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domingo, 24 de mayo de 2020

TESTIMONIOS MUSICALES; AUTE (22)


El gobierno Suárez legaliza los partidos políticos –entre ellos el PCE–, se reconoce el derecho a la huelga. se promulga un segundo decreto de amnistía, entran en funcionamiento las centrales sindicales y se celebran elecciones legislativas, acontecimiento político que no se había producido en España desde 1936. En el mes de octubre la Academia Sueca concede el premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre.

A nivel político se está produciendo el salto de la cruel dictadura a la esperanza naciente de una democracia que empieza a desesperezarse. En Aute este acontecer parece como si le desbordara –momentánea e impulsivamente– de entusiasmo, solo así se explica el nacimiento de su canción "A por el mar".

«El mar, que fue una palabra
vacía y sin horizonte,
hoy es un niño que canta
sobre cuarenta prisiones,
un niño que se despierta
como una ola gigante,
lleva en un puño una perla
y un coral rojo en la sangre.

A por el mar,
a por el mar que ya se adivina,
a por el mar,
a por el mar, promesa y semilla
de libertad,
a por el mar, a por el mar...

El mar nos está esperando
a poco tiempo del sueño,
sólo es cuestión de unos pasos,
esos que reprime el miedo,
vayamos, pues, a abrazarlo
como un amante que vuelve
de un tiempo que nos robaron,
ese que nos pertenece.» (48)

Sin embargo Luis Eduardo "solitario solidario" –como le llamaría el poeta Antonio Martínez Sarrión– no es hombre de fácil conformismo, su visión de la vida y de la realidad siempre ha ido más allá de lo puramente circunstancial y anecdótico, de ahí precisamente la perdurabilidad de su obra.


Frente al proceso de la transición democrática, tan lleno de promesas vociferantes, lo que a él le va a importar, sobre todo, es la vida como realidad colectiva y explicitada, una vez más, en el sentido de su propia existencia. «El problema no es cómo vamos a andar por la vida –me cuenta Eduardo–, sino qué es la vida, quiénes somos. A mí lo que me interesa es primero ver quiénes somos, de qué va esto de vivir, de qué se trata, y después, si lo sabemos, intentarlo».

«Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar,
ayer de nada nos sirve,
las cicatrices no ayudan a andar.

Sólo morir permanece
como la más inmutable razón,
vivir es un accidente,
un ejercicio de gozo y dolor.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso...

Quien pone reglas al juego
se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.

La ciencia es una estrategia,
es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia,
pues el misterio se oculta detrás.

Hay demasiados profetas,
profesionales de la libertad,
que hacen del aire, bandera,
pretexto inútil para respirar.

En una noche infinita
que va meciendo a este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto, un punto de luz.» (49)

Un buen día, el hijo mayor de Aute, escribe: «Las alas del agua vuelan por los ríos de ALBANIA». Albania es la utopía naciente en una nueva generación. Luis Eduardo Aute ante aquella expresión se siente conmovido, es lamentable no poderle ofrecer al hijo, al que se ama, aquello que está naciendo en lo más profundo de sus sueños.


«Yo se que allí,
allí donde tu dices,
vuelan las alas del agua
como palomas de escarcha
y el mar no es azul
sino vuelo de tu imaginación
en Albanta.

Que aquí, ya tú lo ves,
es Albanta al revés...

Yo se que allí
allí donde tu dices,
no existen hombres que mandan
porque no existen fantasmas
y amar es la flor
más perfecta que crece en tu jardín
en Albanta.

Que aquí, ya tú lo ves,
es Albanta al revés...» (50)

La utopía de Albania "donde amar es la flor más perfecta que crece en el jardín de la vida", se debate ahora en un enfrentamiento con la realidad cotidiana percibida por el poeta, realidad que es aún "Albania al revés"... Fue largo el tiempo de la espera, ahora era urgente romper con las prudencias, con las insatisfacciones y con la muerte del pasado, era urgente el estallido de la vida, el estallido del sentimiento..., era urgente no concederle más tiempo al tiempo.

Tal vez fue aquella experiencia la que le hizo retomar a Aute una vez más, a su ya antigua experiencia de la muerte como una realidad acechan y asesina de cualquier tipo de unopías.

«No sé qué coño me pasa hoy
que no consigo saber quién soy
ni cómo vine ni dónde estoy, estoy, estoy.

No encuentro el aire para el pulmón,
tampoco escucho mi corazón,
reposo sobre un duro colchón, colchón, colchón.

Me abraza una oscuridad total,
algo en la boca me sabe mal,
siento en el cuerpo un frío glacial, glacial, glacial.

Algo impide que me mueva,
un vacío sepulcral,
mi cuerpo con vida
descansa en paz, descansa en paz...

Tengo dos manos y una nariz,
junto a la ceja una cicatriz,
al despertar me siento feliz, feliz, feliz.

De pronto toda la habitación
en un instante se hace prisión,
urgentemente salgo al balcón, balcón, balcón.

La calle abajo es un gran ciempiés
que me convida a andar al revés
y yo no logro encontrar los pies, los pies, los pies.» (51)

Pero Eduardo no "descansa en paz", su cuerpo en el universo de sus contradicciones, ahora más que nunca, expresa sus deseos de vivir..., estamos asistiendo al alumbramiento de su segunda trilogía discográfica "Canciones de amor y vida".

Durante este año Aute también compone las bandas sonoras de varias películas y obras de teatro dirigidas por Enrique Brasó, Angelino Fons, Fernando Arrabal, Fernando Fernán Gómez o José María Gutierrez.

(48) "A por el mar" (Albanta, 1978).
(49) "De paso" (Albanta, 1978).
(50) "Albanta" (Albanta, 1978).
(51) "No sé que coño me pasa hoy" (Albanta, 1978).