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domingo, 15 de mayo de 2016

DISCOS RESCATADOS: «MÚSICA DISPERSA» (SISA, SELENE, CACHAS Y BATISTE)

Hay discos que permanecen en la memoria y, de alguna manera, en el "universo musical" de un tiempo pasado; y que, un "buen día", te los reencuentras, los rescatas del silencio, vuelves a escucharlos y te devuelven momentos hermosos y muy bellos de tu vida... Son "discos recuperados"  –tan significativos en un momento dado– que, de repente, te entran unas tremendas ganas de darlos a conocer y de recomendarlos.

Uno de esos discos con el que me reencontré anoche, inesperadamente, fue el LP –único– que grabaron, en 1970, el grupo MÚSICA DISPERSA, compuesto por Jaume Sisa, Albert Bstiste, José Manuel Brano "Cachas" y Selene.


José Manuel  Brano "Cachas", tras su experiencia madrileña –a finales de los sesenta– como uno de los fundadores y miembro del colectivo "Canción del Pueblo" –junto con Hilario Camacho o Elisa Serna, por ejemplo–, decidió marcharse a vivir en Barcelona.

Nada más llegar a Barcelona entró e  contacto con el mundo de la música y conoció a tres grandes creadores: Albert Batiste, Jaume Sisa y Selene –que había estudiado piano y flauta, y que poseía una voz absolutamente maravillosa–; de ese encuentro nació el grupo MÚSICA DISPERSA; sin duda, uno de los grupos más vanguardistas y una de las bandas referenciales de la música progresiva catalana de la época.

«Nos vimos, conectamos y empezamos a tocar juntos sin saber por qué, ni cómo –comenta Sisa–. Teníamos muchas ideas, casi reventábamos, y las liberamos juntos.»

«Cada uno mostraba sus retazos de composiciones –añade Albert Batista– , y, sobre eso, los demás hacíamos nuestras aportaciones. Vivíamos a nuestro aire. Y la música seguía a la vida.»

En 1970 grabaron su primer y único LP que llevaba el mismo nombre del grupo: con  Jaume Sisa (guitarra, percusión, voz), José Mª Brabo, «Cachas» (mandolina, guitarra, flauta, voz), Albert Batiste (bajo, armónica, órgano, batería, voz) y Selene (piano, bongos, flauta, voz).

Un precisos disco, ilustrado por la propia Selene, del que no llegaron a venderse en aquel momento más de cuatrocientos ejemplares, pero que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los discos míticos de la música catalana de la época. Esta es su cubierta:


1. Diálogo - 2. Hanillo -  3. Cromo - 4. Swani - 5. Gilda        
6. Rabel - 7. Eco - 8. Cefalea - 9. Arcano - 10. Fluido - 11. Cítara

Grabado aquel disco, Cachas tuvo que dejar el grupo para hacer la "el servicio  militar obligaorio" y la banda, haciendo honor a su nombre, se dispersó.

Para los amigos y amigas que os apetezca y tengáis curiosidad de conocer este disco os adjunto, a continuación, un video en el que puede escucharse completo. A mí, personalmente, es un disco que me sigue "enganchando".


sábado, 7 de mayo de 2016

CARLOS MONTERO I - Un entrañable porteño de Mataderos.

En la historia de nuestra música y de nuestra canción popular hay presencias muy importantes que considero debemos reivindicar clara y apasionadamente; una de esas presencias ha sido, y sigue siendo, la del compositor e intérprete CARLOS MONTERO.

Carlos Montero.
Juan Carlos Zamboni, verdadero nombre de Carlos Montero, nació en Buenos Aires, en 1938.

Carlos, con su corazón “siempre mirando al Sur”, es un músico y un guitarrista excepcional que, además, canta; y lo hace con eso que en el lenguaje flamenco se llama “jondura”, es decir, con una voz que le sale de lo profundo y que suena a suspiro, a latido o a desgarro del alma.

