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sábado, 21 de febrero de 2015

DESDE MI ATALAYA: "POESÍA NECESARIA".



Con todo mi afecto y mi respeto
a los que son –o dicen ser– "nuevos poetas".

Hoy, en este segundo "cuegue" dedicado al lenguaje poético voy a intentar comunicaros el concepto de "poesía" en el que creo, y que se me afianza en tiempos y en momento difíciles y complejos como los que estamos viviendo. Es una visión de la poesía que he aprendido de "maestros" poetas y cantores, a la que nunca renunciaré, y que, en la actualidad, busco y reclamo.

Podrá haber, ciertamente, a quienes les vaya una poética menos comprometida con la realidad y más centrada en torno a "una idealización amorosa" que con frecuencia resulta bastante irreal. A mi, personalmente, esa poética cada vez me interesa menos. A mi la poesía amorosa que me interesa y me atrapa es la que se relaciona, de alguna forma, con el sentir de Benedetti:

«Si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo. 
Y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos. 
Y por tu rostro sincero. 
Y tu paso vagabundo. 
Y tu llanto por el mundo. 
Porque sos pueblo te quiero.»

A mi la "poética" que, hoy por hoy, sigue prendiéndome apasionadamente, la que reclamo, y que me hace sentirme crítico frente a ciertos jóvenes que son –o que se llaman poetas–, es aquella a la que apuntan Celaya, Otero o Agustín Millares; o cantores como Aute, Atahualpa Yupanqui o Quico Pi de la Serra, por ejemplo... Quizá sean versos muchas veces leídos o recordados, pero conviene retomarlos con calma:


«[...] Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.»
(GABRIEL  CELAYA)


«Definitivamente, cantaré para el hombre.
Algún día –después–, alguna noche,
me oirán. Hoy van  –vamos– sin rumbo,
sordos de sed, famélicos de oscuro.

Yo os traigo un alba, hermanos. Surto un agua,
eterna no, parada ante la casa.
Salid a ver. Venid, bebed. Dejadme
que os unja de agua y luz, bajo la carne.»
(BLAS DE OTERO)

«Yo poeta declaro que escribir poesía
es decir el estado verdadero del hombre
es cantar la verdad es llamar por su nombre
al demonio que ejerce la maldad noche y día.

El poeta es el grito que libera la tierra
la primera montaña que divisa la aurora
la campana que toca la canción de la hora
el primer corazón que lastima la guerra.

Colocado en vanguardia sin que nunca desate
su unidad con los pueblos su visión del conjunto
el poeta es el hombre que primero está a punto
para hacerse con bríos a la mar del combate.

El poeta es el pueblo que a morir se resiste
en la súbita noche donde todo se olvida.
Donde no hay libertad no hay poeta con vida.
Ningún pájaro vuela donde el aire no existe.

Yo poeta declaro que la cólera es una
cuando hay algo que atenta contra el sol que nos guía.
Languidece el poeta si la tierra se enfría
cuando no hay corazón ni justicia ninguna.

Yo poeta declaro que en el duro camino
del tiempo el poeta se halla siempre un hermano.
Yo poeta declaro que el poeta es humano
aunque a veces nos haga presentir lo divino.»
(AGUSTÍN MILLARES).


«La poesía es palabra
que vela despierta.
La poesía es palabra
que toma conciencia.
La poesía es palabra
que mueve a las piedras.
La poesía es palabra
que debe alumbrar.»
(LUIS EDUARDO AUTE).


«Tu piensas que eres distinto
porque te dicen poeta,
y tienes un mundo aparte
mas allá de las estrellas.

De tanto mirar la luna
ya nada sabes mirar.
Eres como un pobre ciego
que no sabe adónde va.

Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan
por un pedazo de pan.

Poeta de tierras rimas,
vete á vivir a la selva,
y aprenderás muchas cosas
del hachero y sus miserias.

Vive junto con el pueblo,
no lo mires desde afuera,
que lo primero es ser hombre,
y lo segundo, poeta.»
(ATAHUALPA YUPANQUI).


«La poesía debe ser como una pala reluciente y gastada 
de descargar el carro de las mentiras; 
y la debe manejar el poeta ... 
Como un cepillo de carpintero allanando los nudos 
de la estúpida pasarela de la vida; 
y la debe manejar el poeta. 
Como una lima que lime las cadenas de la inconsciencia; 
y la debe manejar el poeta. 
Como el vino poderoso reconstituyente que desnuda 
la persona haciéndola cantar a cualquier hora; 
y la ha de beber el poeta. 
Como el lecho, testigo del verdadero y único amor; 
y debe yacer el poeta. 
La poesía debe salir a la calle y coger el tranvía con cara de sueño;
y debe bostezar el poeta. 
La poesía convertida en letra de imprenta se hace vieja demasiado temprano; 
y la tiene que leer el poeta. 
Debe salir de los libros y hacer nido en el oído de la gente; 
y la debe alimentar el poeta. 
La poesía no debe tener miedo a lo áspero, ni a lo amargo; 
debe ser valinte el poeta. 
La poesía debe recordar el ayer, cantar el hoy, pensando en el mañana; 
debe ser consciente el poeta. [...]
La poesía ha ... La poesía es ... La poesía quiere ... 
Debe ser poeta, el poeta.»
(QUICO PI DE LA SERRA).

«La poesia ha d’ésser com una pala lluenta i gastada de descarregar el carro de les mentides; / i la ha de manejar el poeta... / Com un ribot de fuster aplanant els nusos de la estúpida passarel·la de la vida; / i la ha de manejar el poeta. / Com una llima que llimi les cadenes de la inconsciència; / i la ha de manejar el poeta. / Com el vi poderós reconstituent que despulla la persona fent-la cantar a qualsevol hora; / i la ha de beure el poeta. / Com el llit testimoni del veritable i únic amor; / i ha de jaure el poeta. / S’ha d’oblidar de la naturalesa, engany fabricat que està a l’abast de tothom; / i ho ha d’oblidar el poeta. / La poesia ha de sortir al carrer i agafar el tramvia amb cara de son; / i ha de badallar el poeta. / La poesia convertida en lletra d’impremta es fa vella massa d’hora; / i la ha de llegir el poeta. / Ha de sortir dels llibres i fer niu a l’orella de la gent; / i la ha d’alimentar el poeta. / La poesia no ha de tenir por de lo aspre ni de lo amarg; / ha de ésser valent el poeta. / La poesia ha de recordar el ahir, cantar el avui, pensant en el demà; / ha de ésser conscient el poeta. / La poesia no s’ha de deixar llepar, simplement empènyer pel diner; / ha de ésser honrat el poeta. / La poesia no s’ha de deixar emmascarar per cap fang que no sigui el que no embruta; / ha de ésser nét el poeta. / La poesia ha... La poesia és... La poesia vol... / Ha de ésser poeta, el poeta.» (QUICO PI DE LA SERRA).

