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martes, 27 de marzo de 2018

DISCOS RESCATADOS: "CANTO RODADO". MANUEL PICÓN Y OLGA MANZANO CANTAN A PEDRO LEZCANO.

Hoy en mi muro de facebook he compartido una buena noticia: Tras un encuentro celebrado en Madrid con Olga Manzano, con Carmelo Ramírez –Consejero de Gobierno del Cabildo de Gran Canaria– y con Josefa Milán –Coordinadora del proyecto Gran Canaria Solidaria–, hemos puesto en marcha la posibilidad de remasterizar y recuperar el disco «CANTO RODADO», último disco que grabaron OLGA MANZANO y MANUEL PICÓN –como dúo– dedicado, de forma monográfica, a la obra del gran poeta canario PEDRO LEZCANO.

Josefa Milán, Fernando González Lucini, Olga Manzano
y Carmelo Ramírez en torno al recuerdo de Manuel Picón
y del gran poeta canario Pedro Lezcano.

Con referencia a ese disco sobre poemas de Lezcano, el pasado mes de enero de 2016 publiqué, en este mismo blog, un "cuelgue" que en este momento me parece oportuno retomar y actualizar sobre todo a partir de la muy buena noticia de su próxima recuperación. En aquel cuelgue decía:

Entre la discografía de Olga Manzano y Manuel Picón hay un disco muy importante que es prácticamente inédito y que merece la pena rescatar. Me refiero al último que grabaron juntos –en 1993– antes de que muriera Manuel. Fue un disco dedicado al poeta canario PEDRO LEZCANO en el que Olga y Manuel musicalizaron y cantaron diez textos del poeta y Pedro recitó dos de sus poemas; disco titulado «CANTO RODADO».

Cuando Pedro Lezcano tuvo noticias de que Manuel Picón estaba preparando este disco –en aquel momento Pedro era "Presidente de Cabildo Insular de Gran Canaria"– le escribió una carta que conservo en mi archivo y que en este momento tengo la fortuna de poder compartir con todos vosotros y vosotras aquí donde "CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA"


Copio seguidamente el texto de la carta para facilitar su lectura: 

«Las Palmas, 22 de noviembre de 1992 

Admirado amigo: Hace tiempo me habían dicho que estabas musicalizando alguna letra mía, y tu carta me ha dado la alegría de confirmarlo. Huelga decirte que espero con orgullo e impaciencia poder escuchar esas canciones. En el libro mío que tienes hay un romance de valor general, ése que empieza: "Que no me pida la licencia / quien quiera cantar mis versos / mis palabras son de todos / si no ¿para qué las quiero?".

Durante los últimos diez años he ido convirtiendo la poesía en vehículo de comunicación, relegando su otro aspecto de investigación lingüística, a veces ante auditorios multitudinarios (como las 20.000 personas en la Casa de Campo de Madrid durante un festival por la paz). ¡Como he echado de menos la música y la voz que tú y Olga sois capaz de dar a cualquier texto! Es por lo tanto obvio que, habiendo dado un permiso general para utilizar mis versos a cualquier cantor, tratándose de artistas de vuestra talla lo haga con satisfacción incondicional. Corroboro, pues, el telegrama que te envié.

Quiere esto decir que apruebo igualmente los cambios de letra que la música te aconseje. Solamente te agradecería que en el cuarto verso del poema "Romance en marcha" que has elegido, corrigieras una errata del libro, cambiando la palabra "claras" que es una repetición, con lo que quedaría así: "...un hondo ataúd oscuro con clavos de estrellas blancas".

Y nada más. Recibe mis mejores deseos de salud y de éxito. Un doble abrazo de vuestro amigo: PEDRO LEZCANO.»

Hasta aquí, todo normal y bien lindo, pero el hecho es que ese disco, que se grabó y se editó en una empresa canaria llamada "Jesiisma" –con la colaboración del Ayuntamiento de Telde y Santa Lucía de Gran Canaria– jamás le llegó a Olga y a Manuel y es una obra prácticamente inédita.

También hay que decir que este proyecto de Olga y Manuel Picón sí que se presentó en Gran Canaria en un concierto en el que participó Pedro Lezcano leyendo algunos de sus poemas. De aquel concierto, Olga conserva esta imagen, ahora compartida con todos los amigos y amigas del blog:

PEDRO LEZCANO recitando uno de sus poemas
y OLGA MANZANO y MANUEL PICÓN aplaudiendo.

Hoy, VEINTICINCO AÑOS MÁS TARDE,  gracias a Carmelo Ramírez y Josefa Milán he recuperado aquel maravilloso "CANTO RODADO", y vamos a poder ganarle un nuevo "PULSO AL OLVIDO" remasterizando y volviendo a editar aquella joya discográfica. Muy pronto podremos disfrutarla, motivo que me produce una gran emoción y una inmensa alegría.

domingo, 18 de marzo de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 24.


Al evocar y escribir «mi vida entre canciones» me resulta imprescindible hacer presentes y «latentes» al amigo poeta Gabriel Celaya y a Amparo Gastón, su compañera del alma. ¡Cómo se amaban! Tonona y yo, durante muchos años, fuimos testigos directos y cotidianos del inmenso amor que les unía.


