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domingo, 15 de septiembre de 2013

VIOLETA PARRA III - «GUITARRA CON HOJAS QUE RELUCEN AL BRILLO DE LA LUNA».

Este tercer "cuelgue" monográfico dedicado a VIOLETA PARRA voy a iniciarlo evocando la elegía que le dedicó Pablo Neruda:


I
¡Ay, qué manera de caer hacia arriba
y de ser sempiterna, esta mujer!
De cielo en cielo corre o nada o canta
la violeta terrestre:
la que fue, sigue siendo,
pero esta mujer sola
en su ascensión no sube solitaria:
la acompaña la luz del toronjil,
del oro ensortijado de la cebolla frita,
la acompañan los pájaros mejores,
la acompaña Chillán en movimiento.
¡Santa de greda pura!
Te alabo, amiga mía, compañera:
de cuerda en cuerda llegas
al firme firmamento,
y, nocturna, en el cielo, tu fulgor
es la constelación de una guitarra.
De cantar a lo humano y lo divino,
voluntariosa, hiciste tu silencio
sin otra enfermedad que la tristeza.

II
Pero antes, antes, antes,
ay, señora, qué amor a manos llenas
recogías por los caminos:
sacabas cantos de las humaredas,
fuego de los velorios,
participabas en la misma tierra,
eras rural como los pajaritos
y a veces atacabas con relámpagos.
Cuando naciste fuiste bautizada
como Violeta Parra
el sacerdote levantó las uvas
sobre tu vida y dijo
"Parra eres y en vino triste te convertirás".
En vino alegre, en pícara alegría,
en barro popular, en canto llano,
Santa Violeta, tú te convertiste,
en guitarra con hojas que relucen
al brillo de la luna,
en ciruela salvaje
transformada,
en pueblo verdadero,
en paloma del campo, en alcancía.

III
Bueno, Violeta Parra, me despido,
me voy a mis deberes.
¿Y qué hora es? La hora de cantar.
Cantas.
       Canto.
                        Cantemos.
("Elegía para cantar". Pablo Neruda).

La primera manifestación sonora de las primeras canciones de Violeta Parra, a las que ella llama «gritos de alarma» en sus décimas, la encontramos en un single grabado en solitario para la compañía EMI-Odeón, en 1953; disco compuesto por dos temas; "Qué pena siente el alma" y "Casamiento de negros".



En 1954, tras un recital ofrecido por Violeta en la casa de Pablo Neruda, Raúl Aicardi le propuso realizar una serie de programas de radio que se titularon "Así canta Violeta", en los que dio a conocer sus trabajos de investigación y sus propias composiciones.

Aquel mismo año, a partir de la difusión que tuvieron sus emisiones radiofónicas, Violeta recibió el premio Caupolicán, que la reconocía como la mejor folclorista del año.

En 1955, Violeta fue invitada a participar, como miembro de la delegación chilena, en el Festival Internacional de la Juventud que iba a celebrarse en Varsovia. Esta participación supuso su primer viaje al continente europeo.

Tras su participación en aquel festival residió durante algo más de año y medio en París, viajó a Italia, a Inglaterra y a otros países europeos; grabó dos LPs en la compañía discográfica Le Chant du Monde, titulado "Violeta Parra, guitarre et chant. Chant et danses de Chili" (1956), y actuó en l'Escale, local nocturno del barrio latino.



Durante su estancia en Europa, concretamente en Varsovia, recibió la noticia de la muerte de su hija Rosita Clara, a la que había dejado en Chile con  nueve meses. Esta situación tan profundamente dolorosa le impulsó a escribir, entre otras, dos hermosas y melancólicas canciones: "Versos por la niña muerta" –dedicada a su hija fallecida– y "Violeta ausente" –en la que se cuestiona su salida de Chile hacia Europa y expresa, al tiempo, su profunda añoranza hacia la patria chilena–. (De esa hermosa canción os propongo escuchar la siguiente versión interpretada por el grupo Los Jaivas; ¡es una auténtica maravilla!).


«¡Por qué me vine de Chile
tan bien que yo estaba allá!
Ahora ando en tierras extrañas,
ay, cantando pero apená’.

Tengo en mi pecho una espina
que me clava sin cesar
en mi corazón que sufre,
ay, por su tierra chilena.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al Merca’o
y comprarme un pequén,
ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo, mi bien.

Antes de salir de Chile
yo no supe comprender
lo que vale ser chilena,
¡ay, ahora sí que lo sé!

Igual que lloran mis ojos
al cantar esta canción,
así llora mi guitarra
ay, penosamente el bordón.

Qué lejos está mi Chile,
lejos mi media mitad,
qué lejos mis ocho hermanos,
ay, mi comaire y mi mamá.

Parece que hiciera un siglo
que de Chile no sé na’,
por eso escribo esta carta,
ay, la mando de aquí pa’llá».
("Violeta ausente". Violeta Parra).

En noviembre de 1956, Violeta tomó la decisión de volver a Chile. A su regreso rompió su relación matrimonial con Luis Arce, e inició una fecunda tarea de grabación de todo el material folclórico que había acumulado a través de sus investigaciones; grabación que se concretó en cuatro discos editados en EMI-Odeón con el título genérico de "El folclore de Chile". Estos discos fueron los siguientes: "Violeta Parra, canto y guitarra" (1956), "Violeta Parra, acompañada a la guitarra" (1956), "La cueca presentada por Violeta Parra" (1957), y "Violeta Parra. Tonadas" (1957).


A final de 1957, la invitaron a formar parte del Departamento de Investigación Folclórica de la Universidad de Concepción, institución en la que, durante un año, organizó y dirigió el Museo de Arte Popular.

Al año siguiente, Violeta regresó a Santiago e inicio la redacción de dos de sus libros: "Cantos folclóricos chilenos" –en el que llegó a recopilar más de tres mil canciones– y "Décimas autobiográficas en versos chilenos".