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miércoles, 15 de julio de 2020

MI VIDA ENTRE CANCIONES 2


Cuando tenía aproximadamente un año y medio, la familia completa se trasladó de Girona a Jaén. Mis recuerdos infantiles de aquellos primeros años sureños no son muchos, pero algunos revolotean aún en mi memoria con nitidez.

Al llegar a Jaén nos instalamos en el gran caserón donde vivía mi abuelo materno; estaba situado en la calle Las Novias, nombre que siempre me ha intrigado, sobre todo por ese plural. ¿A quién y por qué se le ocurrió llamar así a aquella calle empedrada del casco antiguo de la ciudad? 

Me lo he preguntado muchas veces y nunca había logrado averiguarlo hasta que, colaborando recientemente en el programa de Radio Nacional Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, conocí a Miriam Plaza

Miriam tenía en ese programa una sección llamada «El nombre de mi calle» en la que los oyentes llaman por teléfono, preguntan el origen del nombre de su calle y ella, tras investigarlo a fondo (no siempre es fácil), lo averigua y lo cuenta en antena de forma rigurosamente documentada.

Un día, charlando en la redacción, le dije a Miriam que iba a llamarla por teléfono, como solían hacer los oyentes, porque yo también quería saber cuál era el origen del nombre de mi calle: Las Novias, de Jaén. Lo hice y, pasadas unas semanas, me sorprendió en directo dando respuesta a mi curiosidad de muchos años atrás. Voy a recuperar lo que consiguió averiguar, porque creo que es una historia bien linda, curiosa y llena de romanticismo.

Según la presidenta de la Asociación de Guías de Turismo Oficiales de Jaén, que fue la persona con la que Miriam conectó para hacer la investigación, el origen del nombre de la calle Las Novias en la que crecí es el siguiente:

La calle de "Las novias" es la que aparece a la derecha,

Parece ser que en el siglo XVII, en esa calle en cuestión, había una casa donde vivía un matrimonio con siete hijas. Eran todas jóvenes, pero no conseguían casarse porque, al parecer, según la leyenda, no eran muy agraciadas físicamente. Un día, una de ellas, la mayor, dando un paseo por el campo, se encontró con un mozo que se fijó en ella; ligaron, se enamoraron y consiguieron casarse. A partir de aquel casamiento, el resto de las hermanas, paseando por el mismo lugar, fueron encontrando sus respectivos novios. Todas las tardes, a la misma hora, aparecían en la calle para visitar a sus amadas, hablar con ellas y «lo que se terciara»; eso sí, en la puerta de entrada o a través de la ventana, que era lo máximo permitido… Pues bien, aquello llamó la atención a los vecinos y a partir de entonces mi calle quedó bautizada popularmente con el nombre de «La calle de las novias». ¡Me encanta! Hoy por hoy me siento orgulloso de haber crecido allí.

Y volvamos sobre mi casa en Jaén. Tenía un largo pasillo al que daban, prácticamente, todas las habitaciones; entre ellas el cuarto de estar donde teníamos la radio, el cuarto de los baúles (que tantas veces pude explorar) y el cuarto del piano, llamado así porque en aquella habitación había un precioso piano. 

Aquel piano, desde que llegamos a Jaén, fue muy importante para mí y tiene su historia. 

En la casa de la calle Las Novias también vivía con nosotros una hermana de mi madre que era soltera y murió siéndolo, la tita Carmen, a la que mi abuelo había obligado a hacer la carrera de piano (¡ordeno y mando!). Ella, obediente (¡como debía ser, sobre todo por tratarse de una chica!), la hizo y completa. Pero lo cierto es que, una vez que terminó aquellos estudios, no volvió a tocar una tecla en su vida y, ¡claro!, el pobre piano (como el arpa de la rima de Bécquer) permaneció allí, «en el ángulo oscuro, totalmente desafinado y de su dueña olvidado». (Por cierto, ¡qué hermosamente musicalizó y cantó Benito Moreno, en 1980, aquella «Rima VII» de Gustavo Adolfo!).


