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martes, 20 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 73

ANTES... y AHORA
ANTGUO... y MODERNO
EN BLANCO Y NEGRO... y EN COLOR
¡QUÉ MAS DA!



¡¡¡¡¡MALDITAS GUERRAS!!!!!

ANDRÉS NEUMAN Y JUAN TROVA. "ALGUIEN AL OTRO LADO". UN TRABAJO HERMOSO Y EJEMPLAR.

El libro-disco que hoy tengo el placer de presentar es una hermosa obra poético-musical titulada "Alguien al otro lado" de la que son autores y responsables –hermosa responsabilidad– dos personajes a los que admiro profundamente. Ellos son Andrés Neuman y Juan Trova.


Andrés Neuman y Juan Trova.


ANDRÉS NEUMAN nació en Buenos Aires (Argentina) en 1977. A los catorce años se trasladó con sus padres a Granada donde estudió Filología Hispánica. Es escritor; tiene publicados numerosos libros de narrativa y poesía –por los que ha recibido importantes premios como el Hiperión de poesía o el Alfaguara de novela–, y es columnista de los diarios ABC y Clarín –periódico argentino–. Entre su obra poética figuran las siguientes publicaciones: "Métodos de la noche" (1998); "El jugador de billar"(2000); "El tobogán", (2002); "La canción del antílope"(2003); "Sonetos del extraño"(2007); "Gotas negras" (2007); "Mística abajo" (2008) y "Patio de locos" (2011).

Andrés Neuman.


JUAN TROVA nació en Granada. Es cantautor e impulsor apasionado de la "nueva canción" en Andalucía, actividad que realiza como fiel y apasionado heredero del colectivo "Manifiesto Canción del Sur" surgido en Granada entre 1968 y 1976. En 1997 fundó el llamado "Núcleo de Nuevos Autores", y es el creador y organizador del Encuentro Internacional de Cantautores "Abril para vivir" que se celebra anualmente en Granada desde el año 2001. Respecto a su actividad como  compositor y cantante es autor de tres discos "Por casualidad" (1997) –grabado en directo con Juanfra Cordero–; "Noches de Harén" (2000) y "Segundo corazón" (2006), disco que presenté en este mismo blog el 28 de diciembre pasado.

Juan Trova.
Andrés y Juan, Juan y Andrés, un binomio de sensibilidades encontradas que han decidido ponerlas en común y compartirlas para "generar", como antes decía, esta obra extraordinariamente hermosa y ejemplar.



Es cierto que el encuentro y el hermanamiento entre la poesía y la música, o si se quiere entre la canción y la literatura, tiene ya una larga e intensa historia; tan largar y intensa que, en realidad, son pocos los "cantautores" que en algún momento de su trayectoria creativa no han musicalizado y cantado a nuestros grandes poetas. Sin embargo en el caso que hoy nos ocupa ese encuentro y ese hermanamiento entre el poeta y el compositor adquiere dimensiones extraordinarias.

En "Alguien al otro lado" se pone de manifiesto un trabajo de creación realmente ejemplar; se trata de un disco-libro que ha nacido después de dos años de aproximación y de mutuo encantamiento entre la palabra de Neuman y la música de Trova; dos años durante los que los versos del poeta se han dejado acariciar por la música del cantautor, y durante los que el cantautor ha sabido escudriñar –a guitarra limpia y con un tierno respeto– la musicalidad latente en los versos del poeta.

Aventura que Juan nos describe en estos términos: «Es fácil dejarse seducir por los versos de Andrés Neuman [...]. En un abrazo, palabras y acordes adquieren una vida singular. Se enamoran, crecen y nos reclaman su identidad, diferente, propia [...]. Con cada nota, con cada arpegio he pretendido respetar, a corazón abierto, cada sentimiento que el escritor ha puesto en su poesía, que es al fin y al cabo su vida. Las melodías han ido naciendo de una lectura profunda, detenida en todos y cada uno de los versos que forman los poemas, y he tenido la suerte de encontrarme de frente con los sonidos que reclamaban. O tal vez sean ellos los que me han encontrado a mí».

