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martes, 29 de noviembre de 2011

MARINO SAIZ... CREADOR DE MUSICA COMO QUIEN RESPIRA

Marino Saiz.

Últimamente, cuando voy a un concierto, hay momentos en que me encanta dejarme seducir por todo lo que acontece en el escenario porque en realidad lo que allí está ocurriendo, la magia que se transmite y el disfrute que experimento en aquel momento, depende no solo de un personaje que figura y se nombra en el cartel anunciador, sino también del músico o de los músicos que le acompañan; grandes profesionales que a veces pasan desapercibidos y que llegan a hacerse imprescindibles.

Uno de esos músicos que tiene esa capacidad de seducirme siempre que le veo y que le escucho en un concierto, es el extraordinario violinista Marino Saiz que anoche acompañó a Diego Ojeda en el "introito" del concierto que Manuel Cuesta nos regaló en la sala Galileo de Madrid. (En próximos "cuelgues" comentaré el concierto de Manuel).

Marino Saiz y Diego Ojeda en la sala Galileo.


Marino Saiz compagina su actividad profesional como profesor de música en un centro educativo –¡me imagino como disfrutarán con él sus alumnos y alumnas!– con el acompañamiento, yo diría mejor "hermanamiento", con creadores e intérpretes –geniales y admirados– como Marwan, Tonxu, Luis Ramiro, Diego Ojeda, Andrés Suárez o Andrés Lewin, entre otros. Lo he visto-sentido-escuchado con todos ellos y ¡sí!...; en todos los casos me ha seducido con la música que sabe extraerle a su violín y con la pasión con que lo toca...

Por todo ello, hoy he decido dedicarle este "cuelgue" a Marino, por la admiración que siento hacia su trabajo; –la música además de un arte es también eso: un trabajo, un oficio, que dignifica y que hay que realizar con la máxima calidad y profesionalidad posible–...; y Marino es un músico de oficio impecable, un hombre sensible y extraordinario, un creador de belleza de los que cada día nos resultan, y nos van a resultar, más imprescindibles.

Anoche le hice a Marino varias fotografías y aquí las dejo como la presencia y el testimonio de un violinista que CREA MÚSICA COMO QUIEN RESPIRA.








JOAN BAPTISTA HUMET. II - LECCIONES DE HONESTIDAD


Este es Humet niño, al que hoy quiero incorporar a la "coral infantil"
con la que celebramos el primer aniversario de este blog

Este segundo "cuelgue" dedicado a Joan Baptista Humet deseo iniciarlo evocando su canción "Hay que vivir" –que le dio título a su quinto LP grabado en 1980–; evocarla en este momento para reivindicar con todas mis fuerzas esa necesidad de "VIVIR" que él sentía y que transmite en sus canciones; y para subrayar las "claves" que en ellas nos aporta a la hora de plantearnos la vida como un reto y un horizonte; claves que, hoy por hoy, tienen absoluta vigencia

«¡HAY QUE VIVIR!, AMIGO MÍO 
antes que nada hay que vivir, 
y ya va haciendo frío, 
hay que burlar ese futuro 
que empieza a hacerse muro en ti.

Habrá que componer de nuevo 
el pozo y el granero 
y aprender de nuevo a andar. 
Hacer del sol nuestro aliado 
pintar el horno ajado 
y volver a respirar. 
Quitarle centinelas, 
al parque y a la escuela, 
columpios y sonrisas volarán. 
Sentirse libre y suficiente 
al cierzo y al relente, 
mientras se va dorando el pan.

Habrá que demoler barreras, 
crear nuevas maneras 
y alzar otra verdad. 
Desempolvar viejas creencias 
que hablaban en esencia 
sobre la simplicidad. 
Darles a nuestros hijos, 
el credo y el hechizo 
del alba y el rescoldo 
en el hogar. 
Y si aún nos queda algo de tiempo, 
poner la cara al viento 
y AVENTURARNOS A SOÑAR».


Yo sé que Joan Batista Humet amó la vida y fue un gran soñador –fui testigo de ello–, pero también sé –y hay que contarlo– que, como decía ayer, tuvo que luchar mucho para conservar y defender su identidad y su libertad en el contexto de los tiempos difíciles de la dictadura y de la transición democrática. 

Una de aquellas luchas tuvo que mantenerla con su propia gente, con su propio pueblo, con su propia lengua...; al final Joan Baptista luchó y consiguió salvar su identidad defendiendo y ejecutando su derecho a la libertad; pero no fue un camino fácil, sobre todo porque tuvo que enfrentarse a la realidad de que el ejercicio del derecho a la libertad no siempre es entendido y aceptado, sobre todo, cuando su valoración, o su enjuiciamiento, se realiza desde planteamientos dogmáticos.