martes, 6 de enero de 2015

DESDE MI ATALAYA: CONVIENE RECORDAR Y REFLEXIONAR, DE VEZ EN CUANDO, PARA NO PERDER LA IDENTIDAD


La semana pasada estuve trabajando varios días sobre la "entrada" en la Web «CANCIÓN CON TODOS» correspondiente a ADOLFO CELDRÁN y a su obra. Con ese motivo escuché muchas de sus canciones –algunas hacía tiempo que no hacía–, hablé con él varias veces por teléfono y, sobre todo, se me agolparon muchos sentimientos y muchos pensamientos en torno a la "canción de autor", a su historia y, en particular, a lo mucho –y muy bueno– que personalmente he recibido de ella y de algunos de sus creadores. Uno de ellos, Adolfo.

Durante esos días, en los que realicé un verdadero y hermoso ejercicio de "recuperación de la memoria" hubo momentos, especialmente emotivos, que zarandearon mi sensibilidad ética y social, y en los que sentí la necesidad de subirme a MI ATALAYA –como lo estoy haciendo ahora– para reflexionar sobre algunas cuestiones relacionadas con lo que voy a llamar, de forma genérica, "la identidad de la canción de autor y de sus creadores".

Es evidente, y así lo he puesto de manifiesto muchas veces, que el género al que llamamos "canción de autor" –en un sentido amplio y sin encorsetamientos– tiene –o mejor, debe tener– unos rasgos o características propias que definen su identidad. 

Entre esos rasgos de identidad hoy me voy a centrar en dos: 

En primer lugar, la "cercanía a la realidad interior de su creador y a la realidad social en la que vivimos de forma cotidiana". La canción no puede ser ajena a la vida real –positiva o de conflicto– en la que cotidianamente se desenvuelve nuestra existencia; no puede ni ignorar, ni falsear la realidad. Como diría Lorca «la poesía –y el canto popular– es algo que anda por las calles; que se mueve, que pasa a nuestro lado.»

En segundo lugar, otro rasgo de la identidad de la "canción de autor", vinculado al anterior, es su «visión y su proyección ética comprometida con unos valores y unos derechos humanos democráticos e irrenunciables». Recordemos aquello de Celaya: «Maldigo la poesía –y la canción– concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden

Pues bien situándome en esas dos coordenadas "REALIDAD - COMPROMISO" hoy, aquí –desde MI ATALAYA– deseo compartir dos gestos o experiencias protagonizadas por ADOLFO CELDRÁN que conviene recordar para que la "canción de autor" y los "cantautores" no pierdan su "identidad".

Adolfo Celdrán, con motivo de lo que tuvimos que vivir en nuestro país, en el año 2003, relacionado con la injustas y maldita guerra de Irak, escribió un poema titulado "Cuando decís "paz" sí, pero...", y creó una canción llamada "No a vuestra guerra"... O sea "REALIDAD –en este caso cruel– Y COMPROMISO"... ¡No podemos olvidarlo!

Adolfo Celdrán  en la Plaza de España de Alicante. 
Su poema "Cuando decís paz sí, pero..." fue pintado en la pared junto
 a una reproducción del Guenica de Picasso. Pintado y ¡claro!,
repintado cabronamente por lo fascistas.

«Cuando decís “paz sí, pero…”,
sabemos que decís guerra.
Cuando decís legalidad,
sabemos que decís poder.
Cuando decís solidaridad,
sabemos que decís dominio.
Cuando decís responsabilidad,
sabemos que decís bombardeos.
Cuando decís economía,
sabemos que decís expolio.
Cuando decís criminal al criminal,
sabemos que os reflejáis en sus espejos.
Y es que, para vosotros,
las palabras son tan sólo el eslogan, el señuelo, el envoltorio
con que cubrís las trampas
Y ya ni recordáis siquiera
los significados
de las palabras tiernas, compartidas, solidarias, hermosas
o duras, hirientes, implacables,
que estos días,
brotando de miles de gargantas,
han devuelto su honor y su sentido y su hermosura a las palabras.
Si traicionáis nuestras palabras
y traicionáis el poder que os delegamos
tan sólo sois traidores.
Devolvednos lo que ya no es vuestro
y pasad a la historia 
de los traidores a su pueblo.»

• Por otra parte, Adolfo Celdrán –"cantautor"– musicalizó y cantó a Miguel Hernandez en los años setenta; y, en concreto, creó una hermosísima canción a partir del poema "Solo por amor" de Miguel ... Y nuevamente "REALIDAD –en este caso interior– Y COMPROMISO"–. "Canción de autor" tan hermosa que el gran poeta Blas de Otero escribió sobre Adolfo este texto del que comparto el original mecanografiado:


«Escribo estas líneas bajo un fuerte reumatismo, lo digo para justificar
su brevedad y, tal vez, la carencia de ímpetu y frescor que debieran tener.
El primer poema de Celdrán que escuché fue el de Miguel Hernández
que lleva el ritornello "Solo por amor". Me hizo una gran impresión
y aún hoy, después de haber oído todos sus discos, sigue siendo mi
canción preferida. Escuche a Adolfo en persona en el homenaje que
la Universidad de Madrid rindió a Miguel Hernández y pudo comprobar
el impacto que causaban sus canciones. Luego le acompañé por Alicante,
prohibido y vapuleado una y otra vez por la guardia civil. Con él
visité a Josefina y pasamos junto a ella momentos inolvidables.»
(Madrid, junio 1977. BLAS DE OTERO)

Me apetece escuchar esta canción –aquí, en MI ATALAYA–, y hacerlo acompañado de todos vosotros y vosotras... ¡Os invito a escucharla!


