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sábado, 13 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 16.



Carlos Cano ha sido, sin la menor duda, uno de los cantautores y amigos a los que más he admirado y querido a lo largo de mi vida. Sus composiciones y los años en que compartimos una intensa amistad (junto a Alicia, Tonona y los hijos) han sido parte muy importante de «mi vida entre canciones». Lo fueron y aún lo siguen siendo, porque es imposible olvidar lo mucho que compartimos, reímos, trabajamos y soñamos juntos.

La primera vez que supe de la existencia de Carlos y que le escuché cantar fue a través de su primer LP, A duras penas; disco de referencia que me dejó tremendamente impactado. Una obra (por cierto, hoy perfectamente recuperable) en la que se funden una calidad humana de una sensibilidad extraordinaria (hasta en el quejido y la amargura); una conciencia social desgarrada (que Enrique Morente reforzó) y un sentido del humor muy fino que, cuando Carlos se lo proponía (porque era necesario) podía llegar a ser mordazmente hiriente. Todo ello sobre la base de unas composiciones musicales y una forma de cantar de raíz sureña que ya, desde aquel primer momento, transpiraba un sabor y unos aires verdaderamente populares. Al escuchar a Carlos nunca pude dejar de pensar en Antonio Machado en la voz de Juan de Mairena. Él de verdad canta como «el pueblo lo siente y lo piensa, y así como lo expresa y plasma en la lengua que él más que nadie ha contribuido a formar».


Fue tanto lo que me prendió aquel primer disco de Carlos que, cuando tuve la oportunidad de empezar a redactar mis crónicas en el periódico escolar Saeta Azul, le dediqué una de ellas. Se publicó en la segunda quincena de marzo de 1977, Carlos Cano y la Nueva Canción Andaluza. El alcance que llegó a tener aquel artículo fue sorprendente, en particular por tratarse de un periódico tan bien distribuido en Andalucía. Recuerdo muy bien que aquel número de la revista (el 56) tuvo que reeditarse.

En el momento en que publiqué aquella crónica, Carlos estaba grabando su segundo LP, A la luz de los cantares. Un buen día, cuando ya lo tuvo terminado y a punto de publicar, me llamó por teléfono Antonio Muñoz, que en aquel momento era su manager y su mano derecha.

Antonio, consciente de la trascendencia que había tenido el artículo publicado en Saeta Azul sobre A duras penas, me preguntó si era posible hacer algo similar con el nuevo disco. Yo estaba a punto de dejar el periódico por sobrecarga de trabajo pero, por supuesto, le dije que sí. Tenía curiosidad, estaba convencido de que aquel segundo disco de Carlos Cano sería tan bueno como el primero y de que merecería la pena escribir sobre él y recomendarlo.

Por su parte, Antonio me informó de que Carlos y él iban a estar próximamente en Madrid de promoción (ellos vivían en Granada) y que si me parecía bien y me apetecía podríamos concertar una entrevista para conocernos y charlar.


Recibido el nuevo disco, escribí y publiqué la crónica correspondiente y, una vez que el periódico estuvo distribuido, llamé a Antonio y a Carlos, que estaban en Madrid. Decidimos citarnos los tres en el hotel Abeba, donde se hospedaban. El encuentro fue inolvidable. Carlos me habló de su nuevo proyecto, Crónicas granadinas, prolongamos la entrevista con una cena y aquel día marcó el inicio de nuestra amistad.

A partir de entonces, entre 1978 y 1983, fue rara la semana en que no nos llamáramos por teléfono o el mes en que Carlos y yo no nos encontráramos en Granada, en Madrid, en Sevilla (en casa de Diego de los Santos) o en Barcelona, donde teníamos amigos comunes como Carlos Herrera, Antonio Guerrero o Nuria Ribó.

En aquellos años Carlos grabó y pudimos disfrutar sus Crónicas granadinas (1978), De la luna y el sol (1980) y El gallo de Morón (1981). Tres hermosísimos discos que, lamentablemente, no llegaron a tener, al menos fuera de Andalucía, la valoración que en justicia merecían.


Ante esta situación, cuando Carlos empezó a pensar en su siguiente disco, que se titularía Si estuvieran abiertas todas las puertas, decidimos pasar unos días en una casa que había alquilado yo en la sierra de Madrid para charlar con calma y pensar qué podríamos hacer para promocionar el nuevo disco por todo el país con mejores resultados.

Una de las posibles acciones que se me ocurrieron y que le propuse a Carlos fue escribir un libro con su biografía que podríamos publicar haciéndolo coincidir con la salida al mercado del nuevo disco, prevista para finales de 1983. A Carlos le pareció bien. El problema que se nos planteaba no era escribirlo, ya le conocía bien y además tenía suficiente tiempo para hacerlo, el problema era quién podría editarlo.

Enseguida pensé en la magnífica colección Los Juglares de la Editorial Júcar. En aquel momento ya habían aparecido en ella, entre otras, las biografías de Dylan, Jacques Brel, Brassens, Serrat, Pi de la Serra, Víctor Manuel, Labordeta, Vainica Doble, Raimon y Aute.

Nada más regresar de la sierra solicité una entrevista a María de Calonje y a Silverio Cañada, que en aquel momento dirigían lo colección, y les conté el proyecto.

En un principio parecía que aquello no iba a prosperar. Carlos aún no era lo bastante conocido como para que su biografía despertara demasiado interés y pudiera venderse, me dijeron que era una inversión arriesgada. Entonces se me ocurrió plantear la posibilidad, para reducir los gastos, de que yo mismo, además de escribir el libro, podría hacerme cargo de su maquetación y su diseño sin cobrarles nada. Por otra parte, también les propuse (por supuesto, después de consultárselo a Carlos) que estábamos dispuestos a percibir los derechos de autor no en dinero, sino en libros. A María y a Silverio aquellos planteamientos les parecieron aceptables (¿cómo no?) y el libro se pudo hacer realidad. Lo publicamos en los primeros días de octubre de 1983, coincidiendo, tal y como habíamos previsto, con la salida del disco Si estuvieran abiertas todas las puertas, obra en la que Carlos incluyó canciones referenciales de su repertorio como «Tango de las madres locas», «La metamorfosis», «Elisa», «Hijos de la calle» y «La estrella perdida».


Recuerdo, a modo de anécdota, que cuando firmamos el contrato pensamos que solo utilizaríamos una parte de los libros que nos tenían que entregar (llegaron a ser más de trescientos) para la promoción del disco, cosa que no tuvimos más remedio que hacer con todos, puesto que la editorial, al entregárnoslos, ya se encargó de estampar en todos y cada uno de ellos un sello bien visible que ponía: «Ejemplar NO VENAL».

La redacción de aquel libro fue una aventura apasionante. Me planteé como objetivo penetrar en lo que llamé «el umbral del silencio» de Carlos, con el fin de ir mucho más allá de sus datos biográficos y llegar, en lo posible, al descubrimiento de su humanidad y su mundo interior, de donde, sin duda, nacían sus canciones.

Compartimos y hablamos relajadamente muchas horas, lo que me permitió conocer bien su intimidad y su pensamiento, al mismo tiempo que fuimos afianzando entre nosotros una más sólida relación de amistad y de cariño.


A finales del verano de 1983 montamos una pequeña oficina en Madrid desde donde pusimos en marcha la estrategia de promoción que habíamos diseñado durante meses. Un plan que consistía básicamente en la presentación del libro y del disco. 

