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lunes, 31 de enero de 2011

FERNANDO ARDUÁN - I. De "AVENIDA MICHIGAN" a "JARDINES DE INVIERNO"

Con cierta frecuencia suelo ir a casa de Gonzalo García Pelayo para hablar de música e intercambiarnos descubrimientos discográficos; ambos compartimos esa "locura" de crear un archivo sonoro que recoja todas las canciones que hemos amado a lo largo de nuestra vida, en todas sus versiones.

Gonzalo es uno de esos hombres "sabios" de los que uno se siente orgulloso de tener como amigo. Aparte de sus actividades como director de cine, escritor, hombre de radio y jugador de casinos –él es el fundador y el líder del famoso grupo "Los Pelayos"–, es uno de los grandes productores musicales de nuestro país, tarea que desarrolló promocionando, en sus orígenes, el llamado "rock andaluz", como creador  en 1974 –junto con Antonio Gómez– del sello discográfico GONG (Movieplay); como director artístico de Polygran; y, en la actualidad, trabajando por libre, en aquellas producciones musicales que le gustan y que le parecen interesantes.

Uno de aquellos días que fui a casa de Gonzalo, nada más entrar me dijo: "Siéntate y escucha; a ver que te parece. Es el último disco que he producido". Y dirigiéndose a su equipo de sonido me puso una canción:

«Las aceras de enero vestían de blanco y de luz,
palabras de cortesía, huecas de amor,
silbaba una trompeta a contra luz [...].
Desiertos de gente, naufragios de un beso de amor,
niños con sueños y estrellas a pila y cordel,
promesas que el viento congela rompiéndose en cien,
alfombras que tapan otoños de Lenon y Bob [...].
Mujeres con nieve en sus vientres, sin sol ni simiente,
cafeterías sin humos, hogares armados,
almas buscando ventanas con vistas a Cádiz,
mares de gente que espera el derecho a amar [...].
Vidas, que aguardan a vidas, vidas, soledades heridas,
vidas, sin días azules, sin tardes rojizas,
sin besos de amor».

"Avenida Michigan" (Universal, 2004)
Aquella canción se titulaba "Avenida Michigan" y pertenecía al disco que, con ese mismo título, había grabado Fernando Arduán, contando con la producción de Gonzalo e Iván García Pelayo, Manuel Marvizón y Bernd Voss.

La canción me encantó, la volví a escuchar, y al final oímos el disco completo; me pareció un disco realmente bueno. Poco tiempo después tuve la oportunidad de escuchar a Fernando, en Libertad 8, acompañado a la guitarra por Ismael Sánchez.

A partir de aquel día incorporé su disco a mi estantería de favoritos –donde están los que suelo escuchar, considerándolos como "compañeros de viaje" imprescindibles–, y nos hicimos buenos amigos. 

Recuerdo que otra noche que cantó en Libertad 8 coincidió con que Paco Ibáñez estaba en Madrid, hable con él y fuimos juntos a escucharle. Todo iba bien hasta que Fernando empezó a hablar de Míchigan, en aquel momento a Paco, con todo su anti-norteamericanismo en el cuerpo, le cambió la cara; yo, conociendo a Paco, me eché a temblar, en cualquier momento podía decir cualquier cosa, o reaccionar de cualquier forma –si algo caracteriza a Paco Ibáñez es su espontánea sinceridad, es decir, no callarse nunca lo que piensa–...; pero no, no pasó nada, Fernando cantó "Avenida Michigan" y cuando la finalizó Paco se puso a aplaudir; nos comentó que le había parecido una canción muy hermosa.

Fernando Arduán e Ismael Sánchez en Libertad 8
Fernando Arduán se inició en el mundo de la música un buen día en que aterrizó en el barrio de los Remedios, de Sevilla, donde conoció a Curro Silver Barber, pionero del rock sevillano y propietario de la Barbería Museum; aquel encuentro le causó tal impacto que a partir de ahí inició sus estudios de guitarra, piano y violonchelo, y se decidió a formar un grupo de rock al que llamó "El Ático del Cielo".

