Se fue, pero aquí está...; ¡y somos muchos los que le seguiremos queriendo hasta la muerte!... y hasta más allá si fuera posible...
Vistas de página en total
lunes, 19 de septiembre de 2011
LABORDETA VIII - "TIENES ANTE TI LA VIDA COMO UN VEGEL"
Hoy hace un año que nos dejó José Antonio Labordeta, y hoy –con su recuerdo en el alma– concluyo la serie de "cuelgues" que le he venido dedicando con este último que gira en torno a su inmensa capacidad para la "esperanza".
En José Antonio, en su vida y en su obra, siempre se puso de manifiesto una tensión interior entre la esperanza y el desaliento; tensión en la que en todo momento consiguió poner a salvo su razón utópica, fortalecido sin duda –hasta el día que nos dejó– por aquel pensamiento de Celaya: «Todavía no me he muerto... Hoy es siempre todavía».
«No entiendo casi nada
la nada de la vida,
no entiendo a este país
que huele a naftalina».
("A ti te entiendo")
«Adónde se quemaron
nuestros últimos sueños,
adónde se quemaron
la voz y el corazón,
adónde se quemaron
los versos solidarios
que en muros escribíamos
tú y yo
Adónde, adónde...».
("Adonde")
«Qué queda de mi, de mi rostro vivo
roto en los espejos que yo no rompí
y que el tiempo agreste trituró salvaje
dejando en mis ojos huellas de vivir,
¿qué queda de ti? ¿qué queda de mí?»
("Qué queda de mi")
![]() |
| José Antonio Labordeta. Concierto en Jorcas (Teruel). |
En las últimas grabaciones de José Antonio es frecuente encontrar canciones que apuntan a la desmoralización y al desaliento como las anteriores; entre ellas posiblemente la más dura, la más amarga, fue "Banderas rotas".
«He puesto sobre mi mesa
todas las banderas rotas
las que rompió la vida
la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.
Rota permanece aquella
que levantamos al cielo
pensando que la justicia
crecería como un vuelo
de gaviotas en el mar...
Rota permanece aquella
que ponía libertad
y que aupamos convencidos
de que al terminar la batalla
ésta íbamos a ganar».
("Banderas rotas")
Pero no, Labordeta no se rindió. Pudo ciertamente experimentar y expresar, en momentos determinados de su actividad creadora, unos sentimientos de frustración ante una realidad que, desde su sensibilidad y sus convicciones, le resultaba desmoralizante; pudo incluso sentir y expresar la tentación de la huida; pero aún así, sus huidas nunca se plantearon como válvulas de escape que impliquen la evasión, la renuncia o la pérdida del horizonte soñado; en realidad, más que huidas, son distanciamientos necesarios desde los que poder realimentar y avivar su razón utópica.
«A veces yo quisiera huir por el espejo
estar al otro lado y poder estar lejos...
Preferiría estar volando por un cielo
de color mermelada junto al Capitán Trueno».
(“El espejo”)
![]() |
| José Antonio Labordeta. (Fotografía: José Ayma) |
«Quiero llegar al mar para salvarme.
Quiero llegar al mar que desconozco
para huir de la furia del árbol y la piedra,
quiero llegar al mar inalcanzable...
Quiero llegar al mar y liberarme.
Quiero llegar al mar que reconozco
y escapar de este cierzo,
de esta sed y esta herida.
Quiero llegar al mar impenetrable...
Quiero llegar al mar como un adolescente
con sus ojos de asombro mirando el horizonte».
(“Llegar al mar”)
Y esa no rendición definitiva del poeta aragonés, le sitúa a la vez, en una actitud profundamente crítica desde la que surge la necesidad de la denuncia; denuncia que en sus últimas canciones, como siempre, se hace directa, incisiva y, con bastante frecuencia, enunciada poética y musicalmente en un tono acertadamente satírico y burlón, lo que acrecienta no sólo su claridad comunicativa, sino también, y sobre todo, la concreción y la acidez de la denuncia. Así nos encontramos, por ejemplo, con canciones como «Elegía del misil», «Desobediencia civil», «El decreto treinta y tres», o «Algunos rojos de antaño».
