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jueves, 3 de noviembre de 2011

PEDRO PASTOR Y SU COCTELERA DE SENSIBILIDADES

Pedro Pastor.

Desde que estoy en esto de la música, y más en concreto, de la "canción de autor" –y de esto hace ya más de cuarenta años– siempre me ha producido una gran emoción, y me ha entusiasmado, participar del "rito de iniciación" experimentado por un joven creador cuando toma la decisión de echarse a cantar y de aventurarse en el cada vez menos fácil tarea de convertirse –como dice Miguel Ángel Morelli– en "cantor de oficio". Esa emoción y ese entusiasmo se me multiplican cuando el "cantor naciente" tiene y promete calidad; y, sobre todo, cuando surge con planteamientos y creaciones musicales y poéticas originales, renovadoras y de ruptura...; es decir, cuando ha sido capaz de crearse su propio lenguaje; y, cuando promete un futuro novedoso; un universo sonoro y personal que él mismo se ha creado y que promete llegar a ser sorprendente.

Esta experiencia –y permítanseme algunas evocaciones– la viví, por ejemplo, el día que escuché cantar en Barcelona, por primera vez, a un jovencísimo Quico Pi de la Serra rompiendo con todos los moldes y las composturas del resto de los componentes del movimiento de los «Els Setze Jutges». La experimenté también –creo recordar que en 1968– cuando asistí al primer concierto del "Grup de Folk" y descubrí a Pau Riba –que empezaba por entonces a cantar–. Me ocurrió igualmente el día que se presentó Albert Pla en la "IV Muestra Nacional de Canción de Autor para Jóvenes Intérpretes" –celebrada en Jaén, en 1988–, ¡fue espectacular!, se puso a cantar y desde el primer momento le quedó muy claro al jurado, por unanimidad, que había que darle el primer premio –evocación compartía el martes pasado con Antonio Gómez en Libertad 8–.  Y, más recientemente, me ocurrió con Miguel Poveda; asistí a uno de sus primeros conciertos y me revolucionó totalmente mis concepciones sobre el flamenco, sobre la copla y sobre lo que se proponga cantar.

Toda esta larga introducción la he escrito como "previo" a la crónica que seguidamente voy a desarrollar sobre el concierto-presentación que nos ofreció PEDRO PASTOR, el pasado día 1 de noviembre en la Sala Libertad 8. Pedro es jovencísimo y me provocó una experiencia muy similar a las anteriormente narradas.

Tengo el convencimiento de que el martes pasado, en Libertad 8, asistí, y asistimos, al nacimiento de un "cantor de oficio" que si se mantiene fiel a línea que ha emprendido "va a tener mucho que cantar y que contar" con su fuerza creativa y con su guitarra.


Pedro Pastor.

Escuchando a Pedro me vino a la imaginación una "coctelera para agitar sensibilidades" que él lleva muy dentro y maneja a la perfección. Me explico:

Este Pedro Pastor Guerra –digno hijo de sus apellidos–, a su corta edad, ha bebido mucha música, mucha canción y muchas sensibilidades. Le encanta Extremoduro, le apasiona el rock –por cierto nos ofreció una genial versión del grupo Marea–, mantiene una total conexión sensorial y creativa con el mundo del rap, ha mamao mucho de la música del barrio y de la que hacen sus colegas –por cierto, llenaron a tope "El Libertad"–, y lleva canción de autor a sus espaldas "pa'dar y repartir"... Pues bien, todo eso, y seguro que mucho más, Pedro lo ha ido volcando en su "coctelera para sensibilidades", lo ha agitado con atrevimiento y con maestría, y ahora lo desboca en unas composiciones llenas de genialidad, de originalidad y de "multi-musicalidad". Algo nuevo que está naciendo y que a mí, al menos, me sorprende y me emocione. (Y eso que uno está ya para pocas sorpresas).

¡Y como escribe! Los textos de las canciones de Pedro Pastor rebosan vida vivida intensamente –y deprisa, dada la edad que tiene–; textos no escritos para alterar a la "muchachería" –a veces bastante viejuna– que acude a los recitales "por si cae algo a la salida" –son las que presumen de "amigas del artista"–...; ¡no! los textos que escribe y que canta Pedro poseen una mezcla de pasiones y compromisos que, siendo cotidianos, trascienden la cotidianidad y alteran a cualquiera con un poquito de corazón que todavía reaccione, con un "pum-pum", ante la belleza.



