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miércoles, 22 de junio de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 91

Hoy se ha publicado en la portada de el diario EL PAÍS una noticia que merece la pena leer con mucha atención; es la siguiente:

EUROPA CUESTIONA LA EFICACIA Y LOS COSTES
DE LA GUERRA DE LIBIA
La muerte de civiles por bombas de la OTAN
dispara el rechazo político y social

«A una semana de cumplirse los 100 días de la intervención de la OTAN en Libia, la sensación de fracaso crece entre los aliados. Los bombardeos no han logrado forzar la salida de Gadafi y han puesto al límite los pocos recursos con los que cuentan unas fuerzas aéreas atenazadas por la crisis económica. Para colmo, los recientes errores de la Alianza que han causado víctimas tanto civiles como de combatientes rebeldes libios a los que se pretende ayudar han minado la credibilidad de las operaciones aliadas.

Todo ha contribuido a disparar el rechazo político y social de una guerra que parece no ir a ninguna parte. [...] El reparto de las cargas financieras de la campaña ha llevado a algunos aliados, como Reino Unido, a debatir en público su coste. Francia asegura que ha gastado 100 millones de euros en tres meses, y España 43 millones en el mismo tiempo. Según las encuestas, los europeos quieren un cambio de régimen en Libia, pero sin pagar fortunas por ello».


Es curioso, han tenido que pasar 100 días –en nuestro caso 91 "cuelgues"–, no se sabe cuántas muertes de seres humanos inocentes y un gasto de millones de euros, para que en Europa se produzca un rechazo a la guerra... ¡LÁSTIMA QUE EL MOTIVO FUNDAMENTAL DE ESE RECHAZO SEA EL ECONÓMICO!... De cualquier forma, esta noticia me hace pensar que, a pesar de todo, para algo útil está sirviendo la tan cacareada y manipulada crisis.

JAVIER BERGIA - I. Pórtico a la grandeza de una obra y de una entrañable personaidad.

En el inicio de este "cuelgue", pórtico de una serie de ellos que voy a dedicar a JAVIER BERGIA, quiero plantear dos cuestiones, o reflexiones, que me parecen previas e importantes.

La primera, es la formulación rotunda de una realidad: Hay que reconocer y que subrayar que nuestra cultura popular y, dentro de ella, nuestra realidad musical, es de una extraordinaria riqueza gracias a grandes creadores –compositores e intérpretes– que durante muchos años no han cesado de ofrecernos obras muy cuidadosamente trabajadas, de una gran belleza y sensibilidad, y siempre evolucionando y madurando en sus planteamientos y desarrollos musicales y poéticos. Creadores como Pablo Guerrero, del que hablábamos hace unos días, más jóvenes, como Ismael Serrano, o como Javier Bergia que va a acompañarnos a lo largo de esta semana.

Ismael, Javier Bergia y Silvio Rodríguez.

La segunda cuestión, que considero importante formular es la existencia en nuestro país de una tremenda, injustificada e injusta contradicción: frente a la riqueza musical que caracteriza a nuestra cultural popular, existe una casi absoluta ignorancia sobre ella; ignorancia motivada, entre otras razones, porque cada vez son menos los críticos o especialistas –hombres y mujeres que trabajan en los medios de comunicación– que mantienen viva la llama de nuestra autentica cultura, hablando de ella, defendiéndola y difundiéndola.

A veces pienso que esos críticos o especialistas, y sus respectivos "medios", padecen una amnesia grave, o es que definitivamente han descubierto que les es más rentable practicar el oficio de "enterradores". (Dejo a un lado el desprecio que suelen practicar hacia la auténtica cultura musical las empresas discográficas, las empresas dedicadas a la promoción musical y al desarrollo cultural, y hasta a la SGAE con ese parto que ha realizado con el nombre de ARTERIA y que cada vez, en lo que se refiere a la música popular, tiene más de "eria" –que no sé lo que es, pero que me suena a "erial"– que de "ARTE" –expresión que tengo muy clara y de la que en este país nos sobra por lo cuatro costados). 

Dicho lo anterior, centro el tema y anuncio que hoy, y en días sucesivos, voy a referirme al trabajo de uno de los músicos más importantes que han nacido en nuestro país y que lleva más de veinticinco años ofreciéndonos bellísimas composiciones que se van acumulando "vivas" en en ese especie de "baul mágico" –que es la memoria– en el que se atesoran joyas musicales cuidadosamente mimadas y preservadas contra el olvido: Me refiero a JAVIER BERGIA

Javier Bergia.

