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viernes, 6 de octubre de 2017

«CRÓNICA CANTADA DE LOS SILENCIOS ROTOS». SÍNTESIS, PUNTUALIZACIONES Y ESPERANZAS.

A mediados de 1997, trabajando en Anaya en el proyecto "Aprender a vivir", viajé varios días a Buenos Aires para coordinar su lanzamiento en Argentina con el Grupo Editorial Aique; equipo de grandes profesionales con los que entablé una muy linda amistad.

Uno de aquellos días, paseando por la Avenida de Santa Fe, me encontré en el escaparate de una librería con un llamativo libro de tapa dura con una atractiva cubierta repleta de reproducciones de carátulas de vinilos. El libro lo había publicado Alianza Editorial ese mismo año y yo no lo conocía. Se titulaba «¡Solo para fans! La música ye-yé y pop española de los sesenta» y estaba escrito por Gerardo Irles. Me llamó tanto la atención que entré en la librería y, por supuesto, me lo compré.


Durante los días que permanecí en Buenos Aires aquel libro se convirtió en mi libro de cabecera. Recuerdo que terminé de leerlo en el avión volviendo para Madrid.

El encuentro y la lectura de aquel libro, como seguidamente contaré, fue para mí una total e inesperada provocación. Yo, como consecuencia de mi trabajo en el ámbito de la educación, llevaba una temporada bastante retirado del mundillo de la «canción de autor», aunque en nada había disminuido mi amor por ella (me encanta reconocer que la amo) y mi admiración hacia la mayor parte de sus creadores. 

En principio pensé que aquella lectura me resultaría relajada y divertida, sobre todo porque parecía que iba a centrarse en lo ye-yé y lo pop en la España en los años sesenta, realidad musical que había conocido y vivido en directo, aunque nunca me interesó demasiado. Lo malo fue cuando me di cuenta de que en medio de aquella trama argumental, casi llegando al final del libro, aparecía un capítulo titulado «La canción protesta y el folk». Para empezar, lo de «canción protesta» nunca me ha gustado, lo considero un reduccionismo utilizado frecuentemente con intenciones no demasiado claras. Pero lo peor vino cuando empecé a leer el capítulo y me di cuenta de que no me sentía de acuerdo e identificado con casi nada de lo que en él se contaba.

Deseo dejar claro que con mi apreciación anterior en ningún momento quiero decir que el autor del libro «¡Solo para fans!» estuviera equivocado. Aquel era su punto de vista y si pensaba así estaba en todo su derecho de expresarlo. Soy consciente de que sobre los cantautores hay bastantes personas que piensan igual y, por mi parte, hago todo lo posible por respetarlas. Pero eso no impide que al mismo tiempo manifieste con toda libertad mi desacuerdo con algunos de los comentarios que leí en aquellos atardeceres de Buenos Aires.

El caso es que aquella lectura me suscitó unas ganas tremendas de volver a España y hablar con el director de Alianza Editorial, que en aquel momento era Víctor Freixanes, para sugerirle, o mejor, pedirle, que me publicara un libro que sentía la urgencia de escribir para recuperar, desde mi punto de vista y mi experiencia, la historia y la gran aportación que supuso aquella canción llamada «protesta» (odio este término) y el folk. 

A Víctor Freixanes le encantó el proyecto y tuve todo el apoyo de Alianza para publicar mi «Crónica cantada de los silencios rotos. Voces y canciones de autor 1963-1997».


Volver a escribir sobre la «canción de autor» fue un trabajo apasionante y el resultado fue una crónica de la que hoy sigo sintiéndome muy satisfecho. El libro incluyó un pliego con una colección de portadas de discos clasificadas en tres grupos: «Canción del exilio», «Canción y dictadura» y «Nueva canción y arte contemporáneo», así como un apartado al que titulé «Retratos íntimos», ilustrado con caricaturas de Alfredo González, retratos literarios dedicados a Luis Eduardo Aute, Rogelio Botanz, Carlos Cano, Pedro Manuel Guerra, Pablo Guerrero, Paco Ibáñez, Imanol, Mikel Laboa, José Antonio Labordeta, Lluís Llach, José Menese, Luis Pastor, Manuel Picón y Olga Manzano, Amancio Prada, María Dolores Pradera, Raimon, Xavier Ribalta, Silvio Rodríguez, Marina Rossell, Joaquín Sabina, Chicho Sánchez Ferlosio, Elisa Serna, Joan Manuel Serrat, Jaume Sisa, Suburbano y Víctor Manuel. Por supuesto, aunque sin tapa dura, en la cubierta y en la contra, diseñadas por mi buen amigo Vicente Serrano, aparecen dos fotografías de un montón de carátulas de vinilos tomadas por José Saborit.


De este libro guardo en concreto el recuerdo de una experiencia que fue muy importante y muy esperanzadora. Hacía tiempo, prácticamente durante los diez últimos años, que, aunque seguía escuchando a algunos cantautores de siempre y de la nueva generación, no había hecho un seguimiento sistemático de su evolución y renovación. Hecho que, de alguna forma, me limitaba a la hora de extender mi crónica cantada hasta 1997. Por eso, una vez terminado el libro, cuando pensé que ya estaba listo para ser publicado, sentí la necesidad de hacer un parón y retrasar unas semanas su entrega. 

Durante aquel parón me compré muchos discos, entre ellos los dos CD's "Cantautores. La nueva generación", editados por Fonomusic en 1997 y 1998, escuché cientos de canciones nuevas que no conocía y, a raíz de eso, nació un epílogo cuyo título le robé a Silvio Rodríguez: «Te convido a creerme cuando digo futuro». Lo escribí pensando en todos aquellos jóvenes cantautores que acababa de descubrir. Entre ellos, y seguro que me olvido de algunos, Ismael Serrano, Alfonso del Valle, Carlos Chaouen, Joaquín Calderón, Antonio de Pinto, Tontxu, Andrés Sudón, Inma Serrano, Paco Bello, Javier Álvarez, Agustín Ramos, Antonio Rei, César Rodríguez, Lola Sandoval, Luis Felipe Barrio, Matías Ávalos, Máximo García Benítez (que editaba un magnífico boletín informativo titulado "Músicas para el fin del mundo"), Quique González, Rafa Mora, Juan Trova, Merche Corisco, Moncho Otero, Rosana, Jorge Drexler, Carlos Colino Segio Sleiman, Rubén Buren, Fede Comín, Elena Bugedo, Carlos de Abuin, Pedro Herrero, Paco Sanz, Niña Pastori, Fania, Ana Benegas, Manolo Tena, Miguel Dantart, Pedro Guerra, Andrés Molina y Rogelio Botanz (tras disolverse el grupo Taller Canario). Y muchos más que iría descubriendo años después y que venían a demostrar, una vez más, que la «canción de autor» estaba viva y era un «espécimen» (como diría aquel) lleno de vitalidad y esperanza.

