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martes, 25 de junio de 2013

SOL DE NOCHE (Radio) - DOS PROGRAMAS DEDICADOS A "ROSALÍA DE CASTRO"

Hoy vuelvo a entrar en la sección del blog a la que llamo SOL DE NOCHE (Radio) para incorporar dos nuevos programas que dediqué a la gran poeta ROSALÍA DE CASTRO en el mes de mayo, de 1987. 

Rosalía de Castro.

En esta ocasión tuve la suerte y el placer de contar con la compañía y la voz de dos compañeras de Radio Popular a las que me unía una gran amistad: CHARO VILA y LOLA PÉREZ COLLADO, grandes periodistas que en aquel momento realizaban juntas un programa de fin de semana titulado "FEMENINO PLURAL".

Quiero recordar también al técnico de sonido con el que empecé a trabajar en la radio, y del que lo aprendí todo: PEPE PARÍS... ¡Fue para mí un auténtico maestro!

Y sin más aquí tenéis lo que fue mi sencillo, pero sincero y entrañable, homenaje radiofónico a la gran poeta del pueblo gallego:

PRIMER PROGRAMA


miércoles, 17 de abril de 2013

AMANCIO PRADA, LORCA Y ROSALÍA... UN FELIZ DESBORDAMIENTO DE BELLEZA Y DE SENSIBILIDAD.



El domingo pasado, día 14 de abril, a la salida del concierto que AMANCIO PRADA nos ofreció en e Teatro Español de Madrid, presentando su obra "A Rosalía de Federico", me resultó imposible sentarme para hacer un comentario de ella; salí tan emocionado y tan entusiasmado que solo fui capaz de escribir sobre ella una palabra y un sentimiento. La palabra: «¡Indescriptible!». El sentimiento: «¡Hay "esperanza"!... Hoy he podido constatar que es posible el gran triunfo de la "sensibilidad"».

Pasados unos días, y aún bajo el efecto estusiasmante y esperanzador del trabajo de Amancio, me dispongo a escribir un extenso comentario sobre lo que pudimos ver, escuchar y disfrutar los pasados días 12, 13 y 14 de abril, en el Teatro Español.

En efecto AMANCIO PRADA, acompañado al acordeón por el genial CUCO PEREZ, nos presentó su espectáculo poético-músico-teatral titulado "A Rosalía de Federico", obra dirigida por Carlos Aladro, con guión de Juan Carlos Mestre, e iluminación de Carlos Marqueríe.

El objetivo de esta crónica de hoy es dar a conocer el nuevo trabajo de Amancio, pero, sobre todo, pretende ser un gesto de reivindicación en torno a lo que considero uno de los espectáculos más bellos y de mayor sensibilidad que he presenciado en estos últimos años. Dar a conocer este espectáculo que  debería poderse disfrutar por todo nuestro país –¡este país nuestro se lo merece!–; y que debería volar hacia el continente hermano –Latinoamérica del alma– donde laten tantísimas vinculaciones afectivas e intelectuales con Lorca, con Rosalía y con Amancio.

Amancio Prada en el Teatro Español de Madrid.

Para ir entrando en el tema, permitidme que diga algo sobre AMANCIO PRADA que nos puede servir de introducción: 

Amancio es un compositor, un creador, un poeta, un juglar, un cantor, un "cantautor", un humanista... –todo eso y mucho más junto– de características muy singulares; ¡siempre lo fue!. 

De esas características quizá la más destacable es su tremenda y desbordante sensibilidad, que en su caso se convierte en una especie de fuerza interior  que –glosando una de las obras de Teresa de Jesús– le somete artísticamente a un natural, imparable –y nada forzado– "camino de perfección". 

Cada vez que me reencuentro con Amancio, en sus recitales, o en sus espectáculos, percibo y siento la concreción tangible de ese natural y espontáneo perfeccionamiento artístico concretado en el enriquecimiento de sus capacidades musicales, de su pasión por la literatura, de su buen cantar, de su capacidad para crear ámbitos de belleza y de serenidad, y, últimamente, enriquecimiento de su visión de la canción inmersa en un ámbito artístico mucho más global. La canción y la poesía en Amancio se funden con el gesto, la expresión corporal, la luz, las sombras, la declamación, la mirada...  y se convierten en lo que se ha dado en llamar un "diálogo escénico"; para mí ¡puro teatro!

¡Sí, teatro!, en el sentido de la visión del teatro que nos ofrece Federico García Lorca, y que Amancio proclama en mitad de la obra a la que hoy estoy haciendo referencia: "A Rosalía de Federico".


«Yo no hablo esta noche como autor ni como poeta –declama Amancio–, sino como ardiente apasionado del teatro de acción social. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera.

El teatro es una escuela de llanto y de risa… Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo"». 