En su infancia –y después en toda su trayectoria artística– desempeñó un papel fundamental el barrio concreto en que nació: fue en Mataderos, barrio que en el Buenos Aires de los años treinta era un lugar fronterizo entre la pampa y la gran ciudad.

A un lado de aquel barrio –y de la casa en que nació Carlos– se encontraba el mundo y la realidad rural, con sus paisajes, sus gentes sencillas, el verde, el ganado, el gaucho y su folclore –zambas, milongas y chacareras–; al otro lado, la ciudad, el suburbio, la sed de verde, la calle, el arrabal, el bullicio, la soledad, el tango; género musical de carácter urbano y popular que el gran Discépolo definió como «un pensamiento triste que se baila».

Zambas, milongas, chacareras... y tangos..., que Carlos fue integrando en su universo y en su sensibilidad musicales; experiencia reforzada, además, a través de su formación clásica, adquirida, inicialmente, en las clases particulares de guitarra que recibió en su casa, y, poco tiempo después, en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Bouchardo.

El hecho fue que Carlos a los cinco años ya tocaba la guitarra.

Su padre –también guitarrero, que formaba parte de un grupo musical llamado Alberto Coria y su Cuarteto– lo que más deseaba era que su hijo se dedicara exclusivamente a estudiar, pero, a pesar de sus deseos, no pudo evitar que Carlos, siendo aún muy niño, iniciara sus primeras actuaciones en público.

Una de aquellas actuaciones tuvo lugar el 5 de octubre de 1949, en un Gran Festival Artístico y Cinematográfico, organizado por la Asociación “11 de Setiembre”, en el Cine National Palace; festival en que se le anunciaba así:
«El niño Juan Carlos Zamboni. 
Canto, acompañado en guitarra».

“En casa había gran tradición –comentaba Carlos en el diario Madrid, el 6 de noviembre de 1971–. Era lógico que me entusiasmara con la música desde el principio. Pero fue un aprendizaje duro, porque había que vivir y ganar dinero. Así, toqué en salas de fiestas y cabarés, en salones folclóricos y boites, cuando era todavía un adolescente. Por supuesto, con el permiso de mi padre en el bolsillo, por si la policía me encontraba a altas horas de la noche en la calle... Después, ingresé en el Conservatorio de Música, donde aprendí las normas de lo clásico, que afortunadamente no destruyeron para nada mi entusiasmo ni mi afición por el folclore [...]. En el Conservatorio aprendí lo clásico; la calle me enseñó el folclore, lo que cantaba y sigue cantando la gente».

Hasta 1959, Carlos Montero –o, mejor, Juan Carlos Zamboni– participó en diversos grupos musicales y afianzó su carrera como solista ofreciendo recitales de canto y guitarra en los que interpretaba, sobre todo, temas folclóricos. Uno de aquellos recitales fue, por ejemplo, el que dio, en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1958, organizado por MEEBA, Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes.

Aquel recital, en el que Carlos interpretó obras populares de Ariel Ramírez, de Oscar Valles, de Eduardo Falú y de Jaime Dávalos, fue presentado en los siguientes términos:


«Nuestra música autóctona, expresión melancólica de ardiente sentir que anida en los sentimientos de los hombres de nuestra tierra, tiene un ferviente y expresivo cultor en el joven artista Juan Carlos Zamboni [...]. MEEBA, al brindarlo a la consideración del público amante de esas bellezas del espíritu, asegura a este joven ejecutante un lugar de privilegio entre los valores de ese género que encuentra hoy en Buenos Aires la cuna del nacimiento del Arte Folclórico”.


En 1959, con toda la experiencia artística acumulada, Carlos recibió la oferta de un conocido músico argentino, Hugo Díaz, para incorporarse a una compañía folclórica que estaba montando con la intención de emprender una gira por diferentes países europeos; entre ellos, Alemania, Bélgica y Holanda. Carlos aceptó la propuesta e ingresó en aquella compañía, que, con el nombre de "Hugo Díaz y sus Changos", integraban el propio Hugo, Victoria Díaz –su mujer–, Carlos, Alberto Cortez y un bailarín apellidado Ferreira.

