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miércoles, 4 de mayo de 2011

IMANOL LARZABAL - IV. HOMENAJES

Tras la muerte de Imanol, en 2004, se le han rendido dos importantes homenajes; el primero se celebró en el Ateneo Cultural 1º de Mayo de Comisiones Obreras, de Madrid, el 16 de marzo de 2005. En él participaron cantando, recitando poemas o, sencillamente, recordándole, amigos entre los que se encontraban, José Antonio Labordeta, Elisa Serna, Tradere, José María Alfaya, Marina Rossell, Paco Ibáñez, Enrique Simón, José Miguel López, Fernándo Íñiguez, Carmen Peire y Pepe Tarduchi.

De aquel homenaje, Julio Castro realizo una grabación y una pequeña edición artesanal de 50 CD que se distribuyó entre los amigos más íntimos de Imanol.



El segundo homenaje se ha realizado recientemente gracias al trabajo desarrollado por Luis Mendo y Bernardo Fuster que son quienes han liderado el proyecto. Homenaje que se ha traducido en la edición de un precioso CD+DVD titulado "Imanol. Donosti - Tombuctú" (2011).

«Nuestro proyecto –explican Luis y Bernardo– pretende recuperar a Imanol y compartirlo. Trata de poner sus canciones en otras voces y otros músicos de otras generaciones, otros estilos musicales, otra instrumentalización y otras geografías. Hemos seleccionado 18 tema básicos de su muy amplia discografía y los hemos repartido entre diferentes artistas de muy distintas querencias. Artistas de muy marcada y personal trayectoria. Queríamos saber como sonaban los temas de Imanol tras ese filtro. En algunos casos se trata de gente que lo conocía y lo apreciaba. En otros músicos sin ninguna relación con él. Y los hemos mezclado para ver que ocurría. Ha sido una experiencia valiente y gozosa [...]. Una experiencia inolvidable, que ha servido para tratar con gente maravillosa, que ha puesto, de manera desinteresada, su arte, su ilusión y su profesión, al servicio de un proyecto de vocación mestiza y transversal».

En efecto, nos encontramos ante una obra sencillamente bella y extraordinaria; una obra solidaria y de enorme calidad; una obra rebosante de ternura y de bien hacer; una obra de encuentro en la que la música, la canción y el recuerdo de Imanol actúan, como elementos integradores, en el marco de una enriquecedora diversidad. Una obra, en consecuencia, "altamente recomendable",

El CD de "Imanol. Donosti - Tombuctú" se compone de los siguientes cortes:

• Presentación recogiendo la voz de Imanol.
"Egia garestia dala" ("La verdad resulta cara"). Canta Luis Eduardo Aute.
"Ilun ikarak" (Anochecer). Canta Ainara Ortega.
• Palabras de Labordeta.
"Ausencia". Canta Suburbano
"Oroimeneko portua" ("El puerto del recuerdo"). Canta Amaia Zubiria.
"Que no, que nunca, nunca". Canta Pablo Guerrero e Ismael Serrano.
"Poeta kaxkarra" ("Yo, poeta mediocre"). Canta Susana Martíns.
"Al oído". Canta Tradere.
• "Kopla berriak" ("Coplas nuevas"). Canta María Berasarte.
"Euskadin Kastillan bezala" ("En Euskadi, como en Castilla"). Canta Luis Pastor y Lourdes Guerra.
• Palabras de George Moustaki.
"Maitiak galdegin zautan" ("Mi amor me preguntó"). Canta Joao Afonso.
"Mayo". Canta Eliseo Parra.
• "Median gora" ("Monte arriba"). Cata Mari Mendizabal.
"Qué me aconsejas, amor?. Canta Uxia.
"Lau haizetara" ("A los cuatro vientos"). Canta Carmen París y Xabier Euzkitze.
"Baionatik Bilbora" ("De Bayona a Bilbao"). Canta Aurora Beltrán.
"Poema 20 de Neruda". Canta Marina Rossell.
"Hori bera da" ("Esta es la misma historia de todos"). Varias voces.
"Donosti-Tombuctú". Canción de Luis Mendo y Bernardo Fuster cantada por Nacho Campillo.