Se trata pues de una historia "cultural" de encuentros, seducciones, apasionamientos, entregas y engendramientos de radical singularidad. Historia en la que además han participado –realzando la belleza de las "cancio-criaturas" nacientes– dos músicos, arreglistas y guitarristas extraordinarios –¡magníficos!– Nicolás Medina y Alberto Ruiz.

Presentación de "Alguien al otro lado" en Granada.

Al final, cuando tienes entre tus manos "Alguien al otro lado", te encuentras con dos inseparables creaciones:

En primer lugar, con un libro de poemas –cantados y cantables– que se completa  con eso que llaman ahora un "Bonus tracks" –que en realidad no es más que una especie de hermoso "regalito"– que contiene "12 haikus urbanos" –poemas breves de tres versos– y un "Ultimo acorde". 
«PERSECUCIÓN 
–dice uno de los haikus de Neuman–.
En el retrovisor
la luna llena»

En segundo lugar, en "Alguien al otro lado", te encuentras también con un CD en el que se pueden escuchar las 12 canciones creadas e interpretadas por Juan Trova; y los doce poemas, sobre las que han sido creadas, recitadas por Andrés Neuman.


Juan y Andrés en el estudio de grabación.


Por último, para concluir esta reseña, quiero incidir en tres cuestiones que considero importantes.

La primera es resaltar y reconocer que Juan Trova cada día canta mejor; en este disco, a través de su canto, no puede disimular la pasión que ha puesto y ha desarrollado en el proyecto; una pasión que en "Alguien al otro lado" se desboca incontenible en calidades sonoras.

La segunda, destacar la fuerza, la belleza y la profundidad de los versos de Andrés...; ¡impresionantes!....

Y la tercera, advertir que nos encontramos con un disco-libro para leer y, sobre todo, para escuchar...; esto de escuchar puede parecer una obviedad tratándose de canciones, pues no, lo advierto porque el trabajo que Juan Trova nos ofrecer ahora –de la mano de Andrés, de Nicolás y de Alberto– requiere ser gozado en el silencio y sin prisas; es decir, dejándole que nos penetre y que las palabras y la música revuelen por ahí dentro, en las "entrañas", entre sístoles y diástoles, es decir, donde habita y estalla nuestra sensibilidad... Siempre lo he pensado y lo creo, Juan Trova es un "cantautor" de raza que antepone a su canto, por encima de todo, la calidad y la sensibilidad, cualidades a las que las prisas, la eficacia, la búsqueda del éxito y otras locuras, nos tienen cada vez más desacostumbrados.

lunes, 19 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 72

Una clave importante para que en un futuro, lo más próximo posible, desaparezca la guerra y la violencia:



«Un antiguo Indio dijo a su nieto: "Hijo mio, dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es MALVADO. Es la ira, la envidia, la inferioridad, el resentimiento, las mentiras, las guerras, la violencia y el ego. El otro es BENÉVOLO. Es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la humildad, la bondad, la empatía, la verdad". El niño pensó un poco y preguntó: "Abuelo, ¿qué lobo gana?"... El anciano respondió: "¡EL QUE ALIMENTAS!"...».

Este pensamiento tiene mucho que ver con la educación familiar y escolar...; y con la "tele"...; y con la vida... ¡Tenemos que enseñar y aprender a alimentar al "lobito benévolo" que nos habita...; y al otro, al malvado, que le vayan dando mucho por...

¡HERMANO "MAÑO", QUÉ GRANDE ERES!... ¡TE QUEREMOS MUCHO!

Se fue, pero aquí está...; ¡y somos muchos los que le seguiremos queriendo hasta la muerte!... y hasta más allá si fuera posible...

Permitidme un último recuerdo personal muy entrañable para mi. Un buen día, comimos juntos, y me hizo este maravilloso regalo que guardo entre el mejor de mis pequeño-grandes tesoros.

LABORDETA VIII - "TIENES ANTE TI LA VIDA COMO UN VEGEL"


Hoy hace un año que nos dejó José Antonio Labordeta, y hoy –con su recuerdo en el alma– concluyo la serie de "cuelgues" que le he venido dedicando con este último que gira en torno a su inmensa capacidad para la "esperanza".