En 2002, Fernando, junto con Adolfo Langa, Pedro Sosa y Carlos de Juan integraron una agrupación de cantautores llamada "La Cávila" –con la que realizaron diversos recitales por toda España– y, dos años más tarde, grabó su primer disco "Avenida Míchigan", al que antes hacía referencia.

Fotografía de Jaime Roldán
Nada más concluir aquella grabación, Fernando siguió componiendo nuevas canciones, y cuando ya había creado las suficientes para plantearse su segunda grabación, recibí una llamada de García Pelayo proponiéndome la co-producción del nuevo disco, propuesta que por supuesto acepté, no tanto por la amistad que me unía a Fernando, sino porque me había ido mandando sus nuevas creaciones –cantadas acompañándose de su guitarra y con unos muy  incipientes arreglos– y me habían parecido sencillamente extraordinarias.

En realidad Fernando acumulaba, y acumula cada vez más, todas las características imprescindibles para convertirse en un gran autor y en uno magnífico intérprete; opinión en la que Gonzalo y yo coincidimos plenamente.

Entre las nuevas canciones que me fue mandando hubo una que me provocó una enorme emoción, se llama "Autorretrato" y es una de las que compondrán su próximo disco titulado "Jardines de invierno". Aquella canción, por su letra, por su música y por la forma en que la cantaba hizo que se me saltaran las lágrimas...; fue una experiencia sensitiva que nunca olvidaré. Este es el texto de "Autorretrato":


Tengo una espada de cal, una estrella fugaz, y una amante en Gadir, 
vengo, de una risa de sal, de una historia de amor, de una luna en París,
soy, una escala de grises, una tarde en el mi, y una vida en el si, en la escala de sol,
traigo, una mezcla de aire, una voz que me arde, empapada de ti.

Tengo una flor que se seca, una vela que mengua, y una luna que crece, 
vengo, de la nieve en la sien, de la espera y la carga, de descalzas mareas... 
soy una pluma que vuela, se mantiene y se enreda, y a ratitos se mece, 
traigo, kilo y medio de arena, un manojo de estrellas, y una cesta con peces....

...y nada tengo, y nada soy, nada tengo, 
nada tengo, si no te tengo...
Tengo, enterrados tres perros, de un olivo un botijo, y el ombligo pa’dentro, 
y una promesa enredada al undécimo párrafo, de esta amada canción. 
Tengo, una cita en Chicago, en un club para náufragos, que estrenaron sombrero, 
tengo, todo un mar de silencios, tengo seis comodines, y a la reina de abril, 
no es que me guste decirlo, pero tengo una barca, que es la envidia de Cádiz, 
se multiplica mi alma, si es tu boca de mango, la que espera mis besos...

...y nada tengo, y nada soy, nada tengo, 
nada tengo, si no te tengo...

FERNANDO ARDUÁN - II. Reality, en directo, de un "¡DENEGADO!"... y algo más

Una vez escrito el "cuelgue" anterior sobre Fernando Arduán, he sentido la necesidad de escribir otro para evocar una experiencia que creo que merece la pena narrar porque denuncia una realidad relacionada con un tipo de "ejecutivo" muy típico dentro de la industria discografica, que me parece totalmente impresentable.

(Me vais a permitir que no dé el nombre del ejecutivo, ni el de la empresa discográfica; no por temor a nada, ni a nadie –jamás me he sentido más libre en mi vida que escribiendo este blog–, sino porque no quiero dañar directamente a ninguna person; sólo pretendo dar a conocer algo relacionado con los ¡DENEGADOS! –de los que hablábamos ayer– que con cierta frecuencia tienen, o han tenido, que padecer muchos de los jóvenes creadores que aman la "canción de autor" y que desean dedicarse a la buena música. Dar a conocer una situación real e indignante con la esperanza de que algún día deje de producirse).

Antes, para relajarnos, voy a colgar esta magnífica fotografía de Fernando, creada por Jaime Roldán.


Cuando Fernando tuvo compuestas y preparadas la mayoría de las canciones que pensaba incorporar en su segundo disco, hablé con el director internacional de una empresa discográfica multinacional –persona que residía en aquel momento en Miami y con la que mantengo una buena amistad– simplemente para que me hiciera de intermediario con el director artístico de dicha empresa en Madrid; sólo pretendía que nos concediera una entrevista relajada a Gonzalo, a Fernando, a Ismael Sánchez y a mí, para presentarle, cantando en directo, si era necesario, las nuevas canciones de Arduán.