¡MALDITAS GUERRAS! - 43

Ayer, en el cuelgue contra la guerra y la violencia, Joseph Rotblat (Premio Nobel de la Paz en 1995) nos hablaba del Manifiesto Russell-Einstein que él mismo firmó en 1955. Considero que se trata de un documento importante que deberíamos recordar para que no se olvide y para que se sigan defendiendo sus contenidos y luchando por ellos.

Dicho Manifiesto fue un texto redactado por Bertrand Russell y apoyado por Albert Einstein, firmado por once grades científicos, en Londres. el 9 de julio de 1955.

Firmantes de Manifiesto. En la parte superior de izquierda a derecha: Max Born, Perry W. Bridgman,
Albert Einstein, Leopold Infeld, Frederic Joliot-Curie
y Herman J. Muller.
En la parte inferior: Linus Pauling, Cecil F. Powell, Joseph Rotblat, Bertrand Russell e Hideki Yukawa.

En medio de la Guerra Fría, los firmantes mencionados alertaban de la peligrosidad de la proliferación de armamento nuclear y solicitaban a los líderes mundiales buscar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales.

El texto de este Manifiesto fue el siguiente:

Manifiesto Russell-Einstein

«En la trágica situación que enfrenta la humanidad, creemos que los científicos deben reunirse en conferencia para evaluar los peligros que han surgido como consecuencia del desarrollo de armas de destrucción masiva, y para discutir una resolución en el espíritu del borrador adjunto.

Estamos hablando en esta ocasión, no como miembros de esta u otra nación, continente, o credo, sino como seres humanos, miembros de la especie Hombre, cuya existencia continuada está en duda. El mundo está lleno de conflictos; y, por encima de todos los conflictos menores, la lucha titánica entre comunismo y anticomunismo.

Casi todo quien es políticamente consciente tiene profundos sentimientos sobre uno o más de estos asuntos; pero queremos que ustedes, si pueden, aparten esos sentimientos y se consideren sólo como miembros de una especie biológica que ha tenido una notable historia, y cuya desaparición ninguno de nosotros puede desear.

Debemos procurar no decir ni una palabra que pueda atraer a un grupo más que a otro. Todos, igualmente, están en peligro, y, si se entiende el peligro, existe la esperanza de que podamos evitarlo colectivamente.

Tenemos que aprender a pensar de nueva manera. Tenemos que aprender a preguntarnos, no sobre las medidas que deben tomarse para asegurar la victoria militar de cualquier grupo que prefiramos, pues ya no existen tales pasos; la cuestión que nos debemos formular es: ¿qué medidas deben adoptarse para evitar una contienda militar cuyo resultado será desastroso para todas las partes?

Bertrand Russell presentando el Manifiesto a los medios de comunicación.

El público en general, incluso muchos hombres en puestos de autoridad, no han imaginado lo que supondría verse envueltos en una guerra con bombas nucleares. El público en general aún piensa en términos de destrucción de ciudades. Se entiende que las nuevas bombas son más poderosas que las antiguas, y que, mientras una "bomba-A" pudo arrasar Hiroshima, una "bomba-H" podría destruir las más grandes ciudades, como Londres, Nueva York y Moscú.

No cabe duda de que en una guerra con "bombas-H" las grandes ciudades quedarían aniquiladas. Pero ese sería uno de los desastres menores a los que nos tendríamos que enfrentar. Si todos en Londres, Nueva York y Moscú fueran exterminados, el mundo podría, al cabo de unos pocos siglos, recuperarse del golpe. Pero ahora sabemos, especialmente tras la prueba de Bikini, que las bombas nucleares pueden expandir gradualmente su destrucción sobre una superficie mucho más amplia de lo que se había pensado.