Y concluyo este "cuelgue" como lo empezaba en su titular: «CONVIENE RECORDAR Y REFLEXIONAR, DE VEZ EN CUANDO, PARA NO PERDER LA IDENTIDAD».

Si queréis saber mucho más de Adolfo Celdrán podéis hacerlo pulsando el siguiente enlace que os introducirá en la Web «CANCIÓN CON TODOS»:


miércoles, 1 de enero de 2014

DIECISIETE «PO-ÉTICAS» PARA UN AÑO NUEVO... CON "GABRIEL CELAYA"

Ayer, día de fin de año, pensando en este primer "cuelgue" del nuevo año –de este 2014 que ya lo tenemos aquí– decidí fomular una propuesta "PoÉtica" que, de alguna forma, cumpliera un doble objetivo: Por una parte volver a definir la identidad de este blog en el que CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA, y por otra parte, proponerme –y proponeros– un rumbo: el rumbo por el que creo que deberíamos orientar nuestros pasos, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos en los proximos 365 días que nos aguardan.

Nada más tomar la decisión surgió, prácticamente sin pensarlo, cual iba a ser el referente o el "maestro" al que acudiría para concretar esa propuesta "PoÉtica"; para mí, no podía ser otro; el que durante varios años fue mi amigo, mi guía y mi latido más amado: GABRIEL CELAYA... Poeta vasco de la solidaridad, del amor apasionado, de la lucha por la justicia y de la esperanza.

Gabriel Celaya.

A partir de ahí, ayer, durante todo el día –e incluso ya de madrugada, tras el brindis familiar– me dediqué a refrescar mi memoria poética –recordando alguno de los poemas de Gabriel que han marcado mi vida–, y a releer sus libros, que atesoro llenos de vida entre otras razones porque todos los conservo cariñosa y tiernamente dedicados.

El trabajo fue largo, pero apasionante.... Y al final surgieron diecisiete fragmentos poéticos que son los que os voy a compartir a continuación. 

Aparecen en este primer "cuelgue" del año, pero volveré sobre ellos con frecuencia porque en este año nuevo que hoy iniciamos me he propuesto "volar lo más que pueda" y sé que todas, y cada una, de estas "poÉticas" van a ser mi fortaleza y mi guía... ¡Ojalá lo puedan ser también para todos vosotros y vosotras, complices queridos que le dais sentido y existencia diaria a este blog.

DIECISIETE «PO-ÉTICAS» PARA UN AÑO NUEVO

lunes, 18 de noviembre de 2013

"TERCER CUMPLEAÑOS DEL BLOG"... Y SEGUIMOS CANTANDO COMO QUIEN RESPIRA

Hoy, 18 de noviembre, hace tres años que inicié este blog, o sea, que estamos de cumpleaños: 3 años, 1.638 "cuelgues", muchos y muchas amigas de muy diferentes países, y una inmensa felicidad...; ¡eso es lo que en este momento quiero celebrar!. 

Y junto a la celebración, el agradecimiento porque este "blog" es lo que es gracias al afecto, al interés y a la fidelidad de cada una de las personas que lo visitáis a diario. ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!


Y para celebrar este cumpleaños me apetece reproducier, a continuación, el primer "cuelgue" que escribí y publiqué justo el 18 de noviembre de 2010. Fue el siguiente:

Jueves, 18 de noviembre de 2010
PRIMERAS PALABRAS

La memoria es la gran fortaleza contra el olvido... La memoria fortalece el futuro...

Las palabras de GABRIEL CELAYA siguen siendo mi fortaleza... Sus palabras siguen abriéndome horizontes de futuro.... Sus palabras tienen que ser las primeras en este blog...

Dijo CELAYA: «Cantemos como quien respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. No hagamos poesía como quien se va al quinto cielo o como quien posa para la posteridad. La poesía no es (no puede ser) intemporal o, como suele decirse un poco alegremente, eterna. Hay que apostar al "ahora o nunca"».

Fernando G. Lucini, Gabriel Celaya y, al fondo, Amparitxu Gastón.

Años mas tarde el mismo CELAYA escribía en el prólogo de mi libro "Veinte años de canción en España": «Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque eso es decir quienes somos, porque eso es el amor: Respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía».


PRIMERAS PALABRAS QUE 
LO SIGUEN SIENDO 
EN ESTE TERCER CUMPLEAÑOS
¡Gracias, gracias, gracias!

jueves, 18 de julio de 2013

CARLOS DE ABUIN II - «OTRO MUNDO»... DONDE LA MÚSICA, LA PALABRA Y LA LIBERTAD FIRMARON UN PACTO DE COMPLICIDAD

Cuando en la creación artística –reflexiva y consciente– sobrevuela la libertad, y la libertad no se siente amenazada, o mediatizada, ni por las prisas, ni por las modas, y ni tan siquiera por el éxito como objetivo prioritario, el resultado es siempre impredecible y sorprendente; y lo es sobre todo porque, en esas condiciones creativas, el pensamiento, los sentimientos y, a fin de cuentas, los latidos, fluyen de forma totalmente espontánea, "corretean" a su gusto por la sensibilidad y la imaginación, y nunca se puede anticipar muy bien a qué realidades, o a que ficciones, nos puedan llevar. 

Esa experiencia creativa en libertad –generalizable a todas las artes– es especialmente apasionante y compleja en el ámbito de la composición musical; y lo es, aún más, cuando la música busca una complicidad, o un hermanamiento fértil con la palabra, para alumbrar juntas una canción.

Hago esta introducción, al "cuelgue" de hoy, porque creo que ha sido en ese contexto en el que ha surgido el reciente disco creado y publicado por CARLOS DE ABUÍN con el título de "Otro mundo".

Carlos de Abuín. (Fotografía de Beatriz Pérez Otín).

Carlos es un poeta y un músico –o ambas identidades a la vez– que ama la filosofia y el pensamiento; que practica como medida del tiempo el "sin prisa"; y que le gusta y tiene la posibilidad de crear en libertad; ingredientes que le permiten enfrentar el proceso de la creación artística tal y como antes lo enunciaba y, en consecuencia, con resultados impredicibles, sorprendentes y dificilmente clasificables.