«Fue Amparito,
de repente real, de repente prodigio
materialmente fijo,
quien me salvó del caos cuando estaba perdido...
... desde entonces,
nos sentimos tan seguros, tan unidos,
Amparitxu
y este viejo burgués arrepentido».
(«A Amparitxu». Lo que faltaba, 1966)

A Gabriel Celaya empecé a admirarle y a leerle en 1966. Recuerdo que me invitaron los responsables del Junior de Alicante a participar en un curso dirigido a educadores y que al acabar el curso me regalaron una primera edición numerada del poemario Cantos íberos de Celaya, que había sido publicado por la revista Verbo, alicantina, en 1955. (Ejemplar que todavía conservo.)


En el viaje de regreso a Madrid, sin imaginarme la joya que tenía entre las manos (nunca hasta entonces había oído hablar de Celaya), empecé a leer aquel libro que me atrapó y que, segundo a segundo, verso a verso, me fue entusiasmando: «España en marcha», «Manos a la obra», «Todo está por inventar», «Defendamos nuestra vida», «Vivir para ver» o «La poesía es un arma cargada de futuro». Veinte poemas que aquel día se convirtieron en un auténtico e inolvidable regalo para mi sensibilidad y mi joven rebeldía.

Desde entonces, los Cantos íberos y la palabra de Gabriel Celaya me han hecho siempre compañía; y estallaron de júbilo, en lo más profundo de mi sensibilidad, el día que se los escuché cantar a Paco Ibáñez: «España en marcha» y «La poesía es un arma cagada de futuro». Fue en su disco grabado en París La poesía española de ahora y de siempre II (1967).


A partir de aquel día, escuchando a Paco, sentí una especial curiosidad por conocer algo más sobre la relación naciente entre la palabra de nuestros grandes poetas y la música; relación que, años más tarde, concreté en la expresión «la palabra se hizo música» que dio título a uno de mis programas de radio.

Investigando en ese sentido, volví a encontrarme con el pensamiento de Celaya, en esta ocasión muy vinculado con el de Blas de Otero. Ambos, poetas sociales y comprometidos, compartían la necesidad de que sus versos llegaran a la inmensa mayoría y, en particular, al sector social menos favorecido y más golpeado por la injusticia y el dolor; sector al que sobre todo se dirigían. Un objetivo que cada vez resultaba más difícil de alcanzar al ir quedándose la poesía como «emprisionada entre rejas» (las líneas de los libros) y, en consecuencia, hacerse cada vez menos asequible a las personas que no sabían leer o que carecían de medios para comprar libros.

Curiosamente, se trataba de una realidad que ya Gabriel había intuido y expresado en el prólogo de sus Cantos íberos: «El acceso a esa inmensa mayoría, sin la cual nuestra poesía no será nada, salvo bizantinismo, no puede lograrse con una revolución literaria. Los recursos técnicos, y en especial la posibilidad de hacer audibles y no solo legibles nuestros versos, son sumamente importantes y están llamados a revolucionar una literatura que venimos concibiendo desde el Renacimiento bajo el signo de la imprenta, que es como decir de la lectura a solas».

Entre amigos: Gabriel Celaya, Blas de Otero, Sabina de la Cruz
y Amparo Gastón. (Foto de Garrido.)

Aquella necesaria «revolución de la literatura» anunciada por Gabriel fue precisamente la que inició y lideró Paco Ibáñez en 1956 (y los cientos de cantautores que le secundaron y le sucedieron) con la creación de una «nueva canción» en la que la palabra poética se redimensionaba con la música y la voz de los cantores. Acontecimiento que supuso el renacer de un nuevo «mester de juglaría». 

Pasó el tiempo y, años más tarde, días antes de presentar en la SGAE el primer volumen de Veinte años de canción en España (1963-1983), tomé la decisión (¡bendita sea!) de invitarle al acto. Conseguí su teléfono a través de Javier Aisa, le llamé, le conté quién era y me citó una tarde en el pequeño piso donde vivía, situado en la calle Nieremberg 23 del madrileño barrio de Prosperidad.

Aquel primer encuentro fue muy entrañable. Teníamos muchas canciones y muchos amigos en común. Hablamos de Paco Ibáñez, de Manolo Díaz, de Raimon, de Xabier Lete… Recuerdo que cuando le dije que Paco Ibáñez venía desde París a la presentación del libro me dijo: «Tengo muchas ganas de verle; así que cuenta conmigo. Allí estaré». 

Con Gabriel Celaya y Amparitxu en la presentación
del libro "Veinte años de canción en España (1963-1983)"
24 de octubre de 1984.

Aquel primer encuentro supuso el inicio de una amistad inmensa, hasta el punto de que cuando fue necesario, en más de una ocasión, ingresarle de urgencia en la clínica Ruber de la calle Juan Bravo, Amparitxu y él mismo me pidieron, y así lo hice, que actuara como portavoz de la familia y me encargara, muy especialmente, de atender y controlar el aluvión de periodistas y visitas que se producían a diario en la clínica. 

