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sábado, 9 de junio de 2018

CRÓNICA DE UN CONCIERTO ESPERANZADOR DE "EL CABRERO".



Llevo varios día repitiéndome insistentemente, con Miguel Hernández, aquello de "¡DEJADME LA ESPERANZA!". La causa de ese sentimiento y de ese deseo viene motivada porque estoy harto y cansado de ese vicio nacional de la "envidia" y de la "prepotencia" –insostenibles– con el que tenemos la lamentable costumbre de apagar cualquier LUZ que empieza a nacer sin darle prácticamente la posibilidad de que PRENDA.

Inmerso en este pensamiento acudí anoche al concierto que nos ofreció EL CABRERO en Madrid. Nada más sentarme en mi butaca el escenario del teatro se inundó de una LUZ mágica e intimista. (Mi pequeña cámara supo captarlo en una de la imagen que encabeza este cuelgue.)

Pocos minutos después salió EL CABRERO con un austeridad impresionante... Le acompañaba su guitarrista Manuel Herrera... Y aquella LUZ escénica se hizo "carne" y en muy pocos segundos nos inundó por dentro.

Allí estaba EL CABRERO sobrio, coherente, inalterable, jondo, hermoso, bellísimamente humilde...«una astilla de tierra que vuelve hacia su antigua raíz mineral»... Allí estaba el nutriente de esperanza que esta necesitando... Aplausos, latidos, emociones, sentimientos rebeldes y la LUZ PRENDIENDO... Fuego y llamarada por dentro.

Nada más terminado el concierto, una señora que estaba a mi derecha le comentó a su compañero: «¡Hermosa noche con duende!»... Al escucharla repentinamente me vino a la memoria algo que dijo un viejo maestro guitarrista: «El duende no está en la garganta, el duende sube por dentro, desde la planta de los pies»... Y es cierto, anoche viendo, sintiendo y escuchando a EL CABRERO pudimos comprobar aquello que decía Lorca: «El duende no es cuestión de facultad, sino de sangre... Hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre»... El cante de EL CABRERO nace de la sangre, de la misma entraña de su corazón; son latidos de vida y de rebeldía, es amor a borbotones.

Anoche EL CABRERO supo azuzar mi ESPERANZA y hoy prende inalterable. Y también prendieron mi esperanza los abrazos que pude darles a dos amigos del alma: Carmen BP y Joaquín (Culturas Indómitas Joakim); fue Joaquín quien me ha regalado la segunda fotografía que adjunto a esta crónica. Por cierto no pude ver a Elena Bermudez, apasionada alma de EL CABRERO, pero estuvo conmigo y yo con ella.

Fotografia de "Culturas Indómitas Joakim".

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