Pues bien, en ese contexto poético, musical y escénico AMANCIO PRADA ha creado un espectáculo –mucho más que un puro concierto– en el que con absoluta sobriedad –con su única presencia en el escenario, acompañado de CUCO PÉREZ al acordeón– nos ofrece la apasionada y apasionante aproximación literaria y afectiva que Federico García Lorca sostuvo con el pueblo gallego y, más concretamente, con Rosalía de Castro.

«Llevo a Galicia en el corazón porque en ella he vivido y soñado mucho»

«Desde las entrañas de la Andalucía,
mojados con sangre de mi corazón,
te mando a Galicia, dulce Rosalía,
claveles atados con rayos de sol».
(Federico García Lorca)


Amancio aparece en escena sentado con su guitarra –sobriedad también en la escenografía–, canta y recita... «Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada... Es inútil callarla...».

«A mi llegada a Galicia -dice Lorca y recita Amancio– me sentí también poeta de la alta hierba y de la lluvia alta y pausada. Me sentí poeta gallego. Una imperiosa necesidad de hacer versos, su cantar, me obligó a estudiar a Galicia y su idioma. Y en el estudio de lo gallego, en su literatura y en su música encontré afinidades verdaderamente milagrosas con la literatura y la música andaluzas, o mejor dicho, flamencas».

Y a partir de ahí Amancio con su canto y con su voz alada invoca a la lluvia, a la luna, al agua...; nos acerca a un Lorca fundiendo, en sus versos y reflexiones, la sensualidad, el misticismo y la serenidad de los paisajes sureños y gallegos...; y nos canta –acariciando y rompiendo el aire a la vez– los "Seis poemas gallegos" de Federico que ha musicalizado magistralmente.



La obra continúa: «El silencio tiene su música –Federico y Amancio y Rosalía–, pero el sonido tiene la esencia de la música del silencio»... Y a partir de ahí, el desbordamiento estético y sensitivo de la palabra y de la música: Federico y Rosalía encontrándose, y Amancio estrechando ese encuentro... "La gallina" (cuento para niños tontos), "Campanas de Bastabales", "Adiós ríos adiós fontes", "Pra a Habana", "Cando era tempo de inverno"... Y aplausos, y bravos... ¡Muchos aplausos!... ¡Gracias Amancio!... 

viernes, 12 de abril de 2013

AMANCIO PRADA Y SU SIEMPRE APASIONADO CANTO A LOS POETAS. 12, 13 Y 14 DE ABRIL: «A ROSALÍA DE FEDERICO».

He de confesar, como pórtico al "cuelgue" de hoy, que personalmente siento una especial admiración hacia AMANCIO PRADA, tanto en lo que se refiere a su persona –de tremenda humanidad–, como en lo relativo a sus creaciones como compositor e intérprete –de tremenda sensibilidad–; admiración que con el paso de los años ha forjando una buena amistad.

Ya lo he contado alguna vez, yo conocí a Amancio en 1975 en uno de sus conciertos. Dos días antes había entregado a la imprenta mi primer libro titulado "Nueva Canción, disco-fórum y otras técnicas", ya totalmente concluido. Fue tal el impacto que me produjo Amancio en el escenario y tanto lo que me gustaron sus canciones, que al día siguiente desperté a mi editor para pedirle que por favor cambiara la cubierta del libro –que ya estaba a punto de imprimirse– por otra en la que apareciera la fotografía de Amancio que le iba a mandar urgente con un mensajero. Mi editor, como es lógico, puso alguna dificultad, pero, dada mi cabezonería, no le quedó más remedio que cumplir mis deseos aunque la salida del libro se retrasó algunos días ... ¡Era mi primer libro y lo quería realmente a mi gusto!

A la izquierda fotografía de Amancio Prada aparecida en la cubierta
del libro "Nueva Canción, disco-forúm y otras técnicas" (1975).
A la derecha, fotografía actual de Amancio Prada.

Pues bien, desde aquel día he perseguido permanentemente a el canto de AMANCIO PRADA; sobre todo, su canto a los poetas; él ama la poesía y se nota, se siente, en sus canciones.

Hace un tiempo me comentó que estaba trabajando en un proyecto nuevo que se presenta precisamente hoy en el Teatro Español de Madrid; proyecto musical en el que glosa y desarrolla la relación "poética" que existe entre ROSALÍA DE CASTRO y FEDERICO GARCÍA LORCA, relación hecha explícita en estos cuatro versos del poeta granadino:

«Desde las entrañas de la Andalucía,
mojados con sangre de mi corazón,
te mando a Galicia, dulce Rosalía,
claveles atados con rayos de sol».

Por supuesto se trata de un concierto que promete ser bellísimo y al que pienso asistir el próximo domingo –día 14– a mi vuelta de Segovia –hoy tengo un curso por allí del que luego os contaré–. Y para ir abriendo boca –como suele decirse– he pensado que nada mejor que recoger las palabras del propio Amancio relatando el origen y la concreción de su nuevo espectáculo.