De entrada, y antes de cualquier otra consideración, he de decir que Javier además de poseer una extraordinaria grandeza  musical –como compositor y como intérprete–, es poseedor igualmente de una inmensa y exquisita  grandeza humana. Escucharle cantar es un delicia, pero lo es también escucharle hablar –en conversaciones privadas, en entrevistas o en sus conciertos–; es una auténtica gozada y un lujo poder disfrutar de su memoria compartida, de sus experiencias, de sus reflexiones, de sus anécdotas, y en fin, de lo mucho que piensa, que siente y que ha vivido. (Posee una filosofía de la vida definida por la sencillez, la ternura y, sobre todo, la honestidad; filosofía que admiro y de la que están preñadas todas su canciones).

Para empezar a hablar –"largo y tendido"– del trabajo y de la obra de Javier Bergia voy a hacerlo partiendo de una canción en concreto; una de sus últimas canciones titulada "Palito de madera" que formará parte del nuevo disco que está terminando de grabar en este momento y que se publicará próximamente. (En este disco, y en esa canción, Javier contará, entre otras, con las colaboraciones de Ismael Serrano y de Olga Román).

La primera vez que le escuché interpretar esta canción a Javier fue en uno de sus directos en la Sala Buho Real y os aseguro que me impresionó; tanto que me quedó grabada en el "disco duro" de mi "universo musical" como uno de los más bellos temas y con más sentido que he escuchado desde hace tiempo.

Cuenta Javier que esta canción nació en una de sus girar por el sur de Argentina. Estaba realizando un viaje por una larguísima carretera en plena Patagonia, y de repente, en medio de aquel paisaje de pequeños matorrales descubrió un pequeño arbolito, de más o menos metro y medio de altura, que se alzaba airoso rompiendo la monotonía del paisaje. Javier detuvo el coche, se acercó a aquel arbolito –prácticamente un "palito de madera"– y descubrió que junto a él había un cartel que decía: «Soy yo solito»... La situación le pareció tan insólita, tan hermosa y, a la vez, tan conmovedora, que le suscitó esta canción:

«Caminaré despacio por los hermosos días que me tocó vivir, 
que aún llenos de arañazos que dejan los amores que sin querer perdí, 
colmaron de ventura, cariño y más ternura de la que pueda uno pedir, 
los años tan dichosos de música y antojos, allá por donde fui.

Qué pena de arbolito, que verde y tan bonito, tenerse que partir,
palito de madera, ceniza de una hoguera que se ha de consumir. 
Qué pena de arbolito, que verde y tan bonito, tenerse que partir,
palito de madera, ceniza de una hoguera que se ha de consumir.

Que corto este viaje, que rabia y que coraje, que ganas de seguir, 
porqué habré de marcharme, queriendo pues quedarme, quisiera repetir.
Que lánguido este beso, tan duro como un hueso, incierto y tan hostil, 
será que hay que dar paso, no hay vida sin ocaso nostálgico y febril.  

Qué pena de arbolito, que verde y tan bonito tenerse que partir, 
palito de madera, ceniza de una hoguera que se ha de consumir. 
Qué pena de arbolito, que verde y tan bonito tenerse que partir, 
palito de madera, ceniza de una hoguera que se ha de consumir.

El tiempo es como un tango frenético y fandango, celeste y carmesí.
Se vive acostumbrado, mas luego despojado se muere porque si.
Se pierde la memoria, no queda ni la gloria, si acaso algún  rumor.
Que insólito fracaso, sentir que ya de paso, me muero por tu amor.

Qué pena de arbolito, que verde y tan bonito tenerse que partir,
Palito de madera, ceniza de una hoguera que se ha de consumir. 
Qué pena de arbolito, que verde y tan bonito tenerse que partir, 
Palito de madera, ceniza de una hoguera que se ha de consumir».

Bellísima canción que quiero convertir en el pórtico de los "cuelques" que voy a dedicar a JAVIER BERGIA por dos motivos enunciados de alguna manera en su "Palito de madera": En primer lugar porque él nos ha colmado con sus canciones de «ventura, cariño y más ternura de la que uno pueda pedir»; y, en segundo lugar porque pretendo –en la medida de mis posibilidades– «que no se pierda su memoria».

NOTA: Escribiendo este "cuelgue" todo iba bien, pero de pronto, no sé muy bien por qué, pasa algo que me impide añadir las imágenes que voy seleccionando...; espero que el tema se solucione, o sea capaz de solucionarlo.