Ayer un lector de este blog –concretamente Pep– escribía un comentario a mi primer "cuelgue" con el que estoy totalmente de acuerdo y que me voy a permitir copiar seguidamente: «El rechazo de sectores catalanistas no se justifica –escribe Pep–, pero creo que debe contextualizarse. Eran tiempos en los que cantar en catalán, vasco o gallego implicaba una posición ideológica (y me parece que ahora, por desgracia, también). La sociedad estaba muy radicalizada y, en todos los órdenes sociales se palpaban estas actitudes, no sólo en la música. Los luchadores por la libertad, como tú, lo habéis vivido y sufrido. Hay que situarse en ese contexto para entenderlo. El tiempo ha permitido comprobar que Humet, Serrat, Llach o Raimon siempre han estado en el mismo bando».

Es cierto, tenemos que situarnos en aquel contexto –lo que no es fácil para quienes no lo vivieron–; Pep tiene toda la razón. Sin embargo, desde mi sensibilidad, nunca podré dejar de decir que para muchas personas que amaban –que amábamos– la libertad como Humet aquellos posicionamientos ideológicos  tan cerrados y tan dogmáticos –posiblemente necesarios y justificables en su momento– fueron a veces, y para ciertas personas, muy injustamente dolorosos.

El mismo Joan Baptista nos narra esa experiencia evocando como fue su entrada y su salida en el movimiento de la "cançó catalala"... Antes de leer esa experiencia, permitirme, como "previo", la afirmación de un convencimiento personal: Yo solo puedo decir, que Humet fue un "ser humano" que, por encima de todo, luchó por poner a salvo su honestidad, y que lo consiguió: fue un creador honesto, y además grande, libre, sensible, comprometido, solidario y bello en el sentido más amplio, global y radical de la "belleza".

Joan Batista Humet.

«Empecé a viajar con el equipo de Llach por toda Catalunya, la española y la francesa. –Comentaba Humet en su autobiografía–. Fue una época extraordinaria, única, de descubrimiento, apertura y clarificación. Yo había encontrado una vía de expresión, me movía en el contexto de la llamada Cançó Catalana, que hacía de la lengua propia –el cantar en catalán– una seña de identidad necesaria. Era normal, el catalanismo, lo catalán, había estado disminuido, perseguido por la dictadura de Franco. Y no sólo por éste, sino por la concepción monocolor de cualquier sistema fuertemente centralizado como el español. Desde el centro, es difícil entender las fuerzas centrífugas de las periferias y, en aras de la cohesión, es habitual el anteponer corrientes centrípetas muy fuertes, sea en tiempos de dictadura o en períodos supuestamente democráticos como el actual.

Entendía aquel movimiento, pero no era el mío. Estuve en él el tiempo justo para distinguir la oportunidad que se me daba del oportunismo. Lo mío era distinto, había crecido a caballo de dos culturas, la catalana de mi padre y la valenciano-castellana de mi madre. Recuerdo una frase de Rilke: “la patria de un hombre es su infancia”. Y mi infancia y mi patria infantil no se distinguieron por la tierra, sino por el camino, el sentido del trayecto: mis continuos desplazamientos entre Terrassa y Navarrés, zona industrial–zona rural, ambiente burgués–ambiente campesino, estudios–libertad. Ese sentimiento, ese claroscuro, lo plasmé años más tarde en una de mis canciones más sinceras, El extranjero, donde ponía en evidencia un sentimiento profundo de libertad y a la vez, la íntima soledad del desclasado, del apátrida. (Aquella canción decía: "Dando tumbos voy y vengo por la vida cada vez más extranjero")

Joan Batista Humet. (Fotografía de Colita)

Una cosa que recuerdo con especial cariño de aquella época fueron los forums. Era normal después del recital, sentarnos al borde del escenario y conversar con el público, responder a sus preguntas. Allí se advertía una energía inmensa que se estaba movilizando en una dirección, era un momento de plenitud en la esperanza. La esperanza es lo mejor, si no lo único, que aportan las dictaduras; la capacidad de ensoñación, el motor emocional. Y yo aportaba, no mi capacidad de análisis –que era nula– sino mi capacidad emocional. Compartí en más de un centenar de pueblos y ciudades mis sentimientos con la gente; eran sentimientos atemporales… y en aquellos momentos primaba lo contingente. Yo era un cantante de grises, de matices, y en aquel momento no había lugar a las medias tintas, la respuesta debía ser clara e inmediata.

Recuerdo una conversación con el agente de un cantante comprometido de éxito. Le pregunté: “Tu pupilo (por no dar su nombre), ¿no duda nunca?”. Y él me contestó: “Sí, pero en público no se lo puede permitir”.

