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martes, 29 de mayo de 2018

RETRATO ÍNTIMO DE MARÍA DOLORES PRADERA

Hoy recordando a MARÍA DOLORES PRADERA, que se nos ha ido, deseo compartir en este rinconcillo un "retrato íntimo" que le escribí en 1998, y que está publicado en mi libro "Crónica cantada de los silencios rotos. Voces y canciones de autor 1963-1997" (Alianza Editorial).

Ella es de esas pocas artistas –cantante– que ha sabido romper todas las fronteras y tender todos los puentes necesarios para crear una auténtica canción popular al margen de cualquier tipo de encasillamiento...; hace años en una cena con Carlos Cano decidimos nombrarla "cantautora de honor", y en este momento, renuevo y me reafirmo en aquel nombramiento.
Caricatura de María Dolores Pradera creada
por Alfredo González para el libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" de
Fernando González Lucini .

«Al iniciar este retrato he de confesar que me traicionan mi emoción y mi sensibilidad puestas en pie indomables y aplaudiendo; aplaudiendo, a todo rabiar y sin cansarme, no a una voz, ni siquiera a una voz que borda canciones –"que las esculpe", como diceVázquez Montalbán–; aplaudiendo a un ser humano hermosa y profundamente bello, a una mujer extraordinariamente artista, a una amiga exquisitamente delicada: aplaudiendo a María Dolores Pradera"aplausos abrazos" y ¡oles!, "aplausos ¡gracias!", "aplausos viento mensajero" para decirle sencillamente que su canto y, en su canto, todo su ser son canto y ser de "coloma blanca"; paloma blanca como una sonrisa, paloma que canta canciones de lluvia fértil y a la que hasta los geranios y las clavellinas saludan al pasar.

»Es ésta una posición personal, no subjetiva, sino objetivamente prendada de su arte y de su personalidad; objetividad que se afianza en mí al saberla compartida, no ya con un pueblo, el nuestro –en su sentido más amplio, más diverso y más plural–, sino con los pueblos hermanos de Latinoamérica, en los que ella es tan querida y tan admirada como las mismísimas Chabuca o Violeta.

» una serie de circunstancias profesionales vengo viajando, con frecuencia por el continente hermano, y es escalofriante escuchar allí los piropos que aquellos pueblos, y sus gentes más sencillas, le dedican a María Dolores, y es que María Dolores tiene vocación de puente: puente que une, que comunica, que rompe barreras, que hermana, que sabe ser camino de ida y vuelta; puente peatonal, de adoquines antiguos e inmortales, por el que puedes circular de orilla a orilla, sin semáforos, sin atascos, sin contaminaciones y sin más ruidos que los de las pisadas, las risas, la palabras amables o los suspiros.

»Ella es puente de sensibilidades entre la canción latinoamericana y la que nace en nuestro país; ella es también puente de coherencias –respetables y respetadas– entre lo que se dio en llamar "la canción" y "el otro cantar" –entre lo que, a partir de los años sesenta, se encasilló genéricamente como la "canción ligera" y la que hacían los"cantautores"–; tan puente ha sido, en esa perspectiva, que ella precisamente, María Dolores, con su voz, con su arte, y con su sensibilidad, ha sabido deshacer cualquier tipo de encasillamiento...; hay buenas y malas canciones; canciones de calidad y"chabacanerías musicales de oropel" –bondad y calidad que, como en toda obra artística, siempre vienen dadas por los ámbitos de belleza, de sensibilidad, de honestidad y de honradez que pueden transmitirse a través del gesto creador y comunicativo–.



»Del corazón y de la voz de María Dolores Pradera no pueden salir más que canciones de calidad: tradicionales, de Carlos Cano, de Parera Fons, de Maria del Mar Bonet, de León y Quiroga, de Chabuca, de Atahualpa, de Pablo Guerrero, deMatamoros, de Amancio Prada. de "Ferrusquilla", de Joaquín Sabina, de Simón Díaz, de Serrat, o de quien sea... ¡qué mas da!...; ella selecciona su repertorio con unos criterios tan seria y responsablemente artísticos, y con una sensibilidad tan extremadamente exquisita, que es muy difícil que pueda equivocarse...; es más, resulta tan intensa y tan nítida su calidad que, en muchos casos, dada la autenticidad y la delicadeza de su cantar, supera con creces, a la de los autores que interpretan sus propias creaciones.

»Y tras todo esto, aún uno puede preguntarse: ¿Qué tiene esta mujer a la que tanto, y durante tanto tiempo, se admira y se respeta? La respuesta para mí es evidente; intentaré reflejarla con las palabras que reflejan tres colores:

»El "rojo" de la fuerza de su voz, de la pasión de sus sentimientos, de su amor por la libertad y de su permanente actitud de lucha por mantenerse viva en su coherencia y en su cantar. El "verde" de su esperanza, de sus vivacidad contagiosa, de su refinada elegancia, de la frescura de su voz y de su mirada. Y el "blanco" limpio de su alegría; alegría siempre mantenida, pese a los palos que le ha podido dar la vida; blanca sonrisa; blanca y dina ironía..., amistad blanca que aplauden ahora mis manos entusiasmadas, uniéndose al compás de mi emoción y de mi sensibilidad... Roja, verde y blanca, así es, María Dolores, como te tengo y como te quiero».

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