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miércoles, 10 de octubre de 2012

VÍCTOR JARA II - PASION POR EL FOLCLORE E INICIOS MUSICALES CON EL "CONJUNTO CUNCUMÉN"

Víctor Jara.

En 1950, VÍCTOR JARA, tras la muerte de su madre, ingresó en el Seminario Redentorista de San Bernardo, situado a 18 kilómetros al sur de Santiago. «Para mi –dijo el propio Víctor– fue una decisión muy importante ingresar en el seminario. Al pensarlo ahora, desde una perspectiva más madura, creo que lo hice por razones íntimas y emocionales, por la soledad y la desesperación de un mundo que hasta entonces había sido sólido y perdurable, simbolizado por mi hogar y por el amor de mi madre. Yo ya estaba relacionado con la Iglesia, y en aquel momento busqué refugio en ella. Entonces pensaba que ese refugio me guiaría hacia otros valores y me ayudaría a encontrar un amor diferente y más profundo que quizá compensaría la ausencia del amor humano. Creía que hallaría ese amor en la religión dedicándome al sacerdocio». (Testimonio recogido por José Manuel García en su libro "Como una historia. Guía para escuchar a Víctor Jara", 2000).

Pero no, aquél no era el camino que buscaba Víctor Jara para poder canalizar sus inquietudes sociales y para desarrollar su sensibilidad artística, motivo por el que, dos años más tarde, decidió abandonar el seminario, cumplir con el servicio militar obligatorio e ingresar en el coro de la Universidad de Chile como tenor, actividad que compaginó con algunos viajes al norte del país para investigar y recoger diversas manifestaciones de la música y el canto popular.

En 1955, Víctor sintió necesidad de completar sus inquietudes y su formación artística compaginando la música y el canto con la expresión dramática y la danza; con ese fin, ingresó en la compañía de mimos de Enrique Noisvander, y, posteriormente, en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, donde –entre 1956 y 1961–, estudió actuación y dirección teatral.

Durante aquellos años, conoció a Violeta Parra, a Margot Loyola –una de las más importantes folcloristas e investigadoras de la música popular chilena–, a Gabriela Pizarro –que junto con Violeta y Margot integraron una extraordinaria trilogía de cantoras, investigadoras y apasionadas difusoras de la tradición folclórica chilena–, a Héctor Pavez y a los miembros del Conjunto Cuncumén, surgido en febrero de 1955, a partir de los cursos de folclore que dirigía Margot Loyola en la Escuela de Verano de la Universidad de Chile.


Víctor, poco tiempo después del nacimiento de Cuncumén –integrado inicialmente por Nelly Bustamante, Helia Fuentes, Silvia Urbina, Alejandro Reyes, Juan Collao, Jaime Rojas y Rolando Alarcón–, empezó a colaborar con el grupo tocando la guitarra y como voz solista; colaboración que se tradujo, por ejemplo en la grabación del disco de Cuncumén "El folklore de Chile. Vol. V" (EMI, 1957), en el que Víctor interpretó la canción "Se me ha escapado un suspiro", recogida en la región de Nuble.

Más tarde, aconsejado por Violeta Parra decidió centrarse en la música y se integró plenamente en el grupo Cuncumén, con el que grabó, en 1958, el álbum "Villancicos chilenos", y, en 1960, el titulado "150 años de historia y de música chilena", LP en el que se incluyó el tema "La paloma", primera tonada compuesta por Víctor Jara.


Conjunto Cuncumén.

A aquellos discos los siguieron "Folklore por el Conjunto Cuncumén" (1961) o "El folklore de Chile IX" (1962), último trabajo registrado con el grupo, que incluía tres hermosas canciones de Víctor: "Canción del minero", "Acurrucadita te estoy mirando" y "Paloma quiero contarte".


«Paloma quiero contarte
que estoy solo,
que te quiero.
Que la vida se me acaba
porque te tengo tan lejos,
palomita verte quiero.

Lloro con cada recuerdo
a pesar que me contengo.
Lloro con rabia pa' fuera
pero muy hondo pa' dentro,
palomita verte quiero.

Como tronco de nogal
como la piedra del cerro
el hombre puede ser hombre
cuando camina derecho,
palomita verte quiero.

Cómo quitarme del alma
lo que me dejaron negro,
siempre estar vuelto hacia afuera
para cuidarse por dentro,
palomita verte quiero».

jueves, 23 de febrero de 2012

DOS "GRANDES-GRANDES" MUJERES DE LA MÚSICA POPULAR CHILENA

En el "cuelgue" de ayer presentaba a la joven cantante chilena Pascuala Ilabaca y hoy, al hilo de dicha presentación, quiero rendirle un sencillo –pero intenso– homenaje a dos "grandes-grandes" creadoras chilenas que han sido imprescindibles –junto a Violeta Parra– para la música popular en aquel país. Me refiero concretamente a Margot Loyola Palacios y Gabriela Pizarro; dos mujeres extraordinarias que siempre –por derecho– deberán estar presentes en la memoria de quienes amamos la música y la canción popular.