Ese era el contexto de aquella época, de aquella etapa de mi vida. En uno de los recitales del sur de Francia, en uno de los forums, se me volvió a hacer la pregunta que el plante de Serrat a Eurovisión por una cuestión lingüística puso de moda: “¿Alguna vez cantarás en castellano?” . Y yo, una vez más, respondí de la misma manera: “Hablo en catalán pero pienso en castellano; por tanto, tengo claro que algún día escribiré canciones en castellano”.

Ese mismo día, con la franqueza y el afecto con que se me había acogido dos años atrás, se me dijo que no estaba del todo alineado con aquella movida, que mi mensaje… como que rompía la estética del conjunto. Y nos dimos la mano por última vez... Volví a sentirme intruso. Y volví a casa, a Terrassa».

Y vuelvo de nuevo sobre la obra y la discografía de Joan Baptista Humet. Tras la grabación y edición de "Fulls" (1973) y de "Diálogos" –discos de los que hablaba ayer–, aparecieron "Aires de cemento" (1978), "Fins que el silenci ve" (1979) –al que dedicaré el "cuelgue" de mañana–, "Hay que vivir" (1980), "Amor de aficionado" (1982) –con bellísimas canciones como "Yo no podría vivir sin ti", "Luz de gas", "Otoño en Navarrés" o "Tengo un amigo"– y "Sólo soy un ser humano" (1984).



Tras la grabación de su disco "Sólo soy un ser humano", Joan decidió alejarse por un tiempo de la música, reapareciendo en 2004 con un disco al que le puso un título claramente metafórico y significativo: "Sólo bajé a comprar tabaco".

«De pronto un cable se le cruzó
ante aquel vértigo repentino, 
cerró la puerta del camerino,
tiró la llave y desapareció. [...]

Por quince años pudo esconder
sus sentimientos a cal y canto,
sin compromisos ni desencantos
que le prendieran con alfiler. 

A ras de suelo se reconcilió 
con la frescura del desconocido,
haciendo suyos los contenidos
de las canciones que defendió. 

Y se dejó llevar por el olvido [...]

Un día vino a reconsiderar
si algunos cambios no estarán prohibidos,
si uno no es más que lo que siempre ha sido
y ya no hay forma humana de escapar.

Y se aburría tanto en su mudez
y le dolía tanto la cordura,
que decidió lanzarse a la aventura
y airear de nuevo su desnudez». 
(Joan Baptista Humet. "El regreso". 2004)



Y mañana más, todo lo MÁS que se merece este cantautor del alma cuya vida fue –si hay que resumirla– una gran LECCIÓN DE HONESTIDAD.

lunes, 28 de noviembre de 2011

JOAN BAPTISTA HUMET. I - VIVO EN SUS CANCIONES, SOBRE TODO, POR SU GRANDEZA HUMANA Y POR SU SENSIBILIDAD

Joan Baptista Humet.
El próximo día 30 de noviembre hace tres años que nos dejó un cantautor de los grandes, de los buenos, de los inolvidables, de los que permanecerán siempre vivos en la memoria de la "canción popular" por la extraordinaria belleza y sensibilidad de sus creaciones; su nombre es Joan Baptista Humet. Nació en Navarrés –pueblo agrícola del interior de Valencia– el 4 de enero de 1950 y falleció el 30 de noviembre de 2008, en Barcelona.

Llega el otoño a Navarrés de nuevo
va encaramándose a los olmos sobre el sendero.
Llega en el viento que recorre los sembrados
y en el reloj del campanario estropeado.

Llega el otoño a madurar los campos
fluye por la canal y cuelga de los naranjos
y a media tarde se adormece en el casino,
apura un vaso de vino y abre un dominó».
(Joan Baptista Humet. "Otoño en Navarrés". 1982)

Cartel del I Fesival de Canción de Autor "Otoño en Navarrés" que se celebrará
en la Casa de la Música de Navarrés. los días 2 y 3 de diciembre.

Sobre los primeros pasos dados por Joan Baptista Humet en el mundo de la canción, creo que resulta interesante acudir a lo que él mismo relataba en su autobiografía:

«Nada más nacer volví en brazos de mi madre a Terrassa –la ciudad donde vivía la familia–, allí crecí y estudié once años en las Escuelas Pías de Terrassa. Acabé el Preuniversitario y en 1968 me fui a Barcelona, a 30 kilometros de allí, a estudiar Arquitectura. Llegué a tercero de primero. Es decir, repetí curso por dos años. Yo tocaba algo la guitarra, y seducido por el arte de Joan Manuel Serrat, que entonces emergía, junto a otros cantautores, como una isla bellísima en un mar de mediocridades de la España de la pandereta, decidí que quería dedicarme de lleno a la música, a componer y cantar mis canciones como ellos.