Desde aquel primer encuentro, Gabriel, Amparitxu, Tonona y yo compartimos momentos y experiencias inolvidables que, día a día, fueron tejiendo una relación hermosamente tierna y sincera. 

Recuerdo, por ejemplo, el día que en ESCUNI los alumnos de tercero de magisterio montaron y representaron «El relevo», obra de teatro que Gabriel escribió en 1963. Hicieron una única representación y allí estuvimos. ¡Cómo disfrutamos! Hasta la infanta Elena, que en aquel momento era alumna, se quedó enamorada del poeta republicano. 

En la Escuela de Magisterio ESCUNI durante la representación
de la obra de teatro "El relevo" de Gabriel Celaya.
Marzo de 1985.

Fue muy emocionante la noche que salimos a cenar y en los postres me regaló sus cuatro primeros poemarios, cuando firmaba como Rafael Múgica o Juan de Leceta (libros que, por cierto, le regalé a Marwan el día que celebramos el centenario del nacimiento de Gabriel con una fiesta-concierto en la Sala Galileo en la que también intervinieron Alejandro Martínez, Alfonso del Valle, Antonio Higuero, Fernando Lobo, Jesús Garriga, Juan Antonio Muriel, Laura Granados, Manuel Cuesta, Mocho Otero, Olga Manzano, Pablo Sciuto, Paco Cifuentes, Rafa Mora, Sergio Arzola, Siliné, Tabaré Picón, Gonzalo Castro y Víctor Alfaro). Fue igualmente emocionante cuando, ya muy enfermo, me permitió que le grabara una entrevista en su casa que duró más de dos horas; entrevista de amigo (creo que la última que concedió) que después transmitimos en varios programas de Y la palabra se hace música que yo dirigía en la Cadena COPE.



Me resultó tremendamente desgarradora e indignante aquella mañana en la que Gabriel bajó las escaleras del metro y se le acercaron dos jóvenes. El poeta pensó que tal vez iban a pedirle un autógrafo y se sacó el bolígrafo del bolsillo. Pero no. Eran dos fascistas sinvergüenzas que le dieron un empujón y le tiraron por las escaleras. (¡Menudos cabrones!). Desgarrador igualmente el día que tuvo que vender su maravillosa biblioteca al Gobierno Vasco. Presencié cómo las estanterías se iban quedando vacías bajo la mirada triste del poeta. Podían haber esperado a que faltara Gabriel para ejecutar aquel gesto que, por otra parte, fue muy generoso.

Tampoco olvidaré nunca el día que me echó una bronca cariñosa como consecuencia de la liquidación de derechos de autor que acaba de recibir. «La culpa es tuya», me dijo. «¿Mía?». «¡Sí, tuya y de todos los maestros y profesores que os empeñáis en enseñarle a los niños una métrica insufrible (ABBA. Versos endecasílabos con rima asonante) y, ¡claro!, cuando la aprueban ya no vuelven a leer en su vida un poema». E inolvidable aquella mañana que le regalaron un reproductor de CD's (de los primeros que se fabricaron) y me llamó a casa para preguntarme si yo tenía algún CD de Paco Ibáñez o de Manolo Díaz. Cuando le dije que todavía no habían salido, sencillamente me respondió con bastante mal humor: «Pues a ver si se dan prisa. ¿A qué están esperando?». ¡Qué gran fidelidad manifestaba siempre Gabriel por sus amigos!

Imposible también olvidar el día que, estando en la clínica, bastante grave, vino a visitarle Camilo José Cela. Yo, cuando llegaba alguna visita, le preguntaba si le apetecía que pasara a la habitación; si decía que no, la atendíamos en una salita adjunta. Me dijo que sí, que pasara Cela (al que hacía años que no veía) y, como Celaya sabía que la clínica estaba rodeada de periodistas y cámaras buscando la noticia del día, lo primero que le preguntó a Camilo fue: «¿Quién ha venido a verme, el Premio Nobel o el amigo?». Don Camilo se quedó sin palabras y la visita no duró ni dos minutos.

Otro día, fue conmovedora la visita de una señora que nos dijo que no quería molestar a Gabriel, que solo venía para que le diéramos dos décimos de lotería que había comprado para él. «Yo no tengo prácticamente nada para ayudarle», –nos dijo–. «Pero a ver si hay suerte y le toca». Luego supe que aquella mujer era una gran amante y seguidora de la obra de Celaya, y que desgraciadamente a Gabriel no le había tocado la lotería.

Podría contar muchísimos más momentos entrañables que tuve el placer de compartir con Gabriel; podría escribir un libro con ellos. 