De «Crónica Cantada de los Silencios Rotos» se publicaron numerosas críticas, comentarios y reseñas, De todas ellas me voy a permitir recordar y reproducir una que fue quizá la que más me emocionó, sobre todo viniendo de Trini de León Sotelo, periodista y alma de la, en aquel momento, extraordinaria sección de cultura del periódico ABC:

«He aquí un libro hecho con amor, aunque el sentimiento merece llamarse pasión. Nadie crea que nace del pasado con el fin de que impere la melancolía. No. Lucini mira el ayer para retomar emociones válidas para quienes las sientan y para quienes deseen saber de ellas. El tiempo se explica más y mejor a través de sus canciones porque en aquellos versos estaba la vida. [...] El lenguaje de este libro es el del alma que vibraba al mismo compás en muchos españoles. Es hermoso escucharlo».

NOTA: Dos de los ejemplares de este libro –totalmente agotado– voy a ofrecerlo próximamente como "recompensa muy especial" dentro de la campaña de "verkami" que he lanzado recientemente para hacer posible el libro-disco "EN LA RAÍZ DEL SILENCIO. CON ANTONIO MATA". Ver la campaña en el siguiente enlace: 


lunes, 17 de junio de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (8ª Parte)







Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" (1998);
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (7), que hace 
referencia al nacimiento de la "nueva canción gallega".


Se escucha ahora la voz de un poeta:

  Celso Emilio Ferreiro.

«O vello cantaba
unha lembranza
O mozo cantaba
unha esperanza
O neno cantaba
unha loubanza
Povo meu, 
pois que cantas, 
érguete e anda».
«Erguerémo-la espranza
sobre ista terra escura
coma quen ergue un facho
nunha noite sin lúa».

«El viejo cantaba / un recuerdo. / El joven cantaba una esperanza. / El niño cantaba una alabanza. / Pueblo mío / ya que cantas, / levántate y anda». «Alzaremos la esperanza / sobre esta tierra oscura / como quien alza una antorcha / en una noche sin luna». (Celso Emilio Ferreiro). 

Con estos versos de Celso Emilio Ferreiro nos trasladamos a Galicia; año 1960. Aunque al acercarnos a sus paisajes nuestro nuevo plano se nos inunda de un verde intenso, se percibe en el aire un desgarro:





«Chove, chove na casa do pobre
e no meu corazón tamén chove.
Dor da mau encallecida
dor da xente aterecida
de frío polos camiños.
Dor dos vellos e meniños.
Dor dos homes desherdados
e dos que están aldraxados.
Mágoa da ferida allea.
Dor dos que están na cadea
dos que sofren a inxustiza
e viven baixo a cobiza.
Mágoa e loito
por tanto pranto que escoito.
No meu peito, sufagado.
soturno, fondo, calado,
un río de amor se move».
("Chove, chove". 
Luis Emilio Batallán - Celso Emilio Ferreiro).

«Llueve, llueve en la casa del pobre / y en mi corazón también llueve. / Dlor de la mano encallecida, / dolor de la gente aterida / del frío de los caminos. / Dolor de viejos y niños, / dolor de los hombres desheredados / y de los que están ultrajados. / Pena de la herida ajena, / dolor de los que están en la cárcel, / de los que sufren de la injusticia / y viven bajo la codicia. / Pena y luto / por tanto llanto que escucho. / En mi pecho sumergido, / escondido, hondo, callado / un río de amor se mueve». ("Chove, chove". Luis Emilio Batallán - Celso Emilio Ferreiro).

La situación de Galicia, durante los quince últimos años de la dictadura, aunque similar a la del resto de los pueblos del Estado y, en particular, de los que tenían lengua propia, estaba teñida de unas características específicas que la hacían especialmente singular y dolorosa; en concreto, y a grandes rasgos, me centraré sobre aquellas que influyeron, de una forma más directa en el nacimiento de la "nueva canción gallega" y en su desarrollo desde 1967 a 1975.

Galica se encontraba herida por el zarpazo de la emigración, convertida en una huída necesaria y amarga, que el pueblo más sencillo y humilde –la que entonces se entendía como la "clase trabajadora"– no tenía más remedio que aceptar como la única esperanza posible ante la pobreza, el abandono y la falta de horizontes.


Mientras tanto, se habían ido consolidando una burguesía  y un caciquismo centralistas, desarraigados y cerriles que eran quienes en realidad controlaban y manipulaban las estructuras del poder. Recuerdo una canción de Miro Casabella en la que, interpretando otro poema de Celso Emilio Ferreiro, nos presentaba una especie de foto-robot de uno de aquellos burgueses de la época; retrato tremendamente irónico y cuajado de indignación y de rebeldía.

Esta canción de Miro la podemos escuchar pulsando el siguiente enlace de "goear":


«Aquil señor burgués condecorado,
usía ou excelencia ben cebado,
que ronca con pracer na noite longa
e ten muller feliz, de teta oblonga,
con dous fillos petisos, deportistas,
un poco libertinos e “juerguistas”,
idiotas pola nai, polo pai, grosos;
pondo dentes de can que venta os osos,
ponse a rosmar e morde:
“Eu prefiro a inxusticia ao desorde.”».
(“Goethe”. Miro Casabella - Celso Emilio Ferreiro).

