Vistas de página en total

viernes, 16 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 70

Voy a hacer un pequeño paréntesis en los cuelgues que vengo desarrollando dedicados a José Antonio Labordeta para transmitir, y dejar constancia, de una experiencia que viví anoche y que, sin esperarlo, se convirtío en una especie de espaldarazo a mi fortaleza para seguir creyendo en la paz como una posibilidad real; no fue nada extraordinario, fue algo sencillo y cotidiano, pero, a la vez, creo que importante.

Anoche estuve en Libertad 8, donde cantaban Alfonso del Valle y Manuel Cuesta; llegué bastante cansado y no pude quedarme a todo el concierto. 

Ante aquella circunstancia, Manuel que sabe que una de sus canciones que más me gusta y más me emociona es "Tu risa en la Alameda" –tema que suele cantar al final de sus conciertos– decidió cantarla al principio para que yo pudiera escucharla, y disfrutarla, antes de marcharme a casa.


Os propongo recordar primero la letra de esa canción –si tenéis la oportunidad, no dejéis de escucharla–, y luego os cuento los motivos por los que hoy ocupa este rinconcillo del blog que dedico, diariamente, a maldecir la guerra y la violencia.

«Crece entre el fulgor de la ciudad,
este paseo que antaño fue un pantano
que hacinaba los sueños, la enfermedad
convirtiendo lo sumergido en altozano
Aun conservo mis viejos cárteles de cine
que compraba los domingos en el mercadillo
y las cintas de cassette pirata
de Silvio, Dylan y O'Funkillo
Álamos, canales, tajuelos y tres fuentes
habitaban en este paraíso perdido
de vecinos que nadaban contra la corriente
y nadie que dijera todo esto esto está prohibido

Esta noche quiero llevarte a pasear
y beberme a tragos tu risa en la Alameda
dos leones custodiarán mi alma en el Boulevard
Mientras Hércules y César
sonríen desde la arboleda.
Si quieres levantarle la falda a esta ciudad
tienes que venir bajo su manto de estrellas
brindaremos por Paco Zapata en el Central
mientras Hércules y César
contemplan la polvareda.

Si pisas sobre el paseo de la Alameda
pisarás el viejo túnel de un metro que nunca fue
ahora el túnel es un pozo de tormentas
y las putas hace tiempo que abandonaron el edén.
Sevilla renacentista y barroca
refugio para Ulises, hogar de las Sirenas
los labios que saben rozar las bocas
y Bécquer con un verso quita a las musas las penas


Esta noche quiero llevarte a pasear
y beberme a tragos tu risa en la Alameda
dos leones custodiarán mi alma en el Boulevard
mientras Hércules y César
sonríen desde la arboleda
Si quieres levantarle la falda a esta ciudad
tienes que venir bajo su manto de estrellas
brindaremos por Paco Zapata en el Central
mientras Hércules y César
contemplan la polvareda.

Espacio para el arte, el amor, la resistencia
fueron exiliados los mercaderes ambulantes
ahora quieren enterrar el albero en la opulencia
bajo la explotación urbana, olvidar lo que fue antes
Llévame esta noche a beber a la Habanilla
y pídeme un Gin Tonic que esta noche celebramos
que Manolo caracol la lía por Seguidillas
que esta sigue siendo la Alameda que soñamos.

Esta noche quiero llevarte a pasear
y beberme a tragos tu risa en la Alameda
dos leones custodiarán mi alma en el Boulevard
mientras Hércules y César
sonríen desde la arboleda
Si quieres levantarle la falda a esta ciudad
tienes que venir bajo su manto de estrellas
brindaremos por Paco Zapata en el Central
mientras Hércules y César
contemplan la polvareda.

Que hoy habrá revolución,
dará comienzo en la alameda».

Esta bellísima canción de Manuel Cuesta, que la he escuchado cientos de veces –él la canta cada vez mejor–, anoche en Libertad 8 me provocó  dos pensamientos que me gustaría compartir.

En primer lugar, me trajo a la memoria estas palabras de Daniel Barenboim: «No hay solución militar para la paz, y mientras haya quien lo piense, no se conseguirá nada [...]. Creo que a través de la música puede superarse el odio y crearse el diálogo, el entendimiento y la armonía»... ¡Totalmente de acuerdo!... 

