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miércoles, 30 de noviembre de 2011

MANUEL CUESTA Y SU BANDA - I. ¡BENDITA MUSICA!

«Déjalo todo y sígueme,
trinaba mágica
la voz del músico
pariendo música.
Música...
Bendita música.
La, Do, Si, Si,
La, Sol,
La».
(Joan Manuel Serrat. "Bendita música")

Concierto de Manuel Cuesta en Galileo Galilei.
28 de noviembre de 2011.

Efectivamente, como dice Serrat: «Bendita música»...; y bendita sea la madre que parió a los que la crean...; a los que, como Manuel Cuesta, su banda y sus invitados, fueron capaces de regalarnos tanta, y tan buena música, en una noche inolvidable como la que vivimos el pasado lunes en la sala Galileo.

Hoy, con el permiso de Manuel, y siguiendo el mismo tono del cuelgue de ayer, quiero empezar esta crónica hablando de la magia que se produjo en aquel escenario gracias a la presencia, sobre él, de una banda extraordinaria; cuatro grandes músicos que lograron atraparnos a mí y a mi pequeña cámara fotográfica –y además, ¡claro está!, Manuel Cuesta, Ismael Serrano, Garret Wall, Lucía Camarés, Malacabeza, Diego Galaz y, por supuesto, Diego Ojeda y Marino Saiz, de quienes hablaré mañana–.

En un concierto como el del lunes pasado siempre me maravilla y me sorprende la forma en que la banda recrea, fortalece, acaricia y mima las canciones; experiencia que se me quedó especialmente grabadísima, hace años, en el último concierto que dio Frank Sinatra en el Santiago Bernabéu de Madrid el 25 de septiembre de 1986. Recuerdo que estuve en primera fila y que no me perdí detalle. Sinatra estaba ya bastante mayor, y aunque es verdad que cuando empezó a cantar, por ejemplo, "My way", todo mi cuerpo se me revolucionó de placer –cualquier fallo o desacorde podría personársele–, no cesaba de preguntarme: «¿Que sería de este hombre, en este momento, sin su orquesta?»... No os podéis hacer ni idea de como las guitarras, los violines, las percusiones, los teclados... y el mismísimo director de orquesta, mimaban y protegían la voz del mito.

Aquello poco –casi nada– tiene que ver con lo que percibí y disfruté el lunes pasado en Galileo, porque Manuel Cuesta está joven –jovencísimo–, y cada vez canta mejor...; pero disfrutando de su banda me vino de repente a la memoria la genialidad y la gran profesionalidad de la orquesta de Frank.

Los músicos de la banda, amigos de Manuel..., ¡benditos músicos!... ¡bordaron y mimaron cada una de las canciones!... Ellos fueron y son Jordi Pinyol –guitarra eléctrica–, Albert Anguela –bajo eléctrico–, Carlos Expósito –batería– y Adán Latonda –teclados–.

El lunes les hice, a los cuatro, unas fotografías, e igual que ayer con Marino Saiz, aquí las dejo como la presencia y el testimonio de otros cuatro músicos que CREAN MÚSICA COMO QUIEN RESPIRA... Y mañana sí, mañana hablaré de Manuel Cuesta y sus invitados.



Jordi Pinyol.


Albert Anguela.


Carlos Expósito.

Adán Latonda.

JOAN BAPTISTA HUMET. III - QUIERO DAR CONTIGO COMPAÑERO, Y FUNDIRNOS UN INSTANTE.


Hoy 30 de noviembre, hace tres años, moría en Barcelona Joan Batista Humet y hoy, en su memoria –memoria, por mi parte, rebosante de amor y de respeto– quiero dedicar este cuelgue a uno de sus trabajos de creación y de interpretación más hermosos; trabajo que el mismo consideró su mejor obra.

«Fue el que yo considero mi trabajo más conseguido –afirmaba Joan en sus memorias–, más elaborado, el mejor disco que he compuesto en mi vida, llamado "Fins que el silenci ve" ("Hasta que el silencio llega"), con el que me presenté en el Palau de la Música catalana en 1979, entonces el sanctasanctórum para los cantautores.

Fue un tipo de obra, de planteamiento musical (una suite de 35 minutos), que sólo era posible realizar bajo dos supuestos: cuando tienes mucho poder en una compañía... o cuando interesas tan poco que te dejan a tu aire. Sea como fuere, el disco está ahí, se pudo grabar, y es un disco de culto para un tipo de gente que me interesa mucho: personas que se buscan a sí mismos, que saben que hay algo trascendente en el ser humano que va más allá de lo evidente. Si en su momento el disco tuvo poca difusión, sé que hay compañías que intentan reeditarlo. Ojalá, porque hoy ese mensaje tiene mucha más cabida que hace 25 años».


Efectivamente «Fins que el silenci ve» fue la mejor obra musical y poética de Joan Baptista Humet y, din duda, uno de los mejores discos editados en la década de los años setenta.

Aquel trabajo –creado y grabado en catalán– Joan se lo dedicó a la comunidad monástica de Mas Blanc, residente en una masia del siglo XVII situada en el termino municipal San Martí de Centelles (Barcelona); comunidad a la que pertenecía su hermano Esteve y en la que Humet se empapó de los silencios y de la sensibilidad imprescindibles para crear esta especie de suite que en aquel momento, de la transición democrática, considero que resultó imprescindible aunque no llegó a alcanzar la valoración y la trascendencia que merecía.

«Fins que el silenci ve» es una obra entretegida de una espiritualidad profunda, liberadora y revolucionaria, es decir, una espiritualidad socialmente comprometida y radicalmente humanizadora. A partir de un análisis crítico del racionalismo y de la despersonalización del mundo y de las realidades humanas, Joan Baptista Humet proclama la necesaria recuperación de la interioridad y del silencio; dos experiencias básicas sin las que difícilmente puede construirse y vivirse el valor y la experiencia de la libertad.

