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miércoles, 28 de marzo de 2012

MANUEL CUESTA, ¡GRACIAS!

Hoy voy a hacer un paréntesis en los "cuelgues" que vengo dedicándole a Martirio –estoy seguro de que ella va a comprenderme– para dedicarle uno muy especial a MANUEL CUESTA, a su banda, y a todo lo que aconteció anoche en el concierto que nos ofreció en la sala Galileo de Madrid; concierto de despedida momentánea porque con él Manuel pone fin a la etapa de su aventura artística vivida al abrazo de su disco "La vida secreta de Peter Parker", e inicia un periodo de creación del que surgirá un nuevo disco todavía imprevisible.

A este cuelgue quiero darle un tono muy especial de "agradecimiento" por los motivos que seguidamente explicaré y que, en realidad, se resumen en uno: anoche, una vez más, la música me salvó de un nuevo "naufragio" personal; anoche Manuel Cuesta y su banda –y todo lo que nos ofreció y me permitió vivir en su concierto– retroalimentaron mi esperanza que a lo largo de estos últimos días la he tenido un poquito "tocada".

¡Gracias por tanto, en primer lugar, a Manuel Cuesta, a Jordi Pinyol, a Albert Anguela, a Carlos Expósito y a Adán Latonda!

Manuel Cuesta.

Hay días en los que te tienta la rendición; en que te dan ganas de abandonar los sueños, las utopías y las pasiones, y dedicarte, como diría mi buen amigo Carlos Cano, a sentarte tranquilamente en la orilla, y a "ver los barcos pasar". Son días en los que te acosa la soledad, el cansancio y la desesperanza, y en los que, si no hay alguien, o algo, que te salve, es muy probable que se te vayan muchos y muy hermosos proyectos al "carajo".

Uno de esos días especialmente raros –arrastrado de días anteriores– lo tuve yo ayer. No voy a entrar en detalles...; lo cierto es que como consecuencia de ello ayer tuve la tentación de abandonar, entre otros, el proyecto de un nuevo libro que me he propuesto escribir –lo sueño como un "libro-concierto"– y que se encuentra en plena fase iniciática.

Pues bien, el final del día de ayer –día raro, raro– lo pasé en la Sala Galileo participando como espectador del concierto de Manuel Cuesta, y, como antes decía, ¡menos mal!, porque lo que allí pude vivir y experimentar –a fin de cuentas, música, canción y amistad en estado puro– me salvo del "naufragio"...; bueno..., música y generosidad, porque como anoche mismo comentamos Rodolfo Serrano y yo, en varios momentos, Manuel es un ser humano que desborda generosidad.

A la hora de entonar mis gratitudes por lo de anoche voy a limitarme a dar unas cuantas pinceladas de aquellos momentos del concierto que me resultaron más hermosos e impactantes:

Quizá el primero, el homenaje que le rindió Manuel Cuesta al grandísimo Pablo Guerrero, que ahora cumple el cuarenta aniversario de su canción "A cántaros"; Manuel, acompañado al piano con apasionamiento por Adán Latonda, nos ofreció una increíble y enternecedora versión de la canción "Hoy que te amo". (Fue un momento en que me fue imposible contener las lágrimas).


Otros momentos que me impactaron anoche en el concierto de Manuel, fueron las colaboraciones de amigos como Pablo Sciuto –músico y trabajador incansanble al que quiero mucho–, Garrett Wall –como siempre formidable y delirante– y Manu Clavijo que recién llegado de Galicia con su violín se nos ha "colao" en el corazón con una calidad extraordinaria. (Por cierto, Manu tiene grabado un disco sobre poemas de Lois Pereiro que pronto comentaré).

Momentazo bellísimo y liberador también la interpretación de la canción "Tu risa en la Alameda"Manuel sabe que es mi preferida... ¡como me pone afectiva e ideológicamente esta canción!–. En esta ocasión la interpretó a dúo con el cantautor argentino EMILIANO DEL RIO, que fue la gran sorpresa de la noche.

