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sábado, 19 de febrero de 2011

DIEGO OJEDA. "Semáforos en verde"

Cuando recibo un nuevo disco que me despierta cierto interés suelo someterlo a una especie de ritual de iniciación que me resulta necesario, yo diría que imprescindible, antes de poder decir, o escribir, cualquier comentario sobre él. 

En primer lugar busco un momento relajado y tranquilo para escucharlo y siempre lo hago a través de mis auriculares, es decir, procurando aislarme por completo de lo que pasa en mi entorno. En esa primera audición me gusta –y me produce un gran placer– que la música y el canto naveguen, vuelen y me acaricien interiormente a su antojo despertándome todo tipo de emociones y de sentimientos imprevisibles... Momento crucial porque, para mí, es en ese clima de subjetividad perceptiva donde se cuece la esencia del concepto crítico de "calidad" o "no calidad"... Siempre lo afirmo: si a lo largo de esa primera audición –llamémosle "salvaje"– la música y el canto consiguen emocionarme, la cosa marcha bien y la obra empieza realmente a interesarme; si no es así, lo mejor es dejarla para otro momento... a ver que pasa entonces.

Superada esa primera audición, me convierto –de repente– en una especie de analista –destripador de arreglos y de letras de canciones–, siempre con una intención: Intentar descubrir –ya más objetivamente– "qué" y "por qué" me ha emocionado, es decir, cuál es, en cada caso, la esencia de eso que llamo yo "calidad"... Y a partir de ahí es cuando me siento realmente capaz de ponerme a escribir.


En el caso del nuevo disco de DIEGO OJEDA titulado "Semáforos en verde" (2011), además de todo el proceso que acabo de explicar –que seguidamente desarrollaré– se me coló un paso previo que me resultó inesperado: Tenía el CD de Diego sobre mi mesa de trabajo a la espera de poder escucharlo relajado y tranquilo, y, de pronto, una de las veces que lo miré –observándolo con detalle–, me sentí atrapado por el diseño gráfico que Raquel Carmona había desarrollado en su carpeta. (¡Bellísimo trabajo el de Raquel!).

Así que, en este caso, antes de escuchar el nuevo disco me resultó inevitable recordar la carátula del anterior álbum de Diego: "Escaparate" –disco que como ya afirmé en su día me encantó–. Evidentemente se había producido una radical transformación plastica: En "Semáforos en verde" ha surgido un estallido de luminosidad; las blancos han aniquilado a los grises, a las oscuridades y a las sombras; ha desaparecido el barroquismo; se respira un nuevo aire mucho más transparente y liberador; vuelve a haber un sillón pero ahora es blanco y ha tomado la calle; la gran ciudad destila una belleza misteriosa; se ven algunos árboles; Diego está sentado, se le nota relajado; fundiéndose con el blanco atrapa el color... Y aparece un cariñoso e insignificante detalle de Raquel integrado en la fachada del edificio que ha dibujado –¡búsquenlo!–: el nombre de Diego Ojeda ha sido escrito o tallado –como si fuera una inscripción–, y debajo, en una hornacina, reaparece en su sillón, pero ahora sí, tocando su guitarra, y seguramente cantando aquello de «Quiero ser rey de mi reino imaginario; quiero una vida con semáforos en verde».


Inmediatamente pensé: ¿Qué relación podrá tener esta cubierta con las canciones del nuevo disco?. (Yo creo que en cualquier manifestación artística de calidad, nada, o muy poco, se improvisa...).

Como consecuencia de aquel interrogante, no me quedó más remedio que sentarme, yo también en mi sillón, ponerme los auriculares, e iniciar el proceso que antes contaba: escuchar el disco.

