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viernes, 20 de enero de 2012

GATO PÉREZ III - ITINERARIO DISCOGRÁFICO

Gato Pérez.
Gato Pérez grabó su primer disco en 1978 con el título de "Carabruta"; disco en el que incorporó temas en catalán, como "La rumba de Barcelona", en la que le rinde su personal homenaje a la ciudad catalana y a sus barrios, y que Jaume Sisa incorporó a su extraordinario disco "Barceloba postal" (1982); y temas en castellano como "Sabor a barrio".



Tras aquel primer disco, entre 1979 y 1990 –año en que falleció–, Gato Pérez nos dejó otras obras importantes que merecen ser rescatadas contra el olvido, entre ellas habría que destacar "Romesco" (1979), "Atalaya" (1981), "Flaires de Bacerlunya" (1982), "Prohibido maltratar a los gatos" (1982), "Ten" (1988), o "Academia rumbera" (1990); obras en las que con una coherencia impecable, Gato siempre procuró ser fiel a uno de sus más hermosos deseos: «Quisiera ser poeta, quisiera ser cometa», expresión que dió título a una de sus canciones incluidas en el LP: "Prohibido maltratar a los gatos"


«Quisiera ser poeta
y obedecer al cielo
decir que sí al destino
y despegar el vuelo.
Abandonarlo todo
para emprender un viaje
adonde resucitan
las ilusiones muertas.
Para no ver de cerca
a mis amigos tristes,
a nuestros hijos grandes
y a nuestros viejos lejos.
Quisiera ser poeta
para empezar de nuevo
antes de que alguien pida
mi tímido relevo.
Quisiera ser cometa,
dejar que flote el tiempo
porque aprendí que nada
arregla el sufrimiento.
Ir donde no me encuentre
gente desagradable
que me recuerda siempre
algún sueño pendiente.
Quisiera ser cometa
para arrancar de cero
antes de que descubra
que todo fue un camelo.
Qué inmenso ser amado
y amar a un semejante
pero el amarse a uno
también es importante».

En el año 2002, doce años después de la muerte de Gato Pérez, Ventura Pons –directo, guionista y productor de cine– rindió un homenaje a su memoria en el documental al que tituló "El gran Gato" en el que intervinieron interpretando sus canciones, grupos y solistas como Ojos de Brujo, Moncho, Lucrecia, Tonino Carotone, Martirio, Saber de Gràcia, Luis Eduardo Aute, Maria del Mar Bonet, Kiko Veneno, Manel Joseph, Clara Montes, Los Chichos, Benjamín Escoriza, Los Manolos y Jaume Sisa.



En el libreto que acompaña al CD, en el que se grabó la banda sonora de "El gran Gato", Ventura Pons escribe: «Su inmensa libertad, su falta de pudor, su desafío con la ortodoxia cultural dominante, su amor por las raíces populares de la música, su enamoramiento de una ciudad contradictoria, su pasión vital.. conforman un recuerdo que puede parecer lejano pero que, en cuando lo analizas ves la rabiante actualidad de un concepto, de un "entender la vida con sentido" que universalizan al personaje».

Finalmente, para concluir estos tres "cuelgues" que he dedicado al grandísimo Gato Pérez, evoco dos hermosos testimonios sobre su gran personalidad:

El primero, de Pau Riba«Guerrillero de una filosofía que consistía en sembrar minas de amistad,...  Quizás no hemos hecho bastante justícia al Gato, quizás no lo hemos colocado en el lugar del escalafón que merece. La ciudad del Gato es la ciudad de los perdedores, de los que nadan a contra corriente, de los que quieren una barca para naufragar, pero es, también, una Barcelona cálida, solidaria, antiautoritaria, donde los amigos “son y están, son la verdad” y donde los buenos momentos son posibles»,

Y el segundo, este hermoso testimonio de Xavier Sardá: «El Gato me demostró que crecer y madurar no significa embalsamarse en vida y que –como dice el filósofo– pierde más quien pierde su pasión, que quien se pierde por su pasión. Gato, ¡gracias por tu vida!».

jueves, 19 de enero de 2012

GATO PÉREZ II - ...Y, DE REPENTE, LA FELIZ INVASIÓN DE LA RUMBA CATALANA

Gato Pérez (1972).