En José Antonio, en su vida y en su obra, siempre se puso de manifiesto una tensión interior entre la esperanza y el desaliento; tensión en la que en todo momento consiguió poner a salvo su razón utópica, fortalecido sin duda –hasta el día que nos dejó– por aquel pensamiento de Celaya: «Todavía no me he muerto... Hoy es siempre todavía».

«No entiendo  casi nada
la nada de la vida,
no entiendo a este país
que huele a naftalina».
("A ti te entiendo")

«Adónde se quemaron
nuestros últimos sueños,
adónde se quemaron
la voz y el corazón,
adónde se quemaron
los versos solidarios
que en muros escribíamos
tú y yo
Adónde, adónde...».
("Adonde")

«Qué queda de mi, de mi rostro vivo
roto en los espejos que yo no rompí
y que el tiempo agreste trituró salvaje
dejando en mis ojos huellas de vivir,
¿qué queda de ti? ¿qué queda de mí?»
("Qué queda de mi")

José Antonio Labordeta. Concierto en Jorcas (Teruel).

En las últimas grabaciones de José Antonio es frecuente encontrar canciones que apuntan a la desmoralización y al desaliento como las anteriores; entre ellas posiblemente la más dura, la más amarga, fue "Banderas rotas".

«He puesto sobre mi mesa
todas las banderas rotas
las que rompió la vida
la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.

Rota permanece aquella
que levantamos al cielo
pensando que la justicia
crecería como un vuelo
de gaviotas en el mar...

Rota permanece aquella
que ponía libertad
y que aupamos convencidos
de que al terminar la batalla
ésta íbamos a ganar».
("Banderas rotas")

Pero no, Labordeta no se rindió. Pudo ciertamente experimentar y expresar, en momentos determinados de su actividad creadora, unos sentimientos de frustración ante una realidad que, desde su sensibilidad y sus convicciones, le resultaba desmoralizante; pudo incluso sentir y expresar la tentación de la huida; pero aún así, sus huidas nunca se plantearon como válvulas de escape que impliquen la evasión, la renuncia o la pérdida del horizonte soñado; en realidad, más que huidas, son distanciamientos necesarios desde los que poder realimentar y avivar su razón utópica.

«A veces yo quisiera huir por el espejo
estar al otro lado y poder estar lejos...
Preferiría estar volando por un cielo
de color mermelada junto al Capitán Trueno».
(“El espejo”)

José Antonio Labordeta. (Fotografía: José Ayma)

«Quiero llegar al mar para salvarme.
Quiero llegar al mar que desconozco
para huir de la furia del árbol y la piedra,
quiero llegar al mar inalcanzable...
Quiero llegar al mar y liberarme.
Quiero llegar al mar que reconozco
y escapar de este cierzo,
de esta sed y esta herida.
Quiero llegar al mar impenetrable...
Quiero llegar al mar como un adolescente
con sus ojos de asombro mirando el horizonte».
(“Llegar al mar”)

Y esa no rendición definitiva del poeta aragonés, le sitúa a la vez, en una actitud profundamente crítica desde la que surge la necesidad de la denuncia; denuncia que en sus últimas canciones, como siempre, se hace directa, incisiva y, con bastante frecuencia, enunciada poética y musicalmente en un tono acertadamente satírico y burlón, lo que acrecienta no sólo su claridad comunicativa, sino también, y sobre todo, la concreción y la acidez de la denuncia. Así nos encontramos, por ejemplo, con canciones como «Elegía del misil», «Desobediencia civil», «El decreto treinta y tres», o «Algunos rojos de antaño».

En efecto, José Antonio no se rindió, y si en 1984 se identificó a si mismo y a los que pensamos y sentimos como él, con esos «viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar», finalmente, en una de sus últimas canciones (1997), esa identificación se concreta en «La sabina»:

«Allí permanece quieta
igual que la soledad,
pasa el tiempo por sus ramas
y no las puede truncar...
Soporta la ira del cierzo
igual que un barco a la mar
y bajo la densa niebla
es como un ángel guardián...
Cuando paso por su lado
me entran ganas de abrazar
el viejo y duro tronco
que la hace realidad...
Y allí permanece enhiesta
como un monegrino más
sabiendo, como ellos saben,
lo duro que es pelear.
Quieta, altiva,
la sabina».
("La sabina").