La audición inicial de "Semáforos en verde"–desde sus primeros compases y las primeras palabras de su primera canción– logró engancharme:  «Te empeñas en ver el final de algo que acaba de empezar. Abre la puerta que vengo con ganas de entrar"... Y fueron entrando cada una de las seis canciones que componen este álbum anticipatorio de lo que será el nuevo disco de Diego Ojeda... Canciones cantadas con una voz limpia, clara, rotunda; y acompañadas a la guitarra por el propio Diego con la colaboración de Raúl Hernández, y al piano por Alexis Canciano –extraordinario músico cubano que ha realizado también la producción, lo arreglos y las mezclas del disco–. Acompañamiento acústico de aparente simplicidad, sin barroquismos y sencillamente muy hermoso... (Primera prueba superada: "Semáforos en verde" consiguió emocionarme).

Alexis Canciano. (Fotografía: Raquel Carmona).
A partir de esa primera audición me interesó entrar en el universo poético que Diego desarrolla el las seis canciones que integran el disco. Son seis canciones en las que se reivindica el tiempo para la vida y para el amor...; un tiempo presente que Diego asume inmerso en la tensión –casi siempre contradictoria– que suscita la coordenada "pasado-futuro"; es decir, un tiempo real comprometido con el tiempo; un amor real en el tiempo sin la más mínima concesión a la irrealidad o la blandenguería.


«Entre copas nos contamos derrotas
vamos a hablar de esto sin ropas
entre tú y yo hace meses que pasan cosas [...]
olvidemos todos los dramas del pasado».
("La talla de tus vaqueros")

«Al verte es imposible no mirar atrás
y aunque quisiera empezar contigo una vida en blanco 
y recuerde aquellos años como lo mejor de mi
he aprendido que vivir es ir doblando las historias del pasado
abriendo paso al porvenir».
("Sobre mojado")

Diego Ojeda y Alexis Canciano. (Fotografía: Raquel Carmona).

«Quiero ser el rey de mi reino imaginario
no quiero más futuro en mal estado».
("Semáforos en verde")

«No te robaré besos varatos,
iré poco a poco entrando
cambiando las cerraduras de las puertas tu pasado,
de mi pasado [...].
Voy a amenazar al calendario
con una huelga de futuro entre tus manos˝
("Besos varatos")

Presente, pasado y futuro... Toda una vida para el amor... pero eso sí "con semáforos en verde"... sin pautas, sin guiones preparados o previamente establecidos, dándole color a los horizontes en blanco... y "dejando olvidada en casa la prudencia".

Para concluir no quisera dejar de mencionar la canción "Tú como yo"... bellísima y solidaria canción magistralmente bordada por Diego Ojeda con su voz y por Alexis Canciano con sus arreglos y con la magia de sus manos sobre el piano.

DOS RECORDATORIOS

PRIMERO: Mañana domingo a las 21,30 DIEGO OJEDA presenta su nuevo disco, "SEMÁFOROS EN VERDE", en LIBERTAD 8.

Aquí os dejo algunas fotografías de su actuación de anoche día 18 en la Sala GALILEO







SEGUNDO RECORDATORIO: El "cantijuego" del viernes pasado está a punto de ser resuelto... Si hoy no lo conseguimos, mañana daré alguna pista... O mejor, daré ya una, uno de los discos que falta por indentificar es del "cantaurazo" con el que cantó Diego Ojeda anoche en Galileo.

viernes, 18 de febrero de 2011

"CANTIJUEGO CELEBRATIVO"

Hoy 18 de febrero hace tres meses que inicié este blog. Os aseguró que aquel 18 de noviembre, en que escribí mi primer "cuelgue", no podía ni sospechar la enorme cantidad de alegrías y de gratificaciones que iba a proporcionarme esta nueva aventura... Llevo muchos años escribiendo sobre la "canción de autor" y he decir que lo mejor de todos esos años de escritura han sido estos tres meses compartidos con todos vosotros y vosotras aquí donde CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA.

Tengo que daros las GRACIAS; gracias sobre todo por leerme; escribo para que me lean –como quien canta para que les escuchen, o quien dibuja para que le contemplen–, (la edad de escribir por escribir ya me ha pasado).