Reconozco que mis padres debieron sufrir cuando les anuncié que dejaba la carrera, pero hoy valoro el respeto y la confianza que mostraron hacia quien no era sino un chiquillo.

A los 18 años, en octubre de 1968, canté por primera vez, en un teatro de Terrassa. Fueron tres canciones junto a Serrat, y ahí me acabé de decidir. Todo estaba por hacer, pero ante mí solo se abrían posibilidades, magníficas posibilidades de actuar en directo en el contexto de la llamada “cançó catalana”.

Conocí entonces a Lluís Llach, y estuve actuando a su lado como telonero por dos años. En 1970, Columbia, una compañía de discos, me propuso mi primer contrato discográfico. 

Joan Baptista Humet. Segundo single. Columbia, 1971.

Fue la época de temas escritos en catalán como "Gemma", "Busco una flor", "Tonades", etc., y luego un long play llamado «Fulls» («Hojas») (1973).


Primer LP de Joan Baptista Humet: «Fulls» (Columbia, 1973)

En 1973 fui a hacer el servicio militar a Palma de Mallorca. Allí conocí a Loli, la mujer con la que me casaría dos años más tarde. Con ella tuve dos hijos, Joan y Esteve, aunque por respeto a ella, en casa se habló siempre castellano. Así había sido siempre en mi niñez; en casa de mis padres se habló castellano por idénticas razones, y era lógico pensar que yo acabaría componiendo canciones en castellano. Y así fue: la mili, junto a Loli, fue el escenario perfecto. De ahí nació «Diálogos», mi primer disco en lengua castellana, que grabé para Movieplay». 

Aquella decisión de cantar en castellano, vivida por Humet de forma natural, le obligó a distanciarse del movimiento de la "nova cançó"; fue una decisión –difícil para Joan– que no fue ni comprendida ni aceptada. Con frecuencia se le criticó, e incluso se le marginó, en ciertos círculos culturales catalanistas, al considerar que sus creaciones y sus planteamientos eran demasiado comerciales; crítica que en el fondo enmascaraba, como también ocurrió en el caso de Serrat, el rechazo –teñido de intolerancia– hacia la opción que un buen día tomó de cantar en castellano.

Personalmente, al margen de mediocridades ideológicas "de poca monta" como las mencionadas, creo que Joan Baptista Humet fue –y ahí queda su obra para comprobarlo– un poeta y un músico de enorme sensibilidad y de una extraordinaria nobleza y humanidad; cualidades que le ayudaron a hacerse muy popular y a conectar con un público que llegó a sentirse plenamente identificado con las experiencias y con los sentimientos que era capaz de transmitir en sus canciones.


Prueba de ello fueron las canciones que grabó, por ejemplo, en su disco titulado "Hay que vivir", editado en 1980.


Entre esas canciones destaca por ejemplo «Clara», en la que Humet aborda –en el contexto de principios de los años ochenta– la desgarradora y absurda muerte de una joven como consecuencia del consumo de drogas. Enternecedora canción –tierna y desgarradora  la vez– que nos aporta el tono y la calidad humana y artística de este cantautor lamentablemente ausente.

«Clara, distinta Clara,
extraña entre su gente, mirada ausente.
Clara, a la deriva
no tuvo suerte al elegir la puerta de salida.
Clara, abandonada
en brazos de otra soledad.

Esperando hacer amigos por la nieve
al abrigo de otra lucidez,
descubriendo mundos donde nunca llueve,
escapando una y otra vez.
Achicando penas para navegar...
Estrellas negras vieron por sus venas
y nadie quiso preguntar.

Clara se vio atrapada
abandonó el trabajo, se vino abajo.
Clara languidecía
perdida en un camino de ansiedades y ambrosías.
Clara no dijo nada
y un día desapareció

Recorriendo aceras dicen que la vieron
ajustando el paso a los demás
intentando cualquier cosa por dinero
para hincarse fuego una vez más.
Esa madrugada
Clara naufragó,
tenía el mar de miedo en la mirada,
las ropas empapadas
y el suelo por almohada,
y lentamente amaneció».
(Esta canción puede escucharse en: http://www.youtube.com/watch?v=c2w148XdZhY)

De esta bellísima canción –que no ha perdido vigencia, como muchas de nuestros grandes "cantautores"– Juan Trova, creador granadino, interpretó una magnífica versión, acompañado del propio Humet; versión que puede escucharse en el disco titulado «Segundo corazón» que Juan Trova grabó en el año 2006. 