Jose Antonio Labordeta no se rindió, y como la sabina se mantuvo altivo y nada pudo truncar su canto; y ahí estuvo siempre como un "monegrito" más, sabiendo, como ellos saben, lo duro que es pelear... Por eso cuando José Antonio decide dedicarle una canción a su hija Ángela, pienso que dedicándosela en general a las nuevas generaciones, sus palabras –estas palabras con las que finalizo mis reflexiones– no pudieron ser más que palabras de esperanza:

«Tienes ante ti la vida como un vergel
como una hermosa esperanza que no se puede perder
y debes seguir como por la mar abierta
a vientos que a veces rompen la paz sobre tu cubierta...
La vida así te irá dejando sus huellas
y sombrearán tus ojos las ilusiones primeras
y luego allí donde da la vuelta el viento
te toparás con los sueños olvidados por el tiempo.
Después de abril vendrán los soles de mayo
floreciendo por tus ojos las esperanzas de antaño
pero hoy aquí contempla lo que te ofrecen:
la vida llena de vida con los años que tú tienes...».
(“Nieve en abril”)

domingo, 18 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 71

Vuelvo a la "maldición de las guerras y de todo tipo de violencia" expresada en la aparente simplicidad de las viñetas creadas por magníficos dibujantes e ilustradores como Pepe Medina...; digo "aparente simplicidad" porque, por ejemplo, lo que hoy nos transmite Medina en su viñeta no puede ser más profundo y elocuente... 



Esta nueva expresión del "calentamiento global", generadora de todo tipo de agresiones y violencias, es un mal generalizado que deberíamos erradicar con urgencia.

¡¡¡¡NO MÁS VIOLENCIA COTIDIANA!!!!
¡¡¡¡NO MÁS VIOLENCIA PROGRAMADA!!!!
¡¡¡¡MALDITAS GUERRAS!!!!

LABORDETA VII - "VENGO A CANTARLE AL AMOR"

José Angonio Labordeta.  (Fotografía de Carlos Miralles).

Acercándonos ya al final de esta especie de retrato poético que he venido trazando a lo largo de toda esta semana sobre la obra y la personalidad de José Antonio Labordeta, resulta imprescindible detener la mirada, y abrir de par en par los sentimientos, ante lo que, bajo mi punto de vista, configura el gran secreto de su profunda y descarada humanidad.

El gran secreto que esconde, que fortalece y que mantiene en Labordeta su esperanza, sus sueños de libertad y su capacidad solidaria, es el "amor" y la "ternura".

«Porque no nos ven hablar
dicen que no nos queremos...
a tu corazón y al mío
se lo pueden preguntar...».
("Canción de amor")

«No tengo más silencio que tus labios,
ni tengo más palabra que tu voz,
ni más gesto pequeño que tus manos...»
("Cuando eres yo»)

«Los sueños se van perdiendo
como una vieja canción
si tu amor no se cumpliera
donde quedaría yo
solitario y sin razón».
("De ti por mi")

Para José Antonio Labordeta, desde el inicio de su creación poética, el "amor" es un valor y una experiencia que se hace presente a lo largo de toda su obra.

Concretamente, en 1976, grabó su "Canción de amor"; canción que, a través de una sucesión de hermosísimas imágenes simbólicas, nos ofrece una clara definición de lo que supone ese valor en su experiencia.
José Angonio Labordeta.  (Fotografía de Carlos Miralles).


«El amor es el silencio, 
la palabra guardada en el pecho,
es el mar batiendo contra el mar, 
son islas halladas entre la soledad 

Son palomas al viento, 
huracanes de luz, 
vendavales de llanto, 
ríos de juventud, 
o tan sólo unas manos unidas a tu voz. 

El amor es la tormenta 
contenida en un aire que inquieta. 
Es la luz golpeando la luz, 
son los árboles rotos dentro de un vendaval. 

Son muchachos riendo, 
campanario y volcán, 
gritos de despedida, 
labios para besar, 
fatigosas mañanas después de amar». 
("Canción de amor")

En el contexto de esa visión del "amor" abierto, comprometido y solidario, en las canciones de Labordeta podemos encontrarnos también con un aragonés romántico; ser humano de alma robusta y duro como el cierzo, que necesita y sabe engendrar y compartir espacios y tiempos para la ternura: «Amor, que ternura amor queda junto a ti al amanecer».