En esta ocasión –en su último disco– como fruto de ese proceso creativo –que ha sido lento y reflexivo– nos encontramos con un entrecruce de realidades y ficciones que efectivamente nos muestran un universo "nuevo" de sonoridades y de percepciones musicales y poéticas verdaderamente sugerente y misterioso; un disco abierto, "verdeygris", simbólico, directo y abstracto a la vez, en el que se le canta a la vida enfrentada al malvivir, y en el que la esperanza parece que reclama su vuelo de sueños y estrellas con «indolente impaciencia».

Escuchando a Carlos en "Otro mundo", asistimos a un desfile de personajes que no dejan indiferente; al menos a mi han conseguido cuestionarme: Mariano José de Larra bajando el telón de su vida por un amor que no pudo ser... La bellísima y frágil actriz Soledad Miranda fallecida en un accidente de tráfico y con sus sueños rotos –¡cómo se puede morir siendo tan joven y tan bella!–... Una "vieja dama" que baja de un tren... Ricos y pobres jugando al ajedrez «que llevan miles de años con la misma partida, jugando con el oro que ciega sus pupilas».... Hombres pintando sus caras con sonrisas... Kronos con su guadaña cortando el cielo «y a nadie le importa»... O –¡y este es mi personaje! ¡con él me quedo!– un mago que, cuando el sol desaparece saca una paloma blanca de su chistera; la paloma vuela, las colinas sonríen y «entonces llega la anarquía, y la sombra tirana empapada de estrellas viene con sed de sueños, y sus señales parecen un baile sin final».


Cubierda del disco "Otro mundo", de Carlos de Abuín.

Escuchado este disco me he imaginado a José Antonio Romero –uno de los mejores arreglistas y productores musicales que tenemos en este país– penetrando  y sumergiéndose en el "Otro mundo" de Carlos de Abuín en estado puro, y, a partir de ahí, recreándolo y dándole forma y vuelo. (José Antonio ha realizado la producción, los arreglos y además ha tocado las guitarras acústica y eléctrica, el bajo y lo que ha hecho falta)... «Este disco –nos cuenta– es el resultado de una obra levantada sin prisa, en la que he trabajado con total libertad, lo que ha dotado al conjunto de un sonido muy coherente»... Coherente y muy hermoso. Es uno de esos discos en los que la complicidad entre la palabra y la música es tan absoluta que son radicalmente indivisibles.

A todo ello han contribuido también la colaboración de Manu Míguez al violín y en el piano, de Juan Carlos Melián –batería y percusiones–, y de Yolanda Yone haciendo los coros de las dos primeras canciones.

Poco más puedo decir de este disco, ¡hay que escucharlo!... Lo que sí voy a anunciar, con permiso de Carlos, es que al tiempo que nacía este "Otro mundo", ha nacido y está naciendo "otro disco"... Una auténtica –y para mí maravillosa– sorpresa: Carlos ha musicalizado y va a interpretar a Gabriel Celaya acompañado nuevamente al piano de Manu Míguez... Algo he escuchado... ¡muy emocionante!.

Concluyo con una información: el nuevo disco de Carlos de Abuín puede adquirirse en la librería musical "El Argonauta", de Madrid, bien directamente acudiendo a la librería situada en la calle Fernández de los Ríos 50; o a través de su página web que, por supuesto, os recomiendo visitar:

miércoles, 10 de julio de 2013

CUATRO TEXTOS RECUPERADOS: BLAS DE OTERO, CELAYA, LÓPEZ PACHECO Y GOYTISOLO.

Esta tarde, a las 17:00 horas iniciamos el curso organizado por la UNED, en Madrid, con el título genérico de "LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. LA CANCIÓN DE AUTOR"

Con ese motivo, he seleccionado varios textos que utilizaré como pórtico de mi primera intervención en la que situaré el origen y la identidad del género musical y poético conocido como "canción de autor".

Quiero compartir esos textos –aquí "DONDE CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA"– con todos las amigas y amigos que a diario visitáis este blog; son cuatro textos de referencia de cuatro grandes poetas BLAS DE OTERO, GABRIEL CELAYA, JESÚS LÓPEZ PACHECO y JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO.


(Fotografía de Inés Poveda).

BLAS DE OTERO

«Bien sabemos lo difícil que es hacerse oir de la mayoría. También aquí son muchos los llamados y pocos los elegidos. Pero comenzad por llamarlos, que seguramente la causa de tal desatención está más en la voz que en el oído». (“Versos y prosa. Ed. Cátedra, Madrid).

«La palabra necesita respiro, y la imprenta se torna de pronto en aguacil que emprisiona las palabras entre rejas de líneas. Porque el poeta es un juglar o no es nada.

El disco, la cinta magnetofónica, la guitarra o la radio y la televisión pueden – podrían: y más la propia voz directa– rescatar al verso de la galera del libro y hacer que las palabras suenen libres, vivas, con dispuesta espontaneidad. Mientras haya en el mundo una palabra cualquiera, habrá poesía. Que los temas son cada día más ricos y acuciantes». (“Versos y prosa. Ed. Cátedra, Madrid).

(Fotografía de Inés Poveda).

GABRIEL CELAYA

«Nuestros hermanos mayores escribían para "la inmensa minoría". Pero hoy estamos ante un nuevo tipo de receptores expectantes. y nada me parece tan importante en la lírica reciente como ese desentenderse de las minorías y, siempre de espaldas a la pequeña burguesía semi-culta, ese buscar contacto con unas desatendidas capas sociales que golpean urgentemente nuestra conciencia llamando a vida. Los poetas deben prestar voz a esa sorda demanda. En la medida en que lo hagan "crearán" su público, y algo más que un público». (“Itinerario poético”. Ed. Cátedra, Madrid).

«El acceso a esa inmensa mayoría, sin la cual nuestra poesía no será nada, salvo bizantinismo –añade Celaya– no puede lograrse con una revolución literaria. Los recursos técnicos, y en especial la posibilidad de hacer audibles y no solo legibles nuestros versos son sumamente importantes y están llamados a revolucionar un literatura que venimos concibiendo desde el Renacimiento bajo el signo de la imprenta, que es como decir de la lectura a solas. Pero hay algo aún más importante. Se trata del acceso a la cultura de capas sociales que hasta hace poco han vivido en estado de pura naturaleza, pero que ya empiezan a llamar sordamente pidiendo otra vida. Sólo en la medida en que el poeta sepa responder a esta demanda, logrará crear un público, y algo más que un público. Pero sería ilusorio confiar sólo en los recursos literarios. Para salvar la Poesía, como para salvar cuanto somos, lo que hay que trasformar es la sociedad. Y a esto debemos consagrarnos con todo y, por de pronto, si damos en poetas, con la poesía como arma cargada de futuro». (“Itinerario poético”. Ed. Cátedra, Madrid).