(Por cierto, Juan presentará en Madrid –en Libertad 8– su nuevo disco-libro «Alguien al otro lado», creado en colaboración con el poeta Andres Neuman. Concierto que se celebrará el próximo día 6 de diciembre y que promete ser espectacular porque está previsto que le acompañen dos músicos y guitarristas extraordinarios: Nicolás Medina y Alberto Ruiz...; todo un lujo del que, por supuesto, no me voy a privar. ¡Allí estaremos!... El Libertad 8, el próximo día 6).

Y por hoy, concluyo este primer "cuelge" dedicado a Joan Baptista Humet...; mañana y pasado seguiré hablando de su personalidad y de su obra, e, inevitablemente, del amigo; una amistad que iniciamos en Barcelona a partir de la presentación en el Palau de la Música de su obra «Fins que el silenci ve» («Hasta que el silencio llega») (1979).

domingo, 27 de noviembre de 2011

"CANTIJUEGO" DEDICADO A LA VEJEZ Y A LA TERNURA

Hoy quiero que nuestro habitual "cantijuego" nos sirva de pretexto para rendirle un cariñoso homenaje a nuestros ancianos y a nuestras ancianas, y a la "vejez" que –queramos aceptarlo, o no–, es como un eclipse que se va produciendo lentamente, o demasiado deprisa, de la apasionante y apasionada aventura de vivir.

Hay un poema de Jaime Gil de Biedma –que musicalizó y cantó Loquillo en su disco "La vida por delante" (1994), y Mariona Segarra en "Lent, lent... Corrent!" (2009)– con el que hay momentos en que me siento muy identificado; el poema se titula "No volveré a ser joven" y dice así:

Jaime Gil de Biedma.

«Que la vida iba en serio 
uno lo empieza a comprender más tarde,
como todos los jóvenes yo vine 
a llevarme la vida por delante. 
Dejar huella quería 
y marcharme entre aplausos 
envejecer, morir, eran tan sólo 
las dimensiones del teatro. 
Pero ha pasado el tiempo 
y la verdad desagradable asoma: 
envejecer, morir, 
es el único argumento de la obra».

Aunque es verdad que hay momentos en los que la palabra de Gil de Biedma me atrapa; también lo es que hay otros momentos en que la vejez me inspira una inmensa ternura –sin duda, la ternura que reivindico y reclamo para mí mismo a las puertas de mi propio envejecimiento–; a esa ternura es a la que hoy quiero dedicarle "mi.nuestro" "cantijuego".

A continuación voy a copiar 10 fragmentos de textos de canciones que hablan de la ancianidad y de la vejez; todos van a aparecer escritos en castellano aunque algunos de ellos han sido cantados en otra lengua, por ejemplo, en catalán; en estos casos –con permiso de sus autores–  copiaré y "cantijugaremos" con los textos traducidos.

El reto –creo que hermoso– que hoy nos vamos a plantear es, sencillamente, identificar cuál es el título de cada una de estas canciones y el nombre de su autor, autora, o intérprete... 

Y sin más preámbulos, ¡empezamos!... Empezamos a gozar con la lectura de estos diez textos –que en sí mismo merece la pena–, y a ponerle nombre y autor a tanta belleza y sensibilidad.

1
«En la taberna del mar está sentado un viejo,
la blanquecina cabeza decaída,
enfrentado al periódico porque nadie le hace compañía.
Conoce el menosprecio que los ojos tienen por su cuerpo,
sabe que el tiempo pasó sin gozo alguno,
que ya no puede dar el antiguo frescor de la belleza que tuvo.
Es viejo, lo sabe muy bien, es viejo, se da cuenta,
es viejo, y lo nota cada vez que llora [...].
En la taberna del mar está sentado un viejo,
que, de tanto recordar, tanto soñar,
se ha quedado dormido en la mesa».

2
«Siempre te recuerdo vieja
sentada frente al portal,
repasando antiguas mudas
que ya nadie se pondrá [...]
Siempre te recuerdo vieja
zurciendo la eternidad
con tus palabras menudas
ocultando la verdad».

3
«Nadie sabe muy bien con lo que sueña
pero en la vieja tasca todo el mundo sabe que es poeta,
y que perdió la guerra y fue marinero
en Tánger o Tetuán. Pero nadie sabe lo que sueña.
Nadie sabe muy bien cual fue su guerra
pero en la estrecha tasca todo el mundo le llama coronel;
y que vivió en América los años de posguerra
y que son Antonio Machado y Hernández sus poetas».

4
«Y se cogen de las manos
los viejos amantes.
Y recuerdan, como ayer,
las flores que cortaron.
Se miran y lo saben todo,
no tienen que decir nada, ninguna palabra.[...]
Y se acunan cada noche
como dos niños pequeños.
Y se cogen de las manos
los viejos amantes.
Y se preguntan «¿Estás bien?
¿Hoy no te duele nada?»

