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jueves, 6 de octubre de 2022

IMANOL: ¡HERMOSAMENTE LIBRE!, ¡DESCARADAMENTE REBELDE!, ¡SUAVEMENTE ROMÁNTICO!, ¡RADICALMENTE BUENO!

 

«Datorrela, datorrela
maitemintzen  duen tenorer».

«¡Que venga, que venga la hora que enamore»..., y en la serenidad de la noche surgió un parpadear de estrellas sonrientes, y una voz rompió el silencio sin crispar la belleza de aquel instante; era la voz rotunda y acariciadora de un hombre radicalmente bueno nacido en Donostia; una voz que, tendiendo sus manos, hizo suya la palabra de Miquel Arregi para cantarnos:

«Zure askatasunagatik ebaki neen neuro bizitzak... Zuragatik pitten dut esperantzaren galda... Mi vida la entrecorté para que fueras libre; es por ti por quien enciendo la llama de la esperanza; es por ti por quien con el fuelle de los sentimientos pongo al rojo vivo los recuerdos helados en la fragua del amor; es por ti por quien el molino de mi corazón –sonido del golpe de sangre– desgrana mis alegrías».

Sueños de libertad, esperanza, sentimientos al rojo vivo, la fragua del amor, sonidos de golpe de sangres, alegría...; todo esto nos trajo aquella voz, bajo el parpadear de una noche estrellada...

Nos acercamos a él, y descubrimos que su sentimiento vasco y sus canciones son como un bosque, como una torre de vigía, como un camino, como una flor que no tiene altar, como el mar que no tiene almirante...; y le escuchamos decir: «Todo fluye y muda. Todo en el mundo todo, para mudarse se creó... Yo he cambiado y cambiado, pero hay algo en mí que quema... ese soy yo».

Y conociéndole, siempre pudimos confiar en su voz y en sus manos tendidas..., «¡ese soy yo!»...; siempre fiel, siempre amigo, con una coherencia radical; con una ternura indestructible; con una voz y con una sensibilidad ardientes...; una voz y una sensibilidad a las que siempre se puede acudir porque siempre están, siempre prenden y siempre te esperan.

Nos llegó con su voz y con sus canciones, primero en aquellos años en los que su cantar tenía que pasar furtivamente las fronteras –¡qué tremenda barbarie ponerle fronteras a la sensibilidad y a la belleza!, ¡qué tremenda ingenuidad el pensar que aquella voz podría ser silenciada!–; después, cuando parecía que la barbarie amainaba, su voz y sus canciones regresaron entre nosotros encarnadas en su cuerpo –como el de un niño grandullón– que tras su regreso no ha cesado de preguntarse: «Aingerutxoak egoa urrezko badute, zeru urdiñean urre-dirdira nik nola ikusten ez-ote»... «Si es verdad que las alas de los ángeles son de oro, ¿cómo es que no distingo su brillo en el azul del cielo?».

Esa ha sido su ilusión, y ese es el núcleo y el motor de su destino como ser humano, y de su oficio de cantor: intentar descubrir para sí mismo, y para los que acudimos a su voz, «un brillo en el azul del cielo».

¿Pero cómo lo hace?, ¿cómo consigue Imanol mantener esta identidad crepitante?. ¿cuál es su secreto?. Uno de sus secretos es el amor a la poesía –recuerdo que Mikel Azurmendi dijo, en cierta ocasión, que los «poetas de los que Imanol se alimenta son los que hacen que su fuego de voz se acristale en estrella»–. Imanol ama a los poetas vascos, ¡los siente! tal vez con una especial predilección hacia Miquel Arregi, Xavier Lete, Jon Mirande, Joseba Sarrionandia o Juan Mari Lekuona –que casi siempre le acompañan–; pero ama también el verso de cualquier poeta, cuando es libre y apasionado, ama, por ejemplo, a Alfonsina Storni –con la que emprende un hermoso viaje de mar y luna–... «Quiero un amor que sea una tormenta que todo rompe, y lo renueva todo, porque vigor profundo lo alimenta».

El otro secreto que Imanol protege y atesora en su identidad es su pasión por la vida; una pasión que le hace ser, a la vez, rebelde y tierno; que le hace navegar siempre entre la dicha y el dolor; que le mantiene la esperanza a pesar del desaliento, que le hace ser siempre libre frente a la amenaza y al miedo... ¡Hermosamente libre!, ¡descaradamente rebelde!, ¡suavemente romántico, ¡radicalmente bueno!...


Imanol, con Antonio Resines, Marina Rossell, 
Paco Bello, Luis Pastor, y Fernando Lucini el día
de ña presejtación del libro
«Crónican cantada de los silencios rotos»
del que estát tomado este «retrato íntimo»

martes, 4 de septiembre de 2018

RETRATO ÍNTIMO DE «ELISA SERNA»

ELISA SERNA

Hoy ELISA SERNA nos ha dejado. 
¡Gran amiga y querida complice!
Este "retrato íntimo", lo escribí en 1998; 
y hoy con él quiero rendirle mi homanaje 
y hacerle llegar, allí donde este, 
todo el amor que siento por ella

ELISA SERNA "madriterránea jonda" y vanguardista, es como una "brasa viva", cálida y apasionada, que no hay quien la apague porque ella incansablemente siempre resucita. Confiesa que la utopia es su elixir, su secreto y su fortaleza; y amarrada a ella, con su temple comunero y con su persistencia infatigable –aunque sólo sea entre las cuatro paredes de su buhardilla– no deja de cantarnos: «Más allá, hay que ir más allá».

En los tiempos de la "España negra" ella apostó decididamente por la libertad: por la suya y por la de los compañeros; y lo hizo con la filosofía rebelde, arriesgada y dignamente quejumbrosa aprendida de la voz y de los sentimientos de la clase obrera –de la clase social en la que había nacido, en la que creció y de la que era "arte y parte"–.

Un buen día optó por convertir aquella filosofía en canciones, y lo hizo desde lo más grande que poseía: desde su sensibilidad; una sensibilidad musical innata, innovadora, diferente y libre, como su pensamiento... ¡y siempre apuntando al porvenir!

ELISA SERNA. (Fotografía de Juan Miguel Morales).

Su quejido en aquel tiempo fue vociferante y por muchos aplaudido; y fuimos  muchos los que nos unimos a él sin importarnos ni tonos, ni timbres, ni gaitas; y es mucho lo que le debemos, sobre todo la fuerza, la rebeldía, la solidaridad y la esperanza que ella supo contagiarnos. (¡Lástima que algunos –algunos de los que más vociferaban entonces– hoy quieran olvidarla para no reconocerse en su voz, para borrar una memoria acusatoria e intranquilizadora que, imprudentemente, siempre refleja, en el espejo de la conciencia, la esperpéntica historia del travestismo ideológico y de la incoherencia!).