Fue un trabajo duro y pasamos bastantes nervios pero, en realidad, nos reímos mucho y compartimos no pocas satisfacciones. En aquellos días presenté a Carlos a una serie de amigos que, tras conocerle y escuchar sus canciones, decidieron ayudarnos. Entre ellos, Eduardo Úrculo, Amadeo Gabino, Fernando Bellver, Manuel Arcorlo, José Hernández, Isabel Villar, Eduardo Sanz, José Luis Verdes, Rafael Canogar, Amalia Avia, Basilio Martín Patino y Fernando Savater. 

La presentación del libro la hicimos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el 18 de octubre y corrió a cargo de Fernando Savater, Maria de Calonge y un servidor. Fue todo un éxito. Carlos, con su acostumbrada timidez, en un momento determinado desapareció. Menos mal que al final pudimos rescatarle para que firmara algunos libros conmigo. 


Por cierto, relacionada con aquella presentación hay una anécdota que voy a referir porque me parece divertida y entrañable. Como andábamos muy mal de dinero, decidimos preparar nosotros mismos el aperitivo que íbamos a ofrecer después de las palabras de presentación. Lo hicimos en mi casa, entre Carlos, Alicia (el gran amor en la vida de Carlos), Tonona, mis hijos y yo. Preparamos las tortillas de patatas y los canapés, cortamos queso y jamón, compramos frutos secos y lo trasladamos todo en un taxi. Cuando llegamos al Círculo dispusimos las mesas con sus manteles y las viandas correspondientes y, a decir verdad, nos quedó mucho mejor que si se lo hubiéramos encargado al mejor bar de la zona. Así se hacían las cosas por entonces, y así era como los sueños se podían ir haciendo realidad.

A los cinco días de la presentación del libro, es decir, el 23 de octubre, presentamos el disco Si estuvieran abiertas todas las puertas con un concierto de Carlos celebrado en el teatro Salamanca de Madrid. Precioso concierto en el que felizmente tuvimos que colgar el ambiciado cartel de «Agotadas las localidades».

Con motivo de ambas presentaciones se me ocurrió crear un grabado o un aguafuerte de corta tirada que fuera un recuerdo testimonial de aquel momento en la vida profesional de Carlos, al tiempo que una invitación muy especial para la participación de las personas más amigas en los dos encuentros que habíamos organizado. Para ello hablé con el escultor Amadeo Gabino, con quien mantenía una muy buena amistad. Le encantó la idea y nos pusimos a trabajar en ella. Una vez creada la plancha por Amadeo, realizamos la estampación en el taller de otro gran pintor amigo, Fernando Bellver.

La imagen del aguafuerte representa una puerta que se abre a la posibilidad de la luz y la utopía, e iba acompañada de dos fragmentos poéticos manuscritos. El de la parte superior está tomado de un texto que le escribí a Carlos para la carpeta de su disco, y el de la parte inferior es un fragmento de la canción «La estrella perdida» de Carlos Cano.


«Por encima del tiempo y el espacio;
surge el SILENCIO.
y en el silencio hoy de nuevo, la ESPERANZA,
y el sueño, y la fe, y la UTOPÍA.
Y en el silencio la visión conmovedora
de una puerta,
una sólida y desafiante puerta, cerrada desde siglos,
que cobra ligereza en su apertura».
(Fernando González Lucini)

«La utopía
abrirá las fronteras
que al mundo separan
de la inmensidad».
(Carlos Cano)

A partir de 1983 se inició una nueva etapa en la carrera artística y discográfica de Carlos que se concretaría en 1985 con la aparición del álbum Cuaderno de coplas, publicado por Ariola.

Mientras acontecía todo lo que acabo de narrar, el 4 de marzo de 1983 Luis Eduardo Aute dio, también en el teatro Salamanca, su mítico concierto Entre amigos, acompañado de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat y Teddy Bautista. El 7 y el 8 de junio, se presentó en el mismo teatro el espectáculo Sudacas, creado por Manuel Picón, Olga Manzano, Rafael Amor y Claudina y Alberto Gambino. Y, por desgracia, el 14 de octubre, en Burgos, perdimos a Jesús de la Rosa, fundador y alma del grupo Triana, que falleció como consecuencia de un accidente de tráfico.

Finalmente, para concluir este capítulo, voy a reproducir un texto de Carlos Cano tomado de la biografía que publiqué en Júcar. Es un texto que retrata muy bien su personalidad y lo que fueron las raíces vinculantes de nuestra amistad. Recordemos que justo por aquel entonces yo estaba reivindicando el valor del silencio y de la interiorización en la «Sinfonía pedagógica en tres tiempos».


«Reivindico el silencio, reivindico la soledad, digo que no es mala, digo que el silencio es un tiempo que tenemos que recuperar, que hay que empezar a escuchar y a comprender la realidad desde el silencio para llegar a encontrarnos de verdad con nosotros mismos. Reivindico el derecho a decir: "Me encuentro tierno y sensible, sin que me dé la más mínima vergüenza. Reivindica la sensibilidad como fortaleza».

jueves, 11 de enero de 2018

PASKUAL KANTERO "MUERDO" EN WARNER MUSIC, NUEVO DISCO Y UNA INTUICIÓN FELIZMENTE CONFIRMADA.

Me siento feliz de poder compartir aquí donde CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA la noticia de que el cantautor PASKUAL KANTERO "MUERDO" ha fichado para la compañía discográfica Warner Music, y que en este momento se encuentra grabando su cuarto disco titulado "LA MANO EN EL FUEGO", producido por Fernando Illán.

Paskual Kantero "Muerdo"

Esta buena noticia viene a confirmarme una convicción personal que yo mismo manifestaba en este blog hace seis años –concretamente en diciembre de 2011– tras conocer y escuchar cantar a Muerdo por primera vez. Decía entonces:

«Me aventuro a afirmar –motivos tengo– que Paskual Kantero "Muerdo" puede llegar a convertirse, en poco tiempo, en uno de nuestro "cantautores" de mayor inspiración y calidad. Yo así lo creo. [...] "Muerdo" cuando se echa a cantar tiene la capacidad de fundir en su voz la fuerza de sus convicciones y de sus creencias –que tiene bien asentadas, y que son profundamente críticas y, a la vez, esperanzadoras–, con la intimidad que se le desboca de los sentimientos, de los latidos y de las ternuras que se niega a reprimir o a enmascarar. Una forma de cantar con sangre; con el alma; con todo su pasión  y su rebeldía...; y además de cantar bien.»

Aquella intuición personal, fundamentada en mis muchos años de acercamiento, audición y disfrute de la "canción de autor", hoy se está haciendo realidad gracias al empeño, al trabajo y el "buen hacer" –no siempre fáciles– de Paskual a lo largo de estos seis últimos años.


PASKUAL KANTERO "MUERDO" en estos seis últimos años ha sabido rodearse de muy buenos músicos; ha grabado tres discos; ha cantado y ha contado con la colaboración de Luis Eduardo Aute, Pedro Guerra, El Kanka, Rozalén, Rocío Ramos, Laura Granados, Lichis, Amparo Sánchez "Amparanoia", Perotá Chingó, Pascuala Ilabaca, Dani Aguilera, Kamankola o Mr. Kilombo; ha viajado por toda Latinoamérica empapándose del sentir, de la sensibilidad y de la música latina en todas sus manifestaciones; no ha dejado –contra "viento y marea"– de ofrecernos magníficos conciertos acústicos o acompañado por toda su banda; y, sobre todo, ha ido siendo capaz de engrandecer su riqueza y su pluralidad rítmica y melódica, y de imprimirle a sus canciones una indentidad crecientemente solidaria, humanizante y de absoluta credibilidad.

CD: "Flores entre el acero" (2011). Primera y segunda edición.
 CD: "Tocando tierra" (2013).
CD: "Viento sur" (2015).

