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jueves, 17 de mayo de 2018

ALBERTO CORTEZ Y FERNANDO LOBO. FELIZ ENCUENTRO ENTRE DISTINTAS GENERACIONES Y COMUNES SENSIBILIDADES.

Hace un ratillo mi buen amigo FERNANDO LOBO me mandaba este correo: «Anoche fui a escuchar a ALBERTO CORTEZ al teatro Falla de Cádiz. Fue un concierto muy emocionante. Me acordé mucho de ti y me puse a escribir.»

Seguidamente Fernando me copiaba el texto poético que había escrito. Es un hermoso texto con el que me siento totalmente identificado. Hace pocos días que yo estuve en el concierto de Alberto en el Teatro Apolo de Madrid y mis percepciones, latidos y sentimientos fueron los mismos.

¡Cuánto me ha emocionado y qué feliz me hace a mí este encuentro de Alberto Cortez con Fernando Lobo. Dos generaciones distintas de "canción de autor", dos cantautores verdaderamente auténticos y dos sensibilidades fundidas y hermanadas. ¡Grande Alberto y grande Fernando!.

Inmediatamente lo pensé y ahora lo hago feliz: Compartir el texto de Fernando, mi tocayo, y agradecerle su amistad y su sensibilidad... ¡Así es nuestro ALBERTO!



A ALBERTO CORTEZ
con 78 años

Aferrándote a cada nota,
como un náufrago al salvavidas.
Luchando 
por cada brizna 
de aire.

Crooner y poeta
desafiando al olvido,
sustituyendo la fuerza
por la sabiduría.

Bordando el fraseo
con primor
contra el tiempo,
sufriendo cada final
sin perder la sonrisa,
respirando aplausos
suspiros y emociones.

Titán de la ternura
con la voz arrugada,
mito sentado
con la dignidad intacta.
Corazón fatigado
mecido por el piano,
desgarrando el aire 
con cada verdad.

Plantando cara a los años,
con la mirada joven,
exprimiendo el alma,
la música y el verso.

Cantando,
como si fuera la última vez
(que es
la única manera
de cantar).


sábado, 17 de diciembre de 2016

"EL CABRERO" Y "ALBERTO CORTEZ": TESTIMONIO VIVO Y ESPERANZADOR DE UNA GRAN E INDESTRUCTIBLE AMISTAD... Y LA "GRANDEZA" SIGUE LATIENDO EN LA ENTRAÑA DE LA "CANCIÓN DE AUTOR" DE CALIDAD Y DEL MÁS PURO FLAMENCO.

Ayer, día 16, tuve la suerte y el placer de asistir al concierto que EL CABRERO nos ofreció en el Auditorio Nacional de la Música, de Madrid, acompañado de Rafael Rodríguez a la guitarra... Magnífico concierto que –como siempre que escucho cantar a El Cabrero– me provocó un impacto emocional "de larga duración"... Belleza, jondura, desbordamiento de humanidad y mucha –¡muchísima!– sensibilidad... ¡Qué grande, que bello y que honesto EL CABRERO!

Fotografía del concierto de ayer –día 16 de diciembre–.
El Cabrero acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez.
Imagen publicada y tomada de la página de facebook
de la "muy buena gente" de Culturas Indómitas.

Concretamente, del concierto de ayer en el Auditorio de la Música hubo tres momentos –percepciones y sentimientos– que me impresionaron de forma muy especial, y que hoy no puedo dejar de comentar:

El primero fue el encuentro que se produjo entre El Cabrero y Alberto Cortez, grandes amigos y cómplices desde hace mucho tiempo. 

Antes de que llegara El Cabrero al teatro, allí estaba Alberto esperándole en el camerino; ahí estaba el "amigo del alma" que no quiso faltar a tenderle "al cantaor" su cariño, su admiración y su abrazo. Después llegó José y se encontraron. ¡Fue un momento mágico y muy emocionante! Todo un testimonio de "tierna complicidad" entre dos grandes ¡grandísimos! maestros de nuestro canto y cante popular.

Poco antes de empezar el concierto, Alberto, con gran dificultad –está recuperando su movilidad– entró en el patio de butacas –lo tuve prácticamente al lado–... ¡Que miradas más hermosas dirigidas a El Cabrero!, ¡que aplausos mas apasionados!, ¡que sonrisa tan limpia!... Y José se echó a cantar y le dedicó un cante a Alberto; y a Alberto gritó "¡Amigo!" y se le saltaron las lágrimas... ¡Bendita sea la amistad!... Alberto no podía faltar al concierto de su amigo José, ¡fuera como fuera!... Y pienso: ¡Cuántos gestos como éste precisa hoy en día nuestra música popular!; ¡Cuánto "ombliguismo" y cuando "individualismo" está sobrando y ensombrando el actual universo de nuestra "canción de autor"!

El Cabrero y Alberto Cortez en el camerino  del
Auditorio Nacional de la Música, de Madrid.
(Fotografías de Culturas Indómitas).

El segundo momento profundamente impactante del concierto de ayer fue cuando El Cabrero evocó a Horacio Guarany –otro gran maestro de los imborrables–, y cantó –magistral y apasionadamente– su canción "Si se calla el cantor".

¡No puedo evitarlo! cada vez que escucho a José cantar su versión del gran tema de Horacio, no puedo dejar de preguntarme, aquello que tantas veces se ha preguntado Luis Pastor, "¿Dónde están los cantautores?"... Pues sí: «Que ha de ser de la vida si el que canta / no levanta su voz en las tribunas / por el que sufre, por el que no hay / ninguna razón que lo condene a andar sin manta. / [...] Debe el canto ser luz sobre los campos / iluminando siempre a los de abajo.»... Y yo me sigo preguntando todavía "¿donde están los cantautores?"

Por último, anoche el el Auditorio de la Música de Madrid, una vez más, estallaron mi admiración, mi gratitud y mi más profundo cariño hacia una mujer grande, grande, grande –de las imprescindibles que diría Brecht–: ELENA BERMÚDEZ; siempre cerca de El Cabrero –a su lado y de su lado–; luchadora, fuerte, revolucionaria, humilde y muy tierna; siempre ahí en la sombra; a un lado –a su lado y de su lado– y dando palabra y sentido a muchos de los "cantes" de José.

