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miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 69

En 1985, José Antonio Labordeta grabó su disco titulado "Aguantando el temporal" y en él incorporó una magnífica canción titulada "En el nombre del Señor". Es una canción cargada de historia en la que van apareciendo personajes como Reagan (Presidente de los Estados Unidos), Gorbachov, Narciso Serra (Ministro de Defensa con el gobierno de Felipe González) y Jomeini.

En esta canción Labordeta plantea una alianza, o complicidad, que el algún momento existió y que, desde luego, debería existir siempre con la Iglesia, en lo que se refiere a la condena de las asesinas y crueles guerra, y de las malditas armas. La canción dice así:

Viñeta-caricatura creada por José Luis Cano.

«Monseñor ha dicho
que él también está
en estos momentos
pidiendo la paz
y yo estoy contento
de saber que tengo
a la Iglesia aliada,
que eso es casi ná.

Que se agarre Reagan
los sujetadores,
que se desmaquille
de su ancianidad
ya que ahora somos
un millón de locos,
treinta mil obispos
y las buenas monjas
de la caridad.

Y al señor Gorbachov
que no se haga el sueco
y que atienda un poco
lo de este suceso
ya que ahora se apuntan
los benedictinos
que son gente sana,
fuerte, sonriente,
y de sabor fino.

Don Narciso Serra
póngase a temblar
pues ahora tenemos
pá pedir la paz
dos palomas nuevas,
la una proletaria,
con ramo de olivo,
y la otra santa,
de la Trinidad.

Lo mismo decimos
a Jomeini el loco,
no nos ande usted
removiendo el coco
que en el mundo ahora
somos mayoría
pues con monseñor
y sus señorías,
tenemos a Dios.

Y al manifestarnos
la próxima vez
iremos unidos
a la mejor grey
que la iglesia tiene
sin contar con que
a lo mejor viene
un ministro de esos
de cristiana fe.

Y movilizada
tanta compañía
seguro que ahora
también a la CIA
y a la KGB
les entra tembleque
por no saber qué
hacer con los tanques
y demás merdé

Monseñor ha dicho
que él también está
en estos momentos
pidiendo la paz
y yo estoy contento
de saber que tengo
a la Iglesia aliada,
que eso es casi ná.».

LABORDETA III - "VENGO A HABLAROS DE UNAS TIERRAS Y DE UNOS PAISANOS, LOS MÍOS"

José Antonio Labordeta contemplando el valle de Tena (Huesca).
Al fondo Peña Foratata. (Fotografía: Pepe Navarro).

En general toda la trama argumental de las canciones de José Antonio Labordeta –a quien le estoy dedicando todos los "cuelgues" de esta semana–, aunque siempre abierta y universalizable, trascurre en el marco de una tierra y de un paisaje; paisaje cuajado de contradicciones que siempre atrapó su curiosidad, su mirada y su inspiración, y de cuyas tonalidades cromáticas y vitales está teñida toda su obra.

Concretamente, en 1963, recién llegado a Teruel como profesor de Instituto, José Antonio nos describe, en uno de sus artículos publicados en la revista "Andalán", la siguiente experiencia de encuentro, de fusión y de diálogo, en el silencio, con aquellas tierras: «Y de golpe, delante de ti, Teruel. Sus sierras, sus caminos, se yerguen ante ti, te asedian, te embisten, te cobijan, una mezcla de amor y odio se enfrenta, hasta que una tarde cualquiera uno queda asombrado por el color de sus tierras, sus otoños, sus piedras, sus gentes, sus verdaderas gentes...».

«Teruel sostiene la base
de esta tierra que te cuento
que, a pesar de estar caída,
la aúpo con gran sentimiento».
("Pregón")

Disco grabado por José Antonio Labordeta en 1997.

«Polvo, niebla, viento y sol
y donde hay agua, una huerta;
al norte, los Pirineos:
esta tierra es Aragón».
("Aragón") 

Este encuentro que el poeta establece con su tierra, va transformándose de forma progresiva en una especie de relación cada vez más amorosa y apasionada, hasta el punto que hay momentos en los que al escuchar algunas de sus canciones de amor, a uno le entra la duda de si es que, en su sensibilidad, la mujer se hace paisaje, o el paisaje se transforma en cuerpo de mujer.