En estos tres meses he recibido en el blog más de 17.600 visitas que reconozco y valoro como 17.600 guiños de amistad...; ahí radica otro de los motivos de mi gratitud.

Y para celebrar estos tres mes de blog nada mejor que un "cantijuego celebrativo".

Hoy va a ser como si jugáramos a los "barquitos"; cada una de las 30 piezas del tablero de juego contiene el fragmento de la cubierta o carátula de un disco, ¿de qué disco se trata?, ¿quién es su autor o autora?

Si te decides a participar en el apartado de "comentarios" nombrarás cada título y cada autor escribiendo la letra y el número correspondientes, es decir, asi: "El disco A1 es..., y su autor es...".

Como siempre, si el sábado por la tarde no tenemos concluído este "cantijuego celebrativo" empezaré a dar algunas pistas que faciliten su resolución.


jueves, 17 de febrero de 2011

JUAN ANTONIO MURIEL o "La canción del artesano"

En el mundo de la canción, y del arte, en general, hay creadores que renuncian a "enfollonarse" en la movida progre y bulliciosa de la celebridad –"trepa que te trepa"; "foto que te foto", "lame que te lame"– y que deciden mantenerse al margen de todo aquello que se impone como imprescindible para el "famoseo" y para convertirse en eso que llaman "ser una estrella" –"conocer a...", "ser amigo de...", "que me vean con...", "estar en la fiesta de..., etc., etc.–... (¡Pobres estrellas, con lo que me gusta contemplarlas silenciosamente en la madrugada!).

Son creadores que con el paso del tiempo acaban siendo marginados por su marginalidad...; marginados por practicar la ética de la sencillez y de la humildad; marginados por creer que la calidad humana y creativa debe estar muy por encima de cualquier mediocridad; marginados porque prefieren ser coherentes haciéndose a si mismos y haciendo lo que les apetece...; y hoy en día especialmente marginados en estos tiempos de crisis en que, no es que se le cierren puertas a la "cultural", es que cuando aparece –nada más vérsele el flequillo– se producen "portazos" –privados e institucionales– atronadores.

Entre esos creadores –poeta sensible y extraordinario compositor– figura JUAN ANTONIO MURIEL, malagueño al que hace ya muchos años que sigo y admiro. 

Juan Antonio Muriel.
Muriel –irrendible porque ama la música y porque crear canciones es parte sustancial de su identidad–, en este momento, se encuentra grabando su nuevo disco. al que titulará "CAMINAR", y en el que va a incorporar temas suyos que fueron interpretadas por Pasión Vega, Laura Granados, María José Molero, Joaquín Lera, José Umbral o Sergio y Estíbaliz; y canciones compuestas recientemente como la titulada "La canción del artesano", bellísimo tema en que nos describe su particular forma de entender esto a  lo que llamamos "canción de autor".

Juan Antonio Muriel en Libertad 8.

«Con la paciencia de 
                         un relojero
y el esmero de un cirujano
voy tejiendo con mis manos
mi tapiz, mi cancionero [...].


La canción del artesano
es mi pan de cada día,
nunca morirá de olvido
una canción de artesanía [...]:
todo lo que en el olvido muere
nunca tuvo melodía».


Juan Antonio Muriel nació en Malaga, en 1949. Desde muy pequeño lo que más le gustaba hacer era pintar y tocar la armónica; a los veinte años tomó la decisión de dedicarse a la música, es decir, a componer e interpretar sus propias canciones. (Pudo ser cualquier cosa, tener cualquier profesión, pero, como el mismo dice en una de sus canciones, «a la orilla de una guitarra me quedé, porque a la orilla de una guitarra me siento bien»).