Ella nunca fue una estrella, fue siempre "luna"; luna que iluminó interminables noches de impotencia –luna condenada hoy a un "cuarto menguante" como consecuencia del crimen del olvido y de la impiedad de la injusticia–; nunca obtuvo un disco de oro, y menos de platino, sólo consiguió el cobre indispensable para poder ir sobreviviendo. («Me hago vieja en la pobreza –nos cantaba ya en el 92–, eso es lo que hay conmigo, yo que quiero estar contenta y se me escapa un quejido».

Primer disco grabado por Elisa Serna
dedicado a Miguel Hernández. 1968

Pero no importa, ella, dale que dale y contra "viento y marea" –sobre todo contra su soledad– prosigue intuitivamente investigando, siempre coherente y éticamente incorruptible. Esclava de sus creencias y de sus afectos, siempre tiene un proyecto entre las manos y una canción en sus entrañas; y para colmo, en su rincón –cuarto piso de una antigua corrala madrileña– rodeada de plantas y de entrañables recuerdos, tiene una gata a la que ha decidido ponerle el nombre de "Utopía".

"Utopía" es inquieta, saltarina, indiscreta y a veces hasta un poco imprudente; y lo que menos puede soportar es que se le encierre en el diminuto "excusado" del hogar para que no resulte molesta a las visitas; cuando así ocurre, la gata se queja, grita y se hace notar, y siempre, al final, Elisa le abre la puerta y te dice, con esos ojillos suyos –siempre vivos y a veces tan tristes– : "Mi utopía es mi único consuelo".

Elisa –mujer extraordinaria–, tú que siempre nos dices que hay que reservar un tiempo para el amor y para la ternura, déjame devolverte –ahora sólo para ti– unos versos de amor que tú nos regalaste: «Como el agua te das; como ella callas... Tu siempre brotas lanzando a la luz cantos lunares y matizando, con ellos, de azul mis manantiales».

martes, 29 de mayo de 2018

RETRATO ÍNTIMO DE MARÍA DOLORES PRADERA

Hoy recordando a MARÍA DOLORES PRADERA, que se nos ha ido, deseo compartir en este rinconcillo un "retrato íntimo" que le escribí en 1998, y que está publicado en mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos. Voces y canciones de autor 1963-1997" (Alianza Editorial).

Ella es de esas pocas artistas –cantante– que ha sabido romper todas las fronteras y tender todos los puentes necesarios para crear una auténtica canción popular al margen de cualquier tipo de encasillamiento...; hace años en una cena con Carlos Cano decidimos nombrarla "cantautora de honor", y en este momento, renuevo y me reafirmo en aquel nombramiento.
Caricatura de María Dolores Pradera creada
por Alfredo González para el libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" de
Fernando González Lucini .

«Al iniciar este retrato he de confesar que me traicionan mi emoción y mi sensibilidad puestas en pie indomables y aplaudiendo; aplaudiendo, a todo rabiar y sin cansarme, no a una voz, ni siquiera a una voz que borda canciones –"que las esculpe", como diceVázquez Montalbán–; aplaudiendo a un ser humano hermosa y profundamente bello, a una mujer extraordinariamente artista, a una amiga exquisitamente delicada: aplaudiendo a María Dolores Pradera"aplausos abrazos" y ¡oles!, "aplausos ¡gracias!", "aplausos viento mensajero" para decirle sencillamente que su canto y, en su canto, todo su ser son canto y ser de "coloma blanca"; paloma blanca como una sonrisa, paloma que canta canciones de lluvia fértil y a la que hasta los geranios y las clavellinas saludan al pasar.

»Es ésta una posición personal, no subjetiva, sino objetivamente prendada de su arte y de su personalidad; objetividad que se afianza en mí al saberla compartida, no ya con un pueblo, el nuestro –en su sentido más amplio, más diverso y más plural–, sino con los pueblos hermanos de Latinoamérica, en los que ella es tan querida y tan admirada como las mismísimas Chabuca o Violeta.

» una serie de circunstancias profesionales vengo viajando, con frecuencia por el continente hermano, y es escalofriante escuchar allí los piropos que aquellos pueblos, y sus gentes más sencillas, le dedican a María Dolores, y es que María Dolores tiene vocación de puente: puente que une, que comunica, que rompe barreras, que hermana, que sabe ser camino de ida y vuelta; puente peatonal, de adoquines antiguos e inmortales, por el que puedes circular de orilla a orilla, sin semáforos, sin atascos, sin contaminaciones y sin más ruidos que los de las pisadas, las risas, la palabras amables o los suspiros.

»Ella es puente de sensibilidades entre la canción latinoamericana y la que nace en nuestro país; ella es también puente de coherencias –respetables y respetadas– entre lo que se dio en llamar "la canción" y "el otro cantar" –entre lo que, a partir de los años sesenta, se encasilló genéricamente como la "canción ligera" y la que hacían los"cantautores"–; tan puente ha sido, en esa perspectiva, que ella precisamente, María Dolores, con su voz, con su arte, y con su sensibilidad, ha sabido deshacer cualquier tipo de encasillamiento...; hay buenas y malas canciones; canciones de calidad y"chabacanerías musicales de oropel" –bondad y calidad que, como en toda obra artística, siempre vienen dadas por los ámbitos de belleza, de sensibilidad, de honestidad y de honradez que pueden transmitirse a través del gesto creador y comunicativo–.



»Del corazón y de la voz de María Dolores Pradera no pueden salir más que canciones de calidad: tradicionales, de Carlos Cano, de Parera Fons, de Maria del Mar Bonet, de León y Quiroga, de Chabuca, de Atahualpa, de Pablo Guerrero, deMatamoros, de Amancio Prada. de "Ferrusquilla", de Joaquín Sabina, de Simón Díaz, de Serrat, o de quien sea... ¡qué mas da!...; ella selecciona su repertorio con unos criterios tan seria y responsablemente artísticos, y con una sensibilidad tan extremadamente exquisita, que es muy difícil que pueda equivocarse...; es más, resulta tan intensa y tan nítida su calidad que, en muchos casos, dada la autenticidad y la delicadeza de su cantar, supera con creces, a la de los autores que interpretan sus propias creaciones.