Se asegura con excelente autoridad que puede fabricarse ahora una bomba que sería 2.500 veces más potente que la que destruyó Hiroshima. Tal bomba, si explotara cerca de la superficie o bajo el agua, enviaría partículas radiactivas a la capa superior del aire. Descenderían gradualmente e irían llegando a la superficie de la tierra como mortífero polvo o lluvia. Ese polvo fue el que afectó a los pescadores japoneses y a los peces que capturaron. Nadie conoce la amplitud con la que podrían esparcirse esas letales partículas radio-activas, pero las mejores autoridades son unánimes al decir que una guerra con "bombas-H" podría posiblemente señalar el final de la raza humana. Se teme que de utilizarse muchas "bombas-H" habría una muerte universal, inmediata sólo para una minoría, pero para la mayoría en lenta tortura de enfermedad y desintegración.

Se han formulado muchas advertencias por eminentes científicos y por autoridades en estrategia militar. Ninguno de ellos dirá que pueden asegurarse las peores expectativas. Lo que dicen es que tales resultados son posibles, y nadie puede tener la seguridad de que no se hagan realidad. No hemos encontrado aún que las opiniones de los expertos en estos asuntos dependan en ningún grado de sus posiciones políticas o prejuicios. Sólo dependen, hasta donde nuestras investigaciones han revelado, del grado de conocimiento de cada experto en particular. Hemos descubierto que los hombres que más saben son los más sombríos.

Aquí está, entonces, el problema que presentamos, crudo, horrible e ineludible: "¿Vamos a poner fin a la raza humana; o deberá renunciar la humanidad a la guerra?" La gente no se plantea esta alternativa porque es muy difícil abolir la guerra.

La abolición de la guerra exigiría desagradables limitaciones de la soberanía nacional. Pero lo que impide quizá comprender la situación más que cualquier otra cosa es que el término «humanidad» suena vago y abstracto. La gente apenas se imagina que el peligro es para ellos y sus hijos y sus nietos, y no sólo para una humanidad vagamente aprehendida. Apenas se imaginan que son ellos, individualmente, y aquellos que aman quienes están en peligro inminente de perecer angustiosamente. Y por eso confían en que quizá deba permitirse que la guerra continúe siempre que sean prohibidas las armas modernas.

Esta esperanza es ilusoria. Cualesquiera acuerdos que se alcancen en tiempos de paz para no utilizar "bombas-H", no se tendrán por obligatorios en tiempos de guerra, y ambas partes se pondrán a trabajar para fabricar "bombas-H" en cuanto estalle la guerra, porque si un bando fabricase bombas y el otro no lo hiciera, quien las fabricase resultaría inevitablemente victorioso.

Aunque un acuerdo para renunciar a las armas nucleares como parte de una reducción general de armamentos no equivalga a una solución definitiva, serviría para ciertos objetivos importantes. [...] Debemos, por tanto, dar la bienvenida a un acuerdo, aunque sólo sea como un primer paso.

La mayoría de nosotros no somos neutrales en los sentimientos, pero, como seres humanos, tenemos que recordar que, si las cuestiones entre el Este y el Oeste deben decidirse de forma que den alguna posible satisfacción a cualquiera, sea comunista o anticomunista, sea asiático, europeo o norteamericano; sea blanco o negro, tales cuestiones no deben decidirse por la guerra. Debemos desear que se entienda esto, tanto en el Este como en el Oeste.

Tenemos ante nosotros, si queremos, un progreso continuo en felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Elegiremos en cambio la muerte, porque no podemos olvidar nuestras disputas? Hacemos un llamamiento como seres humanos a seres humanos: recordar vuestra humanidad, y olvidar el resto. Si podéis hacerlo, está abierto el camino hacia un nuevo Paraíso; si no podéis, se muestra ante vosotros el riesgo de la muerte universal».

IMANOL LARZABAL - III. ...Y A PESAR DE TODO SIGUIÓ CANTANDO A LA LIBERTAD Y DANDO VUELO A SU PASIÓN POÉTICA

Para Imanol, su obligada salida de Euskadi fue tremendamente dura y desgarradora, pero en ningún caso supuso una rendición respecto a su compromiso personal en defensa de la libertad y, sobre todo, respecto a su actividad creadora.

Imanol Larzabal.
En 1987 grabó un doble LP titulado "Joan erorrian" ("Idas y vueltas"), recopilatorio de las canciones más significativas hasta ese momento.