Y anoche yo pensaba: «Creo que mientras un ser humano sea capaz de crear canciones como "Tu risa en la Alameda", hay esperanzas para la PAZ y para el cese de la violencia; y lo creo porque estoy convencido de que la "belleza" y la "sensibilidad" son dos de los caminos imprescindibles para nuestra deseada e implacable abolición de las guerras»... "Tu risa en la Alameda" es, sobre todo eso: belleza y sensibilidad.

El segundo pensamiento que anoche me atrapó giró en torno a lo que Manuel dice al final de su canción: «La revolución dará comienzo en la alameda»...; la revolución auténtica, la revolución de la PAZ –en nuestro caso– comienza y se hace posible en lo cotidiano, en el día a día, en lo sencillo, en las pequeñas cosas, en la calle, en la ternura.... «en la alameda»... ¡Gracias Manuel!

LABORDETA V - "VENGO A CANTARLE A LA EMIGRACIÓN"

José Antonio Labordeta.

Entre los paisajes y los personajes que Labordeta nos ha fotografiado en sus canciones, merece la pena destacar aquellos que, durante muchos años, sufrieron el impacto y la crueldad de la emigración, realidad social que José Antonio ha abordado ampliamente, con una gran riqueza y variedad de matices, y con especial sensibilidad.

En este sentido me limitaré tan sólo a ir hilvanando los textos de sus canciones estructurándolos en cuatro secuencias: el origen y las causas de la emigración, la dolorosa salida de los emigrantes hacia otras ciudades españolas o extranjeras, el dolor y la soledad de los que se quedan y de lo que se abandona, y el regreso –cuando se produce–, reencuentro, no siempre liberador, con lo que tanto se amaba.

José Antonio Labordeta.

El origen y las causas de la emigración aragonesa, al igual que en otros pueblos de España, entronca directamente con la realidad social de la pobreza y de las desigualdades sociales; es decir, con la miseria y con la injusticia sufrida por un amplio sector de la ciudadanía carente de los horizontes y de los medios económicos suficientes para poder sobrevivir en su propio hogar con un mínimo de dignidad.

«Estate toda la vida
amorrao a los secanos
pa que luego, desde arriba,
te los quiten de las manos».
("Cuando se agosta el campo").

«Hace tiempo que nos dicen
que ya todo se andará:
Aquí lo único que anda
es la gente que se va
que camina con su casa
y nunca más volverá»
("Cantes de tierra adentro").

Situación desesperada, vivida con la más radical impotencia, y ante la que sólo se encontraba una salida: cerrar la casa, o dejar en ella a parte de la familia amada, para buscar, en el desarraigo de otras tierras –en algún lugar del mapa– el pan y el trabajo, que en la suya les eran negados.

«A esto del mediodía
y el sol subido,
detenemos el tajo
para un suspiro
y entre bocao y trago
contemplo al chico
que el día que madure
se irá contigo...
... contigo a no sé donde
aquí no hay sitio,
ni lugar, ni trabajo
para este crío».
("A varear la oliva")


Con la casa a cuestas y con la rabia que produce abandonar lo que se ama, fueron muchos miles de hombres y de mujeres aragoneses –especialmente campesinos– los que se vieron obligados, de forma irremediable, a tomar los trenes de la emigración.

José Antonio, en su canción "Todos repiten lo mismo" –posiblemente una de sus canciones más duras y de mayor amargura– nos describe la imagen dolorosa de esa salida.
«Si en algún camino encuentras
gente con la casa a acuestas
no les hables de su tierra
que te mirarán con rabia.
Con la rabia en la voz y el viento,
con la rabia en sus palabras,
con la rabia que produce
abandonar lo que se ama».
("Todos respiten lo mismo")

La tercera secuencia que Labordeta nos ofrece, sobre la experiencia y el drama de la emigración, tiene como escenario la situación desoladora en la que quedan el paisaje y los pueblos tras el abandono, a veces masivo, de trabajadores, y, con frecuencia, de familias enteras que, huyendo de la pobreza, se ponen en camino a la búsqueda incierta de una nueva esperanza.

