a reuniones, ni a tribunales de pruebas, ni "hostias"».

Al final, también en los últimos años de existencia del grupo, cuando ya por su propia evolución personal y artística algunos de los componentes empezaron a plantearse un nivel más serio de profesionalidad –los artistas son también profesionales que necesitan planificar, organizar y rentabilizar su trabajo– , surgieron nuevos problemas relacionados con ese otro mundo paralelo en el que todos los artistas se ven implicados irremediablemente; me refiero, en concreto, al complejo "tinglado" de los representantes, los empresarios, las contrataciones, los "cachés", las casas discográficas, la promoción, etc.

(En el próximo "cuelgue" abordaré otras manifestaciones musicales que se produjeron en Cataluña por aquellos años al margen del colectivo Els Setze Jutges, por ejemplo, el Grup de Folk).

martes, 26 de marzo de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (3ª Parte)








Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos";
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (3)



Cataluña 1961. En el mes de enero, Miquel Porter graba un primer disco con seis de sus canciones. En mayo se crea EDIGSA, una sociedad fundada para la edición de grabaciones en catalán –empresa, que como iremos descubriendo, desempeñó también un papel trascendental en la promoción y difusión de la música y de la canción, no sólo catalana, sino también vasca, gallega y en castellano–.


Diez de diciembre. En los locales del CICF (Centre d'Influència Catòlica Femenina) de Barcelona se organiza el primer recital de lo que a partir de entonces se conocerá como la "Nova Cançó". El programa del acto decía así:

«Sesión extraordinaria dedicada a la Poesía de la Nova Cançó. Cantarán con acompañamiento de guitarra, Remei Margarit, Miquel Porter y Josep M. Espinàs, interpretando canciones propias, traducciones catalanas de G. Brassens y de Porgy and Bess, y poemas de Salvat-Papasseit a los que han puesto música».

Aquel recital resultó, más que un éxito, una gratificante sorpresa y un gran descubrimiento que enseguida provocó la multiplicación de nuevos recitales. Concretamente Joan Barril, en la introducción que hace a lo CD de Serrat editados bajo el título genérico de "Banda sonora d'un temps d'un país. 1962-1975", nos dice:

«Aquellas pequeñas canciones inaugurales tenían mucha más voluntad de servicio público (como el agua, la luz o el gas) que no de obra personal. Eran de todos los que quisieran escucharlas, como un vaso de agua ofrecida a la sed del viajero. Entonces la idea del "yo" era indisociable de la idea del "nosotros"; sabíamos muy bien (demasiado bien sin matices) quien era y quien no era de los nuestros».


A poco tiempo de aquel histórico recital, Josep M. Espinàs (licenciado en Derecho y escritor que acababa de recibir el Premi Sant Jordi), Remei Margarit (profesora de música) y Miquel Porter (licenciado en Filosofía y Letras y crítico cinematográfico), deciden institucionalizar un grupo al que llaman "ELS SETZE JUTGUES", juego de palabras ligado a la cultura popular catalana y cuya traducción literal sería: "Los dieciseis jueces", es decir, un grupo que, aunque iniciado por tres personas, se abría a nuevas colaboraciones, y que adoptaba una actitud clara y pretendidamente crítica.

Antes de entrar en el análisis sobre cómo se fue ampliando el grupo inicial con nuevos componentes y cómo se desarrollaron sus actividades culturales y musicales, creo que es importante que nos detengamos un momento en torno a los que fueron sus planteamientos fundacionales respecto al nuevo concepto de canción –en el fondo no tan nuevo– en el que creían; planteamientos que pronto, unidos a los que ya se habían concretado y expresado, dentro y fuera del Estado, durante los años cincuenta, configurarían un concepto más amplio, y mucho más abierto que, ya en castellano, podríamos llamar la "nueva canción".

