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domingo, 16 de enero de 2011

REIVINDICACIÓN DE LA TERNURA - I

Las personas, a lo largo de nuestra vida, militamos en multitud de reivindicaciones, sobre todo si amamos la libertad, si creemos en la justicia y, en general, si nos consideramos defensores de los "derechos humanos universales".

Pues bien, para mí –en este momento de mi vida–, de todas esas reivindicaciones –llamémoslas democráticas–, hay una que me parece la más importante porque, en realidad, desde mi punto de vista, engloba a todas las demás; me refiero a la "REIVINDICACIÓN DEL VALOR DE LA TERNURA".

Hasta tal punto espero, creo y confío en ese valor que hace unos años me decidí a escribir un pequeño libro al que titulé precisamente así: "Reivindicación de la ternura"; libro publicado en Argentina con el apoyo de tres buenos amigos relacionados con el mundo editorial: José Manuel Gómez –en aquel momento director de Edelvives–, y Javier Polak y Rodolfo Reina, responsables de "Catapulta Editores".

Traigo este tema al blog porque considero que está estrechamente relacionado con la música, con la canción y, en particular, con la "canción de autor". Intentaré explicarme.

De entrada, para hacernos una idea de lo que estamos hablando creo que es imprescindible desenmascarar y "cargarnos", de una vez por todas, dos topicazos –o "estereotipos sociales y culturales"– que recaen sobre el concepto y la práctica de la "ternura".

El primero de esos topicazos es la consideración de la "ternura" como un valor directamente relacionado con la identidad femenina, es decir, la "feminización de la ternura"; visión no igualitaria y radicalmente falsa desde la que la ternura es considerada como algo específico de las mujeres, que los varones, en consecuencia, aunque la sintamos y la percibamos en nuestras entrañas, no debemos exteriorizar, dado que su manifestación podría interpretarse como un peligroso síntoma de debilidad, de falta de hombría y de afeminamiento.

Planteamiento insostenible frente al que es preciso y urgente afirmar y reivindicar que el valor de la "ternura" no es un valor de género; que todos, hombres y mujeres –sin diferencias– tenemos el derecho y el deber de ser y de manifestarnos tiernos y sensibles porque, en realidad, eso es ser verdaderamente humanos.

El otro tópico que debemos erradicar con relación a la "ternura" es su "arrinconamiento en al ámbito de la privado, o incluso de lo íntimo", es decir considerarla como una cuestión exclusivamente doméstica, que en nada debe o puede afectar a los asuntos o a las cuestiones públicas. Tópico sobre el que se monta e intenta justificarse la llamada "cultura de la guerra y de la violencia".

Mosaico situado en la ONU.
Yo personalmente estoy convencido de que si los que firman y promueven las guerras, o los que favorecen y entran en el juego de la fabricación y el comercio de las armas, dejaran en libertad sus sentimientos de ternura y, desde ahí, se hicieran conscientes del terrible dolor y de la destrucción que pueden llegar a generar sus decisiones, posiblemente las pensarían antes de adoptarlas y, muy probablemente, renunciarían a ellas e intentarían –por todos los medios disponibles– abrirles nuevos y originales caminos a la racionalidad, al entendimiento y al diálogo en la solución de los conflictos. Convencimiento personal que me lleva a creer y a afirmar que "la ternura puede llegar a ser un muro de contención contra la guerra y contra la violencia".

En política, por ejemplo, la clave es el poder, la fuerza y la agresión, y no cabe la sensibilidad y la ternura. Y, ¡claro! así nos va... Como dijo Marilyn Ferguson –escritora estadounidense– "El poder sin amor y sin ternura se reduce rápidamente a la simple capacidad de expoliar y manipular"..

Expresión y realidad a la que, para concluir este primer cuelgue, me gustaría vincular como contrapunto estas palabras de Pablo Neruda tomadas de su libro "Confieso que he vivido": «Tengo una fe absoluta en el destino humano, una convicción cada vez más consciente de que nos acercamos a una "gran ternura"... Y esta esperanza es irrevocable».

REIVINDICACIÓN DE LA TERNURA - II

Y podemos preguntarnos, ¿que tiene que ver todo lo dicho sobre la ternura con la música y con la "canción de autor"?

Evidentemente, y de forma muy general, tendría que ver lo mismo que con cualquier otra situación humana, porque, como decíamos anteriormente, es en la "ternura", donde radica la esencia de nuestra humanidad..., y la canción debería ser siempre eso: pura humanidad.

Partiendo de ese presupuesto, de carácter más general, me parece importante llamar la atención sobre tres acciones concretas a través de las que deberíamos canalizar nuestro derecho y nuestro deber a la ternura dentro del universo de la música y de la canción.

• La primera seria estar siempre dispuestos, con generosidad, a poner nuestras creaciones al servicio y en ayuda a los millones de seres humanos que sufren, por todo el mundo, el dolor en cualquiera de sus manifestaciones. Disponibilidad de la que últimamente están surgiendo magníficos proyectos –discográficos y de recitales–  frente a los que no cabe mas que una actitud de solidaridad y de colaboración. 

Proyectos, por poner algunos ejemplos, como éstos:



• La segunda acción a emprender –mejor a acrecentar, porque ya hay creadores que la han emprendido– debe ser expresar a través de la música, de la poesía –y de su hermanamiento en la canción– la ternura y el desgarro interior que pueda provocarnos cualquier situación de sufrimiento, de desigualdad, de marginación o de injusticia con la que podamos estar conviviendo.

Recordemos en ese sentido canciones extraordinariamente tiernas y sensibles como "Canción para un niño en la calle", de Amando Tejada Gómez y Ángel Ritro; "Luchín", de Víctor Jara; "Infant de Beirut" o "Fills d'Horoshima", de Lluís Llach; "Las casas de cartón" de Ali Primera y de Javier Álvarez; "Hijas de Eva", de Pedro Guerra; "Sudor y sed", de Jesús Garriga; "Deray", de Rosana... y tantas otras que en su día analizaremos.

• Y la tercera acción importante, que todos deberíamos afrontar –tanto los hombres como las mujeres, y tanto los creadores como los oyentes– es no permitir en ningún momento que nadie, ni ningún convencionalismo social, ni ninguna norma moral, pueda reprimir la expresión de nuestros mas profundos sentimientos de amor y de ternura.

Es necesario crear y poder escuchar muchas canciones descaradamente tiernas y sensibles...; nuestro mundo actual necesita recuperar con urgencia renovadas palabras y gestos de ternura..., tal vez así podríamos hacer posible, entre todos, la esperanza irrevocable de Neruda de que nos acercamos a una "gran ternura"..., sin la que, como el mismo dice, estamos abocados a la catástrofe, a la agonía, y a la infelicidad.