«Sólo quedan los viejos
y los barrancos
como esqueletos rotos
contra la tarde.
Tardes que se hacen noches,
noches enteras
esperando la vuelta
que nunca llega».
("Las arcillas")

De nuevo en esta perspectiva, José Antonio logra introducirnos en esa situación desoladora, a través de su conexión vital, afectiva y poética con los seres humanos que la protagonizan, y, en particular con los ancianos.
En concreto, hay tres canciones en las que Labordeta nos sumerge en esa realidad, configurando una descripción de los hechos, profunda, de radical humanidad y muy conmovedora.  Esas tres canciones son: «La vieja», «Carta a casa» y «Poema».

«Siempre te recuerdo vieja
sentada junto al hogar,
acariciando la lumbre,
la cadiera y el pozal.
La tristeza de tus ojos
de tanto mirar,
hijos que van hacia Francia
otros hacia la ciudad.
Miguel dice que va bueno
y parió la del Julián.
Tú te quedas con tus muertos
rezándoles sin parar,
pensando que en esta vida
sólo se puede llorar.
Siempre te recuerdo vieja
sentada frente al portal,
repasando antiguas mudas
que ya nadie se pondrá».
("La vieja")


«Te escribo hoy para contarte
lo que va sucediendo por la casa,
por las gentes del barrio,
los amigos, por la fábrica vieja,
lo que sucede y pasa.
Aquí madre está vieja,
igual que el tiempo,
y el abuelo Manuel ya lo internamos
por aquella locura de insensato
de salvar del naufragio al sindicato.
De María las nuevas no son buenas
pues anda enferma, dicen, por Gerona;
menos mal que a Raúl, lo han contratado
de travesti en un salón encopetado.
Y a mí, ya me ves, de casa a la oficina
y luego, por las calles,
a ver cómo se pierde el tiempo 
en las esquinas».
("Carta a casa").

«Te escribo, Juan, hermano,
ahora que la lluvia recorta suavemente
los ruidos en la calle,
para hablarte de que ayer allá arriba,
en el pueblo vacío del lento somontano
enterramos la abuela en aquel cementerio
cubierto de yerbajos, arbustos
y lápidas deshechas por el tiempo,
las nieves y el olvido [...]
La dejamos quieta allí, bajo la yerba,
las nubes pasajeras, los cierzos agoreros y los riscos.
Luego, cuando salimos, ya no quedaba nadie en el contorno.
Y aquí,en la ciudad de nuevo,
el abuelo, viendo caer el agua tras de los vidrios
ha murmurado lento, con sonrojo:
hoy seguro que llueve también
sobre la abuela, allá arriba, en el pueblo».
("Poema")

Unidas a estas tres canciones, son también numerosas otras en las que Labordeta vuelve a ofrecernos una nueva galería de personajes entrañables que no recorrieron, en un principio, los senderos de la emigración, pero que, un día, incapaces de soportar la soledad también optaron por la huida hacia las ciudades.

Entre esos personajes: Miguel –que protagoniza la canción "Coplas del tión"– que contemplaba cómo se marchaban del pueblo todas las mozas, y que decidió vender toda su hacienda para bajarse a la ciudad y colocarse en una tienda, antes que quedarse para tión, es decir, solterón: «Me aguantaré los modales, el ruido, la polución; todo antes de que me entierren solitario y de tión»; y como él "Severino el sordo", pregonero rural, que meditando sobre su situación de soledad y sobre la inutilidad de su oficio, llega a la siguiente conclusión: «Un día cojo la cabra, la trompeta y el tambor y me voy a Zaragoza y que pregone el patrón».



Y, junto a ellos, hombres y mujeres que, como Pedro Acín Bescós, optaron por quedarse aferrados a la tierra y a la esperanza «aguardando el temporal».

«María me dice: "Coño
marchénos de una vez".
Yo me hago el sordo y me digo:
"Esto no se puede perder".
Y aquí sigo en la matraca
de sembrar sin recoger,
a ver si algún día alguien dice:
"Ayúdenos de una vez"».
("Coplas de Santa Orosia")

Y, por último, una cuarta secuencia, protagonizada por los emigrantes que un día regresaron a la tierra natal; regreso, a veces voluntario, y, a veces, forzado por las circunstancias, que, en cualquier caso, siempre se producía en el marco de una profunda contradicción entre la emoción desbordante que supone el reencuentro con la tierra y el hogar, y la experiencia desalentadora y frustrante del dado irreparable que el tiempo y la distancia ocasionaron en sus vidas sin haber logrado, a pesar de ello, las expectativas y la liberación soñadas en aquel día, para muchos muy lejano, en el que iniciaron su exilio.

