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miércoles, 17 de abril de 2013

AMANCIO PRADA, LORCA Y ROSALÍA... UN FELIZ DESBORDAMIENTO DE BELLEZA Y DE SENSIBILIDAD.



El domingo pasado, día 14 de abril, a la salida del concierto que AMANCIO PRADA nos ofreció en e Teatro Español de Madrid, presentando su obra "A Rosalía de Federico", me resultó imposible sentarme para hacer un comentario de ella; salí tan emocionado y tan entusiasmado que solo fui capaz de escribir sobre ella una palabra y un sentimiento. La palabra: «¡Indescriptible!». El sentimiento: «¡Hay "esperanza"!... Hoy he podido constatar que es posible el gran triunfo de la "sensibilidad"».

Pasados unos días, y aún bajo el efecto estusiasmante y esperanzador del trabajo de Amancio, me dispongo a escribir un extenso comentario sobre lo que pudimos ver, escuchar y disfrutar los pasados días 12, 13 y 14 de abril, en el Teatro Español.

En efecto AMANCIO PRADA, acompañado al acordeón por el genial CUCO PEREZ, nos presentó su espectáculo poético-músico-teatral titulado "A Rosalía de Federico", obra dirigida por Carlos Aladro, con guión de Juan Carlos Mestre, e iluminación de Carlos Marqueríe.

El objetivo de esta crónica de hoy es dar a conocer el nuevo trabajo de Amancio, pero, sobre todo, pretende ser un gesto de reivindicación en torno a lo que considero uno de los espectáculos más bellos y de mayor sensibilidad que he presenciado en estos últimos años. Dar a conocer este espectáculo que  debería poderse disfrutar por todo nuestro país –¡este país nuestro se lo merece!–; y que debería volar hacia el continente hermano –Latinoamérica del alma– donde laten tantísimas vinculaciones afectivas e intelectuales con Lorca, con Rosalía y con Amancio.

Amancio Prada en el Teatro Español de Madrid.

Para ir entrando en el tema, permitidme que diga algo sobre AMANCIO PRADA que nos puede servir de introducción: 

Amancio es un compositor, un creador, un poeta, un juglar, un cantor, un "cantautor", un humanista... –todo eso y mucho más junto– de características muy singulares; ¡siempre lo fue!. 

De esas características quizá la más destacable es su tremenda y desbordante sensibilidad, que en su caso se convierte en una especie de fuerza interior  que –glosando una de las obras de Teresa de Jesús– le somete artísticamente a un natural, imparable –y nada forzado– "camino de perfección". 

Cada vez que me reencuentro con Amancio, en sus recitales, o en sus espectáculos, percibo y siento la concreción tangible de ese natural y espontáneo perfeccionamiento artístico concretado en el enriquecimiento de sus capacidades musicales, de su pasión por la literatura, de su buen cantar, de su capacidad para crear ámbitos de belleza y de serenidad, y, últimamente, enriquecimiento de su visión de la canción inmersa en un ámbito artístico mucho más global. La canción y la poesía en Amancio se funden con el gesto, la expresión corporal, la luz, las sombras, la declamación, la mirada...  y se convierten en lo que se ha dado en llamar un "diálogo escénico"; para mí ¡puro teatro!

¡Sí, teatro!, en el sentido de la visión del teatro que nos ofrece Federico García Lorca, y que Amancio proclama en mitad de la obra a la que hoy estoy haciendo referencia: "A Rosalía de Federico".


«Yo no hablo esta noche como autor ni como poeta –declama Amancio, sino como ardiente apasionado del teatro de acción social. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera.

El teatro es una escuela de llanto y de risa… Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo"». 

Pues bien, en ese contexto poético, musical y escénico AMANCIO PRADA ha creado un espectáculo –mucho más que un puro concierto– en el que con absoluta sobriedad –con su única presencia en el escenario, acompañado de CUCO PÉREZ al acordeón– nos ofrece la apasionada y apasionante aproximación literaria y afectiva que Federico García Lorca sostuvo con el pueblo gallego y, más concretamente, con Rosalía de Castro.

«Llevo a Galicia en el corazón porque en ella he vivido y soñado mucho»

«Desde las entrañas de la Andalucía,
mojados con sangre de mi corazón,
te mando a Galicia, dulce Rosalía,
claveles atados con rayos de sol».
(Federico García Lorca)


Amancio aparece en escena sentado con su guitarra –sobriedad también en la escenografía–, canta y recita... «Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada... Es inútil callarla...».

«A mi llegada a Galicia -dice Lorca y recita Amanciome sentí también poeta de la alta hierba y de la lluvia alta y pausada. Me sentí poeta gallego. Una imperiosa necesidad de hacer versos, su cantar, me obligó a estudiar a Galicia y su idioma. Y en el estudio de lo gallego, en su literatura y en su música encontré afinidades verdaderamente milagrosas con la literatura y la música andaluzas, o mejor dicho, flamencas».

Y a partir de ahí Amancio con su canto y con su voz alada invoca a la lluvia, a la luna, al agua...; nos acerca a un Lorca fundiendo, en sus versos y reflexiones, la sensualidad, el misticismo y la serenidad de los paisajes sureños y gallegos...; y nos canta –acariciando y rompiendo el aire a la vez– los "Seis poemas gallegos" de Federico que ha musicalizado magistralmente.



La obra continúa: «El silencio tiene su músicaFederico y Amancio y Rosalía–, pero el sonido tiene la esencia de la música del silencio»... Y a partir de ahí, el desbordamiento estético y sensitivo de la palabra y de la música: Federico y Rosalía encontrándose, y Amancio estrechando ese encuentro... "La gallina" (cuento para niños tontos), "Campanas de Bastabales", "Adiós ríos adiós fontes", "Pra a Habana", "Cando era tempo de inverno"... Y aplausos, y bravos... ¡Muchos aplausos!... ¡Gracias Amancio!...