En efecto, José Antonio no se rindió, y si en 1984 se identificó a si mismo y a los que pensamos y sentimos como él, con esos «viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar», finalmente, en una de sus últimas canciones (1997), esa identificación se concreta en «La sabina»:
«Allí permanece quieta
igual que la soledad,
pasa el tiempo por sus ramas
y no las puede truncar...
Soporta la ira del cierzo
igual que un barco a la mar
y bajo la densa niebla
es como un ángel guardián...
Cuando paso por su lado
me entran ganas de abrazar
el viejo y duro tronco
que la hace realidad...
Y allí permanece enhiesta
como un monegrino más
sabiendo, como ellos saben,
lo duro que es pelear.
Quieta, altiva,
la sabina».
("La sabina").
Jose Antonio Labordeta no se rindió, y como la sabina se mantuvo altivo y nada pudo truncar su canto; y ahí estuvo siempre como un "monegrito" más, sabiendo, como ellos saben, lo duro que es pelear... Por eso cuando José Antonio decide dedicarle una canción a su hija Ángela, pienso que dedicándosela en general a las nuevas generaciones, sus palabras –estas palabras con las que finalizo mis reflexiones– no pudieron ser más que palabras de esperanza:
«Tienes ante ti la vida como un vergel
como una hermosa esperanza que no se puede perder
y debes seguir como por la mar abierta
a vientos que a veces rompen la paz sobre tu cubierta...
La vida así te irá dejando sus huellas
y sombrearán tus ojos las ilusiones primeras
y luego allí donde da la vuelta el viento
te toparás con los sueños olvidados por el tiempo.
Después de abril vendrán los soles de mayo
floreciendo por tus ojos las esperanzas de antaño
pero hoy aquí contempla lo que te ofrecen:
la vida llena de vida con los años que tú tienes...».
(“Nieve en abril”)
Labels:
José Antonio Labordeta
domingo, 18 de septiembre de 2011
¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 71
Vuelvo a la "maldición de las guerras y de todo tipo de violencia" expresada en la aparente simplicidad de las viñetas creadas por magníficos dibujantes e ilustradores como Pepe Medina...; digo "aparente simplicidad" porque, por ejemplo, lo que hoy nos transmite Medina en su viñeta no puede ser más profundo y elocuente...
Esta nueva expresión del "calentamiento global", generadora de todo tipo de agresiones y violencias, es un mal generalizado que deberíamos erradicar con urgencia.
¡¡¡¡NO MÁS VIOLENCIA COTIDIANA!!!!
¡¡¡¡NO MÁS VIOLENCIA PROGRAMADA!!!!
¡¡¡¡MALDITAS GUERRAS!!!!
Labels:
Guerra,
Paz,
Pepe Medina
LABORDETA VII - "VENGO A CANTARLE AL AMOR"
![]() |
| José Angonio Labordeta. (Fotografía de Carlos Miralles). |
Acercándonos ya al final de esta especie de retrato poético que he venido trazando a lo largo de toda esta semana sobre la obra y la personalidad de José Antonio Labordeta, resulta imprescindible detener la mirada, y abrir de par en par los sentimientos, ante lo que, bajo mi punto de vista, configura el gran secreto de su profunda y descarada humanidad.
El gran secreto que esconde, que fortalece y que mantiene en Labordeta su esperanza, sus sueños de libertad y su capacidad solidaria, es el "amor" y la "ternura".
«Porque no nos ven hablar
dicen que no nos queremos...
a tu corazón y al mío
se lo pueden preguntar...».
("Canción de amor")
«No tengo más silencio que tus labios,
ni tengo más palabra que tu voz,
ni más gesto pequeño que tus manos...»
("Cuando eres yo»)
«Los sueños se van perdiendo
como una vieja canción
si tu amor no se cumpliera
donde quedaría yo
solitario y sin razón».
("De ti por mi")
Para José Antonio Labordeta, desde el inicio de su creación poética, el "amor" es un valor y una experiencia que se hace presente a lo largo de toda su obra.