José Antonio Labordeta, aproximándose a esta cuarta secuencia, nos ofrece, en 1985, su "Crónica del regreso"; crónica cantada en la que de nuevo reaparece su lenguaje directo, testimonial y sensitivo, teñido, una vez más, de un realismo dramáticamente existencial.

«Me han cerrado la casa en silencio,
me han mandado otra vez para aquí,
a la piedra terrible, al secano,
cuando yo me he dejado los años
donde uno trabaja por mil.

Y de golpe me encuentro en mi casa,
forastero en donde nací,
forastero también en el tajo
donde yo levanté con mis manos
lo que uno trabaja por mil».
("Crónica del regreso")

José Antonio Labordeta.

jueves, 15 de septiembre de 2011

LABORDETA IV - "VENGO A HABLAROS DEL SER HUMANO: DE SU DOLOR Y DE SU ESPERANZA"

José Antonio Labordeta

Los paisajes fotografiados a través de la palabra cantada de Labordeta, a los que hacía referencia en el "cuelgue" de ayer, son siempre paisajes empapados de humanidad; paisajes en los que podemos escuchar y encontrarnos con el latido de los hombres y de las mujeres que los habitan.

José Antonio ha sabido siempre pegar su oído y sus sensibilidad al gesto, al decir y al sentir de las gentes de Aragón y, en particular, de las más desposeídas.

En sus canciones siempre ha sabido dar cobijo y sombra –especialmente en los tiempos del gran desamparo– a "leñeros", "aceituneros", "oliveras" y "masoveros" con hambre y con soledad; al "abuelo" –viudo triste, viendo caer el agua tras los vidrios–, y a la "vieja", eternamente paciente, quemando largos atardeceres de espera en interminables noches de impotencia; a "lucinios", a "severinos" y a "lambertos" fieles y entrañables; a "Ramón Cabeza", compañero de días escolares con las manos llenas de frases que hablaban de la tierra, de la solidaridad y de la paz que hermana, y que alguie se las truncó antes del alba; o al "niño de la montaña"; a tantos y tantos "emigrantes" hartos de promesas, con la casa a cuestas, y con la rabia y el desgarro que produce abandonar lo poco que se tiene y lo que tanto se ama; a "Pedro Acín Bescós", pobremente amarrado a la tierra e invocando a la solidaridad: «Aquí sigo a la matraca de sembrar sin recoger, a ver si algún día alguien dice: Ayudemos de una vez».


José Antonio Labordeta.

Toda una galería de retratos en los que, como pinceladas ocres estraídas del secano, se repiten constantemente palabras como "abandono", "miseria", "hambre", "soledad", "pobreza", "sufrimiento", "llanto", "cansancio", "tristeza", "desaliento", "rabia", "odio", "dolor", "espanto", "paciencia" o "ausencia"; palabras duras y amargas que contrastan, también de forma constante, con un fondo de luz en el horizonte que apunta siempre hacia la esperanza; esa esperanza que surge en la lucha «contra el viento, la sangre y la impiedad»; esperanza revolucionaria, confiada y vociferante que, como nos decía José Luis Aranguren, consiste en «romper con todo lo establecido, que no es moral, para inventar todo lo que aún está por establecer».


«No te quedes a la puerta
entra hacia adentro
que de la cocina, el fuego
es tuyo y es nuestro».
("No te quedes a la puerta")

«... Y entre todos hay que levantar
una esperanza segura
de que todo va adelante
y si alguno queda parado
decirle que es caminante».
("No cojas las acerollas")

Disco grabado y editado por José Antonio en 1978.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 69

En 1985, José Antonio Labordeta grabó su disco titulado "Aguantando el temporal" y en él incorporó una magnífica canción titulada "En el nombre del Señor". Es una canción cargada de historia en la que van apareciendo personajes como Reagan (Presidente de los Estados Unidos), Gorbachov, Narciso Serra (Ministro de Defensa con el gobierno de Felipe González) y Jomeini.