Sin duda, el peor día fue cuando se nos fue. Yo estaba de viaje y recibí en el aeropuerto una llamada de Trini de León Sotelo, periodista del diario ABC. Me dio la triste noticia y me pidió que escribiese algo sobre el poeta para mandárselo urgente y publicarlo en la edición especial que iba a salir al día siguiente en las páginas de cultura (19 de abril de 1991). Con el corazón roto y los ojos llenos de lágrimas, en el mismo avión, me puse a escribir. Por la tarde le mandé el texto a Trini y llegó a tiempo para ser publicado. Por nada del mundo quise dejar de estar presente en aquel abrazo último que le dimos un grupo de amigos entre los que también estuvieron José Hierro, Gloria Fuertes, Emilio Alarcos, Ángel González, Caballero Bonald, Carlos Bousoño y la propia Amparitxu.



Esto fue lo que escribí:

«”Quizá cuando me muera, / dirán: Era un poeta…”. Gabriel Celaya escribía estos versos en 1956 y hoy, cuando nos ha dejado, cuando definitivamente nos ha dejado el azul mar y la gaviota de su mirada, su palabra vuelve a ser, más que nunca, como "el aire que todavía respiramos", como ese latido –parte del gran concierto– tan humilde y tan digno, tan guapo y tan comprometido, tan joven y tan descarado que a todos nos enamora y besa.

»Gabriel ha muerto y dirán: "Era un poeta", y lo es, como pocos lo son, y lo ha sido: "Él tenía las manos llenas de alegrías explosivas".

»Yo mismo acudí a nuestro primer encuentro buscándole como poeta, pero pronto, enseguida, descubrí y sentí junto a mí al hombre sencillo, bueno y limpio; al artesano del verso que con su mirada y un vaso de vino fue capaz de decirme que es posible vivir, que es posible salvar el mundo entero y que es grande la esperanza.

»A partir de aquel día me empezó a resultar casi imposible dejar de verme, con frecuencia, con el amigo poeta y, poco a poco, descubrí en él al hombre más tierno, más sensible y más bueno que jamás he conocido.

»Conocí a Celaya descarada y bellamente enamorado de Amparitxu ("estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor, / y aunque sea un disparate, todo existe porque tú existes"). Amé al Celaya que tan solo hace unos meses, ya bastante enfermo, se seguía emocionando como un niño ante sus nuevos versos recién publicados. Amé al Celaya que jugueteaba, con una sonrisa pícara y desbordante, por aquella mousse de chocolate que desde tiempos lejanos tanto le gustaba y que Amparo, celosa y también feliz y juguetona, no quería prepararle. Recuerdo que una vez la tomó en mi casa y aquello fue una fiesta, la fiesta sencilla del que gozaba de la vida con las cosas más insignificantes. Amé al Celaya positivo cuyo secreto era: todavía; al Celaya que todo lo disculpaba y al que jamás le escuché una palabra de agresividad ni de queja contra nadie. “Soy feliz –decía– y, por eso, también un poco tonto”.

»Era un poeta y hoy, parte sustancial y buena del gran concierto de la vida: del concierto solidario y utópico de una España todavía en marcha y del concierto íntimo y agradecido de los que aprendimos a vivir, a ser felices, a creer y a esperar en la voz y en el alma del poeta».

En varios momentos de este texto hago la evocación y cito algún fragmento del poema «Despedida» de Gabriel Celaya. El poema completo dice así:


«Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.

Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.

Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.

Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.»

Pues bien, evocando estos versos de Celaya, quiero recordar también en este momento de «mi vida entre canciones» a todos los cantautores que se nos fueron entre 1973 y junio de 2017. Grandes creadores ausentes que, en realidad, como Gabriel Celaya, siguen siendo, con sus versos y sus canciones, parte del gran concierto. 

Nino Bravo (1944-1973), Cecilia (1948-1976), Luis Marín (1948-1978), Jesús de la Rosa (1948-1983), Andrés do Barro (1947-1989), Gato Pérez (1951-1990), Camarón de la Isla (1950-1992), Manuel Picón (1939-1994), Antonio Flores (1961-1995), Ovidi Montllor (1942-1995), Juan Antonio Canta (1966-1996), José María Alonso (1953-1997), Enrique Urquijo (1960-1999), Carlos Cano (1946-2000), Suso Vaamonde (1950-2000), Carmen Santonja (1934-2000), Indio Juan (1934-2002), Antonio Sánchez (fallecido en 2003), Chicho Sánchez Ferlosio (1940-2003), Manzanita (1956-2004), Imanol Larzabal (1947-2004), Romero San Juan (1948-2005), Lourdes Iriondo (1937-2005), Hilario Camacho (1948-2006), Joan Baptista Humet (1950-2008), Esteban Valdivieso (1951-2008), Mikel Laboa (1934-2008), Dolors Laffitte (1949-2008), Mari Trini (1947-2009), Antonio Vega (1957-2009), Quintín Cabrera (1944-2009), Xabier Lete (1944-2010), José Antonio Labordeta (1935-2010), Enrique Morente (1942-2010), Germán Coppini (1961-2013), Antonio Mata (1947-2014), Antonio Piera (fallecido en 2015), Teresa Rebull (1919-2015), Manuel Molina (1948-2015), Gloria Van Aerssen (1932-2015), Antonio Resines (1949-2015), Javier Krahe (1944-2015), Moncho Alpuente (1949-2015), Andrés Lewin (1978-2016), José Menese (1942-2016), Bibiano (1950-2016), Manolo Tena (1951-2016), Carlos Montero (1938-2016), José Peña «El Lebrijano» (1941-2016), Nino Sánchez (1942-2017) y Pere Tàpias (1946-2017). 