«Aquel señor burgués condecorado,/ usía o excelencia bien cebado,/ que ronca con placer en la noche larga,/ y tieme mujer feliz, de teta oblonga,/ con dos hijos menguados, deportistas,/ un poco libertinos y juerguistas,/ idiotas por la madre, por el padre, gordos;/ poniendo dientes de perro que husmea los huesos,/ se pone a gruñir y muerde:/ “Yo prefiero la injusticia al desorden”». (“Goethe”. Miro Casabella - Celso Emilio Ferreiro).

Por otra parte, desde el punto de vista cultural, la represión y el colonialismo eran especialmente graves; respecto a la lengua gallega se había convertido en una forma de expresión y de comunicación característica del mundo rural y de los desheredados; un claro signo de incultura. «Escribir o cantar en gallego en aquel tiempo –nos dice el profesor Xexus Alonso Monteroolía a provocación, a desafía y a temeridad». Concretamente, Bibiano, uno de los creadores más importantes de la "nueva canción gallega", le contaba a Víctor Claudín, en su libro "Canción de autor en España" (Ed. Júcar, 1981), lo siguiente:


«En mi casa no se hablaba gallego, no lo hablaba nadie a mi alrededor; sólo hablaban gallego la lechera, mi madre a mi tío cuando discutían, o cuando se querían decir algo de mucha confianza». (Por supuesto, los poetas que escribían en aquel momento en gallego, eran prácticamente ignorados, aunque nunca borrados de la historia de la literatura, porque es imposible borrar la palabra limpia y el sentimiento vivo de los grandes poetas).

Respecto a la música la situación era igualmente castrante; toda la inmensa riqueza del folklore gallego tradicional, la Sección Femenina –rama femenina de la Falange Española– se había encargado de teñirla de azul patrio, y de encorsetarla en discretísimos, y siempre muy decentes "pololos" –pantalones semicortos y anchísimos, de color azul–, o en trajes y danzas seudoregionales que eran que eran el uniforme y el baile oficial y popular de aquellas soporíficas e inolvidables demostraciones sindicales –«las gaitas estaban adormecidas y los "pandeiros" parecía sonámbulos»–. Por el otro frente, el de los medios de comunicación, la tópica "canción española" y el "pop" también arrasaban en Galicia.

En medio de toda esta situación –y la historia vuelve a repetirse–, grupos de jóvenes, muchos de ellos estudiantes universitarios y cristianos progresistas, empezaron a revelarse. Concretamente, en 1965, se crea en la Universidad de Santiago, dentro de la Facultad de Ciencias, un grupo político llamado ADE (Acción Democrática Estudiantil); entre los creadores de aquel grupo, que tendrá una gran repercusión sobre el desarrollo y la evolución de la cultura gallega, se encuentra Benedicto, al que podríamos llamar realmente el feliz y necesario culpable de todo el movimiento de la "nueva canción gallega", que se iniciaría a partir de entonces. (El viene a ser algo similar a lo que fue Raimon para la "nova cançó", o como Mikel Laboa para la canción vasca).

Miro Casabella en primer plano. Detrás Benedicto
hablando con Raimon.

En el próximo "cuelgue" dedicado a la "auto-copia" de mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos", abordaré el nacimiento y la evolución de la "nueva canción gallega" surgida a partir de 1965.

jueves, 6 de junio de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (7ª Parte)








Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" (1998);
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (6), que hace 
referencia al nacimiento de la "nueva canción vasca".


Continuo la crónica sobre el nacimiento de la "nueva canción vasca" y, en particular –en primer lugar– sobre el trabajo musical y poético desarrollado por el colectivo "EZ DOK AMAIRU"; crónica ya iniciada en el "cuelgue" que puede leerse, o consultarse, en el siguiente enlace:


En 1970 el grupo "Ez Dok Amairu" decide montar un espectáculo llamado "Baga, biga, higa" con el que acudieron a Barcelona, presentándolo durante tres días en el teatro Romea.


Recuerdo que era un espectáculo extraordinario; una de esas experiencias en las que te sumerges y experimentar que el hecho de la comunicación puede establecerse más allá de las palabras y por encima de las lenguas; era un espectáculo en el que se utilizaba un "lenguaje total", es decir, en el que la palabra se hacía música, danza, ritmo, gesto, cuerpo y color. Aquella fue, desde mi punto de vista, la aportación más original que Euzkadi hizo al movimiento de la "nueva canción". Concretamente, en el programa de mano que se entregaba a la entrada del espectáculo aparecía el siguiente texto:

«Hace unos años formamos un grupo que pretendía ser reflejo y embrión de una tarea colectiva y seguimos trabajando en grupo. Sentimos la necesidad de hacerlo así; de expresarnos en materia artística conjuntamente. Los recitales los enfocamos de manera que lo importante no sea la individualidad del que canta, buscamos algo más pleno, buscamos una mayor profundidad en la relación cantante-público.



La base de nuestro grupo es la canción-musica-instrumentos populares, y al profundizar en esta forma de expresión pensamos que surge la necesidad de una colaboración y aprehensión de otras formas artísticas afines como la danza, la poesía, el teatro, etc. Creemos que la expresión artística moderna es cada vez más compleja y ha de ser cada vez más total, y que es imprescindible cada vez más en la esencia de lo popular, e irla plasmando, a su vez, en nuestra realidad cambiante».

Pasados dos años (1972) el colectivo "Ez Dok Amairu" comenzó a escindirse como consecuencia de la propia evolución musical e ideológica de sus componentes; finalmente se reduce a los hermanos Artza, Mikel Laboa y José Mari Zabala, quienes montan un nuevo espectáculo al que llamaron "Ikimilikiliklik".



Por su parte, Xabier Lete y Julen Lecuona, junto con Antton Valverde y varios cantantes vasco-franceses ponen en marcha otra iniciativa similar: "Zazpiribai".


Todos los participantes de la obra Zarpiribai.
(Existe una grabación realmente histórica en la que Xabier y Antton nos ofrecen parte del repertorio de aquel espectáculo; en concreto, varias canciones de José Manuel Lujanbio, "Txirrita", nacido en 1860 y considerado un clásico de los cancioneros tradicionales).