Menos mal que llegué yo y que, un buen día, debía tener tres años, trepé por el taburete, me senté en él, abrí la tapa y primero una tecla, después otra y así hasta acabar con un aporreo incontrolado. Ejercicio pianístico que realizaba con frecuencia y que fue mi primer contacto con aquella magia que sonaba y tanto me sorprendía: ¡la música! Desafinada y sin sentido, pero música a fin de cuentas. En aquellos trances siempre terminaba apareciendo un adulto que me obligaba a bajar del taburete, cerraba la tapa del piano y me decía: «¡Para ya, que nos va a explotar la cabeza!».

Y vuelvo al pasillo de la casa de la calle Las Novias. Allí me pasaba gran parte del día jugando y dándole pábulo a mi naciente y desbordante imaginación. Fue allí donde empecé a saber y a experimentar lo que era soñar. Sueños en aquel momento lúdicos en los que tan pronto era un cura que daba la comunión a mi familia con chocolatinas redondas de Nestlé, como un pianista muy famoso y aplaudido, sueño que nunca se hizo realidad. Por supuesto, lo de ser cura tampoco. 

Otro recuerdo imborrable de aquella primera infancia sureña tiene nombre de mujer. La llamábamos Mariquita, una mujer extraordinaria y muy humilde a la que mi madre le daba unas monedas para que me sacara de paseo. Mujer radicalmente alegre, divertida, buena, libre y diferente; mi primera maestra de la vida con la que realicé mis primeros aprendizajes de lo que era la alegría, la ternura, el optimismo y el amor. ¡Y cómo me quería! Cada vez que me acuerdo de ella, y lo hago con bastante frecuencia, no puedo evitar relacionarla con Teresa, otra gran mujer («récord d'infantesa») a la que Ovidi Montllor le dedicó su bellísima canción «Homenatge a Teresa»: «Ens parlava de l'amor com la cosa més bonica i preciosa. Sense pecats…». Así era también Mariquita. Muchos años después supe que aquella maravillosa mujer fue la abuela del cómico (buen actor) Santi Rodríguez.

¡De película de posguerra! Mi hermano y yo (el de la izquierda)
tomándonos un "¡qué sé yo!" "no sé cuando".

En 1950, mis padres decidieron llevarme a un colegio y me metieron en el de las Hijas de Cristo Rey, que estaba en un caserón de la calle Obispo Aguilar. Acababa de cumplir los cinco años y recuerdo que, al principio, aquello fue un trauma. Acostumbrado a la libertad y a la desbordante alegría vivida con Mariquita, aquellas «oscuras» monjas, de hábitos negros y cofias tiesas y almidonadas, no me gustaban nada. Ante aquella situación, me pasaba el día llorando o, mejor dicho, berreando.

Sé lo del berreo porque un día, años después, me contó mi tío Manolo, hermano de mi madre que vivía muy cerca del colegio, que una mañana pasó por la puerta y le llamaron la atención los berridos infantiles que salían por una de las ventanas. Lleno de curiosidad, se paró a escuchar y enseguida descubrió que era yo, su sobrino, el que lloraba. Entró en el colegio, preguntó qué me pasaba y me rescató. A decir verdad, yo de aquello no me acuerdo.

Lo que sí recuerdo es que las monjas, cuando ya no soportaban por más tiempo mis lloreras, me separaban del grupo de compañeros y compañeras y me llevaban castigado al lavadero o al cuarto de planchar, algo que llegó a encantarme porque tenía mucho morbo. ¡Que me castigaran se convirtió en un placer! (hermosa palabra que siempre reivindicaré).

En el lavadero de las monjas me encantaba verlas hacer jabón, y en el cuarto de plancha descubrí, con especial sorpresa, cómo iban adquiriendo rigidez, por el calor, aquellas cofias blancas, tiesas y almidonadas que se ponían en la cabeza, o cómo planchaban su ropa interior. Todo aquello, en realidad, tenía para mí un punto de naciente erotismo; en aquellos primeros castigos escolares fue donde descubrí que las monjas eran mujeres; o sea, que debajo de sus cofias y de sus lúgubres sotanas de entonces, aparte de su vocación, de su humanidad y de su entrega educativa, tenían, por ejemplo, pechos, bragas y sujetadores, igual que mi madre y mi tía, ¡como es normal!