Margot Loyola... ¡Magnífica! .... ¡Grande, grande, grande!

MARGOT LOYOLA PALACIOS nació en Linares (Chile) en 1918 y es, junto con Violeta Parra –con la que compartió una gran amistad– una de las más importantes folcloristas e investigadoras de la música popular chilena. Refiriéndose, concretamente, a su actividad como investigadora, y a la forma en que la desarrolla, nos ofrece estas magníficas y aleccionadoras declaraciones:

«Todo lo que yo investigo está relacionado con el hombre. Por eso, cuando voy al medio para realizar mis investigaciones me pasan dos cosas: Primero vivo, no pienso. Vivo el paisaje, me emociono. Descubro al hombre y aprendo de él todo lo que pueda y quiera enseñarme. Gozo viendo caminar a una mujer. Me gusta oírlas, mirarlas, tocarlas, me gusta descubrir la dimensión humana. Así aprendo cosas que ni he pensado preguntar. La observación directa y el acercamiento personal son lo primero que experimento. Luego grabo y posteriormente estudio. Indago, veo parámetros musicales, rasgos estilísticos, etc.»
Margot Loyola y Violeta Parra.
Margot ha grabado numerosos discos dentro y fuera de su país; entre ellos los titulados "El amor y la cueca" (1964), "Casa de canto" (1966) –grabado junto a Ismael Cartet–, "Canciones del 900" (1972) –LP en el que el compositor Luis Advis le escribió polkas, cuplés, pasodobles, polonesas, chotis, mazurcas, habaneras y otros ritmos propios de los salones santiaguinos de comienzos del siglo XX–, "Recorriendo Chile" (1974); "Con el mismo rumbo" (1985) –grabado a dúo junto a Leda Valladares–; o "Siempre Margot..." (EPIC, 1992). Es además autora de importantes estudios entre los que figuran "Margot Loyola por el mundo. Memorias de viaje" (1981) y "La tonada: Testimonio para el futuro" (2006), investigación sobre letras, partituras e historias de la tonada, acompañada por tres discos con grabaciones en terreno.

Cubierta del libro «La tonada: testimonio para el futuro»
de Margot Loyola.

Desde 1972, Margot es académica de la Universidad de Chile, y en 1998 fue nombrada profesora emérita de la Universidad Católica de Valparaiso; por otra parte ha recibido numerosos premios, entre ellos, "Premio las Américas", otorgado en Buenos Aires; "Premio por la Paz y la Justicia en defensa de los Derechos Humanos" (1981); "Premio Nacional de Arte", mención en Música (1994); y "Premio a lo chileno" (2001). En junio de 2010, la Universidad Arturo Prat de Iquique le otorgó el grado de "Doctor Honoris Causa", en reconocimiento a la labor pionera desarrollada durante más de medio siglo en la investigación y difusión de la cultura pampina y andina de la zona.


Gabriela Pizarro.

La segunda "gran" mujer a la que quiero rendirle hoy mi homenaje es a GABRIELA PIZARRO. Gabriela nació en Lebu (Chile), en 1932, y falleció en 1999. Formó parte junto con Margot Loyola y Violeta Parra, de una extraordinaria trilogía de cantoras, investigadoras y apasionadas difusoras de la tradición folclorica chilena. En 1958, formó el gupo Millaray –palabra que en "mapudungun" –o lengua "mapuche"– significa "flor de oro"–, compuesto inicialmente por Gabriela, Clemente Izurieta, Nelly Pérez y Héctor Pávez, magnífico folclorista con el que Gabriela contrajo matrimonio y al que próximamente dedicaré otro de mis "cuelgues".

Héctor Pávez.

Con el grupo Millaray, Gabriela grabó varios discos, entre ellos: "Geografía musical de Chile" (1961); "Canciones y danzas chilenas" (1962), "Cuecas con brindis" (1970), "Nuestra Navidad. Villancicos chilenos" (1970) y "La ramada" (1971). Finalmente este grupo tuvo que disolverse con motivo del Golpe de Estado de 1973 cuando la mayoría de sus integrantes –entre ellos Héctor– se sintieron perseguidos y amenazados por motivos políticos –o de defensa de la libertad–, y se vieron obligados a exilarse.



Tras la muerte en el exilio de Héctor Pavez, Gabriela siguió cantando en solitario, viajó por varios países europeos y realizó interesantísimas grabaciones discográficas, como la titulada "Romances de allá y de acá" (1987), disco grabado en España con la colaboración de Joaquín Díaz. Gabriela, a su vez, escribió y publicó un libro fundamental titulado "Cuadernos de terreno", donde plasmó gran parte de su tarea como investigadora.