Y hablando de grabaciones, considero muy importante valorar la presencia en Euzkadi, durante estos años, de tres sellos discográficos que apoyaron la edición y la difusión de los creadores vascos; me refiero a "Herri-Gogoa" –un sello de Edigsa–, "Artezi" y "Elkar". Posteriormente surgirían "Iz" y "Xoxoa".

Junto a los músicos y a los cantantes que hasta aquí he citado, paralelamente al colectivo "Ez Dok Amairu" o a partir de sus influencias, surgieron otros muchos grupos, dúos y solistas que nos ofrecieron creaciones, la mayoría, de un gran interés sociológico, y muchas de ellas de una gran calidad poética y musical. Sería largo hacer una minuciosa enumeración de todas esas aportaciones a la nueva canción vasca y, aunque lo intentara, estoy convencido de que siempre cometería el error de dejar a alguien en el olvido. No obstante, quisiera evocar varios nombres que, particularmente, para mí, fueron muy significativos:

En primer lugar, no puedo menos que recordar a ese hombre grande de cuerpo, de corazón y de sensibilidad llamado Imanol Larzabal. Luego de su experiencia en el grupo "Argia" y la realización de una especie de peregrinaje cultual de pueblo en pueblo –lo que él llamaba "guerrilla cultural"– se le acusa de organización y propaganda de actividades terroristas y, tras el lamentable proceso de Burgos (1971), se ve obligado a exiliarse en Francia, donde graba sus primeros discos y sigue cantando hasta 1976, año en que nuevamente puede volver a España. 


Imanol. (Fotografía de Juan Miguel Morales)

¡Bendito sea aquel terrorismo ejercido por Imanol!; un terrorismo que no mataba, sino que lo único que hacía es tomar la canción y la poesía como "arma cargada de futuro" –así nos lo enseñó Celaya– para explosionar bocanadas de libertad, reventar las ansias de vivir y disparar contagiosos latidos de amor y de esperanza. (Lamentablemente Imanol falleció en el año 2004, es decir, seis años después de que yo escribiera lo anteriormente leído).


«Ilun-ikarak azken argia / uxatu dizu urrutira, / zeru-sapaian izar bakanak / itzal etzanei begira, / ilun-txintako sorgin-usaiak / espazioan dirdira. / Mendi-hegitan argi-oroitza / eguzkiaren keinua, / baso beltzean hosto-firfira / gauezkoen erreinua. / Itsas-txoriak txio-txioka / harat-honako haizetan, / berde argien edertasuna / more motelduz uretan, / txalupa geldi kulunkarien / isladarekin hizketan. / Parke ixileko banku txuria / ezpain beroen lankide, / antsi zaharrak zantzu berritan / bihotz gordinen senide, / tristura hegan paseatzen da / arratsaren solaskide. / Gau-ezkilaren oihartzun hotsa / irrixtatzen da kolokan, / zirrrara mutu baten gisara / maitearen soinekoan, / bakardadea sekretuekin / korapiltzen den zokoan. / Itxas-aideak gesalez dakar / murmuriozko solasa, / suspiriotan ezin jarioz / pena lurrinduen hatsa, / haize boladak txikordatzen du / maiteminduen jolasa». ("Ilun ikarak". Mikel Arregi - Karlos Jiménez).

«A lo lejos la luz ahuyenta / la luz del atardecer / Y yo mirando las rezagadas estrellas / oigo el murmullo de la oscuridad / y el embrujo de la noche / brilla en el espacio. / Recuerdo de luz en las lomas, guiño de sol, /en la noche más alta / tiemblan las hojas / del negro bosque. /Cerca del mar, en los tamarindos / reinan las olas. / Chillan las gaviotas / volando libremente, / el hermoso verde luz / se difumina en el agua. / Y las quietas barcas, meciéndose / conversan con la isla. / En el banco blanco del silencioso parque, cómplice de labios ardientes, / rejuvenecen ansias antiguas / de corazones inmaduros, / y la tristeza alada /v se solaza en el atardecer. / El estruendoso eco  / de la campana nocturna / se desliza como un temblor, / bajo el vestido de la amada /hay un rincón donde, con sus secretos, / se encierra la soledad. / El aire marino trae envuelto en salitre / un rumor de palabras, / no se desahogan / en suspiros las penas, / una ráfaga de viento trenza / el juego de los enamorados». ("Ilun ikarak". Mikel Arregi - Karlos Jiménez).

Al hablar de Imanol quisiera evocar también a Karlos Giménez, el extraordinario pianista que habitualmente le acompañaba y que siempre lograba –y sigue logrando– emocionarme.

Otros dos entrañables cantores de la zona vasco-francesa que me gustaría recordar y destacar son Pantxoa Carrere y Peio Ospital; recuerdo que cuando me llegaba alguno de sus discos, escucharlo para mí era una fiesta, tenían la virtud de esponjarme el alma reafirmando mi fe y mis ganas de vivir. Difícilmente podré olvidar dos de sus canciones grabadas en 1975:


«Maitasuna, zoin behera! 
Denetako kantu bera... 
Alta, nere arabera, 
maitasunez itoak gera... [...]
Maitasuna, o maitasun! 
Zerutikako oihartzun! 
Bihotz guzien osasun! 
Argi bizi denian ilun!»
("Maitasuna")

«¡El amor, cuán escaso! / Es la eterna canción... / Pero yo creo que el amor nos envuelve por todas partes... [...] / ¡Amor, oh amor! / ¡Eco del paraiso! / ¡Fuerza vibrante del corazón! / ¡Luz de nuestras tinieblas!». ("Maitasuna")


«Irria, esperantza xori,
gure anaientzat mezulari
Gau egun beltzetan kantari
geroko bizi berriari...
Ezpain bihotzetan irria,
kanta, mutil, libertatia!
Zabal munduari egia!
Nausituko da justizia!
Irria, irria, irria, irria».
("Irria")

«La risa, pájaro de esperanza / mensaje para nuestros hermanos... / Que brilla como canción en la noche negra / anunciando un radiante amanecer... / ¡La risa en el corazón y en los labios / cuando cantes, joven, a la libertad! / ¡Esparce al mundo tu verdad! / ¡Que la justicia triunfará! / Por la risa». ("Irria").