En 1974, cargado con su guitarra, y con un montón de ilusiones, se trasladó a vivir en Madrid, donde las cosas no le fueron demasiado fáciles hasta que tres años más tarde –con mucho trabajo y con la ilusión mantenida, yo creo que gracias al hechizo de la luna– pudo grabar su primer disco titulado "¡Poder andaluz!" (1977), del que muchos andaluces residentes, como él, en Madrid nos sentimos orgullosos y totalmente "identificados"; disco en que Juan Antonio reivindicó su identidad sureña haciéndose voz y latido de los problemas y de las esperanzas que en aquel momento vivía el pueblo andaluz –en particular, del drama de la emigración– y en el que le rindió su particular homenaje a Federico García Lorca, en la canción titulada "Bajo un olivo. A un lucero muerto". 

Es evidente, aunque haya gente a la que le cueste reconocerlo o recordarlo, que "¡Poder andaluz!" es una obra esencial para conocer la Andalucía de los años setenta; y que fue una manifestación clave que sirvió para potenciar y hacer realidad, eficazmente, la reivindicación de la identidad y de la autonomía del pueblo andaluz. (¡Lastima que haya tanta gente a la que le falla voluntariamente la memoria1)


A aquel primer disco le sucedieron "Seguir viviendo" (1983) –en el que incorporó la canción "Princesa", que Joaquín Sabina grabó dos años después en su álbum "Juez y parte"– y "La luna vigila" (1987).


Tras aquellas grabaciones, Juan Antonio, fuera de los circuitos disqueros –que ahora por "sus propios pecados" asisten a su merecido derrumbamiento–, siguió componiendo hermosísimas canciones, muchas de ellas desconocidas para lo que Otero y Celaya llamaban "la inmensa mayoría"; canciones, en las que siempre aparece como referencia su pasión por la música italiana –por "cantautore" hacia los que yo también me siento apasionadamente cercano como Fabrizio de André, Lucho Dalla o Francesco de Gregori entre otros– y su gran capacidad para observar y extraerle a la realidad sus latidos, y para recrearla convirtiéndola en canciones. Canciones como "Plaza del atril", "Mi tristeza", "La canción del artesano","El mar de la tranquilidad", "La locura de vivir" o "Alrededor del piano", compuesta con Laura Granados.

En este momento, a la espera de la publicación de su nuevo disco CAMINAR, Juan Antonio Muriel  y Laura Granados siguen dando sus recitales por separado, o juntándose en un hermoso dúo al que llaman "Venakapaka"; dúo que actuará mañana viernes 18 de febrero, por la noche, en el Café Libertad 8, y que merece la pena conocer para disfrutar de una noche verdaderamente mágica.

"Venakapaka": Juan Antonio Muriel y Laura Granados.

miércoles, 16 de febrero de 2011

CENTENARIO DE GABRIEL CELAYA. Previos apasionados a un centenario - IV


GABRIEL CELAYA Y BLAS DE OTERO
Amistad e ideales compartidos


Los poetas Gabriel Celaya y Blas de Otero compartían una buena amistad y unas inquietudes similares; formaban parte del movimiento de la poesía social y habían apostado decididamente –en su pensamiento y en su obra–  por el ser humano y por su liberación.

«Definitivamente –escribió Blas de Otero–, cantaré para el hombre [...] / Yo os traigo un alba, hermanos. Surto de agua, eterna no, parada ante la casa. / Salid a ved. Venid, bebed. Dejadme / que os unja de agua y luz, bajo la carne». 

Juan Genovés.
«Nada de lo que es humano debe quedar fuera de nuestra obra –decía Gabriel Celaya–. En el poema debe ser barro, con perdón de los poetas poetísimos [...]. La poesía no es neutral. Ningún hombre puede ser hoy neutral. Y un poeta es por de pronto un hombre [...]. Estamos obligados a los otros».

Juan Genovés.
Juan Genovés.
Esta opción y este compromiso poético y personal –profundamente humanizador– provocó en ambos una común necesidad; su poesía –su palabra–, debería llegar al máximo de personas, a lo que ellos llamaron "la inmensa mayoría˝..., no podía vivir aprisionada entre las líneas de los libros de poemas.