Podemos encontrar expresadas dichas características por el propio Josep M. Espinàs en el libro que escribió sobre Pi de la Serra para la Colección Los Juglares. Me voy a permitir reproducir textualmente sus palabras:

«Los hechos que anotaré –escribe– no coinciden forzosamente en una misma canción o en un mismo autor, pero son los que, en mi opinión, han caracterizado la nueva canción catalana en su fase de lanzamiento.

Primer recital de Lluís Llach, el 22 de marzo de 1967,
acompañado de Martí Llaudaró, Miquel Porter,
Maria Amèlia Pedrerol
y Delfí Abella. (Foto: Francino).

En cuanto a la letra.

Los temas: los problemas del hombre, especialmente los problemas del hombre de "un tiempo y de un país", afirmación de la colectividad; denuncia de ciertas situaciones sociales; el amor no como un tópico –el difundido masivamente por la radio de la época–, sino como un auténtico sentimiento; autocrítica de los propios defectos personales y de clase; temas cotidianos –la agenda, la corbata, el fútbol– como síntomas de unos hechos de interés general; la naturaleza no como arcadia feliz, sino como choque y, a la vez espejo de la propia inquietud; la conflictiva realidad de Cataluña.

El lenguaje: discretamente poético a veces y, aunque respetando una corrección lingüística básica, vivo y coloquial de acuerdo con el carácter "presente" de los temas tratados. Hallazgos expresivos, juegos verbales, ironía, modismos... No se aprecia rigidez, y en general el público –que ha visto desaparecer el catalán de la escuela, de la prensa y la radio– no tiene la impresión de que sea un lenguaje demasiado vulgar ni demasiado académico. Si los temas cantados son familiares al hombre que escucha, el lenguaje que describe estos temas también es, aproximadamente, el suyo.

Josep. M. Espinàs.

En cuanto a la música: En el caso de los cantautores iniciales la música es sencilla por dos razones:

Por decisión propia: si los primero "jutges" nacen para desarrollar una labor, es lógico que escojan una herramienta eficaz y adecuada. La música de una canción no debe ser un obstáculo para la inmediata comprensión de la letra, sino un vehículo de las palabras y una ayuda para recordarlas. Se quiere utilizar la canción como medio de difusión de un contenido y de una lengua, no como un campo de experimentación.

Por limitaciones técnicas en general, los "jutges" tienen una escasa preparación musical que condiciona las posibilidades de composición y de interpretación. Pueden tener instinto y sensibilidad, pero no son músicos, en el sentido auténticamente creador y exigente de la palabra; en caso de serlo probablemente no habrían comenzado a escribir canciones de este género, como no lo hicieron los músicos "de verdad" que siempre han existido en Cataluña. El rudimentario conocimiento de la guitarra limita también la invención de melodías; músicas sencillas, pues, músicas como soporte de un texto, pero suficientemente válidas para que la gente se las apropie».

Como claramente se desprende de la lectura del texto anterior, los planteamientos iniciales de "Els Setze Jutges" eran evidentemente claros y a la vez rígidos y exigentes, tanto es así que los aspirantes a ingresar en el grupo tenían que pasar una especie de prueba o "examen" –en el fondo todo muy académico– que, contemplado desde el presente, puede causar extrañeza, pero que, en aquel momento, ellos consideraron necesario, sin duda, para garantizar y fortalecer la identidad del grupo y la fidelidad l proyecto colectivo.

Sobre esa especie de "exámenes", Víctor Claudín, en su libro "Canción de Autor en España. Apu tes para su historia", recoge unas declaraciones de Lluís Llach realmente curiosas:
Víctor Claudín junto a la cubierta de su libro
«Canción de Autor en España. Apuntes para su historia». Júcar (1981).

