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miércoles, 27 de marzo de 2013

ENRIQUE AMIGÓ ("ESFUMATO"): «LOS SECRETOS DE UN DESLUMBRAMIENTO»

Anoche estuve en el concierto que nos ofreció ENRIQUE AMIGÓ ("ESFUMATO") tocando y cantando en solitario en la Sala Libertad 8, de Madrid; experiencia que, como comentaba hace unos días en este mismo blog, tenía muchísimas ganas de disfrutar.

Pues sí, allí estuve... Hoy, en principio, tenía pensado no escribir nada, o casi nada, para que fuera la imagen la principal protagonista, es decir, para hacer simplemente un reportaje fotográfico del concierto... (Cuando me planteo ese objetivo, mi cámara suele ser extremadamente generosa conmigo).

Enrique Amigó.

Pero el caso es que no no va a ser así, tengo la necesidad de contaros algo:

Nada más acabar el concierto, antes de los "bises", me fui pa'mi casa –tengo una cita diaria, todas las noches, con mi "prima insulina" a la que no puedo fallarle–. 

El regreso a casa, desde hace unos meses, lo hago siempre en "metro" –más de un taxista tiene que estar echándome en falta–, y la verdad es que me encanta, entre otros motivos porque normalmente viaja muy poca gente y muy interesante. Por otra parte, como el trayecto es un poco largo puedo darle mucho juego a mi imaginación.

Bueno, pues anoche, ya sentado en el vagón del metro y pensando en el concierto de Enrique me vino a la memoria una situación y una historia que aparentemente no tienen nada que ver con él, pero que en realidad sí que están relacionadas. Os cuento: 

En el año 1981, recién devuelto a España el "Guernica" de Picasso, fui a visitarlo al Casón del Buen Retiro, que es donde lo expusieron inicialmente. Recuerdo la impresión que me ocasionó ver por primera vez aquella mítica obra de arte; ¡fue una visión deslumbrante!... Estuve sin poderme mover de la sala más de hora y media –no exagero–. Aquel día me quedé "enamorao" del gran pintor malagueño.

A partir de aquel día sentí una imparable obsesión por conocer la obra de Picasso anterior al "Guernica"; necesitaba y quería escudriñar en los orígenes y en las raíces de aquel hombre que había sido capaz de crear una obra tan genial; necesitaba descubrir los verdaderos mecanismos sensoriales y artísticos que me habían producido aquel deslumbamiento. 

Me pasé varios meses investigando, buscando, observando...: sus primeras pinturas, su periodo azul y rosa, las influencias africanas... y, sobre todo, sus dibujos de 1933... Y así, poco a poco, llegué a una conclusión, que me ha sido muy útil toda la vida: Aquel "deslumbramiento" ante el "Guernica", no era casual, tenía su origen en cientos, en miles de pinceladas y de trazos que, poco a poco, fueron haciendo de Pablo Picasso el gran genio que en el terreno artístico lo hizo todo, como le vino en gana y, por lo general, bien hecho.

Enrique Amigó.

Ustedes me preguntarán, ¿y que tiene esto que ver con Enrique Amigó y con "Esfumato"?, ¿a cuento de qué me vino anoche ese recuerdo que os acabo de narrar?... Pues veréis, la cosa –por supuesto marcando las diferencias– es bien sencilla. Cuando hace unos días escuché el último disco de "Esfumato": "La vida es de limón", y me dediqué a ver algunos de sus vídeos, me quedé también "deslumbrado" –aunque fue una forma distinta de "deslumbramiento"–; y a partir de ahí me ocurrió algo parecido a lo que me aconteció con Picasso; empecé a escudriñar en los orígenes y en las raíces de Enrique: busqué, a través de internet, sus primeras canciones, reescuché los discos de "La Casa del Conde" –que ya los tenía prácticamente arrinconados– y pensé que su concierto de "Martes Santo" en Libertad 8 me iba a resultar indispensable, y así ha sido; creo que al final sé cual es el secreto de la genialidad de este canario de Santa Cruz: años de trabajo, ilusión, imaginación, creo que mucho optimismo, sensibilidad, parece que muy buena gente, y buena "letra", y buena música..., ¡muy buena música!

Y dicho todo lo anterior, vamos al reportaje fotográfico del concierto de anoche; reportaje en el que se evidencian muchos de los secretos del "deslumbramiento" que Enrique es capaz de provocar; tal vez sea un poco largo, pero que le vamos a hacer; lo bueno que tiene este blog es que yo me lo monto cada día como me apetece y como me lo pide el cuerpo –es un margen de libertad que nadie puede arrebatarme–. 

Utensilios de trabajo y magias instrumentales
utilizadas por ENRIQUE AMIGÓ :







Empieza el concierto y el creador de paisajes electrónicos,
a "guitarra limpia", o sea, sin cables, empieza a cantar... 
¡Cuánta música lleva en su cuerpo Enrique Amigó




Ahí está el mago: un "pianito" de dieciocho teclas, su voz
y nada más...; ¡a mí, por lo menos, me dejó "tocao"!...
... y había que verle la cara: Enrique tiene una sonrisa
y una mirada que resultan verdaderos y eficaces antídotos
contra la depresión y la tristeza.



¡¡¡GUITARRASSSSSSS!!!




MANU CLAVIJO pasaba por allí, y como es un "tipo" magnífico
que ama la música y que, entre otras virtudes, brilla por sus gestos de amistad
y de solidaridad, pues cogió el violín y fue emocionante:
AMIGÓ + CLAVIJO = BELLEZA Y SENSIBILIDAD GARANTIZADAS



Entra en escena el maestro ANDRÉS SUDÓN... 
Escucharlos cantar juntos es un auténtico placer...;
y Andrés –no lo puede evitar– se lanza al "pequeño-teclado".



... Y la "magia" y la imaginación, finalmente, se desbordan...; 
es evidente que en Enrique hay un maestro ¡alucinante!, tanto que,
por supuesto, quiero contar con él en los cursos,
para profesores y profesoras, que estoy preparando.





Una última cosa importante, también intervino en el concierto DRIKA (Adriana Castizo), que interpretó una de sus canciones acompañándose al piano; no la había escuchado antes y conocer su trabajo se ha convertido para mí en una tarea pendiente y prioritaria –además, para colmo de desastres, no pude hacerle ninguna fotografía–. Bueno y también me falta por nombrar, porque desconozco su nombre, a la chica que se encargó de que la marioneta también cantara "como quien respira".... ¡Ah! y a Dani López que fue el que me dio el disco de "Esfumato" diciéndome: "¡Ya verás!"... Y ¡sí! ya he visto... «He visto y he creído», como diría León Felipe.