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jueves, 20 de diciembre de 2012

UN LIBRO RECUPERADO: "CRÓNICA CANTADA DE LOS SILENCIOS ROTOS". INTRODUCCIÓN - I

Hace unos dias lo comentaba y hoy voy a empezar a hacerlo realidad. Voy a recuperar, poquito a poco, aquí DONDE CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA, un libro que publiqué en 1998; que se promocionó y vendió muy mal, y que, sin embargo, es uno de los libros que he escrito de los que me siento más satisfecho. (Es muy triste lo que ocurre a veces en este país con la edición de los libros: pasado un tiempo de la publicación, como el libro no se promocionaba y por tanto no se vendía, la editorial –que lo tenía arrinconado– decidió, no donarlo a instituciones y blbliotecas públicas, o repartirlo un buen día como regalo en mitad de una calle ¡no!... ¡decidió destruirlo!... y ¡claro!, como lo tienen muy pocas personas y yo lo escribí para que fuera leído, pues ahora a mi me apetece recuperarlo).

El libro en cuestión se llama "CRÓNICA CANTADA DE LOS SILENCIOS ROTOS. VOCES Y CANCIONES DE AUTOR 1963-1997", y es éste:

Cubierta creada por Vicente Serrano.

Recuperar ahora este libro –aunque me de mucho trabajo–, tiene, para mí dos objetivos:

El primero, conservar su memoria. Creo que contiene una historia de nuestra "canción de autor", muy completa, que debe quedar aquí para quien pueda sentir la necesidad de conocerla y consultarla. Por otra parte es un libro bastante autobiográfico que sigo reivindicando y que creo que aporta un testimonio sencillo –el mío–, pero muy apasionado –y a la vez critico–, de respeto, de conocimiento y de admiración  hacia la "canción de autor". (Además editarlo ahora en este formato me va a permitir ir incorporando imágenes y, sobre todo, vídeos, que fueron imposibles en la edición inicial en papel)

En segundo lugar, me apetece recuperar este libro como documento histórico para que los jóvenes –sobre todo los/las jóvenes cantautores y cantautoras– puedan acudir a él y puedan conocer la raíces y la identidad de la "canción de autor", y les ayude a su formación. (Formación imprescindible para conseguir salir de ese pecado capital muy grave al que vengo llamando: IGNORANCIA).

Así pues un día, o dos, a la semana iré publicando partes del libro hasta que esté completo... Tarea larga puesto que el libro tiene más de 300 páginas... Y sin más ¡empezamos con la INTRODUCICIÓN!

Fotografía que aparece en la contracubierta del libro
"Crónica cantada de los silencios rotos"

«Acababa de cumplir diecisiete años (Jaén, 1963) y aquella adolescencia provinciana cada vez me resultaba, a la vez más aburrida e inquietante: un bachillerato, en colegio de frailes, que no me había interesado para nada, pero que debí aprobar, a trancas y barrancas, para tener contentos a mis padres y me me dejaran tranquilo (recuerdo que me decían que no era un buen estudiante, cosa que yo me encargaba de compensar falsificando, de vez en cuando –y por cierto con gran maestría– mis boletines de  notas escolares); una familia aburguesada venida a menos, cuajada de tensiones, con un padre lamentablemente fracasado y con la imperiosa y absurda necesidad de guardar las apariencias; una calle  –"La Carrera"–, una plaza –la de "Las Palmeras"–, un parque, el paseo y las niñas "pum" –aquellas que cuando salías a la calle, ¡pum!, siempre te las encontrabas–; unos amigos en tardes de póker, de Ray Conniff, de rebotica y de "chatos" en "El Gorrión"; un "hola", un "me gustas" reprimido y callado, y un "adiós" a nombres y cuerpos de muchachas, con las que soñaba, y que nunca olvidaré; y unas canciones escuchadas en radio de madera noble, o en aquel "pick-up" que compramos a plazos en "Manuel Rubio y compañía" y que un buen día casi nos vimos obligados a devolver por falta de pago; canciones y coplas que, de vez en cuando, sonaban en "guateques" y fiestas que, al final, siempre se me hacían interminables, no sé muy bien si porque yo no sabia bailar, o porque lograban acrecentar en mí el aplastante complejo de muchacho gordinflón y sonrojado que en aquel tiempo tan molestamente me acompañaba.

Junto a todo aquello, y no vivido como contradicción –todavía no había aprendido a saber lo que es ser contradictorio–, estaba simplemente "lo otro", lo otro que me pasaba y que también hoy guardo en el recuerdo; una mujer extraordinaria –para siempre presente en mi memoria– a la que me madre, cuando yo era más chico, daba, de vez en cuando, unas monedas para que sacara a los niños de paseo; una mujer extraordinariamente humilde, pobre, buena, analfabeta y diferente –mi primera maestra de la vida– a la que llamábamos "Mariquita" y de la que aprendí, desde la nada, lo que era la ternura, la alegría, el optimismo, la fe y la esperanza; una naciente rebeldía, sin nombre, que casi sin quererlo se iba acrecentando ante todo aquello que me envolvía amordazando mis sentimientos, castrando mi sensibilidad y ocultándome palabras grandes y experiencias de lucidez que yo intuía pero que el sistema –¿qué mierda es eso del "sistema"?– se encargaba de convertir en palabras y experiencias prohibidas.

Y en aquel contexto, también, una militancia activa –al menos por el mucho tiempo que le dedicaba– en aquel equipo marginal, y casi clandestino, de la Acción Católica Diocesana, que empezaba tímidamente a renovarse con vocación revolucionaria –dentro de un orden–, y en que escuché por primera vez, y en serio, las palabras "compromiso", "solidaridad" y "libertad"; y, sobre todo esto, o tal vez por todo esto, una profunda sensación, acrecentada en noches de estrellas y de luna llena, de que algo nuevo e insospechado me rondaba, algo que lograba encenderme la sangre, que me obligaba a escapar de mi provinciana condición, y que hoy, con el paso del tiempo,  percibo como la incipiente búsqueda, en la que todavía me mantengo, de un "unicornio azul" en aquel momento desconocido y anticipado.