5
«Se levanta muy temprano 
con todo el día por delante. 
Y da vueltas por la casa, 
estorbando en todas partes. 
Se anuda al fin la corbata, 
en tiempos tan elegante. 
Lo mismito que un pincel 
el viejo se echa a la calle.[...]
Con un vinito en el cuerpo 
el viejo a su casa se abre. 
Ella lo espera en la puerta. 
"Menudo cuerpo me traes". 
Comen los dos en silencio. 
De vez en cuando una frase 
rompe las cuatro paredes. 
"¿Decías algo?¿Me hablaste?".
Son tantos años de oírse 
que no saben escucharse. 
"¿Sabes algo de los chicos?" 
"El mayor llamó ayer tarde". 
Pasan el tiempo en silencio. 
Después de comer no salen. 
Luego cenan y ven tele 
un ratito y a acostarse».

6
«En la casa que está en la orilla del mar,
cinco hijos forjó percadores del mar;
que un Diciembre febril, lleno de tempestad,
no volvieron a tí, se los quedó la mar. [...]
En la orilla del mar se perdió tu reir 
y en la orilla del mar tú aprendiste a sufrir. 
En la orilla del mar envejeció tu piel 
y en la orilla del mar tú inventaste la fé».

7
«Por una calle de Cáceres
bajaba un viejo.
En sus ojos lleva el alma
que sostiene su cuerpo.
El cigarro en la oreja
y el paso lento
y en su frente los surcos
del sol y el tiempo [...]».

8
«Iba yo de tu mano pequeñito
las cosas gigantescas que miraba
eran como por siempre inalcanzables
pues el tiempo a mi edad nada importaba.
Al evocar tu voz y tu ternura
en hermoso paseo hacia el "masluz"
me volcabas la fe de tu alma pura
para que un día creyera como tú.
Y llegabas saludando a tus hermanos
al señor Evangelino, a Doña Flor
y en aquella enorme silla me sentabas
y entonábamos un cántico de amor.
Hoy me recuerdo abuela, pequeñito,
descubriendo tu voz y tu ternura
y aunque sólo en el hombre crea, admito,
que tu canto creció con mi estatura».

9
«Abrí la puerta
y teníais las manos enlazadas [...].
Pensasteis que tan mayores
no hay que hacer estas cosas,
pensasteis que con la edad
eso no tiene el encanto de los jóvenes,
que qué va a decir la gente,
mejor ser más discretos y...
No supe deciros
cómo me gustaba veros,
no supe cómo decir
que vuestro goce tan tímido
abría espacios de amor
donde estaba escrito que...
lo viejo es tan bello,
lo viejo es tan bello
que se abren los límites
del tiempo, del arte, del canto, de mí, de ti, del mundo... la vida».

10
«Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.
La inmensa luna diamante era la mejor fortuna
que acompañó al emigrante de aquella España lorquiana y dura. [...]
No sé si he podido ser lo que él soñó que yo fuera,
lo cierto es que, mire usted, mi abuelo fue mi primera escuela, [...]
Mi abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna, 
abuelo pintó mi infancia con un verdor aceituna.
Se puede viajar el mundo en los ojos de un abuelo
que nos regala la luna dibujada en un pañuelo». 

Y para concluir, ¡ya sabes!... si quieres "cantijugar" o seguir la marcha del "cantijuego" asómate un ratito  al apartado de "comentarios"... ¡Allí te espero!.

¡MALDITAS GUERRAS! 100 + 100 + 20

Hoy vuelvo sobre esa ficción, que algún día podría hacerse realidad, conocida como "Star War" ("Guerra de las galaxias") –que, por cierto, es algo que me repugna– . ¿Os imagináis que una mañana, como la de hoy, nos levantáramos y viéramos nuestras calles invadidas –o mejor. "apestadas"– por una escena como esta?

Darth Vader, oscuro y despiadado personaje
seguido de su panda de pistoleros herméticos y sin alma.

Sé que esto es algo relacionado con la "ciencia ficción", pero tan solo imaginarlo me produce miedo y terror... ¡Que le vamos a hacer!... Yo soy así...

Frente a esa situación –sea real, o no– se me ocurre proponerle a Darth Vader la siguiente alternativa:



En esta mañana de domingo, mi alternativa, aunque sea de corto alcance –soy consciente de ello– es clara, apasionada y apasionante:

¡VAMOS A DARLE A LA PAZ 
UNA OPORTUNIDAD!... 