«Fue durante una velada íntima en Urueña en la que José Luis Gómez nos leyó al poeta polaco Milosz y yo canté los Seis Poemas Gallegos de Federico García Lorca cuando José Luis me propuso conjugar a Federico García Lorca con Rosalía de Castro. Rosalía y Federico, dos príncipes de la poesía malogrados en su juventud, ella víctima de un cáncer en Padrón, asesinado él a balazos en el barranco de Víznar.  “¡Ai dos que levan na fronte unha estrela! ¡Ai dos que levan no bico un cantar!”. Aquellos versos que Curros Enríquez había dedicado a Rosalía eran también presagio del destino trágico de Federico: “La canción, que nunca diré, se ha dormido en mis labios.  La canción, que nunca diré”.

Luego, este verano pasado, releyendo cosas de García Lorca en torno a su relación con Galicia, me encontré con un poema que le dedicó Lorca a Rosalía en 1919, la "Salutación elegíaca a Rosalía de Castro". Y es que en 1916 un pequeño grupo de estudiantes granadinos, guiados por su profesor  de Literatura y Artes, realiza un largo viaje artístico y cultural que incluye una ruta por tierras gallegas. Viajan en tren hasta Santiago de Compostela… Allí visitan el Monasterio de Bonaval, convertido en hospicio y donde estaba enterrada Rosalía de Castro. Seguramente esa Salutación es consecuencia de aquel viaje. Cuando la oigáis lo comprenderéis. Leer por primera vez ese poema para mí fue como encontrar un tesoro. Porque revela la temprana admiración de Federico por Rosalía. El  poema es largo, así que seleccioné los versos que me parecieron esenciales y… les puse música. O digamos que tuve la suerte despertar su música callada, dormida. Un pequeño milagro, siempre que un poema se convierte en canción. 



Este nuevo recital es un diálogo cordial entre Federico y Rosalía. "Quiero que lloremos la melancolía que sobre nosotros el cielo dejó, pues vamos cargados con cruz de poesía, y nadie que lleva esta cruz descansó". Eso le dice a Rosalía Federico, quien dice haber aprendido el gallego leyendo en los cancioneros de los primeros trovadores medievales, a Rosalía y Curros Enríquez.  “Llevo a Galicia en el corazón, porque en ella he soñado y vivido mucho… A mi llegada a Galicia me sentí también poeta de la alta hierba y de la lluvia alta y pausada... Me sentí poeta gallego”. Y qué poeta. Sus “Seis Poemas Gallegos” son tan “enxebres” como “jonda” es la poesía de Rosalía. Misteriosa sintonía, milagrosa resonancia.  Uno de los “Seis Poemas Gallegos” está dedicado a Rosalía, su “hermana en tristeza”, la “Canción de cuna pra Rosalía de Castro, morta”.  En 1932 le escribe a su amigo Barbeito, ”aunque ya he empezado mi estudio sobre Rosalía, lo tengo detenido por no estar en situación de crearlo”. Y promueve por un homenaje a la poeta de Padrón que había de celebrarse en Compostela y en el que pensaba participar, pero que no llegó a celebrarse.

También yo descubrí casi adolescente los Cantares Gallegos de Rosalía, que inspiraron mis primeras canciones: "Cómo chove miudiño", "Pra A Habana", "Un repoludo gaiteiro"… Poco tiempo después comencé a  leer García Lorca.  "La Guitarra" fue mi primera canción de Federico. La compuse cuando tenía veinte años con una guitarra que había ganado cantando a Rosalía ("Pra A Habana") en un Festival en Alar del Rey… Verano del 69.  Después vendrían más canciones sobre sonetos y gacelas de Federico, y sobre los cantares y follas novas de Rosalía.  

En estos conciertos escénicos que voy a dar próximamente en el Teatro Español de Madrid, estrenaré la “Salutación Elegíaca” y la suite sobre los “Seis Poemas Gallegos”. Canciones de Federico que con las de nuestra admirada Rosalía confluyen en un caudal que sonriendo va por el rio a las orillas del mar. Adonde vamos todos».

Después de leer, la presentación que Amancio nos ha realizado sobre sus nuevos conciertos "A ROSALÍA DE FEDERICO", evidentemente tenemos que animarnos a disfrutarlos. Ya sabéis, en Madrid: Teatro Español, 12, 13 y 14 de abril.

Y, finalmente, como broche final, aquí os dejo un vídeo en el que AMANCIO PRADA canta el "Romaxe de Nosa Señor da Barca" de FEDERICO GARCÍA LORCA, poema tomado de sus "Seis poemas galegos". (Grabación en directo del concierto celebrado dentro del marco de la 30ª Semana de Música Sacra de Segovia el 4 de abril de 2012 con la participación de la Escolanía de Segovia de la Fundación Don Juan de Borbón)... ¡VAMOS A DISFRUTARLO!