********************

Acababa de cumplir diecisiete años (España, 1963), y un buen día, a la salida de una reunión en la Parroquia, un "cura rojo", de aquellos que llamábamos de vocación tardía –el cura Manolo–, me regaló un pequeño disco con cuatro canciones, que le habían mandado de una comunidad cristiana de Barcelona. "Está cantado en catalán –me dijo–, pero ya verás, es muy bueno y tiene mucha fuerza".

Primer single de Raimon. 1963.

Llegué a mi casa, me encerré en mi habitación y escuché, no recuerdo cuántas veces, aquellas cuatro canciones; cuatro canciones que se convirtieron en el pórtico de la historia personal y compartida que hoy me dispongo a narrar:



«De la terra venim, 
a la terra anirem; 
en la terra vivim, 
en la terra serem.
Som una llum que s'enfuig, 
som una llum que s'apaga; 
som el gran fum de la terra, 
som, som, som».
("Som").

«De la tierra venimos, / a la tierra iremos; / en la tierra vivimos, / en la tierra seremos. / Somos una luz que se escapa, / somos una luz que se apaga; / somos el gran humo de la tierra, / somos, somos, somos». ("Somos").

«A colps,
a colps ens fa la vida,
a colps de mort i de fe [...].
A colps,
a colps de fe perduda,
a colps,
a colps, morim la vida».
("A colps").

«A golpes, / a golpes nos hace la vida, / a golpes de muerte y de fe [...]. / A golpes, / a golpes de fe perdida, / a golpes, / a golpes, morimos la vida». ("A golpes").

«Aquí, sota la nit, 
et diria 
que el mar és l'etern [...].
Aquí, entre els amics, 
et diria 
que ens vorem 
més enllà de tot cel.
Aquí, sota la pluja 
que cau, 
et diria 
que tot és pau».
("La pedra")

«Aquí, bajo la noche, / te diría / que el mar es lo eterno [...]. / Aquí, entre los amigos, / te diría / que nos veremos / más allá de todo cielo. / Aquí, bajo la lluvia / que cae, / te diría / que todo es paz». ("La piedra").


«Al vent,
la cara al vent,
el cor al vent,
les mans al vent,
els ulls al vent,
al vent del món.
I tots,
tots plens de nit,
buscant la llum,
buscant la pau,
buscant a déu,
al vent del món».
("Al vent").

«Al viento, / la cara al viento, / el corazón al viento, / las manos al viento, / los ojos al viento, / al viento del mundo. / Y todos, / todos llenos de noche, / buscando la luz, / buscando la paz, / buscando a dios, / al viento del mundo». ("Al viento").

Fue una tarde inolvidable; ¡me encanta y me hace sentirme vivo recordarla! No me fue necesario conocer la lengua de aquel muchacho de Xátiva; los acordes de su guitarra y sus palabras –más que palabras gritos y sentimientos de realismo y de esperanza, resonaron en mi sensibilidad como si estuvieran construidas con una lengua universal y familiar; pequeñas, no grandes palabras que me fueron desvelando una identidad y unas ganas de vivir que me resultaban, a la vez, extrañas y apasionadamente excitantes: som, terra, serem, a colps, vida, mort, fe, cel, mar, nit, pau, vent, cor, mans,  ulls, llum, déu, món,  al vent, al vent, al vent... Aquella tarde, ya de anochecida, un revuelo de sentimientos me hizo descubrir lo que doce años después me verbalizaría Rosa León, en su primer LP "Al alba", cantando al poeta jerezano Carlos Álvarez:

Carlos Álvarez y Rosa León.
«Alguna vez a todos, a mi mismo,
nos ha crecido un árbol en las manos,
o un mar sobre la frente,
o la esperanza como alfombra extendida,
a nuestro paso.
al encontrar un verso entre la hierba».
("Alguna vez").

Así fue mi primer encuentro con aquello que, poco tiempo después, empezaría a llamarse la "nueva canción", y que para mí, desde aquel día, se convirtió en una especie de lenguaje del alma que, como dice Elisa Serna, siempre ha tenido el poder de rescatarme lo oculto y de romper la coraza que a veces yo mismo me fabrico para poder sobrevivir; "mi puente, mi ventana abierta a los demás y mi amuleto para conectar con el mundo".

Antton Valverde.
«Herri-kantuen aide artean
ikusi nuen mundua;
ipuiak ziren edo kondaira
edo-ta frutu santua.
Haien oihartzun eraginzalez
erein zidaten barrua.
Geroztik erne ta hazi zitzaidan
lore gorri bat ariman;
hemen daramat, hemen bizi-dut
ertetzen zaidan kantuan;
gerrako garrak etzuten erre
zelai kiskarratuetan,
izotzak arren gordinik dago
ondoko giro nahastuan;
gogorragoa giroa eta
gorriagoa orduan!».
(«Euskal kantuen mezua». Antton Valverde).

«Aprendí a ver el mundo /  a través de las canciones del pueblo... / sembraron mi espíritu / de sus ecos sugerentes. / Desde entonces brotó y creció / una roja flor en mi alma; / aquí la llevo, aquí me vive / en la canción que sale de mi garganta. / Pese a todo y a la helada, pervive lozana / en un medio brutal y enrarecido / y cuando más duro y más cruel es el ámbito, / más bella se vuelve». (Antton Valverde. "Una vieja canción", 1975).