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domingo, 17 de julio de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 14

En este atardecer de domingo os propongo leer –o volver a leer– el magnífico
discurso pronunciando por CHARLES CHAPLIN en la película "El gran dictador".
¡MERECE LA PENA!
Parecen unas palabras escritas para los tiempos presentes.



«Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.

El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.

El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.

La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.

¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; decidles lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir! Que os obligan ha hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!

¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!

En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.

Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. ¡Pero mienten! No han cumplido esa promesa. ¡No la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!

Hannah, ¿puedes oírme? ¡Dondequiera que estés, alza los ojos! ¡Mira, Hannah! ¡Las nubes están desapareciendo! ¡El sol se está abriendo paso a través de ellas! ¡Estamos saliendo de la oscuridad y penetrando en la luz! ¡Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad! ¡Mira, Hannah! ¡Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza! ¡Alza los ojos, Hannah! ¡Alza los ojos!»

ANA MARÍA DRACK. IMPOSIBLE OLVIDARLA

Ana María Drack.
«A veces me da miedo tenerte y que me tengas
por si uno de los dos se marcha antes que el otro
y no existe un futuro que nos una en las nubes
o que en otras galaxias no se lleve el nosotros
y vayamos en fila de a tres y sin mirarnos»
(Ana María Drack).

En la historia de nuestra canción popular ha habido presencias de gran calidad musical y poética que un buen día dejaron de componer y de cantar, y que corren el peligro de ser olvidadas; situación que me parece tremendamente injusta y contra la que siempre lucharé. Creo que es muy importante que las nuevas generaciones conozcan la existencia de esos creadores y creadoras; es decir, que sean conscientes del trabajo que realizaron, y que, en la medida de las posibilidades, investiguen y escuchen las canciones que compusieron e interpretaron. (Tampoco estaría nada mal que los medios de comunicación asumieran –aunque fuera un poquito–, la responsabilidad de recuperar la historia de nuestra canción popular en lo que tuvo, de calidad y testimonio, durante los años sesenta, setenta y ochenta).

Ana Maria Drak.
Una de esas presencias, o una de esas grandes creadoras, de nuestra canción popular durante los años setenta fue ANA MARÍA DRACK. Cantante de voz desgarrada, cálida, sensible y tremendamente personal que supo calar hondo en el corazón de mucha gente, entre otras razones por la calidad literaria de sus canciones y por su reivindicación apasionada y militante –ya entonces– en defensa de los derechos y de las libertades de la mujer.

Ana María nació en Elche, en 1943. Estudió Ciencias de la Educación en Alicante y, más tarde, se trasladó a Madrid para cursar su licenciatura en Filosofía, y estudiar piano y canto en el Conservatorio.

En la década de los sesenta participó en la fundación de "Los Goliardos" –grupo de teatro universitario independiente– colaboró con el grupo de música experimental "Alea, y, tras participar en el programa "Música 3"–realizado por Eduardo Stern–, decidió iniciar su carrera como cantante, interpretando sus propias canciones y, ocasionalmente, composiciones sobre textos de Antonio Machado, de Jesús López Pacheco o de Jesús Munárriz.

En 1970, Ana María editó su primer single, en el que incorporó dos canciones: "Pequeña María" y "Poema galante", compuesta sobre un texto de Antonio Machado.



En otro de sus singles de principios de los años setenta, incorporó una canción realmente hermosa y entrañable; fué la tirulada "Pescador" basada en un poema Jesús López Pacheco musicalizado por Hilario Camacho.

Dos años más tarde apareció su primer LP titulado "Despacio" (1972), al que le siguieron "Dime que no es verdad" (1973), "Enhorabuena" (1976) y "Está prohibido" (1977).


Concretamente, en el álbum titulado "Enhorabuena" (1976) Ana María grabó una magnífica versión de la canción "Los cuernos", de Jesús Munárriz; un tema inspirado en un fragmento del poema "El dolor", de Pedro Salinas –fragmento recitado en el inicio de la canción por el actor Héctor Sturman–, y la canción "No plorem per la mort" de Francisco Martínez Pastor, interpretada en valenciano.

Tal y como he venido indicando anteriormente una de las características de la obra cantada de Ana María Drack fue la calidad literaria de sus textos; calidad que ha seguido manteniendo, como escritora, en sus artículos de prensa, en sus colaboraciones literarias y sobre todo en sus libros de poemas: "Poemas con patatas y una margarita" (1984), "Diario de un año sin luna" (1988), "De dos en dos" (1996) y "Cuarto de hora. 1968 - 1996" (2006).



Es importante indicar, por último, que toda su obra discográfica ha sido reeditada en formato CD –recopilatorio– por la empresa Rama Lama Music y que se puede contactar con ella a través de internet en: http://www.anamariadrack.es/