«¡Ay ruada, ruada, ruada 
da Virxen pequena 
e a súa barca! 

A Virxen era pequena 
e a súa coroa de prata. 
Marelos os catro bois 
que no seu carro a levaban. 

Pombas de vidro traguían 
a choiva pol-a montana. 
Mortos e mortos de néboa 
pol-as congostras chegaban. 

¡Virxen, deixa a túa cariña 
nos doces ollos das vacas 
e leva sobr’o teu manto 
as froles da amortallada! 

Pol-a testa de Galicia 
xa ven salaiando a i-alba. 
A Virxen mira pra o mar 
dend’a porta da súa casa. 

¡Ay ruada, ruada, ruada 
da Virxen pequena 
e a súa barca!»

sábado, 8 de septiembre de 2012

SOBRE LA EMIGRACIÓN. «CANCIONES DE IDA Y VUELTA». III - EL DOLOR DE LO QUE SE ABANDONA



«Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco
bajo un cielo que, a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.
Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra.
Sólo el olvido...
camina lento bordeando la cañada
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.
El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura.
El cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán.
Y mi pueblo después
vio morir a los tres...
Y me pregunto por qué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.
De la siega a la siembra
se vive en la taberna.
Las comadres murmuran
su historia en el umbral
de sus casas de cal.
Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que, noche a noche, forjaron en su mente.
Fuerte pa' ser su señor.
Tierno para el amor...
Ellas sueñan con él,
y él con irse muy lejos
de su pueblo. Y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir,
quieren morirse al sol.
La boca abierta al calor, como lagartos.
Medio ocultos tras un sombrero de esparto.
Escapad gente tierna,
que esta tierra está enferma,
y no esperes mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
Toma tu mula, tu hembra y tu arreo.
Sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna.
Tal vez mañana sonría la fortuna.
Y si te toca llorar
es mejor frente al mar.
Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí...
Pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio»
("Pueblo blanco" Joan Manuel Serrat).



Tras la marcha, a veces masiva, de los emigrantes, se perfila otra de las dimensiones claves de este drama social: tierras y pueblos abandonados y solitarios..., casas cerradas y vacías..., madres que pierden a sus hijos..., niños de miradas tristes..., ancianos y mujeres que se ven obligadas a trabajar duramente..., y, en general, la dolorosa ausencia de los seres queridos.

«Pueblos medio vacíos 
gente güena como el pan
poca leña en el fuego 
mucha tierra abandoná.
Volando chía un grajo 
y una perra echa a ladrar
alguna puerta s'abre 
y otras se quean cerrás.
Ay la penita que me da 
en viendo los ancianos 
con la espina tronchá».
(“La contraviesa”. Carlos Cano)


«De cien vecinos que éramos
ya solo quedamos dos;
Don Florencio, que es el amo
y un seguro servidor.
Don Florencio vive en Huesca
aquí solo quedo yo,
con una cabra méchales
una gaita y un tambor.
Un día cojo la cabra
la trompeta y el tambor
y me voy a Zaragoza
y que pregone el patrón».
(“Meditaciones de Severino el Sordo. José Antonio Labordeta)


«Galicia, sin hombres quedas
que te puedan trabajar.
Tienes, en cambio, huérfanos y huérfanas,
y campos de soledad,
y padres que no tienen hijos
e hijos que no tienen padres.
Y tienes corazones que sufren
largas ausencias mortales,
viudas de vivos y muertos
que nadie consolará».
(“Para la Habana”. Amancio Prada / Rosalía de Castro)

«Galicia, sin homes quedas / que te poidan traballar. / Tés, en cambio, orfos e orfas / e campos de soledad, / e nais que non teñen fillos / e fillos que non tén pais. / E tés corazóns que sufren / longas ausencias mortás, / viudas de vivos e mortos / que ninguén consolará. / Viudas de vivos e morto / que ninguén consolará». (“Pra Habana”. Rosalía de Castro).

En el marco de esta soledad y desolación provocada por la emigración se destacan, en la canción, dos personajes especialmente tiernos y sensibles:

La MADRE que queda en el pueblo envuelta en tristeza al ir contemplando como sus hijos se marchan; eterna paciente que aguarda en vano un regreso que nunca termina de hacerse realidad.


«Siempre te recuerdo vieja
sentada junto al hogar,
acariciando la lumbre,
la cadiera y el pozal.

La tristeza de tus ojos
de tanto mirar,
hijos que van hacia Francia
otros hacia la ciudad.
Miguel dice que va bueno
y parió la del Julián.
Tú te quedas con tus muertos
rezándoles sin parar,
pensando que en esta vida
sólo se puede llorar.

Siempre te recuerdo vieja
sentada frente al portal,
repasando antiguas mudas
que ya nadie se pondrá.

