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lunes, 3 de enero de 2011

HISTORIA DE UNA IMPOTENCIA

Esta historia, como todas las buenas historias, tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace. ¡Vamos a ello!

PLANTEAMIENTO:

Desde hace bastante tiempo vengo pensando en lo importante que sería poder disponer de una FONOTECA NACIONAL, en nuestro caso, sobre la "canción de autor" –que actualmente no existe– en la que pudieran encontrarse, debidamente clasificados, todos los discos que se han grabado en el exilio, en nuestro país, e incluso en Latinoamérica, durante, al menos, estos últimos cincuenta años.

Sería un gran proyecto que cumpliría, entre otras, dos funciones esenciales:

• En primer lugar, "proteger la memoria contra el olvido", es decir, conservar todo el material discográfico que con el paso de los años corre el riesgo de perderse. Me refiero, en particular, y valga como ejemplo, a todos los discos que vengo presentando en el blog dentro del apartado "carátulas con historia". Esta protección evitaría posteriores campañas estatales, de alto coste, sobre la "recuperación de la memoria histórica"; no habría que recuperar lo que se ha guardado cuidadosamente,

• Por otra parte, proporcionar a periodistas, investigadores, profesores, y a quien pudiera interesarle, una "base de datos" –sonorizada– sobre la "canción de autor", en la que se recogieran informaciones cruzadas de autores, intérpretes, arreglistas, músicos, grabaciones (discos de vinilo y CD's), canciones, letras, versiones,  países, comunidades, lenguas, diseñadores de cubiertas, años de publicación, etc.

NUDO:

Como no existe en nuestro país una FONOTECA de ámbito nacional con esas características, tras los más de treinta años que vengo investigando sobre la "canción de autor", y una vez que terminé de escribir los tres volúmenes de "...Y la palabra se hizo música" –en 2007– , tomé la decisión de empezar a crearla por mi cuenta aprovechando el material discográfico de que disponía, y completándolo con el que me faltaba, bien solicitándoselo directamente a los autores y/o coleccionistas amigos, o comprándolo por internet, o en tiendas de "segunda mano".

Han sido tres años de intenso y, a la vez, apasionante trabajo que ya se ha concretado –dentro de mi MacBook– en un "archivo sonoro" y en una "base de datos cruzados" que, a día de hoy, consta de 3.850 discos, de 1.468 artistas españoles y latinoamericanos y de 51.649 canciones. (Sin contar con otra "base de datos" complementaria, más básica, sobre la "canción de autor" en Francia e Italia). 

BASE DE DATOS. Discos con canciones de César Vallejo.
BASE DE DATOS. Canciones sobre poemas de César Vallejo.

Tras todo ese proceso, y ya con el material recogido y organizado, hace aproximadamente un año inicié todo un conjunto de gestiones, que luego enumeraré, para poner el resultado de mi trabajo en manos de alguna institución que estuviera dispuesta a gestionar la fonoteca como propia, y estudiar la forma en que podría abrirse a las personas que estuvieran interesadas en consultarla.

En el fondo no quería, y no quiero, que todo este interesantísimo material discográfico quede en mi ordenador personal y pueda llegar a perderse el día en que yo –como ha de ser– deje de vivir. Como contrapartida a la entrega del material solamente planteaba dos exigencias: una pequeña ayuda económica para completar la fonoteca –aún faltan datos por incorporar y discos por conseguir–, y el compromiso de continuar actualizándola periódicamente para que siempre tuviera vigencia.
  
DESENLACE:

Todo el conjunto de gestiones a que antes hacía referencia han resultado totalmente fallidas; motivo en que se fundamenta y radica mi impotencia. Está claro que esto de la "canción de autor" sólo le interesa de verdad a sus autores, y a las personas que la valoramos y la amamos.

De entre esas gestiones fallidas, para ser claro, citaré cuatro que me han parecido especialmente significativas: El Ministerio de Cultura (de quien depende la Biblioteca Nacional y el Centro de Documentación de la Música) –fueron reuniones y reuniones (bla, bla, bla) que al final no quedaron en nada–, la Junta de Andalucía –nunca pude hablar con la persona que parecía la indicada para el caso; siempre estaba reunida hasta que me harté y no volví a llamar; hay momentos, cuando se tiene mi edad, que uno lo único que exige es un mínimo de respeto–, la Mediateka de Alhóndiga Bilbao –cuya directora después de desplazarme al País Vasco, con cita previa, y asumiendo por mi parte los gastos correspondientes, me puso en contacto con una de sus colaboradoras y después no se ha dignado ni a contestarme; ¡educada que es la señora!–, y el Instituto Cervantes –cuyo Director de Cultura, pese al respaldo y el apoyo explícito de la Agencia Española de Cooperación Internacional, va dándome largas y largas, con la advertencia previa de que no ponen ni un euro. Por cierto este es otro de esos personajes que siempre está fuera de su despacho o está reunido.

En La Habana presentando el proyecto la Fonoteca
a autores –músicos y escritores– y a cantantes cubanos.
(Feria del libro de 2010)
A la vista de todo lo anterior el pasado día 31 de diciembre, último día del año, tomé una decisión que por lo visto es el único desenlace posible de esta historia para salvar la memoria contra el olvido:

Este mismo año 2011, cuando mi paciencia llegue a la saturación, compraré veinte discos duros, haré veinte copias de la Fonoteca, y se los regalaré a veinte amigos que, a su vez, porque los conozco, sé que harán nuevas copias... y así sucesivamente... De esta forma la "memoria no se perderá porque será verdaderamente compartida"... ¡Claro! lo que pasa es que a partir de ese momento entraré en una situación de ilegalidad, ¡seré un ilegal!... y es que la historia se repite, también lo fui en lo años sesenta y setenta pero por razones muy diferentes... ¡aquellas, a decir verdad, mucho más crueles y más duras!