En 1952, los Hermanos Maristas, tras su salida de Jaén en 1940 una vez acabada la Guerra Civil, volvieron a la ciudad para abrir y poner en marcha un nuevo colegio. Lo hicieron, provisionalmente, muy cerca de mi casa, en el antiguo palacio del Capitán Quesada, situado en la Plaza de la Merced. Mis padres, nada más enterarse de la noticia, me sacaron de las monjas y allí que nos llevaron a mi hermano y a mí para ser de los primeros matriculados. El 6 de octubre empezamos el curso.

Y digo yo: ¿Qué estaríamos mirando?

Yo tenía seis años y, una vez más, lo de ir al colegio no me gustaba nada. Recuerdo que en aquel primer curso me escapé varias veces para irme a casa. Nunca me olvidaré de una de aquellas escapadas: Yo corriendo por las calles Merced Alta y Las Novias hasta llegar a mi casa y el hermano Luis corriendo que se las pelaba detrás de mí. Ya en mi casa (yo llegue antes), mi madre le dio al marista un vaso de agua y un abanico para que se refrescara, y a mí me soltó un buen par de bofetadas.

De cualquier forma, a pesar de aquellas escapadas, pasado un tiempo, en aquel colegio fui feliz y me sentí muy querido. No puedo decir lo contrario.

Lo que más recuerdo de aquellos días y del Palacio Quesada donde estaba el colegio, era una escalera de caracol por la que solamente estaba permitido que subieran los «hermanos» y que daba acceso a lo que llamaban «clausura», o sea, a unas habitaciones privadas y misteriosas en las que estaba prohibida la entrada a los alumnos (y digo «alumnos» porque el colegio era solo masculino).

Fue allí donde, por primera vez en mi vida, las palabras «clausura» y «prohibido» empezaron a ser para mí una especie de reto, o quizá de tentación, que me incitaba placenteramente a la transgresión. Nada me interesaba más en aquel momento que subir aquella escalera de caracol y descubrir qué había, qué se escondía y qué se hacía en la «clausura». Pues bien, después de varios intentos arrepentidos a mitad de la ascensión, un buen día llegué hasta arriba del todo, abrí un poquito la puerta y descubrí al hermano José en pantalones y camiseta, o sea, sin sotana, ¡como mi padre y mi abuelo! Pero lo más importante que descubrí aquel día, y todos los siguientes que realicé la ascensión, fue el gran placer que, a pesar del miedo y el riesgo, puede producir la transgresión de lo prohibido.

El 9 de mayo de 1953 hice la primera comunión en el colegio. En abril del 55 el obispo Don Félix Romero Mengíbar bendijo y colocó la primera piedra del futuro nuevo colegio y, en el 56, allá que nos fuimos. 

Yo tenía diez años, era feliz, pertenecía a una «familia bien» andaluza, aunque venida a menos, y todavía, prácticamente, no me había enterado (la verdad es que no sentía la menor curiosidad) de quién era Franco ni de lo que significaba la cruenta dictadura política que en aquel momento estábamos sufriendo en España.

Mientras tanto, en 1955, ¡Y YO SIN SABERLO!, el poeta Blas de Otero había escrito su libro Pido la paz y la palabra («la paz para poder vivir, y la palabra en defensa del derecho a la vida, y del reconocimiento de la dignidad humana»); y Gabriel Celaya, al que años después tanto amé, publicaba su poemario Cantos íberos, libro que llegó a calificarse como «la Biblia de la poesía social» («la poesía es un instrumento entre otros, para transformar el mundo…; es un arma cargada de futuro…; es el canto que espacia cuanto dentro llevamos…; ¡cantemos como quien respira!»).

Amparitxu Gastón, Sabina de la Cruz, Blas de Otero y Gabriel Celaya.

En 1956, ¡Y YO SIN SABERLO!, Paco Ibáñez, exiliado en París, componía su primera canción sobre el poema de Luis de Góngora «La más bella niña». Primera «canción de autor» de nuestra historia reciente creada a partir de la musicalización de un poema, o sea, estaba empezando a surgir el renacimiento de un nuevo «mester de juglaría».