Al cierzo de los otoños
vas a buscar
palabras desde la Francia
o desde la ciudad.
Miguel cayó del andamio
y parió la del Julián.
Tú, tus mitos y tus penas
cubren barbecho y erial,
cubren los viejos olivos
con tu densa soledad.

Siempre te recuerdo vieja
zurciendo la eternidad
con tus palabras menudas
ocultando la verdad.

Miguel murió del andamio
y los chicos del Julián
al final de aquel verano
volvieron a la ciudad.
A ti te enterramos pobre,
como debía pasar,
al lado de tu marido,
tus padres y el sacristán,
que loco por las campanas
se desguazó ante el altar.

Siempre te recuerdo vieja
nunca te podré olvidar,
eternamente paciente,
sufriendo sin más ni más».




Y junto a la madre, la MUJER, la NOVIA o COMPAÑERA del emigrante –en los años sesenta y setenta la mayor parte de los emigrantes eran varones–; mujer triste y atormentada que lucha entre la esperanza, teñida de felicidad, la necesidad afectiva y corporal de esa presencia perdida y convertida tan sólo en distancia y recuerdos.

«El traje de pana, la casa y la huerta;
el perro y la novia los días de fiesta.
La burra y el carro y sus cuatro fanegas
y un pozo reseco era toda su hacienda.
Y el duro trabajo,
el día y la noche arañando miseria
que a nadie extrañó que aquella mañana
cerrara su casa por irse a otras tierras.

Ya nun tien quien'i cante
a esa mozina junto al balcón;
ya nun tien quien'l cante
porque'l su mozu también marchó.

En una cartera la foto de ella,
la duda y la pena son sus compañeras.
Y el agrio silbido de aquel tren tan viejo
que rompe la calma y araña el silencio.
En él se marchó
dejando su tierra bañada en sudor;
en el tren antiguo que araña el silencio
que pasa y se lleva los hombres del pueblo».
("Ya nun tien quien'l cante". Víctor Manuel San José)


«Los jornaleros se van 
pa la vendimia francesa. 
Sola queda una mujer 
con el pecho lleno pena. 
Tierna como un colorín 
en la cama se atormenta. 
No llores tanto morena... 
No puede ser, no debe ser, 
hermana mía, yo bien lo sé.
Si tos uníos y el pueblo atrevío 
decimos ¡basta! 
no habrá otra vez».
("Los jornaleros se van". Carlos Cano)



Guillermina Motta, "cantautora" catalana de extraordinaria sensibilidad, refleja esa situación de la compañera del emigrante en una de sus más hermosas canciones; canción en la que progresivamente nos va sumergiendo en ese clima en el que se desentrañan la soledad y la fidelidad, la esperanza y la desesperanza.

«Mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo,
te esperare mucho tiempo,
el tiempo que haga falta...
Juan se ha marchado
una clara mañana de invierno.
El pueblo estaba en silencio,
los árboles desnudos,
las calles llenas de nieve.
Me voy, amor,
no tengo trabajo,
me voy, amor
a ganar dinero,
me voy a un país del norte,
no llores, ya volveré.
Mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo...
Isabel se ha encerrado en el frío rincón de la casa
y a comenzado a bordar
para el casamiento lejano
dos nombres en la seda blanca.
Adiós amor, cuando vuelvas,
adiós amor, yo estaré aquí.
Te querré como siempre,
no sufras, no, por mí.
Mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo...
Las flores han llegado,
también el buen tiempo,
después han venido las lluvias
y otra vez caerá la nieve.
Juan no está,
la muchacha espera
como tantas otras de los alrededores.
En el pueblo no hay trabajo
y los hombres se van marchando.
Mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo...
Pasan los años, poco a poco
y la esperanza va muriendo,
ninguno vuelve, Juan tampoco.
Así Isabel va envejeciendo
como tantas chicas sin amor,
soñando con un pueblo con tanto trabajo
que los hombres no tengan que irse al Norte».
("Mucho tiempo". Guillermina Motta).

«Molt temps, molt temps, molt temps, / l'esperaré molt temps, / el temps que calgui. / Molt temps, molt temps, / el temps que calgui. / En Joan ha marxat / un matí clar d'hivern. / El poble era callat / els arbres despullats / els carrers plens de neu. / Me'n vaig amor / no tinc treball, / me'n vaig amor / a fer diners, / me'n vaig al país del Nord, / no ploris que tornaré. / La Isabel s'ha quedat / a un fred racó de casa / començant a brodar / pel casament llunyà, / dos noms en seda blanca. / Adéu amor, quan tornaràs, / adéu amor, jo seré aquí. / T'estimaré com sempre, / no pateixis no per mi. / Les flors han arribat, / també el bon temps, / després han vingut les pluges / i altre cop caurà la neu. / En Joan no hi és, / la noia espera / com tantes altres pels voltants. / Al poble no hi ha feina, / els homes van marxant. / Passen els anys a poc a poc, / i l'esperança va morint / ningú no torna, en Joan tampoc. / Així la Isabel va envellint / com tantes noies sense amor. / Somiant un poble amb tanta feina / que els homes no hagin d'anar al Nord. ("Molt temps". Guillermina Motta).