Concretamente, en 1976, grabó su "Canción de amor"; canción que, a través de una sucesión de hermosísimas imágenes simbólicas, nos ofrece una clara definición de lo que supone ese valor en su experiencia.
Concretamente, en 1976, grabó su "Canción de amor"; canción que, a través de una sucesión de hermosísimas imágenes simbólicas, nos ofrece una clara definición de lo que supone ese valor en su experiencia.
![]() |
José Angonio Labordeta. (Fotografía de Carlos Miralles). |
«El amor es el silencio,
la palabra guardada en el pecho,
es el mar batiendo contra el mar,
son islas halladas entre la soledad
Son palomas al viento,
huracanes de luz,
vendavales de llanto,
ríos de juventud,
o tan sólo unas manos unidas a tu voz.
El amor es la tormenta
contenida en un aire que inquieta.
Es la luz golpeando la luz,
son los árboles rotos dentro de un vendaval.
Son muchachos riendo,
campanario y volcán,
gritos de despedida,
labios para besar,
fatigosas mañanas después de amar».
("Canción de amor")
En el contexto de esa visión del "amor" abierto, comprometido y solidario, en las canciones de Labordeta podemos encontrarnos también con un aragonés romántico; ser humano de alma robusta y duro como el cierzo, que necesita y sabe engendrar y compartir espacios y tiempos para la ternura: «Amor, que ternura amor queda junto a ti al amanecer».
Necesitaría ahora extenderme largamente sobre los textos de las canciones de amor que José Antonio ha creado, y que en 1997 recopiló en un CD al que le puso precisamente ese título: "Canciones de amor"; como el hacerlo en este momento alargaría excesivamente este "cuelgue", me limitaré, tan solo, a reproducir el texto de dos de ellas, para mí, dos de las más hermosas:
«He posado mis manos en tus hombros
igual que el viento sobre el mar.
He cubierto de besos tus rodillas
y de luz tu soledad.
He navegado el iris de tus ojos
como navegan barcos al azar
y he prendido mis labios a tu rostro
con la fuerza de un huracán.
Amor, esperanzadamente amor
amor lejanamente amor
amor en qué lado del mar está tu vida
en qué lado del mar está la luz.
He cruzado la lluvia de tus pechos
igual que albatros al volar
y he dejado muy suave en tus cabellos
el sabor de las olas y la sal.
He traspasado el mar de los olvidos
buscando tu figura en el rincón
donde crece tu frente como alisios
que indican el poniente para el sol».
("Mar de amor")
«Vendrá el otoño y tendrá tus ojos,
tus ojos dulces de esos atardeceres
en que la mar se siente estremecida
por el sabor a párpado del cielo;
vendrá el otoño y tendrá tus ojos.
Vendrá el invierno y tendrá tus labios
los labios tenues que besan con asombro
la nieve hermosa que cubre las praderas
como cansinos pájaros de hielo;
vendrá el invierno y tendrá tus ojos.
La primavera será como tu cuerpo
cubierto siempre de árboles y nidos,
de mansos lagos y besos detenidos
contra las noches de estrellas y de ríos;
la primavera será como tu cuerpo.
Vendrá el estío y tendrá tus manos,
tus manos llenas de risas y de olvidos
para cruzar con ellas y contigo
la eternidad por la que hemos crecido;
vendrá el estío y tendrá tus manos».
("Y tendrá tus ojos")
Y hablando del amor, del amor real, tangible y cotidiano, tal y como José Antonio Labordeta lo vivió y lo expresó en su obra poética, resulta inevitable hacer presente –como él lo hizo en sus canciones– a Juana de Grandes, su compañera de camino.
![]() |
| Juana de Grandes y José Antonio Labordeta. |
Siempre se ha dicho que detrás de un gran hombre hay una gran mujer; yo personalmente pienso de otra manera; creo que siempre al lado de unas gran mujer puede haber un hombre soñador, esperanzado y enamorado de la vida. En este sentido me siento radicalmente identificado con la experiencia que nos transmite Mario Benedetti en uno de sus poemas: «Cómo voy a creer –dijo fulano– / que la utopía ya no existe / si vos, mengana dulce, / osada, tierna, / si vos sos mi utopía».