Ay, y ¡por favor amigos!, no os olvidéis de mí. Guardadme un sitio para cuando volvamos a encontrarnos.

viernes, 16 de marzo de 2018

EL LIBRO "MIGUEL HERNÁNDEZ. ...Y SU PALABRA SE HIZO MÚSICA˝ INICIA EL VUELO A LA BÚSQUEDA DE SU POSIBILIDAD.

Amigos y amigas, acabo de "echar a volar" una nueva campaña de "verkami" –o compra anticipada– con la que espero poder publicar el libro que ya estoy escribiendo sobre la "poesía cantada" de Miguel Hernández.

El libro se llamará "MIGUEL HERNÁNDEZ. ...Y SU PALABRA SE HIZO MÚSICA" y será el primero de la colección "CANCIÓN Y LITERATURA" que deseo poner en marcha.


Como curiosidad relacionada con este blog –donde CANTAMOS COMO QUIÉN RESPIRA– se me ha ocurrido ofrecer como recompensa a los amigos y a las amigas que participen en esta campaña una colección de 8 postales con reproducciones de algunos de los dibujos que le han dedicado al blog creadores como Luis Eduardo Aute, Ángel Idígoras, José Sánchez Hidalgo, Daniel Sesé, Adriana Moragues, Joaquín Ferrer Guayar, Vicente Casín o Roberto Ramos.


Seguidamente dejo aquí el enlace para conocer y poder colaborar en el nuevo proyecto. Vuestra colaboración va a ser absolutamente necesaria y estoy convencido de que entre todos y todas vamos a conseguir que el nuevo libro y la nueva colección puedan ser una realidad. El enlace es el siguiente:

https://www.verkami.com/projects/20068-miguel-hernandez-y-su-palabra-se-hizo-musica

... Y UNA VEZ MÁS GRACIAS POR ESTAR AHÍ

lunes, 12 de marzo de 2018

«CANCIÓN Y LITERATURA»: "MIGUEL HERNÁNDEZ. ...Y SU PALABRA SE HIZO MÚSICA".

Finalizado el pulso que le hemos ganado al "olvido" reivindicando y dándole luz a la obra poética y musical de Antonio Mata, nace y pongo en marcha un nuevo proyecto que –nada más nacer– me tiene entusiasmado.

Este nuevo y naciente proyecto consiste básicamente en realizar una investigación –que quedará plasmada en un próximo libro– sobre la "POESÍA CANTADA" de MIGUEL HERNÁNDEZ".

Se trata, en síntesis, de recoger, ordenar y analizar toda la obra poética de Miguel Hernández que ha sido musicalizada y cantada en España, y fuera de España, entre 1967 y 2018, o sea, en estos cincuenta últimos años.

Cincuenta años de "canción de autor" en los que se han creado y grabado más de 200 DISCOS que recogen  más de 510 CANCIONES con textos de Miguel. Desde el poema/canción "Andaluces de Jaén" que PACO IBÁÑEZ grabo en 1967, hasta discos monográficos dedicados al poeta de Orihuela que en este momento se están componiendo o grabando, como el que publicarán próximamente BEGOÑA OLAVIDE y JABIER BERGIA, o el titulado "La tierra callada" de SOLE CANDELA y SITOH ORGEGA del que pronto podremos disfrutar.


A este nuevo proyecto y al libro que, sobre él, deseo publicar –a finales del próximo mes de mayo–, voy a titularlo "MIGUEL HERNÁNDEZ. ...Y SU PALABRA SE HIZO MÚSICA". Esta será la cubierta del libro:


Con la posible edición de este libro retomo un proyecto que nació en 2009.

Recuerdo que se acercaba el "Centenario del nacimiento de Miguel Hernández" y que motivado por este acontecimiento pensé en iniciar una colección de ensayos a la que genéricamente llamé "CANCIÓN Y LITERATURA"; colección de libros monográficos que recogieran y dieran testimonio de la obra musicalizada y cantada de nuestros grandes poetas españoles y latinoamericanos.

Aquel proyecto se puso en marcha en "Ediciones Autor", de la SGAE, con la publicación del libro "Miguel Hernández. ¡Dejadme la esperanza!". Libro que ahora voy a retomar, revisar y ampliar puesto que desde entonces –2009– hasta hoy prácticamente se ha duplicado la poesía cantada de Hernández, sobre todo con motivo de los "75 años de su muerte".

Después de aquel primer libro tenía pensado escribir los dedicados a Pablo Neruda, Lorca, Machado, Alberti, Rosalía de Castro o Miquel Matí i Pol, por ejemplo... Pero el proyecto quedó interrumpido, nada más nacer, porque la SGAE –en una de sus "crisis"– decidió "cargárselo".