Al año siguiente, 1957, en Barcelona, Josep Maria Espinàs, escritor y periodista, tras conocer y entusiasmarse con el movimiento de la vecina Chanson Française y especialmente impactado por la personalidad y las creaciones de Georges Brassens, prepara y desarrolla varias conferencias en catalán bajo el título de George Brassens el trovador del nostre temps; conferencias en las que destacó y reivindicó la necesidad de que la canción catalana adquiriera un contenido social y literario comprometido y de calidad para poder liberarla de la banalidad a la que, en aquel momento, se encontraba sometida. ¡Y YO SIN SABERLO!

Aquel mismo año tuvo lugar también un acontecimiento importante relacionado con el mundo discográfico: la edición de un vinilo del cantante lírico Manuel Ausensi interpretando, en catalán, poemas de autores catalanes como Salvat-Papasseit o Joan Maragall, con música de Eduard Toldrà. Acontecimiento que se repitió en 1958, aunque en un estilo musical y poético completamente diferente, con la edición de dos singles con canciones cantadas igualmente en catalán (primeros discos de la canción catalana moderna). En ambos discos, tanto Las Hermanas Serrano como José Guardiola, que en aquella ocasión firmó como Josep Guardiola, interpretaban y popularizaban, por primera vez, éxitos internacionales traducidos en lengua catalana. ¡Y YO SIN SABERLO!




Por aquellos mismos años, concretamente en 1953, en Argentina, Atahualpa Yupanqui, hijo de criollo y de vasca, grababa su primer LP titulado Una voz y una guitarra; y Violeta Parra, en Chile, su primer single en solitario, un disco compuesto por dos de sus primeras canciones: «Que pena siente el alma» y «Casamiento de negros». E igualmente, ¡YO SIN SABERLO!

domingo, 12 de julio de 2020

MI VIDA ENTRE CANCIONES 1


Nací en Girona el 11 de febrero de 1946 y fui bautizado, siete días después, en la mismísima catedral de la ciudad; hechos que acontecieron de forma totalmente accidental pero de los que me siento muy orgulloso. 

Me encanta cada vez que releo la octava página del Libro de Familia de mis padres, en la que, con una perfecta caligrafía a tinta y plumilla de la época, queda demostrada mi «nacencia» catalana, según consta en el tomo 89, página 377, del Registro Civil; o cada vez que contemplo mi partida de bautismo firmada por «el infrascrito», cura coadjutor de la parroquia de la Catedral del Obispado de Gerona (en aquel momento esa «e» en el nombre de mi ciudad natal era radicalmente intocable).

Decía antes que mi nacimiento en Cataluña fue totalmente accidental porque en aquel momento mi padre, que era funcionario del Cuerpo de Prisiones, estaba destinado provisionalmente a la cárcel de Girona; pero, al año y medio de que yo viniera al mundo, le trasladaron a Jaén, provincia sureña en la que habían nacido no solo él, sino también mi madre, mi hermano mayor y gran parte de mi familia.

De aquel primer año y medio de mi vida en Cataluña no conservo más que un recuerdo visual y auditivo (¡único y sorprendente porque a mí mismo me parece imposible!). Vivíamos en una casa de pisos de la que solamente atesoro la evocación de una ventana que daba a un patio de vecinos; patio del que solo conservo la imagen, muy borrosa, de otra ventana que estaba enfrente, pero más abajo que la nuestra. 

Mi madre, de vez en cuando, me cogía en brazos, se asomaba conmigo a aquella ventana y, con bastante frecuencia, en la de enfrente aparecía el rostro de una señora, de la que físicamente no recuerdo nada, que siempre me decía en catalán: «Vols venir, maco?» («¿Quieres venir guapo?»). Y nada más. No recuerdo más que aquella borrosa señora asomada a la ventana y aquellas tres palabras. Evocación que siempre ha permanecido en mi memoria.

«Caminante no hay camino... »...  Con mi hermano
Jose en Girona y empezado a caminar,
Aquel único recuerdo hace tiempo que lo relaciono con la seducción que siempre me ha provocado la nova cançó, hoy por hoy convertida en parte muy importante de mi universo sonoro. He de reconocer que a ella le debo algunos de los rasgos de mi identidad que más estimo. Tanto es así que he llegado a la clara constatación de que verdaderamente existen los «genes ambientales». En este caso, los genes que, como aquel «Vols venir, maco?» tierno, anónimo y siempre recordado, me hacen sentirme vitalmente vinculado al pueblo catalán, a Cataluña y, en concreto, a la cançó y a la literatura catalana.