Esta experiencia y este modo de pensar y de vivir la relación cotidiana con la mujer a la que se ama, es también compartida por Labordeta tal y como se traduce en dos de sus más bellas canciones: «Juana», grabada en 1989, y, «Porque avanzamos juntos», grabada diez años antes, en 1978.
«Es como el silencio de la mar bravía;
como la nostalgia de la ausencia viva,
es casi la lluvia por la tierra mía,
es el pan y el agua que termina el hambre,
que sacia la sed:
Estoy hablando de una mujer».
("Juana")
La escucho trajinar entre los críos.
Cuando sus ojos cantan, cantamos todos:
canta la soledad y canta el río,
canta la calle entera, canta el olvido.
Qué lejos queda ya aquel principio,
nuestro primer andar por un otoño
de una ciudad sumida en su contorno
de amarga represión, de miedo y odio.
Qué lejos queda ya aquella incierta edad
donde se prohibía hablar de libertad.
Eran días de tedio y cine malo,
días de soledad sólo salvados
por la ilusión de estar siempre a tu lado,
pequeña isla de paz en un mundo asustado».
("Porque avanzamos juntos")
![]() |
| Juana de Grandes y José Antonio Labordeta. (Fotografía de Maika Salguero). |
Labels:
José Antonio Labordeta
sábado, 17 de septiembre de 2011
SOLUCIÓN DEL "CANTIJUEGO LABORDETIANO"
Estos son los 12 discos y las 12 canciones de JOSÉ ANTONIO LABORDETA que integraban el "cantijuego labordetiano" que presentaba esta mañana.
«Canta, compañero, canta,
que aquí hay mucho que cantar;
este silencio de hierro
ya no se puede aguantar.
Por el alba del camino
a tu hermano encontrarás,
dale la mano y camina
hasta llegar al final».
("Canta, compañero, canta")
CANTIJUEGO "LABORDETIANO"
En esta semana que estamos dedicando al recuerdo entrañable de JOSÉ ANTONIO LABORDETA no podía faltar un "cantijuego labordetiano".
Seguidamente vas a encontrarte con 12 recuadros; en cada uno de ellos aparece un fragmento de un disco de Labordeta.
Primera cuestión: Identifica cada uno de esos 12 discos y di cómo se titula cada uno de ellos.
Segunda cuestión: Identificados los 12 discos anteriores, di en cuál de ellos grabó José Antonio cada una de estas 12 canciones:
Como siempre, en el apartado de "comentarios" puedes jugar y hacer el seguimiento del juego.
LABORDETA VI - "VENGO A CANTARLE A LA LIBERTAD"
![]() |
| José Antonio Labordeta, en su casa de Zaragoza. (Fotografía de Pedro Hernández). |
Otro de los rasgos, o de los perfiles que destacan en la obra cantada de Labordeta, es la permanente e inquebrantable presencia en todas sus canciones –y yo diría que en toda su vida– de una actitud personal profunda y honestamente ética.
La ética que José Antonio practica le hace conmoverse y rebelarse frente a la pobreza y la injusticia; pero le fuerza, al mismo tiempo, a mantener una actitud siempre esperanzada y positivamente utópica; actitud genuinamente moral que en él –como la define José Luis Aranguren en su "Ética de la felicidad˝– «es, a la vez, vigilante y entusiasta, desencantada y presta al reencantamiento, crítica y esperanzada. desmitificadora y creyente, ecéptica y utópica».
Una actitud ética fundamentada en un conjunto de valores básicos que configuran la médula de su credo, y entre los que considero importante destacar tres: la libertad, la solidaridad y el amor. Hoy vamos a hablar de la "libertad".
En 1975, cuando empezábamos a transitar –parecía que definitivamente– del tiempo de la espera al de la esperanza real, José Antonio Labordeta compuso y grabó su "Canto a la libertad"; canto que viene a ser como una gran síntesis, por una parte, de toda la represión y la crueldad experimentada durante la larga dictadura franquista y, por otra, de todo aquello a lo que aspirábamos y en lo que soñábamos los, durante tanto tiempo, enamorados de la "libertad".