Dos años más tarde publicó un nuevo disco sencillamente extraordinaria: "Muga Beroetan" ("En la frontera caliente") (1989); obra en la que realizó su primera aproximación a los versos de Alfonsina Storni con una bellísima canción titulada "Al oído", interpretada con Amaia Uranga y con la colaboración del guitarrista catalán Toni Soler; primera aproximación  que se concretó y se amplió, al año siguiente, en el CD "Viajes de mar y luna" (1990), dedicado íntegramente a la poetisa argentina y, en consecuencia, cantado en castellano.

Ese mismo año, Imanol grabó "Amodioaren berri" ("Acerca del amor"), disco en el que volvió a investigar en la canción tradicional euskalduna y la llevó a sonoridades y arreglos modernos, utilizando instrumentos de cuerda de la Orquesta de Euskadi.


Cuatro años después, Imanol dio a luz uno de sus proyectos más ambiciosos, sobre el que trabajó intensamente junto a Karlos Giménez; fue su versión, cantada en euskera –a partir de una traducción, de Gurutzeko Joan Donea "Orixe"– del "Cántico espiritual", de San Juan de la Cruz: "Barne kanta" ("Canto interior"), disco –con portada creada por Chillida– que fue muy poco promocionado y que prácticamente pasó desapercibido.

En 1996, Imanol grabó "Hori bera da" ("Es lo mismo"), con poemas de Rimbaud, Mikel Arregi, Patziku Perurena, Jon Mirande, Mikel Lasak, Joseba Sarrionandia y Jacques Brel, de quien interpreta una bella versión de su "Ne me quite pas" en euskera. En este disco, Imanol contó con la colaboración de Georges Moustaki –cantando es euskera– Paco Ibáñez e Ibarrola.


Paco Ibáñez, Ibarrola, Moustaki e Imanol.
Tres años más tarde, Imanol grabó, junto con Paco Ibáñez el disco titulado "Oroitzen" ("Recordando") (1999) y, seguidamente, nos ofreció sus dos últimos disco-libros editados por "El Europeo", dos auténticas joyas en las que de forma bella y rotunda dio vuelo a su pasión poética, me refiero a "Ausencia" (2000) y "Versos encendidos" (2003).


En estos dos discos, Imanol abre su corazón, su sensibilidad, su música y su voz a los grandes poetas universales a los que admira y que fueron, de alguna manera, sus maestros y sus compañeros de viaje: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer, Luis de Góngora, Pedro Salinas, Gabriel Celaya, Pablo Neruda, Alfonsina Storni, Violeta Parra, Jacques Brel, Lizardi, Xabier Lete o Pablo Guerrero, uno de sus amigos más entrañables.

Es este un testamento poético que pasará a la historia de nuestra cultura compartida como el testimonio de un hombre que –como dice Fanny Rubio"nos ayudó a sustituir la conjugación de matar por la de cantar esperanzado; un hombre que pecó de esperanza, el único pecado que no precisa arrepentimiento». 

Tras su fallecimiento, en junio de 2004, se editó el CD titulado "Imanol in memoriam. Bolona-molona", disco que recoge su último proyecto, un precioso y cuidadísimo recopilatorio de canciones de cuna. En ese disco hay cinco canciones que él no pudo grabar y que, en su ausencia, están interpretadas por Txema Garcés, Antton Valverde, Niko Etxart, Pier-Paul Berzaitz e Iñaki Eizmendi.




EPÍLOGO

Deseo que los tres "cuelgues" que he dedicado a Imanol Larzabal sean mi sencillo y personal homenaje hacia él. Compartimos una muy buena amistad y, en todo momento, estuvo a mi lado respaldando y apoyando todos mis proyectos e iniciativas. Sé que nos quisimos, y sé que jamás dejaré de tenerle presente en mi recuerdo y en mi sensibilidad.

Imanol y Marina Rossell en la presentación de mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos"
y de la exposición "Arte y canción".  Círculo de Bellas Artes de Madrid, 26 de febrero de 1998.
Al fondo, en la pared, se ven los cuadros originales de El Cubri para el disco "Cantata del exilio",
de Antonio Resines y Antonio Gómez; y de Octavio Colis para el disco
"Malas compañías", de Joaquín Sabina.