Por otra parte, inevitablemente, debo traer a estas páginas, de una manera muy especial, dos nombres de mujer: Maite Idirin, con su verso y su canto revolucionarios y comprometidos con el pueblo y la lengua vasca –¡Euskera, jalgi hadi plazara! (¡Que el euskera salga a la calle!)–, con los campesinos, o en defensa de la igualdad de la mujer, y Lupe, que, con su voz entrañable íntima, nos decía: «Erreka bat bezala / mendi tartetik sartsen, / ihes egiten dugu itsasoa bilatzen, / Azkatasunik galdu gabe». («Igual que un río, / metiéndose por el monte / vamos corriendo buscando el mar / sin perder la libertad»).

Y además, entre otros, Urko, Gontzal Mendibil, Iñaki Eismendi, Txomin Artola, Aitor Badiola, Errobi, Hibai Rekondo, Xavier Amuriza, Fernando Unsain, Patxi Villamor, Miren Aramburu, Gorka Knörr o Amaia Zubiria; muchas de estas voces tuvieron un papel importante en el periodo de la transición democrática y a ellas me referiré, de una forma más concreta, cuando nos detengamos en el análisis de esa etapa de nuestra historia.

Natxo de Felipe.

Finalmente, para cerrar este plano, podríamos convocar a Natxo de Felipe para que el grupo Oskorri pusiera las últimas notas de esta danza solidaria, que a ritmo de canciones, nos unió, a  muchos, con Euzkadi. Y mientras suena la guitarra, la flauta, el txistu, la gaita, la txirula y la mandolina, volvemos a cambiar de plano...


«Gu gaituzu Oskorri
zuri, berde eta gorri
umorez gara etorri
zuen guztion pozgarri».

«Aquí estamos tus Oskorri:
hemos venido con humor 
blanco, verde y rojo
que alegra a todos».

En el próximo "cuelgue" nuestra crónica cantada se aproximará al "pueblo gallego".

viernes, 17 de mayo de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (6ª Parte)








Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" (1998);
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (6), que hace 
referencia al nacimiento de la "nueva canción vasca".


Y cambiamos de plano: EUZKADI; años cincuenta.

«Mi madre es de la parte de Hernani y mi padre de San Sebastián. Ella era campesina y él obrero.Yo nací en La Antigua, barrio popular de San Sebastián. [...] Éramos ocho hermanos... [...] Desde siempre en mi casa estaba instaurado el euskera. En la escuela, en cambio, nos obligaban a hablar en castellano. [...] Por una parte había una represión por parte de los maestros, que lo menos que te decían era "que hablaras en cristiano", y, por otra, el cachondeo de los otros chavales que se reían de nosotros. A veces para vencer los problemas, tomábamos la fácil solución de hablar en castellano, pero bastaba una mirada severa de nuestro padre para que comprendiéramos lo que nos quería decir: "Aquí estamos en Euzkadi y no hay por qué hablar en castellano". En esto mi padre fue siempre tajante, había otros casos de padres que estaban acojonados y que preferían que sus hijos salieran adelante en la escuela. Entonces abandonaban el euzkera. Yo ahora creo que mi padre adoptó una postura muy justa».

Estas son unas declaraciones realizadas para la revista OZONO, en 1977, por Imanol –una de las voces claves de la música y de la nueva canción vasca–; palabras que ilustran claramente, una vez más, aquella represión ejercida por la dictadura sobre los elementos que constituían las base o las fuentes de identidad de nuestros pueblos, en este caso, la "lengua"; actitud absolutamente cegata que desconocía, o al menos no quería reconocer, la riqueza y la grandeza que siempre fluye del encuentro en el profundo respeto hacia la diversidad.

Imanol y Marina Rossell en la presentación del libro
«Crónica cantada de los silencios rotos» y de la exposición
"Arte y canción". Círculo de Bellas Artes de Madrid, 26 de febrero de 1998.

Y junto a la represión de la lengua, en aquellos tiempos, también el total desprecio hacia toda la cultura popular tradicional y, en particular, hacia la tradición del canto y de la danza, tan arraigada en el corazón de Euzkadi. Un patrimonio cultural riquísimo y lleno de vitalidad que, en 1922, el padre Resurrección María de Azkue había recogido, a partir de una minuciosa investigación, en dos publicaciones históricas: "Cancionero popular del País Vasco" y "Literatura popular del País Vasco". Publicaciones que se completaron con las investigaciones del padre José Antonio Donostia; del capuchino y musicólogo navarro Jorge de Riezu –que elaboró un cancionero con el nombre de "Flor de canciones populares vascas"–; y del etnólogo José Miguel de Barandiarán. Obras e investigaciones que se convirtieron en una especie de referentes a los que acudirían, en los años sesenta, aquellos jóvenes que se empeñaron –y lo consiguieron– en recuperar, a través de la canción, lo que desde el sistema centralista les estaba siendo negado.


Es en ese contexto en el que se va a ir entretejiendo este nuevo "plano medio" de la "crónica cantada de los silencios rotos" que estoy escribiendo.

1961. Bayona. Mikel Labeguerie, médico de pofesión, nacido en Ustaritz –ciudad de la provincia vasco-francesa de Laburdi– graba los que podríamos considerar como los dos discos pioneros de lo que será, a partir de ahí, la "nueva canción de Euzkadi.

Mikel Labegueríe.