«El día que probaron a Pere –se está refiriendo a Pere Tapias* autor e intérprete-narrador de canciones llenas de ironía y de un sabor popular extraordinario– me probaron a mí. Te cuento lo mío, que no sé si era normativo: grabé una cinta que creo escuchó Espinàs en la Cova del Drac, la hizo escuchar a los otros y como la consideraron interesante me hicieron ir a la Cova, donde estaban todos. Aquello fue muy dramático, aunque uno ya se había acostumbrado a pasar éxamenes de económicas, pero en realidad la gente era muy maja y creaba un ambiente agradable. Pere cantó unas cuantas canciones, el Pere humorístico y con la inmensa personalidad que hoy tiene y que entonces se estaba forjando. Mis canciones eran más neutras, más comprensivas, más melódicas. Nos reímos mucho, había franqueza».

En aquella ocasión Lluís aprobó el "examen" y entró a formar parte del grupo, y Pere Tapias suspendió y siguió su camino de forma independiente.

Primer disco de Lluís Llach (1967)

Lluís Llach se incorporó al grupo en 1967–; anteriormente a él se habían ido incorporando también Delfí Abella, Francesc Pi de la Serra, Enric Barbat, Guillermina Motta, Xavier Elies, Maria del Carmen Girau, Martí Llauradó, José Ramón Bonet, Maria Amèlia Pedrerol, Joan Manuel Serrat, Maria del Mar Bonet y Rafael Subirach. (Raimon que siempre estuvo muy cerca y colaboró intensamente con "els jutges", en realidad nunca llegó a formar parte, como tal, del colectivo).

Prmer LP del colectivo "Els Setze Jutges" (1966). Edición de 2009.
En la fotografía de esta portada faltan, por ejemplo, Maria del Mar Bonet
o Lluís Llach que se incorporaron más tarde. 

Sería necesario todo un nuevo libro para poder analizar y comentar lo que supuso para la cultura catalana y para la toma de conciencia política de todo el Estado la actividad desarrollada por "Els Setze Jutges" durante los años de su existencia (1961-1969) y más aún para entrar en el detalle –eso que antes llamaba los primeros planos– sobre la personalidad y la obra de cada uno de sus miembros. (Ya lo hice años más tarde en el volumen 1 de mi libro "....Y la palabra se hizo música" (2006). Por mi parte en este momento, sólo quiero afirmar, con rotundidad, que aquel fue, indiscutiblemente, uno de los movimientos culturales más importantes de los años sesenta en todo el Estado.

**********

Y seguidamente una notas complementaria:

* PERE TÀPIAS gravó varios discos realmente interesantes; en ellos podemos descubrir su gran capacidad para narrar la vida cotidiana de una forma directa, clara y con un tono irónico o satírico verdaderamente duro y, a la vez, muy divertido. Hay que escucharlo cantar en directo para valorarlo y entender su lenguaje. Entre esos discos podríamos citar los siguientes: "Si, fa, sol..." (1975), "400 pendons" (1979) o "Xandals i barretines" (1983).

Pere Tàpias.

miércoles, 31 de octubre de 2012

PREVIO AL SEGUNDO "CUELGUE" SOBRE MARIA DEL MAR BONET - «ELS SETZE JUTGES»

Maria del Mar Bonet con Lluis Serrahima y Josep Maria Espinàs
en la exposición que se realizó en Barcelona en conmemoración de los Cincuenta
años de "Els Setze Jutges˝.
Diciembre de 2011.

Hoy un poquito más tarde voy a ofrecer mi segundo "cuelgue" dedicado a MARIA DEL MAR BONET, pero antes creo que es conveniente que aclare. para quien no lo conozca, qué fue el colectivo «ELS SETZE JUTGES» ("Los dieciséis jueces"), –del que participó Maria del Mar–, y quienes fueron los cantantes que lo integraron.

"Els Setze Jutges" fue un colectivo de creadores, fundamentalmente cantantes, fundado en 1961 por Josep Maria Espinàs –que en aquel momento había recibido el Premi Sant Jordi de novela–, Remei Margarit –profesora de música– y Miquel Porter i Moix –crítico cinematográfico, fallecido el 18 de noviembre de 2004–. Inicialmente, el objetivo de aquella iniciativa fue "utilizar la música catalana en catalán como vehículo de expresión popular que contribuya a normalizar la lengua y la cultura de los "Países Catalanes˝.