La poesía tenía que salir de los libros para echarse a la calle, es decir, para llegar, lo más directamente posible, al oído y al corazón del pueblo; y, para ello, sólo había un camino: utilizar los nuevos medios técnicos de comunicación aplicándolos a la difusión del lenguaje poético.

«Bien sabemos –decía Blas de Otero– lo difícil que es hacerse oir de la mayoría [...]. La palabra necesita respiro, y la imprenta se torna de pronto en aguacil que emprisiona las palabras entre rejas de líneas. Porque el poeta es un juglar o no es nada».

«El acceso a esa inmensa mayoría, sin la cual nuestra poesía no será nada, salvo bizantinismo –añade Celaya– no puede lograrse con una revolución literaria. Los recursos técnicos, y en especial la posibilidad de hacer audibles y no solo legibles nuestros versos son sumamente importantes y están llamados a revolucionar un literatura que venimos concibiendo desde el Renacimiento bajo el signo de la imprenta, que es como decir de la lectura a solas».

De esa forma, con ese pensamiento y con esas palabras, Blas de Otero y Gabriel Celaya, a principios de los años setenta estaban anunciando, y yo diría, que gestando el nacimiento de la "canción de autor" en nuestro país... Ellos fueron sus primeros y más apasionados impulsores, y es por ello por lo que se hacen plenamente merecedores de nuestra admiración y de nuestro homenaje.


Entre amigos: Gabriel Celaya, Blas de Otero, Sabina de la Cruz y Amparo Gastón.
(Foto de Garrido).
FIESTA-CONCIERTO 
CENTENARIO "GABRIEL CELAYA"

Los preparativos de la Fiesta-Concierto que queremos dedicarle a Gabriel Celaya con motivo de su Centenario, van adelante...

Se celebrará en la Sala Galileo de Madrid, el próximo día 25 de abril, fecha que casualmente va a coincidir con el 38 aniversario de la Revolución de los Claveles en Portugal

En este momento han confirmado su participación Paco Cifuentes, Diego Ojeda, Alejando Martínez. Moncho Otero, Rafa Mora, Manuel Cuesta, Laura Granados y Juan Antonio Muriel.

Todos los participantes en la organización, así como en las actuaciones que tendrán lugar el día de la Fiesta, lo harán de forma generosa y desinteresada; y, en consecuencia, la totalidad de los fondos que se obtenga de la entrada al concierto, y de venta de discos y de libros, se donarán a la organización "LUCES ROJAS", y, más concretamente, al proyecto del Brother Xavier en  Kobardanga (Calcuta-India).

Para mayor información sobre la labor desarrollada en la India por la Organización "LUCES ROJAS" puedes dirigirte a: http://www.lucesrojas.org/

martes, 15 de febrero de 2011

CANCIONES CON HISTORIA: "El caso Almería" de Carlos Cano

De la misma forma que hablamos en el blog de "fotos" y de "carátulas con historia", podemos hacerlo también de "canciones con historia", es decir, podemos recordar y conocer las circunstancias, o los hechos, que dieron origen a determinadas canciones que, con el paso del tiempo, forman parte de nuestra memoria colectiva, y que permanecen ahí, en la memoria, como testimonios contra el olvido.

Durante bastantes días he estado pensando y dudando si iniciar, o no, esta sección en el blog porque, en realidad, algunas de las que llamo "canciones con historia" –de las que no se puede prescindir– narran, o testifican, momentos o acontecimientos vividos en nuestro país que fueron tristes y muy dolorosos –algunos hasta sangrientos y desgarradores– y que, en algunos de los casos, sus protagonistas viven todavía, bien como sufrientes víctimas, o como agresores impunes.