La afición de GATO PÉREZ hacia la música, nacida en Argentina, empezó a desarrollarla en Barcelona en 1971, cantando y tocando la guitarra en el grupo Slo-Blo, grupo que el mismo calificó como «una banda de country-rock muy peculiar». Posteriormente, tras empezar a componer sus primeras canciones en inglés, formó un grupo al que llamó Gato; y más tarde, en 1976, entró a formar parte del mítico grupo de jazz-rock, con raíces latinas, SECTA SÓNICA en el que tocaba el bajo, junto a extraordinarios músicos como Jordi Bonell (guitarra), Víctor Cortina (guitarra), Noel Mújica (Percusión), Dave Pybus (teclado y saxo), Jordi Vilella (Batería) y Rafael Zaragoza (Guitarra).

Este grupo, clave en la historia de la música catalana y, en general, en la música popular a nivel nacional, grabó dos discos: "Fred Pedralbes" (1976) y "Astroferia" (1977); discos que, como curiosidad, fueron de los que más utilicé en el desarrollo práctico de mis clases en la Universidad, dentro de la asignatura a la que llamé: "Música, canción y pedagogía".

Primer LP de "Secta Sónica":  "Fred Pedralbes" (1976)

«Aquel fue un tiempo de búsqueda –explicaba Gato Pérez,– no queríamos hacer cançó, ni queríamos abdicar del rock, pero tampoco queríamos caer de narices en la mera copia de grupos angloparlantes, como habíamos hecho hasta aquel momento [...]. Yo necesitaba contar en los tres minutos que dura una canción las cosas que me sucedían y lo que veía a mi alrededor, pero no daba con la fórmula. Lo único que tenía muy claro era que lo de cantar en inglés era una majadería».

Esa fórmula durante tanto tiempo buscada por Gato la encontró, por fin, un buen día del mes de agosto de 1977 en que Jordi Vilella –batería de Secta Sónica– le invitó a acompañarle a las fiestas del barrio de Gracia, en Barcelona. Allí Gato descubrió y se sintió irresistiblemente atraído por la "rumba catalana", que en aquel momento estaba bastante olvidada, e incluso marginada, pero que seguía siendo cantada, como signo de identidad, por la población gitana. (La rumba es un género del flamenco, emparentado con la música caribeña, que se puede encuadrar dentro del grupo de cantes denominados "de ida y vuelta").

«A partir de aquel día –continuaba explicando Gato– arrinconé el bajo, me compré una guitarra flamenca, me encerré en casa y como un chorro comenzaron a salir canciones; la clave rumbera se adaptó igual que un guante a mis necesidades».
Caricatura de Silvina Garré.

Y así fue como Gato Pérez, sin prejuicios, y de forma apasionada, empezó a realizar una reivindicación de la rumba catalana imprimiéndole, como él mismo decía, pinceladas de rock y armonías de jazz; reivindicación que supuso la recuperación, para la música catalana, de una Barcelona mestiza y popular.

Mi buen amigo Antonio Gómez, en 1984, refiriéndose a las creaciones de Gato, escribía lo siguiente, en la revista "Música Popular".