En fin, evidentemente –para mi, al menos– como acabo de decir, el concierto que viví ayer fue magnífico e inolvidable... El resto lo reafirma mi mi buen amigo José María Velázquez-Gaztelu, en el texto que aparece en el programa de mano del concierto. Dice, por ejemplo, José María:

El Cabrero. (Fotografía de David Palacín).

«El Cabrero siempre ha mostrado una inquebrantable fidelidad a una ética forjada a la luz de las estrellas y oyendo los mensajes del viento en las duras tierras de Aznalcóllar. [...] Cuarenta  tres años lleva en los escenarios y desde el primer momento ha mantenido la lealtad a la estrofa de uno de sus cantes que es el resumen palpitante de su ideario: "Cuando hay algo que decir / no se puede uno callar / porque callar es morir"... Y yo finalmente añado: "¡Bendito sea José Domínguez El Cabrero!"... Y hoy, de paso, "¡Bendito seas tú también, Alberto Cortez de nuestra alma!".

miércoles, 19 de marzo de 2014

ALBERTO CORTEZ - V: DE SU MUY EXTENSA poÉTICA CANTADA Y DE SU DESLUMBRANTE CALIDAD HUMANA

Alberto Cortez.

A partir de los dos inolvidable conciertos ofrecidos por ALBERTO CORTEZ en el teatro de la Zarzuela en el año 1967, y de la publicación de sus dos discos titulados "Poemas y canciones", siempre nos sorprendió en sus grabaciones, musicalizando textos de otros grandes escritores como Miguel Hernández, José Luis Borges, Armando Tejada Gómez, María Elena Walsh, o Pedro Bonifacio Palacios "Almafuerte", poeta argentino, nacido en 1854 y fallecido en 1917, al que dedicó un disco monográfico titulado "Versos escogidos de Aguafuerte" (1989). En la contraportada de aquel disco Alberto escribió lo siguiente:


«Almafuerte fue y sigue siendo mi poeta de cabecera. Con él aprendí a leer y a gozar la poesía. Su palabra sigue teniendo una vigencia absoluta en nuestro tiempo, pero lamentablemente es un poeta  olvidado por su pueblo y desconocido por el mundo. Mi tarea, en este caso, no tiene la pretensión de ser descubridora de Almafuerte, pero sí de ser difusora de una parte de su obra. Me parece importante que los jóvenes tengan la posibilidad de interesarse por un hombre que escribía versos intensos defendiendo los mismos principios de libertad, igualdad y honestidad que defiende la juventud hoy en día. Md gustaría que se supiera que Almafuerte es el aliado más grande que podemos desear y tener todos aquellos que reivindicamos esos principios».


«Yo soy flor que se marchita
al sol de la adversidad.
El arbolito en mitad
de la llanura infinita.
La paloma, pobrecita,
que arrastran los aquilones,
entre oscuros nubarrones
de tempestades airadas.
Soy la barca abandonada
en el mar de las pasiones.

Soy el ave que al bajar
de los aires fatigada,
no tiene ni una enramada,
ni un árbol en que anidar
y si vuelve a levantar
las tristes alas del suelo,
encuentra nublado el cielo
y deshecha la tormenta,
y el pájaro se lamenta
y vuelve a tender su vuelo.

Yo no canto por llamar
la atención que no merezco.
Yo canto porque padezco
penas que quiero olvidar;
que tan solo con cantar 
se va al viento nuestra pena
y yo tengo el alma llena
de pesares y amarguras.
¡Más que en la pampa hay anchura...
más que en la mar hay arena!...

¡Adiós primorosa flor!
Adiós lucero invariable,
solamente comparable
a la estrella de mi amor.
Cuando sientas un dolor
parecido al que yo siento,
Dios quiera que tu lamento
no sucumba en la ignorancia
y atraviese la distancia
sobre las olas del viento».

El resultado de aquel tiempo dedicado por Alberto Cortez a empaparse del auténtico lenguaje poético –dejando que los versos de los grandes poetas fueran calando en sus entrañas y movilizaran sus sentimientos y su sensibilidad humana y musical– fue el surgimiento, inevitable, en el cantor argentino, de una personalidad poética singular.

Sé que a él no le gusta que le llamen poeta –el suele decir que más bien se siente un «versificador más o menos afortunado». A pesar de ello,  considero que Alberto es un auténtico poeta popular; un hombre sensible que sabe traducir en versos y en canciones las realidades cotidianas y los sentimientos más profundos.

Poeta popular que ha sabido darnos canciones que se han convertido en auténticos himnos de nuestra sentimentalidad individual y colectiva. como "Cuando un amigo se va", "En un rincón del alma", "Diarancia", "Castillos de arena" o "A partir de mañana". 

Cientos de canciones que con regularidad ha configurado una completa e interesante discografía: “Poemas y canciones, Vol. 1” (1967); “Alberto Cortez canta a Atahualpa Yupanqui” (1968); “Poemas y canciones, Vol. 2” (1968); “El compositor. El Cantante” (1969); “Distancia” (1970); “No soy de aquí” (1971) –disco en el que incluye la canción “La soledad”, con texto de Patxi Andión, y las canciones “No soy de aquí”, de Facundo Cabral,  y “Los ejecutivos”, de María Elena Walsh–; “Equipaje” (1972); “Ni poco... Ni demasiado” (1973) –que contine una versión de “Gracias a la vida”, de Violeta Parra–; “Como el ave solitaria” (1974); “A mis amigos” (1975); “Soy un charlatán de feria” (1976) –LP en el que incluye el poema “La lluvia sucede en el pasado” de José Luis Borges– ; “Pensares y sentires” (1977); “En vivo desde Madrid” (1978); “A partir de mañana” (1979); “Castillos en el aire” (1980); “Como el primer día" (1983); “Gardel... Como yo te siento” (1984) –con la colaboración de Ástor Piazzolla y su quinteto–; “En vivo” (1985); “Entre líneas” (1985); “Sueños y quimeras” (1986); “Como la marea” (1987); “Almafuerte” (1989); “Coincidencias” (1990); “Si vieras que fácil” (1991); “Aromas” (1993); “Lo Cortez no quita lo Cabral, Vol. 1” (1994); "Lo Cortez no quita lo Cabral, Vol. 2” (1995) –discos en los que se recoge el espectáculo que montaron conjuntamente Alberto y Cabral–; “A todo corazón” (Versión Hispanoamérica) (1996); “Testimonio” (1997); Fe (1998) –acompañado de Ricardo Miralles al piano–; “En un rincón del alma” (2001); “Estela Raval & Alberto Cortez Tour 2002 en vivo” (2002); “Después del amor” (2003); “Alberto Cortez Sinfónico” (2004) –disco grabado en directo con la Orquesta Sinfónica de Houston en el teatro Music Hall–;  “Identidad” (2005); "Tener en cuenta" (2011).