Hoy "MUERDO" por derecho, y en justicia, ha logrado encontrar y disfrutar el reconocimiento a su trabajo y a su calidad, y yo lo celebro; primero porque supone una aportación importante, enriquecedora e innovadora para nuestra "canto popular" y para nuestra "canción de autor"; y en segundo lugar por el cariño y la amistad que compartimos.

Aposté por Paskual Kantero hace seis años, –como lo hice igualmente por Rozalén, o años antes por Carlos Cano, o lo estoy haciendo en este momento por la recuperación poética de Antonio Mata– y me siento afortunado de haber acertado.

¡Felicidades Paskual! ¡Mucha suerte! ... ¡Y a disfrutar, como sabes hacerlo, de tu nuevo disco "LA MANO EN EL FUEGO" y de la gira que vas a emprender por toda España a partir del 8 de marzo... Evidentemente, como vivo en Madrid, estaré contigo en el JOY ESLAVA el 22 de marzo.


Para obtener una mayor información sobre la gira "En el Fuego Tour 2018" de "MUERDO" puede acudirse al siguiente enlace: 

miércoles, 10 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 15.



Durante los años en que estuve publicando mis crónicas sobre la «canción popular» en Saeta Azul y Noticias Obreras, continué dando clases en el colegio Aula Nueva y seguí pensando e investigando sobre la ya mencionada relación, ya ni sé cuantas veces repetida, entre la canción y la pedagogía. Evidentemente, es un claro empeño que me ha acompañado siempre y que hoy sigue latente en lo que mi buen amigo Antonio Fernández Ferrer, uno de los fundadores del colectivo Manifiesto Canción del Sur, llama, cariñosamente, mi «empecinamiento».

A finales de 1979 se produjeron dos acontecimientos muy importantes en mi vida. Por una parte, conocer personalmente a Paulo Freire y tener la oportunidad de escudriñar con él su pensamiento pedagógico; y, por otra, empezar a dar clases en la Escuela de Magisterio ESCUNI de Madrid. Dos acontecimientos que se fundieron de inmediato y que dieron origen a la publicación de mi segundo libro, Música, canción y pedagogía.


Poco antes de empezar el curso académico 1979-1980, Dolores María Álvarez, directora de ESCUNI, me propuso impartir clases en la Escuela de Magisterio con el fin de hacerles llegar a los futuros maestros mis inquietudes y experiencias sobre la posibilidad de incorporar la «canción de autor» en las aulas y en las programaciones educativas. 

Por supuesto, la propuesta me encantó, la acepté y estuve dando clases en ESCUNI hasta 1988. Recordar a Dolores María, que ya se nos fue, me causa una serena emoción; ella ha sido una persona importante en mi vida profesional, sobre todo porque siempre confió en mis proyectos e hizo todo lo posible por impulsarlos. Además, nos unió una gran amistad. Sencillamente nos quisimos.

Justo en aquel momento, en el verano de 1979 (¡qué casualidad!), yo estaba replanteándome todo y creando un nuevo proyecto educativo incidiendo de nuevo en la necesidad de que la «canción de autor» entrara en las aulas. Proyecto al que decidí llamar «Sinfonía pedagógica en tres tiempos». «Este nombre», comentaría meses después, «surgió como una especie de broma entre amigos. Ahora me resulta familiar, me gusta y creo que traduce el contenido de lo que quiero expresar. Es un proyecto que desde que lo empecé a poner en marcha me produjo la sensación de estar inmerso en una especie de apasionante sinfonía liberadora».

Por entonces, acababa de conocer en persona a Freire y de «reempaparme» de su pensamiento. A la vez, me sentía muy impactado por la reciente lectura del libro Percepción y creatividad, de Óscar Oñativia. 


Con Paulo Freire en la presentación
del libro "Música, canción y pedagogía".
Inmerso en ese espléndido conjunto de referencias, aquel verano retomé el proceso «ver, juzgar y actuar» descubierto en los años sesenta en la obra Revisión de vida de Albet Marechal (que siempre ha sido para mí como una brújula), y lo modifiqué en tres nuevos tiempos: «percibir de forma creadora», «interiorizar críticamente» y «comprometer en la acción toda nuestra realidad corporal»; tres tiempos que, al entrar en relación con la música y la «canción de autor», se armonizaron para dar origen a una auténtica «sinfonía».

Cuando Dolores María me hizo su propuesta de trabajar en la Escuela de Magisterio le sugerí la posibilidad de crear una asignatura optativa que podría llamarse «Música, canción y pedagogía» en la que se presentara y se pusiera en práctica mi recién creada «Sinfonía pedagógica en tres tiempos». A Dolores le gustó el proyecto y, en septiembre, junto a otras asignaturas de libre elección, presentamos mi optativa al alumnado de segundo curso. 

Recuerdo que, desde aquel año que dejé ESCUNI en 1988, «Música, canción y pedagogía» se convirtió en la optativa más elegida. Siempre se cubrió el cupo de matriculación el primer día, en cuanto se abría la posibilidad de que los alumnos realizaran su elección entre las optativas propuestas.

La experiencia vivida aquel primer año con los futuros maestros fue extraordinaria, ¡cómo pude disfrutar y cuánto lo hicimos! Fueron muchas horas de percibir e interiorizar muchas canciones juntos, de comunicamos en torno a lo que aquellas canciones nos hacían sentir. Horas de sensibilidad compartida que no solo tenían una proyección pedagógica, sino que, como grupo, nos permitieron sentirnos y descubrirnos cada día más próximos, humanos y solidarios.

Conforme el curso avanzaba, fui tomando la decisión de escribir un libro que recogiera, en su primera parte, los fundamentos y los principios esenciales de la «Sinfonía pedagógica en tres tiempos», y, seguidamente, las experiencias y las vivencias que, semana a semana, íbamos compartiendo en las clases de ESCUNI.

Empecé a escribir mi nuevo libro aprovechando mi tiempo libre y lo publiqué aquel mismo año en la colección Audiovisuales EDEBÉ, de la Editorial Don Bosco. ¡Claro!, el libro se tituló Música, canción y pedagogía, igual que la optativa.

Quizá lo más novedoso para mí de aquella experiencia fue descubrir el valor del silencio y experimentar su elocuencia. Silencio imprescindible para poder interiorizar la música, disfrutarla y percibir lo que puede llegar a confiarnos o hacernos sentir en un momento dado e inesperado.

En ese sentido, empezamos a trabajar y a experimentar no solo con la «canción de autor», sino además con otras expresiones musicales. Recuerdo por ejemplo, y así queda reflejado en el libro, los montajes audiovisuales y las actividades de expresión que realizamos a partir de las composiciones de grupos como Secta Sónica, el grupo francés OSE con música de Herve Picart, o piezas instrumentales de Jordi Sabatés, Tete Montoliu, Santi Arisa, Manel Camp, Toti Soler o George Winston. Recuerdo también, muy especialmente, los hermosísimos momentos que vivimos aplicando la «Sinfonía pedagógica» a El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns.

Ver desarrollo y resultados de la experiencia vivida
con niños y niñas de 8 años en el siguiente enlace de este mismo blog:
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2014_03_29_archive.html

Del libro Música, canción y pedagogía conservo una reseña publicada en la revista Bordón (Revista de la Sociedad Española de Pedagogía) que, en su momento, cuando la leí, me produjo una tremenda satisfacción. En dicha reseña, firmada por Ignacio González Carrasco en junio de 1980, se decía lo siguiente: «Música, canción y pedagogía es el fruto del estudio profundo de la pedagogía de Paulo Freire, junto a una larga experiencia en el campo de la enseñanza. En el libro encontramos el puesto que la música y la canción deben ocupar en el proyecto educativo que busca no solo la liberación del hombre, sino su formación integral como persona. […] Se trata de un libro no solo para educadores y especialistas, sino para quienes comprenden que, en toda cultura, arte y vida están profundamente relacionados».

lunes, 8 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 14.