En uno de esos discos Mikel Labegueríe interpretó y grabó, por ejemplo, la canción "Aurtxo-aurtxoa", nana en la que expresa el lamento de un mujer, que acuna a su hijo, evocando la ausencia del padre, qe se encuentra en prisión como consecuencia de un conflicto político. Os sugiero escucharla en el siguiente vídeo:


«Izu egin lo, aita urrun da, Euskadiren serbitzuko
zure ondoan ama daukazu, ez zaitu iñoiz utziko.
Aurtxo. aurtxoa, izu egin lo,
emen nauzu zu zaintzeko.
Izu egin lo, aita preso da zu biar libro izateko.
Egun batian etorriko da gu biokin bizitzeko.
Aurtxo-aurtxoa, izu egin lo,
emen nauzu zu zaintzeko.
Izu egin lo, ilunagatik zeruan izar bat dago.
Mila ta mila izango dire aita libratu ta gero.
Aurtxo-aurtxoa, izu egin lo,
emen nauzu zu zaintzeko».
("Aurtxo-aurtxoa". Michel Labeguerie)

«Duerme, duerme, que tu padre lejos está sirviendo a Euskadi. / Tu madre, que a tu lado vela por ti, nunca te abandonará. / Niño duerme / que a tu lado estoy para cuidarte. / Duerme, duerme, que tu padre está encarcelado para que tú puedas ser libre el día de mañana. / Llegará un día en el que volverá para estar con los dos. / Niño duerme / que a tu lado estoy para cuidarte. / Duerme, duerme en la oscuridad de la noche, que en el cielo todavía hay una estrella / y miles y miles habrá el día en que tu padre sea puesto en libertad. / Niño, duerme / que a tu lado estoy para cuidarte». ("Aurtxo-aurtxoa". Michel Labeguerie).

Dos años después, Mikel Laboa da su primer recital de canciones tradicionales en euzkera en el teatro Argensola, de Zaragoza (1963), y al año siguiente graba en Bayona, su primer disco: "Lau herri kanta".

Aquel fue de alguna manera, el resorte que provocó que empezaran a surgir todo un conjunto de jóvenes creadores, bien integrando grupos musicales, como fue el caso de Argia, al que perteneció inicialmente Imanol, bien de forma individual, como los hicieron Xabier Lete, Lourdes Iriondo o Benito Lertxundi.

Arriba Imanol. Abajo, de izquierda a derecha: Xabier Lete,
Lourdes Iriondo
y Bento Lertxundi.

En un principio, la mayoría de ellos se iniciaron rescatando y recreando el folklore popular, tomado de los cancioneros, en sus múltiples variantes, para enseguida ir evolucionando, en la mayoría de los casos, hacia creaciones propias, en la mayoría de los casos, hacia creaciones propias, bien poniéndoles música a los poetas vascos contemporáneos, bien cantando sus propios textos, tanto los de corte más intimista como aquellos de una mayor proyección social y política, es decir, reflejando la realidad que en esos años se estaba viviendo en Euskadi; una realidad negativa y despersonalizadora de la que pensaban que sólo era posible liberarse a través de un proceso de toma de conciencia crítica por parte del pueblo; y de aquí el gran hallazgo de aquella generación –un hallazgo que simultáneamente se producía en todo el Estado–: la canción podía ser el vehículo que provocara el despertar de esa conciencia crítica, dadas, sobre todo, sus posibilidades de comunicación directa, clara, sencilla, y además dirigida a lo más profundo y a lo más íntimo de la persona, a su sensibilidad y sus sentimientos.

Era el nacimiento de una revolución extraordinariamente positiva y esperanzadora: «la revolución desde la cultura popular»; y esto Euzkadi lo entendió bien desde el principio. Al mismo que surgía una nueva canción, se iniciaron toda una serie de acciones culturales de gran interés; por ejemplo, la recuperación de instrumentos populares, algunos tan ancestrales como la txalaparta; o la realización de actividades de promoción y creación artística, a nivel popular, en el ámbito de la pintura, del teatro o de la danza. Con todo aquello empezó a forjarse un movimiento cultural compacto que cuajó definitivamente en 1966. Es  necesario destacar la presencia y el apoyo entusiasta prestado, en aquel momento, a todo ese movimiento, por el escultor Jorge Oteiza, de quien dijo Gabriel Aresti –y es verdad– que fue un gran profeta.

Jorge Oteiza.

En el nacimiento y en la consolidación de la nueva canción vasca, como ya anunciaba con anterioridad, Mikel Laboa desempeñó un papel fundamental, Mikel, al igual que Paco Ibáñez en París, se inició interpretando canciones sudamericanas –él solía evocar el impacto que le produjo escuchar la mítica canción "Preguntitas sobre Dios", de Yupanqui, o los desgarrados y sensibles cantos de Violeta–. Después se introdujo en la tradición musical y poética de Euzkadi, y seguidamente, influenciado por las canciones de Labeguerie, antes citadas, decidió lanzarse a crear e interpretar sus propias canciones.

Mikel Laboa.

Durante una etapa de su vida Mikel Laboa estudió psiquiatría infantil en Barcelona y allí, dadas sus inquietudes y sus búsquedas musicales, conectó con el colectivo Els Setze Jutges. Impactado, sin duda por los planteamientos y por la línea de creación y de desarrollo que estaba adquiriendo la "nova cançó", a su regreso a Euzkadi se puso en contacto con Oteiza, Xabier Lete, Lourdes Iriondo y Benito Lertxundi y, en 1966, fundaron el colectivo EZ DOK AMAIRU ("No hay trece"), grupo inicialmente integrado por Jesús y José Artze, Julián Beraetxe, Lourdes Iriondo, Mikel Laboa, Kepa Garbizu, José Ángel y Juan M. Irigarai, Benito Lertxundi, Xabier Lete, José María Zabala, Julen Lekuona y Luis Bandrés.


Diversos miemos del grupo Ez Dok Amairu posando
junto al cantante Atahualpa Yupanqui (tercero por la izquierda):
Jose Anton Artze (segundo por la izquierda), Benito Lertxundi (cuarto),
Mikel Laboa (sexto), Jose Angel Irigarai (séptimo),
Xabier Lete (agachado, el primero por la izquierda)
y Lourdes Iriondo. El último a la derecha es Paco Ibáñez.

Víctor Claudín, en su libro "Canción de autor en España", recoge unas palabras de Mikel Laboa en las que se nos cuenta el origen del nombre que decidieron darle al grupo:

«El nombre lo había pensado Oteiza y está sacado de un cuento popular. A San Martín el Herrero se le presenta el diablo para comprar su alma, entonces le dice que va a empezar a enumerar y él tiene que decir una palabra en cada número: 3, la Trinidad; 12, los Apóstoles... Cuando llega al número 13, no recuerda nada y dice: "Ez dok amairu" ("no hay trece"). Jorge lo tomó en el sentido de que no hay trece con la cultura; que se había roto el maleficio que pesaba sobre la cultura vasca; que iba a seguir adelante».

