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miércoles, 30 de mayo de 2012

GABRIEL SOPEÑA I – «MIL KILÓMETROS DE SUEÑOS» Y UNA OBRA MUSICAL EXTRAORDINARIA

Gabriel Sopeña.

Uno de los principales objetivos que me planteé, hace año y medio, cuando inicié la creación de este blog fue impulsar el conocimiento de los grandes compositores con los que cuenta –o ha contado– nuestra música popular, y difundir, lo más posible, sus creaciones. Hoy me produce una gran felicidad dedicarle este "cuelgue" –y el de mañana– a Gabriel Sopeña.

Gabriel Sopeña nació en Zaragoza en 1962. Es doctor en Filosofía y Letras, profesor universitario, poeta y compositor. Su carrera artística relacionada con la música comenzó a principios de los años ochenta liderando algunas de las bandas pioneras del panorama aragonés; primero el grupo rock, llamado "Ferrobós", con el que grabó un disco titulado «Círculo de fuego» (1988); y seguidamente el grupo "El Frente", con dos discos editados: «Otro lugar bajo el sol» (1990) y «Barcos» (1991).

Cubierta del disco «Otro lugar bajo el sol»,
 del grupo "El Frente" (1990).

Por otra parte, Gabriel sostuvo una prologada y estrecha colaboración con Mauricio Aznar, amigo, poeta y músico aragonés –líder de las bandas "Golden Zippers", "Más Birras" y "Almagato"– que falleció en octubre de 2000.

Su primer disco en solitario Gabriel lo grabó en 1998 con el precioso y sugerente título de «Mil quilómetro de sueños», álbum en el que recoge canciones como "La voz de un ángel" –cantada anteriormente por Amistades Peligrosas–, o "Armando el amor", canción que posteriormente incorporaría a la banda sonora del documental "Mujeres en pie de guerra", dirigida por Susana Koska.



Yo estaba interpretando mi papel, luciendo mi mejor De Niro.
Ella supo mi nombre y dijo: «Bien, esta noche te la dedico a ti
porque en medio de tu historia y mi ambición hay mil kilómetros de sueños  
y una autopista de sangre y de miel cerrada por un sol de hierro.
No envíes cartas de amante a mi buzón, ni pongas rosas en mi cuarto.
No soy una Julieta de salón: ni siquiera sé cuánto valgo aquí...»

Me habló del tiempo en que su libertad buscaba un sitio en que instalarse.
Yo le hablé de la distancia por salvar y estreché su piel de caña contra mí.
Nuestra carne mil veces se abrasó; y cuando reclamé su alma, me dijo:
«Yo nunca te prometí que fuera a protegerte del amor.
No envíes cartas de amante a mi buzón, ni pongas rosas en mi cuarto.
No soy una Julieta de salón: ni siquiera sé cuánto valgo aquí...»

Hipotequé mi pequeña verdad buscando huecos en sus ansias.
A veces fui feliz, y a veces no, pero no puedo jurar que hiciera bien.
Me marché como un ladrón, dejando atrás mil kilómetros de sueños
y una autopista de sangre y de miel cerrada por algunos versos:
«No hagas preguntas sobre esta canción, ni busques secretos ocultos.
No soy ningún Romeo de salón: ni siquiera sé qué fui para ti».     
Yo estaba interpretando mi papel, luciendo mi mejor De Niro.
("Mil kilómetros de sueños")

Gabriel Sopeña ha desarrollado también importantes proyectos de musicalización de poemas, como los que emprendió con Loquillo en sus discos "La vida por delante" (1994) y "Con elegancia" (1998) –que comentaremos mañana–, o los libro-discos "Universo en ciernes" (1995) –en el que puso música a un conjunto de poemas de Mari Paz Domínguez; "Orillas. Trece poemas de mujeres hispanas" (1998), o "Una ciudad para la Paz" (2000), sobre poemas de Federico García Lorca, Vázquez Montalbán, Rafael Alberti, Iván Malinowski, Arturo Corcuera, Salvador Cardenal, Jose Antonio Labordeta, Francisco Lobatón, Gioconda Brelli, Ibn Arabi, Teresa Jasaà, Eduardo Vicente de Vera o José Antonio Rey del Corral.



De Gabriel y de su obra «Una ciudad para la Paz», la periodista Concha Montserrat escribía la siguiente presentación: «Gabriel Sopeña es muchas cosas: doctor en historia de las religiones, rockero sin renuncia y apasionado de la poesía. La poesía entendida como una forma de ver el mundo desde distintas ópticas y desde las perspectivas más dispares. Unir y no dividir; sumar y crear; abrir horizontes y ensanchar el mundo. En una brizna cabe el universo, siempre que esa brizna se mire con inteligencia. Lo suyo es la apuesta, no por el más difícil todavía, sino por encontrar la belleza en los rincones más insospechados. Y eso lleva trabajo, y kilómetros, y búsqueda. "Una ciudad para la paz" es un nuevo empeño en mostrar que dos y dos no son cuatro, que el norte y el sur no tienen ninguna línea que los divida, que lo importante sólo se ve con los ojo del corazón, y que para hablar de Paz hay que casar y añadir la visión del otro».