Antes de proseguir con «mi vida entre canciones» a partir de la década de los ochenta, voy a realizar un paréntesis, creo que necesario, para aclarar desde mi experiencia personal la situación por la que tuvo que atravesar la «canción de autor» y, en particular, sus creadores, a partir de 1975, año en que muere el dictador Francisco Franco y se inicia la transición democrática.

De paso, en este paréntesis también me propongo desenmascarar a todos los «enterradores» (de entonces y de ahora) que, por diferentes motivos, se sacaron y se siguen sacando de la manga una crisis de la «canción de autor» que, personalmente, como vengo diciendo y escribiendo desde hace mucho tiempo, considero inexistente. 

Es curioso, y resulta bastante surrealista, que muchos de esos «enterradores» actuales (que los hay a puñados y muy radicales) ni siquiera habían nacido cuando Aute compuso «Las cuatro y diez», Llach «La gallineta», Cecilia «Dama dama» o Pablo Guerrero «A cántaros». Cuando les escucho o leo sus escritos por las redes sociales y les percibo tan seguros y prepotentes, no puedo dejar de preguntarme: ¿y estos «súperespecialistas» saben realmente de lo que hablan? ¿Cuál es en realidad su memoria y su experiencia histórica? ¿De dónde les viene la información? ¿Se la habrán contado o se la estarán inventando?

Vayamos por partes. Para empezar hay un hecho evidente y difícilmente discutible. Durante los últimos años de la dictadura franquista, sobre todo a partir de 1969, la «canción de autor» y los cantaturores, reafirmando su identidad rebelde, democrática y contestataria, fueron quienes mejor y más clara y directamente supieron expresar, cantando, el hecho cotidiano y real de la represión, el dolor y la barbarie originada por Francisco Franco y sus acólitos, que eran muchos, cerriles y muy peligrosos.

Por otra parte, también fueron ellos, los cantautores, quienes manifestaron y nos contagiaron la esperanza en que, con y desde la unidad y la solidaridad, era posible que «terminara la larga noche y clareara la mañana», como cantaba José Menese con versos de Francisco Moreno Galván. Posicionamiento y actitud valiente, arriesgada y necesaria que, en realidad, no contó con más apoyo que el del sector de la ciudadanía que, identificándose con ellos y con sus canciones, reafirmaba y coreaba, también valientemente, sus denuncias, sus sueños de libertad y su clara voluntad democrática.

Hay que decir y recordar que en aquellos años, bien por la imposibilidad establecida por la censura o por el miedo y el riesgo ante cualquier tipo de represalia arbitraria e impune que pudiera producirse, la «canción de autor» no pudo contar con un apoyo real de los medios de comunicación, ni con la apuesta, por supuesto arriesgada, de la gran industria discográfica. No obstante, es justo reconocer  que en los últimos años de la dictadura surgieron algunas iniciativas de claro carácter local y alternativo que llegaron a ser realmente esenciales para el nacimiento y la difusión de la «canción de autor». Es el caso, por ejemplo, de los sellos discográficos Edigsa, en Cataluña; Xistral, en Galicia; Edumsa, en Madrid; Artezi, Elkar o Herri Gogoa, en el País Vasco; Sonoplay, Nóvola o Acción

Aquella falta de apoyo o de respaldo a la «canción de autor» fue cambiando conforme la dictadura empezó a dar sus últimos coletazos y la ciudadanía, en particular el sector juvenil, empezó a tomar conciencia de que, por fin, «estaba despuntando el alba». 

Fue en esas circunstancias cuando, a finales de 1974 y en 1975, apareció, por ejemplo, la revista Ozono, «Revista de música y otras muchas cosas», dirigida inicialmente por Álvaro Feito; o los sellos discográficos Gong (Movieplay) y Pauta (Ariola), que acogieron y promocionaron gran parte de la obra de nuestros cantautores. Iniciativas posibles gracias a que empezó a suavizarse el efecto de la censura y, sobre todo, porque la «canción de autor» pasó a convertirse en un producto cultural socialmente demandado y, en consecuencia, comercialmente interesante y sostenible.


A partir de ahí, entre 1976 y junio de 1977, fecha en que se celebraron las primeras elecciones democráticas, la «canción de autor» se convirtió en una expresión cultural esencial para la gran mayoría de la ciudadanía que reclamaba, cada vez más esperanzada, la democracia y la libertad. 

Es importante recordar en este contexto el Recital de los Pueblos Ibéricos, celebrado el 9 de mayo de 1976 en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid. Recital histórico que duró más de ocho horas y al que asistimos más de cincuenta mil personas de todas las edades. Actuaron más de veinte cantautores procedentes de todo el país: Quico Pi de la Serra, Raimon, José Antonio Labordeta, La Bullonera, Bibiano, Benedicto, Miro Casabella, Luis Pastor, Daniel Vega, Julia León, Elisa Serna, Adolfo Celdrán, Pablo Guerrero, La Fanega, Fernando Unsain, Carmen Jesús e Iñaki, Gerena, Mikel Laboa, Víctor Manuel, Gabriel González, los portugueses Fausto y Vitorino, e Isabel y Ángel Parra, de Chile.


De la misma forma, en aquel momento la «canción de autor» se convirtió en un centro de especial interés para la clase política y, en particular, para los partidos políticos de izquierdas que decidieron apoyar a los cantautores solicitando que participasen en sus campañas y sus mítines con el fin de movilizar los sentimientos y los latidos democráticos del electorado.

Recuerdo, en ese sentido, canciones como «Por un poder andaluz», compuesta en 1977 por Carlos Cano para la campaña electoral del Partido Socialista Andaluz; o la canción «Vota bien y mira a quién» creada por Adolfo Celdrán ese mismo año. Canciones evidentemente circunstanciales que se alejan mucho de la calidad real, poética y musical, de la obra global tanto de Carlos como de Adolfo.

«Aquí están los socialistas, / los de la manita abierta, / los que defienden su tierra / del paro y la emigración, / los del olivito verde / y el corazón por bandera, / verde y blanca de la tela / del pueblo trabajador. / [...] ¡Viva Andalucía libre / que es hora de despertar! / ¡Y que vivan los que luchan / por darle la libertad! / Andaluz, que tu voto no migre / pa que así no migres tú. / ¡Por un poder andaluz!». (Carlos Cano)

«Habla pueblo habla / vota pueblo vota / pero no votes / a quien te explota./ [...] Ellos son los supermanes / y nosotros los idiotas. / Los cuentos para los tontos, / esquiroles y pelotas. / Nos piden que les votemos / que callemos y a otra cosa. / Mi voto es para los míos, / los que cambiarán la historia». (Adolfo Celdrán)

Aquella situación, felizmente, varió a partir de 1978, año en que se aprobó la Constitución y en que la reivindicación de los valores y los derechos humanos, así como la denuncia de las situaciones injustas, pasaron a convertirse en dos de las responsabilidades centrales y específicas, tanto en el Congreso como en el Senado, de los parlamentarios y los grupos políticos elegidos democráticamente. La «canción de autor» necesitaba desligarse de las posibles utilizaciones políticas y tenía que recuperar su libertad y su independencia crítica e ideológica.