Por ejemplo, empecé a sentir por primera vez los latidos más atractivos y sugerentes de la «libertad» y la posibilidad de hacerla mía y alcanzarla el día que, con diecisiete años, descubrí y escuché en Jaén la canción «Al vent» en un single de vinilo publicado por Raimon en 1963 que me regaló un «cura rojo» de vocación tardía (más adelante volveremos a recordarlo).

Llegué al definitivo convencimiento de que Sueño, luego existo (título de uno de mis libros escrito en 1996 que, precisamente, nació y empecé a escribir en Barcelona) porque, desde 1979, llevo incrustadas en mis creencias y en mi sensibilidad la voz, los versos y la fuerza expresiva de Lluís Llach reivindicando su derecho a soñar; derecho que comparto apasionadamente.

«Somniem.
Sí inevitablement, el somni d'avui com possibilitat del demà [...]
Per això, que ningú no s'avergonyeixi de dir, 
que ningú no s'avergonyeixi de cridar:
somniem, si, constantment, somniem sense límits en els somnis,
somniem fins l'inimaginable.
Somniem sempre,
i ho esperem tot, hem après l'art d'esperar, aquest art d'esperar
en nits interminables d'impotència; sabem esperar i ho esperem tot, tot…»
(«Somniem». Lluís Llach.)

En los momentos en que se me debilita suelo realimentar mi esperanza leyendo el poema «El pi de Formentor» de Miquel Costa i Llonera, o escuchando la canción que sobre ese poema compuso e interpretó Maria del Mar Bonet junto con Lautaro Rosas en 1981. No sé cuántos cientos de veces he escuchado esa canción.

«Lluitar constant i vèncer, reinar sobre l'altura
i alimentar-se i viure de cel i de llum pura...
oh vida! oh noble sort!
Amunt, ànima forta! Traspassa la boirada
i arrela dins l'altura com l'arbre els penyals.»
(«El pi de Formentor».
Miquel Costa i Llobera - Maria del Mar Bonet / Lautaro Rosas.)

En fin, podría dar muchos más detalles de cuánto me han influido vitalmente mis primeros «genes ambientales» de identidad catalana; ya lo iré haciendo; tiempo y páginas me aguardan para seguir rescatándolos y reivindicándolos.

jueves, 9 de julio de 2020

TESTIMONIOS MUSICALES: AUTE (Y 31)


Hace unos meses me propuse escribir una biografía, la biografía de un cantor, o la de un pintor, o la de un poeta…; ahora releo lo que he escrito y yo mismo me sorprendo; las fechas se me nublan y el tiempo no ha pasado, las anécdotas que pude escribir las he olvidado y solo me queda el armónico compás de unos latidos:

«Dónde está el hombre,
dónde la tierra,
dónde la vida,
dónde, dónde, dónde.»



Eduardo, cantor, pintor, poeta…, en ti queda el hombre, en ti, y siguiendo precisamente tus huellas, yo mismo lo he encontrado, el hombre gigante y poderoso abatido por sus dudas y engrandecido por sus pasiones; y el hombre pequeño y acobardado refugiado en sus pequeños instantes de ternura. Tú Luis Eduardo Aute has sido y eres ese hombre de carne y hueso que no muere, el que nace, sufre y vive –como diría Unamuno– dejándose desgarrar en el laberinto de sus propias contradicciones.



Eduardo, tuvo vida la tierra y naciste tú de ella, y yo mismo también, escribiendo de ti y bebiendo con sed de tus sentimientos, tan generosamente compartidos en tus lienzos y en tus canciones, he sabido encontrarla…. Yo lo he sabido y lo sabemos porque tú, con la misma tierra de la que se engendraron tus latidos, nos has hecho volver hacia ella. En ti la tierra se ha hecho carne: canto y pintura que prenden firmes en la «rocosa entraña de lo eterno».