«Tu cuerpo de barrancos,
ríos y yermos,
enfrentados los unos
contra los otros...

Sabes como la yerba,
como el pantano,
amarga compañera:
dame la mano.

Si yo pudiera izarte
igual que te amo
panizo y sementera
fuese tu campo».
("Amarga compañera").

«No quiero que del suelo
tú me levantes
porque amo la tierra
y este paisaje».
("Joven paloma").

Disco "Aguantando el temporal" grabado y editado por
José Antonio en 1985.

Como consecuencia de este amor a la tierra, José Antonio no puede contener en su canto la amargura y el desgarro que le produce la pobreza y el desamparo de una tierra asolada, abandonada y despiadadamente ultrajada: «El camino, la lluvia, el viento, el sol. La tristeza, el pedrisco, el árbol sin flor. El hambre, el trabajo, el esfuerzo, el dolor. El camino, la tierra, la muerte, el adiós».

«El aire abrasa la siembra,
el sol seca la cosecha
y en el invierno, los hielos,
dejan la oliva deshecha».
("Por el camino del polvo")

«Estas arcillas viejas,
estas arcillas pobres,
sólo crean miserias,
sólo producen hambre».
("Las arcillas")

En un primer momento –que se extiende dd 1970 a 1981–, este canto a la tierra que nos ofrece Labordeta, se centra de forma especialmente significativa sobre la dura realidad agraria aragonesa; etapa de tonalidades rurales,  que se cierra –aunque por supuesto, nunca de forma definitiva– con la creación de dos obras extraordinarias: "Cantata para un país" (1979) y "Las cuatro estaciones" (1981), obras en las que José Antonio realiza una crónica cantada de Aragón en una perspectiva profundamente humana; «No vengo a hablaros del viento, ni a maldecir de los fríos; vengo a hablaros de unas tierras y unos paisanos, los míos».

"Cantata para un país", obra grabada y editada por José Antonio Labordeta
en 1979. La cubierta de este LP fue creado por Antonio Saura.

(Por cierto, y hago un paréntesis, ya en aquel momento, fuera de nuestras fronteras, se realizaba lo que aquí, en nuestro país, siempre fue uno de mis sueños –sé que compartido con otros muchos enamorados de la canción como yo–: en muchos centros escolares europeos y norteamericanos, las canciones de Labordeta constituían un material documental y didáctico utilizado con frecuencia en las clases de español, y eran objeto, a la vez, en diferentes universidades extranjeras, de materia de estudio y análisis por parte de investigadores que se aproximaban a la historia de España durante el final de la dictadura y en la transición democrática).

Volviendo sobre el canto a la tierra, concretamente en el disco «Las cuatro estaciones» –que bajo mi punto de vista constituye eso que se suele llamar su "obra maestra"– Labordeta, en el irrenunciable marco de su sensibilidad y de su compromiso social y político, navega por todo el ciclo de la tierra y del paisaje desde la "Sanjuanada" a "El mayo", y desde ahí, como siempre, por ese otro ciclo vital que prende en el corazón de lo humano, desde la rabia –pobreza, tristeza y soledad–, a la esperanza.

Disco grabado y publicado por José Antonio en 1981.

«El San Juan pobre nos mete
a todos en las ciudades,
haciendo que el campo cruja
de tristeza y soledades...».
("Sanjuanada").

«Cuando llega mayo
los pueblos renacen
y por los paisajes
los yermos deshace».
("El mayo")

A partir de 1981, José Antonio Labordeta, sin dejar de sentirse cercano a la realidad rural aragonesa –siempre «hay que seguir al lado de la tierra»–, nos introduce en una etapa de su obra de características más urbanas; etapa en la que nos habla, por ejemplo, de su «viejo país que aúpa el vientre de ese Ebro tremendo que le salva a diario de dejar de existir», y en el que surgen nuevos paisajes como el de su barrio, o su canción "Zaragoza blues" grabada en 1985.

«Quieta en la orilla del río
espantada al tiempo
sujeta al desvarío
loca de calles locas
solitaria
con plazas deslumbradas
y paisajes al borde del silencio

Madrastra
madre inútil
invierno de un estío brutal sin primavera
y ese otoño dulcísimo
que afila las paredes de tus viejas murallas
cayéndose por todas tus ventanas.

La amo, la odio,
le tengo un cariño ancestral».
(“Zaragoza blues”)