Inmensa obra, como acabamos de comprobar que ha trascendido por todo el mundo y que le ha hecho merecedor de una gran cantidad de premios y reconocimientos a su trabajo, así como de varios "discos de oro y de platino" en España, México y Argentina.

Finalmente para concluir el recorrido que he venido haciendo en esto cinco "cuelgues" dedicado a la obra de Alberto Cortez, quiero volver a incidir en su dimensión cálida y profundamente humana, que va mucho más allá de sus premios, de sus cualidades artísticas, e incluso de su extensa obra grabada; para ello voy a concluir con uno de sus poemas cantados, titulado "Identidad", que nos acerca a esa deslumbrante calidad humana a la que antes me refería y que, desde siempre, le ha caracterizado.


«Será que estoy cansado de ver como a mi esquina
se asoman fascinantes amores sugerentes 
me ampara su mirada de todas las inquinas
me ampara y me permite actuar serenamente 

Será que estoy a salvo detrás de esa barrera
que impide tentaciones de alturas temerarias
si el vertigo me aterra subiendo una escalera
imaginen mi angustia escalando montañas

Detesto los barullos que siembran desconciertos
los aullidos del lobo,los cantares de gesta.
Las prédicas solemnes de pastores inciertos
y las crudas verdades con tocados de fiesta.

No admito interferencias de adictos peregrinos 
que buscan en mi verso algo más que una rima
ofrezco mi respeto igual que exijo el mío
para que siga viva y en pié mi propia estima.

Mi casa no presume,nobleza ni hidalguía
custodian sus paredes el aura de mi nido 
donde no es necesario postigo y celosía
para econder las artes secretas de Cupido. 

Mis logros son el fruto de un intenso trabajo 
y un algo de talento, un algo casi nada.
después es su paciencia que firme y sin atajos
transforma mis penumbras en claras alboradas.

No hay quien a mi me deba favores ni caudales
tengo una sola deuda,le debo su ternura 
que no cambio por todas las glorias mundanales
que puedan depararme mi orgullo y mi estatura.

No quiero herir a nadie con dardos invisibles
ni presumir de astucia cual suprema virtud 
tengo el alma ocupada y no está disponible
y goza por fortuna de muy buena salud.

En fin esta es mi vida, sencilla y transparente 
no tengo pretenciones de estar donde no estoy
no dudo que mi fama depende de la gente
pero eso no me obliga ser lo que no soy».

martes, 11 de marzo de 2014

ALBERTO CORTEZ - IV: DE "MR. SUCU.SUCU" AL GRAN CANTOR DE LOS POETAS. HISTORIA DE UN PROGRESO Y DE UN COMPROMISO RADICAL CON LA CALIDAD

Alberto Cortez.

En el año 1964 ALBERTO CORTEZ decidió fijar su residencia en España y a partir de aquel momento las grabaciones y los éxitos de Alberto –identificado entonces como Mr. Sucu-Sucu– se multiplicaron; sobre todo se editaron numerosos singles con canciones de corte muy comercial entre las que figuraban algunas compuestas por él mismo como "Boni, bonita", "Mini minifalda", "Mariquita" o "Me lo dijo Pérez", con la que Karina participó y ganó en el festival de Mallorca, de 1965.


Su éxito, indiscutible, en ningún caso le condujo a un fácil conformismo o a un estancamiento, sino todo lo contrario: representó para él un auténtico reto y una magnífica plataforma, que le sirvió para plantearse –con su extraordinaria sensibilidad– hacer lo que realmente quería: componer una canción de calidad, una canción de contenido hermosamente poético.

Con esa intención, y, por supuesto, después de madurar serenamente sus nuevos proyectos, decidió preñar su canto de poesía y presentarse en directo, en el teatro de la Zarzuela, de Madrid, ofreciendo un recital magnífico que poco tenía que ver con su etapa anterior.

En aquel concierto, acompañado a la guitarra por Carlos Montero, Alberto, volcándose en la poesía que tenía que ver con su identidad latinoamericana, interpretó tres canciones de Atahualpa Yupanqui –"El arriero", "Los ejes de mi carreta" y "El Alazán"–, dos de Pablo Neruda, con música de Vicente Bianchi y Ramón Ayala –"Poemas 15 y 20", tres temas de Jaime Dávalos y Eduardo Falú –"Viala del nombrador", "Romance del Molinero" y "Albahaca sin carnaval"– y tres correspondientes al poeta chileno Öscar Castro –"Romance de barco y junco"–, a Pedro Cladera y Abel Gónzález –"Liturgia huarpe"– y a Carlos Brito y Rosario Sansones –"Sombras".

Del concierto celebrado en el teatro de la Zarzuela –recogido en el disco "Poemas y canciones" (1967)–, el prestigioso periodista Luis Melgar escribió la crítica siguiente, encabezada con los primeros versos del poema "Vidala del nombrador", de Jaime Dávalos:


«"Vengo del ronco tambor de la luna,
en la memoria del puro animal;
soy una astilla de tierra que vuelve
hacia su antigua raíz mineral".