Necesitaría ahora extenderme largamente sobre los textos de las canciones de amor que José Antonio ha creado, y que en 1997 recopiló en un CD al que le puso precisamente ese título: "Canciones de amor"; como el hacerlo en este momento alargaría excesivamente este "cuelgue", me limitaré, tan solo, a reproducir el texto de dos de ellas, para mí, dos de las más hermosas:

«He posado mis manos en tus hombros
igual que el viento sobre el mar.
He cubierto de besos tus rodillas
y de luz tu soledad.
He navegado el iris de tus ojos
como navegan barcos al azar
y he prendido mis labios a tu rostro
con la fuerza de un huracán.

Amor, esperanzadamente amor
amor lejanamente amor
amor en qué lado del mar está tu vida
en qué lado del mar está la luz.

He cruzado la lluvia de tus pechos
igual que albatros al volar
y he dejado muy suave en tus cabellos
el sabor de las olas y la sal.
He traspasado el mar de los olvidos
buscando tu figura en el rincón 
donde crece tu frente como alisios
que indican el poniente para el sol».
("Mar de amor")



«Vendrá el otoño y tendrá tus ojos,
tus ojos dulces de esos atardeceres
en que la mar se siente estremecida
por el sabor a párpado del cielo;
vendrá el otoño y tendrá tus ojos.

Vendrá el invierno y tendrá tus labios
los labios tenues que besan con asombro
la nieve hermosa que cubre las praderas
como cansinos pájaros de hielo;
vendrá el invierno y tendrá tus ojos.

La primavera será como tu cuerpo
cubierto siempre de árboles y nidos,
de mansos lagos y besos detenidos
contra las noches de estrellas y de ríos;
la primavera será como tu cuerpo.

Vendrá el estío y tendrá tus manos,
tus manos llenas de risas y de olvidos
para cruzar con ellas y contigo
la eternidad por la que hemos crecido;
vendrá el estío y tendrá tus manos».
("Y tendrá tus ojos")

Y hablando del amor, del amor real, tangible y cotidiano, tal y como José Antonio Labordeta lo vivió y lo expresó en su obra poética, resulta inevitable hacer presente –como él lo hizo en sus canciones– a Juana de Grandes, su compañera de camino.

Juana de Grandes y José Antonio Labordeta.
Siempre se ha dicho que detrás de un gran hombre hay una gran mujer; yo personalmente pienso de otra manera; creo que siempre al lado de unas gran mujer puede haber un hombre soñador, esperanzado y enamorado de la vida. En este sentido me siento radicalmente identificado con la experiencia que nos transmite Mario Benedetti en uno de sus poemas: «Cómo voy a creer –dijo fulano– / que la utopía ya no existe / si vos, mengana dulce, / osada, tierna, / si vos sos mi utopía».

Esta experiencia y este modo de pensar y de vivir la relación cotidiana con la mujer a la que se ama, es también compartida por Labordeta tal y como se traduce en dos de sus más bellas canciones: «Juana», grabada en 1989, y, «Porque avanzamos juntos», grabada diez años antes, en 1978.

«Es como el silencio de la mar bravía;
como la nostalgia de la ausencia viva,
es casi la lluvia por la tierra mía,
es el pan y el agua que termina el hambre,
que sacia la sed:
Estoy hablando de una mujer».
("Juana")

La escucho trajinar entre los críos.
Cuando sus ojos cantan, cantamos todos:
canta la soledad y canta el río,
canta la calle entera, canta el olvido.

Qué lejos queda ya aquel principio,
nuestro primer andar por un otoño
de una ciudad sumida en su contorno
de amarga represión, de miedo y odio.

Qué lejos queda ya aquella incierta edad
donde se prohibía hablar de libertad.

Eran días de tedio y cine malo,
días de soledad sólo salvados
por la ilusión de estar siempre a tu lado,
pequeña isla de paz en un mundo asustado».
("Porque avanzamos juntos")


Juana de Grandes José Antonio Labordeta.
(Fotografía de Maika Salguero).


CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...