A partir de aquel momento, los cantautores tuvieron que replantearse su identidad como colectivo y, a la vez, como individualidad, tanto en lo referente al contenido poético de sus canciones como a la calidad de sus composiciones y de su interpretación oral e instrumental. Replanteamiento que, desde mi punto de vista, no supuso ni originó en ningún momento una crisis global del género reconocido como «canción de autor». Fue en esencia un necesario y obligado momento de paréntesis y búsqueda personal del que muchos (una gran mayoría) salieron fortalecidos poética y musicalmente. Bien es verdad que hubo también quienes dejaron de cantar. Y no menos cierto que, de forma imparable, con el paso de los años, no han dejado de surgir nuevas generaciones de cantautores de calidad que, con gran esfuerzo y mucha ilusión, siguen cantando «como quien respira», que diría Celaya.

No sé a qué crisis de la «canción de autor» se refieren los «enterradores» cuando, por ejemplo, en 1979, se publicaron y pudimos disfrutar de grandes obras de la música popular como Canciones de amor y celda, de Amancio Prada; De par en par, de Aute; Los versos del capitán, de Manuel Picón y Olga Manzano; Somniem, de Lluís Llach; Un largo abrazo de agua, de Quintín Cabrera; Romesco, de Gato Pérez; Saba de terrer, de Maria del Mar Bonet; Quan l'aigua es queixa, de Raimon; La leyenda del tiempo, de Camarón, o Fins que el silenci ve, de Joan Baptista Humet, quizá uno de los mejores discos de Humet, que, además, tuve la suerte y el placer de poder disfrutar el día de su estreno en el Palau de la Música de Barcelona, momento que marcó el comienzo de una inolvidable amistad. 


Como no encuentro el menor rastro de la mencionada crisis cuando al año siguiente, ya en la década de los ochenta, se publicaron discos como Valle de lágrimas, de Javier Krahe; Malas compañías, de Joaquín Sabina; De la luna y el sol, de Carlos Cano; El eslabón perdido, de Vainica Doble; Barcelona. Ciutat gris, de Joan Isaac; Bruixes i manduixes, de Marina Rosell; Luna, de Víctor Manuel; Lau-Bost, de Mikel Laboa, o Marismas, del grupo Suburbano.

Tampoco se produjo una crisis de la «canción de autor» años después, en 1986, cuando, ante la incoherencia y la degradación democrática que ya empezaba a mostrarse en nuestro país, cantautores como Javier Krahe con su «Cuervo ingenuo» o Labordeta manifestando su «Desobediencia civil», se opusieron a Felipe González y al gobierno socialista ante su postura de integración en la OTAN.


Crisis ¡no! Hoy por hoy, yo mismo me sorprendo cada día de la enorme cantidad de amantes de la «canción de autor» que visitan mi blog Cantemos como quien respira, la web Canción con todos o el Buen día que, desde hace más de tres años, vengo compartiendo, cada mañana con una canción, en mi muro de Facebook. Sorprendente también la respuesta, tremendamente numerosa y positiva, de la audiencia del programa de Radio Nacional Esto me suena. Las tardes del ciudadano García en el que colaboro los viernes por la tarde con un espacio dedicado a los cantautores.

Con todo lo escrito anteriormente, siento contradecir y decepcionar a quienes afirman (no sé muy bien por qué) que el género musical y poético identificado como «canción de autor» está en crisis. No lo está, ni mucho menos. Lo que sí es cierto es que estamos hablando de una manifestación cultural que, en general, no recibe los reconocimientos que merece, quizá por su capacidad crítica. Manifestación cultural y artística que, por aquello de tomarse en serio el amor y la vida, hay quienes no la pueden soportar.

Cierro este paréntesis evocando dos manifestaciones más que respaldan, subrayan y amplían mis razonamientos. 

La primera, el programa de televisión que realizó Jose Luis Balbín en La clave, el 7 de mayo de 1993, al que tituló ¿Qué fue de los cantautores contestatarios? Un programa en el que participamos Chicho Sánchez Ferlosio, Marina Rossell, Labordeta, Carlos Cano, Gerónimo Grada, Javier Krahe y yo, donde quedó demostrado, una vez más, que de crisis nada. El programa está colgado en mi blog Cantemos como quien respira y recomiendo verlo.


La segunda manifestación es más reciente. Me refiero al poema que ha escrito Luis Pastor y que da título a uno de sus últimos discos: ¿Qué fue de los cantautores? (2012). Me encanta concluir este capítulo con algunos magníficos fragmentos de ese poema:

«[…] ¿Qué fue de los cantautores? / preguntan con aire extraño / cada cuatro o cinco años / despistados periodistas / que nos perdieron la pista / y enterraron nuestra voz. / [...] ¿Qué fue de los cantautores? / Aquí me tienen, señores / como en mis tiempos mejores / dando al cante que es lo mío. / Y aunque en invierno haga frío / me queda la primavera, / un abril para la espera / y un Grândola en el corazón. / ¿Qué fue de los cantautores? / Aquí me tienen señores / aún vivito y coleando / y en estos versos cantando / nuestras verdades de ayer / que salpican el presente / y la mierda pestilente / que trepa por nuestros pies. / [...] Siete vidas tiene el gato / aunque no cace ratones. / Hay cantautor para rato. / Cantautor a tus canciones. / Zapatero a tus zapatos».

sábado, 6 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 13.



Siempre lo he dicho, y lo mantengo: A lo largo de los prácticamente cincuenta años en que vengo amando y reivindicando la "canción de autor" en ningún momento he querido ser (nunca me lo he propuesto) un crítico musical especialista en ese género. ¡No me interesa! ¿Quién soy yo para criticar la calidad del trabajo de nadie? ¿Con qué criterios? 

Para mi, cada día más, el criterio esencial de calidad (yo diría el único) que considero imprescindible en relación a la expresión artística, en cualquiera de sus manifestaciones, no es más que uno: LA EMOCIÓN. "Me emociona", o "no me emociona". Quizá pueda parecer un criterio demasiado simplista, subjetivo y personal, pero qué le vamos a hacer, esa es mi posición ya inmodificable a estas alturas de la película

No, yo nunca he sido, ni voy a ser un crítico de la "canción de autor"; soy simplemente uno de sus cronistas, sin duda, de los más apasionados. He contado su historia y su evolución desde diferentes perspectivas; la he reivindicado y defendido siempre y a través de todos los medios posibles como un género con características propias; y me encanta y siento la necesidad de apoyar, recomendar y difundir todas aquellas canciones, y a aquellos cantautores o cantautoras, que consiguen emocionarme cuando crean belleza y conjugan en armonía palabra, música, sensibilidad y bien cantar. No me importa el tema desarrollado en la canción: con el amor y para la pasión, o contra la violencia y la injusticia, me es igual. ¡Pero que consiga emocionarme!


Esta forma de pensar no siempre es bien comprendida y aceptada, sobre todo por algunos cantautores y cantautoras jóvenes. Hay en algunos de ellos tanto ombliguismo y tanta prepotencia que si un día comentas, o les dices, "no me emociona (o sea, no me gusta) lo que compones y lo que cantas", inmediatamente reaccionan afirmando, con altas dosis de "cabreo" (llegando incluso a negarte el saludo), que les estás criticando. Alguno de ellos incluso me ha llegado a decir que le estaba insultando. ¡Es lamentable!

Pues no, yo no soy crítico, ni quiero serlo. Soy un cronista de la "canción de autor" como género musical y poético; lo que, por supuesto, no me impide sentir y decir, en privado y a quien me apetezca, "me emociona" o "no me emociona", "me gusta" o "no me gusta". Eso sí, también tengo muy claro que no voy a dejar de apoyar, recomendar y difundir apasionadamente aquello que me emocione y que me guste (que es mucho). De lo demás, como dice la copla, "prefiero olvidarme".

Hecha la anterior aclaración, creo que necesaria, voy a dedicar este capítulo de "mi vida entre canciones" a evocar el momento y las circunstancias en que empecé a escribir y a publicar mis primeras crónicas periodísticas.