Eduardo y en ti, tierra humanizada, he hallado también dónde está la vida; tú has sabido mostrármela con elocuencia rompiendo todas las puertas –como Lorca– y viendo por tus ojos «que la ley es un muro que se disuelve en la más pequeña gota de sangre»... Tú Eduardo que has sabido sacralizar la humana pasión hasta en las cloacas más infectar de exilio, nos has enseñado que la vida ea "rito", "sarcófago" y "espuma"; que la vida es "Albanta", "alma" y "latido"; que la vida es "fuga", "cuerpo a cuerpo" y "nudo"..., y por eso me acerco en esta noche, como un fatigado peregrino, al pórtico de tu "templo" y camino,,,, camino insaciable hacia el altar de tu poesía humanizada, donde bebo tu sangre y como tu cuerpo, practicando contigo "en un éxtasis de ángeles caídos", la comunicación total: He aquí el hombre, he aquí la tierra, he aquí la vida, algo que en realidad va mucho más allá que mis miles de palabras intentando escribir tu biografía,

miércoles, 8 de julio de 2020

˝UNIVERSO MUSICAL DE FEDERICO GARCÍA LORCA". ARTICULO PUBLICADO EN LA WEB: CANCIONEROS.COM


Acaba de publicarse un artículo en la Web "Cancioneros.com" (Diario Digital de Música de Autor), firmado por XAVIER PINTANEL, en el que se presenta y se comenta el proyecto "Universo musical en la poesía cantada de Federico García Lorca". Con mucha alegría  tengo el placer de compartirlo:



Más de 5.000 canciones compuestas y grabadas por más de 2.900 intérpretes o compositores de 62 países en todo tipo de géneros —canción de autor, pop, rock, jazz, hip hop, flamenco, folk, música sinfónica, lírica, polifonía, etc.— son algunos de los espectaculares datos que arroja el proyecto «Universo musical en la obra poética de Federico García Lorca» del pedagogo y estudioso de la canción de autor Fernando González Lucini.

Este inmenso trabajo de recopilación se encuentra "felizmente en la recta final", aunque —advierte Lucini "un final que nunca será definitivo porque la poesía de Federico  García Lorca siempre seguirá siendo musicalizada y cantada, y mi investigación, en consecuencia, siempre estará abierta a un proceso de permanente actualización".

Varios años de trabajo —los dos últimos en exclusiva— donde Lucini ha localizado y adquirido –cuando ha sido posible– todas las musicalizaciones y canciones creadas en todo el mundo, entre 1931 y la actualidad, con o a partir de poemas de Federico García Lorca; ha alimentado una base de datos; y ha estudiado y analizado los resultados de forma global y comparada.

Existe un precedente de una obra similar obra del investigador y profesor universitario norteamericano Roger D. Tinnell, Federico García Lorca y la música. Catálogo y discografía anotada (1998), pero que, a pesar de su importancia y de su rigor, presenta enormes carencias en lo referente a la "canción de autor", ámbito importantísimo que, en gran medida, el profesor Roger desconocía y en el que se adentra solo de forma superficial. Sin contar además que desde 1998 hasta hoy se han editado más de 1000 discos que contienen poemas musicalizados o cantados del poeta granadino.



Las primeras conclusiones del profesor Lucini, además de las ya expuestas, son realmente espectaculares: se ha musicalizado y cantado más del 90% de la obra poética de Federico García Lorca. Así, por ejemplo, de Poema del cante jondo se han musicalizado y cantado el 92,7% de sus poemas; de Romancero gitano el 94,4%; de Poeta en Nueva York el 88%, de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Seis poemas galegos y Diván del Tamarit el 100%; y de Sonetos del Amor Oscuro y otros sonetos el 89,5%. De la colección de canciones populares antiguas se han creado miles de versiones de las 13 canciones que la componen.

Actualmente Fernando González Lucini se encuentra en la fase de obtener los recursos y los medios necesarios para hacer públicos, y poder compartir, los resultados del Proyecto de forma que puedan ser libremente consultados por cualquier persona que pueda estar interesada: periodistas, investigadores, compositores, intérpretes, etc. Un primer intento con el Patronato Federico García Lorca de Fuente Vaqueros, dependiente de la Diputación de Granada —en manos actualmente del PSOE (Partido socialista)— ha fracasado después un año y medio de conversaciones "en un muy buen clima de trabajo" debido a trabas burocráticas y administrativas. "Por mi parte no tengo ninguna prisa", ha declarado un pragmático Lucini que sigue buscando "otras posibilidades".