Y así fue: la cultura vasca, a partir de ese momento, iba a recibir un fuerte impulso gracias a la voz y el canto de sus poetas. Entre aquellas voces de lo años sesenta, que supieron alzar sus cantos por la libertad, es imposible no dejar de evocar una voz serena y limpia de mujer: la voz de Lourdes Iriondo.


«¡Ay, noche!
¿Qué te ocurre en el silencio?
Pones triste el corazón.
Nos oscureces la mente.
En la soledad el viento llora.
El mar se queda mudo al venir tú
¡Ay, noche!… 
Me haces recordar
que también es oscuro este mundo en el que vivimos,
que hay mucho miedo, odio, maldad e injusticias tristes.
Pero de noche sueño 
que mañana por la mañana el mundo será mejor,
que en la negra noche de los hombres 
la paz, la esperanza y un nuevo amor renacerán,
que en la negra noche de los hombres
renacerá la paz en la noche, en el silencio,
la promesa de la luz mañana por la mañana,
en la noche, en el silencio más absoluto,
la promesa de la luz,
en la noche negra de los hombres».
(“Noche”. Xabier Lete - Lorudes Iriondo)

«Ai, gaua / Zer dezu / Zer dezu / Isiltasunean? / Triste jartzen dezu bihotza. / Ilutzen diguzu gogoa. / Bakardadean / haizeak negar egiten du, / itsasoa mutu gelditzen da / zu etortzean. / Ai, gaua / Zer dezu / Zer dezu / Isiltasunean? / Zuk oroiarazten nauzu / gu bizi geran mundu hau ere / iluna dala. / Bildur gorroto gaiztakeri / Ta injustizi triste asko / Bai badirala / Ai, gaua / Zer dezu / Zer dezu / Isiltasunean? / Bainan gauez amets egiten det / bihar goizez mundua hobea izango dala, / gizonen gau beltzean pake itxaropen / ta maitasun berri bat / piztuko dirala, / gizonen gau beltzean / pake piztuko dala, / gauean, isilean, / argiaren promesa / bihar goizean / gauean isil-isilean / argiaren promesa / gizonen gau beltzean». (“Gaua”. Xabier Lete - Lorudes Iriondo)

(El el próximo "cuelgue" dedicado al libro "Crónica cantada de los silencios rotos" continuaré desarrollando el origen y la evolución de la "nueva canción vasca").

martes, 30 de abril de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (5ª Parte)









Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" (1998);
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (5)


(En este "cuelgue" amplío y completo la panorámica de la "nova cançó catalana" en la década de los años sesenta y setenta).

Paralelamente al colectivo Els Setze Jutges, es importante destacar la existencia en Cataluña, de otro grupo surgido en 1967, con planteamientos distintos y alternativos: se trata del llamado Grup de Folk, al que llegaron a pertenecer más de veinticinco creadores, entre los que habría que destacar a Jaume Sisa, Jordi y Albert Batiste, Jaume Arnella, Els Sapastres o Pau Riba, y en el que colaboraron activamente también Ovidi Montllor, Quico Pi de la Serra, y Maria del Mar Bonet.


Jaume Arnella, Pau Riba y Jaume Sisa
(Fotografías: Juan Miguel Morales).

Se trataba de un grupo mucho más influido por las corrientes musicales y estéticas del rock norteamericano y del folk en la línea de Bob Dylan, Joan Baez o Pete Seeger, y era, en consecuencia, un colectivo con planteamientos mucho más innovadores y de ruptura, aunque situado claramente también en la oposición al sistema político –la dictadura–, en la defensa de la lengua catalana y en la recuperación de los ritmos y del concepto de la canción popular tradicional. Planteamientos de ruptura que no sólo llevaban a la música y a los textos de sus canciones, sino también a todo lo que podríamos llamar la estética de su trabajo y de su mundo creativo; ruptura, por ejemplo, que afectaba tanto a sus modos de vestir, como a la forma en que se planteaban sus recitales o actuaciones en público.

Imágenes de actuaciones del Grup de Folk tomadas
del disco "Dies i hores de la nova cançó" (1978).

Desde ahí, lógicamente, su posicionamiento frente a los jutges era bastante crítico; Pau Riba, en cierta ocasión, hizo unas declaraciones que ilustran con bastante claridad aquella situación:

«Yo no sé si vale la división entre cultura y contracultura que para mí sí que tiene sentido; los amantes de la cultura luchan por rectificar un orden establecido; los de la contracultura luchan para imponer o para que surja un orden nuevo. La historia de los "jutges" era cultura-cultureta, un movimiento nostálgico de recuperación de unas figuras antiguas, una cultura antigua [...] Yo pertenecía a otro orden de gentes que sabían que existía Bob Dylan, los Rolling o los Beatles. Había ya una generación "beat", aparecieron los "hippies", se estaba cuajando fuera de España una especie de revolución cultural mucho más cargada de sentido. Nuestra intención era que nuestra revolución se aviniera con aquella».

Y la verdad es que aquella intención que Pau nos expresaba, en gran medida, la consiguieron, aunque es cierto –como nos cantaba el mismo– que tuvo que ser «larga, larga la espera». (La canción de Pau Riba "Es fa llarg, es fa llarg esperar" es, para mí, una de las más hermosas y significativas canciones de la época, y viene a desvelarnos realmente la profunda humanidad y la gran sensibilidad lírica que se escondía, y que se esconde, detrás de este "contraculturalista").

Pau Riba. (Fotografía: Juan Miguel Morales).