Le llamé por teléfono y ¡milagro!... no estaba reunido, ni hablando por la otra línea; se puso enseguida y cerramos una fecha para realizar la entrevista. El día y a la hora pactada allí estábamos Fernando, Ismael, con su guitarrra, Gonzalo y yo. El director artístico o caballero ejecutivo –joven madurito y muy moderno– nos recibió en su despacho y nos pidió permiso para que participara de la reunión uno de sus asesores de confianza que resultó ser más o menos como él.

Realizadas las presentaciones que en realidad no fueron necesarias porque tanto el director artístico como su asesor nos conocían perfectamente, Ismael empuñó su guitarra y Fernando empezó a cantar –concierto privado para dos prepotentes ejecutivos con poder– y mientras tanto Gonzalo y yo allí sentados en un sillón y con cara de principiantes que están siendo testigos de un examen oral.

Fernando cantó seis o siete canciones, con sus correspondientes introducciones. Una de aquellas nuevas canciones se titulaba "La Pepa", preciosa y entrañable canción, con aires muy sureños, que Fernando le había escrito a su novia y en la que entre otras cosas decía:


«Me viene a la mía cabeza la pura figura que tiene la Pepa, 
me viene y camina despacio, se mueve piano, dejando su estela, 
las sabanas blancas vacías sin ella se piensan espuma si duermen con ella, 
y al alba el gilguero se calla, no canta ni el biti, no curra ni el aire, hasta que ella despierta... 

Comienza, la envidia del aire, la luz de la acera, comienza en su pelo, 
su cuello, sus hombros de dátil, presentan su espalda, cintura, caderas 
cascadas a un mar de canela, 
de arena, su piel es de arena, sus pechos oasis, sus labios cerezas, sus muslos de pera, 
si fuera de cera la Pepa, éste que les relata, hubiera acabao hecho un charco con ella...».

Fotografía de Jaime Roldán
Pues bien, finalizado aquel especie de concierto privado se hizo un gran silencio..., todos esperábamos la palabra y el veredicto del jefe artístico de la compañía..., tardó bastantes segundo en decir nada, como si estuviera reflexionando... y al final nos dijo: «Me ha gustado mucho la de "los muslos de pera", esa  podría funcionar... De todas formas tengo que pedirles a mis otros asesores que oigan el CD que habéis traído y ya os diremos algo»... En aquel momento, os lo juro, le habría mandado a la mierda...; después de más de media hora de canciones rebosantes de vida y de sensibilidad aquel "tiillo" en lo único que se había fijado auditivamente –y pienso que en su calenturienta imaginación– era el los posibles "mulos de pera de la Pepa". (Pepa, perdóname por citarte).

Salimos del despacho y del edificio y ya en la calle Fernando e Ismael me comentaron: «No nos hemos salido de la reunión por Gonzalo y por ti»... Y yo les comenté: «No les he mando a la mierda por vosotros»... E inmediatamente llegamos a una conclusión: ¡DENEGADO!..., y así fue, jamás nos contestaron, ni nos devolvieron el CD que les dejamos... Luego me he enterado que aquel caballero, con esto de la crisis, tuvo que abandonar la empresa... ¡que le vamos a hacer! ¡un enterrador menos para la "canción de autor"!

A partir de aquel día hubo algo que me quedó muy claro y que se lo he venido diciendo constantemente a Fernando: «Hay que pasar de la industria discográfica tradicional, nosotros tenemos y debemos apostar por otras alternativas que, a fin de cuentas, siempre serán más limpios, más satisfactorias y seguro que hasta mucho más rentables».

Aquí finaliza el "reality" y empieza el "ALGO MÁS": Fernando Arduán está punto de producir y grabar su nuevo disco por su cuenta –ya dije que se titulará "Jardines de invierno"–; y ha participado en el disco "Unidad de canciones intensivas", de Jaime Roldán, interpretando el tema "Voy contigo"; un disco interesante al que me gustaría dedicarle próximamente su propio "cuelgue".