Sonar y resonar de voces varias milenarias en la palabra cálida de los nuevos poetas de la America Hispana. Folklore al día. Canciones de hoy con raíces en lo inmemorial. Sabor a tierra roja entre los labios al escuchar las canciones desnudas de Atahualpa Yupanqui. Verbo trascendiendo a misticismo en las palabras arrebatadas de Pablo Neruda. Senequismo pintado de uvas y luces en los sonoros versos de Jaime Dávalos. Ojos de niño abiertos a todas las nostalgias de los soñadores romances de Óscar Castro. Claros de luna sobre el universo en creación en las palabras fértiles de Pedro Cladera, Edmundo Rivero o Carlos Brito.

Sonar y resonar de voces varias veces milenarias en la palabra cálida de los nuevos poetas y resonancia de un lenguaje mestizo de dos eternidades marinas en el cantar de las cuerdas de la guitarra, en el ronco sonar de los instrumentos de percusión, en los dulces lamentos de un cuarteto de cuerda que lleva la sangre musical y culta de la vieja España a la naciente América.

Alberto Cortez, nacido al mundo y a estas canciones [...], renació en ellas en una jornada luminosa y triunfal: la de su recital en el teatro de la Zarzuela de Madrid, el día 25 de abril de 1967».

Muy poco tiempo después, el 19 de diciembre, Alberto, para reafirmarse en su opción poética y en su postura cultural respecto a la canción, volvió a ofrecer un nuevo concierto en el teatro de la Zarzuela; en esta ocasión acompañado por la Orquesta de Radio Televisión Española, dirigida por Waldo de los Ríos, e interpretando a poetas como Antonio Machado, Félix Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Villegas y el Marqués de Santillana, a los que él mismo puso música. Dicho concierto se recogió en el LP "Poemas y canciones II" (1968).


La crítica hacia aquella segunda manifestación del canto a los poetas, en el sentimiento, en la música y en la voz de Alberto Cortez, fue, por lo general, muy positiva.

«Hay artistas –escribía Sebastián Gasch, en la revista "Destino"– que sin meter ruido, sin ostentar heroísmos fragorosos, pugnan con ahínco para conseguir que vuelvan a sentir el gusto por la poesía unos públicos que han dejado de sentirlo desde hace largo tiempo. Y, gracias a la canción, la poesía vuelve a tomar carta de naturaleza entre esos público. La canción sirve de vehículo a unos textos que jamás hubieran llegado al gran público sin ella... Viene lo que antecede a cuento de Alberto Cortez... Alberto Cortez es, ante todo y sobre todo, una voz que se basta a sí misma, una presencia conmovida y conmovedora, que no tiene necesidad de artificios, astucias o artimañas».

Como muestra de aquellas bellísimas canciones grabadas en los discos titulados "Poemas y canciones", os propongo la audición de dos temas creados sobre versos de Antonio Machado:


jueves, 6 de marzo de 2014

ALBERTO CORTEZ - III: BUENOS AIRES, EUROPA, «LAS PALMERAS» Y «RENÉE», EL GRAN AMOR DE SU VIDA

Alberto Cortez.

En 1958, finalizada la educación secundaria en San Rafael, ALBERTO CORTEZ se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Se hospedó en una pensión de la calle Libertad, 281, segundo piso sin ascensor, y, poco a poco, aquella hemosísima y apasionante ciudad –yo personalmente la amo– le fue conquistando y atrapando.

«Recién llegado a la capital ingresé en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la ciudad de Buenos Aires con la peregrina intención de llegar a ser abogado. Digo peregrina porque me seguía tirando la música y el canto. Descubrí un piano magnífico en el aula magna de la Facultad, y a partir de entonces gastaba más tiempo en él que en la biblioteca estudiando libros de derecho.  [...] La noche de Buenos Aires a finales de los cincuenta era sencillamente una fascinación».

Pronto, Alberto dejó de estudiar y empezó a dedicarse plenamente a la música. «Por las noches, con la guitarra a cuestas, pedía permiso en los bares americanos para cantar amenizando la astucia de las chicas en sacarles tragos caros a los asistentes. Cantaba de bar en bar y me hacía con bastante dinero proveniente de las propinas que las chicas conseguían para mí. "¡No seas avaro y dale un billete al chico que nos ha cantado tan bien", decían».

Durante aquellos años, fue también vocalista de varias orquestas –entre ellas, la Jazz San Francisco–, con la que viajó prácticamente por todo el país.

Precisamente, en el viaje que realizo a Santiago de Estero, Alberto conoció a Hugo Díaz, quien le propuso –al igual que se lo había propuesto en su momento a Carlos Montero– que se integrara en su grupo para realizar, durante seis meses, una gira por Europa con un espectáculo titulado "Argentine National Ballet and Show".


"Hugo Díaz y sus Changos". De pie Carlos Montero, a la guitarra, y Hugo Díaz.
Sentados: Alberto Cortez, tocando la flauta, Víctoria Díaz y Ferreira.

Alberto, lleno de curiosidad por conocer Europa, acepto la propuesta, y junto con Carlos Montero, Hugo y Victoria –compañera de este último– formaron la compañía "Hugo Díaz y sus Changos" y salieron del puerto de Buenos Aires, a bordo del Provenza, con destino a Génova.

Llegados a Génova, tomaron un tren hasta Amberes y presentaron por primera vez su espectáculo en Knokke Zoute (Bélgica).

En aquellas circunstancias, Alberto Cortez vivió dos acontecimientos que marcarían para siempre su vida.

