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sábado, 4 de julio de 2015

"¡MALDITAS GUERRAS!": UN GRITO, UNA DENUNCIA Y UN DESGARRO QUE PERMANECE INALTERABLE EN MI ALMA Y RESULTA IMPRESCINDIBLE.

¿Recordáis?...; el día 21 marzo de 2001 apareció en el periódico "El País" ests viñeta de Forges.


Al día siguiente, o sea, el día 22, inicié una sección del blog, inspirada en esta viñeta, a la que titulé "¡MALDITAS GUERRAS!". Hace tiempo que no la retomo esta sección aunque responde a un grito, a una denuncia y a un desgarro que permanece en mí –y sé que en muchas personas que visitan este blog– como una actitud, un pensamiento y sentimiento permanente, inalterable y muy doloroso.

Hoy me he decido a retomar este radical ¡MALDITAS GUERRAS! porque preocupados –concretamente en este momento– por los problemas y por el dolor del pueblo griego, o por otros problemas sociales que nos afectan directa o indirectamente en Europa, o en nuestro mismo país, podemos olvidarnos de que en el mundo sigue habiendo guerras desgarrradoras y absurdas –¡malditas!– como las que se están produciendo en Gaza, Ucrania, Siria, Irak, Sudan del Sur, Yemen, o Afganistán, por ejemplo. Conflictos bélicos que generan muertes inocentes y uno de los más tremendos dramas de la historia: el que protagonizan los refugiados, entre ellos, miles de niños y niñas.

Más de la mitad del millón de refugiados sirios que Líbano
acoge son niños y niñas, y la gran mayoría lleva ya cuatro años
creciendo en asentamiento siempre provisionales.
¡No puedo soportarlo!, miro cada uno de los rostros de estos niños y mi grito y mi desgarro es incontenible: "¡MALDITAS, CABRONAS GUERRAS!"

El contemplar esa imagen me evoca un poema de MIGUEL LABORDETA que tan sólo hace unos días me recordaba mi buen amigo Gonzalo Benito; un poema titulado "Severa comunicación de un ciudadano del mundo" y que hoy y en este momento necesito compartir con todas mis fuerzas... ¡compartirlo apasonadamente!, como lo hizo José Antonio Labordeta, en su día, en el Congreso de los Diputados cuando comenzó la guerra de Irak:




«Mataos
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
Si vuestra rabia es fuego que devora tal cielo
y en vuestras almohadas crecen las pistolas:
destruíos aniquilaos ensangrentad
con ojos desgarrados los acumulados cementerios
que bajo la luna de tantas cosas callan
pero dejad tranquilo al campesino
que cante en la mañana
el azul nutritivo de los soles.

Invadid con vuestro traqueteo
los talleres los navíos las universidades
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece
triturad toda rosa hallad al noble pensativo
preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes
en esta misma hora que sonríe
por una desconocida ciudad de provincias
pero dejad tranquilo al joven estudiante
que lleva en su corazón un estío secreto.

Inundad los periódicos las radios los cines las tribunas
de entelequias estructuras incompatibilidades
pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.

Asesinaos si así lo deseáis
exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
que jamás asiríais un fusil de bravura
pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar
que con su mujer pasea en los económicos atardeceres.

Aplastaos pero vosotros
los inquisitoriales azuzadores de la matanza
los implacables dogmáticos de estrechez mentecata
los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa
los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones
preparáis la trituración de los sueños modestos
bajo un hacha de martirios inútiles.

Pisotead mi sepulcro también
os lo permito si así lo deseáis inclusive y todo
aventad mis cenizas gratuitamente
si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines suculentos
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna
al campesino que nos suda la harina y el aceite
al joven estudiante con su llave de oro
al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo
y al hombre gris que coge los tranvías
con su gabán roído a las seis de la tarde.

Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos
y entre todos aspiran a vivir tan sólo esto
y de ellos ha de crecer
si surge
una raza de hombres con puñales de amor inverosímil
hacia otras aventuras más hermosas.»