Hoy, ocho años después, me planteo retomar aquel proyecto rehaciendo el libro dedicado a Miguel Hernández y recuperando globalmente la colección "CANCIÓN Y LITERATURA".


Para poder afrontar este nuevo reto, una vez más voy a pedir ayuda y colaboración a todas las personas que amáis la "canción de autor" de calidad y que venís mostrándome una gran confianza en mi trabajo.

El próximo jueves volveré a lanzar, de nuevo, una campaña de "verkami" –o compra anticipada del libro– limitada a la obtención de los gastos de la autoedición. Autoedición que inicialmente haré de 250 ejemplares numerados,

Me alegra decir que en esta nueva campaña voy a poder contar con la colaboración de amigos como El Cabrero, Zapata, Manuel Gerena, Inés Fonseca, Luis Eduardo Aute, Paco Damas, José Miguel Arranz, Toyo Gabarrús, Ángel Idígoras, Daniel Sesé, Adriana Moragues, Joaquín Ferrer Guayar, Vicente Casín, José Sánchez Hidalgo, Roberto Ramos, y Rafael Lozano.

¡GRACIAS, UNA VEZ MÁS, POR ESTAR TAN CERCA!

miércoles, 7 de marzo de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 23.



Finalmente, el cuarto volumen de Veinte años de canción en España (1963-1983) salió en 1987. Era el punto final de un gran proyecto y de una etapa muy importante en la historia de «mi vida entre canciones».

Tuve la suerte de que las cubiertas las ilustrase la pintora salmantina Isabel Villar. Artista plástica que, cinco años antes, había creado el lienzo que Fernando Trueba utilizó para el cartel de su película Mientras que el cuerpo aguante; documental sobre la vida, las canciones y el mágico universo imaginativo y creador de Chicho Sánchez Ferlosio.

Isabel Villar.

El prólogo correspondió en esta ocasión al filósofo, catedrático de Ética y Sociología, y ensayista José Luis López Aranguren. Hombre radicalmente demócrata y apasionado por y para la libertad que, en 1965, fue expulsado de la universidad junto a Enrique Tierno Galván y Agustín García Calvo, acusados por Franco de incitar en sus clases a la subversión.

Yo siempre había sentido una muy profunda admiración hacia Aranguren, había leído y subrayado sus libros y me lo había encontrado más de una vez como espectador en los conciertos de los cantautores en Madrid durante los años de la transición. Fue precisamente en uno de esos conciertos donde me acerqué a saludarle y mantuvimos nuestra primera conversación. 

Recuerdo que Luís Llach viajó a Madrid para presentar su disco Astres (1986) en el teatro Monumental; maravilloso concierto del que pudimos disfrutar varios días. En aquellos tiempos era bastante habitual que los creadores catalanes, vascos o gallegos cantasen en Madrid; tenían bastantes posibilidades de hacerlo y un público que llenaba sus conciertos. Hoy por hoy, ese disfrute resulta cada vez más impensable en una ciudad que, como tantas otras, es capaz de llenar un polideportivo para escuchar a alguien que canta en inglés, pero que pasa casi absolutamente de descubrir y disfrutar la obra de creadores catalanes, valencianos, vascos o gallegos que componen y cantan en sus propias lenguas. Esto es algo que no puedo entender y que me cabrea bastante. 

El día del estreno de Astres, al llegar al teatro Monumental y sentarme en la butaca, me di cuenta de que dos filas más adelante estaba el profesor Aranguren. No pude reprimir las ganas de saludarle y, en el descanso del concierto, me acerqué a él. Hablamos no más de cuatro minutos y, con verdadera sorpresa y mucha alegría por mi parte, me dijo que tenía y había consultado alguna vez mis libros de Veinte años de canción en España. Jamás lo habría imaginado. Cuando terminó el concierto volvimos a vernos en el camerino saludando a Llach y José Luis me dio su teléfono. Me invitó a volver a encontrarnos para continuar nuestra conversación.

José Luis Aranguren,

Esa misma semana le llamé y quedamos en su casa. Me comentó que estaba escribiendo un nuevo libro de ensayos al que iba a titular Ética de la felicidad y otros lenguajes (que llegó a ser Premio Nacional de Ensayo en 1989) y a partir de ahí nos pusimos a hablar de la «canción de autor». Descubrí que en ese terreno compartíamos pasiones y convicciones. José Luis Aranguren era un verdadero adicto a la «canción de autor».

En el contexto de aquella conversación le propuse que me escribiera, si podía y le apetecía, el prólogo del cuarto volumen de Veinte años de canción en España que, además, cerraba el proyecto. Me dijo que sí. Le mandé el original. A los pocos días volvimos a encontrarnos en su casa y ya lo tenía.

En aquel prólogo había dos reflexiones que, desde que las leí por primera vez, me gustaron y me llamaron la atención.