Así fue como Juan Carlos Zamboni, ya con el nombre artístico de Carlos Montero –sugerido por el representante de Hugo Díaz–, viajó por primera vez a Europa para presentar un espectáculo al que llamaron Argentine National Tanz-Show.


Grupo Hugo Díaz y los Changos.
De pie, de izquierda a derecha: Carlos Montero y Hugo Díaz.
Sentados, de izquierda a derecha: Alberto Cortez, Victoria Díaz y Ferreira.

Finalizada aquella gira europea, Hugo Díaz y Victoria regresaron a Argentina, y Carlos Montero y Alberto Cortez decidieron quedarse en Europa.

Esta decisión la motivó el gran éxito que en aquel momento había logrado Alberto con la grabación, en Bruselas, de sus primeras canciones; entre ellas, El sucu-sucu y Las palmeras; grabación realizada en noviembre de 1960, en la que Carlos le acompañó a la guitarra. Aquella circunstancia le permitió a Alberto darse a conocer por toda Europa, y empezar a ofrecer numerosos recitales, en los que Carlos Montero solía acompañarle. En 1964, Alberto Cortez, tras contraer matrimonio con Renée Govaerts, fijó su residencia en España, y Carlos, siguiendo sus pasos, tomó la decisión de trasladarse a vivir a Madrid.

Durante varios años –en concreto, entre 1964 y 1971, y, posteriormente, siempre que se lo solicitaron–, Carlos, vinculado totalmente a la "canción de autor", llegó a convertirse en uno de los más importantes arreglistas de la época; por ejemplo, prestó su sensibilidad, su maestría y su sabiduría musical a artistas como Alberto Cortez, Luis Eduardo Aute, Mari Trini, Patxi Andión, Gontzal Mendibil, Jerónimo Granda, Adolfo Celdrán, Mestisay, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Carlos Cano y muchos más.

En 1971, tras todo ese recorrido musical, decidió grabar su primer disco, con el fin de reivindicar y actualizar el auténtico folclore de su país natal. Aquella fue una aventura apasionante, gracias, entre otras razones, a su encuentro con el poeta argentino José Alberto Santiago –ganador del premio de poesía Leopoldo Panero, y hoy lamentablemente fallecido–, que llegó a convertirse en su cómplice literario inseparable.


«Yo siempre tuve ganas de hacer un disco –le comentaba Carlos a Alberto Míguez, en la entrevista al diario Madrid antes citada– He trabajado en varias casas de discos y estoy muy relacionado con el ‘medio’. Pero necesitaba una persona que compartiera mis propias inquietudes. Yo soy un mal letrista; no soy escritor, soy músico. Hasta que un día conocí por casualidad al poeta José Alberto Santiago, que compartía mis propias inquietudes pero desde otra perspectiva: la de la literatura. Él buscaba una persona que pudiera musicalizar sus poemas. Yo buscaba una letra adecuada para mis músicas. Comenzamos a reunirnos y hablamos largo rato».


«Primero, surgía el tema poéticamente, y, después de muchas tentativas, tensiones, discrepancias, iban saliendo la música y la letra al unísono. No se trataba, pues, de dos realidades autónomas que llegaban a unirse, sino de un solo acto de creación, realizado al mismo tiempo por dos personas. Después de la reunión, cada uno se iba a su casa y revisaba, mejoraba los textos y la música. Claro que no todas las tardes fueron inspiradas. Nos pasamos muchas horas en blanco, sin saber qué escribir ni qué inventar. Otras eran, por el contrario, tremendamente fecundas. Dependía del estado de ánimo y de la inspiración».

Así fue como nacieron los primeros discos de Carlos Montero; obras inolvidables que se convirtieron en documentos sonoros básicos para entender y para disfrutar, en España, de la auténtica música popular argentina.