»Y tras todo esto, aún uno puede preguntarse: ¿Qué tiene esta mujer a la que tanto, y durante tanto tiempo, se admira y se respeta? La respuesta para mí es evidente; intentaré reflejarla con las palabras que reflejan tres colores:

»El "rojo" de la fuerza de su voz, de la pasión de sus sentimientos, de su amor por la libertad y de su permanente actitud de lucha por mantenerse viva en su coherencia y en su cantar. El "verde" de su esperanza, de sus vivacidad contagiosa, de su refinada elegancia, de la frescura de su voz y de su mirada. Y el "blanco" limpio de su alegría; alegría siempre mantenida, pese a los palos que le ha podido dar la vida; blanca sonrisa; blanca y dina ironía..., amistad blanca que aplauden ahora mis manos entusiasmadas, uniéndose al compás de mi emoción y de mi sensibilidad... Roja, verde y blanca, así es, María Dolores, como te tengo y como te quiero».

jueves, 19 de enero de 2017

RETRATO ÍNTIMO DE "VÍCTOR MANUEL SAN JOSÉ"

VÍCTOR MANUEL SAN JOSÉ

Estoy creando la entrada de VÍCTOR MANUEL SAN JOSÉ 
en la WEB "CANCIÓN CON TODOS y me ha venido a la memoria 
el "retrato íntimo" –ilustrado por Alfredo Gonzalez– 
que redacté en 1998 para mi libro "Crónica Cantada de los Silencios Rotos. 
Voces y Canciones de Autor 1963-1997." Hoy, me apetece compartirlo 
aquí donde "CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA".


«Mis canciones brotan de la tierra como el pino verde, como el trigo blanco; mis canciones a veces celebran y a veces lamentan la lucha del hombre». Así definía Víctor Manuel, en 1970, la identidad de aquel arte y de aquel oficio en el que se inició intuitivamente años atrás –siendo adolescente– cuando le regalaron su primera guitarra; una guitarra comprada en un bazar de Mieres por ochocientas pesetas.

Veintiséis años después, en una de sus canciones nos dice: «No puedo vivir sin memoria, sin la memoria de cada paso que anduvimos, sin la memoria de todas las cosas que he vivido» (Hermosas palabra esta de "memoria" –aunque a veces sienta miedo de que, de tanto usarla, le hagamos perder su significado y su sentido–.)

La memoria me devuelve, en este momento, a aquel muchacho asturiano que, en el tiempo que él llamó, en alguna ocasión, "tiempo de cerezas", supo fotografiarnos el alma de personajes cotidianos enraizados en la tierra y en la realidad más descaradamente popular; personajes, entrañables como "El abuelo Vitor", "Carmina", aquel minero de la "planta 14", María Coraje, "el viejo coronel, o "el cobarde...; la memoria me devuelve, a la vez, al Víctor profundo e intimista que nos confidenciaba que tenía el alma cansada y que nos transmitía sus sensaciones –sensaciones compartidas– en aquello días tan raros; o al Víctor "confesándose a un reloj", escribiendo un "antipoema", o inundando de "verde" expectativas y sueños de futuro; aquel Víctor que nos hizo un poco más románticos con su "canción para Pilar", y un poco más subversivos a través de sus cantos a la libertad o de sus "versos escritos con dolor"; El Víctor de "Cómicos" o de "¡Ay amor"; el que supo "tender al sol su corazón" y confidenciarse con "la luna"; aquel Víctor que nos devolvió "el delicado olor de las violetas" y que supo reivindicar, junto con Ana, que "siempre hay tiempo para la ternura".



La evolución de todas esas realidades hechas canción –rescatadas en este momento, a través del ejercicio transparente de la memoria– irremediablemente despiertan en mi un profundo sentimiento de gratitud hacia Víctor Manuel por sus canciones, por su lenguaje directo e íntimo a la vez, y, sobre todo, por su sensibilidad; el mismo sentimiento que experimenté cuando él generosamente –junto con Ana y Ricardo Cantalapiedra–, me acompañaron en el acto de presentación de mi primer libro, escrito a mediados de los setenta.

Pero he de decir que este sentimiento personal habría que hacerlo extensivo, y de forma más generalizada, dado que Víctor Manuel ha sido, indiscutiblemente, uno de los creadores que consiguió, ya a finales de los sesenta, que la "nueva canción" –sin perder nada de su identidad– fuera realmente una "canción popular"; una canción de calidad que calara en el corazón del pueblo, es decir, de todos –los intelectuales, los universitarios y la gente sencilla con capacidad de escucha y de silencio, esa gente a la que alguien en su día llamó la "mayoría silenciosa–; una canción capaz de abrirnos, a todos, horizontes y deseos de justicia y de amor a la libertad. Unas canciones, las de Víctor, que siempre permanecerán en la memoria sentimental y ética de nuestro país como el testimonio de un hombre –"perseguidor de sueños"– que sintió la vida como un gran desafío y que procuró contagiarnos cantando, sus "ganas de vivir".

Hoy Víctor ha tomado la opción personal de reaparecer intermitentemente en recitales y nuevas grabaciones; una reaparición en la que, cuando se produce, siempre me parece estar viéndole con esa imagen simbólica –creada por Alfredo González– del "cómico" a su espalda; imagen simbólica del triunfo de la sensibilidad y de la práctica del arte en libertad. «Codo con codo se hará la cultura popular. Aunque la cubran de sal, la semilla crecerá. ¡Cómicos!»


jueves, 22 de diciembre de 2016

RETRATO ÍNTIMO DE «ROGELIO BOTANZ»

ROGELIO BOTANZ

Este "retrato íntimo" fue, y es, para mí, muy especial. 
Lo escribí después de participar en el primer concierto en directo 
que le vi y le escuché a Rogelio. Salí de la Sala de Conciertos, 
llegué a mi casa, me puse a escribirlo y a los pocos días
lo publiqué en mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos".
Hoy deseo evocarlo aquí para felicitar a Rogelio por su
cumpleaños, y para unirme a todos los buenos amigos que van –y
vamos– a celebrar su nueva etapa de "JÚBILO".


A ROGELIO BOTANZ, aunque suele asociársele al Movimiento de la  Nueva Canción Canaria –como componente del grupo "Taller", y aunque ha sido muy recientemente cuando hemos podido empezar a disfrutar de sus canciones, en directo, fuera de las Islas, hay que considerarlo como uno de esos jóvenes y grandes genios del arte y de la música que son inclasificables; un genio que ama tanto y tan apasionadamente su actividad creadora que, en realidad, lo que menos le preocupa es entrar en el aparatoso maremágnum del "marketing" y de la "superproducción" con todos sus "floripondios" incluidos. (A Rogelio no le queda tiempo para eso.)

A él lo que verdaderamente le entusiasma es investigar, crear, jugar con su imaginación y su fantasía, experimentar nuevas formas expresivas y, sobre todo, disfrutar comunicando y compartiendo, con los que quieran escucharle –sean muchos o pocos–, sus historias cantadas, sus ritmos, sus danzas, sus juegos expresivos, o sus sanas locuras –sanas por lo que tienen de liberadoras– como es, por ejemplo, la puesta en marcha en cualquier espacio –grande o pequeño– de su perfecta, simbólica, increíble y, por cierto, siempre eficaz "máquina para correr".




Rogelio Botanz procede de Legazpia (Guipuzkoa) y lleva incrustadas en sus entrañas la alucinante belleza de aquellos paisajes, la nobleza del alma vasca, y la fuerza humana y trabajadora de Euzkadi. (Con frecuencia, en sus recitales, nos habla de su familia y se le percibe sinceramente enternecido cuando evoca a su madre o a aquel padre, "afilador de guadañas", que supieron engendrarle tanta pasión por la vida). 