Ya en los años sesenta escribí algunos artículos (simples colaboraciones muy esporádicas) sobre la relación entre la música y la pedagogía en publicaciones como Mundo Obrero, Triunfo, o Cuadernos para el Diálogo, donde tuve la suerte y el inmenso placer de conocer y mantener una entrañable relación con grandes y admirables hombres como Enrique Miret Magdalena o Joaquín Ruiz Jiménez.


Pero, en realidad, mi primera experiencia periodística más sistemática la inicié, en octubre de 1976, en un periódico escolar editado en Sevilla con un nombre que nunca me gustó, pero que sin duda fue una publicación tremendamente innovadora, me refiero al periódico escolar Saeta Azul que fue galardonado con el Premio Nacional de Prensa Infantil y Juvenil en 1975.

Unos meses después de publicar el libro Nueva Canción: Disco-forum y otras técnicas, recibí una carta en el ICCE, procedente de Sevilla, en la que Manuel Suárez Piñero, editor del periódico escolar Saeta Azul, me solicitaba una entrevista. La verdad es que aunque aquello de la "saeta" y del "azul" no me sonaba muy bien, y me producía, inconscientemente, un cierto rechazo (me hacía recordar a la "Falange Española de las Jons" que tanto detestaba), me cité con él en mi casa y mantuvimos una larga entrevista.

Manuel Suárez Piñeiro me mostró el periódico y me informó de que su fundador, en 1973, y su director, desde entonces, era José María Javierre; periodista (en aquel momento también director del El Correo de Andalucía), hacia el que, sin conocerle personalmente, yo sentía una gran admiración. Hombre de tremenda sensibilidad democrática, magnífico escritor, defensor apasionado de los derechos humanos, y sacerdote rebelde y crítico. (Antonio Lorca, también periodista, llegó a calificarle como "la sonrisa seductora de la Iglesia")

He de decir que, con sola esta información que Piñeiro me proporcionó, mi rechazo previo al periódico, por culpa de su nombre, empezó a desaparecer. Con un fundador y director como Javierre era totalmente imposible que aquella publicación tuviera ningún tipo de connotación llamémosle "derechista", y, por supuesto, aún menos, falangista. Es más, ya desde aquel momento, sentí que iba a ser para mi un gran honor poder conocer y trabajar cerca de un gran periodista como José María.

Después el editor me explicó que Saeta Azul era el primer periódico escolar que se había publicado en España; que salía quincenalmente, y que llegaba a cientos de colegios, y de alumnos y alumnas, fundamentalmente de toda Andalucía.

En concreto, y descendiendo ya al motivo central de la entrevista, Suárez Piñeiro me hizo llegar el deseo de José María Javierre de que yo pudiera colaborar quincenalmente en el periódico con una sección monográfica dedicada a la "canción de autor". El proyecto me pareció muy atractivo y necesario (siempre llevar la canción a la escuela ha sido una de mis obsesiones) y acepté su solicitud asegurándome de que sería totalmente libre no solamente en la creación de la nueva sección, sino, y sobre todo, en la selección y en el desarrollo de sus contenidos. Por supuesto (así era Javierre) les pareció lógico y hasta positivo mi planteamiento y acordamos que en pocos días les mandaría una propuesta para iniciar la colaboración en el curso escolar 1976-1977.

Aquella propuesta, que fue aceptada inmediatamente, consistió en la creación de una sección a la que llamamos Nueva Canción que ocuparía completa la última página del periódico, y en la que, cada semana, haríamos una amplia presentación de la obra (un LP) de uno de nuestros cantautores o cantautoras; presentación, planteada como una especie de "guía para la audición", que se complementaría quincenalmente con unas actividades, o sugerencias didácticas, para poder trabajar dicha obra discográfica en el aula.

Os aseguro que aquel fue uno de los trabajos más hermosos y más gratificantes que he hecho en mi vida; creo que llegó a ser una experiencia innovadora y verdaderamente revolucionaria, sobre todo pensando en los años y en el contexto social y político en que pude desarrollarla. (Ya me gustaría a mi que en este momento se estuvieran realizando iniciativas similares.)

Hace unas semanas, cuando decidí escribir Mi vida entre canciones, empecé a buscar en mis archivos algún ejemplar de aquel periódico escolar y lamentablemente no lo encontré. Es probable que se perdiera en algunos de los varios traslados de casa que he vivido a lo largo de los años pasados. (Sé perfectamente que tenía guardados en una carpeta todo los ejemplares en los que colaboré). 

Al no encontrarlos tomé la decisión de ir a la Biblioteca Nacional, donde se conserva una muy completa hemeroteca, para intentar reencontrarme con aquella documentación que personalmente considero de gran valor histórico

En la Biblioteca Nacional, afortunadamente, me encontré con todos los ejemplares de Saeta Azul en los que había colaborado. ¡Qué vértigo! ¡Fue muy emocionante; hasta se me saltaron las lágrimas! Aquellos periódicos sí que eran presencias y realidades tangibles de Mi vida entre canciones

Como no me permitieron ni hacer fotocopias, ni fotografías, me pasé varias horas tomando notas con las que voy a intentar rescatar lo que fue aquella experiencia: 

Escribí quincenalmente en Saeta Azul desde la segunda quincena de octubre de 1976, a la primera quincena de marzo de 1978. Un total de 24 artículos. (Hay que tener en cuenta que durante las vacaciones escolares el periódico no se publicaba.)

El primero de aquello artículos, que fue la presentación y el despegue de la sección "Nueva Canción", lo inicié con la siguiente introducción que, hoy por hoy, pasados tantos años, sigo suscribiendo palabra por palabra. (No olvidemos que iba dirigida a niños y adolescentes en situación de escolarización y que estamos hablando del año 1976):

«Iniciamos hoy esta nueva sección de Saeta Azul dedicada a la música de juventud y la iniciamos pensando mucho en ti porque sabemos que la música te entusiasma. ¿No es cierto?. Queremos ofrecerte y conseguir dos cosas fundamentales: Por una parte presentarte una serie de discos que se van editando y que nos parece son interesantes, y, por otra, darte y daros a todos sugerencias sobre como un disco, una música, una canción puede ser muy importante para vuestra formación porque cuando la canción es buena y posee calidad siempre tiene algo que comunicarnos, un mensaje que transmitirnos, una experiencia que el autor o el intérprete quiere darnos a conocer, y que hemos de saber captar y asimilar.

Piensa que la música y la canción es una forma de lenguaje, una forma extraordinariamente bella de expresión, una forma de recreación de la vida y no solo un producto más de consumo y entretenimiento. Por supuesto hablamos de la "buena canción", no de ese gran conjunto de canciones que no dicen nada y que nada tienen que ver con la vida y con los problemas reales de las personas, de los jóvenes o de ti mismo.» 

Introducción, de aquel primer artículo, que iba seguida de la reseña del disco de Miguel Ríos. La huerta atómica, y de la propuesta de actividad correspondiente.

A continuación voy a realizar una relación de los titulares correspondientes a los 24 artículos que escribí y publiqué en el periódico Saeta Azul. Creo que en su conjunto nos ofrecen una visión bastante completa de nuestra "canción de autor" a mediados de los setenta:

• 1ª quincena de octubre de 1976: Miguel Ríos. La huerta atómica.
• 2ª quincena de octubre de 1976: La canción satírica y las charangas. Forgesound.
• 1ª quincena de noviembre de 1976: León Felipe y sus intérpretes.
• 2ª quincena de noviembre de 1976: Los Juglares y su idilio con la poesía. (LP: Está despuntando el alba de Miguel Hernández.)