Una de ellas es la utilización que hace Aranguren de la expresión «razón utópica», entendida como capacidad para pensar que un mundo mejor es posible y que, en consecuencia, merece la pena esforzarse por conseguirlo. Ya lo habíamos comentado antes en su casa: las canciones de los años sesenta, setenta e inicios de los ochenta alimentaron y fortalecieron la «razón utópica» de un amplio sector de la ciudadanía, o sea, alimentaron y fortalecieron nuestro pensamiento esperanzado. Ya nos lo cantaba y nos lo advertía precisamente Llach: «Si cal, refarem tots els signes ⁄ d'un present tan difícil i esquerp, / però no abarateixis el teu somni mai més» («Y si es preciso, reharemos todos los signos / de un presente tan difícil y arisco, / pero no empobrezcas tu sueño nunca más»). A partir de aquella reflexión de Aranguren cambié mi forma de pensar, de hablar y de escribir la palabra «utopía» por aquella expresión mucho más concreta y comprometida: la «razón utópica».

La otra reflexión que me impactó del prólogo de Aranguren fue la que formuló al inicio del último párrafo, referida al libro: «Es una bella historia de la España contemporánea a través de las canciones». Es cierto, lo he afirmado muchas veces y durante muchos años: en la actualidad y en el futuro, si alguien quiere conocer la verdadera historia contemporánea de nuestro país, tendrá necesariamente que acudir a la «canción de autor», crónica directa y clara del acontecer histórico de «un tiempo y de un país» durante los últimos años de la dictadura franquista y los años nada fáciles (y creo que aún sin cerrar) de la llamada transición democrática. Convicción que, años después, en 1998, dio título a otro de mis libros: Crónica cantada de los silencios rotos.



Seguidamente, reproduzco el prólogo del que venimos hablando:

«Llega la presente obra aquí a su cuarto y último volumen. Los dos primeros fueron dedicados, en una bien hecha repartición de materias, a los sentimientos fundamentales que animaron a la canción española y con los que ella animó a los españoles de los años sesenta y setenta: esperanza, ansia de libertad, búsqueda de una identidad y el amor. Yo no olvidaré nunca la presentación todavía en una política intimidad, si es que pueden casarse estas dos palabras, y desde luego en una intimidad políticamente asediada, que en la sesión de clausura de un congreso internacional nuestro sobre "nouveau roman" y el realismo social, hicieron José María Castellet y sus amigos catalanes de la cançó, de Raimon. Fue un acontecimiento memorable.

»Si la poesía, y en ella, y con ella, la canción, fue "un arma cargada de futuro", los sentimientos políticos suscitados por nuestros cantautores, lejos de oscurecer los problemas –despersonalización, emigración, guerra y violencia, destrucción de la naturaleza, pobreza, injusticia, marginación, lucha de clases, inmovilismo e hipocresía– los pusieron de manifiesto en pujante movimiento de solidaridad, estudiado en el tercer volumen de esta obra. Se tratará con él, nada menos que de hacer caer la "estaca a la que estábamos todos atados”. (A Lluís Llach, hoy buen amigo, lo conocí personalmente mucho más tarde que a Raimon, en el homenaje que ofrecimos en la plaza de toros de Valencia a Joan Fuster. Y por entonces conocí también a José Antonio Labordeta).



»Mas antes de empezar a hablar del presente volumen, quiero hacer una referencia al epílogo puesto por Antonio Gómez al segundo tomo. Entre tantas cosas agudas como él dice, quiero destacar la observación del nuevo y artificial papel al que, caída la dictadura, ya en la transición, quiso someterse el cantante, cuya función tiene poco que ver con la del político, y menos cuando este se conduce en plan electoral.

»El volumen que ahora aparece es, en su primera parte, el que estudia la canción desde un punto de vista más filosófico, o próximo a la filosofía, y quizá por ello pensó su autor en mí como su prologuista. Trata del sentido de la vida, el tiempo de vivir, la vida como opción liberadora, el sí a la vida; y, por su envés, de la muerte, "una luz que se apaga", la muerte asumida y anticipada y, en fin, la trascendencia de la muerte en la palabra y en el canto. Es, se diría, la gran diferencia entre la "nueva canción" y el "nuevo rock", al que también de refería Antonio Gómez en el mencionado epílogo, el cual, deliberadamente, está compuesto y contado "para pasar" y no "para quedar" o trascender. 

»La segunda parte de este volumen, menos filosófica, es, en cambio, más crítica de una temática concreta: la educación y la escuela, el campo, y, en general, la vida rural, su abandono y su crisis, por una parte; la vida del mar, los marineros y pescadores, por la otra.

»El libro se cierra volviendo, otra vez, a la filosofía poética "de un tiempo y un país", el nuestro, a la esperanza que nunca ha de perderse, el resumen de lo que, a lo largo de doce años, ha aportado la canción a la lucha contra la dictadura y al testimonio de lo que ella ha sido en estos ocho años de transición, hasta el 83, transición al cambio verdadero, que no acaba de llegar, y en cuya espera somos mantenidos por nuestra "razón utópica".

»Sí, una bella historia de la España contemporánea a través de su canción, además de una bella historia de la canción en España, es lo que Fernando González Lucini ha sabido darnos en los cuatro tomos de esta admirable obra».

lunes, 5 de marzo de 2018

PRESENTACIÓN DEL LIBRO+DISCO "EN LA RAÍZ DEL SILENCIO", DE ANTONIO MATA, EN LA SALA BERLANGA DE MADRID. (CRÓNICA FOTOGRÀFICA).

