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sábado, 4 de junio de 2016

«DIRTY WORKS» Y ALGUNA QUE OTRA CONFIDENCIA.

Permitidme que hoy inicie este "cuelgue" con una "confidencia". A veces uno siente la necesidad de compartir sus afectos y sus intimidades; hoy es una de esas ocasiones... Simplemente quisiera expresar mi agradecimiento profundo a la "vida" por haberme regalado una compañera y cuatro hijos absolutamente maravillosos –Tonona, Fernando, Javier, Maite y Dácil–; me siento, gracias a ellos, seguro, protegido y orgulloso; y son, sin lugar a duda, cinco de las razones esenciales de mi vivir... Y a ese respecto, nada más; todo lo demás va por dentro y, aunque a veces es duro, es muy hermoso.

Típica foto que nos hicimos, ya no sé cuando.
para el Libro de Familia Numerosa.

Deseaba partir haciendo una referencia concreta a mis hijos, porque cada uno de ellos, a su manera y en su "micro-mundo·", tiene una historia personal de creación y de compromiso social y cultural del que –necesito repetirlo– me siento orgulloso. Hoy, en concreto, voy a dedicarle este cuelgue a Javier –en la anterior fotografía es el primero de la izquierda en la fila de abajo–.

Javier, junto a Rosa Vam Wyk y Nacho Reig –dos muy buenos amigos que comparten sus mismas benditas locuras–, hace un año decidieron poner en marcha un proyecto editorial, de carácter independiente, al que decidieron llamar Dirty Works.


En este primer año –de duro y arriesgado trabajo– siguiendo una línea editorial coherente y de alta calidad literaria y de edición, en Dirty Works han publicado seis libros. Concretamente los siguientes:


"TRABAJO SUCIO" de Larry Brown.
"MALDITO DESDE LA CUNA" de William S. Burroughs Jr.
"LOS AMANTES DE LAS CICATRICES" de Harry Crews.
"VOLT" de Alan Heathcock.
"EL HIELO EN EL FIN DEL MUNDO" de Mark Richard.
"AUTOBIOGRAFÍA DE UN BÚFALO PARDO" de Óscar Zeta Acosta.

Pues bien, con motivo de la Feria del Libro de Madrid han viajado a nuestros país dos de sus autores –concretamente Alan HeathcockMark Richard–, y se ha celebrado una fiesta para celebrar el primer cumpleaños de Dirty Works y de su andadura editorial; andadura por la que hoy, muy especialmente, quiero felicitar a Rosa Vam WykNacho Reig, Javier Lucini y a Ivan Sainz Jaio –ilustrador–.

De izquierda a derecha: Yvan Sainz Jaio, Nacho Reig,
Rosa Vam Wyk y Javier Lucini.

Tanto en la Feria del Libro de Madrd, como en la fiesta de cumpleaños de la editorial, celebrada el pasado día 2 de junio en la librería "Tipos Infames", tuvimos el placer de contar con la presencia, el testimonio, el afecto y la palabra de dos grandes escritores que ya han publicado en Dirty Works: Alan Heathcock Mark Richard. He de decir que después de conocerles realmente creo que para una editorial es una gran suerte y un gran placer tratar y trabajar con autores de la sensibilidad, del encanto y de la gran talla humana que han demostrado estos días pasados tanto Alan como Mark.
Alan Heathcock se crió en un suburbio de clase obrera del sur de Chicago, estudió periodismo en Iowa y actualmente reside e imparte clases de "Escritura Creativa" en la Universidad de Boise, Idaho. A los tres años un gato callejero estuvo a punto de dejarle sin ojo. La secuela de aquel incidente, un ligero estrabismo que durante años le proporcionó un espeluznante parecido con Popeye, le hizo quedar finalista para el papel de Danny, el chico «Redrum», de la película "El Resplandor". 