«Creo que mi condición de vasco y el hecho de que la poesía de mi país, precisamente por su carácter originario eminentemente oral –poesía más cantada y salmodiada que leída o escrita– contribuyó a que con esa agresividad típica de la juventud me dirigiera contra el pobre Gutemberg y contra la imprenta. Algún fondo de razón tenía. La poesía, tanto en la Grecia Clásica como en la España Medieval y en mil otros lugares siempre nació unida a la música y al canto. Pero también sería una simplicidad que junto a ese "mester de juglaría", a cuyo renacimiento asistimos hoy en día, se desconociera el "mester de clerecía", es decir, una poesía escrita y quizá un poco marisabidilla que surgió poco más tarde. A mi modo de ver lo importante no es optar entre una y otra forma de expresión, sino recordar, como toda la historia de la poesía no los demuestra en nuestro país y en cualquier otro, que siempre hubo una mutua y recíproca influencia de ambas formas de expresión y que si la canción popular revitalizó mil veces la poesía sabia, ésta, además de aprovecharla, la llevó a altos resultados de los que, en último término, la canción utilizó también mucho. [...]

Creo que el trabajo que está realizando Fernando González Lucini [...] nos muestra el camino de un nuevo género literario, que yo presentía, allí en mi juventud y que hoy día es una realidad. Yo pensaba, y creo que tenía razón, en que la poesía cantada estaba llamada a renacer, porque si la imprenta había estado a punto de enterrarla, los nuevos medios de comunicación –radio, televisión, tocadiscos, micros, altavoces, etcétera– estaban llamados a resucitar esa forma de expresión que tan antigua parecía en cierto momento, y que tan actual y llena de porvenir ha llegado a ser en nuestro tiempo. [...]». (Gabriel Celaya. Prólogo del Vol 2 de “Veinte años de canción en España (1963-1983)”, de Fernando Gonzalez Lucini, 1985).

(Fotografía de Inés Poveda).

JESÚS LÓPEZ PACHECO

«Ha sido detenida la poesía. Sus jueces la han condenado a imprenta perpetua. Tal habría podido ser la noticia difundida por los últimos trovadores al ver los primeros libros de versos. Allí estaba la poesía encerrada, atada, descolorida y muda, tras los barrotes de las líneas; desde entonces, tendría que esperar al lector, en lugar de ir de boca en boca buscando al pueblo, de quien nacía por manantiales llamados poetas. Los trovadores, entonces, arrojaron sus vihuelas.

Pero esta cárcel de la imprenta podía tener ventanas casi infinitas –los libros– por los que la poesía se asomaría a la calle, a la gente. Pronto, sin embargo, sus enemigos lograron controlar su número y tamaño, de modo que, ni aún pálida y muda, ni aún seca y retorcida de sufrir, podo llegar sino a muy pocos lectores. Y así la vemos hoy, asomada tímidamente a esos escasos y pobres ventanales de las ediciones de poesía, viendo al pueblo alejado y alejada ella del pueblo.

Hoy los cantantes han recogido la vihuela de los trovadores y han venido a liberar la poesía. A fuerza de música y de voces –jóvenes y hermosas–, sacan a los poetas a la calle, y los sacan más vivos, como resucitados –algunos– por la guitarra». (Texto que acompañaba la edición del primer disco grabado por Hilario Camacho en 1968).

(Fotografía de Inés Poveda).

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

«Cuando se derrumba la civilización griega y romana, en Europa comenzó un largo período de retroceso cultural. Desaparecieron los grandes poetas, desaparecieron los grandes teatros en donde se escenificaba para un gran público. La cultura se encerró en algunos conventos y estaba al alcance de sólo una minoría.

Fue en la Provenza, en el siglo XXII, en donde aparecieron los primeros trovadores [...]; eran gente muy culta, alegre y satírica que se expresaba en el idioma del ciudadano común. Componían la letra y la música de sus canciones, y este era su oficio. Sus obras eran interpretadas por los juglares, origen de los canta-autores de hoy, que además de saber cantar, componían también la letra y la música, como hacen los canta-autores de hoy.

El éxito de los trovadores y juglares y su enorme influencia sobre las gentes asustó muchas veces a los detentadores del poder: el IV Concilio de Letrán prohibió a clérigos y monjas tener trato con trovadores y juglares, a los que definió como gente disoluta y libertina. Pero también dentro del propio poder eclesiástico hubo gente que no pensaba lo mismo. Francisco de Asís y sus discípulos rompieron esta prohibición al llamarse ellos mismos “juglares del Señor”.

Los trovadores, juglares y canta-autores de hoy día han mantenido y enriquecido este oficio, pero también, como antes, han sido mal vistos en muchos países, han sido prohibidos, marginados y hasta encarcelados. Pero ahí están, trovadores y juglares de hoy, como antiguos y gastados luchadores en favor de la alegría y de la libertad». (Texto tomado de libro “La cançó d’avui i de sempre. Paco Ibáñez. Xavier Ribalta". Ayuntamiento de Barcelona, 1996).

(Una vez más aplaudo el trabajo fotográfico 
de INÉS POVEDA y agradezco su generosa colaboración).

martes, 21 de mayo de 2013

SILVIA GALLEGO NOS PROPONE: «ESPÍA MI BOLSO»... ¡NO DEJEN DE HACERLO, ESTÁ LLENO DE HERMOSOS LATIDOS!

Silvia Gallego.

Conocí a SILVIA GALLEGO en uno de los encuentros que organizan Rafa Mora y Moncho Otero –una vez al mes– dentro del ciclo "VERSOS SOBRE EL PENTAGRAMA"; fue concretamente en el mes de marzo pasado

En aquella ocasión, Rafa y Moncho nos presentaron a Silvia –poeta cacereña, que en la actualidad residente en Granada–; cantaron algunos de sus poemas que habían musicalizado recientemente; y ella misma nos recitó otros de los que muy pronto íbamos a poder disfrutar en su primer poemario, que estaba a punto de publicarse.