jueves, 6 de septiembre de 2012

SOBRE LA EMIGRACIÓN. «CANCIONES DE IDA Y VUELTA». II - LA SALIDA DEL EMIGRANTE HACIA TIERRAS EXTRAÑAS

Oleo de Amalia Avia creado para la cubierta
del volumen 3 de mi libro "Veinte años de canción en España
(1963-1983) Los problemas sociales y la solidaridad"

En todos los "cuelgues" dedicados a la "emigración",
voy a incorporar canciones que han sido escritas y cantadas en gallego, 
en catalán y en euskera. Primero copiaré el texto de la canción 
en castellano y seguidamente en la lengua que corresponda.


«En una cartera la foto de ella,
la duda y la pena son sus compañeras
y el agrio silbido de aquel tren tan viejo
que rompe la calma y araña el silencio,
en él se marchó
dejando su tierra bañada en sudor,
en el tren antiguo que araña el silencio,
que pasa y que lleva los hombres del pueblo»
("Ya nun tien quien'l cante". Víctor Manuel San José).

Hoy, en este segundo "cuelgue" dedicado a la "emigración" vamos a enfocar unos primeros planos en los que se puede contemplar el momento tan doloroso que supone el abandono de la tierra y del pueblo natal para dirigirse, con tristeza y con inseguridad, hacia tierras extrañas.

Salida de una situación familiar, a la que le vinculan normalmente unos profundos lazos afectivos, para aventurarse a situaciones y realidades que les son ajenas y que les sumergen en un clima total de desconcierto. Salida, por tanto dolorosa que en cualquier caso supone una ruptura con aquello a lo que se ama.

• Ruptura con la tierra que le vio nacer, con su paisaje, con los elementos naturales que integran su habitat: su aldea, su hogar, el camposanto donde yacen sus antepasados..., el riachuelo, el molino, la higuera, la casa, el campanario..., los viejos y entrañables recuerdos de la infancia.


«Adiós ríos, adiós fuentes;
Adiós, arroyos pequeños;
Adiós, vista de mis ojos;
No se cuando nos veremos.
Tierra mía, tierra mía,
tierra donde me crié,
huertiña que quiero tanto,
higueriñas que planté,
prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
pajaritos piadores,
casita de mi contento,
molino de los castañares,
noches de clara luna,
campaniñas timbradoras,
de la iglesiña del lugar,
morriñas de aquellos bosques
que yo le daba a mi amor,
caminiños entre el trigo,
¡adiós, para siempre adiós!.
¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!
¡Dejo la casa en que nací,
dejo la aldea que conozco
por un mundo que no vi!
Dejo amigos por extraños,
dejo la vega por el mar,
dejo todo cuanto quiero...
¡Quién pudiera no dejar...!
Mas soy pobre y, ¡Ay pecado!
esta mi tierra no es mía,
que hasta le dan de prestado
el sendero que camina,
a quien nació desdichado.
Os tengo que dejar,
huertiña que tanto amé,
hogueritas de mi lar,
arbolitos que planté,
fuentiña del cabañar.
Adiós, adiós que me voy,
herbiñas del camposanto
donde enterré a mi padre,
herbiñas que besé tanto,
tierriña que os crió.
Adiós, Virgen de la Asunción,
blanca como un serafín:
te llevo en el corazón;
pídele a Dios por mí,
mi Virgen de la Asunción.
Ya se oyen lejos, lejos,
las campanas de Pomar;
para mi, ¡Ay desdichado!,
nunca más han de tocar.
Ya se oyen lejos, lejos...
Cada toque es un dolor;
me voy solo, sin consuelo...
Tierra mía, ¡adiós, adiós!
¡Adiós también, queridiña...!
¡Adiós por siempre quizás...!
Te digo adiós llorando
desde la orilla del mar:
No me olvides, queridiña,
si muero de soledad...
Tantas leguas mar adentro...
¡Mi casiña!, ¡mi hogar!».
("Adiós ríos, adiós fuentes" Rosalía de Castro / Amancio Prada).