A los veintiún años se traslada a Tenerife, para hacer la "mili" y, enamorado de aquella isla y de sus gentes, decide quedarse a vivir allí; una opción que asume con todo lo que implica, desde su sensibilidad y desde su responsabilidad, el dedicarse plenamente al conocimiento y a la investigación de la cultura canaria, y en particular de la música isleña.

En el entramado de estos breves apuntes biográficos, se configuran en Rogelio tres rasgos característicos de su personalidad –y, coherentemente de sus creaciones–: la fuerza de su capacidad expresiva; su fluidez imaginativa, y su concepción ética y social de la existencia.




Las canciones, las danzas, los juegos rítmicos y musicales de Rogelio Botanz destacan por la fuerza y la solidez con las que nacen y con las que él sabe transmitirlas. Son canciones, danzas y ritmos que penetran y se contagian de inmediato, movilizando, no ya los sentimientos, sino toda la realidad corporal. Cantar, bailar, jugar y disfrutar con Rogelio, en cualquiera de sus recitales, es inevitable.

Por otra parte –y, sin duda, claramente influido por su vocación de "maestro" y por las tareas educativas que habitualmente emprende– las creaciones de este vasco/canario derrochan imaginación; cada una de ellas es como una aventura fascinante cuajada de símbolos; de atrayentes y misteriosos personajes; y de mundos fantásticos que cualquiera puede libremente recrear. En cada un de sus creaciones se desvela un especie de "micromundo" de sensaciones en el que se entremezclan de forma inseparable todos los lenguajes.




Finalmente, la personalidad y la obra de Rogelio transpiran una ética hondamente positiva y radicalmente democrática; es, la suya, una ética fundamentada en el valor de la "igualdad", alimentada en el enriquecimiento de la "interculturalidad", y proyectada –siempre de forma alegre, lúdica y generosa– a la creación de ámbitos para el encuentro, para el diálogo y para la gran fiesta de los que creemos que a los seres humanos es mucho y más bello lo que nos une, que lo que puede separarnos y enfrentarnos.

En la obra de Rogelio se cumple aquello que Antonio Gala nos anunciaba: La música en un día impar, quizá nos hará comprender que somos todos hermanos incompletos, y que todos somos un ritmo o un estrofa o un silencio de la eterna armonía universal.

lunes, 3 de octubre de 2016

RETRATO ÍNTIMO DE «LUIS EDUARDO AUTE»

Dibujo de Alfredo González.
LUIS EDUARDO AUTE

Hace ya varias semanas que he sentido una gran necesidad 
de recuperar este "retrato íntimo" que escribí 
en mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos" publicado en 1998; 
recuperarlo para expresar –a través de él– el inmenso cariño 
y la tremenda admiración que siento hacia Eduardo desde hace mucho tiempo.
Hoy, que oficialmente ya es público que se está recuperando
–por lo que nos sentimos inmensamente felices– me he decidido
a compartirlo aquí donde "cantamos como quien respira". 
¡Ojalá muy pronto, lo antes posible, podamos abrazarle! 


Me encontré con él y con sus canciones en el tiempo en el que buscábamos, desesperadamente, «rosas en el mar»«los pies desnudos, la voz al viento; las manos limpias, la sangre ardiendo»– y clamábamos al firmamento: «La verdad, ¿dónde estará la verdad?»...

Lo recuerdo muy bien, fue para mi como «una llama que apartó tinieblas en los claroscuros de mis pensamientos»...; incendió …«la vida que fluye en las ramas del árbol que llevo en el cuerpo» y «resucitó mis músculos dormidos» –sed de sentimientos–...; me enseñó a escuchar «la débil voz y el inexorable latido que brota de hombre que nunca quiso ser máscara del hombre», y entré en su «templo encomendando mis espíritu al vientre consumado de mi bien amada».



Enganchado a sus canciones, descubrí que la vida es «rito», «sarcófago» y «espuma»; que es «alma», «fuga» y «nudo»; ternura, deseo y desamor –«enamorarse o morir»; pasión y laberinto de tinieblas –«cuerpo a cuerpo»; «esfera del azar..., fe de armonía»...; «milagro de la luz en las pupilas»...: querencia, alevosía y arrebato: «¡A vivir que la vida no es medida, ni porvenir!..., que queda todo, todo, todo por sentir».

Él se negó a «ser tiempo en el espacio» apuntalando un mar –promesa de libertad– que es como «un niño que canta sobre cuarenta prisiones»«un niño que se despierta como una ola gigante; lleva en el puño una perla y un coral rojo en la sangre»–; él aprendió del niño-Pablo los secretos de «Albanta», donde «el amor es la flor más perfecta que crece en el jardín»; y convencido radical de que «el fuego es el orden», emprendió su inexorable batalla: «al alba, en pie de guerra y con un beso por fusil»«habrá que hacer acopio de fusiles que disparen girasoles»; Van Gogh, desde su nube, está dispuesto a descargar «bombas de flores»–.

Alguien le dijo: «Mira, Eduardo, no te esfuerces, déjalo estar; ayer amores, hoy ni flores...»; estuvo unos instantes con la vida arriada, perdido en laberintos de «quién soy yo y a dónde voy...», pero pronto –irreversible militante de la belleza– recordó: «Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento»... y así, con su coherencia personal –esa coherencia solidaria, sensible y apasionada que nunca le abandona–, aquí sigue: manteniendo su empeño de «combatir molinos»«creyendo que la razón, sin el ensueño, produce desatinos»–; huyendo de las prisas –«yo quiero amarte paso a paso, con pausas insumisas»–; descaradamente sacrílego frente a la hipocresía y el poder –«sé bien que no es la mano del Rey Midas la que vendrá a salvar mi naufragado corazón»–; y hermosamente inmoral contra la moral de los que persisten en el empeño de «acribillar latidos para que suenen relojes»«aunque me expulsen de sus paraísos, no pienso doblegarme a sus avisos... ¡no quemarán mis alas!»–.


Alas trazadas en palabras que no cesan de danzar «siguiendo la singladura que un albatros le marcó»; alas en la desnudez y en la pasión de sus pinceles; alas en cada una de sus secuencias cuando penetra, enamorado y atrevido, en el lenguaje cinematográfico –últimamente en el lenguaje de la animación–; alas de amigo entrañable al que es imposible dejar de querer.


«Necesito confesaros
antes de decir adiós
que mi voz quiere ser vuestra
como es mía vuestra voz
compartiendo sentimientos
de alegría y de dolor
todas las contradicciones
que padece la razón».
("Entre amigos").

sábado, 30 de julio de 2016

RETRATO ÍNTIMO DE «JOSÉ MENESE»

JOSÉ MENESE
Caricatura de Alfredo González.