Recuerdo que los poemas de Silvia me encantaron sobre todo por la forma tan aparentemente simple en que era capaz de darle una redimensión poética, y extraordinariamente apasionada y bella, a la cotidianidad. Una poesía «guapa, provocativa, joven y descarada» –ya lo veréis enseguida, son palabras que son lo que son, y que dicen lo que dicen, pero que no me pertenecen; se las he copiado a otro amigo poeta–.

Para Silvia, desde las nuevas tecnologías y su "jerga"; a la más pura gramática tradicional –con sus verbos, sus adjetivos, e incluso el soporífico e insufrible análisis sintáctico; ¡cuánto lo odiaba!–; pasando por los objetos más simples del entorno –un lápiz de ojos, un espejo, el reloj, la cortina, el perchero, un "post-it" o el fondo del extractor–; son fuentes de referencia y de inspiración –¡hermosa inspiración!– para el desahogo, la comunicación y el contagio de mundos y de realidades tan fascinantes como la pasión, la ternura, el erotismo, y, a fin de cuentas, el amor; ya lo dijo Silvio: «Sólo el amor engendra la maravilla».

A la salida de aquel primer encuentro poético con Silvia Gallego, me quedaron en la mente y en el recuerdo muchos –prácticamente todos– los poemas que leyó; y me pasó como aquello que también poetizó mi amigo Gabrier Celaya cuando decía:

«Recordar mal
que es como se recuerdan los poemas de verdad,
confundir y cambiar
es participar y re-crear
y vivir como propia la obra que el poeta
creía que era suya pero sacó a la calle
tan guapa, tan provocativa, tan joven y descarada
que todos la redecían
y contaban a su modo cómo era
una noche con ella».
("La poesía se besa con todos")

Pues sí, los poemas de esta poeta "cacereño-granaina" me los he venido "re-diciendo" y "re-creando" en el recuerdo y en el pensamiento –con cierta frecuencia– desde aquel día del marzo pasado en que los escuché por primera vez –y es que me gustaron mucho–... Y así he ido tirando con ellos, hasta que hace unos días Silvia me mandó su poemario anunciado y prologado por el grandísimo Luis Alberto de Cuenca.


Poco puedo decir yo de este poemario después de lo escrito, sobre él, por Luis Alberto: «"Espía mi bolso" es una auténtica delicia. Parecía que la poesía amorosa había dado todo lo que tenía dentro, que constituía una proeza inasequible escribir algo sobre el amor que no se hubiera escrito de antemano, y hete aquí que tú –se refiere a Silvia– contradices ese parecer desde la frescura, la pícara ingenuidad, la docta sencillez de tus poemas».

Y como poco puedo decir, tan claro y tan cierto, lo que voy a hacer es, sencillamente, responder a la provocación que la propia Silvia me formula en parte de la dedicatoria que me ha escrito en la tercera página de su libro. Me dice «"Espía mi bolso"... Ojalá entre tantos pliegues descubras algún tesoro y te lleve a la sonrisa».

Y lo he espiado, ¡claro que sí!... y en el poemario de Silvia Gallego he encontrado muchos tesoros: sonrisas y "risas bajo el ombligo", por supuesto...; pero también alegrías sanas y esperanzas reales...;  ternuras, caricias y pasiones...; sueños posibles y hermosas desmitificaciones...; "emociones recargables", placeres y silencios...; texturas corporales, miradas, ilusiones y conjuros...; "besos de almohadilla"...; "sobres de poesía que suena y sana"...; "sorpresas parlanchinas"; y amores, ¡muchos amores!... «Sólo el amor engendra la maravilla».

Y yo me pregunto: ¿y cómo puede caber tanto en un solo bolso?... Lo he pensado mucho, le he dado muchas vuelta y al final creo que he encontrado la respuesta: Espiando el bolso de SILVIA GALLEGO he descubierto que está lleno de cientos de pequeños latidos y sensibilidades...; que es, lo que podría llamarse, "un bolso a corazón abierto"... ¡Qué bello corazón!... ¡Cuando quieran comprobar lo que digo y lo que siento. no tienen mas que hacerse con él y escudriñarlo!... ¡Háganlo y ya verán que merece la pena!

Y si viven en Madrid, o alrededores, mañana mismo podrán comprobarlo en vivo y en directo. El poemario "ESPÍA MI BOLSO" de Silvia Gallego se presentará a las 20:00 horas en el Café Comercial.

lunes, 18 de marzo de 2013

MONCHO OTERO, RAFA MORA Y «LA POESÍA DESPREJUICIADA» I - PARECE UN CUENTO, PERO ¡NO!, ES UNA REALIDAD.

Ayer domingo, por la tarde, asistí a uno de los conciertos ofrecidos por MONCHO OTERO y RAFA MORA dentro del Ciclo «VERSOS SOBRE EL PENTAGRAMA» que suelen celebrar un domingo al mes en la Sala Libertad 8, de Madrid.

Para empezar, quiero subrayar y llamar la atención sobre el nombre de ese ciclo: "Versos sobre el pentagrama"; es curioso, hace unos años, el gran pintor Josep Guinovart también se sintió atraído por esa forma de nombrar a la "poesías cantada" y creó este dibujo:


Cuando vi este dibujo –fue en casa de Paco Ibáñez–, me pareció tan genial, y tan expresivo, que decidí –con permiso de Josep y de Paco– utilizarlo como ilustración de cubierta de mis libros «...Y la palabra se hizo música», y así lo hice.

Pués sí, ayer estuve en el concierto de Moncho y de Rafa –que empezó a las 7:30 de la tarde–. No os podéis hacer ni idea de cómo disfruté; fue uno de esos conciertos que se te hacen tan cortos, que cuando te anuncian que ha terminado es cuando te acuerdas de mirar el reloj y piensas: «¡Pero si ya son las 9 pasadas...; y yo sin enterarme!».


Moncho Otero y Rafa Mora.

El concierto me pareció tan genial y tan interesante que voy a dedicarle dos "cuelgues"; estoy completamente seguro de que si le dedicara solamente uno, o se haría demasiado largo, o me dejaría totalmente insatisfecho...; y ¡no!... ¡ya no está uno para insatisfacciones!