El primero se llamó "De la huella" (1971), disco en el que, además de las canciones compuestas sobre textos de José Alberto Santiago, Carlos incluyó el tema "Hacia la ausencia", de Jaime Dávalos y Eduardo Falú, y una preciosa zamba basada en un poema de Patxi Andión. Con ese disco ya en el mercado, Carlos Montero participó en el Primer Festival Internacional del Poema Musicado –también llamado Festival del Fuego–, celebrado en septiembre de 1972, en el Club Entrepicos, de la sierra madrileña. En aquel festival, Carlos y José Alberto obtuvieron el primer premio con el tema "Zamba de la pensión"; canción que grabó y editó Movieplay en un single, y que inmediatamente adquirió una gran popularidad.

Los otros dos discos de Carlos, creados en colaboración con el poeta José Alberto Santiago sobre temas del folclore argentino actualizados, fueron los titulados "De las raíces" (1973) y "De allá lejos y este tiempo" (1976).

Sobre el valor musical y poético de estos discos resulta muy interesante el contenido de la carta que le escribió el poeta Félix Grande a Julio Cortázar, residente en aquel entonces en París, que apareció publicada en la carpeta del LP de Carlos Montero: "De las raíces", y de la que me voy a permitir reproducir un fragmento:

«José Alberto Santiago –escribía Félix Grandesigue dándole al verso, por aquí anda, y en una de ésas acertó en todo el centro a unas cuantas letras de zamba, milonga, chacarera, vidala y, sobre todo, claro, de vidalita irreparable; y como a veces es verdad que nada importante se pierde, apareció Carlos Montero, un porteño de Mataderos (¡de Mataderos, che!), agarró esas letras tan verdaderamente argentinas que hasta llevan entre sus versos unos años de expatriación, y amando mucho a su lejana partida de bautismo diseminada por toda aquella patria de provincias inmensas y caudillos norteños y del folclore impresionante, y usando de su voz que es a la vez ingenua y profesora, que es a la vez tierna y viril (si vieras qué cantor de tangos), y manejando una técnica guitarrística de estudioso del corazón, y creando melodías alucinadas, hizo con todo ello unos discos, que son, también, una partida de bautismo, un lenguaje; por eso tú, Julio, parsimonioso catador de lenguajes, imagina que en dirigible umbilical y misteriosamente llegué a París, que en silencio y sin llave y sin llamar entré en tu casa, que eché a andar este disco que se llama "De las raíces" con precisión tumultuosa, y que sin hacer ruido me fui cuando empezaba a sonar esa "Zamba de la pensión" insoportablemente hermosa o esa excepcional vidalita que ahora tú empiezas a oír desde la almohada insomne, y te levantas, y te acercas hasta esta música, y escuchas solitario, y empiezas a preparar el mate, y fumas en la oscuridad deseando suerte para vivir a estos poetas, a estos dos camaradas americanos que giran, giran, giran su amor y su nostalgia y su profundidad en este disco incontenible».

CARLOS MONTERO II - "Un susurro de aguardiente y nostalgia que repasa las lejanas geografías de Buenos Aires"

Paralelamente al trabajo creador que analizábamos en el "cuelgue" de ayer, en el que Carlos Montero realizó la reivindicación y la actualización del auténtico folclore rural de Argentina, también se propuso la necesaria recuperación de la esencia de otro género de la música popular argentina de carácter más urbano: el tango; recuperación personalísima y dignificadora que calificó como "Tangos a mi manera", nombre del primer LP, grabado en 1973 por Carlos y dedicado exclusivamente a ese género.

Carlos Montero.
En la contraportada de la carpeta de aquel disco, Carlos escribía:

«Quiero dejar constancia de que el tango es una parte más de la música popular argentina y de que Buenos Aires es otra de las muchas regiones que le dan variedad y riqueza al folclore».

«Por todo esto y a mi manera, quiero rendir un homenaje a aquellos hombres que, alrededor de los años treinta, comprendieron el peligro de la comercialidad y la cursilería que rodeaba al tango».