Emiliano del Río.

Emiliano del Rio, es un cantautor argentino, recién llegado a nuestro país para pasar un mes entre nosotros y presentarnos su trabajo; de él voy a hablar mucho en los próximos días, ¡os lo aseguro!... Cuando anoche le escuché cantar sentí como se me revolucionaban hasta las entrañas....; Emiliano es un "cantautor" puro, aunténtico, comprometido, muy buen músico e intérprete con mucha fuerza y convicción... Escuchándole pensaba: «Pero Fernando, ¿estás loco? ¿como vas a dejar de seguir escribiendo sobre la "canción de autor" si ahora sigue en todo el mundo más viva que nunca?».


Por último, y para concluir este "cuelgue", deseo enumerar otros encuentros muy gratificantes vividos anoche en Galileo; encuentros con Rodolfo Serrano –al que antes ya citaba–, con Joaquín Pérez Azaústre, con Daniel Montes (Danieme) –que al final subió al escenario para cantar con Manuel– y con Alberto Ballesteros, a quien no conocía y que hoy ya me tiene "colgao" a su «Teatro Chino».

En fin, por todo eso, y por mucho más, hoy quiero darle las gracias a todas las personas mencionadas y, en particular, a MANUEL CUESTA... ¡Gracias Manuel!... aparte de admirarte mucho, sabes que te quiero más.

Y después de todo esto... ¡de naufragio nada, de nada!... Por mi parte ya pueden irse preparando, voy a seguir, dale que dale, con la "canción de autor", con el Centro de Documentación soñado, y ahora con ese nuevo "libro-concierto" que ya tengo entre manos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

MANUEL CUESTA Y SU BANDA - II. POR ALLÍ RONDABA..., SE LLAMABA "BELLEZA"

Y después de dos días de "cuelgues" girando en torno a la muy buena música que nos ofrecieron Marino Saiz, Jordi Pinyol, Albert Angella, Carlos Expósito y Adán Latonda el pasado lunes 18 de noviembre en la sala Galileo, ahora sí, ha llegado el momento de comentar el "conciertazo" que protagonizó MANUEL CUESTA acompañado, como veremos, por grandes y solidarios amigos y "amiga".

Manuel Cuesta.

Antes de hablar de Manuel, he de hacerlo de Diego Ojeda que ofició el "introito" del alucinante ceremonial que iba a producirse en el Galileo. Diego, acompañado al violín por la genialidad de Marino Saiz, nos cantó temas de su disco "Semáforos en verde" y de lo que será su nuevo álbum; obra que está creando entre Madrid y México, y que estoy convencido de que va a ser el disco que nos ofrezca la verdadera medida de la calidad y de la sensibilidad que posee este "cantautor" canario al que admiro y quiero.

Marino Saiz y Diego Ojeda.

Y salío Manuel con su banda...; un Manuel "entregao" y dispuesto a introducirnos en los dos cauces por los que discurre su sensibilidad y su música –que, en realidad, es su "salvavidas"–: sus propias canciones –entre ellas las grabadas en su disco "La vida secreta de Peter Parker"–; y hermosas versiones de temas incorporados a su memoria musical que adapta, mima e interpreta, sobre todo, con un tremendo apasionamiento.


Manuel Cuesta.

Esto de subirse a un escenario para desnudar sentimientos a través de la palabra y de la música siempre resulta una aventura arriesgada y valiente... La aventura consiste en mostrarse uno tal cual es –¡un auténtico despelote interior!– y dejarlo ahí "pa'que" el personal piense y sienta lo que quiera... Te puede gustar, o no...; puedes pensar esto, o lo otro...; ¡bendita sea la libertad!... Y como estamos hablando de percepciones, de emociones, de sentimientos, de subjetividades, al final nadie tiene lo que podríamos llamar "la razón"...; o sí, quien sí la tiene de verdad es el público que el pasado lunes 28 de noviembre llenó el Galileo –¡por que le dio la gana!– y que disfruto a lo bestia escuchando las canciones de Manuel.