Os propongo, en primer lugar, escuchar la canción "Es fa llarg, es fa llarg esperar" interpretada por Pau Riba –en "goear"–, y, seguidamente, hacerlo en un vídeo en el que podemos ver y escuchar la versión creada por Maria del Mar Bonet acompañada de Manel Camp al piano.

http://www.goear.com/listen/261ddc3/es-fa-llarg-es-fa-llarg-esperar-pau-riba

«¡Oh! qué larga se hace siempre la espera
cuando se espera que llegue lo peor;
y qué triste y que larga es la espera
cuando se espera que muera el amor.
Cuando se espera que todo se acabe
para pronto volver a empezar;
cuando se espera que el mundo se hunda
para volverlo a edificar.
¡Se hace largo, se hace largo esperar!

Y se hace triste esperar cada día
el cielo rojo y el sol que ya se va,
y se hace oscuro esperar cada día,
porque los días escapan sin prisa
y las horas no quieren correr,
porque esperas, y esperas, y esperas
y ahelas una mañana, pero aún es ayer.
¡Se hace triste, se hace triste esperar!

Y se hacen lentas las mañanas y las tardes
cuando la espera acaba en desazón
y se hacen grises las largas lentas tardes
porque sientes transido el corazón,
porque sientes que tienes el alma muerta
y ves tod el mundo confuso,
porque te hallas con las puertas cerradas,
y encerrado como un perro rabioso.
¡Se hace oscuro, se hace oscuro esperar!

Y se hacen grises las horas de espera
cuando no llueve pero ves el cielo lluvioso.
Y se hacen largas las grises esperas
cuando sientes próximo el fin de los dos,
cuando hace días que no silvas ni cantas
y hace tiempo que reíste por última vez;
cuando el corazón siente la muerte y te espantas
al pensar que acaso es el aviso final
¡Se hace gris, se hace gris esperar!»




«Oh que llarga es fa sempre l'espera / quan s'espera que vindrà el pitjor / i que trista i que llarga és l'espera / quan s'espera la mort de l'amor. / Quan s'espera que tot ja s'acabi / per tot d'una tornar a començar / quan s'espera que el món tot s'enfonsi / per tornar-lo a edificar, / es fa llarg, es fa llarg esperar.

I es fa trist esperar cada dia/ el cel roig i el sol que ja se'n va, / i es fa fosc esperar cada dia / perquè el sol no se'n vol anar mai / perquè els dies se'n van sense pressa / i les hores no volen fugir / perquè esperes, i esperes, i esperes / i vols demà, però encara és ahir, / es fa trist, es fa trist esperar!

I es fan lents els matins i les tardes / quan l'espera et desvetlla el neguit. / I es fan grises les llargues lentes tardes / perquè et sens amb el cor ensopit, / perquè sents que tens l'ànima morta / i ho veus tot, tot el món molt confós / perquè et trobes amb les portes closes / i tancat com un gos rabiós, / es fa fosc, es fa fosc esperar!

I es fan grises les hores d'espera/ quan no plou però veus el cel plujós. / I es fan llargues les grises esperes / quan la fi sents a prop per tots dos / quan fa dies que ni xiules ni cantes / i fa temps que vas fer l'últim somrís / quan al cor sents la mort i t'espantes / al pensar potser és l'últim avís, / es fa gris, es fa gris esperar!». ("Es fa llarg, es fa llarg esperar". Pau Riba).

Por otra parte, junto a los grupos y a las voces ya nombradas, es necesario recordar el trabajo y las creaciones que, de forma más independiente, realizaron personas como Núria Feliu –que obtuvo en 1965 el Gran Premi del Disc Catalá–, Teresa Rebull, Maria Cinta, Dolors Laffitte –fallecida en febrero de 2008– o Fermí Reixach; o grupos como Coses, La Trinca, Companyia Elèctrica Dharma, la Orquesta Mirasol y Platería, La Rondalla de la Costa, Secta Sónica, la Salseta del Poble Sec, o Barcelona Traction; y grandes músicos de la calidad de Jordi Sabatés, Santi Arisa, Toti Soler, Jorge Sarraute, Carlos Boldori, Toni Artigues, Manolo Miralles y un largo etcétera que podría hacerse interminable.

Nuria Feliu y Toti Soler. (Fotografías: Juan Miguel Morales).

Tratamiento aparte merece el buen hacer, la sensibilidad y la voz rotunda de Xavier Ribalta, que empezó a realizar sus primeros recitales en Cataluña en 1965, y que se vio obligado a vivir a caballo entre España y Francia dado el silencio forzoso al que tuvo que someterse, durante los años 1968 a 1975, como consecuencia de la prohibición que sufrió para cantar en nuestro país durante siete años.

En la música, en la voz y en la sensibilidad de Xavier, a lo largo de los años pasados, hemos podido encontrarnos con los más hermosos textos de nuestros grandes poetas; desde anónimos catalanes del siglo XIX hasta Espriu o Salvat-Papasseit. (Merece la pena destacar dos de sus discos: el que dedicó a Joan Maragall y los "Cants Intims d'Apel-les Mestres").


Por último, habría que citar a los que en aquel momento despuntaban como las nuevas voces de la "nova cançó"; me refiero concretamente a Marina Rossell, a Joan Isaac y a Ramón Muntaner; voces que empezaron a surgir, entre 1974 y 1975, como una aportación significativa y renovada a nuestra canción popular y de las que hablaremos detalladamente cuando tratemos el tema de la canción durante los años de la transición democrática.

Joan Isaac, Ramón Muntaner y Marina Rossell.
(Fotografías: Juan Miguel Morales).

En el País Valencià, aparte Raimon, Ovidi Montllor y Maria del Carmen Girau –de quienes ya hemos hablado en "cuelgues" anteriores– hay que poner de relieve las creaciones de Paco Muñoz, Lluís el Sifoner, Josep Blai o Lluis Miquel.

Tampoco puede olvidarse a grupos valencianos como Els 4Z, Cadafal, Carraixet, Pep Laguarda y Tapineria, Pavesos y, en especial Al Tall, cuyo primer LP, "Canço Popular País Valencià", se editó en 1975; el trabajo de investigación, de recreación y de interpretación que han realizado los componentes de Al Tall: Manolo Miralles, Vicent Torrent y Miquel Gil sobre la música popular y la tradición viva valenciana es sencillamente, y en todos los sentidos, ejemplar e inigualable.

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...