• 1ª quincena de diciembre de 1976: Luis Pastor. La voz del pueblo. (LP: Vallecas.)
• 2ª quincena de diciembre de 1976: Un nuevo año de canciones (Resumen anual).
• 2ª quincena de enero de 1977: Canciones para un niño nuevo.
• 1ª quincena de febrero de 1977: En dirección del viento con Mercedes Sosa.
• 2ª quincena de febrero de 1977: Taburiente  o el folclore vivo de un pueblo. (LP: Nuevo cauce.)
• 1ª quincena de marzo de 1977: Los comuneros de Nuevo Mester de Juglaría.
• 2ª quincena de marzo de 1977: Carlos Cano y la nueva canción andaluza. (LP: A duras penas.)
• 1ª quincena de abril de 1977: La Bullonera: Aragón tiene la palabra.
• 1ª quincena de mayo de 1977: Miro Casabella. Ti Galiza.
• 2ª quincena de mayo de 1977: Maria del Mar Bonet y el folklore balear.
• 1ª quincena de junio de 1977: Víctor Jara. Derecho a vivir en paz.
• 1ª quincena de octubre de 1977: Abiertos al futuro con José Antonio Labordeta. (LP: Labordeta en directo.)
• 2ª quincena de octubre de 1977: Manuel Soto Sordera. Cantes de la calle nueva.
• 1ª quincena de noviembre de 1977: El apasionante lenguaje musical de Jordi Sabater.
• 2ª quincena de noviembre de 1977: Fuxan os Ventos. O tequeletequele.
• 1ª quincena de diciembre de 1977: Luis Eduardo Aute. 24 canciones breves.
• 2ª quincena de diciembre de 1977: Buena música y canciones para vacaciones. (Marina Rosell, La Fanega, Lole y Manuel, Joaquín Carbonell, Luis Pastor, Indio Juan, Oskorri, etc.)
• 1ª quincena de febrero de 1978: La Fanega. Voz del pueblo castellano leonés.
• 2ª quincena de febrero de 1978: Misa campesina nicaragüense. Carlos Mejía Godoy.
• 1ª quincena de marzo de 1978: A la luz de los cantares de Carlos Cano.

Concretamente el último artículo, dedicado a Carlos Cano (por cierto, último que escribí en Saeta Azul) lo finalizaba con el siguiente texto dedicado, como diría Blas Infante, a la "patria andaluza":

«Y ahora solo me queda recomendados la audición de las canciones. Seáis de donde seáis, compararlas con eso que se llama "folclorismo andaluz" y juzgar, contrastar y opinar. Y, sobre todo, intentar penetrar, gustar, percibir y sentir esa realidad de país que se llama Andalucía.»

Recuerdo que fue con motivo de la publicación de este artículo cuando conocí personalmente a Carlos Cano, y como a partir de aquel encuentro iniciamos una gran amistad que desembocó en la escritura de su biografía que publiqué en 1983, o sea, cinco años después.

Carlos Cano.

Colaborando en el periódico Saeta Azul, un buen día de febrero de 1977, hablando con Luis Suárez Rufo, que en aquel momento era mánager de Luis Pastor, me propuso que le sustituyera como cronista musical en la revista Noticias Obreras (boletín de la HOAC). (Imposible olvidar a Rufo en Mi vida entre canciones. Se nos fue en el año 2004, pero aquí sigue, en mi universo afectivo y en el de la "canción de autor". Rufo poseía una hermosa y profunda humanidad; compartíamos un gran amor hacia la música; y ha sido, sin duda, un personaje clave –en la sombra– en la historia de nuestra canción popular durante los años setenta y ochenta.)

Rufo en aquel momento estaba saturado de trabajo y le resultaba imposible mandar puntualmente a Noticia Obreras el artículo quincenal que venía escribiendo y publicando desde hace tiempo; fue en esas circunstancias en las que me pidió que le sustituyera; propuesta que me encantó, sobre todo, porque se me abría la posibilidad de escribir y dirigir mis crónicas a un mayor número de personas que nada tenían que ver directamente con el mundo educativo.


El primer artículo quincenal que publiqué en Noticias Obreras estuvo dedicado al grupo canario Taburiente y salió en marzo de 1977 (compaginándolo con mi colaboración en Saeta Azul). 

Curiosamente, el último que escribí, en junio de 1982, lo protagonizó también Carlos Cano. Se tituló Carlos Cano, desde dentro. Recuerdo perfectamente que en aquel momento ya había iniciado mis conversaciones con María de Calonje para escribir su biografía de Carlos y publicarla en la colección Los Juglares, de Editorial Júcar, que ella dirigía. 

miércoles, 3 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 12.



En el ICCE se editaban varias revistas y una colección de libros llamada Educación 96 en la que, poco antes de que yo me incorporara como colaborador, había publicado uno de sus títulos Ricardo Cantalapiedra, concretamente Música pop y juventud. Libro que en muy pocos meses tuvo que ser reeditado.


Ricardo Cantalapiedra, nacido en León, era en aquel momento un magnífico y muy popular cantautor que, como tantos otros jóvenes democráticos y antifranquistas, había surgido de las llamadas "comunidades cristianas de base". Personalmente le conocí y entablamos una buena amistad coincidiendo con el inicio de mi colaboración en el ICCE. En aquel momento Ricardo había publicado varios discos de gran calidad en los que se fundían una tremenda sensibilidad hacia los valores y los derechos humanos, con una directa y muy lúcida capacidad crítica traducida musical y literariamente dentro del género de la sátira. Entre esos discos merece la pena destacar, y no olvidar, tres: El profeta (1972), De oca en oca y canto porque me toca (1973) y En casa de la Maruja (1975).


Hablando una tarde con Ricardo y con la persona que dirigía la colección Educación 96, me propusieron que escribiera un libro recogiendo mis puntos de vista sobre la relación entre la "canción de autor" y la pedagogía, y sobre las técnicas y experiencias que en ese sentido estaba trabajando con niños, jóvenes y educadores. 

No me lo pensé mucho y les dije que sí, ¡que adelante! Inmediatamente me puse a pensar y a ordenar los contenidos que podría tener aquel libro, y en poco más de dos meses lo tuve terminado y entregado. Le llamé Nueva Canción: Disco-forum y otras técnicas

Nada más terminar de escribir aquel libro sentí la necesidad de dedicárselo a los cantautores y cantautoras que, en aquel momento, tanto me habían acompañado con sus canciones, y que tanto me habían hecho sentir. Aquella dedicatoria decía así: «A la autenticidad, a la lucha por la verdad, por la libertad y el amor, a Elisa Serna y Labordeta, a Víctor Manuel y a Ana, a Adolfo Celdrán y Gerena, a Cantalapiedra y a Luis Pastor, a María del Mar Bonet y a Paco Ibáñez, a Pablo Guerrero y a Pi de la Serra, a Lluís Llach y a Amancio Prada, a Aute y a Hilario Camacho, a Raimon y a Rosa León y a tantos otros que hoy "son canto y mañana serán vida", con mi fe, compartida con muchos, en su autenticidad y su lucha siempre adelante.»

El libro (hoy difícil de encontrar) lo dividí en tres partes: La primera, más teórica, presentando la relación que debería existir y establecerse en las programaciones escolares entre la canción y la pedagogía. La segunda la dediqué a ofrecer algunas técnicas, o recursos didácticos, para trabajar en ese sentido en las aulas o con planteamientos extraescolares. Y la tercera parte, dedicada a ofrecer una selección de discos y de canciones, agrupadas por temas, que podrían ser escuchadas y trabajadas a través de las técnicas o recursos propuestos.