Vamos a soñar con que la paz es posible y ¡echémonos a volar!, porque como dice Fernando Savater

sábado, 26 de noviembre de 2011

GENERACION «OCHENTIÍ» ATERRIZA EN MADRID. TERCERA PARTE Y UN "ACHUCHÓN" AGRADECIDO

Alberto Alcalá.
«Si solo costara dinero te compraría tiempo
si solo valiese tiempo te regalaría un reloj [...],
un reloj que deje de darle cuerda a la costumbre
que tiene el despertador de encenderme el sol
cuando no da lumbre mi corazón»
(Alberto Alcalá. "Tiempo")

Estos son los primeros versos de la canción "Tiempo" que Alberto Alcalá interpretó en el concierto que ofrecieron en Madrid los componentes de "Generación Ochentií".

Concluída su canción, Alberto fue el encargado de reclamar la salida de María Alsondelpez al escenario; cantaron juntos, y ambos  protagonizaron uno de los momentos que, para mí, fueron de los más mágicos de la noche.

María Alsondelpez y Alberto Alcalá.

María "Alsondelpez" –malagueña– es una joven compositora que, como Alberto, reivindica y crea una "nueva y rejuvenecida canción del sur" con composiciones muy hermosas y de una sorprendente madurez poética y musical. Acaba de grabar una maqueta –con once canciones– a la que titula "Cuarto de pez", que nos presenta diciendo: «"Cuarto de pez" es un cachito de lo que puedo mostrar y al mismo tiempo un cachito de mí, de mis noches, mis momentos conmigo que gracias a esta maqueta por fin van a poder estar contigo». (En los próximos días tengo pensado comentar las canciones de esta "cantautoraza" malagueña que tiene una sonrisa a la que Neruda seguro que le volvería a escribir aquello de «quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa porque me moriría»).

María Alsondelpez.

Tras la intervención de María cantó Road Ramos, que junto con María Rozalén, fueron mis dos grandes y sorprendentes descubrimientos de la noche. Es llamativa y gozosa la fuerza y la calidad que está surgiendo en el canto de estas nuevas generaciones. Road Ramos y María Rozalen son dos cantautoras a las que quiero y tengo la necesidad de conocer y escuchar cuanto antes...; me pongo tarea, una  tarea que quiero cumplir lo mas inmediatamente posible porque estoy convencido de que va a ser para mí una experiencia estética muy gratificante.

Road Ramos.
María Rozalén
Otro esperado y brillante momento de la noche fue la intervención de Petete y sus confetis; primero cantó con Road Ramos, después en solitario y, a continuación, presentó y cantó con Muerdo.

Petete y Road Ramos.
Muerdo y Petete.
De Muerdo, decir que subrayo, punto por punto, lo que ya escribí en la crónica de su disco "Flores entre el acero". (Ver: http://fernandolucini.blogspot.com/2011/10/muerdo-la-grandeza-y-la-dignidad-de-un.html). Paskual Kantero "Muerdo" está realizando una magnífica y necesaria fusión entre la más arraigada tradición de la "canción de autor", y los nuevos tiempos, las nuevas músicas, y los renovados compromisos y reivindicaciones sociales y solidarias que hoy más que nunca resultan imprescindibles. Creo y estoy convencido de que es un "cantautor" de esperanzados horizontes.

Muerdo.
Y poco más que decir después de estas tres crónicas... Solamente enviarles un abrazo y un "achuchón" agradecido a los doce "ochentií"; proyectos como el que han emprendido son importantes y necesarios.

GENERACION «OCHENTIÍ» ATERRIZA EN MADRID. SEGUNDA PARTE...; Y QUEDA LA TERCERA

Continuando el "cuelgue" de ayer, sigo comentando el concierto que nos ofrecieron los creadores de la "Generación Ochentií", el pasado día 24, en la sala Libertad 8, de Madrid. (Anoche cantaron en Barcelona y hoy lo hacen en Andorra).

La primera parte de esta crónica, colgada ayer en el blog, la dejamos cantando los "Tres en Raya" la canción "Mañana" –tema que cada vez que lo vuelvo a escuchar, más me gusta–. Dani Fernán, su autor, es un magnífico creador, con clara identidad sureña y con mucho que contar-cantar en el horizonte; sus canciones fluyen de suspiros y de experiencias "jondas" –en el sentido de lo íntimo, o de lo profundo de la vida y del por vivir–, y se quiebran en su garganta, y en el compás de sus manos, contagiando vuelos, pasiones, sueños, y ganas, muchas ganas, de amar –cuerpo a cuerpo–, y de vivir ... Es muy importante que Dani grabe su primer disco cuanto antes.

Finalizada la canción, Dani reclamó la subida al escenario de Adriana Morages para que le acompañara al piano y así fue.

Dani Fernán y Adriana Moragues al piano.
Adriana Moragues, desde que la escuché cantar por primera vez en un concierto de Ángela Biedma, me tiene "enganchao" a su voz y a lo que narra y sueña en sus canciones; aquel día me mostró como era "La casa del árbol" en la que protege sus sueños, y desde entonces no dejo de imaginarla, –esa es una de las canciones que últimamente me persiguen, no sé cuantas veces he llegado a escucharla–.