El primero fue la admiración que le causaron su voz y su forma de cantar a Willy van de Steen, importante productor discográfico y, a la vez, director artístico de la empresa Moonglow Records; admiración que se tradujo en la grabación de un primer disco con canciones en su mayoría no escritas ni compuestas por Alberto que alcanzó un éxito insospechado. El Propio Alberto nos recuerda aquel acontecimiento:


«En noviembre del año 1960 en los estudios Deca de Bruselas, acompañado por Hugo Díaz, maestro irrepetible de la armónica, por Carlos Montero en la guitarra, Willy Albimore en el órgano Hamond y un bajista cuyo nombre se me ha perdido en el laberinto de mi memoria dimos forma a lo que fue mi primera grabación en Europa bajo la supervisión del productor Willy van de Steen, director artístico de Moonglow Records, que nos había “descubierto” en un teatro de Knokke le Soute, en la costa belga. El disco, editado por Moonglow Records en Bélgica, tuvo enseguida una excelente recepción. "El Sucu-sucu" se convirtió en un clamoroso éxito inmediatamente, al punto de proliferar enseguida grabaciones por doquier y por grandes artistas, Caterina Valente y Nat King Cole entre otros. Mi versión de "Las palmeras"–compuesta por Gilberto Rojas Enríquez– al poco tiempo se convirtió también en un éxito que ha atravesado el tiempo hasta hoy». 

El segundo acontecimiento importante vivido por Alberto a su llegada a Europa fue su encuentro con Renée Govaerts, en la sala Witte Molen de Aarschot (Bélgica); extraordinaria pintora de la que se enamoró y que ha sido su compañera fiel, amada e inseparable.

El gran éxito alcanzado por Alberto en Europa trascendió, por supuesto, a España –sobre todo con la canción "Las palmeras"–, y Enrique Martín Garea –en aquel momento director discográfico de Hispavox– le propuso firmar un contrato para grabar sus discos en el mercado español y latinoamericano. Contrato del que, una vez firmado, surgió el primer disco de Alberto Cortez acompañado por Waldo de los Ríos y su orquesta.


Por aquella misma época, Alberto Cortez y Carlos Montero se desvincularon de Hugo Díaz –que regresó a Argentina con su esposa–, y, en 1964, decidieron fijar su residencia en España, lo que Alberto hizo tras contraer matrimonio con Renée en Aarschot, ciudad natal de la pintora.

(EN EL PRÓXIMO "CUELGUE" ACOMPAÑAREMOS
A "ALBERTO CORTEZ" TRAS SU LLEGADA A ESPAÑA).

martes, 4 de marzo de 2014

ALBERTO CORTEZ - II: DE RANCUL (1946) A "LOS ANDARIEGOS", PASANDO POR «UN CIGARRILLO, LA LLUVIA Y TU»

Alberto Cortez.

ALBERTO CORTEZ nació en Rancul, provincia de La Pampa, Argentina, el 11 de marzo de 1946.

«Rancul –comenta Alberto– es mi pueblo, es decir, allí donde mi madre me trajo al mundo, allí donde pasé mi infancia, feliz por cierto, y si digo feliz, no es porque de niño tuviera muchas licencias o muchos juguetes o mis padres muchas posibilidades de ofrecérmelos, no. Mi infancia fue una infancia feliz porque se desarrolló en un clima familiar armónico, al punto de atreverme a llamarlo amoroso».

Alberto Cortez niño.

Clima familiar, positivo y feliz, como reconoce Alberto, que supieron alimentar Ana y José, sus padres, y que compartió con su hermano más pequeño, Raul.

A los seis años, Alberto ingresó en la escuela del pueblo, donde aprendió a leer y a escribir, y, simultáneamente, inició sus estudios musicales en el conservatorio Alberto Williams, que tenía una delegación en Rancul.

Cuenta la poeta Laura Etcheverry que el origen de la afición de Alberto Cortez a la música y, más concretamente, a la canción le viene por su curiosidad por la radio.

«En apariencia –escribe Laura–, el aparato era una caja oscura, incapaz de despertar el asombro. No era la pelota que remontaba el juego y la risa, ni la colorida veleta que aceleraba el viento. Tampoco la cubierta que empujada por la mano infantil devoraba metros hasta el final de la calle, con el caucho hambriento de aventura y felicidad. Pero de ella salían sonidos que dejaban en la cocina un aleteo misterioso, y el niño cabalgaba sin tregua a la grupa del dial, con un viento extraño en el rostro pese a la quietud de la silla.

Ana colgó la radio en la pared, pero él trepó a una butaca y en puntas de pie siguió estirando los dedos. La rueda giraba en un viaje constante por esa vía circular, hasta detenerse en las estaciones donde sonaba una melodía. Desde Buenos Aires, la ciudad más distante que admitía su imaginación, llegaba la música, encapsulada en esa caja sombría».

Afición a la música y a la canción que Alberto maduró y explicitó, a los doce años, con la composición de la que se cuenta fue su primera canción "Un cigarrillo, la lluvia y tú". Canción de amor que grabó en uno de sus primeros singles editados por Hispavox, en 1963, y que ha recuperado en su CD "Después del amor" editado en 2002.


«Un cigarrillo, la lluvia y tú
me trastornan,
dejo mis labios sobre tu piel
me vuelvo loco.
La melodía salvaje
que está inventando la noche
se detiene nuestro instante
con un pálido reproche.
Un cigarrillo, la lluvia y tú
me trastornan,
dejo mis labios sobre tu piel
me vuelvo loco.
La melodía salvaje
que está inventando la noche
se detiene nuestro instante
con un cálido reproche.
Un cigarrillo, la lluvia y tú
me trastornan,
dejo mis labios sobre tu piel
me vuelvo loco.
Cuando se acuerde la aurora
de arrebatarnos los sueños
serán pétalos de otoño
no podrán nunca barrerlos.
Un cigarrillo, la lluvia y tú
me trastornan».

Alberto Cortez, "Mr. Sucu-Suco".
Single editado por Hispavox en 1963 en el que aparece
grabada por primera vez la canción "Un cigarrillo, la lluvia y tu"

Por aquellas mismas fechas, finalizada la educación primaria, Alberto se trasladó a casa de sus tíos Leonor e Isidoro que vivían en San Rafael –ciudad situada en el sur de la provincia de Mendoza–, para continuar sus estudios de secundaria en el Colegio Manuel Ignacio Molino, y los de música en una academia que funcionaba en la localidad.