Después de darle muchas vueltas al tema me he decido a poner en marcha esta sección; decisión tomada, sobre todo, tras la evocación de un hermosísimo texto de Luis García Montero escrito en el prólogo del libro "Viva voz" de Jesús Munárriz (Ed. Diputación de Granada, 2002).

«Las letras de canción salen de unos labios –dice Luis–, se extienden por las salas de conciertos, por las alas inmensas de las grabaciones, por la cultura y las inquietudes de un país, y luego se quedan flotando en la memoria, hasta que vuelven a unos oídos o unos ojos, convertidos en asunto personal, en viva voz callada del recuerdo. La memoria vive en las huellas que deja el tiempo sobre la arena, o en los estribillos que dejan las canciones sobre la historia».

Pues sí, definitivamente, en este apartado del blog, que hoy nace, vamos a revivir algunas de aquellas huellas y de aquellos estribilllos que dejaron las canciones sobre la historia...; y si a alguien no le gusta, ¡pues que le vamos a hacer!..., que no recuerde; que no lo lea; que se agarrote –como pueda– al gran engaño que supone el optar voluntariamente por el olvido...

Esta va a ser nuestra primera "canción con historia":

"EL CASO ALMERÍA" de Carlos Cano
«Corría el 10 de mayo
por tierras de Almería
donde pasó la historia
que vengo a relatar:
de Santander salieron
Cobo, Mañas y Montero
y en tres sobres volvieron
por un trágico error.

Por un error los años
de fatigas se fueron
para la funeraria
Carlos Cano. (Fotografía de
Juan Miguel Morales).
la lápida y la cruz
y en mitad de la vida
sin frío ni calentura
los tres cuerpos quedaron
negros como el carbón.

¿A dónde están los brazos?
¿A dónde están las piernas?
¿A dónde están los gritos
que el viento se llevó?
... En Casafuerte, amigo,
perdidos en la arena
que como una bandera
ardiendo levantó.

Si por Gerga. pasaras
la curva de la muerte,
lleva claveles rojos
y acuérdate de Juan
y acuérdate de Cobo
–que nadie olvide nada
que quien olvida paga–,
acuérdate de Luis.

Así acaba esta historia
que con sangre escribieron.
De toda aquella vida
sólo queda el horror.
Así acaba esta historia
de sombra y de tiniebla.
Para que no se pierda
aquí la dejo yo.

¿Qué pasó en Almería?,
¡pobre Almería!
¡ay Almería!...».

Carlos Cano. LP: "Si estuvieran abiertas
todas las puertas"
(1983).
Esta conmovedora canción Carlos Cano la compuso, la interpretó y la grabó en su disco "Si estuvieran abiertas todas las puertas", disco grabado en 1983; uno de sus discos más comprometidos en el que también incluyó temas como "El tango de las madres locas", "Hijos de la calle" o "Metamorfosis"; canciones que nos muestran una dimensión de la obra de Carlos que, en gran medida, está siendo olvidada; me refiero a su posicionamiento como cantor comprometido radical y apasionadamente contra la injusticia y en defensa de los derechos humanos y de la libertad.

La canción "El caso Almería" es una clara manifestación de ese compromiso: "¿Qué pasó en Almería?"... El caso empezó el 7 de mayo de 1981, y se materializó, el día 10, tal y como Carlos nos lo narra en su crónica cantada.

El 7 de mayo de 1981, en Madrid, la banda terrorista ETA atentó contra el Jefe del Cuarto Militar del Rey, General Joaquín Valenzuela –hiriéndolo de gravedad–, y asesinando a sus tres acompañantes.

Tres días más tarde, el 10 de mayo, los jóvenes trabajadores Juan Mañas Morales (24 años), Luis Montero García y Luis Manuel Cobo se dirigían desde Santander hasta Pechina (Almería) para participar en la comunión del hermano del primero. En el camino tuvieron una avería en su vehículo y se vieron obligados a parar en Puertollano (Ciudad Real), donde alquilaron un Ford Fiesta para continuar el camino.

