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lunes, 2 de enero de 2017

DESDE MI ATALAYA. «MI VIDA ENTRE CANCIONES». EL NUEVO LIBRO ESTÁ EN MARCHA...



Hoy, nada más comenzar el "año nuevo" me apetece compartir lo que será el PRIMER CAPÍTULO del libro de "memorias" que acabo de empezar a escribir desde aquí, desde MI ATALAYA... Por fin me he decidido a iniciarlo... ¡Ya os iré contando!



1. MIS PRIMEROS GENES AMBIENTALES. 
"VOLS VENIR, MACO?".

Nací en Girona el 11 de febrero de 1946 y fui bautizado, siete días después, en la mismísima Catedral de la ciudad; hechos que acontecieron de forma totalmente accidental pero de los que me siento muy orgulloso. 

Me encanta cada vez que releo la octava página del "libro de familia" de mis padres, en la que –con una perfecta caligrafía a tinta y plumilla de la época– queda demostrada mi "nacencia" catalana –según consta en el tomo 89, página 377 del Registro Civil–; o cada vez que contemplo mi "partida de bautismo" firmada por "el infrascrito", Cura coadjutor de la Parroquia de la Catedral del Obispado de Gerona. (En aquel momento esa "e" en el nombre de mi ciudad natal era radicalmente intocable).

Digo que mi nacimiento en Cataluña fue totalmente accidental, porque en aquel momento mi padre, que era Funcionario del Cuerpo de Prisiones, estaba destinado provisionalmente a la cárcel de Girona; pero, al año y medio de que yo viniera al mundo, le trasladaron a Jaén, provincia sureña en la que había nacido no sólo él, sino mi madre, mi hermano mayor y gran parte de mi familia.

De aquel primer año y medio de mi vida en Cataluña no tengo más que un recuerdo visual y auditivo –¡único y sorprendente porque a mi mismo me parece imposible!–. Vivíamos en una casa de pisos de la que solamente tengo la evocación de una ventana que daba a un patio de vecinos; patio del que solamente conservo la imagen, muy borrosa, de otra ventana que estaba enfrente, pero más baja que la nuestra. 

Mi madre, de vez en cuando, me cogía en brazos, se asomaba conmigo a aquella ventana, y, con bastante frecuencia, en la ventana de enfrente aparecía el rostro de una señora de la que físicamente no recuerdo nada– que siempre me decía en catalán: "Vols venir, maco?" ("¿Quieres venir guapo?")… Y nada más; no recuerdo más que aquella borrosa señora asomada a la ventana y aquellas tres palabras… Evocación que siempre ha permanecido presente en mi memoria.

Aquel único recuerdo, desde hace tiempo, lo he relacionado con la seducción que siempre me ha provocado la "nova cançó", hoy por hoy convertida en parte muy importante de mi universo sonoro. He de reconocer que a ella le debo algunos de los rasgos de mi identidad que más estimo. Tanto es así, que he llegado a la clara constatación de que verdaderamente existen los "genes ambientales". En este caso los genes que como aquel "Vols venir, maco?" –tierno, anónimo y siempre recordado– me hacen sentirme vitalmente vinculado al catalán, y, en concreto, a la cançó y a la literatura catalana.

Empecé a sentí por primera vez los latidos más atractivos y sugerentes de la "libertad", y la posibilidad de hacerla mía y poder alcanzarla, el día que, con diecisiete años, descubrí y escuché en Jaén la canción "Al vent" en un single de vinilo publicado por Raimon en 1963 que me regaló un "cura rojo" de vocación tardía.

Llegué al definitivo convencimiento de que "Sueño, luego existo" –título de uno de mis libros escrito en 1996, que precisamente nació y empecé a escribir en Barcelona– porque, desde 1979, llevo incrustadas en mis creencias y en mi sensibilidad la voz, los versos y la fuerza expresiva de Lluís Llach reivindicando su derecho a "soñar"; derecho que comparto apasionadamente.

«Somniem.
Sí inevitablement, el somni d'avui com possibilitat del demà [...]
Per això, que ningú no s'avergonyeixi de dir, 
que ningú no s'avergonyeixi de cridar:
somniem, si, constantment, somniem sense límits en els somnis,
somniem fins l'inimaginable.
Somniem sempre,
i ho esperem tot, hem après l'art d'esperar, aquest art d'esperar
en nits interminables d'impotència; sabem esperar i ho esperem tot, tot…»
("Somniem". Lluís Lach.)

Con frecuencia suelo realimentar mi esperanza –cuando se me debilita– leyendo el poema "El pi de Formentor" de Miquel Costa i Llonera, o escuchando la canción que sobre ese texto ha compuesto e interpreta Maria del Mar Bonet. No sé cuantos cientos de veces la he escuchado.

«Lluitar constant i vèncer, reinar sobre l'altura
i alimentar-se i viure de cel i de llum pura...
oh vida! oh noble sort!
Amunt, ànima forta! Traspassa la boirada
i arrela dins l'altura com l'arbre dels penyals.»
("El pi de Formentor". 
Miquel Costa i Llobera - Maria del Mar Bonet / Lautaro Rosas.)

En fin, podría dar muchos más detalles de lo que me han influido vitalmente mis primeros "genes ambientales"; ya lo iré haciendo; tiempo y páginas me aguardan para seguir rescatándolos.