Fernando González Lucini ya había trabajo anteriormente en la recopilación de la obra musicada de poetas como en "Miguel Hernández ... ¡Dejadme la esperanza!" sobre el poeta de Orihuela; y otro estudio —todavía inédito— sobre la obra de Pablo Neruda.


NOTA: Si alguna persona desea visitar la web Cancioneros.com no tiene más que pulsar en el indicativo que aparece en la columna derecha de este mismo blog.

sábado, 4 de julio de 2020

TESTIMONIOS MUSICALES: AUTE (30)


˝Son las cuatro de la madrugada. Hace unas horas he regresado de la presentación que Luis Eduardo Aute ha hecho en Madrid de su último LP: "20 CANCIONES DE AMOR Y UN POEMA DESESPERADO˝.



Estas fueron las primeras palabras al inicio de este proyecto o paréntesis biográfico que ahora apunta a su final inacabado; final inacabado porque Eduardo "que permanece libre, curioso, doliente y fiel" –como diría de él Fernando Savater– se encuentra aún en el pórtico de lo que puede llegar a ser, en el futuro, una aún más apasionante biografía.

Un futuro, a la vez, abierto a pasos agigantados como lo demuestra el que a partir de aquel 10 de octubre, al ritmo que yo escribía estas paginas, se desencadenaba en él una serie de acontecimientos que no puedo ahora dejar de constatar.

El 13 de noviembre se estrena en Madrid su película "Delirios de amor" y en diciembre inaugura en la Galería Kreisler 2 de Madrid una de sus más importantes exposiciones –antes en mayo lo hizo también en el Museo Municipal de Bellas artes de Santander–. Una exposición titulada genéricamente TEMPLO.



Por otra parte, y ahora ya en la conjunción más armónica posible entre la pintura, sus poemas y sus canciones, Aute prepara y está a punto de grabar su nuevo LP también llamado "TEMPLO", inicio de una cuarta trilogía de la "Pasión".
«Acudo
a tu templo de carne
como quien va a misa
dispuesto a oficiar
la ceremonia de la Consagración.
Y me acerco
a tu altar de transubstanciaciones,
divino alimento humano
donde bebo tu sangre,
cual vampiro,
donde como tu cuerpo,
cuál gusano,
practicando, en un éxtasis de ángeles
caídos,
la comunión original.» (73)


Muy posiblemente, cuando tú amigo lector estés en esta página, a Maritchu y a Luis Eduardo les haya nacido ya su tercer hijo y podrás celebrar conmigo el haber conocido un poco más desde la entraña al poeta que ha escrito y que canta esta canción que ayer él mismo me entregaba a la vuelta de la presentación de su película en Barcelona; canción que grabará en su próximo disco.

«Desciendan de la Gloria
legiones de arcángeles armados
de cólera divina fieramente resueltos
a expulsarnos del Paraíso.
Traspasen sus espadas de fuego
nuestra sed de Conocimiento,
fruto creado para la profanación
del mandato de quien los envía.
Desaten sus iras, alados ejércitos
sin sexo ni cerebro, cobardes
hermanos de quien osó,
Luzbel,
imitando al Creador, ser
humano.
Angelus, Angelus...

Ataquen inmaculadamente atacados
por la envidia de no estar hechos
a imagen y semejanza del Amo
como tú,
hembra dulce de víboras manzanas,
como yo, tu fiel esclavo.
Angelus, Angelus...

Qué si por castigo, compañera
de pecado, debo amarte
con sangre y con dolor,
hágase su Voluntad
que aquí en la tierra como en el cielo,
de nuevo profanaremos
el arcano de nuestra culpa carnívora
sacralizando la humana pasión
en las cloacas más infectas
del destierro
Angelus, Angelus...» (74)

Madrid, 28 de enero de 1987

(73) "Éxtasis de ángeles caídos˝ (Templo, 1987)
(74) "Ángelus" (Templo, 1987)

miércoles, 1 de julio de 2020

UN LINDO RECUERDO.

Esta mañana, recordando el disco "Paco Ibáñez canta a José Agustín Goytisolo" ilustrado por el gran pintor Josep Guinovart (1927–2007), me ha venido a la memoria un día de 2005, no recuerdo el mes, en que viajé a Barcelona y estuve comiendo en casa de Paco Ibáñez –por cierto, que cocina muy bien–.