Lo recuerdo perfectamente, este "retrato íntimo" lo escribí 
inmediatamente después de un concierto de Menese;
 lo hice en un bar que estaba justo enfrente del teatro en el que había "cantao". 
Después lo tuve un buen tiempo "guardao" en una de mis libretas 
hasta que me decidí a publicarlo 
en mi "Crónica cantada de los silencios rotos".

¡Silencio "JOSÉ MENESE, bajo la luz del escenario, entra y se estira desde su estatura breve... Se sienta, empieza a templarse con la mirada baja, al filo de la silla –todavía un niño al borde de agua– carraspea y rompe por seguiriyas..."

«Qué pena más grande
que no cambie el tiempo
y no se mueva ni una nubecita
que acabe con esto.
Qué dolor de pueblo,
lo que ha soportao,
golpes y golpes y más golpecitos
en el mismo lao.»

De repente una paloma revolotea; el cante "negro" y "jondo" de este andaluz –bueno y solidario– de La Puebla, le ha "despertao"...; la voz de Pepe, como un chorro de sangre, va desperezando eternos dolores, sentimientos y utopías; y a su voz se le une –ya cansada de tanto vivir y de tanto amar, pero todavía profética y resplandesciente– la de Rafael Alberti –que tanto le admira–: «¡Volad, cantes, volad! Vuela el amor y en sus alas el hombre y la libertad».

¡Silencio! Ante nosotros tenemos a un hombre potente como un roble; a un hombre sabio, sensible y sensitivo que ha sabido hacerse a sí mismo; a un hombre sencillo que aprobó "cum laude" –en la «universidad pública de la vida»–, la carrera más respetable, la más difícil y la de mayor futuro: la de la coherencia y la honradez; un ser humano que como dice Ángel Álvarez, es mitad niño y mitad viejo, «niño por esa permanente ingenuidad y la ternura incólume que ha salvado de todos los naufragios, y viejo por un pesimismo desesperanzado que le hace ser el futuro negro»...; ¿supone esto en Menese una rendición? Puedo asegurar rotundamente que no; rendirse, para José  –aunque a alguien ya le gustaría–, ¡es imposible!

José Menese.

¡Silencio! Nos ha "cantao" un hombre que –porque cuando canta es como si se abriera las venas–, trata  mucho con su sangre y con el latir de su corazón –de ese corazón traicionero que injustamente, hace poco tiempo quiso robárnoslo–; José ama la vida, y sabe que en su sangre y en su corazón no puede caber ningún tipo de rendiciones; por eso atesora esa tremenda y envidiable capacidad para sobrevivir a cualquier naufragio.

Sigue cantando...; ahora son unos tientos; unos hermosos tientos con letra de ese otro "peazo" de humanidad que se llama Francisco Moreno Galván:

«Si me pierdo que me busquen
a la orilla de la mar,
leyendo en el horizonte
la palabra "liberta".»

Aplausos... Alguien suelta un grito insólito y a la vez profundamente humano y tierno: «¡Viva Dios!»... Más aplausos... Y un anciano del lugar hace –silenciosa y sabiamente– un comentario: «¡Tiene duende!».

Sí, efectivamente, José Menese tiene "duende", eso que Goethe calificaba como «un poder misterioso que todos podemos sentir, pero que ningún filósofo se explica»...; un "duende" que, en el caso de José –tal y como lo describía un viejo maestro de guitarra–, efectivamente no está en su garganta, sino que le sube por dentro, desde la planta de los pies a la cabeza...; el "duende" que, en el canto del de La Puebla, al llegar a su cabeza, se hace paloma.

jueves, 21 de julio de 2016

RETRATO ÍNTIMO DE PACO IBÁÑEZ

En el año 1998 publiqué, como cierre de mi libro "Crónica Cantada De Los Silencios Rotos", una serie de "retratos íntimos" de aquellos cantautores y cantautoras que, en aquel momento, más me emocionaban y hacia los que sentía una especial querencia. Ya he publicado aquí, en el Blog, la mayoría de eses "retratos", pero resulta que hoy haciendo la entrada de Paco Ibáñez en la WEB "CANCIÓN CON TODOS" me he dado cuenta que me falta por compartir precisamente el de Paco; así que inmediatamente he decidido que, por supuesto no puede faltar. Es este:

Caricatura de Alfredo González.

Recuerdo un día de hace años –ya en la época del primer gobierno socialista– en el que, al atardecer, me llamó, por teléfono Amparitxu –inseparable compañera de Celaya– para comentarme un problema doméstico que se les había planteado en el pequeño y humilde piso de la calle Nieremberg, de Madrid: Resulta que a Gabriel le habían regalado un equipo de música con reproductor de CD incluido, y el conflicto estaba en que eran tantos los cables y las teclas que había que manejar, que no sabían cómo meterle mano a aquel cacharro.

Al ofrecerme, de inmediato, a ir a su casa para conectarles el equipo y para enseñarles a manejarlo, Amparitxu me dijo: «Tráete un compact de esos, porque no tenemos ninguno. ¡Espera!... Me está diciendo el Celaya que te lo traigas de Paquito». (Cosa que me iba a ser imposible porque en aquel momento la obra de Paco Ibáñez no estaba aún grabada en CD.)

Una vez en la casa y hecha la instalación, el nuevo problema que se planteaba era cómo explicarle a Gabriel que de compact de Paco... "¡nada de nada!"...; recuerdo perfectamente su indignación y su comentario: «¿Y a qué se dedica entonces nuestro "ministrillo" de cultura?» –eso mismo me preguntaba yo cada vez que visitaba al poeta de "España en marcha"–. Ante su pregunta, me vino a la memoria aquella expresión que con tanta elocuencia define a Paco Ibáñez: «Paco es el músico con el que sueñan los poetas»; pronuncié esta frase, y la respuesta de Gabriel fue breve, pero muy elocuente: «¡Es verdad!».

Una respuesta que me recordó también las palabras de Salvador Dalí explicando cómo y por qué ilustró el primer disco de Paco Ibáñez, dedicado a Lorca y Luis de Góngora, editado en París en 1964:

«Tomé tinta china y al hacerlo dije: firma esta cosa de Lorca con su sangre y la mía. En el fondo esta es un salpicadura de sangre. He firmado así el disco de Ibáñez, con sangre, a la manera española [...] A la manera más trágica de España, la de la poesía de Federico García Lorca, cantada con la música más adecuada, que habría encantado a García Lorca, con la más española de todas las voces, la de mi amigo Ibáñez».