«Tía Leonor, hermana de mi padre y su esposo Isidoro, conformaban un matrimonio muy bien avenido, armónico y sin hijos –recuerda Alberto–. Ellos fueron los depositarios familiares de esta “joya” que había llegado del pueblo. En la enorme ternura de ambos y en el celo con que asumieron el encargo de mis padres, me sentí arropado y seguro. Desde el primer día de convivencia se estableció entre los tres, mis tíos y yo, un clima de confianza y simpatías mutuas que iba a durar sin fisuras los cinco maravillosos años que permanecí con ellos en San Rafael.

A escasos cincuenta metros de la casa de mis tíos sobre la avenida San Martín, existía una pastelería confitería, llamada París. Sus dueños, Baldomero y Antonio Tapia, eran miembros de una numerosa familia de buenos músicos y cantores. En el interior de la confitería, después de atravesar la zona de venta al público, había un salón con unas cuantas mesas adonde la gente acudía a tomar el té por las tardes. Contra una de las paredes había un piano vertical al que ya se le notaban los años y las muchas batallas musicales en las que había participado. 

Al tiempo que asistía al colegio por las mañanas, por las tardes acudía a una academia de música que dirigía un viejo profesor de origen probablemente austríaco cuyo apellido era Wermuth. Mi familia consideró que era una pena abandonar los estudios de piano que había iniciado con entusiasmo y buenos resultados en mi pueblo cuando apenas había cumplido los seis años. Como en la academia no se me permitía tocar nada “de oído” ni nada que no estuviera en los severos libros de estudios, el desvencijado piano de La París pronto fue el desfogador de mis vehemencias romántico juveniles. Por las tardes, cuando no había clases de gimnasia o de música, con la excusa de tomar un helado algunos compañeros de estudios me rodeaban y yo les interpretaba cantando y acompañándome al piano las canciones en boga de la época. 

Poco a poco me fui convirtiendo en protagonista de las tardes de La París, ya no sólo para mis compañeros de curso, también para la clientela habitual del té con “masitas”. Revisando en mi memoria aquellos momentos de mi vida, tiempo en que el entusiasmo se sobreponía con generosidad a la perfección musical, es decir, cuando en cada nota y en cada frase se notaba más el corazón que la sapiencia, no dejo de sentir una cierta nostalgiosa melancolía. Tiempo pasional de descubrir el valor sublime de la música y la poesía en su estado más puro».

Fue justamente en aquellos momentos, a finales de los años cincuenta, cuando irrumpió en la sensibilidad y en la vida de Alberto un conjunto musical llamado Los Chalchaleros, que sensorialmente supuso para él una ráfaga de aire fresco que llegaba del norte y que le traía los sonidos más auténticos del folclore argentino.

Los Chalchaleros.

Al poco tiempo, en 1957, sin duda bajo el impacto de Los Chalchaleros, surgió en San Rafael –en torno a la confitería París– otro grupo local al que llamaron Los Andariegos, en el que Alberto participó durante un tiempo. «Consultados mis tíos y tutores –nos cuenta– llegamos al acuerdo de aceptar, puesto que sólo se actuaba los fines de semana en bailes de la ciudad y alrededores. Además me pagarían, y ese dinero me serviría para mejorar mi situación de estudiante de bolsillos secos. Mi primer sueldo fue un acontecimiento y como tal lo metí íntegro en un sobre y lo guardé celosamente para dárselo a mi madre, más como simbolismo sentimental que por necesidad o cualquier otra connotación dramática».

(EN EL PRÓXIMO CUELGUE ALBERTO CORTEZ EN BUENOS AIRE
Y SU PRIMER VIAJE A EUROPA)

domingo, 2 de marzo de 2014

ALBERTO CORTEZ - I: INTRODUCCIÓN. "CANTAUTOR HASTA LA MÉDUDA" Y REFERENTE IMPRESCINDIBLE DE LA "CANCIÓN DE AUTOR"

Ayer por la tarde, en el programa de TV "Qué tiempo tan feliz" que presenta Maria Teresa Campos, vi y escuché la entrevista que le hacía al gran cantor ALBERTO CORTEZ. Sabía que Alberto ha estado bastante enfermo y me alegró muchísimo verle en la pantalla comunicando y transmitiendo su fuerza interior –a pesar de la debilidad– y sus tremendas ganas de vivir y de cantar. 

He tenido la suerte y el inmenso placer de conocer personalmente a Alberto y os aseguro que es una de esas personas maravillosas que se lo merece todo; compositor y cantor incansable; hombre de enorme sensibilidad y luchador–¡siempre!– en defensa de la calidad musical y poÉtica de su obra, que –por cierto– es inmensa.

Alberto Cortez es uno de esos creadores –"cantautor" hasta la médula– por los que merece la pena apostar decididamente por la creación de un Centro de la Canción de Autor en el que se recoja y se proteja toda su enorme y bien linda carrera artística; Centro que, a su vez, se sentirá dignificando con su presencia, sobre todo –y que se lo apunten bien claro la nuevas generaciones– porque Alberto Cortez, su trayectoria profesional, y su obra son, y serán siempre, unos "referentes" artísticos y culturales imprescindibles.

Hecha esta introducción os informo de que he decidido dedicarle a Alberto Cortez varios "cuelgues" aquí "DONDE CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA"; "cuelgues" escritos ya con la idea de convertirlos, en breve, en un de las "entradas" de la Web "CANCIÓN CON TODOS" que espero poder inaugurar y presentar en el próximo mes de octubre.

Alberto Cortez.

Albertó –argentino de nacimiento y de parte sustancial de su identidad– llegó a España, en 1965, como "Mr. Sucu-Sucu" –ya hablaremos de esa circunstancia– y, en muy poco tiempo –con su sencillez, con su extraordinaria sensibilidad y a través de una evolución coherente con su propio proceso de madurez personal–, supo calar en el alma no sólo del público español, sino también del de aquellas tierras latinoamericanas que un día dejo, pero de las que nunca ha podido ni ha querido desprenderse.

Recorrido artístico y creador que le ha convertido, sin lugar a dudas –centrándonos es España–, en uno de los cronistas sentimentales imprescindibles de nuestra realidad social y cultural desde los años sesenta hasta nuestros días.