«Gracias a sus obras, podemos gozar hoy de su autenticidad y también del peculiar lenguaje que aún se mantiene, ¡lo único quizá!, y que les da a los porteños esa particularidad que distingue a los pueblos con propias y entrañables raíces».

Homenaje que en "Tangos a mi manera˝ se traduce en la exaltación de grandes nombres propios como Homero Manzi, Aníbal Troilo, Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y en piezas hermosamente inolvidables como "Cambalache", "Cafetín de Buenos Aires", "El último organillo", "Malena", "Sur" y "Che bandoneón".



Catorce años más tarde, sin dejar de trabajar como compositor y como arreglista, y de acompañar a la guitarra a muchos de los compañeros citados en el "cuelgue" de ayer, Carlos grabó y publicó una nueva obra, titulada "Y sigo con los tangos... " (1987).

En aquel disco volvió a hacerse presente la obra de Discépolo con temas como "Esta noche me emborracho", "Victoria" y "Yira yira"; y, junto a él, otros grandes creadores argentinos como Homero Expósito, Nicolás Olivari, Homero Manzi o Eladia Blázquez.

Apartir de aquel momento, la presencia discográfica de Carlos, interpretando tangos, fue permanente. Entre sus discos figuran los siguientes:

"Con el tango en el bolsillo" (1989) –en el que incluye, por ejemplo, el tema "Setenta balcones", de Piazzolla y Baldomero Fernández Moreno–, "Perfil de tango" (1990), un segundo disco titulado "Tangos a mi manera" (1990) –ilustrado con un magnífico retrato de Aute– y "Naturalmente, tangos" (2001).


Luis Eduardo Aute, refiriéndose a esa pasión que Carlos Montero siente y sabe transmitir con el tango, y, en general, a su extraordinaria personalidad como músico y como guitarrista, realiza este comentario:

«Me propuse conocer a Carlos, allá por el 68, después de haberlo escuchado tocar la guitarra, acompañando a otro compañero, en un programa de radio. Carlos tocaba, y toca, la guitarra como a mí me hubiera gustado hacerlo, por eso llegué a la urgente necesidad de conocer a aquel extraordinario guitarrista. A partir de aquel encuentro, se inició una amistad que daría como fruto toda una serie de discos, mis primeros discos, que contaban con la imprescindible colaboración de Carlos. Todos los arreglos de aquellas canciones eran arreglos suyos. Eran trabajos de difícil clasificación porque intentaban a toda costa salirse de la norma instrumental de aquellos años. Ahí están, como testimonio de aquel trabajo, discos como 24 canciones breves, "Rito", "Espuma", "Sarcófago" o "Babel"».

«Pero, probablemente, la faceta oculta de Carlos, faceta que me descubrió algún tiempo después (pudores estúpidos del genio...), era la de cantante de folclore argentino y de tangos. [...] Los tangos, en la guitarra y en la voz de Carlos Montero, adquieren una nueva dimensión... Se transforman en canciones intimistas, llenas de matices que apuntan hacia nuevas vibraciones poéticas y musicales, a esa manera de entender la canción. Discépolo, Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Expósito, se descubrían, a través de la personalidad de Carlos, como los más grandes entre los grandes de la canción».

Carlos Montero.
«Debo confesar, con toda sinceridad –continúa diciendo Aute–, que gracias a Carlos y sus tangos, abrí los ojos y los oídos a una ‘esencialidad’ de la manera de escribir canciones. Gracias a esos tangos..., a la manera de Carlos, empecé a aprender, y todavía sigo en el empeño, el muy difícil oficio de juntar palabras y acordes musicales con el fin de ser cantados».

Por su parte, Moncho Alpuente, al hablar de Carlos Montero, en 1990, escribió lo siguiente:

«Carlos Montero sabe que el tango anida en los rincones oscuros de bulevares y plazuelas, folclore bastardo que se nutre de sombras, de mujeres fugaces que dejaron su huella en el empedrado. Su guitarra conjura los espíritus del tango y la milonga, al otro lado del Atlántico, y sus espíritus responden porque el viajero es un iniciado en los misterios que destilan las seis cuerdas. Su voz, como un susurro de aguardiente y nostalgia, repasa las lejanas geografías de Buenos Aires. [...]»