En aquel momento yo estaba preparando la gran exposición "¡Volad, canciones volad!" que inauguramos en la Biblioteca Nacional el 7 de marzo de 2006.

Después de comer Paco me mostró la preciosa colección de dibujos que Guinovart había creado para el diseño de su disco dedicado a Goytisolo. Me quedé sorprendido. Eran unas verdaderas joyas. Tanto me gustaron que le pedí a Paco que me prestara algunos de aquellos dibujos para la exposición que estaba preparando. Por supuesto Paco me dijo que sí y los dibujos de Guinovart estuvieron en las exposiciones de Madrid, Córdoba, Melilla, San Sebastián, Pamplona, Tenerife y Oviedo.


Entre aquellos dibujos había tres que me parecieron especialmente hermosos: Guinovart había dibujado unos pentagramas y sobre ellos. como si fueran notas musicales, había incorporado, en dos de ellos, los nombres de Paco y de Agustín, y en el tercero la palabra "LIBERTAD". Preciosa y simbólica expresión de ese prodigioso acontecimiento que supone "el que la palabra se haga música".


Tanto me impactaron, en concreto, aquellos 3 dibujos que le pedí a Paco y a Guinovart que me permitieran utilizar el de la palabra "libertad" como ilustración de cubierta de mi libro "...Y la palabra se hizo música", quizá uno de mis mejores libros publicado en 2006. Me dieron la autorización y ahí está. De alguna forma es una especie de entrañable y linda complicidad entre Guinovart, Paco y yo.


Por cierto, un día de estos, tengo que hablar de aquellas exposiciones en las que se ponía de manifiesto el hermanamiento entre la canción y las artes plásticas... Desde que cerré mi garaje y que gran parte del material que las integraba lo mandé a Granada no se ha vuelto a realizar ninguna muestra y es una pena... Pero bueno, ese es otro asunto, del cual, sin duda, hablaremos en otro momento.

martes, 30 de junio de 2020

ORÍGENES Y RAÍCES DE LA OBRA POÉTICA Y MUSICAL DE LUIS EDUARDO AUTE. TRES "TRILOGÍAS" DE REFERENCIA

El estar auto-reeditándome la biografía de Luis Eduardo Aute en mi blog me está resultándo especialmente interesante entre otras razones porque me está haciendo regresar al origen y a las raíces de su pensamiento, de sus experiencias vitales y, en ellas, al sentido más profundo y más real de su obra poética y musical teñida de una coherencia radical y de un humanismo profundamente reflexivo.

No puede entenderse la obra de Aute en su conjunto sin conocer aquellos orígenes en los que se fundamenta su totalidad y en los que se revela su esencia y su autenticidad. Unos orígenes vividos en el ámbito de cuatro grandes coordenadas existenciales: EL AMOR, LA MUERTE, LA VIDA y LA DUDA. Cuatro coordenadas que conformaron TRES TRILOGÍAS en la creación y en el desarrollo de sus primeras obras poéticas y musicales:


Recuerdo que cuando Eduardo y yo decidimos crear aquella biografía –pensada y escrita en muchas horas compartidas– nos propusimos dejar huella y memoria de aquellos orígenes y raíces. De hecho ese es el periodo de su obra recogida en el libro y en los discos que se adjuntaban... Tras la edición de "Nudo", Eduardo publicó su primera síntesis titulada "20 canciones de amor y un poema desesperado" (1986), y al año siguiente editamos en el Círculo de Lectores el discolibro biográfico "Aute. Testimonios musicales", o sea, el libro que ahora estoy auto-reeditándome.

Creo que es importante recordar esta etapa primera y esencial en la vida y en la obra de Eduardo. Poco, o nada, ha venido después en su obra que no se fundamente en aquella primera tensión vital y apasionada entre EL AMOR, LA MUERTE, LA VIDA y LA DUDA.

III - Y AHORA ¡A DISFRUTAR CON "PABLO.CANO" ESCUCHANDO LAS CANCIONES DE SU "FLOR DE HABANERA" !... Y ALGO MÁS.

Después de los dos "cuelgues" que publiqué hace unos días dedicados al disco "FLOR DE HABANERA" – opera prima del cantau...