![]() |
| José Antonio Labordeta, Emilio Gastón y Enrique Tierno Galván en un mitin celebrado en la plaza de toros de Zaragoza, con motivo de las elecciones democráticas celebradas en junio de 1977. |
"El canto a la libertad" es un canto entusiasta, esperanzado, creyente y utópico; es como un estallido gozoso del alma –lógico y necesario– a las puertas de la transición democrática. Labordeta, en ese canto profetiza y vislumbra la libertad como una realidad posible.
«Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.
Hermano, aquí mi mano,
será tuya mi frente,
y tu gesto de siempre
caerá sin levantar
huracanes de miedo
ante la libertad.
Haremos el camino
en un mismo trazado,
uniendo nuestros hombros
para así levantar
a aquellos que cayeron
gritando libertad.
Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.
Sonarán las campanas
desde los campanarios,
y los campos desiertos
volverán a granar
unas espigas altas
dispuestas para el pan.
Para un pan que en los siglos
nunca fue repartido
entre todos aquellos
que hicieron lo posible
por empujar la historia
hacia la libertad.
Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.
También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver;
pero habrá que forzarla
para que pueda ser.
Que sea como un viento
que arranque los matojos
surgiendo la verdad,
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la libertad».
("Canto a la libertad")
En la actualidad, con el paso del tiempo –y, sobre todo, en los tiempos "descafeinados" que estamos viviendo– hay quien puede considerar esta canción como un canto lleno de ingenuidad, o como un himno, movilizador de las masas, de contenido estrictamente político; yo, personalmente, en oposición con esos planteamientos, creo que aquella canción fue sencillamente la expresión incontenible de un sentimiento compartido: del deseo y del sueño de la "libertad"; expresión cantada, auténtica y llena de veracidad, que, en aquel momento, nos sirvió de impulso para confiar en el futuro que se nos avecinaba, y para empujarlo o forzarlo hacia el desarrollo de una convivencia democrática.
En este sentido, pienso que no es exagerado afirmar que el "Canto a la libertad", de José Antonio Labordeta, fue uno de esos acontecimientos sociales y culturales, y también políticos, que quedará para siempre en el origen de nuestra democracia como uno de sus indicadores y de sus alientos más decisivos.
Fue además un canto capaz de alimentar los sueños esperanzados de mucha gente aun con planteamientos ideológicos y políticos muy diferentes; igual se cantaba en los multitudinarios mítines o manifestaciones convocados por los partidos políticos de izquierda, como en los encuentros que celebraban las comunidades cristianas progresistas. Hecho ocasionado por tratarse de un canto libre y abierto que apuntaba a sentimientos y a aspiraciones comunes, y que se hacía voz y expresión de la esencia de la identidad humana, es decir, de la libertad como uno de los valores más universales y más básicos para la vida y para la convivencia.
Pero al hablar del "Canto a la libertad", desde una perspectiva histórica y en el marco de la obra de Labordeta, no puede desvincularse de otra de sus canciones aparecidas tres años más tarde, me refiero a la canción titulada "Abrí todas las puertas".
Pero al hablar del "Canto a la libertad", desde una perspectiva histórica y en el marco de la obra de Labordeta, no puede desvincularse de otra de sus canciones aparecidas tres años más tarde, me refiero a la canción titulada "Abrí todas las puertas".
![]() |
| José Antonio Labordeta. (Fotografía de Carmelo Eseban). |
«Abrí todas las puertas
cuando se hizo la luz,
recorrí los desvanes,
tampoco estabas tú,
pequeña, dulce,
triste, hermosa, libertad.
Con qué palabras nuevas
habría que llamarte,
sobre qué muros tenues
habría que escribirte,
y en qué paisaje oculto
habría que esperar
tu regreso al hogar,
pequeña libertad.
En qué sangre vertida
habría que buscarte,
en qué ojos de espanto
hallar tu soledad.
Sobre qué río incierto
habría que esperar
tu regreso al hogar,
pequeña libertad.