«Carlos Montero, contemporáneo y sabio, traspasa las fronteras del tiempo y del espacio con su canción eterna, melodía de arrabal, de todos los arrabales del mundo en los que reina resucitado por su ensalmo S. M. el Tango».

De Carlos Montero debo decir, también, que, en 1990, fue galardonado con el premio Gardel de Oro, otorgado por el Centro Cultural Argentino del Tango, en Buenos Aires, y que ha sido director y presentador, en Radio Nacional de España, del programa titulado "La noche que me quieras".

Finalmente, recordar y recomendar el disco de Carlos titulado "Tangolatría" (2010), obra que tuve el placer de producir e incorporar a la colección "El canto emigrado de América Latina" que diseñé y dirigí para la Sociedad General de Autores, en la que también grabaron Quintín  Cabrera –fue su último disco–, Olga Manzano, Rafael Amor,  Claudina y Alberto Gambino y Gonzalo Reig. Colección que se completó con una recopilatorio de Indio Juan, la reedición –en soporte CD– de la obra "Papá Bolero" de Manuel Picón y un entrañable doble álbum con grabaciones en directo, relizadas en su día, en la mítica Sala Toldería. 



Tras este disco Carlos Montero "amarrao" a su guitarra ha seguido trabajando, ¡como siempre!; entre otras razones porque como dice el título de su último disco "ME GUSTA EL TANGO" (2015); de este disco y de sus aventuras musicales más recientes hablaremos muy próximamente en la WEB ·CANCIÓN CON TODOS", en la que, sin duda, tendrá en justicia un lugar preferente.

jueves, 5 de mayo de 2016

«PALABRAS CON ALAS». CONCIERTOS DE PACO IBÁÑEZ EN MADRID TRAS CATORCE AÑOS DE AUSENCIA.


PACO IBÁÑEZ la voz de los poetas, el humanista, el artista comprometido, rebelde, mágico, inmortal, estrena su nueva creación artística “PALABRAS CON ALAS” en el teatro Nuevo Apolo de Madrid, ciudad en la que desde hace 14 años no ha ofrecido ningún concierto. Los conciertos se realizarán los próximos días 6, 7 y 8 de Mayo; los días 6 y 7 a las 20:30; y el día 8 a las 19:30.

“Palabras con alas” retoma un formato similar al de “A galopar” junto al poeta Rafael Alberti y “La voz y la palabra” junto a José Agustín Goytisolo.

Dice LUIS GARCÍA MONTERO: «El artista propone ahora sobre el escenario un diálogo entre las lenguas del Estado para afirmar no sólo la riqueza de la poesía como patrimonio cultural, sino la necesidad de reconocimiento mutuo y de complicidad humana. Sólo a través de la cultura pueden salvarse la distancias impuestas por el desconocimiento, la intolerancia y la sinrazón. La poesía es un bien cargado de futuro!»



El concierto está estructurado en dos partes.

La PRIMERA PARTE, unirá en el escenario la voz y la guitarra de Paco Ibáñez con la voz de los poetas: Luis García Montero, Bernardo Atxaga, Joan Margarit y Antonio García Teijeiro. La voz, la música y la poesía entrelazadas en los idiomas castellano, euskera, catalán y gallego sobrevolarán el espacio como hermosas estrellas.

En la SEGUNDA PARTE, sobre el escenario Paco Ibáñez –con una bella y sobria escenografía de Frederic Amat, vestido de negro y guitarra en mano, y acompañado de magníficos músicos– viajará por la historia de la literatura en lengua castellana desde el siglo XIII hasta la actualidad

PACO nos va a ofrecer canciones de amor, de lucha y resistencia, de existencialismo puro, envueltas por la fuerza de la poesía y el ritmo de los instrumentos. [...] Su voz abre para todos una puerta misteriosa y secreta, la silenciosa y deslumbrante entrada a la poesía… ¡la puerta de la libertad!