Se han dicho muchas cosas al hablar o al escribir sobre Paco Ibáñez –yo mismo lo he hecho, con entusiasmo, en mi "crónica cantada"– , pero en este momento, al escribir este "retrato íntimo", voy a detenerme tan sólo en dos realidades, las dos realidades reflejadas en las voces de Celaya y de Salvador Dalí, y que yo comparto apasionadamente:

¡Es verdad! Paco Ibáñez ha sido, y sigue siendo, el origen, el punto de referencia y la fuerza impulsora de muchos de nuestros sueños de entonces, que siguen siendo nuestros sueños de ahora: sueños de poetas y aceituneros altivos; sueños preñados del romanticismo de Becquer, de Machado o de Neruda: y sueños rebeldes por la libertad, amplificando en su voz y en su corazón el decir de Gil de Biedma: «Pido que España expuse a sus demonios. Que sea el hombre el dueño de su historia»; sueños –a flor de tiempo– mantenidos en la imprescindible y siempre presente galopar de sus canciones.

Paco es un trovador inigualable que siempre ha sabido darles a nuestros sueños –en su palabra, en el ronco desgarro de su voz, y en su música delicadamente ajustada («la música más adecuada»)– el tono y el timbre necesarios para revolucionar hasta la entraña de nuestros sentimientos, revolución imprescindible para la otra, para la que supone el estallido posible de la justicia, de la equidad y de la libertad; tal revolución sentimental provocan sus canciones que resulta totalmente indiscutible y justo afirmar, con rotundidad, que Paco Ibáñez es, al menos en mi caso, uno de los más hermosamente culpables del –sé que eterno– mantenimiento de mi razón utópica.

NOTA: El resto "de retratos íntimos" que he venido publicanco aquí, en el blog puede encontrarse a través del siguiente enlace:

martes, 3 de mayo de 2016

RETRATO ÍNTIMO DE «SILVIO RODRÍGUEZ»

SILVIO RODRÍGUEZ

Cuando yo era chiquito, allá en los largos atardeceres sureños, solía jugar a aquel machacón, pero genial, divertimento que consistía en completar frases como ésta: «De La Habana ha venido un barco cargado de...»; recuerdo que "Mariquita" –aquella mujer maravillosa que me cuidaba de pequeño y que inundó y engrandeció mi infancia de sueños y de fantasías– solía decirme que aprovechara el juego para cargar aquel barco con todo lo que más me gustara tener; con lo que más ilusión me hiciera... Ella, cuando jugábamos –dada su pobreza– a veces decía: «...cargado de panes blancos»; yo, dada mi edad:  «...cargado de juguetes».

Evocando aquella experiencia, ahora que –como suelo decir– me queda por vivir menos de lo que he vivido, regreso a aquel juego, y digo: «De La Habana me ha venido un "unicornio azul" cargado de "barredores de tristezas" y de "reparadores de sueños"; de "rabos de nube" y de "alas de colibrí", de "pintores de mujeres-soles" y de "locuras que son como brazos de mar"».



El rumbo de ese "unicornio azul" lo marca un amigo; "un trovador errante que enciende las hogueras y convoca a las luciérnagas"; un amigo –compañero del alma– al que es difícil dejar de amar porque, si hay algo que le caracteriza, es su capacidad para la ternura; cuando Silvio Rodríguez nos da una canción «abre una puerta y siempre aparece el misterio del amor».

«Con un poco de amor sobrevivo...; con un poco de amor yo me salvo...; sólo un poco de amor y soy algo... Con un poco de amor me levanto a mi diario de sed y de espanto... Con un poco de amor fue tejida mi piel y el cincel de mis huesos fue un poco de amor...; con un poco de amor soy yo mismo, soy tú, y soy aquel...».

«Debes amar la arcilla que va en tus manos, debes amar hasta la locura...; el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro...; sólo el amor engendra la maravilla; sólo el amor consigue encender lo muerto».

«La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí; ni el recuerdo los puede salvar...».

Tanto es su amor, y es tanta la necesidad de amor que le prende, que Silvio, hace ya muchos años, destronó de su personalidad y de su arte la posibilidad de la cobardía; por eso en su canto se produce esa insólita y contagiosa síntesis entre «el espanto y la ternura»; entre la pasión y la rebeldía. Pasión rebelde por la vida, alimentada «en el claro de luna». («Hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir»). Y rebeldía-apasionada ante el dolor, ante la injusticia, ante la tristeza, o ante la «pobreza de amistad y de sonrisas». («Un día, junto al mar, la más triste canción oyó llorar a un alma su dolor, y a por le alma fue vibrando la tonada, conmovida y gentil, maravillada»).

...De La Habana llegó Silvio Rodríguez, cargado también de esperanzas, y, entre el espanto y la ternura, nos enseñó a volar: «No hacen falta alas para hacer un sueño... No hacen falta alas para alzar el vuelo... Basta el buen sentido del amor inmenso».


...Después de todo este feliz aprendizaje, a La Habana regreso, este es mi sueño...; vuelo sobre un «unicornio azul», el que Silvio me invitó a buscar, aquel unicornio que con su cuerno de añil pescaba una canción y que tenía por vocación el compartirla... La canción que acompaña mi vuelo y que hoy quiero compartir contigo, mi Habana hermosa, no pude ser más que ésta: «Yo también te convido a creerme cuando digo futuro».

martes, 30 de septiembre de 2014

RETRATO ÍNTIMO DE «LLUÍS LLACH»

LLUÍS LLACH

Fue la noche del 24 de febrero de 1987 en el Teatro Monumental del Madrid –Lluís Llach nos presentaba, en directo, su última creación: "Astres"–; aquella noche fue muy importante para mi; una de esas noches que te quedan grabadas en el recuerdo como una definitiva e imborrable huella de la aventura que supone el cotidiano –y no siempre fácil– ir dándole sentido a tu propia existencia. Tan importante fue, que no puedo prescindir de aquella noche al escribir ahora este retrato.

He de confesar que desde que escuché cantar por primera vez a Lluís, y siempre que, por unas u otras razones, tuve la oportunidad de encontrarme con él, experimenté una íntima sensación que navegaba, insistentemente, entre la magia, el misterio y la seducción. ¡Sí!, había algo mágico y misterioso en aquel hombre –en su voz, en su palabra, en su música, en su mirada limpia– que me seducía; que lograba arrinconar –o dejar aparcar– toda mi racionalidad y que movilizaba todos mis sentimientos.

Desde que le conocí, había procurado arrimarme y tirar –dentro de mis posibilidades y unido a los compañeros y a las compañeras– de aquella "estaca" a la que estábamos atados; me había embarcado y seguía navegando con el sueño de "Ítaca" siempre en mi horizonte; había creído firmemente en que la fe nada tiene que ver con la espera pasiva o delegada; había sentido como sus "campanadas a muertos" resonaban en mi cuerpo despertándome latidos solidarios de ternura y de indignación; me había conmovido –a través de su voz cálida y desgarrada–, con la presencia de los "hijos de Hiroshima" y del "niño de Beirut"; había descubierto –gracias a él– la belleza y los misterios del mar; había dirigido –robándole su voz– íntimos cantos de amor a la libertad; había incorporado a lo más sustancial de mi credo aquellas palabras de Miquel Martí i Pol que él me descubrió: "convertiremos el silencio en oro y el fuego en palabras"; había conseguido arrancarme lágrimas de sensibilidad frente a la ausencia irreparable del ser al que se ama –"cant de l'enyor"–...; sin embargo, tenía que haber algo más, algo más que Lluís Llach escondía en sus silencios y en lo que debía habitar el origen y el secreto de la seducción que siempre me despertaban él y sus canciones.