En esta canción Labordeta plantea una alianza, o complicidad, que el algún momento existió y que, desde luego, debería existir siempre con la Iglesia, en lo que se refiere a la condena de las asesinas y crueles guerra, y de las malditas armas. La canción dice así:

Viñeta-caricatura creada por José Luis Cano.

«Monseñor ha dicho
que él también está
en estos momentos
pidiendo la paz
y yo estoy contento
de saber que tengo
a la Iglesia aliada,
que eso es casi ná.

Que se agarre Reagan
los sujetadores,
que se desmaquille
de su ancianidad
ya que ahora somos
un millón de locos,
treinta mil obispos
y las buenas monjas
de la caridad.

Y al señor Gorbachov
que no se haga el sueco
y que atienda un poco
lo de este suceso
ya que ahora se apuntan
los benedictinos
que son gente sana,
fuerte, sonriente,
y de sabor fino.

Don Narciso Serra
póngase a temblar
pues ahora tenemos
pá pedir la paz
dos palomas nuevas,
la una proletaria,
con ramo de olivo,
y la otra santa,
de la Trinidad.

Lo mismo decimos
a Jomeini el loco,
no nos ande usted
removiendo el coco
que en el mundo ahora
somos mayoría
pues con monseñor
y sus señorías,
tenemos a Dios.

Y al manifestarnos
la próxima vez
iremos unidos
a la mejor grey
que la iglesia tiene
sin contar con que
a lo mejor viene
un ministro de esos
de cristiana fe.

Y movilizada
tanta compañía
seguro que ahora
también a la CIA
y a la KGB
les entra tembleque
por no saber qué
hacer con los tanques
y demás merdé

Monseñor ha dicho
que él también está
en estos momentos
pidiendo la paz
y yo estoy contento
de saber que tengo
a la Iglesia aliada,
que eso es casi ná.».

LABORDETA III - "VENGO A HABLAROS DE UNAS TIERRAS Y DE UNOS PAISANOS, LOS MÍOS"

José Antonio Labordeta contemplando el valle de Tena (Huesca).
Al fondo Peña Foratata. (Fotografía: Pepe Navarro).

En general toda la trama argumental de las canciones de José Antonio Labordeta –a quien le estoy dedicando todos los "cuelgues" de esta semana–, aunque siempre abierta y universalizable, trascurre en el marco de una tierra y de un paisaje; paisaje cuajado de contradicciones que siempre atrapó su curiosidad, su mirada y su inspiración, y de cuyas tonalidades cromáticas y vitales está teñida toda su obra.

Concretamente, en 1963, recién llegado a Teruel como profesor de Instituto, José Antonio nos describe, en uno de sus artículos publicados en la revista "Andalán", la siguiente experiencia de encuentro, de fusión y de diálogo, en el silencio, con aquellas tierras: «Y de golpe, delante de ti, Teruel. Sus sierras, sus caminos, se yerguen ante ti, te asedian, te embisten, te cobijan, una mezcla de amor y odio se enfrenta, hasta que una tarde cualquiera uno queda asombrado por el color de sus tierras, sus otoños, sus piedras, sus gentes, sus verdaderas gentes...».

«Teruel sostiene la base
de esta tierra que te cuento
que, a pesar de estar caída,
la aúpo con gran sentimiento».
("Pregón")

Disco grabado por José Antonio Labordeta en 1997.

«Polvo, niebla, viento y sol
y donde hay agua, una huerta;
al norte, los Pirineos:
esta tierra es Aragón».
("Aragón") 

Este encuentro que el poeta establece con su tierra, va transformándose de forma progresiva en una especie de relación cada vez más amorosa y apasionada, hasta el punto que hay momentos en los que al escuchar algunas de sus canciones de amor, a uno le entra la duda de si es que, en su sensibilidad, la mujer se hace paisaje, o el paisaje se transforma en cuerpo de mujer.

«Tu cuerpo de barrancos,
ríos y yermos,
enfrentados los unos
contra los otros...

Sabes como la yerba,
como el pantano,
amarga compañera:
dame la mano.

Si yo pudiera izarte
igual que te amo
panizo y sementera
fuese tu campo».
("Amarga compañera").

«No quiero que del suelo
tú me levantes
porque amo la tierra
y este paisaje».
("Joven paloma").

Disco "Aguantando el temporal" grabado y editado por
José Antonio en 1985.