Mi opinión sobre Manuel y sus canciones –y llevo mucho años en esto de la música– es que es un creador sincero, con mucha fuerza, con mucho que contar, con una gran formación espontanea-musical-sentimental, buen compositor, buen cantor y, encima, hombre generoso y solidario...; es decir, absolutamente nada que ver, con la "ñoñería" o con el "aburrimiento"; atrevidos y creo que desafortunados "piropos" que –en el ejercicio de su libertad y de su sensibilidad– alguien se atrevía a atribuirle recientemente.

Y volvamos al concierto, que hoy es lo importante. Tras ofrecernos varias canciones –y el público "entregao"– Manuel reclamó la presencia de su primer invitado: Garret Wall –compositor irlandés–, con el que cantó –como ya lo hizo en su disco– "La balada de Elliot Smith" y "Los días", maravillosa versión de un tema de These Days.


Garret Wall.

La segunda invitada por Manuel a su concierto fue Lucía Caramés  –¡que grande, y que bello y potente es su cantar!–. Interpretaron juntos el tema de Cuesta "Vas a agradecerle al mar". Y ahí estuvo Lucía derrochando voz como ella suele hacerlo, como si no pasara nada..., pero ¡sí!, ¡algo estaba estaba pasando!...; fue un nuevo momento mágico del concierto en el que nos sentimos acariciados y inmersos en la "belleza".


Lucía Caramés.

Después le llegó el turno a Ismael Serrano...; ¡qué puedo decir de Ismael que ya no haya escrito en este mismo blog!... Quizá acercar mi lupa verbal sobre su generosidad, sobre eso que a veces pierden las "estrellas", y que es tan importante: dar un poquito de luz a los humildes y anónimos caminante de las madrugada; a las gentes sencillas que se acercan a él, y a sus canciones, en busca de un poquito de ternura y de esperanza. Él sabe darlo.

Manuel e Ismael cantaron juntos "Tu risa en la Alameda" –ya sabe Manuel que es una de las canciones que me "ponen las pilas" en todos los sentidos– y "Si amanece por fin", tema de Joaquín Sabina.


Ismael Serrano.
Y seguidamente, llegó lo que fue para mi un gran descubrimiento y una enorme sorpresa, aparecieron en el escenario Joel Reyes y Ramonet ("Malacabeza"). No los conocía. Acaban de grabar un segundo disco titulado "Pirómanos", y ya lo tengo aquí, a mi lado, pa'abordarlo y disfrutarlo –to lo que pueda– el próximo fin de semana. Ya os cuento.

"Malacabeza" cantó con Manuel el tema "Dónde vas" y me quedé "flipao", fue un espectáculo increíble en el que se hermanaron espontáneamente la ruptura y el exuberante misterio de la "belleza". (La "belleza" una vez más, presente en un concierto de los que no se olvidan).


Malacabeza.
Por último Manuel se sintió acompañado de otro de esos violinistas que, hoy por hoy, son imprescindibles  en nuestra canción popular, me refiero a Diego Galaz; Diego interpretó con Manuel dos temas: "Báilame el agua" y "The blower's daughter", de Damien Rice.

Pero, mira por donde, justo en ese momento mi pequeña e inseparable máquina de fotos se me quedó sin batería –a la pobre le doy unas palizas que no sé como me aguanta–... Y como no pude fotografiar a Diego, pues aquí os dejo una imagen de él que he tomado de internet:

Diego Galaz.
Y termino... Fue en gran concierto... Por ultimo quisiera dedicar este "cuelgue" a cuatro personas: a Joaquín Pérez Azaústre, porque no pudo estar, pero ni nos olvidó, ni lo olvidamos. A Rodolfo Serrano, por los muchos años que llevamos amando la canción. Y a dos mujeres, cuyas sonrisas le dieron belleza –¡más belleza todavía–! y alegría a la noche del Cuesta y de todos nosotros: Sete Jiménez y Vanessa Rodríguez. Un especial beso a los cuatro.