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lunes, 10 de octubre de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 100 + 91

El viernes pasado, viendo el documentar sobre los "cantautores" que emitió TVE 2, su realizadora Belén Molinero me trajo a la memoria y a la sensibilidad la canción que el grandísimo BORIS VIAN escribió, en 1954, con el título de "El déserteur" ("El desertor"); canción a la que le puso música Harold Berg.


Hoy, evocando y reivindicando a Boris Vían y uniéndome absolutamente a su pensamiento, traigo a este rincón del blog un fragmento del texto de aquella canción, traducido al castellano.

Señor Presidente 
le he escrito una carta 
que tal vez pueda leer 
si dispone de un poco de tiempo. 
Acabo de recibir 
los documentos para ir al servicio militar, 
y partir hacia la guerra 
antes de la noche del miércoles.

Señor Presidente: 
No quiero hacerlo. 
yo no he venido a este mundo 
para matar a la pobre gente. 
No lo digo para enojarle, 
pero tengo que confesar 
que he tomado una decisión: 
voy a desertar.

Desde que nací, 
he visto morir a mi padre, 
irse lejos a mis hermanos 
y llorar a los niños 
Mi madre sufrió tanto 
que ya descansa en su tumba...


Mañana muy temprano 
cerraré la puerta 
en las narices de esos años muertos 
y saldré a los caminos
Mendigaré mi vida 
por las rutas de Francia, 
de Bretaña, en Provenza, 
y diré a la gente: 
Rechazad la obediencia, 
no vayáis a la guerra, 
no lo hagáis, 
negaros a partir.
Si hay que dar la sangre 
vaya usted a dar la suya, 
usted que es un buen apóstol, 
Señor presidente. 
Y si me persigue 
prevenga a sus gendarmes 
que yo no llevo armas 
y podrán dispararme.

Esta canción de Boris Vian podemos escucharla acudiendo al siguiente enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=gjndTXyk3mw&feature=related

UNA INTERESANTE CURIOSIDAD. Joan Isaac, cantautor catalán, en su disco "Barcelona ciutat gris" (1980), interpreta una magnífica versión de "El déserteur".

Esta versión de Joan Isaac puede escucharse en: 
http://www.youtube.com/watch?v=nhsXGwLEsBI

DIEGO OJEDA y NEFTALI ROBAINA . NOCHE MÁGICA EN VEGUETA (LAS PALMAS)

Neftali Robaina y Diego Ojeda.

Fue en Vegueta (Las Palmas), en una bellísima placita situada detrás de la catedral; yo andaba casualmente por la ciudad –porque el Ayuntamiento me había invitado a dar una conferencia a educadores sobre  "la vida como don y como proyecto"– y decidí no perderme el concierto de Diego Ojeda –acompañado al saxo por Neftali Robaina– que se celebró el pasado sábado, día 8, por la noche.

Es cierto –de eso iba mi conferencia en Las Palmas–, la vida, cuando menos te lo esperas, te hace un regalo que, entre otras cosas, te sirve para sentirte felizmente vivo, y para descubrir que merece la pena vivir. Ya lo decía Serrat

«De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega como un atlas,
nos pasea por las calles en volandas [...],
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela».
("De vez en cuando la vida")

Pues sí, uno de esos "de vez en cuando" se produjo la noche del sábado 8 de octubre y lo protagonizó Diego Ojeda, con su guitarra y con sus canciones.

Diego Ojeda.

Fue un concierto mágico en el que confluyeron muchas complicidades: el silencio; la noche; la plaza tenuamente iluminada por los faroles; la escalinata trasera de la Catedral con su arquitectura canaria de fondo; la terraza de la taberna "El Monje"; los árboles; el empedrado; el sonido de la guitarra, del saxo y de la voces que resultó impecable; presencias amigas como las de Raquel y de Melania –que leyó un poema–; Diego Ojeda; y cantar en casa y con los suyos.


Diego nos ofreció temas de sus dos últimos discos "Escaparate" y "Semáforos en verde"; y algunas canciones nuevas; entre ellas, un "mariachi" –o latido mexicano– hermosísimo; y es que Diego este verano vivió una gratificante experiencia en México, conoció a grandes cantautores de allá, como Carlos Carreira –del que hablaremos próximamente–, y va a regresar muy pronto para grabar un nuevo y definitivo disco que ya tiene prácticamente ultimado.

Pero sobre todo, el pasado sábado en Vegeta lo que más me emocionó fue constatar el "crecimiento" artístico de Diego en todos los sentidos. Ver crecer a un artista es una hermosa experiencia; y yo, que  vengo siguiendo el trabajo de Diego desde hace tiempo, me sorprendo día a día "del gran cantautor"  –o simplemente compositor y cantor– que está logrando llegar a ser; y, sobre todo, me alegro del futuro que le espera si sigue en la misma línea de trabajo que viene desarrollando; un futuro creo que espléndido...; el tiempo me dará la razón.

Diego Ojeda y al fondo Neftali Robaina.

He de añadir que en el concierto de Vegueta hubo algo más, algo que contribuyó definitivamente a la magia de la noche, lo primero la presencia impresionante de Neftali Robaina con su saxo; he de confesar que desde el primer día que escuché a Neftali me quedé "colgao" a su música...; ¡escucharle tocar el saxo es un lujo y un placer!... Espero y deseo poder asistir pronto a algún concierto en que toque en solitario.

Neftali Robaina y Diego Ojeda

En segundo lugar, a lo que ya definitivamente voy a llamar "la magia de una noche en Vegueta", contribuyó también la presencia amiga y la colaboración en el concierto de Sergio Alzola que intervino con dos canciones, una en solitario y otra a dúo con Diego. Me alegró hablar y escuchar a Sergio que, como ya comenté en este mismo blog, tiene grabado un disco que es de los que escucho con bastante frecuencia: "Tricontinental".


Sergio Alzola.

En fin, y en resumen, ¡que no nos falten nunca conciertos como el que Diego nos dio la otra noche en una hermosa plaza, al pie de una escalinata, y con la sensibilidad revoloteando libre, sin muros y colándose por todos nuestros poros!