En esta segunda parte le acompañarán: Mario Mas, guitarra; Gorka Benítez, saxo tenor y flauta; Joxan Goikoetxea, acordeón; y Horacio Fumero, contrabajo.

¡SIN DUDA, 
UN GRAN ACONTEMIENTO!

martes, 3 de mayo de 2016

RETRATO ÍNTIMO DE «SILVIO RODRÍGUEZ»

SILVIO RODRÍGUEZ

Cuando yo era chiquito, allá en los largos atardeceres sureños, solía jugar a aquel machacón, pero genial, divertimento que consistía en completar frases como ésta: «De La Habana ha venido un barco cargado de...»; recuerdo que "Mariquita" –aquella mujer maravillosa que me cuidaba de pequeño y que inundó y engrandeció mi infancia de sueños y de fantasías– solía decirme que aprovechara el juego para cargar aquel barco con todo lo que más me gustara tener; con lo que más ilusión me hiciera... Ella, cuando jugábamos –dada su pobreza– a veces decía: «...cargado de panes blancos»; yo, dada mi edad:  «...cargado de juguetes».

Evocando aquella experiencia, ahora que –como suelo decir– me queda por vivir menos de lo que he vivido, regreso a aquel juego, y digo: «De La Habana me ha venido un "unicornio azul" cargado de "barredores de tristezas" y de "reparadores de sueños"; de "rabos de nube" y de "alas de colibrí", de "pintores de mujeres-soles" y de "locuras que son como brazos de mar"».



El rumbo de ese "unicornio azul" lo marca un amigo; "un trovador errante que enciende las hogueras y convoca a las luciérnagas"; un amigo –compañero del alma– al que es difícil dejar de amar porque, si hay algo que le caracteriza, es su capacidad para la ternura; cuando Silvio Rodríguez nos da una canción «abre una puerta y siempre aparece el misterio del amor».

«Con un poco de amor sobrevivo...; con un poco de amor yo me salvo...; sólo un poco de amor y soy algo... Con un poco de amor me levanto a mi diario de sed y de espanto... Con un poco de amor fue tejida mi piel y el cincel de mis huesos fue un poco de amor...; con un poco de amor soy yo mismo, soy tú, y soy aquel...».

«Debes amar la arcilla que va en tus manos, debes amar hasta la locura...; el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro...; sólo el amor engendra la maravilla; sólo el amor consigue encender lo muerto».

«La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí; ni el recuerdo los puede salvar...».

Tanto es su amor, y es tanta la necesidad de amor que le prende, que Silvio, hace ya muchos años, destronó de su personalidad y de su arte la posibilidad de la cobardía; por eso en su canto se produce esa insólita y contagiosa síntesis entre «el espanto y la ternura»; entre la pasión y la rebeldía. Pasión rebelde por la vida, alimentada «en el claro de luna». («Hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir»). Y rebeldía-apasionada ante el dolor, ante la injusticia, ante la tristeza, o ante la «pobreza de amistad y de sonrisas». («Un día, junto al mar, la más triste canción oyó llorar a un alma su dolor, y a por le alma fue vibrando la tonada, conmovida y gentil, maravillada»).

...De La Habana llegó Silvio Rodríguez, cargado también de esperanzas, y, entre el espanto y la ternura, nos enseñó a volar: «No hacen falta alas para hacer un sueño... No hacen falta alas para alzar el vuelo... Basta el buen sentido del amor inmenso».


...Después de todo este feliz aprendizaje, a La Habana regreso, este es mi sueño...; vuelo sobre un «unicornio azul», el que Silvio me invitó a buscar, aquel unicornio que con su cuerno de añil pescaba una canción y que tenía por vocación el compartirla... La canción que acompaña mi vuelo y que hoy quiero compartir contigo, mi Habana hermosa, no pude ser más que ésta: «Yo también te convido a creerme cuando digo futuro».