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jueves, 2 de febrero de 2012

«ESTOS VUELVEN A SER BUENOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA»... ¡CLARO!, PARA UNA LÍRICA INCONFORMISTA Y REBELDE!!

Lo que voy a contar en este "cuelgue" me ocurrió el lunes pasado, tras una jornada de trabajo maratoniana en la que Juan Miguel Morales –autor del libro "Retratos de cantantes"– le realizó a "Muerdo" (Pascual Cantero) un extenso reportaje fotográfico por las calles madrileñas. 

Finalizada la sesión fotográfica, tomamos un taxi para trasladarnos a nuestras respectivas casas, y, durante el trayecto, mantuvimos una conversación que versó, ¡como no!, sobre los "cantautores" –estábamos motivados para ello–. Comentábamos que vivimos unos tiempos en los que cada vez se hace más necesario el resurgir de una auténtica "canción de autor" que exalte el "valor de la vida en libertad" y, en general, el de todos los "derechos y valores democráticos"; valores que poco –o nada– tienen que ver con los que hoy se imponen como "valores del mercado".

En el contexto de aquella conversación yo me reafirmé en lo que estábamos hablando diciendo que siempre había sido así; que siempre –y en todo el mundo– en las épocas de crisis de valores –o de crisis de las "utopías"– la "canción de autor", o de los trovadores, había resurgido inconformista, rebelde y contestataria, denunciando los atentados contra los derechos humanos, renovando los sanos aires democráticos, impulsando el derecho a vivir en libertad y, sobre todo, contagiando esperanzas; hoy, sobre todo, la esperanza de que "otro mundo mejor es posible".

Hablamos y hablamos hasta que llegamos a nuestro destino. El taxi paró y, mientras le abonábamos el importe de la "carrera", el taxista nos dijo, más o menos, lo siguiente: «¡Que tengan suerte!... Llevan ustedes razón, en momentos de crisis, como los que estamos viviendo, cantarle a la vida y a la libertad es muy necesario... Siempre ocurrió así y siempre ocurrirá... Los que os dedicáis a eso de cantar tenéis una gran trabajo por hacer».

Fotografías de Alicia Albarrán tomadas durante
el concierto de "Muerdo" en "La Estación" de Sevilla.

Ya en mi casa, e impactado sin duda por las palabras del taxista –sobre todo porque no me las esperaba–, empecé a preparar el "cuelgue" de ayer, dedicado a Ángela Figuera, y, de repente, unas de sus palabras y de sus pensamientos me hicieron regresar a la experiencia y a la conversación mantenida poco antes en el taxi.

Ángela, que en sus primeras obras escribió una obra intimista, feliz y vacilante, buscando la belleza, y reflexionando sobre su identidad como mujer y como madre, ante el descubrimientos de los tremendos golpes de nuestra guerra civil y de la guerra mundial, sintió que su intimidad feliz se desgarraba, que el suelo se le hundía y que los sueños se le quebraban... «Entré –nos cuenta– en contacto con el odio, con la codicia, la destrucción, la injusticia, la muerte innumerable, antinatural e ilícita. El hambre pisándonos los talones; el desprecio hacia el hombre y hacia la libertad humana».

Ante aquellas percepciones, Angela sintió que su obra necesariamente tenía que experimentar un cambio de contenido y de rumbo: «El impulso primario de expresarme y crear belleza con la palabra era el mismo –recuerda–. Las circunstancias no. Lo que vi padecer, padeciéndolo, lo que sigo viendo, me acucia con exigencia imperiosa. Tengo que gritar contra ello y buscar algo que oponer al derrumbe. Crear belleza pura, inútil, y cruel en su exclusividad, ya no es bastante. Hay que hacer algo más con la poesía para salvarnos y ayudarnos unos a otros... Dice Bertrand Russell: "Todo hombre, cualquier hombre puede servir para perfeccionar el mundo". ¡Intentémoslo!, pues!».

Pues sí, razón tenía mi amigo el taxista... Ahora me lo reafirmaba Ángela Figuera...: la poesía y la canción hoy, una vez más, a lo largo de la historia de la humanidad, tiene que buscar algo que contrareste y se opongan al derrumbe de los sueños, de las utopías posibles, de los grandes valores democráticos y de la esperanza... Tenemos que hacer algo con la creación poética y musical para salvarnos, para ayudarnos unos a otros y, sobre todo para darle forma real a ese otro mundo posible en el que gran parte de la humanidad seguimos soñando.

A partir de todo lo que acabo de expresar, en lo que creo firmemente –siempre lo he creído–, hoy me atrevo a profetizar con rotundidad algo que en realidad ya se está empezando a intuir y a producir: Se acercan, de nuevo, buenos tiempos para la lírica, y, más en concreto, para la "canción de autor"; pero eso sí, para una "canción de autor" inconformista y rebelde...; esperanzada...; hermosamente bella...; radicalmente libre...; alegre y desgarrada a la vez...; de invitación apasionada al amor y a la vida sin mordazas...; desenmascaradora de la hipocresía...; intolerante con la injusticia y la desigualdad...; solidaria y tierna con el sufrimiento y con el dolor humano...; compañera...; amiga...; amante...; confidente... Esta es la canción en la que creo, a la que voy a seguir amando y sobre la que voy a hacer girar el tiempo, los esfuerzos y las ilusiones que a diario se van gestando en de este "rinconcillo" al que, hace ya más de un año, vengo llamando "CANTEMOS COMO QUIEN RESPIRA"