Un vecino de Puertollano, tras ver las fotos de los terroristas por televisión, confundió a los tres jóvenes con los miembros de la banda llamados Mazusta, Bereciartúa y Goyonechea Fraduá, e hizo la correspondiente denuncia a la Gurdia Civil.

"El caso Almería" fue también llevado
al cine en una película dirigida, en 1984,
por Pedro Costa Muste.
Tras la llamada de aquel ciudadano, la Guardia Civil montó la caza y captura del presunto comando terrorista que viajaba hacia Almería.

Mañas, Montero y Cobo fueron detenidos a punta de pistola y sin oponer resistencia en una tienda de Roquetas del Mar, mientras compraban unos regalos para el hermano de Mañas que iba a hacer su Primera Comunión. Fueron conducidos a un antiguo cuartel situado en la localidad almeriense de Casafuente, sufrieron todo tipo de torturas y fueron asesinados. Cuando los guardias civiles responsables de aquella atrocidad se dieron cuenta del error que habían cometido, intentaron borrar todas las puebas, metieron los cadáveres en el Ford Fiesta, lo despeñaron y le prendieron fuego.

Al día siguiente, los cadáveres de los tres jóvenes inocentes aparecieron en una cuneta, dentro del coche,  calcinados y agujereados por múltiples balas; mientras tanto, en los medios periodísticos y televisivos se publicó un comunicado oficial anunciando la muerte de tres terroristas en un tiroteo con la Guardia Civil.

No quiero entrar en más detalles; el caso se juzgó –yo considero que injustamente–, se cerro como se pudo y al final las familias de aquellas víctimas quedaron afectadas y profundamente doloridas para siempre.

"¿Qué pasó en Almería?"... Eso fue lo que pasó, y Carlos Cano nos lo cantó con una finalidad que el mismo expresa al final de su canción: "Para que no se pierda aquí lo dejo yo".

Como dice Juan Cruz en su libro "Territorio de la memoria" (Tauro Producciones S.L., Canarias, 1995): «La memoria camina a velocidades vertiginosas, se ríe sola, llora a veces, es un torbellino que te permite ser tú y el otro»... Hoy, evocando el caso Almería, la memoria puede habernos entristecido, puede hacernos llorar..., os prometo que en la próxima "canción con historia" la memoria nos hará reír, o al menos, nos despertará una inmensa ternura... ¡lo prometo!

lunes, 14 de febrero de 2011

MÚSICA, CANCIÓN Y PEDAGOGÍA I - Crónica de un concierto histórico

A Patricia Fernández, a Diego Ojeda, a Rogelio Botanz,
y a todos los creadores que compaginan la composición e interpretación de canciones
con la enseñanza en Educación Infantil, Primaria o Secundaria.  

Creo que en más de una ocasión he hecho referencia a una de las obsesiones que me ha perseguido a lo largo de toda mi vida profesional como "maestro de escuela", me refiero a la necesidad de que los centros de enseñanza –de niños, adolescentes y jóvenes– abran de par en par sus puertas y sus ventanas a la música y a la canción popular en todas sus manifestaciones.

Tonxu cantando en una escuela. Fijaros en las caras de las niñas
y de Tonxu. Ha estallado la alegría... y es que Tonxu es así, sencillamente formidable.

Esta obsesión, me viene de lejos y tiene su origen en dos hechos, o circunstancias, que me marcaron mucho en mi adolescencia:    

El primero fue que la llamada "canción de autor" se convirtió para mí en mi gran maestra –mi mejor gran educadora–; la canción me enseñó mucho más que mis padres, que mis maestros y que los "curas" de mi parroquia –que por cierto, y con suerte, fueron "buena gente"...; la canción me enseñó a sentir, a amar la libertad, a amar en libertad, a amar con el alma y con el cuerpo, a despreciar las dictaduras, a revelarme contra la injusticia, a valorar la igualdad y la solidaridad, a soñar, a volar sin alas, a ser utópico, a creer en la esperanza, en fin... me enseñó a vivir... ¿Cómo desprenderme entonces de la canción cuando empecé a trabajar profesionalmente como maestro?.