Hoy, cuarenta años después, al reencontrándome con aquel libro, me encanta constatar que en su tercera parte ya ofrecí entonces una inicial selección de canciones agrupadas por temas, que, en realidad, fue el antecedente (en aquel momento impensable para mí) de lo que en 1984 sería la base de los cuatro volúmenes que escribir con el título genérico de Veinte años de canción en España (1963-1983) y a los que haré referencia más adelante. 

De la misma forma, a través de este reencuentro con mi primer libro, he descubierto (lo tenía olvidado) que concluye con una selección discográfica sobre el flamenco que le solicité a José María Velázquez Gaztelu, prestigioso flamencólogo con el que sigo teniendo una buena amistad. (Siempre he destacado, y lo seguiré haciendo, las muchas y muy hermosas incursiones que han realizado los grandes cantaores y cantaoras flamencas en el universo de la "canción de autor": El Cabrero, Gerena, Morente, Menese, Camarón, José y Vicente Soto, Diego Clavel, Luis Marín, Carmen Linares, Mayte Martín, Miguel López, Calixto Sánchez, El Lebrijano, Niño de Elche, Miguel Poveda, Fraskito y un largo etcétera.)

Nueva Canción: Disco-forum y otras técnicas., lo presentamos en diciembre de 1975, en una de las aulas del ICCE, apadrinado por Ricardo Cantalapiedra, Víctor Manuel San José y Ana Belén. Recuerdo que también participaron en el acto Patxi Andión y el dúo Los Juglares, integrado por Ángeles Ruibal y Sergio Aschero. (Por cierto, al mes siguiente, organicé un concierto de Los Juglares, en el ICCE, en el que nos presentaron su disco Está despuntando el alba, dedicado íntegramente a la poesía de Miguel Hernández.)

Asociadas a la publicación de este primer libro hay dos anécdotas que me gustaría compartir:

Estaba ya el original del libro en imprenta y a punto de publicarse, cuando una noche Tonona y yo acudimos a uno de los conciertos de Amancio Prada en el Pequeño Teatro (TEI) de la calle Magallanes, de Madrid, donde presentó su disco Vida e morte (1974), editado inicialmente en Francia por la discográfica La Boîte à musique. 



A mi, la voz, la presencia, la música y las canciones de Amancio, por lo que hasta entonces había escuchado, me gustaban muchísimo. Aquel día, durante el concierto me dejó sencillamente fascinado; tanto, que a la salida pude hacerme con una fotografía suya tocando la guitarra y pensé que esa, y no otra, tenía que ser la que ocupara la portada de mi libro. 

A la mañana siguiente llamé muy temprano a la imprenta para solicitarles por favor que retiraran, si fuera posible, la cubierta que les había mandado, para sustituirla por un nueva, que iba a hacerles llegar, en la que había decidido cambiar la imagen. Me pusieron todo tipo de pegas para hacerlo, pero al final lo aceptaron, eso sí, haciéndome saber que ese parón supondría un retraso en la salida del libro. No me importó, merecía la pena. 

Hace unos días me comentaba Amancio que tras aquellos conciertos en el Pequeño Teatro decidió trasladarse a vivir a Segovia, y que estando allí alguien, que no recuerda, le llevó mi libro. «Me sorprendió muchísimo. Me asombró que alguien reparara en mi hasta ese punto de ponerme en la portada de su libro.» Evidentemente para mi, aquel gesto, en aquel momento, era imprescindible.

La segunda anécdota que me apetece compartir ocurrió poco después. El día 19 de noviembre de 1975, por la mañana, me llamaron del ICCE para decirme que a media tarde tendría los primeros ejemplares de mi libro y que, si quería, pasara a recogerlos. Llegada la tarde me fui para allá todo nervioso. Fue muy emocionante. Lo recuerdo bien: tocar, ver, oler y pasar las páginas de uno de aquellos libros (mi primer libro) me produjo un placer inmenso. Y allí, en la cubierta, estaba, por fin, la imagen de Amancio Prada retocada en amarillo.

Regresé a casa, lo celebramos, y al día siguiente me desperté muy temprano. Era 20 de noviembre. Tenía muchas ganas de enseñarle el nuevo libro a mis amigos y alumnos. Y, mira por donde, ¡que casualidad!, antes de salir de casa nos llegó, primero el rumor, y enseguida la confirmación, de que Francisco Franco había muerto. 


Ante la noticia no lo dudé ni un momento, me fui a Aula Nueva (donde se decidió suspender las clases) con mis libros debajo del brazo y al medio día, durante la comida fundimos, con un brindis, una doble celebración: la salida del libro y el que aquel día podría ser el final de una cruel dictadura. Fue una coincidencia que nunca he olvidado.

Sobre el libro Nueva Canción: Disco-forum y otras técnicas se publicaron varias reseñas en prensa y en revistas pedagógicas, que me hicieron muy feliz. Siempre es una alegría que se reconozca y se valore tu trabajo. De aquellas reseñaS voy a reproducir, seguidamente, tres fragmentos:

«Dentro del apasionante mundo de la música, en estos momentos más que en ningún otro, está naciendo en nuestro país, con una fuerza auténticamente imparable, el fenómeno de la nueva canción popular. La canción que se hace postura frente a las inquietudes, esperanzas, aspiraciones, búsquedas y problemas del pueblo y de los hombres que viven en él. Una canción, que rompiendo con el comercialismo y los fáciles textos y arreglos musicales, se hace grito y portavoz de una realidad que a todos nos interpela e implica: nuestra propia realidad más existencial, nuestra propia vida.

Se trata, en síntesis, del nacimiento de un nuevo lenguaje, de una nueva forma extraordinariamente bella y comprometida de expresión, que crea un cauce también nuevo de comunicación popular. Un nuevo cauce sencillo y espontáneo a partir del cual el hombre puede no sólo autoeducarse, sino incluso llegar a un encuentro consigo mismo y con lo que está latiendo de una forma más o menos consciente en su intimidad.

Paralelamente a ese fenómeno sociocultural y en torno a él, están surgiendo secciones especializadas en revistas y periódicos, así como diferentes obras que lo abordan en uno u otro sentido. Una de esas obras es el libro "Nueva canción: Disco-forum y otras técnicas", de Fernando González Lucini.» (Revista Yelda. Diciembre 1976.)

«Educación y música pop son dos términos que han parecido, y aún parecen, antagónicos a muchos […]. Trabajos como el que reseñamos de Fernando González Lucini puede hacer que se desmorone esa opinión, porque a lo largo de esta breve y concisa obra abre perspectivas inéditas a los educadores para el empleo de esta música con fines formativos.

Y son los Labordeta y Llach, los Celdrán y Aute, las Serna y Bonet y toda esa larga serie de cantantes que se han planteado su oficio con unas miras distintas de las listas de éxito, quienes aparecen continuamente. Fernando González Lucini logra así desdoblar su libro en obra imprescindible para educadores conscientes del lenguaje que emplea el joven de hoy, y en guía valiosa para quienes pretenden adentrarse en un tipo de música que la mayor parte de las veces debe emplear medios paralelos de difusión, por las dificultades que encuentran en los cauces normales.» (José Ramón Pardo. "Blanco y negro". 17 de enero de 1976.)

«Los pueblos (nuestros pueblos de España) van a cantar en vasco o en gallego, en catalán o en castellano. […] Si los políticos entendieran de música y juventud, si leyeran, pongamos (es un poner), tu capítulo "la canción y la música, experiencia y medio de comunicación interjuvenil", a lo mejor un día se estudiaba en las Cortes un documento sobre la nueva canción.» (Demetrio González. "Revista de Pastoral Juvenil". Diciembre, 1975.)

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...