Como consecuencia de este amor a la tierra, José Antonio no puede contener en su canto la amargura y el desgarro que le produce la pobreza y el desamparo de una tierra asolada, abandonada y despiadadamente ultrajada: «El camino, la lluvia, el viento, el sol. La tristeza, el pedrisco, el árbol sin flor. El hambre, el trabajo, el esfuerzo, el dolor. El camino, la tierra, la muerte, el adiós».

«El aire abrasa la siembra,
el sol seca la cosecha
y en el invierno, los hielos,
dejan la oliva deshecha».
("Por el camino del polvo")

«Estas arcillas viejas,
estas arcillas pobres,
sólo crean miserias,
sólo producen hambre».
("Las arcillas")

En un primer momento –que se extiende dd 1970 a 1981–, este canto a la tierra que nos ofrece Labordeta, se centra de forma especialmente significativa sobre la dura realidad agraria aragonesa; etapa de tonalidades rurales,  que se cierra –aunque por supuesto, nunca de forma definitiva– con la creación de dos obras extraordinarias: "Cantata para un país" (1979) y "Las cuatro estaciones" (1981), obras en las que José Antonio realiza una crónica cantada de Aragón en una perspectiva profundamente humana; «No vengo a hablaros del viento, ni a maldecir de los fríos; vengo a hablaros de unas tierras y unos paisanos, los míos».

"Cantata para un país", obra grabada y editada por José Antonio Labordeta
en 1979. La cubierta de este LP fue creado por Antonio Saura.

(Por cierto, y hago un paréntesis, ya en aquel momento, fuera de nuestras fronteras, se realizaba lo que aquí, en nuestro país, siempre fue uno de mis sueños –sé que compartido con otros muchos enamorados de la canción como yo–: en muchos centros escolares europeos y norteamericanos, las canciones de Labordeta constituían un material documental y didáctico utilizado con frecuencia en las clases de español, y eran objeto, a la vez, en diferentes universidades extranjeras, de materia de estudio y análisis por parte de investigadores que se aproximaban a la historia de España durante el final de la dictadura y en la transición democrática).

Volviendo sobre el canto a la tierra, concretamente en el disco «Las cuatro estaciones» –que bajo mi punto de vista constituye eso que se suele llamar su "obra maestra"– Labordeta, en el irrenunciable marco de su sensibilidad y de su compromiso social y político, navega por todo el ciclo de la tierra y del paisaje desde la "Sanjuanada" a "El mayo", y desde ahí, como siempre, por ese otro ciclo vital que prende en el corazón de lo humano, desde la rabia –pobreza, tristeza y soledad–, a la esperanza.

Disco grabado y publicado por José Antonio en 1981.

«El San Juan pobre nos mete
a todos en las ciudades,
haciendo que el campo cruja
de tristeza y soledades...».
("Sanjuanada").

«Cuando llega mayo
los pueblos renacen
y por los paisajes
los yermos deshace».
("El mayo")

A partir de 1981, José Antonio Labordeta, sin dejar de sentirse cercano a la realidad rural aragonesa –siempre «hay que seguir al lado de la tierra»–, nos introduce en una etapa de su obra de características más urbanas; etapa en la que nos habla, por ejemplo, de su «viejo país que aúpa el vientre de ese Ebro tremendo que le salva a diario de dejar de existir», y en el que surgen nuevos paisajes como el de su barrio, o su canción "Zaragoza blues" grabada en 1985.

«Quieta en la orilla del río
espantada al tiempo
sujeta al desvarío
loca de calles locas
solitaria
con plazas deslumbradas
y paisajes al borde del silencio

Madrastra
madre inútil
invierno de un estío brutal sin primavera
y ese otoño dulcísimo
que afila las paredes de tus viejas murallas
cayéndose por todas tus ventanas.

La amo, la odio,
le tengo un cariño ancestral».
(“Zaragoza blues”)

martes, 13 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 68

Hoy vuelve José Antonio Labordeta cantando contra la guerra, la violencia y el armamentismo; y lo hace a través de su canción titulada "Elegía del misil", tema que también incorporó –al igual que "Desobediencia civil"– a su disco «Que queda de ti, qué queda de mí». En esta canción, como en muchas otras, José Antonio recurre a la sátira y a la ironía como recurso para agudizar su crítica y su inconformismo. 