Ese hecho, de honda profundidad humana, que, con el paso del tiempo, ha protagonizado Alberto Cortez, nos lo pone de manifiesto, con su acostumbrada brillantez periodística y literaria, Fernando Onega –por el que desde siempre he sentido una gran admiración–; Fernando, en febrero de 2000, con motivo de la presentación que hizo Alberto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid de su gira "40 años de cortezías", escribió:

Alberto Cortez.

«¡Alberto Cortez! ¿Para qué decir más? ¿Quién de los aquí presentes no ha amado alguna vez con sus discos? Decidme: ¿quién no robó un beso a la sombra de un bolero de Cortez? ¿Quién no sonrió con sus cortezías y sus cabralidades? ¿Quién no sintió ganas de sacar un pañuelo para despedir con Alberto a los tres grandes Pablos que se fueron en un año?

Perdonadme, pero la música, mi música, es este hombre. Que le prestó voz a Atahualpa. Que le dio ritmo y sonido a los versos de Machado y de Quevedo. Que nos hizo soñar castillos en el aire, que nos zarandeó como la marea. Que se ha querido presentar como charlatán de feria, pero supo musicar a Lope de Vega y al Marqués de Santillana. Y que lleva sus recuerdos, no sé si en un zurrón de peregrino, no sé si en su nostalgia de emigrante, y va gritando su distancia, y va llevando su equipaje de pensares y sentires.

Tierno, melancólico, irónico Alberto Cortez: has sembrado España y el mundo de pensares y sentires de tu rincón del alma. Has conseguido hacer un himno de la amistad con tu “Cuando un amigo se va”. Has logrado que fuera un grito tus palmeras. Nos has emocionado a los que hemos tenido un abuelo como tú: que amaba y recordaba aquel trozo de tierra y conocía las estrellas».

Hermosas palabras de Fernando Onega, que, por supuesto, comparto plenamente, y que, en mi opinión,  no hacen más que reflejar el resultado de un secreto que Alberto siempre ha guardado en su "rincón del alma; secreto que un buen día, en 1987, decidió ofrecernos como mejor sabe hacerlo: con una canción. Me refiero a la canción "Arriba la vida"; canto impresionante que pone de manifiesto su visión positiva, apasionada y esperanzadora de la experiencia de vivir. (Esta canción podemos escucharla pulsando el siguiente enlace):

«Mientras quede una flor en el camino,
mientras quede un amigo en quien confiar,
la ternura infinita de los niños
y las ganas de andar un poco más.

Mientras quede una corriente de agua fresca
y perduren las canciones de Serrat,
el rechazo a cualquier tipo de violencia,
esta voz será plural y cantará.
                         
Arriba la vida, que no muera la esperanza
si es que queremos algún día conseguir
el equilibrio natural de la balanza
para vivir, para vivir, para vivir.

Arriba la vida, no hay fracasos ni derrotas
que no se puedan, si se quieren asumir.
aunque de pronto nos quedemos en pelotas 
hay que seguir, hay que seguir, hay que seguir.

Mientras quede una paloma en pleno vuelo
que no pueda derribar el cazador
y muchachas con jazmines en el pelo
y un geranio florecido en un balcón.

Mientras quede un solo perro vagabundo
y muchachos sobre un barco de "Greenpeace"
y Teresa de Calcuta por el mundo,
esta voz será plural para decir.

Arriba la vida, que no cunda el desaliento,
hay muchas cosas que nos quedan por lograr;
cada momento puede ser un buen momento
para empezar, para empezar, para empezar.

Arriba la vida, rescatemos la alegría,
que la amargura no aparezca por aquí.
Una sonrisa es la mejor artillería,
para vivir, para vivir, para vivir».

Con esta hermosísima canción finalizo esta introducción a una serie de cuelgues biográficos que iré publicando en los próximos días. 

Permitirme, sin embargo, que antes de terminar os deje este "saludo-ruego-personal-recordatario"... ¡Realmente es muy importan que podamos hacer realidad ENTRE TOD@S ese Centro de la Canción de Autor tanto tiempo deseado!

lunes, 17 de enero de 2011

CANCIÓN Y LITERATURA: PABLO NERUDA

Hace unos días estuve en uno de los almacenes que tiene en Madrid la Fundación Autor –que acaba de cerrar su compañía discográfica y su editorial–, y entre los miles de libros que permanecen allí a la espera de ver que pasa con ellos, me encontré una gran caja repleta de cientos de ejemplares de un disco-libro conmemorativo del Centenario de Pablo Neruda, editado en 2004, titulado "Neruda en el corazón".

Contemplar aquellos disco-libros amontonados me produjo una extraña sensación. 


Por una parte, viendo tantos perfiles anaranjados de Neruda, unos encima de otros, volví a renovar la pasión que siento por su obra; es uno de los poetas que han sido esenciales en la construcción de mi identidad sentimental.

Por otra parte, y aunque parezca contradictorio, viendo aquel disco-libro medio abandonado, recordé la indignación que sentí cuando fue editado, ya hace seis años. Me explico:

"Neruda en el corazón" fue, y es, una obra indiscutiblemente muy hermosa en la que participaron,  interpretando poemas de Pablo, importantes cantantes como Jorge Drexler, Ana Belén, Pedro Guerra, Miguel Ríos, Adriana Varela, Joaquín Sabina, Lucho Dalla, Vicente Amigo, Montse Cortés, Antonio Vega, Joan Manuel Serrat, Julieta Venegas, Víctor Manuel, Pablo Milanés, Sole Giménez, Miguel Poveda, Miguel Ríos, Carmen París y Enrique Morente.

Al margen de la calidad de este disco –que insisto es indiscutible–, cuando se editó, en 2004 –en conmemoración del nacimiento del gran poeta chileno– me sentí profundamente indignado porque habiendo sido editado en España, se habían marginado a cuatro creadores que fueron, en realidad, los primeros que musicalizaron y cantaron a Pablo Neruda en nuestro país, precisamente en unos años en que el solo hecho de nombrarle resultaba peligro y subversivo.

En primer lugar, me refiero, a Alberto Cortez que musicalizó y cantó a Neruda en el LP "Poemas y canciones: Pablo Neruda, Atahualpa Yupanqui y Jaime Dávalos", editado en 1967.