A través de su canto, esta cantautora sevillana delata una extremada sensibilidad y una muy hermosa utilización del leguaje –sus canciones son construcciones poéticas repletas de imaginación y de buena literatura–; se nota claramente que esta chica a "mamao" la "canción  de autor" desde la cuna. (En su caso, como en el de la mayoría de sus compañeros y compañeras de la "generación onchentií", sería necesario –yo diría que imprescindible– el apoyo, no sé muy bien de quien, para que pudieran desarrollar y promocionar sus creaciones con más medios y con muchos más estímulos).

«Recorrimos medio sur
en tan solo un par de noches de verano
y yo sentía que tocaba
las estrellitas más bonitas desde el tejado
estando a tu lado.
Dejame ser aroma que perfume tus entrañas
en cada madrugada».
(Adriana Moragues. "Medio sur").

Adriana Moragues.

Adriana, concluída su canción, reclamó la presencia de Alvaro Laguna, y allí apareció de nuevo... Interpretaron una canción juntos –como a lo largo de la noche lo fueron haciendo todos los "ochentií"–, y a continuación Álvaro cantó unos de sus temas en solitario.

Álvaro Laguna y Adriana Moragues.

Las canciones que Álvaro crea e interpreta son tremendamente originales y suponen una clara alternativa al concepto clásico de la canción de autor. Siempre que le oigo interpretar cualquiera de sus temas no puedo dejar de pensar y de recordar la primera vez que escuché a Sisa, a Pau Riba, a Albert Pla, o al mismísimo Kiko Veneno, creadores que sirviéndose de un interesantísimo surrealismo musical y poético de ruptura, proyectan una muy profunda y alternativa visión de la vida y una inmensa ternura. En realidad, Álvaro es muy diferente a todos ellos, pero inconscientemente me los trae a la memoria. Impresionante, por ejemplo, la ternura que Álvaro manifiesta, por poner un ejemplo, en su muy hermosa canción "Tigo", grabada en su disco "Dieciséis novenos". Os recomiendo escucharla.

Álvaro Laguna.

Y acompañando a Álvaro Laguna apareció, con su guitarra, la presencia y la hermosa voz de Patricia Lázaro, joven granadina de largo recorrido musical, que nos confirma, con evidencia, que efectivamente, es posible «cantar –y cantar bien– como quien respira».
Patricia Lázaro y Álvaro Laguna.
El concierto siguió su curso –cálido y espontáneo– y Patricia presentó y solicitó la presencia de Alberto Alcalá –con quien habitualmente suele cantar–... He de decir que tengo pendiente un "cuelgue" muy especial dedicado a Alberto; creo, sinceramente, que es uno de los creadores más geniales de esta generación de cantautores de los ochenta.

Alberto Alcalá y Patricia Lázaro.

Cuando le escuché cantar a Alberto por primera vez me quedé sorprendido y enormemente gratificado. Hacía tiempo que venía buscando una "nueva canción del sur˝ con verdaderas señas de identidad; una "nueva canción del sur" con raíces; y Alberto, de repente, me la descubrió tanto a través de sus composiciones musicales, como en sus textos y en su forma de cantar: voz y latido. En lo que él canta sobrevuelan, por ejemplo, los aires siempre vivos de Morente y de Carlos Cano, y lo hace de forma libre pero con la feliz dependencia de una misma sensibilidad, de una misma forma de entender la vida y, sobre todo, desde la afirmación rotunda de que "el Sur existe" con su propia y esplendorosa identidad que está, por supuesto, a años luz del tópico o del "Verigüés fandango" que diría Carlos Cano.

Alberto Alcalá.

Inevitablemente, este "cuelgue" se está alargando demasiado, como debe ser, porque los doce componentes de la "Generación Ochentií" se lo merecen, sobre todo, por el trabajo cultural que están realizado; aman la música y en su defensa y difusión están dando un auténtico testimonio de bien hacer y de generosidad... Está siendo una gira ilusionada, larga e intensa que –¡puedo asegurarlo!– hasta puede que les vaya a costar invertir parte de sus ahorros... ¡Gran lección contra la mediocridad!

Así pues, cierro aquí esta segunda parte de la crónica...; la cuelgo en el blog, y esta tarde, ¡vamos con la tercera!... 

¡ALEGRÍA DE PODER COMPARTIR UN GRAN ACONTECIMIENTO!...

ALEGRÍA DE PODER COMPARTIR ESTE GRAN ACONTECIMIENTO: A partir del próximo 25 de septiembre va a reponerse en cines la película CHICHO o MIEN...