El "cuelgue" de hoy, dedicado a Rafa Mora y a Moncho Otero va a ser como un "cuento", o mejor, lo voy a redactar como si fuera un "cuento", aunque en realidad -¡de cuento nada!– trata de una grandísima y lamentable realidad relacionada con nuestra literatura y, en concreto, con nuestra poesía.

Empiezo pues el cuento que de cuento no tiene nada:

«Érase una vez –antes de que aparecieran los libros– en la que ya existían los poetas, y en la que la poesía era "declamada" y cantada por juglares y trovadores acompañados de sus vihuelas:..; fueron tiempos en los que la poesía se escuchaba y se disfrutada en la calle, en las plazas o en las corralas...; y en los que "eso" a lo que suele llamarse "el pueblo", o sea, la gente sencilla –y con "alma"– apreciaba a sus poetas.


De repente, un buen día, apareció un orfebre alemán llamado Johannes Gutenberg –que, por cierto, debió ser un tipo genial– y se inventó la "imprenta"; y con la imprenta, aparecieron los libros –inicialmente engendrados en los "conventos"–; y con los libros "los almacenes de palabras engarzadas y alineadas" –estuvieran rimadas, o no–; e, imprevisiblemente, ocurrió algo triste y lamentable. Nos lo narra precisamente un poeta llamado Jesús Lopez Pacheco:

"Ha sido detenida la poesía. Sus jueces la han condenado a imprenta perpetua. Tal habría podido ser la noticia difundida por los últimos trovadores al ver los primeros libros de versos. Allí estaba la poesía encerrada, atada, descolorida y muda, tras los barrotes de las líneas; desde entonces, tendría que esperar al lector, en lugar de ir de boca en boca buscando al pueblo, de quien nacía por manantiales llamados poetas. Los trovadores, entonces, arrojaron sus vihuelas.



Pero esta cárcel de la imprenta podía tener ventanas casi infinitas –los libros– por los que la poesía se asomaría a la calle, a la gente. Pronto, sin embargo, sus enemigos lograron controlar su número y tamaño, de modo que, ni aún pálida y muda, ni aún seca y retorcida de sufrir, pudo llegar sino a muy pocos lectores. Y así la vemos hoy, asomada tímidamente a esos escasos y pobres ventanales de las ediciones de poesía, viendo al pueblo alejado y alejada ella del pueblo".

Aquello fue tremendo, y sus consecuencias parecían prácticamente irreparables...; tanto que la poeta Gloria Fuertes lo dejó claramente dicho y denunciado en uno de sus poemas al que –no por casualidad– han puesto música e interpretan Moncho Otero y Rafa Mora:

Gloria Fuertes.
«Los hombres no supieron
que hubo hombres que escribieron para ellos.
—Y esto es feo—.
Ni siquiera el Alcalde de Berceo 
ha leído de Berceo.
No engañaros.
Ningún pobre de América del Norte, 
ningún minero
ha leído a Walt Whitman. 
Ningún compañero, 
ningún campesino 
ningún obrero, 
ha leído a Blas de Otero. 
¡Neruda! Los esclavos de Chile 
no se saben tus versos. 
Y los inditos peruanos hambrientos, 
no saben quién fue Cesar Vallejo».
("Los hombres no supieron". Gloria Fuertes).

Ante esta lamentable situación, ¡algo había que hacer!... Y, ya en los años sesenta, hubo, varios poetas que lo tuvieron claro; entre ellos, Celaya, Otero y Federico: "¡A la calle; la poesía hay que echarla a la calle!... –escribieron y gritaron–. Hay que hacérsela llegar a la inmensa mayoría".

Federico, que tenía ese aire tan entrañablemente popular –"granaino pa'mas señas"–, lo expresó de una forma muy clara y muy hermosa: «La poesía nos puede esperar sentada  en el quicio de la puerta, en las madrugadas frías, cuando se vuelve con los pies cansados y el cuello del abrigo subido. Puede  estar esperándonos en el agua  de una  fuente, subida en la  flor de un olivo, puesta a secar  en la  tela  blanca de una azotea».

Y fue entonces cuando Paco Ibáñez, en París –con su amiga Mara–, y después todos los que les siguieron, tomaron sus guitarras y liberaron a la poesía de su "encarcelamiento"... A fuerza de música y de voces sacaron a los poetas a la calle; y los sacaron más vivos que nunca, como resucitados por el canto y las guitarras... Y fue así como volvió a renacer la "poesía cantada"; canción hermanada, yo diría que "consustancializada" –¡menuda palabreja!, ¡no sé si existe!– con el género de la llamada "canción de autor"».

Paco Ibáñez.

Y colorín, colorado, el cuento no se ha acabado, ni se acabará nunca, porque surgen, y estoy convencido de que seguirán surgiendo siempre, músicos y cantores como RAFA MORA y MONCHO OTERO –de hecho, hoy por hoy, hay algunos "cantautores" más, que comparten su mismo reto– que musicalizarán poemas y los cantarán como en este vídeo, en el que Rafa y Moncho interpretan al poeta Manuel López Azorín:


Y mañana sigo pues, como me temía, me falta contaros lo que pasó realmente ayer tarde con Rafa, con Moncho y con Silvia Gallego en Libertad 8 dentro del ciclo «VERSOS SOBRE EL PENTAGRAMA»... ¡Mañana os lo cuento!

martes, 26 de febrero de 2013

"ESTHER ZECCO". RELATO Y SECUENCIA DE UNA SEDUCCIÓN.

Hoy voy a dedicar este "cuelgue" a una joven cantautora que me tiene totalmente seducido, se llama ESTHER ZECCO. Nació en Segovia –y reside en Madrid–; lleva más de diez años en esto de la composición y la interpretación, pero he de confesar que la he descubierto muy recientemente –cosa que lamento porque es mucho y muy bueno lo que me he perdido–; ese descubrimiento feliz tuvo lugar en el concierto que nos ofreció el pasado domingo día 17 de febrero en la sala del National Geografic, de Madrid.

Esther Zecco.

Efectivamente, nunca había escuchado cantar en directo a Esther Zecco, y la verdad es que cuando el pasado día 17 empezó a hacerlo me quedé sorprendido.