Después de varios meses de trabajo e ilusiones, el pasado día 3 de marzo presentamos en la Sala Berlanga, de Madrid, el libro "EN LA RAÍZ DEL SILENCIO", de Antonio Mata, y el disco homenaje que hemos grabado "CON ANTONIO MATA EN LA RAÍZ DEL SILENCIO".

Hoy aquí donde, "CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA", voy a compartir una "crónica fotográfica" de dicha presentación que ha sido realizada por mi buen amigo FERNANDO BÓDALO. (Todas las fotografías son de Fernando menos la primera y la tercera que realizó otro buen amigo: Ricardo Galán.)



Todo está preparado en la Sala Berlanga.
En el escenario una imagen con la portada del disco
"CON ANTONIO MATA EN LA RAÍZ DEL SILENCIO".
XOSE LUIS CANIDO, Director General de la Fundación SGAE,
abrió el encuentro mostrando su satisfacción y su alegría
al poder tener entre sus manos la memoria 
y el recuerdo de ANTONIO MATA.
Mis primeras palabras no pudieron ser otras:
"Definitivamente le hemos ganado un pulso al olvido"
MIGUEL RÍOS, amigo y productor 
de "Entre la lumbre y el frío"
 primer disco de Antonio (1976), quiso participar 
de este homenaje. ¡No podía faltar!
De la misma forma participó en el encuentro
GONZALO GARCÍA PELAYO editor en 1976 del
disco "Entre la lumbre y el frío" (Sello Gong. Movieplay)
¡Fue muy emocionante! ¡Mucho!
Realmente, después de tanto tiempo, ANTONIO MATA
estaba justa y felizmente entre nosotros.



Presentar a cada una de los amigos y amigas
que participaron en el concierto fue
un auténtico placer.
AURORA MORENO, acompañada a la guitarra por
LUIS MENDO, interpretó la canción "Entre nana y fandango",
letra y música de Antonio Mata.

FRAN FERNÁNDEZ nos ofreció la magnífica versión que 
ha creado de la canción "Yo soy del Sur"; una de las canciones
–de carácter "autobiográfico"–
que Antonio Mata solía cantar con frecuencia

ANTONIO FERNÁNDEZ FERRER interpretó
la canción "Gentes" con letra y música de
Antonio Mata.
LUIS MENDO y BERNARDO FUSTER
interpretaron la canción "Let it be (Para John Lennon)"
creada sobre un poema de Antonio,


LUIS MENDO ha sido el que generosamente
a realizado la dirección y la producción artística
del disco "Con Antonio Mata en la Raíz del Silencio".
Contar con BERNARDO FUSTER
en todo el proceso de creación y grabación del disco
ha sido un enorme placer.

PABLO GUERRO –nuestro "gran Pablo"
recitó el poema de Antonio "Allí por la Alhambra"
e interpretó "Sueños", canción en la que nos invita a crer
en que "los sueños son posibles". Fue uno de los
momentos más mágicos del concierto.

JUAN ANTONIO MURIEL interpretó la canción
"Esta es mi tierra" que ha compuesto
sobre otro de los poemas inéditos de Antonio Mata
que he felizmente he podido recuperar.
ALBERTO ALCALÁ nos ofreció el tema
"Canción del ay de navajas en flor",
bellísima canción. Letra de Antonio Mata y
música de Alberto.
Tras escuchar la canción  de Alberto Alcalá no
pude resistirme a leer cinco de sus versos:
«Hacerse viejo en la página dos
a arruga y media por cada renglón...
Eso le ocurre a cualquiera...¡Creo yo!
Y somos hombres a golpes de "na"
dejando trozos por la "madrugá"»
La poeta y buena amiga MARÍA GUIVERNAU,
acompañada de CESAR MALDONADO a la guitarra,
recitó tres textos de Antonio:
"El viento que vienta la ventolera" (Dedicado a Juan de Loxa),
"No me recuerdes, no digas nada" (recitado en el disco
por Elodia Campra).
y "Me iré sonriendo" (poema musicalizado y cantado
enel disco por Paskual Kantero "Muerdo").
CÉSAR MALDONADO interpretó el poema
"Déjame mirarte así"; poema al que le ha puesto música.
Bellísima canción de amor en la que Antonio dice, por ejemplo:
«A la vera de mi risa
es donde te quiero,
que a la vera de mi pena
siempre te tuve, niña mía».
JUAN TROVA interpretó dos canciones
–letra de Antonio y música de Juan–:
"El viento que vienta la ventorera" (A Juan de Loxa)
y "De verde y blanco".

El concierto finalizó con la intervención
de LAURA GRANADOS y con su magnífica canción
"Permiso para acariciar" contra
la violencia de género.
Permitidme para finalizar este "requiebro afectivo":
Entre lo asistentes al concierto estuvieron dos personas
especialmente importantes para mi:
Mi hijo Javier y mi hija Dácil.