Escribe en la "VOLT-mobile", una caravana Roadrunner de 1967 que durante mucho tiempo perteneció al departamento de policía de Idaho. Hoy está llena de libros, premios y cachivaches. Dentro huele a bosque y llega el wifi de casa. Ha empapelado la encimera y una de las paredes con páginas de sus autores favoritos (siente especial debilidad por la carta que le escribió Joy Williams después de leer VOLT). Robert Mitchum, en el papel del reverendo Harry Powell, con "AMOR y ODIO" tatuado en los nudillos, le vigila desde un póster en la pared: «Mirad estos dedos, queridos hermanos, tienen venas que corren hasta el alma del hombre y están siempre luchando los unos con los otros». 

Con Alan Heathcock y Javier Lucini en la fiesta del primer
cumpleaños de la editorial 
Dirty Works.

Al final de la jornada, Alan hace lo posible por desconectar de los traumas de sus personajes antes de que su mujer y los niños lleguen a casa del colegio. Por lo general, funciona salir a correr escuchando lo último de Wilco, hacer una paradita en el Gyros Shack y darse una buena ducha. Le aburre pescar, es aficionado a la frenología y Ashley Roshitsh, la encargada y jefa de camareros del Saint Lawrence Gridiron de Boise, ha creado un cocktail que lleva su nombre. The Heathcock.

Mark Richard, de ascendencia cajun-creole-francesa, nació en Louisiana y pasó buena parte de su infancia en hospitales para niños tullidos. Debido a la deformidad de sus caderas le dijeron que a partir de los treinta estaría condenado a vivir en una silla de ruedas. No fue así. El día que los cumplió le pilló haciendo autoestop para mudarse a Nueva York y ser escritor. 

No lo tuvo fácil. Su padre, un hombre violento e impredecible, les abandonó una noche de borrachera. Sus motivos: la mala tierra, una mujer triste, varios bebés perdidos, un hijo «extraño» y la marcha del general Sherman. 

A los trece Mark se convirtió en el locutor de radio más joven del país. Abandonó sus estudios, se metió en problemas y se pasó tres años faenando en barcos pesqueros. Fue fotógrafo aéreo, pintor de brocha gorda, camarero e investigador privado. Asistió al taller literario de Gordon Lish, que le compró un gorro de artillero forrado de lana para sobrevivir al duro invierno de Nueva York y le publicó su primer libro de cuentos. El libro se vendió poco, pero después de que la editorial le transmitiera su poca fe, Norman Mailer le entregó el PEN/Hemingway Foundation Award y Barry Hannah le llamó para dar clases en Oxford, Mississippi.

Con Mark Richard y Javier Lucini
en la fiesta del primer cumpleaños de la editorial 
Dirty Works.

Por las noches se acercaba con su perro a la vieja casa de Faulkner y se asomaba a las ventanas esperando ver fantasmas. Un día, al volver de su paseo, se encontró a Larry Brown sentado en la mesa de la cocina, fumando y bebiéndose su bourbon. En el sur nadie cierra la puerta de atrás. Al verle, Larry simplemente le dijo: «Hey». Actualmente vive en Los Ángeles con su mujer y sus tres hijos. El día de su boda se dio cuenta de que había conocido a todos sus amigos en bares. Es autor de dos colecciones de relatos, una novela y un libro de memorias.

FINALMENTE, PARA CONCLUI ESTE "CUELGUE", me apetece reproducir algo que le escuché a Mark Richard el día de la presentación de su libro. Dijo que en todas sus historias aunque son "grises u oscuras" siempre aparece un punto de luz, una estrella, una esperanza. «Y es que –afirma Marksolamente desde la oscuridad se puede ver una estrella»... ¡Qué tremenda, hermosa y esperanzada realidad!... Desde que se lo escuché no paro de pensar en ello; creo que es uno de esos pensamientos que a partir de ahora van a ser directriz y guía en el tiempo que me quede por vivir.