En segundo lugar, a Paco Ibáñez que diez años más tarde –en 1977–, grabó ocho temas musicalizados del libro "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" en un histórico disco con dos caras bien diferenciadas; la cara "A" titulada "Paco Ibáñez canta a Pablo Neruda"; y la cara "B" que contenía seis poemas de Raúl González Tuñón –poeta argentino fallecido en 1974– musicalizados e interpretados por el Cuarteto Cedrón, también de nacionalidad argentina.

Y, en tercer lugar, en la celebración de aquel centenario quedaron también ausentes Manuel Picón y Olga Manzano, que recién llegados a España –procedentes de Uruguay y Argentina–, en 1974, nos ofrecieron la obra de Pablo Neruda "Fulgor y muerte de Joaquín Murieta", y, en 1979, uno de los mas hermosos discos grabados en España en el siglo XX, me refiero a "Los Versos del Capitán"; disco en el que musicalizaron y cantaron diez poemas del libro que, con ese mismo título, escribió Neruda entre 1951 y 1952.



Con referencia al disco "Los Versos del Capitán", recuerdo una anécdota que aunque en realidad es bien triste, tiene su punto de gracia y de surrealismo; anécdota que, por otra parte, es muy significativa del final de los años setenta en nuestro país. 

En 1979, cuando salió el disco al mercado, yo hacía un programa de radio, en Radio Popular (la COPE) titulado "Donde la palabra se hace música". En aquel momento el programa era diario, tenía una duración de treinta minutos y se emitía en directo inmediatamente después del famosísimo programa de Encarna.

Pues bien, durante varios días "pinché" y comenté varias de las canciones de Olga y de Manuel, y uno de aquellos días me ocurrió algo que puede parecer increíble, pero que fue real: la dirección de la radio recibió una llamada de un familiar directísimo del Arzobispo de Madrid, denunciando que en mi programa se estaba haciendo pornografía y que, en consecuencia, me llamaran seriamente al orden.

Investigamos a que podría referirse aquella oyente, emparentada con el Arzobispo, y enseguida dimos con la pist –que efectivamente fue confirmada–; la pornografía que yo estaba exhibiendo eran estos versos de Neruda, del poema "El insecto", cantados por Olga y Manuel: «De tus caderas a tus pies quiero hacer un largo viaje. / Voy por estas colinas, son de color de avena [...] / y caigo en el vacío de tu sábana blanca / busco ciego y hambriento tu contorno quemante».

La verdad es que no me extraña que aquella señora, con su moral represiva que consideraba un pecado tener "malos pensamientos" referidos a la sexualidad, se escandalizara al escuchar a Neruda... A mi esos "malos pensamientos", por el contrario, siempre me parecieron, y me siguen pareciendo, maravillosos y deseables... ¡Que bello y que hermoso es realizar ese "largo viaje" con la pasión, con la ternura y con el amor que Pablo lo describe!

A partir de todos estos recuerdos surgidos al contemplar el libro-disco "Neruda en el corazón" voy a dedicar, en días sucesivos, nuevos "cuelgues" sobre Neruda... Por cierto, ¿sabías que otra de las primeras cantantes que interpretó a Neruda, en España, fue Sarita Montiel? Pues si, así fue, en el año 1973 cantó y grabó los poema 6 y el 15 de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"... Pero bueno, esto lo dejo para más adelante... Neruda es tan grande que nos queda pendiente hablar mucho de él.

lunes, 27 de diciembre de 2010

FOTOS CON HISTORIA

Esta fotografía es una de las preferidas de mi colección. En ella, como podréis comprobar, aparecen dos grandes compositores y cantantes argentinos que viven en España, Alberto Cortez y Carlos Montero.

Grupo Hugo Díaz y los Changos.
De pie, de izquierda a derecha: Carlos Montero y Hugo Díaz.
Sentados, de izquierda a derecha: Alberto Cortez, Victoria Díaz y Ferreira.

La historia de esta imagen es la siguiente: El año 1960, Alberto Cortez y Carlos Montero –que vivían en Argentina– recibieron la oferta de un conocido músico de aquel país, llamado Hugo Díaz, para incorporarse a un grupo folclórico que estaba montando con la intención de emprender una gira por diferentes países europeos; entre ellos, Alemania, Bélgica y Holanda.

Ellos aceptaron la propuesta y se incorporaron a aquel grupo que, con el nombre de "Hugo Díaz y sus Changos", lo integraban el propio Hugo, Victoria Díaz –su compañera– Alberto, Carlos y un bailarín apellidado Ferreira.

A mediados de 1960 emprendieron viaje hacia Europa donde realizaron una gira con un espectáculo titulado "Argentine National Tanz-Show".

Alberto Cortez.
Finalizada aquella gira, Hugo Díaz y Victoria regresaron a Argentina, y Alberto Cortez y Carlos Montero decidieron quedarse en Europa.

Esta decisión la motivó el gran éxito que en aquel momento había logrado Alberto Cortez con la grabación, en Bruselas, de sus primeras canciones; entre ellas, "El sucu-sucu" y "Las palmeras"; grabación, realizada en noviembre de 1960, en la que Carlos Montero le acompañó  a la guitarra.

Carlos Montero en la presentación del libro
"... Y la palabra se hizo música. El canto emigrado de América Latina"

Aquella circunstancia le permitió a Alberto darse a conocer por toda Europa y empezar a ofrecer numerosos recitales, en los que Carlos Montero solía acompañarle.

En 1964, Alberto Cortez, tras contraer matrimonio con Renée Govaerts, fijó su residencia en España, y Carlos, siguiendo sus pasos, tomó la decisión de trasladarse a vivir en Madrid.

LA CREACIÓN DE LA WEB "UNIVERSO MUSICAL DE LA GENERACIÓN DEL 27 Y OTROS UNIVERSOS PoÉTICOS" SIGUE ADELANTE

Hoy voy a compartir un texto global de presentación de su identidad y de su contenido: «Esta WEB trata del encuentro, hermanamiento y fusión...