«Yo creo en Libia y creo en Palestina, 
y creo en el amor al cambio y no en el curro en tu oficina.
Creo que nazco y que muero en cada verso,
que el peso de un beso puede con el universo.
Este universo de mafiosos sin escrúpulos [...]
Yo creo en que la unión hace la fuerza, 
y que la unión es una buena excusa pa’ acabar con estas guerras».
(“Creer, soñar...)

«Y se marchó y por supuesto no hubo despedida, 
y yo no sé pero llevo esperando media vida [...]
Y no, no eches la vistas más atrás que se que no,
que ella nunca volverá más a por ti [...].
Pidiendo amor al río, mintiéndole al vacio,
sabiendo que ella nunca volverá,
sabiendo que a ella nunca le gustó,
mi anarquía».
(“Mi anarquía”)

En la "coctelera para sensibilidades" de Pedro Pastor también hay ternura, mucha frescura y limpieza interior, una sonrisa de escándalo, mucho libertad, profesionalidad, juventud, capacidad de divertir, fidelidad a su gente –sobre todo a sus colegas– y una mezcla de romanticismo y de realismo social que no te pueden dejar indiferente.

En fin, podría escribir mucho más, pero no voy a hacerlo. Lo que haré será completar este "cuelgue" con una crónica fotográfica de más cosas que pasaron el pasado día 2 en el concierto de Libertad 8:

Pedro al final del concierto
interpretó una canción acompañándose del piano.
Luis Pastor y Andrés Sudón antes del concierto.
Antonio Gómez no quiso perderse el acontecimiento.
Lourdes Guerra, ¡no puede haber más ternura en una mirada!
Íñigo Coppel, Luis Pastor y Pedro Pastor.
Cantaron juntos "Aguas de Abril".
Bako acompañó a Pedro en una canción
y luego se "marcó" un rap a capela ¡impresionante!.
Magnífico Iñigo Coppel con su armónica y su guitarra.
Jorge Gonzalvo acompañó a Pedro en dos temas.
Y para concluir una imagen para la memoria contra el olvido.
Muerdo, al ver esta fotografía, decía ayer "¡Que par de artistas!"
y es verdad: Luis y Pedro... "¡los pastores!"

¡MALDITAS GUERRAS 100 + 100 + 10

En el CD que acaba de grabar y editar MARWAN, titulado "Las cosas que no pude responder", nos encontramos una canción –un mariachi– cantada por  Marwan acompañado de sus amigos Alejandro Rodríguez, Andrés Suárez, Andrés Sudón, Diego Ojeda, Dani Fernán, Lucas, Luis Ramiro, Manuel Cuesta, Muerdo y Paul Larnaudie. La canción se llama "Hablemos de mí", y en ella, entre otras rotundas y positivas manifestaciones corales, encontramos algunas directa y claramente antibelicistas... ¡Bien Marwan, bien!... 


«Me gusta brindar con la vida por la vida,
me gusta respirar la libertad en casa, ¿qué quieres que te diga?
Me gusta que valores más lo que yo te digo que la opinión del resto
y que me des un beso cuando no te lo pido
Me gusta quien discute hablando y no con balas,
aquellos que por justicia empuñan su corazón.
Me gusta el roedor que hay bajo tu falda, las noches de goleada sin balón.
Me gusta cantar incluso en el váter, reconozco ser un poco pasional,
hay quien dice ¿cómo puedes ser tan bueno y a la vez tan animal
Yo no respeto todas las ideas, no me va el machismo de etiqueta
y algunas formalidades me las paso por el forro de la chaqueta,
y soy peor persona que mi propia conciencia, 
me emociona más un gol que algún poeta
y ver gente que prefiere contar estrellas mucho antes que pesetas.

No me gusta quien milita en el amor con cobardía
y se vuelve un contable teniendo sentimientos siempre al baño maría
No me gusta ver padres que entierran a sus hijos,
no me gusta que ladre más el hombre que el perro, ni la palabra exilio
No me gustan aquellos que cuando están con unos 
son como Dr. Jekill y con otros Mr. Hide
Y no me gusta nada saber que he sido injusto, 
no me gusta estar en guerra ni por paz
No me gustan esas lenguas que se mueven como una batidora al besar,
no me gustan las mentiras maquilladas con un rimel de verdad
A veces pienso que bello sería ver ancianos que se montan una orgía
y poder jugar al fútbol cada tarde sin dolor en las rodillas,
y ver al Fary y a Torrente dos flamantes licenciados en Sociología
y mujeres que se han quitado el burka para ver la luz del día».