Páginas vistas en total

viernes, 22 de junio de 2012

MANU MÍGUEZ: MÚSICO, CANTAUTOR Y SER HUMANO POR EL QUE MERECE LA PENA APOSTAR.

Manu Míguez.

Salió al escenario de La Estación, de Sevilla, no dijo ni una palabra, respiró hondo, puso sus dedos sobre el teclado del piano, le arrancó una hermosa melodía y echó a volar su "Canto varado"... ¡Preciosa canción!...

«Siento que a veces el mundo dispara y me quedo varado en el tiempo.
Siento que todo es reflejo del antes, se borra el camino y me pierdo.
Y es que me quedan recuerdos de mis otras aventuras
de los lugares secretos y heridas sin cura
Siento que puedo rozarme contigo y quedarme en tu olor para siempre.
Siento que solo un segundo es un año si faltas y creo perderte.
Siento que todo es ahora y el horizonte pequeño.
Y es que esto va demasiado deprisa 
y no se si escapar, o correr, o soñar con decirte que vengas conmigo 
y echar a volar y volar y volar y volar… 
Yo quiero volar».
("Canto varado").

Manu Miguez. (Fotografía de Antonio Moragues)

El canto de Manu Miguez es cálido y convence; es rotundo y contagia sensibilidad; es sobrio y te incita sobre todo a soñar... «y volar y volar y volar»... 

Por un momento, aquella noche, escuchándole cantar, sentí como mías la resonancia de su voz, la urgencia de sus sentimientos y el sentir de sus deseos: «Siento que puedo rozarme contigo y quedarme en tu olor para siempre... ¡Yo quiero volar!».

Y, en aquellas circunstancias –después de más de quince días, escuchando las canciones de los 48 aspirantes al Premio de Primer Certamen de Cantautores, organizado por la "Asociación Cultural La Estación de Sevilla"– lo tuve claro, Manu Míguez merecía aquel Premio; decisión que poco más tarde tuve el placer de compartir con la mayoría de los miembros del jurado.

Manu Mínguez. (Fotografía de Cinty Leiva).

(He de decir, entre paréntesis, que esto de los certámenes y los premios, cuando uno participa como jurado, es siempre duro y complicado, sobre todo cuando, como en el caso de Sevilla, había que decidir entre jóvenes creadores de la categoría de Adriana Moragues, Muerdo, Virginia Montaño, Dani Fernán, Lucía Sócam, Luis G. Lucas, Álvaro Ruiz, Margot Vaun, Alberto Leal o Sara López Veneros; jóvenes que vienen realizando un trabajo de gran calidad y que –con premio o sin premio, trabajando y con esfuerzo– tienen un futuro profesional esperanzador e indiscutible).

Y tras este paréntesis vuelvo sobre Manu Míguez.


Manu es un joven madrileño que desde muy pequeño sintió una clara atracción hacia la música, primero aprendiendo a tocar el violín, y a los diecisiete años adentrándose en las sonoridades mágicas de la guitarra y del piano; aprendizaje autodidáctico que fue depurando y madurando a través de sus estudios de Magisterio Musical y Musicología, en la Universidad Complutense.

Dentro del universo de la "canción de autor", Manu, por una parte, es un músico extraordinario del que podemos disfrutar, con cierta frecuencia, acompañando al piano, o con su violín, a compañeros como Marwan, Jesús Garriga, Virginia Montaño, Silvia Palomo, Daniel Hare, Carlos de Abuín, César Rodríguez o Carmen Boza; y es, a la vez, un "cantautor" –de arriba a abajo– que compone e interpreta sus propias canciones con textos poéticos de gran sensibilidad y calidad literaria, y con melodías que se funden a la perfección con sus palabras originando climas sonoros verdaderamente hermosos, o mejor, sencillamente bellos. Cualidades que en su caso se redimensionan y se engrandecen si a ello unimos su atrayente y positiva calidad humana; en él, al menos yo, he encontrado una evidente e imprescindible mezcla de grandeza y de humildad que no siempre es fácil de detectar en el micro-mundo del "famoseo" cantaoutoril.

Prueba de todo lo dicho puede constatarse en las cinco canciones que grabó en su disco «El aire y el tiempo» (2010) en el que contó con la colaboración de Pilar Ordóñez, César Rodríguez, Antonio Peñalver e Iván Mellén.




«Seis de la mañana, provocando desperfectos, 
sólo busco una coartada, algún motivo, algún pretexto, 
y escribirte unas palabras confundiendo realidades otra vez.

No puedo evitarlo, tengo que reconocerlo, 
sé que no hablo demasiado y es difícil entenderlo, 
no me pidas que lo explique, ni siquiera yo sabría que contar.

Puede que algo quede tras los restos del incendio, 
algún sonido, algún secreto, algún motivo para vernos... 
Un camino que me lleve donde nadie mire, lejos... 
una estrella, un horizonte, un argumento, tres deseos... 
y alguna sonrisa y algún beso.

Sigo aquí soñando, transcribiendo pensamientos, 
mientras todo va despacio en este corazón pequeño. 
Ya no importa lo que pase, volveré cuando el sol me venga a buscar».
("Los restos del incendio")

Y ahí sigue Manu Míguez, ahí podemos encontrarle, dedicando toda su vida y su pasión a la música...; soñando y transcribiendo musical y poéticamente sus pensamientos...; y, en este momento, buceando «en la grandeza de la simplicidad», o sea, ahondando en sus propias creaciones a la búsqueda de unas sonoridades más puras, más acústicas, o como él mismo dice, «con una visión más "desnuda"».

Manu Míguez.

Pronto podremos escuchar el nuevo disco de Manu Míguez y a la espera estamos...; una espera por mi parte impaciente porque estoy convencido de que este músico madrileño va a ser –ya ha empezado a serlo– uno de nuestros "cantautores" necesarios, urgentes e imprescindibles... El tiempo lo confirmará –estoy seguro–, yo solamente me arriesgo y me limito a anunciarlo.