Dibujo de Sergio Falces.
«Tú; que estás ahí,
mirando la bóveda celeste.
Tú, que estás ahí,
oyendo las palomas 
que vuelan sobre ti.
Tú, que estás ahí,
qué harás el día,
que caiga sobre ti 
aquel misil.

Se lo diré a papá.
papá es un señor, 
de buenas influencias,
seguro que le avisan, 
si no lo sabe ya.
Con él, con mis hermanos, 
mi abuela y mi mamá,
nos iremos muy lejos, 
allí donde no lleguen 
los muertos a ensuciar,
ni el aire, ni la tierra, 
ni el cielo, ni la mar.

Tú; que estás ahí,
mirando la bóveda celeste.
Tú, que estás ahí,
Oyendo las palomas 
que vuelan sobre ti.
Tú, que estás ahí,
qué harás el día,
que caiga sobre ti 
aquel misil.

Me lo pondré a mirar.
igual que se contemplan 
los muslos de una chica,
con la pasión tremenda 
de un cuadro de Chagall,
lo tomaré en mis brazos, 
como una enamorada,
y haremos un orgasmo, 
al ritmo nuclear,
y en medio de aquel coito, 
iremos a la mierda
y no sabremos más.

Tú; que estás ahí,
mirando la bóveda celeste.
Tú, que estás ahí,
Oyendo las palomas 
que vuelan sobre ti.
Tú, que estás ahí,
qué harás el día,
que caiga sobre ti 
aquel misil.

 Se lo diré a mamá,
mamá que es comprensiva, 
muy buena y bondadosa,
seguro que me dice 
que me vaya a rezar.
e igual que otras veces, 
me iré con Emiliano
y ante la soledad, 
que surgirá de pronto, 
de la tierra y el mar,
me apoyaré en su hombro, 
y me pondré a llorar.

¿Y tú?
Yo paso de misiles
no se pueden fumar.
Lo que hay que hacer
con ellos
es ponerles un corcho
y que no exploten más.
Mandárlelos a Reagan
para la Navidad».

LABORDETA II - "VENGO A CONTAR HISTORIAS DE GENTES Y PAISAJES, DE GRITOS Y DE OLVIDOS"

José Antonio Labordeta.

Hoy, y en los próximos días, voy a desarrollar, en varios "cuelgues", un texto que escribí en 1999 para el disco-libro titulado "Labordeta. Nueva visión", obra editada por Prames (Zaragoza) en la que diferentes cantantes y grupos aragoneses interpretaron canciones de José Antonio; entre aquellos cantantes y grupos figuraban Al Son del Sur, Distrito 14, Paco Cuenca, Willi Giménez, Acolla, Soul Mondo, Enfermos Mentales, Especialistas, Adió Jumbo, Ixo Rai y J. Pardinilla.



INTRODUCCIÓN

Adentrarse en el universo poético creado por José Antonio Labordeta en sus más de ciento cincuenta canciones grabadas y, sobre todo, intentar sintetizar los pensamientos, los sentimientos y las realidades que, a través de su canto, tan generosamente nos ha donado, es una aventura que, sin dejar de ser compleja, resulta fácil y apasionante.

Fácil, porque en toda su obra –desde su primer disco, con cuatro canciones, encartado a su libro de poemas "Cantar y callar" (1970)– se desvela una misma línea de pensamiento basada en su coherencia radical, y en su persistente e inquebrantable posición ética respecto a su forma de entender, de vivir y de soñar la vida.
Este libro contenía un single con cuatro canciones que José 
Antonio había grabado en 1968 con la discográfica Fidias-Edumsa.

Recorrer, una a una, sus canciones, desde la primera hasta la última, es aventurarse a sentir siempre unos mismos latidos, latidos a veces dolorosos y desgarradores; a veces tiernos y contagiosamente utópicos; en ocasiones satíricos, divertidos y rabiosamente populares, pero siempre solidarios, y siempre apuntando hacia aquellas experiencias que, sin duda, supo prenderle en el alma su hermano Miguel:


«Arriba hermano hombre!...
¡Arriba esa mirada eterna
que desafía océanos impávidos de estrellas
y es capaz de enfrentarse
cara a cara con la sorpresa de existir
en el inocente vértigo del tiempo!...
El infinito se ha hecho para ti,
y para que tú la violes sagradamente
he ahí a la vida esperando tus puños y tus besos».
(“Hermano hombre”. Texto de Miguel Labordeta).