Aquella noche, sentado en la butaca de un teatro, contemplando a Lluís –enamorado del sol o embrujado por la luna–, y al ritmo en que se iban deslizando por mi cuerpo cada una de las  notas de aquel su insólito viaje por "los astros", descubrí cual era –al menos para mi– el secreto y el origen de su capacidad seductora; la clave –la gozosa clave– me llegó en las últimas palabras de su poema sinfónico:

«I tot passant les primaveres 
la vida haurà de despullar-me 
d’inútils túniques per al camí que 
duu cap a l’essència 
on només cal un desig d’amor, 
un poble i una barca...»

«Y con el paso de las primaveras / la vida tendrá que desnudarme / de túnicas inútiles para el camino / que lleva hacia la esencia / donde sólo es necesario un deseo de amor, / un puerto y una barca.»... ¡Feliz aprendizaje!.

«Deseo de amor para no perder nunca el placer de enamorarte..., / un pueblo que e deje compartir el gozo de quererte...; / y una barquita, por si la mar la muerte quiere darme...».




Este es el secreto de Lluís Llach; éste es, sin duda, el perfil más íntimo y el más auténtico de su retrato; ahí está la clave de lo que en él tanto me seduce: Lluís ha encontrado en el amor "el camino de las estrellas", y en la belleza "un faro para la realización de un mundo más bello"; y, desde ahí, "lanza sus sueños contra el tiempo", y es desde ahí desde donde arranca su fortaleza incorruptible, para acometer el valiente riesgo que supone proclamar a los cuatro vientos uno de mis más radicales convencimientos y obsesiones: «Somniem, és clar que sí, i no ens fa vergonya ésser esclaus de l'esperança». («SOÑAMOS, CLARO QUE SÍ, Y NO NOS DA VERGÜENZA SER ESCLAVOS DE LA ESPERANZA»)...

Aquella noche, a la salida del teatro, tras abrazarle en el camerino, volví a robarle uno de sus versos: «Te he visto de nuevo..., y en ti me he visto, poco a poco».

jueves, 18 de septiembre de 2014

RETRATO INTIMO DE «SUBURBANO (LUIS MENDO Y BERNARDO FUSTER)».

SUBURBANO
(LUIS MENDO y BERNARDO FUSTER)

«Dentro del mundillo de la música, existen presencias o protagonistas que son evidentes porque están ahí, en el primer plano del escenario, en los titulares de un cartel, o en una portada multicolor de un disco; también hay presencias que surgen, aparentemente en segundo plano, detrás o al lado del cantor: son sus músicos y arreglistas –personas habitualmente insustituibles, pero que, en muchas ocasiones, pasan casi inadvertidas–; finalmente existe la presencia de auténticos creadores que se dedican a componer canciones que se encargan de interpretar los primeros, es decir, los evidentes; canciones que, a veces, se convierten en auténticos éxitos y que con frecuencia, desde el punto de vista de la popularidad, suelen ser los éxitos no del que ha creado la canción, sino del que la interpreta. 

En el caso de Luis Mendo y Bernardo Fuster –creadores y almas del grupo Suburbano–  se da la circunstancia de que encarnan, en sí mismos, los tres tipos de presencias anteriores; ellos –los dos– son unos creadores que, desde hace años, nos vienen ofreciendo grabaciones y actuaciones propias absolutamente extraordinarias; y han sido, y son, a la vez, presencias claves en el éxito y en la popularidad de algunos de sus compañeros y compañeras de profesión; tanto porque los han sabido mimar y dar seguridad con sus arreglos, con sus percusiones o con sus guitarras, como porque les han ofrecido, en otros casos, canciones propias tan importantes para la historia de nuestra música popular, como pudo ser, por ejemplo, "La puerta de Alcalá".

Para colmo –en este caso, de "bienes" musicales– Luis Mendo y Bernardo Fuster no cesan de componer melodías y canciones convertidas en temas centrales de películas y series de televisión, como "La mujer de tu vida", "Colegio mayor", "La ley de la frontera", "Makinavaja", "Todos a la cárcel" o "Entre rojas"; e incluso han creado la canción "Aprender a vivir"; canción que da nombre a un proyecto educativo, de carácter internacional, sobre la defensa y la proclamación de los Derechos Humanos y de los valores democráticos.


Luis Mendo y Bernardo Fuster.
(Fotografía de Juan Miguel Morales)

LUIS, además de ser una persona fantástica, tremendamente positiva y radicalmente solidaria; es una de esas personas entrañables que, con su constante bien hacer, ha marcado, en gran medida, el rumbo de nuestra música popular contemporánea.

BERNARDO, luchador infatigable y radical innovador allá donde quiera que roce con su sensibilidad, es un músico de ritmo irresistiblemente contagioso y un poeta de lenguaje cercano y extremadamente directo.

LUIS + BERNARDO son una fórmula explosiva; una suma multiplicadora de sensibilidades; un binomio que, a la primera de cambio, se te cuela en el cuerpo haciéndote cosquillas, o pegándote un pellizco en el alma, con verdades como estas: "La tierra se mueve...; no hay marcha atrás...; ya no podemos parar...; estamos dispuestos a negar que el tiempo pasa y nunca pasa nada...; nuestra esperanza es el único mal que no tiene remedio"».

martes, 9 de septiembre de 2014

RETRATO ÍNTIMO DE «MARINA ROSSELL»

MARINA ROSSELL

«Rocé tu corazón por un instante, sentí su calma, lo tuve entre mis manos...; fuiste una luz que lo inundaba todo...»; esta experiencia que nos transmite MARINA ROSSELL en una de sus canciones –experiencia que normalmente estalla ante el deslumbramiento o el escalofrío que nos produce el encuentro con la belleza–, es la que yo siento y percibo cada vez que la escucho cantar, tanto si lo hace en catalán –su lengua materna– como si lo hace en castellano; y es que si hay alguna pincelada que defina o que perfile el retrato y la personalidad de esta mujer, es la de la belleza; una belleza que va mucho más allá de la apariencia; una belleza que trasciende los límites de lo tangible; una belleza que viene a ser, en su caso, un rasgo total de su identidad y que, desde su identidad se transforma en un hecho real de su persona, de su música y de sus canciones.