Iniciativa que Espinàs evoca en estas palabras: «Mikel Portel supo que yo me interesaba por la canción francesa y había traducido a Brassens y me citó en su casa. Él ya había compuesto alguna canción, Remei Margarit, también, y en ese piso repleto de objetos puede decirse que nació el movimiento de la "nova cançó"».

El 19 de diciembre de 1961, organizaron un concierto en Barcelona, desarrollado en los locales del CICF (Centre d'Influència Catòlica Femenina) en el que Espinàs, Miquel Porter, Remei Margarit, y su compañero Lluís Serrahima interpretaron sus canciones en catalán. (Remei, en realidad, ese día se puso enferma y no pudo actuar en directo, situación que se suplió escuchando sus canciones grabadas en una cinta magnetofónica).

A partir de aquel encuentro poético-musical se sucedieron todo tipo de solicitudes para que volviera a repetirse en distintos ámbitos culturales, lo que animó a Espinàs, a Remei y a Mikel Porter a constituir un colectivo cultural al que decidieron ponerle el nombre, antes citado, de «ELS SETZE JUTGES», juego de palabras ligado a la cultura popular catalana y cuya traducción literal sería "Los dieciséis jueces", es decir, un grupo que aunque iniciado por tres personas, quedaba abierto a nuevas colaboraciones, y que, con una clara identidad catalana, adoptaba una actitud crítica –"juzgadora– frente a la situación social, cultural y política de la época, y más concretamente, de Cataluña.

Finalmente el colectivo «ELS SETZE JUTGES», lo compusieron los siguiente dieciséis miembros: Miquel Porter i Moix, Remei Margarit, Josep Maria Espinàs, Delfí Abella, Francesc Pi de la Serra, Enric Barbat, Xavier Elies, Guillermina Motta, Maria del Carme Girau, Martí Llaudaró, Joan Ramón Bonet, Maria Amèlia Pedrerol, Joan Manuel Serrat, Maria del Mar Bonet, Rafael Subirach y Lluís Llach.


ÁLBUM FOTOGRÁFICO


Histórica fotografía del colectivo 
"Els Setze Jutges" 
cuando lo componían solamente nueve miembros.
De izquierda a derecha y de arriba abajo: 
Guillermina Motta,
Josép Maria Espinàs, Francesc Pi de la Serra, Remei Margarit,
Delfí Abella, Miquel Portel, Xavier Elies, Enric Barbat

Mari Carmen Girau (Foto de Oriol Maspons).



Lluís Llach, Maria del Mar Bonet y Rafael Subirach
en la Cova del Drac, en 1967, donde fueron presentados
por "Els Setze Jutges" como "Els novissims de la nova cançó".
Ellos fueron los tres últimos miembros del colectivo
"Els Setze Jutges".


Primer LP del colectivo "Els Setze Jutges"
editado en Concentric:
"Audiència pública!" (1966).

Presentación en la sede de la SGAE en Madrid de la edición
en formato CD del disco "
Audiència pública!", editado en 1966
por la revista 
"Enderrok". Esta presentación se realizó en el año 2009.
En la fotografía de izquierda a derecha y de arriba abajo:
 José Miguel López,
Joaquín Vilarnau, Juan Antonio Muriel, Pere Camps, Amancio Prada,
Bernardo Fuster, Lluís Gendrau, Eduar Voltas, Fernando G. Lucini,
Joan Ramon Bonet, Teddy Bautista, Inma Serrano, Caco Senante,
Ramón Muntaner,Olga Manzano, Quico Pi de la Serra
 y Maria del Mar Bonet. (Fotografia de Juan Miguel Morales).

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...