El segundo hecho, o circunstancia que marcó mi obsesión por estrechar lazos entre la canción y la pedagogía fue la lectura –creo recordar que a los quince años– de un capítulo del libro "Almas de jóvenes", de Miguel de Unamuno; concretamente el titulado "Los naturales y los espirituales"...; conservo aquel libro de la antigua Colección Austral y me gusta releer, de vez en cuando, los párrafos que subrayé en su día y con los que hoy todavía me siento plenamente identificado. (Os recomiendo su lectura).

«Hasta las más elevadas hipótesis de la ciencia –escribe Unamuno– son doctrinas frías. Hay que hacerlas poesía, que es el alimento que recibe el pueblo, no hay doctrina que se asimile mientras no se haga poética. El poeta, el poeta es el que está más cerca del aldeano y es el que puede llevarle de la naturalidad a la espiritualidad [...]. El pueblo necesita que le canten, que le rían y que le lloren mucho más que el que le enseñen».

Como consecuencia de aquellas dos circunstancias, y tras finalizar mis estudios de magisterio, la canción y la escuela fueron siempre para mí inseparables. Y es de ahí de donde surge la organización y la celebración del histórico concierto sobre el que quiero hacer girar el contenido de este " cuelgue":

En 1990 se puso en marcha en nuestro país una importante Reforma Educativa conocida como la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo) en la que se hacía una muy especial incidencia en la necesidad de integrar la Educación en los Valores Democráticos dentro de la globalidad del proceso educativo de niños, niñas y adolescentes.

Puesta en marcha aquella reforma, y para apoyar su consolidación, organicé –con el apoyo de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez– el Primer Congreso de Educación en Valores celebrado en España; congreso realizado en Madrid los días 19, 20 y 21 de mayo de 1994; en el que participaron 360 profesores y profesoras de 36 provincias.

¡Y cómo no!... Una vez más surgió la obsesión de la que vengo hablando. Inmediatamente pensé que aquel Congreso no podía clausurarse de mejor forma que con un concierto planteado con una doble finalidad expresada en los siguientes términos:

«Rendir un sencillo homenaje a los poetas-cantores que durante años han sabido transmitirnos y contagiarnos, con sus canciones, la esperanza y el esfuerzo solidario por la consolidación de los valores democráticos; y reivindicar la "canción de autor" como uno de los lenguajes que debería hacerse presente en la escuela».

De derecha a izquierda: Luis Eduardo Aute, José Antonio Labordeta, Olga Manzano, 
Javier Álvarez, Andrés Molina, Marina Rossell, Manuel Picón, Pedro Guerra,
Pablo Guerrero, Luis Pastor y Fernando Lucini.

El concierto se realizó y fue extraordinariamente hermoso, sobre todo gracias a los amigos creadores que de forma generosa y desinteresada participaron en él: Pablo Guerrero, Luis Pastor, José Antonio Labordeta, Marina Rossell, Manuel Picón y Olga Manzano, Pedro Guerra y Andrés Molina –que acababan de aterrizar en Madrid para iniciar sus andaduras artísticas en solitario– y un jovencísimo y sorprendente Javier Álvarez que nos dejó a todos impresionados.

En el siguiente "cuelgue" amplío la información de este concierto, añadiendo un reportaje fotográfico.

¡RECONFIRMADO!: LOS SUEÑOS SON POSIBLES.... ¡GRACIAS "PABLO GUERRERO" POR TU ESPERANZA FELIZMENTE CONTAGIOSA!

EL PUNTO DE PARTIDA Y EL EJE SOBRE EL QUE VA A GIRAR el proyecto "Universo Musical de la Generación del 27 y de otros Universos PoÉtic...