Pero, ¿de dónde le viene a Marina tanta belleza? ¿en qué secreto fuego la alimenta? Yo creo –o mejor, estoy convencido que su secreto y su fortaleza radican en primer lugar en su la pasión por la libertad, no en etéreo, sino en su vida real y cotidiana; en el amor y en la forma que tiene de entender su existencia y su trabajo; una libertad que a veces duele –que a veces «niebla la luz del alba»–, pero que ella ha sabido siempre resguardar con una especie de "conjuro" o de fórmula mágica que esconde una bellísima alternativa:


«Sal de la cordura y entra en calma
hasta la locura sana y salva
y ven conmigo a mecer la luna.
Dale una vueltita al sentimiento,
sal de esta maldita fe en el miedo
y vem, descúbrete en el desierto».

En esa alternativa está también, para mí, su segunda fortaleza y el segundo nutriente de su encarnación de la belleza: Marina Rossell, cuando crea, cuando canta, o cuando tienes la oportunidad o la suerte de compartir con ella la amistad, no reprime sus sentimientos; sus sentimientos manan en sus palabras y en sus canciones al descubierto, y son unos sentimientos nobles, cálidos y sinceros engendrados, tal vez, allá en Gornal –«en aquellos atardeceres azules de verano»– y en sus silencios, cuando se calla el ruido y ella alimenta su sensibilidad de las realidades más cotidianas: «del sonido de una lámpara al fundirse», o «del gran rumor del mar».

Hay una tercera fortaleza que Marina posee, y que es un don que la naturaleza le ha regalado; un don que cultiva y trabaja, de forma constante, y siempre apuntando al mismo horizonte: el encuentro con la belleza; me estoy refiriendo a su voz. Marina tiene una voz rotunda, hermosa, limpia y penetrante; en su voz la palabra se hace música, y resplandece..., y confidencia..., y acaricia..., y excita...; en su voz la palabra y la música se transforman en un "latido inmenso".

Por todo esto, cuando rozo su corazón, siento y percibo una luz que me lo inunda todo...; «una revolución de soles en el alma» –como diría Gil de Biedma–; cosa que me pasa con bastante frecuencia, porque Marina Rossell no deja de cantar, y cuando canta, como ella misma confiesa –tomando unas palabras de Fito Páez«viene a ofrecernos, y a ofrecernos a todos, su corazón.»

martes, 26 de agosto de 2014

RETRATO ÍNTIMO DE «JAUME SISA»

JAUME SISA - RICARDO SOLFA


Quizá este retrato íntimo es el más bello
que he escrito.  Es simplemente la expresión  de
la tremenda admiración que siempre he sentido hacia
Jaume  Sisa y su temporar reencarnación
en aquel Ricardo Solfa que consiguió enamorarme. 

Un  buen día llegó, con su maleta y con su guitarra bien repreta de hermosas e increíbles locuras y me dijo: «Ey! Salta y vola, que els ocell et faran lloc...»; enseguida descubrí como la lluvia había preñado, sobre su cabeza, hierbas frescas, flores de fuego y semillas de trigo, y así, inesperadamente, se me coló –a traición– en ese rinconcillo tan íntimo de mi personalidad en el que sólo caben los sueños.

Me abrió, de par en par, la puerta de su «cabaret galáctico» –reposo para viajeros cansados, donde los paralíticos bailan claqué y románticos camareros queman el dinero–.

Entré y me hice amigo de aquel «contador de estrellas», que había roto mil telescopios mirando al cielo y que sufría la fiebre de un deseo que va del cero al infinito; conocí a la «chica de porcelana» que buscaba mariposas blancas sobre la nieve; me besó, entre palmeras, una linda y dulce hawaiana –libremente sentada sobre una nube blanca–; pude contemplar, ensimismado, a los pirotécnicos de las serviles palabras leyendo al revés los capítulos de un libro de urbanidad; y salí llevándome, dentro de una cesta, un sol desnudo.

En otro momento, el buen Jaume me invitó –nos invitó a todos los que quisiéramos escucharle– a subir a su barca –que no tiene puerto–..., y fuimos mar adentro...; navegamos ebrios de luna y de silencio de estrellas...; visitamos catedrales construidas de sueños y de barro; contemplamos al gran general paralizado de pies a cabeza; lavamos con fuego nuestras manos y abrimos el patio oscuro de la cárcel del amor...; yacimos embarcados bajo el calor de los cuerpos desnudos y vivimos –más allá del tiempo– una noche plena de luz...; fuimos granos de arena, pozos y espejos; húmeda sabia entre secos riachuelos.

Recuerdo, en el ochenta y uno, una inolvidable «Noche de San Juan» en la que imitamos al sol con grandes fogatas..., y después: la revolución del ochenta y tres –revolución que él imaginó como el establecimiento de una nueva ilusión para poder cambiar el mundo de color–...; pero no, aquello no fue así, aquello no era lo que habíamos soñado: «Esto se acaba, se acaba, y no hay más que aceptar dignamente la ruina; no hay patrón, ni más ley, ni más dios, ni más rey, que el maldito dinero...».


Y se nos fue, y lo perdimos. Hay quien dice que se internó en un psiquiátrico para no perder su sabia locura...; hay quien cree que se quedó dormido bajo el ala apacible del arco iris...; a mí me han contado que no fue así, que una noche –de luna de miel– se encontró, no se sabe dónde, con Machín y con Bola de Nieve y que ambos le convencieron: «La revolución está dentro de ti. ¡Enciendo el motor! ¡La vida es pasión!»..., y que entonces se echó a volar cantando la furia de un bolero..., y que fue tanto su volar, tanta su pasión, y tal su delirio de amor que se autoengendró de nuevo: «Deseo dejar de ser, luego soy, porque sólo aquello que es puede dejar de ser, y ese ser que soy actúa para que mi deseo se cumpla... Por tanto, tendré que ser otro para ser yo mismo y así, en cumplimiento de mi deseo, poder dejar de ser».

El resultado de aquel autoengendramiento fue la quintaesencia de la ternura; «una corazonada en la noche y una sombrividencia de madrugada»...; le robó dos notas musicales a la escala: "Sol" y "Fa", y nos devolvió el desván polvoriento del ensueño: «viejas músicas de siempre a través del sentimiento, oleaje armónico de canciones contra el tiempo».

Y viajó –«viajante de comercio y de ilusiones»–, y allá, en lo alto, agazapado a un monumento que siempre mira al mar, y arruinando la aventura de Colón –«sólo merece la pena descubrir y conquistar corazones»– sueña, canta y espera.

«Por amor a la fruta prohibida
vivir sin otro rumbo mi certeza
y morir de un ataque de belleza
al llegar a una edad indefinida».

CADA VEZ QUE CONTEMPLO UNA IMAGEN DEL DOLOR Y DE LA DESGARRADORA Y CRUEL INJUSTICIA QUE ESTA VIVIENDO "CUBA Y EL PUEBLO CUBANO" SE ME ROMPE EL ALMA...

... se me saltan las lágrimas, me desespero por la impotencia y siento un infrenable ODIO –¡sí! odio!- hacia el repugnante  Donald Trump y s...