Esther con una tremenda sencillez y simplicidad navegó por sentimientos, sensaciones, percepciones, latidos..., y consiguió con palabras y acordes –como si fueran pinceladas suaves– dibujar en el aire esa especie de complicidad misteriosa, que con frecuencia se establece, entre la realidad que está fuera de nosotros –a veces oculta, "detrás de una pared"–, y esa otra realidad que nos habita en el umbral de nuestros silencios.

En un momento del concierto, ya con el proceso de seducción irremediablemente asumido, me vinieron a la memoria unos versos de mi buen Gabriel Celaya, en los que habla de la canción. Dice Gabriel:


«Cantar es más que hablar. 
Cantar es alabar y abrir con un ¡oh¡ el mundo. 
Cantar es admirar ; no explicar, no decir. 
Cantar es saludar lo que no es explicable. 
mostrar la maravilla de la realidad [...]
Cantar es percibir y quedar fulmidado, 
y dar con las palabras que, al decir, son lo que es 
sin charlatanerías, ni adornos de oropel.
Cantar es descubir el misterio del hecho 
que aunque está ante nosotros no sabemos ver».
(GABRIEL CELAYA)

«Mira los semáforos que cambian de colores –canta Esther: percibe, descubre y muestra–; un muñeco parpadea / y la gente se acelera y todos corren... / Mira, se están cayendo las hojas de aquel árbol / están muertas aunque parece bailando / pero puede recogerlas del camino hacia el trabajo... Pero puedes recogerlas» ("Mira").

Esta aproximación a la realidad –o a lo que Celaya llama al "misterio del hecho"– en las canciones de Esther Zecco adquiere tres dimensiones precisas y mágicas –"sin charlatanería ni adornos de oropel"–..., a saber: "sencillez", "intimismo" y "cotidianidad"; tres formas de contemplar y de contar la realidad –la de dentro y la de fuera– que se traducen en palabras "reinnovadas" de sentido, en bocanadas de vida y en destellos de sensibilidad... ¡Fíjense ustedes en el siguiente texto!:


«Ya no sé de dónde soy,
ya no extraño mi colchón,
ya no sé si voy o vuelvo.
Descuelgo el teléfono
me habla un teleoperador:
“Por su seguridad esta conversación quedará grabada”
¿Dónde está mi libertad?
¿Dónde está?
Que con máquinas nunca he sabido hablar

Son días caninos, de choque de trenes
Buscando disparos de muchos colores que limpien mis sienes
Son días de lluvia, de luces de freno
Botellas que calman, pronóstico de asma en un cenicero…

Ya no sé de dónde soy,
ya no extraño mi colchón,
ya no sé si estoy de paso o no
Piso el acelerador,
palabras en un panel
“Advertencia, radar en la zona, modere su velocidad”
¿Dónde está mi soledad?
¿Dónde está?
Que con cámaras grabando no sé andar».
("Disparos de colores").

El concierto proseguía, y con él, el "increscendo" de la seducción, sobre todo cuando Esther decidió adentrarse en el terreno del amor –donde la seducción y la irracionalidad se hacen inseparables–. Y le cantó al amor sin renunciar, para nada, a su "sencillez", a su "intimismo" y a su "cotidianidad"... ¡Muy bellas canciones de amor "sin charlatanería ni adornos de oropel"!... ¡Como debe ser!...

«A veces quiero que te enfades conmigo,
lo sé, no tiene ningún sentido.
Una y mil veces yo sigo poniéndote a prueba;
pienso: A ver hasta donde llega.
A veces quiero que te vayas de aquí,
no creas que lo digo por decir,
una y mil veces yo sigo obligándote a hacer las maletas,
pienso: A ver hasta cuando se queda».
("Quiero que te enfades conmigo")


«Todos tan mayores y al final
resulta que somos tan niños.
Por qué de repente me cuesta
no hacer en el aire castillos. [...]

Qué me pasa que ando como los niños,
que ando por los bordillos,
que pierdo el equilibrio,
que todo me sabe a azúcar y miel,
que sólo hago aviones de papel. [...]

Ya sabes que me iría corriendo
detrás del autobús que te lleva a tu casa.
Y sé que los niños nunca tienen prisa
y será por eso que no llegan tarde.
Dibujo en el suelo tu nombre con tizas,
pero los columpios del parque ya no son como antes.

Qué me pasa que ando como los niños,
que ando por los bordillos,
que pierdo el equilibrio,
que al sentarme no me cuelgan los pies,
sigo haciendo aviones de papel
("Aviones de papel").

Y al final –cuando el concierto "cantaba a su fin", y la seducción "alea jacta es"Esther Zecco me anticipó mi salida –ahora un poco más consciente y esperanzada– a una impersonal Gran Vía, de un Madrid sin mar, que me lleva a casa:


«Cuando salgo de casa  
me cruzo con un perro. 
No sé cómo se llama,
no sé si tiene dueño.
También veo a unos niños 
que llegan al colegio, 
no pueden con los libros,
tienen cara de sueño.
Algún desconocido 
me deja conectarme 
a su red de alto alcance
y ya soy navegante.

El hombre del kiosco
no tiene buena cara, 
se lo noto en los ojos,
a saber qué le pasa…
Y ahí está la señora,
esa que come sola, 
con mirada perdida 
ya vuelve a la oficina.
Algún desconocido 
me deja conectarme 
a su red de alto alcance 
y ya soy navegante.

Me asomo a la ventana, 
pero no veo nada, 
tan sólo un patio viejo 
y el mar está tan lejos…
El mar está tan lejos…
Algún desconocido 
me deja conectarme 
a su red y en mi casa 
sin mar soy navegante»
("Desconocidos")

En fin, el caso es que Esther, la otra noche, en su concierto, me permitió conectarme a su red de canciones –o sea, de sensibilidades– y, sin tener cerca el mar, me hizo sentirme navegante por ese mundo tan suyo, y tan fascinante, de "sencillez", de "intimismo" y de "cotidianidad"; y quedé "fulminado" –como dice Celaya–, y además, de la forma que a mi verdaderamente me gusta: "sin charlatanerías, ni adornos de oropel".

Desde aquel día, me persigue una de las maquetas de Esther con once canciones..., y la seducción es ya definitivamente irreversible.