Grité por los trigales
y contra el cielo azul,
anduve los caminos,
tampoco estabas tú:
pequeña, dulce, triste,
hermosa libertad.
En qué puños cerrados
te guardan de la muerte.
En qué paloma blanca
caminas de verdad.
Sobre qué ojos de niño
te vamos a encontrar
de regreso al hogar,
pequeña libertad.
Bajo qué árbol descansas,
huyendo, como vas,
de tanto fuego vivo
que te quiere quemar
y hacer que nunca puedas
unirte a los demás
de regreso al hogar,
pequeña libertad.
Dejo la puerta abierta,
el árbol y la luz
pues siempre espero ver
que me saludes tú:
pequeña, dulce, triste
y hermosa libertad».
("Abrí todas las puertas")
Pasados tres años, desde el final de la dictadura, José Antonio Labordeta parece que confirma en su nueva canción algo que el mismo predecía al final de su "Canto a la libertad": «también será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro, la lleguemos a ver; pero habrá que forzarla para que pueda ser». El sueño de la "libertad" –sueño esperanzado, creyente y utópico– a pesar del tiempo transcurrido durante los primeros años de nuestra transición democracia –«cuando se hizo la luz»–, no había llegado a "granar". (Se confirmaba también el pensamiento y el anuncio de Lluís Llach en "Viatge a Itaca": «Más lejos, siempre mucho más lejos, más lejos del mañana que ya se está acercando. Y cuando creáis haber llegado, emprender otra vez vuestras sendas»).
![]() |
| Lluís Llach. (Fotografía de Juan Miguel Morales). |
Ante aquella experiencia, Labordeta transforma su canto haciéndolo más reflexivo e intimista, y en una actitud claramente vigilante y crítica, vuelve a fotografiarnos unos sentimientos personales que también los fueron, y de hecho los siguen siendo, de quienes verdaderamente amamos la "libertad". La búsqueda de una libertad más madura, no firmada por decreto o en pactos constitucionales, sino una libertad más íntima, más personal.
Es realmente hermoso constatar cómo en esa nueva perspectiva de la búsqueda de la "libertad", José Antonio la sitúa no ya en una tierra, que podremos ver al levantar la vista; sino en un conjunto de realidades mucho más concretas y, a la vez, mucho más cercanas: un paisaje oculto, una sangre vertida, unos ojos de espanto, una paloma blanca, unos puños cerrados, al pie de un árbol, o en los ojos de un niño.
Y de nuevo aquí la constatación de un hombre que, encarnando aquella actitud genuinamente moral, de la que antes hablaba, tras la experiencia del desencanto, es capaz de superar la desmoralización para abrirse de nuevo a la esperanza siempre presto al "reencantamiento".
Es realmente hermoso constatar cómo en esa nueva perspectiva de la búsqueda de la "libertad", José Antonio la sitúa no ya en una tierra, que podremos ver al levantar la vista; sino en un conjunto de realidades mucho más concretas y, a la vez, mucho más cercanas: un paisaje oculto, una sangre vertida, unos ojos de espanto, una paloma blanca, unos puños cerrados, al pie de un árbol, o en los ojos de un niño.
Y de nuevo aquí la constatación de un hombre que, encarnando aquella actitud genuinamente moral, de la que antes hablaba, tras la experiencia del desencanto, es capaz de superar la desmoralización para abrirse de nuevo a la esperanza siempre presto al "reencantamiento".
«Dejo la puerta abierta,
el árbol y la luz
pues siempre espero ver
que me saludes tú:
pequeña, dulce, triste
y hermosa libertad».
Labels:
José Antonio Labordeta
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...
... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante Donald Trump y s...
-
Hoy, un día después del 23 de febrero de 2011, orgulloso y feliz de poder disfrutar de mi libertad –para mi, junto con el amor, el valor...
-
Hace tiempo que tengo abandonadas algunas secciones del blog hacia las que siento un gran aprecio, y que sé hay muchas personas –de las que...
-
"El papalote" es una canción creada por Silvio Rodríguez en 1972 y grabada, por él mismo, en los siguientes discos: "Grupo d...