Musicalmente fue un trabajo bellísimo e impecable. El disco, producido por Gonzalo de la Puerta, contó con la participación de Jordi Vilaprinyó –actualmente uno de los más importantes pianistas catalanes– como arreglista y director musical; y en su grabación, aparte del propio Jordi, intervinieron más de treinta músicos. La carpeta del LP –cubierta e interiores– fue magistralmente ilustrada por Esteban Jiménez y contó con la siempre inigualable presencia fotográfica de Colita.


A continuación voy a copiar algunos fragmentos poéticos de «Fins que el silenci ve»; lo haré en castellano, y al final del cuelgue, los repetiré en catalán, lengua en la que fue creada e interpretada toda la obra.
Fragmento de la ilustración que, en forma de cómic, aparece
en la parte interior de la carpeta del LP.

«Cuando el aire ya no deja ver el sol
y el bosque despierta solo suelo,
y baja el río envenenado,
y un pájaro levanta el vuelo y cae...
Cuando el relámpago no es el cielo quien lo trae
y el trueno es pólvora y metal,
y el caballo ya no es tal
y la estrella no es estrella,
siempre corren cerca, 
ávidas,
las manos del hombre».

******
«Hermanos, la vida se nos va,
poco a poco nos la roban ,
hoy nos ceden la libertad
porque las cadenas son otras.
Cadenas de aire polvoriento,
de sexos imaginarios,
de lujos deslumbrantes
y objetos innecesarios
que nos van atando el cuerpo
y empobreciendo los labios.
¡Que no nos engañen más
los verdugos de la vida!».

******
«Aún el hombre puede sanar de su ceguera
por poco que descubra que siempre hay una flor que espera».

Fragmento de la ilustración que, en forma de cómic, aparece
en la parte interior de la carpeta del LP.

«Que un día nos veamos,  camaradas,
allí donde se acaba el humo y la ciudad,
con la llave de casa abandonada
y un ansia de verdad.
Un tesoro espera, camarada...
A vivir que nos enseñen, camarada
los que aprendieron a vivir entre la nada
con el alma alerta a la llamada
y poca cosa más...
Quiero dar contigo, compañero,
ser humo ligero
y fundirnos un instante:
entonces se derrumban los gigantes».

Para concluir este "cuelgue" me apetece contar dos experiencias personales que guardo en mi memoria y en mi sensibilidad y que jamás olvidaré.

La primera es que este disco fue el origen de mi amistad personal con Humet. Lo presentó en un maravilloso concierto celebrado en el Palau de la Música de Barcelona. A través de su casa discográfica Joan se puso en contacto conmigo. Hablamos largamente por teléfono y me invitó al concierto. Allí estuve; no os podéis hacer ni idea de como disfruté...; ¡bellísimo espectáculo!... A la salida, después del concierto, cenamos cerca del teatro, y empezamos a querernos... Luego el tiempo y su retirada de la canción nos distanció, aunque seguimos viéndonos y comiéndonos algo cuando yo iba para Cataluña o el bajaba a Madrid.

La segunda experiencia fue que incorporé este disco, como material de trabajo, dentro de una optativa llamada "Música, canción y pedagogía", que en aquel momento estaba impartiendo en la Escuela de Magisterio. Gracias a ello lo escuché muchas veces, lo compartí con cientos de alumnos y de alumnas –futuros maestros y maestras–, y tuve el privilegio de que en una de aquellas clases –que dábamos en un sótano– el propio Joan viniera y nos cantara en directo·directísimo la canción con la que se cierra «Fins que el silenci ve»: «Que ens vegem un dia...» («Que un día nos veamos...»)


Fragmento de la ilustración que, en forma de cómic, aparece
en la parte interior de la carpeta del LP.

Y esto es todo por hoy, de cualquier forma todavía mañana tengo previsto escribir un "cuelgue" dedicado a discos, como este, que hoy son imposibles de conseguir, y que merecería la pena que se reeditaran...; la cosa no es difícil, lo que pasa es que las empresas discográficas... ¡ya se sabe!... lo de la belleza, la memoria recuperada y la poÉtica les tiene bastante sin cuidado.

TEXTOS EN CATALÁN:

«Quan l'aire no deixa veure el sol / i el bosc desperta despullat / quan baixa el riu emmetzinat / i un ocell aixeca el vol i trenca... / Quan el llampec no baixa del cel / i el tro és de pólvora i metall, / quan el cavall ja no és cavall / i l'estel ja no és estel, / sempre hi ha dues mans d'home / àvides pels voltants».

«Germans, la vida se'ns va / a poc a poc ens la prenen, / si avui ens obren la mà / és que hi ha d'altres cadenes. / Cadenes d'aire polsós,de sexes imaginaris, / de luxes encisadors i objectes innecessaris, / que van lligant-nos el cos / i ens empobreixen els llavis. / Que no ens enganyin mai més / els assassins de la vida».

«Encara l'home pot guarir de sa ceguesa / per poc que s'adoni que sempre hi ha una flor que espera».

Que ens vegem un dia, camarada, / allà on s'acaba el fum de la ciutat / amb la clau de casa abandonada / i un ànsia de veritat. / Hi ha un tresor que espera, camarada... / Aprendrem a viure, camarada / dels qui han après a viure en el No-res, / amb l'esperit alerta a la trobada / i no gaires coses més... / Bull trobar-me amb tu, company, / fer-me fum / i fondre'ns un instant; /llavors cauen els gegants».