«La rumba, y la muy particular manera que tiene Gato Pérez de entenderla, y desarrollarla es algo más que un descubrimiento musical, es un elemento crucial en el entendimiento de su obra y hasta cierto punto una elección no sólo estética, sino también ética. Es la música de un sector social muy determinado, que queda perfectamente definido en sus canciones y alrededor del cual se estructura su alternativa artística y me atrevería decir que hasta vital. Es la representación de la Cataluña (el mundo) que ama Gato Pérez: la de los gitanos de los barrios marginales, la de los pageses, trabajadores noctámbulos, camioneros, travestis, rumberas, prostitutas, gente de la farándula, bares de mala nota, descargadores de muelle, taxistas, pequeños maleantes, que forman un microcosmos humano que lucha, como él mismo, por integrarse en una sociedad muchas veces clasista y hostil. Es la música de los siete barrios y del barrio chino, y él la plantea como una forma de tirar hacia delante con la vida, pisando el terreno de lo cotidiano, el del arte de todos los días». (Texto reproducido también en un artículo de Antonio, publicado en el blog "Autaria" de Carlos de Abuin).

Mañana hablaremos de la discografía y de las canciones de Gato... ¡altamente recomendables!... ¡os lo aseguro!.

miércoles, 18 de enero de 2012

GATO PÉREZ I - SU LLEGADA Y SU PASIÓN POR BARCELONA

En el maravillo barrio de Gràcia, de Barcelona, hay una plaza dedicada a un grandísimo "cantautor" al que esta semana voy a dedicarle varios "cuelgues" aquí donde CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA.


Su nombre artístico es GATO PÉREZ. En su carnet de identidad figuraba como Javier-Patrocinio Pérez Álvarez, nació en Buenos Airesa, en 1951, y falleció en Barcelona, en 1990. Gato se nos fue hace más de veinte años, pero como afirma Jaume Sisa: «ahora nos sigue cantando, cada vez mejor, desde algún rincón de la galaxia».

Gato Pérez.
Hijo de españoles emigrantes, vivió su infancia y el inicio de su adolescencia en Buenos Aires, hasta que 1966, recién cumplidos los quince años, se trasladó junto a su familia, a vivir a Barcelona.

Su desembarco en la Barcelona de los años sesenta y el descubrimiento de la que iba a convertirse en su nueva ciudad de acogida fueron para él unas experiencias muy impactantes; tanto que llegaron a marcarle no sólo en la creación de su obra musical y poética, sino también, y sobre todo, en su forma de entender la vida y de vivirla.

Experiencia que él mismo nos narró en la canción "La gran ciudad", integrada en su último disco "Academia rumbera", grabado en 1990, pocos meses antes de su muerte.

«Un día de primavera del que hará un decenio o más
arribaba a la ciudad por las puertas de ultramar
en un barco transatlántico desde un continente austral
un chaval viajero armado de una gran curiosidad [...].

El trajín cosmopolita y una gran actividad
sorprendieron gratamente al chico al desembarcar,
treinta años prisionera y no podían doblegar
a la enérgica ciudad que comenzaba a despertar.

Inundaban las aceras emigrantes y extranjeros
en un coctel demencial de turistas con obreros
abierto y cálido el corazón del lugareño
tantos potajes distintos en un único puchero.


Gato Pérez. "Academia rumbera" (1990)
Cubierta ilustrada por Mariscal

Hay gitanos y judíos, 
valencianos, portugueses, 
andaluces, africanos, 
isleños y aragoneses 
y una Rambla rebosante 
de fecunda humanidad,
un oasis de tolerancia
imposible de ocultar.

Charla y copa descubrían los secretos del lugar
en larguísimos paseos a las horas de estudiar,
conversaciones eternas, escalas de bar en bar
desde el Tibidabo al mar, del Besós al Llobregat».

Efectivamente, Gato Pérez supo integrarse desde el primer momento en la entraña de la gran ciudad catalana, empapándose de lo que sus barrios, sus calles, sus bares y sus gentes le ofrecían, y aprendiendo las lecciones de apertura, de tolerancia y de humanidad que le brindaban sobre todo los grupos sociales más marginados; un aprendizaje popular, sin intelectualismos, que, poco a poco, le fue seduciendo hasta el punto de convertirse en un catalán apasionado que, como afirma Marina Rossell, supo devolverle a la cultura catalana algo que en aquel momento corría el riesgo de olvidarse: el sabor de barrio y la música de la calle.