Al mismo tiempo, adentrarse en el universo poético que José Antonio desgrana en sus canciones, es una aventura apasionante. Su voz –como la de Miguel"atada al yermo del paisaje y a la sangre en flor» nos ofrece una crónica viva –por lo que tiene de latido y de sentimiento– del permanente caminar de un hombre y, con él, de un pueblo, a la caza y captura compleja, pero irrenunciable, de "un viento bonancible que no había llegado todavía»...


José Antonio Labordeta.


... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA

Uno de los rasgos que perfilan la identidad de José Antonio Labordeta es, sin duda, su capacidad comunicativa a través de la palabra; palabra directa, en su voz rotunda y comprometida, que fue moldeando, con el paso del tiempo, a través de sus apasionadas e insaciables lecturas poéticas; en tertulias literarias, como la del café Niké –de Zaragoza–; en sus largos atardeceres escuchando las espontáneas historias que las gentes sencillas le contaban de la guerra, de la siega, del ganado o de la maldita emigración; o en sus clases, como profesor de Historia, intentando que sus alumnos «olvidaran su gris realidad», y abriéndoles horizontes de vida y de ilusión a adolescentes, muchos de ellos, con su propia historia familiar truncada y sin más horizontes que la supervivencia. Toda una intensa y enriquecedora experiencia comunicativa en la que fueron entrelazándose –integrando una no fácil síntesis–, la palabra comprometida, trascendente, metafórica y esperanzadora de los poetas; y la palabra menuda, sencilla, directa, dolorida y entrañable de los masoveros, de los mineros, de los pastores, o de aquella vieja «sentada frente al portal repasando antiguas ropas, que ya nadie se pondrá».

Primer LP de José Antonio Labordeta editado
en Barcelona, en 1974. En este disco grabó su canción "Palabras".

«Palabras para cantar.
Palabras para reír.
Palabras para llorar.
Palabras para vivir.
Palabras para gritar.
Palabras para morir».
("Palabras").


De todo ese conjunto de circunstancias y de experiencias, e influido, a la vez, por su admiración hacia la canción francesa, y, en particular hacia los inolvidables Brel y Brassens, Labordeta decide integrarse en el grupo de compositores y poetas que, por todos los rincones del país se habían propuesto –a finales de los sesenta– hacer de la palabra "música para el pueblo"; poetas cantores a los que se empezó a conocer como "cantautores".


«Canta, compañero, canta,
que aquí hay mucho que cantar;
este silencio de hierro
ya no se puede aguantar». 
("Canta compañero canta").

La palabra cantada de nuestro poeta aragonés, a partir de aquel momento, se hizo «voz fuerte lanzada contra el cierzo y el sol»; palabra libre y abierta que venía a traducir en canciones aquellas tan atrevidas y revolucionarias reflexiones que Gabriel Celaya nos hacía en 1951: «Nuestros hermanos mayores escribían para la inmensa minoría. Pero hoy estamos ante un nuevo tipo de receptores expectantes. Y nada me parece tan importante en la lírica reciente que buscar contacto con unas desatendidas capas sociales que golpean urgentemente nuestra conciencia llamando a la vida. Los poetas debemos prestar voz a esa demanda... La poesía no es un fin en sí, sino un instrumento, entre otros, para transformar el mundo».

José Antonio Labordeta, en sus canciones, siempre ha sabido responder a ese clamor de vida que estalla en la conciencia de los más desatendidos, y siempre ha considerado su creación poética como aquel «arma cargada de futuro» capaz de transformar el mundo. Posicionamiento cultural e ideológico que podemos encontrar reflejado en este poema en el que nos define, clara y directamente, el contenido, o la definición de su canto:
«Vengo a contar historias
de asuntos que yo he vivido,
de gentes y paisajes,
de gritos y de olvidos...
Vengo a gritar la tierra,
el campo, el campesino.
Vengo a gritar historias
porque es tiempo de grito,
de acusar con el dedo
aquello que no es digno.
Vengo a decirlo ahora
porque quizá mañana
esté todo perdido...».

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...