Adiós, ríos; adiós, fontes; / adios, regatos pequenos; / adiós, vista dos meus ollos, / non sei canto nos veremos. / Miña terra, miña terra, / terra donde me eu criei, / hortiña que quero tanto / figueiriñas que prantei, / prados, ríos, arboredas, / pinares que move o vento, / paxariños piadores, / casiña do meu contento, / muíño dos castañares, / noites craras de luar, / campaniñas timbradoras / da igrexiña do lugar, / amoriñas das silveiras / que eu lle daba ao meu amor, / caminiños antre o millo, / ¡adiós, para sempre adiós! / ¡Adiós, groria! ¡Adiós, contento! / ¡Deixo a casa onde nacín, / deixo a aldea que conoso / por un mundo que non vín! / Deixo amigos por estraños, / deixo a veiga polo mar, / deixo, en fin, canto ben quero / ¡Quen pudera no o deixar! / Adiós, adiós, que me vou, / herbiñas do camposanto / donde meu pai se enterrou, / herbiña que biquei tanto, / terriña que vos criou. / Xa se oien lonxe, moi lonxe, / as campanas do Pomar; / para min, ¡ai!, coitadito, / nunca máis han de tocar. / Xa se oien lonxe, máis lonxe / Cada balada é un delor; / voume soio, sin arrimo? / Miña Terra, ¡adiós, adiós! / ¡Adiós tamén, queridiña! / ¡Adiós por sempre quizais! /Dígoche este adiós chorando / desde a beiriña do mar. / Non me olvides, queridiña, /si morro de soidás / tantas légoas mar adentro / ¡Miña casiña!, ¡meu lar! ("Adios rios, adios fontes". Rosalía de Castro).

• Ruptura con la madre símbolo del cálido cobijo, de la seguridad y de la confianza.


«Es muy doloroso abandonar la tierra querida,
dejando atrás país, madre y pueblo.
Y aunque surcando mares voy a descubrir el nuevo mundo
es ahora cuando me siento más miserable y digno de compasión.
Madre querida, corazón mío, adiós...
Pronto regresaré para consolarte.
Pero ahora, si Dios ha decidido que me aleje por los mares,
madre, ¿para qué llorar?».
("Adiós al País Vasco". Antton Valverde / José Agustín Iparraguirre)

«Lur maitea uztea da negargarria, / hemen gelditzen dira ama ta herria. / Urez noa ikustera, bai, mundu berria; / oraintxe bai naizela errukigarria. / Agur ene bihotzeko amatxo maitea. / Laster etorriko naiz, kontsola zaitea. / Jaungoikoak nahi badu ni urez joatea, / ama, zertarako da negar egitea?» (“Gazte gaztetatikan”. Jose Agustín Iparraguirre)

• Ruptura con la amada o con el amado, compañeros en la alegría y en el dolor; germen y esperanza de una familia y de un futuro que se proyectaba lleno de felicidad y de armonía.


«¡Este es, amor
mi último baile contigo...
Quisiera que tú
vinieras conmigo.
pero nuestro deseo
no puede ser satisfecho!
¡Yo también soy consciente
de que mañana partiré solo!
¡Asumamos tranquilos esta pena!
Porqué yo volveré, ¡sí!
al País Vasco.
¡Aguantemos un año!
Y entonces retornaré
para siempre a tu lado.
Este último baile
no es definitivo..
¡Yo he jurado,
y me reafirmo.
que he de vivir aquí,
en nuestra tierra
y si eso no puede realizarse,
prefiero morir una vez por todas!».
("Mi último baile". Peio Ospital eta Pantxoa Carrere / M. Pagola

«Azken dantza hau / maitia zurekin / nahi zinduzket / eraman nerekin. / Baina gaurko xedia / ezin daike betia / badakit nik ere / bihar dela joaitia / Bego pena hau / itzuliren naiz / bai berriz Euskal Herrira. / Bego urte hau / etorriko naiz / betikotz zure ondora. / Azken dantza hau / ez da sekulako. / Zin egina dut / zin egin betiko / hemen gure lurrean / Bizi behar dudala. / Eta hori ez bada / hil hotz jar nadila». (“Asken dantza”. Peio Ospital eta Pantxoa Carrere / M. Pagola).

• Ruptura con los hijos, que se desvelan y lloran ante la marcha del padre o de la madre incapaces de comprender los motivos de la partida.


«Mi hija está despierta
¿Por qué no se quiere dormir?
–Porque sé que mañana
tu hablar no voy a sentir.
Mi hija no tiene sueño.
¿Por qué no puede dormir?
–Porque sé que tu vivir, mi padre,
tu vivir no es vivir.
Mi hija está llorando.
¿Qué es lo que la hace tanto sufrir?
–El saber que en mi sueño
tú parecerás huir».
(“Nana para la víspera de emigrar”. Benedicto).

«Miña filla está desperta / ¿Por qué non quere dormir? / –Porque sei que de mañán /o teu falar non vou sentir. / Miña filla non ten sono / ¿Por qué non pode dormir? / –Porque o teu vivir, meu pai, / o teu vivir non é vivir. / Miña filla está chorando / ¿Qué é o que a fai tánto sofrir? / –O saber que no meu soño / tí parecerás fuxir». (Benedicto. “Cantar de bercé pro vispera de emigra”).

Ruptura, en síntesis, rabiosamente amarga, que José Antonio Labordeta nos transmite con una rotunda fuerza expresiva en su canción "Todos repiten lo mismo":



«Todos repiten lo mismo
cuando dicen que se marchan.
Con cuatro granos de trigo
se alimentaban.
Vivía él y la vieja
y el resto de la compaña
y al sol de los mediodías
se calentaban.

Para Navidad la oliva,
para el verano la siega,
para el otoño la siembra,
para la primavera nada.

Mula pardera y monte,
cielo, tristeza y casona,
el día que el tren se marcha
todo abandona.
Tenía viento y carreta
y recuerdos de la guerra,
barro, sol, piedra y paisaje
y un regancho de agua muerta.

Si en algún camino encuentras
gente con la casa a cuestas
no les hables de su tierra
que te mirarán con rabia.
Con rabia en la voz y el viento,
con rabia en sus palabras,
con la rabia que produce
abandonar lo que se ama».

«Abandonar lo que se ama», dolorosa e irremediable partida vivida en ocasiones con el aliento de una joven esperanza: poder llegar a encontrar un puesto de trabajo, ahorrar lo suficiente durante pocos, pero largos años, y regresar al reencuentro de lo que un día se dejó pero que permanece anhelante a la espera de ese retorno soñado.

Esperanza de regreso en ocasiones truncada ante la evidencia de un retorno imposible, evidencia que con tremenda amargura podemos encontrar reflejada en aquel poema de Fernando Brasó cantado por Adolfo Celdrán:


«Se van
ya no volverán jamás
tras la oscura niebla
que deja el pasado.
Se van
como pájaros que cambian de lugar
a buscar un nuevo nido.
Un nuevo nido.
Se van
ya no volverán jamás.
Lucharán desde afuera.
Lucharán hacia adentro.
El hombre de tierra adentro 
vive en un hoyo metido
muerto sin haber nacido,
el hombre de tierra adentro.
Se van
ya no volverán jamás
tras la oscura niebla
que deja el presente.
Se van
con el alma rota
el corazón tranquilo
y la patria muerta».

Una salida del emigrante, en cualquier caso, quebrada de dolor y de añoranza. Salida evocadora de todas aquellas grandes y pequeñas cosas que, al margen de la economía, un día dieron sentido a su existencia: experiencias, recuerdos, presencias, paisajes, ternuras... Salida en la que confluyen y se agolpan en la memoria las realidades vividas y que en un momento parecen desdibujarse en la distancia. Estallido de amor hacia una tierra que se abandona y a la que llega a necesitarse entrañablemente en la ausencia.

Carlos Cano, emigrante obligado a abandonar Granada y a las puertas ya de los montes de Francia, revienta en un canto de amor a Andalucía lleno de apasionamiento y de ternura; canto simbolizado en una carta que sintetiza y expresa todo cuanto hasta aquí he escrito en este segundo "cuelgue" sobre la "emigración":


«Amor mío, 
cuánto esfuerzo me cuesta escribir 
estas palabras.
El destino, 
el destino de un tiempo ya viejo 
nos separa.
El destino es la inercia 
de la soga que ahoga, 
la piedra que entierra y que aplasta,
de la mano que apaga la aurora 
y nunca se cansa, 
de la voz que te llama en l'a noche,
detrás de una puerta 
y te clava un momento en la duda 
de quién es uno.
Cuando falta tu luz, 
no es igual que la luz de la luna, 
el sol o la estrella,
me falto yo 
y me falta en la boca saliva, corazón 
y dientes.
Agoto la esperanza 
y la vida me lleva hacia la frontera.
Y es aquí que me veo cruzando 
los montes de Francia,
mientras lejos se queda mi tierra, 
mi gente, mi casa.
Y mis ojos con tanta amargura, 
que me avergüenzo.

No es odio esta carta, 
que es de amor que se escribe con todos, 
se vive con todos.
Yo entiendo 
este amor como un puño sensible 
que mueve montañas.
Compañera, 
que por él los de abajo sufrieron 
el papel amargo 
del que enciende la luz en la sombra
y se ve tan solo, 
cara al viento, 
al rayo y al trueno de la gran tormenta,
cara al tiempo, al cerrojo, 
al silencio y a lo que caiga.
Ahora sé que eres tú 
lo que mueve la vida del árbol en la primavera
lo que mueve la voz de los hombres 
cuando los hombres luchan y mueren.
No quiero acabar con tristeza ni hielo esta carta amarga.
Ahora sé que las nubes 
se alzan y canto este canto:
«Por mi boca ya asoman las flores 
que regó con llanto en tu vientre amoroso 
este pueblo te ha embarazado». 

Esta es la canción: 
¡un, dos! 
Ustedes tienen sol, 
grasia pa vivir, 
vino, playas y flamenco... 
... sí, mucha grasia 
pa derramarla 
por las vendimias del Roselló. 
¡Viva la grasia de Andalucía 
con pasaporte de emigración!».
("Viva la grasia". Carlos Cano)


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